Cuenta Kilómetros: escritura y viaje (Jean Claude Cubino)

Las dos últimas sesiones del taller de escritura creativa las dedicamos a reflexionar sobre el vínculo entre la escritura y el viaje. Recomendamos en este sentido el artículo de Miguel Ángel Barroso titulado "El viaje como pulsión literaria
Emprendimos nuestro viaje a Ítaca visitando la muestra titulada "Cuenta kilómetros" en la sala de exposiciones de la Biblioteca. Su autor, Jean Claude Cubino, nos explicó algunas de las claves de su trabajo y nos comentó alguna que otra curiosidad sobre las obras.
La máquina de escribir es uno de los elementos que predomina en la exposición. El artista interviene las manipula sutilmente para provocarnos todo tipo de sensaciones: en una de ellas coloca sobre el teclado chinchetas, otra incorpora un espejo retrovisor al costado, en otra el papel es sustituído por un espejo, la que emplea para el cartel de la exposición lleva un pequeño salpicadero y un volante con todo un paisaje y una carretera por escribir, un carrete de hilo sustituye a la cinta en otra de ellas y en otra el teclado ha sido sustituído por un portero automático con los timbres del fono de una comunidad de vecinos. Piezas que nos sugieren que la escritura duele cuando las palabras nos sitúan ante las heridas que nos deja la vida, que la introspección es un viaje inagotable, que contar una historia es que como desmadejar un viaje, que para escribir bien es preciso hilar con tino las palabras y saber tirar del hilo de la imaginación o la memoria, que todo a nuestro alrededor puede convertirse en historia o que la escritura es en ocasiones es motivo de censura porque señala sin filtro alguno la realidad.
Pero también el libro tiene un gran protagonismo en la muestra: libros abiertos que nos muestran los efectos sencundarios de la lectura y libros cerrados que señalan a quiénes no leen y se empeñan en ver la vida en blanco y negro.
Cristina García-Camino afirma en el pequeño catálogo de la muestra: "Jean Claude Cubino realiza esa escenificación no solo como arquitecto del espacio, sino con la aspiracxión de democratiçzar la sala y su arte. Para ello el espectador cambia de rol, pasando de tener una actitud pasiva a ser co-creador: el artista facilita al asistente el "hazlo tú mismo".





Propuesta de escritura

1. En el taller pusimos título a cinco de los trabajos de Jean Claude recogidos en la ficha de trabajo. Después elegimos uno de esos cinco poemas visuales y escribimos sobre él con la premisa de incluir en el texto las palabras "escritura y viaje".









2. Para casa propusimo escribir un texto libre sobre alguna de las piezas que forman parte de la exposción "Cuenta kilómetros" o sobre la muestra en un sentido general.


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Crónica de "Cuenta kilómetros"

La exposición "Cuenta kilómetros2 del artista Jean Claude Cubino está hundida en el fondo del vetusto edificio de la Casa de las Conchas, en el deambulatorio que rodea la sala de reuniones de la Biblioteca Pública.
Bajo la escalera de piedra y allí, en un espacio casi circular, salen al encuentro las obras que forman parte de esta singular exposición. Al extender la primera mirada por las creaciones expuestas siento un impacto, un choque: no tienen nombre, como aquellos que no son nada, ni nadie; al igual que los ignorados que viven en la calle, como los sin casa, sin hogar. Las obras te miran, te interpelan, casi tiran del borde del abrigo o del pantalón para que te quedes junto a cada una de ellas. En tu imaginación vas poniendo nombres y descripciones a cada una de las obras: la aventura de tu vida; el libro que enseña a ver el mar; los libros que dedicaste a tus hijos: los relatos que denuncian el racismo.
El autor ha querido unir más de un objeto en cada composición: la máquina de escribir y el carrete de hilo; el diccionario con un extintor; el libro con hojas cortadas y la foto de una pareja; la librería apoyada precisamente en libros. Ahora lo que me susurran estos trabajos es el abrazo necesario, el anverso y el reverso; la mirada ante quien parece diferente; la mano abierta para no perdernos por el camino; la comprensión.
Jean Claude ha construido sus obras con materiales desechados que ya no sirven al menos aparentemente, abandonados a su suerte y que ha recuperado. Estas obras hablan también, en ocasiones a gritos, de la precariedad, de la exclusión social, de lo que tiramos. En este mundo productivista que excluye y abandona a quién no resulta útil a la rueda del mercado, esta exposición es un clamor silencioso de esperanza, que abre la puerta para rescatar tantas vidas excluidas, al igual que estos elementos ya despreciados han dado vida a todas estas obras.
Al final, cuando voy terminando de pasear la mirada (y alguna vez las manos) por las obras, recuerdo que estoy en la biblioteca; en el sótano, en lo más profundo de ella, donde guarda su esencia misma; la literatura, los libros los relatos, la poesía, las historias y la historia, que nos mantienen a flote en el viaje de la vida, que nos acerca a la denuncia permanente de la injusticia, al elogio del amor, de la solidaridad y a la memoria de nuestros antepasados y de nuestro pasado.
Subo la ancha escalera de piedra y vuelvo a la luz de la calle mientras recuerdo los versos de Kavafis: “Cuando la travesía emprendas hacia Ítaca, pide que se largo tu camino”.

Gabriel Risco
Grupo C



Sobre chinchetas y máquinas de escribir

Primero, se nos prohibió usar la "a". Nos pareció raro, absurdo, pero obedecimos pensando que sería temporal. Incluso algunos lo creyeron divertido, un experimento social, como el juego de hablar solo con la "e" o con la "o". Así, dejamos de escuchar las campanas, y las mamás no cantaron nanas. Nunca más se escucharon alabanzas. Ya no se vendían arándanos ni se comían asados. La gente dejó de asombrarse y de quejarse,: "¡Ah!", "¡Ay!"
Supusimos que podríamos vivir con el resto de vocales y consonantes. Pero, cada mes, se anunciaba la prohibición del uso de otra letra. Con la "e" dejamos de dirigirnos los unos a los otros: "¡Eh!" Se guardaron todos los enseres, nunca más se oyó la palabra menester ni se usaron los rebenques. ¡Basta ya de tiquismiquis! Y el nombre Isaías, ¡qué horror! No se pedía socorro y se desdibujaron los rostros y los yoes0. Con la desaparición de la "u", se fue el último búho y su ulular. Claro, que resultó un alivio para muchos cuando prohibieron la"v". "Se acabó el problema de la "b"y la "v", pensaron. "Todo con "b". Hasta que le tocó a esta. Lo mismo ocurrió cuando se dictaminó que la "h" era inútil o que ya no se usaría más la "j". No faltaban aquellos que estaban de acuerdo con las medidas: las letras no sirven para nada, los números, las finanzas son las importantes.
Pero a estas alturas, también se oían voces discordantes, personas letradas que se revelaban contra las leyes inconstitucionales, tiránicas, en contra de todo diccionario y sentido común, remarcaban, y de toda nuestra tradición cervantina. Se organizaron manifestaciones a favor de las vocales y de las consonantes sordas oclusivas. Se leían carteles que decían: "Si falla el plan A, recuerda que ha veintiséis letras más" Pero aún así, fueron anulando todas las letras hasta que quedaron sólo la "x", "y", y "z". Y ya sabemos que son letras dificilísimas. ¿Cómo hablar o escribir solo con esas letras? Por supuesto, prohibieron los crucigramas, el scrabble, el juego del ahorcado y la sopa de letras. Ya no se emitiría más el programa Cifras y Letras. Y los mapas eran mudos.
Imaginemos un mundo donde no existen los abecedarios, donde todos se vuelven analfabetos por ley, con penas durísimas si se incumplía la norma. Los escritores dejaron de escribir, los políticos de echar discursos y los vendedores de seguros no convencían a nadie para contratar un seguro de decesos. Se cerraron los cafés y las tertulias. Los maestros, los poetas.. ¡Ay, los poetas! Ni rimas, ni ripios. Ni clases de caligrafía. Uno que tenía gran destreza en escribir la letra "ñ" murió de hambre. Los grafólogos no le vieron sentido a su existir. Rubio dejo de hacer cartillas. La Academia de la Lengua se cerró y solo algunos valientes defendieron su letra con uñas y dientes.
Se imponían duras penas: obligaban a los osados a usar máquinas de escribir que tenían chinchetas en su teclado, para que las yemas de sus dedos sangraran al tocarlas. Multas por el uso de la "d", multas por el uso de la "k". Las cárceles se llenaron de revolucionarios que insultaban a la policía y a los poderosos con todas las letras. Pena de muerte para los redactores y los grafiteros. El mundo entero enmudeció. Con todas las letras solo se hablaba en las altas esferas del poder y, por supuesto, en la clandestinidad, que es donde yo escribo, lugar oculto donde hemos de estar con ojo avizor, porque hay traidores que denuncian por todas partes. Hemos de ser cuidadosos. Pero estamos empeñados en conservar nuestras letras, nuestra lengua, hasta el final. Yo soy experto en la letra "s". Me aseguro de que el sol, la sal, la saliva y los sueños, los sonetos y los plurales sigan vivos hasta el final de los tiempos. En nuestra Red de Defensores de las Letras, intentamos preservar y transmitir tantos siglos de la "a a la z". Y, ¿cómo lo hacemos? Aprendimos el canto de los pájaros y las impresiones que las abejas dejan en la cera de sus colmenas, como microscópica escritura cuneiforme. Nos comunicamos a través de los nidos que las aves construyen en viejas impresoras. Los desechos también nos ayudan a comunicarnos. Pero, lo siento. No puedo contar más. Corremos gran peligro.

M. Sánchez
Grupo C


Gracias

Mientras Jean Claude Cubino seguía con sus ex plicaciones, Alicia quedó colgada de esos extraños troncos, tantas veces repetidos en su vida. Se trataba de basura sabia. Aparecían páginas rotas por el suelo, dibujando perspectiva, sobre la que el artista había extendido troncos con euritmia, hechos con los lomos de enciclopedias encontradas en los contenedores de papel. El conjunto la atrajo y su mente voló a Viena.
El corazón le golpeó al recordar los jardines del Belvedere en aquel su primer viaje por Europa. Sin proponérselo, Jean Claude la había trasladado al pasado y volvió a recorrer las salas en las que admiró sus maravillosas mujeres y sus colores dorados. Gustav Klim se abrió ante ella y nunca dejó de recrearlo.
No fue “El beso” su cuadro, sino “Los troncos de hayas, de abedules, de pinos”, troncos infinitos en un mar de color; los que se fijaron para siempre en su retina.
Hoy Alicia recobró el pasado, pudo volver a viajar y descubrir que, en cualquier rincón, había motivo para soñar.
Gracias, Jean Claude.

JB
Grupo C



La Huída

-¿Cómo hemos venido a parar a este paisaje de desierto africano, Rosa? Lo encuentro un tanto deprimente.
Ella posa con suavidad su mano derecha sobre mi hombro, me agarra el brazo con la otra mano, acerca su cara a la mía y como siempre, me hace sonreir.
-Mira a tu derecha, Faustino.¿Ves el camino que se abre entre las dunas? Es el camino a nuestro futuro.¡Ahí está!.
¡Respira hondo!…¡Huele a libertad!
-Todavía no entiendo la ocurrencia de nuestros hijos.¡Llevarnos a una residencia, con lo que aún nos falta por vivir!
¿Nos habremos alejado lo suficiente?

M.L.Fidalgo
Grupo C




Máquina de escribir o parte delantera de un coche con caja de cambios, dirección y salpicadero.

Máquina de escribir como lugar quimérico desde el que conducimos o encauzamos nuestros pasos.

Tecla a tecla, dedo a dedo.
Corazón, cerebro, dedo anular, letra S
Corazón, cerebro, dedo índice, letra T
Corazón, cerebro, dedo anular, letra O
Corazón, cerebro, dedo meñique, letra P
Con el dedo pulgar, ponemos distancia, y otra vez seguimos conduciendo, avanzamos o detenemos la marcha, y formamos palabras: ADELANTE, ESPERA, STOP…..
A la derecha del volante, la “Caja de cambios”. Imaginemos que todos naciéramos con una cajita con cambios debajo del brazo como “dote” de nacimiento, como superpoder humano. Poder comprobar si tenemos en la caja el cambio que necesitamos : “Dar marcha atrás” “bajar el ritmo”, “quedarse un tiempo en punto muerto”.
Se darían este tipo de diálogos:
“Oye ¿Tienes en tu caja de cambios el poder alzar el vuelo?”
“He encontrado en mi caja que puedo cambiar de vida si quiero, no lo había visto antes”
“Mira a ver en tu caja,creo que el cambio de hábitos viene de fábrica”.

AMF
Grupo C

La olivetti


La olivetti Ayer me encontré en la basura una Olivetti y me la llevé a casa. No suelo recoger objetos que fueron útiles pero ya no lo son, por razones de coleccionismo o de nostalgia. No va con mi manera de ser. Me da tristeza contemplar el pasado que he vivido convertido en decorado. Apenas conservo cosas que no funcionen. Evito lo más posible la mirada que da la pena sobre el pasado que ya no vuelve. Soy una moderna empedernida. Aunque reconozco que lo nuevo también produce desazón. Todo acaba siendo viejo, ya lo sé.
En todo caso, esa maquina tirada me llegó al alma, era exacta como la que la policía me había requisado en un registro que hizo a mi casa cuando era joven y militaba en un partido político ilegal. No pude evitar recogerla. Me indignó ver que alguien se hubiera atrevido a despreciarla de esa manera. Y me dije, cómo no voy a quererla. Yo no tiro mis ideales. Y me la llevé, como quien se lleva a un perro abandonado y hambriento. Mitad con repelús, mitad con mala consciencia. Luego, cuando ya la había dejado limpia y en la mesa me propuse que tuviera una vida digna. Tenía claro que no quería que fuera un jarrón sin flores para limpiarle el polvo. Quería que sirviera de nuevo para escribir pero pensando en lo que se lleva ahora: ficción. Le puse papel blanco, lo ajusté con las ruedas laterales para que estuviera centrado y me dispuse a teclear una palabra cualquiera, inútil. Pero nada, no había manera, no me obedecía ni a tiros. Escribía sola y sin parar proclamas subversivas: Presos a la calle. Amnistía. Libertad. Huelga general. Así una y otra vez. Y no hay manera, va a lo suyo.

Sagrario Martínez Berriel
Grupo B





Lapicero olvidado

No lo encuentro. Para una vez que me decido... Ahora no lo encuentro.
Piensa, retrocede en el tiempo. Al verano pasado, por ejemplo. Fue la última vez que escribiste aquel cuento. ¿Te acuerdas? Venga, piensa. Da otra vuelta al despacho. Mira con calma, con paciencia…
¿Quién demonios ha plantado mi lápiz favorito en esa maceta?
Bueno... A lo mejor le brota una historia, un microrrelato o un pareado. ¡Nunca se sabe!

M.L.Fidalgo
Grupo C



El viaje y la escritura

El verdadero viaje comienza cuando la mirada se sosiega y repara en el paisaje que se asoma al cristal del parabrisas. La carretera parece incrustarse en los montes;apresurados, los árboles se alejan de nosotros, una montaña se aparta, un valle se abre;luego, de golpe, el horizonte se amplía…
Después es el turno de las manos y de los dedos bailando sobre las teclas. En el papel van surgiendo los mismos campos y los mismos cielos. Pero la escritura los transforma y ya es distinto el blanco de las nubes y el paisaje, malherido por obra del hombre, es mucho menos agreste. Hasta la carretera pareceenmendarse, alisando su firme y limando la aspereza de sus curvas.
Porque es bien sabido que, una vez contado, el viaje ya es otro.

Pepe Lorenzo
Grupo B



La última carta
(Texto inspirado por la obra de Jean Claude Cubino, consistente en una máquina de escribir cuyas teclas están dotadas de chinchetas capaces de perforar los dedos de quien la utilizase)

Querida:

Redacto esta misiva, que será mi despedida, con la máquina que he adquirido a un viejo anticuario venido a menos. Es la herramienta perfecta para escribir mi última carta con la que será mi última máquina de escribir.
En cada letra y en cada palabra estoy dejando parte de mi vida y parte de mí mismo. Con cada tecla que pulso gotas de sangre brotan de mis dedos, que se van descarnando igual que mi alma. No he podido superar tu pérdida. No volver a saber nada de ti me está consumiendo. He decidido no perder más tiempo lamentándolo, por eso he adquirido este artilugio, que permitirá que mi cuerpo se vaya descomponiendo igual que mi alma se va descomponiendo a medida que voy dejando plasmado en palabras mi dolor.
Ya he perdido las manos y sigo escribiendo, apretando con rabia las teclas, destrozando mi cuerpo, viendo como mis sentimientos se transforman en letras en un doloroso proceso de autoinmolación. De igual manera a como se fue destrozando mi corazón, cachito a cachito con cada uno de tus menosprecios y tus desplantes, se va deshaciendo mi cuerpo con cada palabra que añado a estas líneas.
Me he quedado sin brazos y algo de mis piernas, pero todavía sigo teniendo angustias que descargar para poder liberarme. Me va costando más y más pulsar las teclas y verter mis emociones en el papel, pero tengo que continuar hasta acabar. Tengo que consumar la desaparición física a la vez que mi desaparición anímica, tengo que desintegrarme completamente.
Ya solo quedan un poco de mi tronco y mi cabeza, también me he liberado de la mayor parte de mis emociones y los pocos afectos que me quedaban. El final se está aproximando y yo despareceré con tu olvido y mi desesperación. Vagamente recuerdo los días felices, pero todavía están presentes los días amargos del dolor y la ruptura. No soy capaz de olvidarlos ni soy capaz de empezar de nuevo. Ahora, ya no es posible la marcha atrás.
Estas líneas postreras son las que más me ha costado teclear, ya solo quedan de mí los ojos, que empleo para seguir tecleando, autodestruyéndome, completando la desaparición, que puede producirse en cualquier momen…

Manuel Medarde
Grupo A


La geometría del viaje

Solo se veía una estría azul, lejos, pero presente. “No hay nada más paradójico que un horizonte”, pensó. “Gesta tantos anhelos, pero está ahí, marcando la finitud del infinito”.
Cerró la tapa del libro. Inspiró fuerte, para luego desinflarse en el asiento. La vista fija en esa línea intimidante. No era más que una falacia de arribo. Esa marca a la que nunca se llega, porque siempre se traslada para angustiarnos con el anhelo. “Cuando tenga dinero. Ahora tengo dinero, pero no tengo tiempo… Cuando tenga tiempo…”
“Es la travesía, no el destino”. Su lógica no podía alejarse del concepto geométrico del viaje. “Una línea es una seguidilla infinita de puntos, por tanto un viaje es una seguidilla infinita de destinos. Es un destino en movimiento perpetuo. No hay arribo final, porque siempre estás llegando, y partiendo, y llegando… Si el placer es llegar a destino, entonces vives en un clímax perenne. Lo sepas o no.”
Los pies ardían, las entrañas quemaban, el alma prácticamente calcinada, la cabeza apenas tibia, como buen matemático. La maleta iba ligera pues tenía un hueco, todo lo que cargaba, ahí se quedaba y no avanzaba con él. Los viajes, para disfrutarse, tienen que ser ligeros. Sin cargas, casi solo lo puesto. “Es imposible llevarse todo”.

Vanina Palomo
Grupo C




Raíz de la memoria

El lápiz, como el árbol,
se moría.
Sus raíces, aplastadas en la tierra,
necesitadas de ternura,
dieron paso a la locura.
Di un paso atrás en la memoria,
Salté del infierno
hacia la gloria,
De la gloria
hacia el olvido.

Pedro Gómez Rodríguez
Grupo C


Ningún ser humano es ilegal...
Inspirado en la obra que mostraba dos máquinas de escribir unidas por un mar de papel continuo con un cayuco hundido en medio.

Hace 300.000 años el único humano que poblaba la tierra era el homo sapiens. Se considera así al primer hombre fruto de la evolución de otros homínidos.
Ya entonces se vieron forzados a migrar, recorriendo enormes distancias, en busca de nuevos alimentos y nutrientes y así, partiendo desde África, llegaron a otros continentes.
Para aquellos primeros migrantes no sería fácil el viaje, se enfrentarían a diferentes peligros y dificultades pero al menos no encontrarían fronteras, más allá de las naturales, ni tampoco a otros seres humanos que, creyéndose superiores, les impidieran el paso por considerarlos ilegales. Sencillamente llegaban y se quedaban a hacer vida en otros territorios.
Hoy, después de muchos siglos de evolución, las cosas no son tan sencillas para quien, obligado por las circunstancias, tiene que partir para buscar un futuro en otra parte.
Si no tienes pasaporte entrar en otro país es muy complicado. La mayoría opta por poner su vida a merced del mar subiéndose a un cayuco sin tener la garantía de llegar con vida a pisar tierra al otro lado.
Para quien tiene la gran fortuna de no morir ahogado en el océano empezará otra travesía, otro complicado viaje a través de las leyes del país de acogida con el fin de regularizar su situación y así dejar de ser "ilegales" para siempre.

¿Te pones en su piel?

He perdido la cuenta de las veces
que he esperado obtener una respuesta
y sumarle esperanzas a la resta
que se agranda a medida que envejeces.

Es muy duro entender que perteneces
a este mundo, podrido, que detesta
a ese ser humano que “molesta”
por no tener tu suerte... Me entristeces.

La vida es caprichosa y te coloca
en un lugar del globo por azar
y tienes que lidiar con lo que toca.

Si las guerras te impiden avanzar
y toda tu existencia se trastoca
es lógico que quieras olvidar.


Y quieras emigrar
buscando tu futuro en otras zonas.
¿Te pones en la piel de esas personas?

Aurora Zarco
Grupo B




Esquejes de escritura
(A partir de una obra gráfica de Jean Claude Cubino)

Esquejes de palabras en mi alma, enraizadas en ciertas primaveras de un antaño olvidadizo.
Ya no sé cuándo ni por qué las privé de su riego vital condenándolas a marchitar en frases erradas, sin puntos ni comas; en pensamientos sin gramática que florecían con tesón a pesar del des(a)tino.
Raíces que arranqué con dolor desangrando mis manos mientras palidecían sus sílabas en mi corazón acentuado, si bien carente de ritmo. ¡Se me secaron los latidos!
Tierra fértil para palabras nuevas, aún por germinar aunque con buen auspicio:brotarán. Esta vez con lágrimas sin sal alimentadas y con destellos de sol que brillan en mi mirada rebosante de luz. ¡Vitaminas de vida!
Con la poda que aprendí a realizar durante mi travesía, convertiré en jardín de palabras coloridas, el vergel de sentimientos: ¡Estojarán sin duda! ¡Lo presiento!

Ibone Bueno Vicente
Grupo C


Deja que duela

Cuando tiene ecos de una voz quemada
palpitando en la yema de los dedos,
el escritor aporrea las teclas
con fuerza y cada golpe un picotazo,
cada golpe un dolor de sangre y tinta
palabras sin miedo, desnudas, crudas
suben las pulsiones, las pulsaciones
dejando que duela, que calme y cure
tatuándolas en las hojas en blanco
heridas en papel que cicatrizan
y en sus versos renace un nuevo abismo.
Escritura que hiere y pule el caos
que sufre, que auxilia y que resucita.

Beatriz Gorjón
Grupo A



Mi-fa-do

Respiran, inspiran, soplan sin reposar.
Resuellan sus páginas cansadas
entre las notas caprichosas del achacoso acordeón
que un día abandoné en tu azotea,
cociéndose bajo el sol de tu ignorancia ciega.
Cuando tú eras melodía en mis venas
y frases sueltas en mi corazón.
Oprimo las teclas blancas,
libero ahora las negras.
Respiran, resuellan, soplan
emitiendo quejidos inapreciables.
Y entre las hojas amarillentas
de mi vieja enciclopedia,
encierro fragmentos de vida,
pentagramas de existencia
que se ensanchan y se contraen
como un fuelle en una hoguera.
Respiro, inspiro, soplo.
Y decido emprender un viaje
hacia la reescritura de mí misma.
Sólo ida y sin retorno.
Adagio, allegro, vivace.
Fin de la apnea.

Ibone Bueno Vicente
Grupo C





Letras con aroma

Duele la letra,
señalada por muertes
y despojo,
marcan epitafios
y recuerdos.
Huele la palabra,
armonía de jazmín
invaden los versos,
aromas de almizcle,
entre rocíos
de mañanas con toques esenciales,
de párrafos,
son acuerdos de fragancias,
corazones florales,
sílabas de misterio,
comienzo de historias,
tintas que conforman,
el perfume,
de los besos que se fueron.
Ambrosía perfecta,
estela de alquimia,
notas de corazón,
y vida.
Huele el dolor,
vivo la palabra,
y siento.

GuADAlupe
Grupo C


I

Te arrancaron de la tierra
unas manos despiadadas
pero no te rindes nunca
y buscas formas nuevas
de enraizar en el alma,
la belleza de las palabras.

II

Durante muchos años
tinta negra y tinta azul
ha utilizado la pluma
del erudito escritor,
ahora la usa trasparente
para observar mejor la mirada
del humilde lector.

III

La música silenciosa
del acordeón dormido
abraza con su fuelle
a cinco cerrados libros,
en una exposición permanecen
para extrañeza y regocijo
de espectadores sorprendidos.

Marian Pérez Benito
Grupo A


La llamada del ayer

Cada vez que bajo al trastero la veo allí, quieta, silenciosa, en la estantería metálica aprisionada entre archivadores de documentos. A ver cuándo ordeno este desastre, me digo siempre, cojo lo que iba a buscar y salgo sin detenerme. Pero nunca falta una mirada furtiva, no sé si de mí a ella o de ella a mí. Y algún recuerdo flota en el aire como un relámpago lejano.
En esta ocasión bajé de nuevo, abrí la puerta y paseé la mirada por todo aquel caos, intentando recordar a qué había ido, algo normal en personas de cierta edad. Yo he descubierto un mecanismo para recordar estas cosas aparte del papel en el bolsillo. Consiste en no empeñarse en recobrar la memoria directamente, sino por el contrario, en desviar la atención hacía otro objeto.
Pues bien, con esa intención alcancé la máquina de escribir de la estantería y la puse delante de mí sobre una caja. Quité la funda que la cubría y me quedé mirándola fijamente. El silencio y la penumbra del trastero se hicieron más densos, y notaba que no podía dejar de mirarla. Hola, dije con voz apenas audible. Hola, respondió ella con voz más clara y un poco cortante. Cómo estás, me atreví a preguntarla. Pues aquí, ya ves, como el arpa de Gustavo. Un cierto tono de reproche. Pasé el dedo por la tapa y por las teclas. Pues no tienes polvo, dije. Al menos tuviste la deferencia de cubrirme con una funda… Hace más de treinta años, dije apesadumbrado, solo me faltó decir lo siento. Treinta y tres y medio, para ser exactos, dijo ella. Claramente un tono de reproche, con razón.
Es verdad, no puedo por menos de recordar aquel día de 1990 cuando la aparqué allí porque un ordenador ocupó su lugar y mis dedos.
Estás igual, dije para adularla. Tú no, me dijo cortante. Y me vi como reflejado en un espejo donde antes se ponía el papel para escribir, ella joven como siempre, yo mayor.
Recordé entonces con nostalgia aquel teclado fuerte y denso, al que acariciaba con mis dedos mientras pensaba lo que iba a escribir, hasta que comenzaba el traqueteo de las letras sobre el papel, la cinta de tinta en medio. Una música que requería una carencia determinada, unos golpes uniformes de los dedos sobre las teclas, adornada por el timbre que anunciaba el final de línea después de ocho letras más, y el paso a la siguiente con el sonido del recorrido del carro y el suave, a veces fuerte, golpe de inicio de una nueva. Y recordé que entonces también mis dedos eran fuertes y ágiles para pasar al papel mis pensamientos, a través de aquella máquina maravillosa. Maravillosa y simple, que no tenía nada escondido, todo a la vista, sin distracciones ni tapujos. Me di cuenta de que simplemente era el reflejo de una vida más sencilla.
Todo lo contrario que aquél flamante ordenador, al que sucedieron otros muchos, porque en poco tiempo quedaban obsoletos. Más que facilitar vida y trabajo, los continuos cambios, las nuevas aplicaciones, las múltiples plataformas, la infinidad de funciones inútiles lo complicaban todo. Al contrario que aquella simple máquina de escribir, el ordenador se volvió un monstruo egoísta que requería toda tu atención, llenaba tu cabeza de lo que nunca te interesó, te robaba el tiempo y te complicaba la vida…
La miré una vez más, acariciando sus teclas con ternura y la pedí perdón por el olvido. Y la di las gracias por lo que fue. Te recuperaré, la dije, y utilizaré el ordenador para buscar en Internet las cintas para escribir contigo. Creí escuchar el alegre sonido del timbre que anuncia el final de línea.
Luego comprendí a qué había ido al trastero. A nada. Ella me llamó.

Leopoldo Reguera Reguera
Grupo C

Érase otra vez Caperucita Roja

La semana pasada solo tuvimos sesión de escritura con el grupo C así que recurrimos a un tema que ya habíamos tratado hace años en el taller, las diferentes versiones y perversiones que se han hecho del clásico "Caperucita Roja".
Caperucita es, tal vez, el personaje más representativo de la literatura infantil. El cuento más veces contado y más veces versionado: Gloria Fuertes, Aníbal Núñez, James Finn Garner, Gianni Rodari, Roal Dalh, Carmen Martín Gaite, entre otros muchos escritores, cuentan con su propia Caperucita.
Ismael Serrano, en su álbum "Atrapados en azul", cantó a Caperucita. También la Orquesta Mondragón cantó a "Caperucita feroz" Y en cine hay diferentes versiones como Hard Candy, La increíble pero cierta historia de Caperucita Roja (de animación) y Freeway.



Incluso hay escrita una tesis doctoral con el título ¿Existía Caperucita Roja antes de Perrault? (Ediciones Universidad de Salamanca, Estudios Filológicos, 2006). Su autora es Susana González Marín y en ella recoge un curioso texto del s.XI.



El texto, traducido por Rafael León (Málaga, 1964) dice:

La niña salvada de los lobeznos

Lo que os digo, en el campo se cuenta de igual modo
Y no es tan sorprendente como digno de crédito.
Al sacar en la iglesia a una niña de pila
Le regalaron una caperucita roja.
La santa quincuagésima se celebró el bautizo,
Cuando al alba la niña cumplía cinco años.
Después mientras andaba sin cuidado ninguno,
Le salió al paso un lobo que se la llevó al bosque
Y dejó por comida la presa a sus cachorros,
Que la acosaron juntos y, no pudiendo herirla,
Mansamente empezaron a lamer su cabeza.
"No me rompáis, ratones -dijo entonces la niña-,
esta caperucita que me dio mi padrino".


Hablamos de los libros "Érase 21 veces Caperucita Roja", "Caperucita roja, verde, amarilla, azul y blanca" y la Caperucita Roja del ilustrador Adolfo Serra, comentamos algunas cuestiones a cerca de la simbología de Caperucita y leímos un breve repertorio de versiones de Caperucita Roja:


Érase otra vez

CAPERUCITA. Insatisfecha. Pechos grandes. 
Hoteles y domicilios.Tfno. 629252929

Y un día de verano, al mediodía,
Caperucita se quedó en la casa,
echó un par de costillas en la brasa
y puso el brécol al bañomaría.
Comió, fregó, se dio una ducha fría,
se puso el camisón de fina gasa,
llamaron a la puerta y dijo pasa,
creí que no venías, vida mía.
Luego de rematar la sobremesa,
llevó a su cama al joven cazador
y, en bragas, le propuso ser su presa.
Después él le quitó el sujetador
pero ella le advirtió con voz francesa:
Son cinco de los grandes, por favor.

Raúl Vacas


Yo era Caperucita

Un día que tenga tiempo
os contaré la aventura de mi infancia
con el lobo Franco.

Yo era una caperucita roja en zona roja.
El lobo Franco se enteró que en mi cestita
no llevaba solomillo y queso para mi abuelita
y al ver que llevaba libros y poesía,
mandó su jauría
y me detuvo en la Gran Vía.
Los criados del lobo
me metieron en prisión,
me mordisquearon a gusto,
por poco me muero del susto.
En el bosque de cemento
pasé un miedo atroz.
Yo era una caperutica roja
y "el Franco" un lobo feroz.

Gloria Fuertes. Mujer de verso en pecho


Aunque de todos modos
el final fue feliz
caperucita roja no habría sido
desayuno del lobo
ni hubiera recorrido
tantas millas de bosque por llevar
el tarrito de miel a su abuelita
si hubiera dedicado
más atención a lo que le decían
todos los días a las dos y media
todas las noches a las diez en punto
las radios todas de la vecindad
las radios todas de la vecindad

pero obstinada y terca
no hizo el mínimo caso
de las palabras sabias del sabio guardabosques
y el lobo la zampó

ella tenía de todo
no le faltaba nada:
hasta el olor a bosque que tanto le gustaba
en la pasta dental

si se hubiese quedado
quietecita en casita…
hubiéramos seguido comiendo más perdices
dándonos golpecitos en la nariz…

aunque al final (y eso es lo malo)
de todos modos fue feliz.

Aníbal Núñez. Fábulas domésticas


Y cuando el lobo llegó a casa de la abuela observó como los enfermeros sacaban el cadáver de la anciana en una gran bolsa de plástico. Aguardó a que se fueran y entonces, sigilosamente, entró en el cuarto, se puso el camisón y la cofia y se acostó.
Pensaba ser amable y cariñoso con la niña de la capucha roja, evitar que la muerte hiriera su corazón en aquella hermosa tarde de verano.

Tomás Hijo


Propuesta de escritura
Elegid una de las nueve situaciones diferentes que os planteamos. Tratad de armonizar dicha situación con el contexto (si elegimos la Feria del Libro tenemos que dibujar con precisión dicho escenario). La extensión máxima recomendable es media cara de un folio. Podéis disfrazar, tanto como queráis, los escenarios y personajes de la historia, pero procurando respetar aquellas características que consideréis fundamentales en el cuento de Perrault (sería bueno mantener algunos de los personajes fundamentales del cuento).

Los binomios con los que debéis trabajar son los siguientes:
1.- Caperucita y Feria del libro 
2.- Caperucita y Carnaval de Río 
3.- Caperucita y Entrega de los Óscar 
4.- Caperucita y Wall Street
5.- Caperucita y Piscina en Tokio 
6.- Caperucita y Sanfermín 
7.- Caperucita y El Vaticano
8.- Caperucita y Submarino 
9.- Caperucita y El Corte Inglés

Y aquí están los trabajos realizados por algunos de los participantes en el taller:


Premio Nobel

Gaceta Literaria Internacional.
Estocolmo, 10 abril 2024


El conocido personaje de cuentos Caperucita Roja es galardonado con el
Premio Nobel de Literatura 2024.


La Academia Sueca ha querido premiar por primera vez en su historia a un personaje de cuentos y no a su escritor. Se ha valorado su influencia internacional y su versatilidad, al haber sido convertido en poemas, canciones, relatos para adultos, obras de teatro, películas, etc. Ningún otro personaje de cuentos ha sido impreso tantas veces y en tantos idiomas, ni ha recibido tanta atención en todos los campos literarios, creativos y educativos. Un personaje que ha sido capaz de aunar culturas, edades y clases sociales. Un cuento imprescindible, sin duda.
Caperucita Roja, emocionada, promete asistir a la ceremonia de entrega con su capa roja y su cestita. Ni su madre ni su abuelita, todavía convaleciente, podrán acompañarla, pero está segura de que algún lobo se encontrará entre los asistentes. Le dedicará algunas palabras.

La Gaceta se congratula de este merecido premio.

MSG desde. Estocolmo, Suecia

Marisa Sánchez
Grupo C


Discurso de Caperucita Roja ante la Academia Sueca

Es un gran honor para mi saludar a sus Altezas Reales, Gustavo y Silvia, a la Princesa Heredera, Victoria, a los componentes de la Academia Sueca y a la Fundación Nobel, a las personalidades del Gobierno y de la Sociedad que nos acompañan.
Debo también mencionar a mi abuelita y a mi madre, mis mujeres, mis maestras, que, tanto hicieron por mí, una incluso perdiendo casi su vida. Nunca sabrán hasta qué punto mi cuerpo está hecho de la materia del agradecimiento y del amor que me transmitieron, de su pasado y de sus historias; hasta qué punto mis grandes ojos son sus ojos, mis oídos escuchan por ellas, mi boca sigue hablando por ellas. Ellas me dieron las lecciones más importantes: me enseñaron a recorrer el bosque sin miedo, a ser amable, a pedir ayuda, a enfrentarme al lobo con coraje y astucia, sabiendo que hay tantos bosques espesos y oscuros, y tantos lobos disfrazados dispuestos a devorarte. Si hay algunos entre nosotros, les reto a que muestren sus pezuñas y sus grandes fauces, y les comunico que no nos engañarán ni con sus más bellas promesas ni con sus peores argucias.
Soy heredera de todas las madres que envían solas a sus hijas a la espesura, con su cestita de viandas para la abuelita. Pasar la tarde al calor del fuego de su cabaña, escuchar sus historias, es la recompensa, tras aprender de la belleza del camino, de los árboles y las flores, de los cantos de los pájaros, pero también de los lobos engañosos, a los que hay que desenmascarar y vencer.
Soy también representante de todos los personajes de todos los cuentos, los buenos y malos, que hicieron pasar ratos inolvidables a los niños, de todo el folklore, antiguo y arraigado, que espero que nunca muera. Quiero recordar al Gato con Botas, tan listo y audaz, y tan querido para mí; al sastre del Traje del Emperador, que desveló las vanidades de los que tienen tan poco que mostrar. Son tantos a los que nombraría. Vengo aquí en su nombre.

Hablo también por toda la infancia, con sus sueños y temores. Por todos los niños que esperan la hora del luscofusco para adentrarse en el mundo fantástico de las hadas, cuando, de la narración, surgen las siluetas de los personajes imaginados y, por eso, amados. Porque amamos y deseamos lo que imaginamos, y nos resulta igual de real.
Espero que nunca nadie deje de leer cuentos porque hemos de imaginarnos otras vidas para entender la nuestra, para justificarla, para vivirla con ilusión.

Yo, que he sido uno de los personajes más famosos de todos los tiempos, conocida en todos los rincones del mundo, os estoy eternamente agradecida. Mi historia ha sido contada en todas las lenguas. Se han escrito cientos de versiones de mi vida. Se han escrito poemas, relatos, guiones de películas, canciones, incluso novelas. Tan abrumadora ha sido mi fama inmerecida, porque yo solo era una inocente niña, que recorrió un bosque brumoso y fue amable con un lobo, nada más.

Ahora me despido con un ruego: leed. Leed cuentos a los niños. Haced que la tecnología desaparezca un rato y leed cuentos, que se avive la llama de la curiosidad de esas orejas tan grandes, el brillo de esos ojos tan grandes, el gusto de esa boca tan grande.

Ahora yo me voy con mi cestita y con el cuento a otra parte.

Marisa Sánchez
Grupo C


Caperucita en tiempos difíciles

Ha pasado tanto tiempo, abuela, que me cuesta recordar, cuando pasabas las tardes entre las flores de tu jardín, después de recorrer todos los días el trayecto de dos kilómetros por la carretera, hasta encontrarte enfrente del panteón, donde reposaban los restos de la persona a la que más habías querido. No importaba si llovía, hacía calor, ni los días de nieve y frío consiguieron interrumpir la conversación que mantenías a diario con el amor de tu vida.
Al caer la tarde, venían a visitarte los esposos de tus hijas para preguntarte cómo estabas, si habías comido, que habías comido. Les mirabas a los ojos, que ni disimuladamente podían ocultar sus intenciones.
Lo que veías, no eran hombres buenos, eran lobos disfrazados de hombre.
Tu Caperucita, no importaba de qué color era la caperuza, porque eran tiempos donde lo “rojo” estaba mal visto, te llevaba la comida, que esperabas con el corazón abierto.
Eras tan lista, abuela, que nunca dejaste que te engañara el lobo.

Pedro Gómez Rodríguez
Grupo C


Caperucita y El Corte Inglés

Terminó de vestirse deprisa, no quería llegar tarde: el nuevo jefe tendría oportunidad de regañarla con su deje paternalista y su mirada pegajosa. Se anudó el pañuelo rojo al cuello, a juego con el color de sus labios y dijo adiós a su madre con un ligero beso.
¿Tendrás tiempo de pasar por casa de la abuela a llevarle su disco preferido y un táper para la cena? Si mamá, respondió Laura, y salió volando.
Llegó ala mole de hormigón y cristal que había robado el sitio a una plaza pública, a la que trataban de disfrazar de bosque con sus grafitis verdes y arboles pintados en las fachadas. Al entrar y percibir, de nuevo, aquella música vacía, no pudo evitar la sensación de estar en una jaula en la que se encierran en manada creyendo que compran diferente: el estilo Corte Inglés.
No había vendido un solo perfume, volvió la mirada y allí estaba el nuevo jefe de planta que merodeaba de nuevo a su alrededor. Se creía más esbelto embutido en el traje barato que le habían dado, sin faltar la corbata que le hacía el cuello más pequeño aún. ¿Qué haces al terminar? Te acompaño y tomamos algo, le dijo. Laura no tuvo fuerza para contestar que ni quería, ni necesitaba que la acompañara. Vale, contestó, pensando: ojalá a este le surja algo y no aparezca.
A la hora de salir se plantó delante de ella. Tengo que pasar por casa de mi abuela y se pusieron en camino en silencio, No tenían mucho de qué hablar.
Es aquí, dijo Laura. Abrió el portal, llamó al ascensor. Sus miradas se cruzaron en la espera; la de Laura siguió el recorrido del portal. El ascensor apareció, entraron, marcó el piso cuarto y arrancó lentamente.
Juan, su jefe, se acercó más a ella, pasó el brazo por sus hombros, buscando un beso en sus labios. Laura giró la cabeza, le abrazó levemente y se apartó. ¿Pero, qué haces? ¿Qué te pasa? Nada. Es sólo un beso.
El ascensor llegó al cuarto piso. Al salir, Laura sintió el dolor por la fuerza de las manos, las garras, de Juan clavadas en su espalda llevándola hacia él; ahora era el asco del olor a sudor, alcohol y cobardía. Juntó todas sus fuerzas y le empujó, se lo quitó de encima. Juan se enredó con el bolso de Laura que había caído al suelo, tropezó y cayó rodando violentamente por la escalera. Su cabeza golpeaba los escalones: pon, pon, pon.
De repente, el ruido cesó; el silencio lo llenó todo. Miró abajo y no vio nada, ni a nadie. Recogió el bolso, el táper, se estiró la camisa, recompuso su pañuelo rojo al cuello y entró en casa de su abuela mientras se decía que no podía perder más tiempo, había quedado con Sol para cenar algo rápido e ir a bailar.

Gabriel Riesco
Grupo C 

Para chuparse los dedos

La sesión de esta semana la dedicamos a la gastronomía. Y aunque hicimos una tarea en el taller un poco escatológica (había que inventar el menú del Restaurante "El Asqueroso"), tras degustar otra serie de platos como la "Oda al caldillo de congrio" de Pablo Neruda o la "Sinfonía de la anchoa" de Alejandro Dumas finalmente nos chupamos los dedos. Transcribimos aquí el segundo texto, con receta incluída:

Se toma una aceituna rellena con anchoas, y se coloca en el interior de una alondra limpia; la alondra se coloca dentro de una codorniz, la codorniz dentro de una perdiz y ésta a su vez se pone en un faisán. El suculento y aristocrático faisán relleno se coloca a su vez cariñosamente dentro de un pavo, y el pavo, por fin, se embute en la cavidad abdominal de un cochinillo no demasiado grande, que se cierra al exterior muy pulcramente. Todo este paquetito se pone en una cazuela de asar bien untada de manteca y, según arte, vertiendo constantemente encima el mismo jugo de que de él se desprende, se le deja asar a fuego lento. Cuando uno juzga que ya está a punto, se va procediendo en el sentido inverso, o sea, se sacan el pavo del cochinillo, el faisán del pavo, etc. Y así hasta que se llega al colmo de esta delicia culinaria, es decir, a la aceituna, en cuyo interior se alberga la sabrosa sinfonía de la anchoa.

Raúl Vacas quiso preparar unos huevos al plato pero la receta derivó en un huevo frito:

La cáscara del huevo se abre al mundo
y en la sartén el día ya amanece,
la clara se blanquea y muda crece
y el sueño de la yema es tan profundo

que apenas necesita de un segundo
al fuego, de lo contrario desfallece
y entonces, arrugado, se parece
al sol de cada tarde, moribundo.

De su sabor canto las maravillas,
dorado y perfumado con aceite.
Y cumplo con el gusto y con el rito

de ver cómo le crecen las puntillas.
Ya está para el provecho y el deleite,
lista para servir, el huevo frito.

Hablamos de los libros "Sopa de sueño y otras recetas de cococina" con textos de José Antonio Ramírez Lozano e ilustraciones de Riki Blanco y "Recetas de lluvia y azúcar" de Eva Manzano y con ilustraciones de Mónica Gutiérrez.
Nos sirvieron de entrantes los artículos "Cuando los escritores cocinan: 35 recetas literarias" firmado por Karina Sainz Borgo y "Recetas de la literatura" de la revista QUO y la excelente ración "Cómo preparar microrrelatos" de Fernando Iwasaki.
Para los primeros y segundos platos y el postre tomamos como referencia el libro "Cocina, artes y literatura" (Degustación castellano leonesa de la A a la Z):



En este libro, del cual queda algún ejemplar en el enlace anterior, aparecen recetas como la de las "Patatas meneás" cocinadas por Gloria e Isabel Castaño:

I -De cómo discurría una jornada de caza

Cada uno de nosotros tenía su puesto definido: unos ojeaban, otros pegaban los tiros, los perros cobraban la presa, la señora Catalina meneaba las patatas y los tres niños las cocíamos con nuestro aliento de humo y la imposición de las manos cerca de una lumbre anaranjada que exprimía el zumo de nuestros ojos.

II -De las recomendaciones precisas para la elaboración de unas patatas meneás como Dios manda y su degustación idónea

Apaña las patatas sustrayéndolas de la tierra madre con mimo extremo, como quien no quitara sino que diera, no vaya a ser que esa madre se cele y vierta en sus crías la ponzoña, que también sabe hacerlo, y entonces las patatas perderían su bonanza.
Por el camino al hogar vete cantando una alegre cancioncilla que improvises para la ocasión, y así continúa mientras dure la preparación que sigue, pues has de saber que la alegría de la voz no es prescindible para la exquisitez de este manjar.
Alivia las patatas en agua tibia para que no sientan más temperatura que la que sintieron en el seno de su madre si fuera verano, que si es invierno la fría les gusta más.
Raspa su piel, que jamás debe cortarse con filo de navaja, ni tampoco su carne, ya que si sus células (como las de cualquier materia comestible) son cortadas en lugar de separadas, el mal sabor se hará presente de inmediato. Pero como quiera que deben hacerse pedazos de algún modo, procede de la siguiente forma y manera para trocearlas: clava el filo de la navaja en la patata y rasga el trozo para que las células se separen por donde a ellas se les antoje (tiene que sonar un crac); así vamos obteniendo los cachos de patata, tan contentos ellos y con el mínimo daño.
Pon los cachos, sin dejar de cantar, en una escurridera bajo un chorro de agua tibia y báñalos a placer para que se desprenda de ellos el almidón. Después viértelos en una cacerola cubiertos de agua con el mismo temple, y enciende debajo el fuego muy tenue al principio, avivándolo poco a poco para que se acostumbren sin sobresaltos.
Añádeles la sal junto a un chorrito de aceite de oliva.
Su cocción debe ser lentíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisima.
Cuando veas que las patatas van tiernas y se dejan aplastar sin resistencia, agarra una espumadera o similar y, después de escurrirles la parte del agua que flota por encima y apartarla por si hiciera falta más tarde, comienza a espachurrar las patatas como para hacerlas puré: eso es menearlas.
Sofríe generosamente ajitos y pimentón y añádeselos removiendo para que se empapen (esto les gusta mucho a ellas si se hace cantando o, al menos, sonriendo). Fríe también cachitos de chorizo fresco y unos torreznillos bien torrados. Ambos se añaden a la misma hora de servir y se envuelven para que cojan el gusto.
Si necesitaras añadir el caldo reservado, hazlo cuanto gustes, que ellas lo agradecerán si es que están en exceso espesas a la hora de comerlas. Han de quedar como puré que se come con tenedor, sí, pero nunca tan espesas como cemento.
Y…¡hale!, deja ya de cantar, que a quien come y canta un sentido le falta.

O también la receta del "Bollo maimón" servida por Raúl Vacas y acompañada de un texto que rememora los bollos de la señora Capitolina, panadera de Matilla de los Caños del Río:

· 12 huevos
· 800 gr. de harina fina de trigo (almidón)
· 800 gr. de azúcar
· Azúcar glas

Se escachan con amor los huevos gordos
y se baten las claras hasta el punto.
Luego se añade el llanto de las yemas
y una lluvia de azúcar y almidón.

Se vierte en un dornillo enharinado
(o untado con aceite o con manteca)
la mezcla que ha de darse fiel al horno.
Y, al rato, cuando cueza con ternura,

después de que se dore y se solace,
se enfría en el cacharro donde duerme.
Al fin, cuando se apague y se desmolde,

se adorna con azúcar glas al gusto.
Puede tomarse sólo o con un trago
de espeso chocolate y aguardiente.

***

Entrar en una panadería es como entrar en un diccionario. Tanto surtido, tanta repostería dispuesta y ordenada en los estantes o los márgenes, no hace sino aumentar nuestro apetito o nuestras ganas de saber.
El bollo maimón –me cuenta Capi, una de las panaderas de Matilla de los Caños– también es conocido como bollo de almidón. Hay quién lo prepara con maizena, pero el auténtico se hace con harina fina de trigo.
Su nombre original debió de ser mamón, por su tendencia a succionar y mamar el chocolate, la leche o el café donde se untaba o se migaba.
Antes, sobre todo en los pueblos, era un postre indispensable en los convites. No había comunión o bautizo sin que el maimón presidiera el mantel. Ahora –dice Capi– todo es salado en las meriendas.
Pero el maimón no sólo es pasado, sino presente, y hay quien lo compra o lo elabora para pagar un favor o agradecer un detalle. En ese reparto, los médicos de los pueblos y las recién paridas se llevan la mejor parte.
No es mucho el coste (de preparación y económico) del maimón pero a más de uno puede salirle por un ojo de la cara si puja por él en alguna de las subastas que, en Corpus o Semana Santa y con la bendición del Cristo o de la Virgen, aún se hacen en los pueblos, tras bailar la rosca.
Con la complicidad de Machado podría afirmar que mi infancia son recuerdos de un horno de Matilla. Allí se hacen los mejores bollos maimones que he probado nunca. No es de extrañar, por tanto, que muchos de los niños de este pueblo se críen felices y rollizos como cantos rodados.
Una advertencia final: si piden en Andalucía un maimón asegúrense de que le sirven un bollo y no una especie de sopa de pan con aceite.


Propuesta de escritura

Cada participante del taller eligió una letra de la A a la Z. Esa letra dará nombre a una receta de la que ha de presentarse los ingredientes y la elaboración así como un texto libre inspirado en dicho plato.


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:



Tortilla de cebolla

Ingredientes:

•4 cebollas grandes dulces
•6 huevos
•Aceite de oliva virgen extra
•Sal al gusto

Pelar las cebollas y cortarlas en rodajas finas. Calentar un par de cucharadas de aceite de oliva en una sartén grande a fuego medio. Cuando el aceite esté caliente, agregar las cebollas cortadas a la sartén. Cocinar las cebollas lentamente durante unos 20-25 minutos, removiendo ocasionalmente, hasta que estén caramelizadas y doradas. Es importante cocinarlas a fuego bajo para que se caramelicen bien y no se quemen. Mientras las cebollas se cocinan, batir los huevos en un bol grande y sazonar con sal al gusto. Una vez que las cebollas estén caramelizadas, retirar la sartén del fuego y dejarlas enfriar ligeramente. Agregar las cebollas caramelizadas al bol con los huevos batidos y mezclar bien. Calentar un poco más de aceite en una sartén antiadherente grande a fuego medio. Cuando el aceite esté caliente, verter la mezcla de huevos y cebollas en la sartén y extenderla uniformemente con una espátula. Cocinar la tortilla durante unos 5-7 minutos por cada lado, o hasta que esté dorada y completamente cocida por dentro. Una vez que la tortilla esté lista, retirarla de la sartén y dejarla reposar unos minutos antes de cortarla en porciones y servirla.

La cena

Una tranquila tarde de sábado, Laura se dispuso a preparar una deliciosa tortilla de cebolla para la cena. Había invitado a su marido a fin de convencerle para que firmase los papeles del divorcio. Con un delantal atado a la cintura y una sonrisa en los labios, comenzó a reunir los ingredientes necesarios en la cocina.
Mientras pelaba las cebollas, un aroma dulce y penetrante llenaba el aire. Sin embargo, a medida que las lágrimas comenzaban a emerger de sus ojos, una sensación de melancolía se apoderó de su ser. Aquellas lágrimas no solo eran producto del efecto de la cebolla, sino también de los recuerdos que las cebollas traían consigo.
Laura recordaba las tardes felices en las que preparaba la tortilla de cebolla junto a su esposo, compartiendo risas y complicidad en la cocina. Pero ahora, todo había cambiado. Las risas se habían desvanecido, él había abandonado el hogar junto con su amante y se negaba a firmar los papeles del divorcio.
Mientras cortaba las cebollas, sus pensamientos divagaban hacia la frialdad que había invadido su matrimonio. Las discusiones constantes, las miradas esquivas al principio y el descubrimiento de una tercera persona que había roto el matrimonio y que todavía pesaba sobre ella como un lastre insoportable.
Las lágrimas seguían fluyendo, mezclándose con el aroma dulce de las cebollas caramelizadas. ¿Cuándo se había desviado su matrimonio del camino de la complicidad y el amor? ¿Cómo habían llegado a ese punto en el que prefirió a otra en lugar de a ella?
Con un suspiro profundo, Laura terminó de pelar las cebollas y las colocó en la sartén caliente. Mientras observaba cómo se doraban lentamente, se preguntaba si aún quedaba esperanza para su relación, si aún podían encontrar el camino de regreso hacia el amor y la felicidad compartida o si él sería capaz de firmar los papeles que le darían la libertad.
La tortilla de cebolla estaba lista, pero el drama matrimonial y personal de Laura apenas comenzaba. Mientras saboreaba el primer bocado, una mirada maliciosa asomó en sus ojos. Había decidido darle un toque especial a la tortilla, un secreto oscuro que solo ella conocería. Y así, entre risas macabras y cebollas envenenadas, Laura esperaba la llegada de su esposo y sabía que había llegado el momento de un nuevo comienzo.

Jaume Castejón
Grupo B


Delicias de legumbres
(Menú semanal).

Ingredientes:

Alubias, garbanzos, lentejas; media cebolla, 4 dientes de ajo, 1 patata gorda (no es necesario pelarla, vale con que esté lavada), 2 zanahorias medianas, 1 puerro; compango de cocido, a saber, chorizo, panceta, punta de jamón ibérico (de Montánchez, a ser posible), morcilla (que no sea de arroz, ya lo añadiremos luego), 1 hueso blanco (es que da más caldo, no es supremacismo gastronómico), y, en fin, alguna proteína más que encontremos en el frigorífico. Todo esto es, digamos, el fondo de armario -de olla, mejor dicho- de esta delicia (de masa madre) que también podemos llamar olla podrida semanal, luego me van a entender.
Sal, el perejil de todas las salsas, pimentón -salvo que usemos un chorizo que suelte mucho-, pimienta negra en grano -en polvo se convertirá, ya lo veremos-, y otras especies de especias, a gusto del consumidor.
Las cantidades, de carnes, embutidos y todo lo demás, un poco a capricho, no sé cómo decirlo, a demanda de los comensales (ese es el secreto de la cocina, no es cocinar bien, es saber lo que les gusta).

Preparación:

Lunes.
Previa noche en remojo de las alubias, se echa todo, a bulto, en la olla -yo uso una Fissler, made in Germany, pero vale cualquier otra siempre que le tengamos cogido el punto de cocción-. Agua, en exceso, vamos a seguir utilizando el caldo en los días posteriores.
Tiempo de cocción, en mi olla, 45, 50 minutos, se aparta del fuego y se deja enfriar antes de abrirla (yo me salté ese pequeño detalle la primera vez y no les quiero contar).
Ya está, se emplata dejando caldo, algunas alubias, embutidos y carnes, en el puchero, para los siguientes guisos.

Martes.
Al fondo de olla (siempre tiene que sobrar del día anterior, esa será la masa madre), se le incorporan los garbanzos remojados con nocturnidad y alevosía, y si nos hemos quedado cortos de algún ingrediente se le pone algo más a voleo. Que sobre un poco de caldo siempre.
Se cuece todo y ya está el plato principal. Cada día va cogiendo más sabor, y diferentes texturas, es un plato, no hace falta decirlo, para amantes de las legumbres (como yo).

Miércoles.
Vamos con las lentejas. Estas necesitan menos remojo, y partimos siempre, ya no lo repito más, de esta olla podrida -es una metáfora, en una olla exprés la temperatura de cocción es tan alta que todo queda esterilizado, sin gérmenes ni bacterias ni nada chungo- con los añadidos que incorporemos diariamente, a ojo de buen cubero.
Emplatamos, y ya está.

Jueves.
Quieras que no, el guiso se va consumiendo, espesando, va quedando la esencia, por así decir, y con alguna cosita más que no lo desvirtúe preparamos el siguiente plato. El jueves añadimos un poco de arroz integral -y si hace falta poner más caldo yo le echo un chorro de tetabrik de la marca “Aneto”, pero, pueden usar cualquier otro, nunca agua, no nos carguemos la sustancia del plato-. Se vuelve a poner al fuego, yo que sé, diez minutos, eso ustedes sabrán, según la olla que tengan.

Viernes.
Ya andamos un poco apurados de fondo de armario. La sustancia se va condensando, reduciendo a la mínima expresión -nunca demasiado poca, aquí el secreto es administrar el caldo-, y todavía nos quedan los fideos integrales.
Venga, échenle un poquito de agua si quieren. Esto ya se hace sin tapar la olla, en cuatro o cinco minutos, según los fideos que usemos. Eso sí, hay que apartarlos del fuego una vez que cojan el punto “al dente”, o incluso u

Al plato.

Sábado. Al fondo de olla se le añade algo de mantequilla “Arias”, y el caldo “Aneto” suficiente para hacer, ¿qué?, pues un puré que llevará todos los sabores recocidos que se han ido reconcentrando en nuestro guiso. No hará falta usar la batidora, una simple cuchara de madera bastará porque ya estará hecho todo una papilla con pequeños tropezones recalcitrantes (que podremos aprovechar para dárselos al perro, salvo que tengamos manía a algún invitado).

Y plato.

El domingo, para que ningún comensal te dé con la olla Fissler en la cabeza, hay que llevarlos a comer fuera, a la carta de un buen restaurante, y por supuesto, pagar la cuenta, chupitos incluidos.

Post Data:

Para que no piensen que soy un rata, me inventé esta receta durante la pandemia, cuando estábamos confinados y corríamos riesgo de que nos asaltara la policía -a mí se me bajaron un día cuatro, digo cuatro, municipales, del coche, y me estuvieron interrogando y registrándome el carrito-, o nos denunciara algún espía de balcón -por qué será que te quiero tanto, vecino-, ya no lo queremos recordar, pero así fue.

Ignacio Aparicio
Grupo A


Roscas al aire

400 gr. de harina
120 gr. de azúcar
5 huevos
1 cucharada sopera de anises y la piel de un limón
1/2 vaso de aceite de oliva
Una cucharadita de levadura química

Para la cobertura: 4 claras de huevo y 100 grs de azúcar

ELABORACIÓN

Aromatizar el aceite con limón:
En primer lugar hay que aromatizar el aceite con el limón, para ello se calienta en una sartén a fuego medio, cuando alcance una buena temperatura se incorpora la cáscara de limón y se mantiene a fuego bajo durante unos 10-15 minutos. Retirar la cáscara y dejar enfriar el aceite.

Elaboración de la masa de las rosquillas:
En un mortero se machacan los anises hasta hacerlos polvo. Se baten enérgicamente los huevos con el azúcar hasta que estén espumosos, y se añade el “polvo” de los anises. También se añade lentamente el aceite, la harina y la levadura. Se mezcla todo bien para obtener una masa homogénea.
Se cubre el recipiente con un paño y se deja reposar una hora. Pasado ese tiempo, se divide la masa en 15 partes (quizás sea necesario aceitarse las manos para que no se pegue la masa a los dedos). Se forman cilindros con ellas, como si se trabajara con plastilina, y se unen los extremos para darles la forma final de rosquillas.
Precalentar el horno a 180-200º. Colocar las rosquillas en la bandeja del horno, dejando espacio entre ellas pues crecen bastante mientras se hornean. Se introducen en el horno unos 10-15 minutos o hasta que se vean doraditas.

Preparar la cobertura de merengue:
Mientras se enfrían las rosquillas, se baten las cuatro claras a punto de nieve con el azúcar. Finalmente, se cubren con pequeñas porciones del merengue y se colocan en un lugar fresco para que se sequen y así se endurezca el merengue.
El rito de llevar los huevos, cuando había una boda venía acompañado por la costumbre de sacar una gran bandeja con rosquillas de aire, que aparecía frente a nuestros ojos infantiles como una gran montaña mágica y nevada. A través del agujero central de las grandes y ligeras rosquillas mirábamos el ajuar sobre la cama y bajo el crucifijo colgado en la cabecera y en la pared encalada. Un mundo por descifrar. En el aire flotaban ráfagas de misterios, palabras que se esfuman antes de concretarse o risas sofocadas. Secretos aun no desvelados quedaban entre los pliegues de la realidad. ¡Coge un dulce, maja!
A veces nos envolvían una en una servilleta: “Para tu abuela”. Pero aquella rosquilla crujiente y quebradiza no llegaba a su destino, se volatilizaba, se desconglomeraba en medio de nuestros juegos al volver a casa mientras entre nuestros dientes quedaba el sabor ancestral y curativo de los anises.

Aurora Martín
Grupo C


Pastel de pescado

Ingredientes para cuatro personas
-Dos lomos de merluza de pincho del Cantábrico.
-Ciento cincuenta gramos de gambas de Huelva.
-Dos huevos de gallinas felices.
-Salsa de tomate frito de la huerta.
-Aceite de oliva virgen de Jaén.
-Sal yodada del herbolario.
-Mahonesa casera.
-Mantequilla de la abuela.
Elaboración
En una sartén vierte dos cucharadas de aceite.Incorpora las gambas peladas pero ¡cuidado!sólo deben tocar el aceite tres segundos.Resérvalas.A continuación, los lomos de merluza.Trocéalos con delicadeza hasta que se hagan miguitas de tres milímetros de longitud.Añade los dos huevos batidos con energía, una cucharada sopera de tomate, un pellizco de sal, las gambas y remueve la mezcla con alegría.Es preciso que el color que adquiera sea rosa pastel, nunca más intenso.Forra un flanero con mantequilla, echa la mezcla y ponlo a cocer al baño María veinte minutos.Cuando se enfríe, cúbrelo con mahonesa y adórnalo a tu gusto, desplegando toda tu creatividad. 
El pastel está listo.¡Vas a triunfar!

Faltan veinte minutos para la llegada de mis invitados.Repaso.Todo está a punto:Los delicados canapés, la mesa con el  mantel de hilo, la vajilla de porcelana fina, las copas de cristal de Bohemia y la cubertería de plata.
Suena el teléfono:
-Disculpa, querida.Se me olvidó comentarte que desde la semana pasada, nuestro jefe, su mujer y yo misma nos hemos hecho veganos fundamentalistas.No te importa ¿Verdad?; ¡Cómo eres tan resolutiva!
Estoy al borde de la lipotimia, pero no sé cómo, me sobrepongo a los pocos segundos.Contesto hipócritamente:
-No pasa nada. Aquí os espero.
Me calzo las deportivas, salgo corriendo a la tienda de comida casera que hay dos calles más abajo y me digo:¡Tú tranquila!.Seguro que tienen champiñones de campo, espaquetis al pesto, borraja al ajillo o algo.¡Yo qué sé!
Vuelvo a casa todavía con palpitaciones.Coloco el pan tostado en una bandeja preciosa y vuelco la tarrina de humus que compré en el super hace dos días, en un plato de cristal con arabescos.
¡Menos mal que hice de postre macedonia de frutas!

M.L.Fidalgo
Grupo C


Salmorejo

Ingredientes para seis comensales:

· Un kg de tomates muy maduros
· 100 g de jamón en taco
· 150 g de pan duro
· 85 g de aceite de oliva virgen extra
· Tres huevos
· Un diente de ajo
· Sal

Pon a remojo el pan en un bol de agua. Hierve durante quince minutos los huevos.
En el vaso de la batidora ve echando los tomates pelados, el pan algo escurrido, el diente de ajo cortado en trocitos y uno de los huevos duros. Comienza a batir y cuando la mezcla esté bastante homogénea ve echando, muy poco a poco, el aceite. Como si estuvieras haciendo una mahonesa. Arregla el punto de sal y mételo en la nevera.
A la hora de servirlo, parte el jamón y los dos huevos restantes en taquitos del menor tamaño posible y colócalos en dos boles distintos.
Sencillo y delicioso. ¡Buen apetito!


Asesinato sangriento
Una única detonación, eso había asegurado la portera. Sin embargo, a los ojos expertos del inspector Córdoba la escena del crimen no cuadraba con un solo disparo. La sangre cubría el pecho de la víctima y se desparramaba a ambos lados del torso. También manchaba los azulejos de la pared y se acumulaba sobre la encimera.
–¡Aquí tenemos sangre para tres hombres por lo menos! –aseguró el agente Chicote con su habitual tono chistoso.
Córdoba le reprendió en silencio y luego se volvió para inspeccionar el cadáver sin tocarlo. Pasado un rato declaró:
– No veo el orificio de la bala… ni el arma del crimen.
–¡Como no sea la Thermomix! Mírela, jefe, está hecha una ruina –contestó el otro apuntando hacia la chamuscada máquina.
–Y esto no parece sangre –añadió el inspector tomando una muestra con el dedo y acercándosela a la nariz–. Esto huele a … ¡tomate!
Entonces, para asombro de los dos policías, el cuerpo comenzó a removerse y a murmurar algo ininteligible. Al poco, abrió los ojos y se incorporó un tanto y, mirando desolado a su alrededor, exclamó:
–¡Pena de salmorejo!

Pepe Lorenzo
Grupo B


Brazo de Fabiola

Ingredientes

Esta receta me la pasó mi madre y por lo tanto desconozco las cantidades exactas. Ella ponía “unas cuantas” galletas María hojaldradas, una terrina pequeña de mantequilla o margarina, los huevos “que pida” la mezcla, una cucharada de azúcar por cada huevo, medio cazo de leche, un chorrito de anís, una rama de canela y el coco rallado suficiente para cubrir el pastel.

Preparación

· En un cazo, calentar la leche con una ramita de canela y un chorrito de anís. Esperar a que haya templado.
· Separar las claras de las yemas.
· Aplastar y mezclar con un tenedor la mantequilla/margarina con las yemas de los huevos y el azúcar.
· Mojar ligeramente las galletas en la leche tibia. (Darle no más de cuatro vueltas a cada una para evitar que se deshagan).
· Untarlas con la crema preparada anteriormente. Apilar una encima de otra, apretándolas un poquito, hasta acabar con las galletas o con la crema. Antes de que la torre de galletas se caiga, poner el tronco en horizontal y seguir, si es necesario, con el proceso.
· Montar las claras de huevo a punto de nieve, con una pizca de sal.
· Cubrir el pastel con las claras y espolvorear el coco por encima.
· Dejar reposar en el frigorífico unas cuantas horas. ( Mejor de un día para otro)
· Servir cortado de forma transversal.

Existen otras versiones del brazo de Fabiola con cobertura de chocolate, de merengue o espolvoreado con virutas de chocolate o anises.

El brazo de Fabiola
es un pastel que sabe a mamá.
A los domingos de infancia
Con su feliz presencia.
A la sorpresa agazapada
en el frigorífico
que celebra nuestro regreso.
A las peleas por rebañar
los restos de la bandeja.
Al calor familiar.
A la ausencia.
A la añoranza.

M. Maximina Moreno
Grupo B


Con la G de garbanzos

En un piso de 4 o 5 estudiantes, una receta sencilla para comer garbanzos cocidos.
Por la noche, antes de acostarse, el colega que le toque cocinar esta semana, no debe olvidar poner a remojo en agua fría, medio kilo de garbanzos.
Dos horas antes de que lleguen los demás compañeros a comer, ponerlos a hervir, con una cucharada de sal y un chorro de aceite.
Antes de comerlos, debe ver si están cocidos, y en caso de dudas, dejarlos cocer un poco más.

Luis Iglesias
Grupo B


Hornazo

Ingredientes: 1 taza de desayuno de aceite; 1 taza de desayuno de manteca (templada); 2 tazas de leche (templada); 1 puñado de sal gorda; 150 gramos de levadura; 6 yemas; harina, la que admita; embutido, el que se quiera poner.

Elaboración: En un recipiente se echa una taza grande de desayuno de aceite, la misma taza de manteca disuelta y doble medida de leche templada, 6 yemas de huevo sin clara, sal fina, levadura y harina (la que admita hasta que se despegue de las manos). Se amasa muy poco y se le mete el embutido, que sea grueso. Se cuece en el horno de pan o se lleva a la tahona.

El hornazo, ¡qué sabor! Es uno de los platos con fiesta propia. Es, sin lugar a dudas, el producto gastronómico más conocido de la provincia de Salamanca.
El hornazo bejarano es pan, pan del bueno, relleno de tajadas. Como decía Enrique de Sena «es un hornazo romántico, escueto, sencillo». No es una empanada, ni hojaldre, ni torta. Es hornazo bejarano.
En Béjar se celebra el Domingo de Pascua, no nos gusta esperar. Se come en el campo, sobre un peñasco, sobre una manta en la hierba, bajo un desnudo castaño. Ayudando al trago no puede faltar un buen vino de aloque y alegría.
Qué recuerdos me trae el hornazo. Aquellas procesiones de madres sujetando sobre la cadera la cesta con la manteca, la harina, los huevos… y los críos revoloteando a su alrededor, camino de la tahona de Servando. Allí asignaban un número a cada mujer. Ese número era nuestra misión para esa mañana. Con los ingredientes, Servando, el panadero hacía la masa, las madres metían el chorizo y le daban forma a los hornazos. Los chavales hacíamos el número que nos había correspondido con la masa, los colocábamos sobre la capa superior, así cada uno sabía cuáles eran sus hornazos.
Y ese olor, recién salido del horno, aún caliente, con ese color dorado oscuro. Ese aroma que se distribuirá por todas las calles, por todas las casas. Ese olor que impregnará la estafeta de correos. Hornazos envueltos en papel de estraza con destino a Francia, a Suiza, a Alemania, para los que no pueden venir a comerlo a los Peñasquillos, para ellos también hay hornazo.

Tomás García Merino
Grupo B


Insuperable al paladar

Tiene un nombre muy francés
Lo conocían los romanos
Procede del neolítico
Lo comieron los cristianos.
Su mayor apasionado
El emperador Diocleciano.
No necesita receta
No necesita aderezo
Es exquisito en sí mismo
Ahora mismo lo empiezo.
Algo podemos hacer
Para intentarlo mejorar
Unas gotitas de aceite
Lo pueden acompañar.
También algo de tomate
Con un trocito de pan
Unido a un buen vino
Y vamos llegando al final.
Se puede apreciar mejor
Su sabor y su olor
Si está recién cortado
Por un cuchillo afilado.
Ya sabes de quién hablo
Te lo estás imaginando
Pues sin querer queriendo
Ya estamos salivando.
Los italianos lo llaman proscuito
Jambon para los franceses
Jamón los españoles
Y presunto los portugueses.

Post data:
Si es de cerdo ibérico
Cebado con bellotas
No dudes ni un momento
En ponerte las botas.

José Luis Fonseca
Grupo A


Garbanzos con chorizo (Receta de ilustre cuna)

Pertrechado de viandas y puñales, el hidalgo inicia la aventura. Lo primero: picar el ajo fino, sin olvidar después dejar que el agua fresca lave el oloroso pringue de los dedos. Aunque, si hay que oler, piensa el infanzón, no está de más que un caballero español, rancio, huela a ajo.
Lo siguiente, sufrir impertérrito el tormento de cristales en los ojos mientras se corta la cebolla. Que un castellano viejo no ha de emocionarse por tan poco.
Superado el trance y así listos los primeros ingredientes, lanzarse, aceros en mano, a trocear pimientos y zanahorias, que, humildemente depondrán pronto sus defensas. Vencidas éstas, agregar sus restos y reunirlos todos en la calidez del fondo de una olla mojada con buen aceite de oliva. Sofreír lentamente dilatando el tierno tormento para que, los otrora tersos tegumentos, se mezclen y combinen y copulen, en milagrosa alquimia.
Con el sofrito a buen recaudo, la siguiente batalla se antoja escabrosa. Porque añadir el chorizo no es difícil, pero sí es delicado incorporar el pimentón sin que se queme. Audacia y osadía, ¡voto a Bríos! Que la fama ha de ganarse y no perderse el honor, alguien predijo.
Cruzado ese Rubicón, añadir tomate triturado para enfriar el pimentón y, lógicamente, añadir los garbanzos, previamente hidratados largo tiempo.
Toca serenarse y fluir mientras se incorpora el agua. Pero ¿Cuánta? Se usará aquí expresión de hechiceros y alcahuetas. O de sabios y escolásticos, quien sabe. La que admita. Consejo que puede decirlo todo o decir nada.
Adornar sazonando, con conocimiento y mesura florentinos. Para encontrar ese punto ingrávido de condimento, donde ni falta ni sobra aliño.
Y ahora a esperar, pacientemente, el alba de la nueva creación que surgirá del fuego.
Habrá incertidumbre en el aguardo, pero el caballero sabe de tormentos y sabe que son menester muchas curas para sanar y muchos acechos para contemplar. Y, aunque de linaje, hay humildad suficiente para aceptar que “lo bueno no viene su principio de nosotros, sino de la fuente que da calor a nuestras obras”. Calor amoroso que es quien sabe engendrar, en lugar de pócimas, elixires.

José Carlos Gómez Sánchez
Grupo A


Zarangollo murciano

Ingredientes:

Cebolla dulce grande o 2 cebolletas
Calabacín (3-4 unidades)
3 Huevos (o alguno más si son pequeños)
Aceite de oliva virgen extra
Sal
Pimienta negra molida

Elaboración:

Dificultad: Fácil
Tiempo total 1 h
Elaboración 10 m
Cocción 50 m
Reposo 10 m

Pelar la cebolla y lavar los calabacines. Cortar la primera en juliana más o menos fina. Calentar un par de cucharadas de aceite de oliva en una sartén o cazuela amplia y sofreír la cebolla con una pizca de sal. Bajar el fuego y dejar pochar hasta que esté muy tierna.
Mientras se hace la cebolla, pelar los calabacines con un pelaverduras, para retirar el mínimo de carne. La idea es eliminar solo la parte verde más externa de la piel, aunque también se puede dejar. Cortar en discos finos.
Añadir el calabacín a la cebolla, salpimentar ligeramente y remover bien. Cocinar primero a fuego fuerte sin dejar de remover, para que vaya soltando el agua. Si no entra todo de golpe, esperar a que reduzca un poco para hacer hueco; al final va a disminuir mucho el volumen.
Cuando el calabacín ya no esté tan crudo, bajar el fuego y dejar cocinar lentamente. Remover de vez en cuando y mantener la cocción hasta que esté muy tierno, unos 40 minutos.
Finalmente cascar los huevos directamente encima, salpimentarlos y remover suavemente, integrándolos en la verdura, rompiendo las yemas. La idea es que se cuajen poco a poco, quedando muy jugosos, sin llegar a formar un revuelto o una tortilla. Si son huevos muy pequeños podemos añadir alguno más.
Mantener la cocción unos minutos más a fuego suave hasta que quede la textura al gusto, jugosa pero no muy caldosa. Dejar reposar fuera del fuego unos 10 minutos y servir inmediatamente.

El zarangollo es un plato humilde y delicioso, como casi siempre en la cocina lo más sencillo es lo más sabroso.
En casa lo llamamos revoltijo de calabacín y nos sabe a gloria porque nos sabe a reencuentro.
Mis hijas son vegetarianas por eso las verduras son protagonistas en mi cocina desde hace muchos años. Ahora ellas viven lejos de casa y es difícil que coincidamos los cinco pero cuando consiguen cuadrar fechas y podemos juntarnos nunca nos falta un buen revoltijo de calabacín para celebrarlo.
En una ocasión me pidieron el truco ya que a ellas no le sale tan rico a pesar de hacerlo igual y llegamos a la conclusión de que no hay trucos que valgan es que aquí les sabe a hogar y ese es el ingrediente, que por mucho empeño que le pongan al guiso, jamás podrán añadir a la cazuela.

Aurora Zarco
Grupo B


Zanahorias asadas a la corruptela*

*Receta sacada del libro de cocina “Comida para pájaros” (Editorial Tetilla. Varios autores).

Ingredientes (para seis raciones):
 
1,5 kgs. de zanahorias tiernas.
200 ml de aceite de oliva (100 ml para engrasar la bandeja y 100 ml para condimentar las zanahorias).
1 solar urbanizable situado a las afueras del casco urbano.
2 Kgs. de miel mil flores.
1 concejal de Urbanismo.
1 cucharada de jarabe de acre y 3 cucharadas de hojas de tomillo.
1 jefe del Servicio Técnico de Licencias del Ayuntamiento.
Sal.
1 arquitecto municipal (preferentemente interino).
Pimienta negra molida.
2 funcionarios cualesquiera del grupo C del Ayuntamiento.
100 grs. de avellanas.
600.000 euros en billetes de quinientos.

Tiempo de elaboración: de quince a dieciocho meses.
Rascamos un poco la piel de las zanahorias y les retiramos parte de las hojas, colocándolas en una bandeja que meteremos en el frigorífico.
A continuación compramos el típico solar que no vale dos perras gordas porque cae a trasmano de todo.
Adquirido el solar, sacamos las zanahorias del frigorífico y las dejamos en la fresquera tapadas con papel de periódico.
Obtenemos la licencia de edificabilidad y comunicamos al concejal de Urbanismo la necesidad imperiosa de realizar las oportunas acometidas de agua y electricidad, además del debido pavimentado de la zona donde se halle el solar.
Una vez que el solar está listo para la edificación, sacamos las zanahorias de la fresquera y vertemos sobre ellas la miel mil flores, devolviéndolas de nuevo a la fresquera.
Sin perder un instante, presentamos el proyecto de edificación para su aprobación por el arquitecto municipal, cuidando de que se produzca en un plazo máximo de una semana, ya que, en otro caso, las zanahorias podrían absorber el sabor de la miel en demasía.
Aprobado el proyecto de edificación, repartimos 100 ml de aceite de oliva en una bandeja apta para horno en la que quepan las zanahorias en una sola capa, sin amontonar. Escurrimos con cuidado las zanahorias y las colocamos en la bandeja, que meteremos nuevamente en el frigorífico.
Construimos, a velocidad de vértigo, un bonito edificio multifuncional de varias plantas (como mínimo dos por encima de las autorizadas por las ordenanzas municipales), a la vez que cerramos su venta con una administración púbica por el triple de su valor de mercado.
El día de la celebración del contrato de compraventa, sacamos la bandeja del frigorífico y precalentamos el horno a 200°C. Disponemos por encima de las zanahorias los 100 ml de aceite de oliva restantes, 1 cucharada de jarabe de arce y 3 cucharadas de hojas de tomillo. Salpimentamos y nos vamos a la notaría.
A la salida de la notaría, horneamos las zanahorias a 200°C con calor arriba y abajo durante 40 minutos, girándolas a media cocción.
Pasado el tiempo de horneado, retiramos las zanahorias del horno, las repartimos sobre un plato con el líquido resultante y las cubrimos parcialmente con las avellanas tostadas.
A continuación las servimos en raciones acompañadas cada una de ellas de un sobre con la correspondiente cantidad de billetes de quinientos euros, de acuerdo con lo convenido (lo pertinente es que el sobre del concejal de Urbanismo sea al menos el doble de grueso que el resto de sobres).
Degustamos el plato acompañado de champagne Dom Pérignon, cosecha de 1.966. Así podremos brindar por lo ricas que nos han quedado las zanahorias.

Breve reseña histórica:

El origen de esta receta se remonta a la noche de los tiempos, habiendo sido representada en algunas pinturas rupestres halladas en la cueva del Teoloth (cuenca del Éufrates). Con la llegada del neolítico y el surgimiento de las primeras ciudades mesopotámicas, se produjo un impulso notable en la expansión de la receta, generalizándose, aunque en su forma más tosca, en la época imperial romana. Desde entonces no ha hecho sino extenderse por todo el mundo, aunque ha sido en España donde ha alcanzado mayor popularidad, así como las variantes más exquisitas y refinadas.

Óscar Martín
Grupo A


Oda a la berza
(Para mi padre)

Verde hoja,
verde tenue,
verde crudo,
blanco corazón,
razón blanca,
que, como cuchillo,
penetra
la negra tierra.
Verde hoja,
transparentes nervios,
blancos bronquios
que respiran
los fríos de diciembre,
los hielos de enero.
Verde hoja,
abrigo de corazón blanco,
alimento de pobre
y de miseria.
Verde hoja,
corazón blanco,
cuyas llagas
se curan
para seguir, firmes,
creciendo
entre la niebla.
Verde hoja,
corazón blanco,
amigo del hambre,
que es daga
de un padre niño,
y desconsuelo.
Hoja verde,
corazón blanco,
rizos que despuntan
en la escarcha del huerto,
en la desamparada alacena,
en la olla de barro
de la triste abuela
en la posguerra.
Verde hoja,
corazón blanco,
compañero de las papas
que nutren siempre
con algo de sebo,
con poco aceite.
Verde hoja,
corazón blanco,
entiendo ahora
su verde alegría,
su blanca espera
al crecer
de la primavera.

Marisa Sánchez
Grupo C


Garbanzos con espinacas y bacalao como los que hacía mi abuela.

Aunque no soy muy cocinilla y prefiero degustar el plato en la mesa, una vez elaborado, quiero compartir con vosotros una receta de mi abuela, muy acorde para los días de semana santa.
Me embarga la emoción, el recordarla con el mandil negro, cocinando tan suculento plato.

Ingredientes para cocer los garbanzos:

350 gr garbanzos secos , sal y dos gramos de bicarbonato.

Para la receta:

600 gr de garbanzos cocidos
150 gr espinaca
800 gr bacalao
Sal
Harina
3 huevos
1 cebolla
1 zanahoria
2 d ajo
1 puerro
80 gr pimiento piquillo
1 tomate
1 c/s pimentón dulce
1 dl vino blanco.

Elaboración:

Ponemos en remojo los garbanzos, sal y 2 gr de bicarbonato, mínimo 6 horas, en una olla amplia y abrimos el grifo del agua caliente de la cocina y vamos a meter la mano hasta donde nos aguante la temperatura. Esa es la temperatura idónea para poner a remojo los garbanzos. Le echamos el doble de agua que de garbanzos y esa será la cantidad correcta para ponerlos a remojo. En ese agua vamos a disolver un puñado de sal, para que queden tiernos y no se despellejen. Retiramos el agua y los ponemos en una olla donde los vayamos a cocinar. Los cubrimos de agua hasta que sobrepasen dos o tres dedos y los ponemos a fuego añadiendo bicarbonato.
Cuando empiecen a hervir, con el bicarbonato van a crecer bastante y debemos desespumarlos y los vamos a tener hirviendo a fuego medio durante una hora y tres cuartos, los probaremos para ver si están tiernos y retiraremos el agua de la cocción, porque vamos a usarlos para hacer los garbanzos con bacalao, para lo que utilizaremos los ingredientes que hemos relacionado anteriormente.
Ponemos una olla grande con agua a hervir y mientras tanto limpiamos el bacalao, preferentemente dos lomos y dos barrigas es un trozo de bacalao. Se quita la espina central, siempre con el cuchillo contra la espina. Una vez limpio el trozo de bacalao, lo cortamos en filetes de medio centímetro de grosor más o menos. Una vez cortados, los reservamos. Mientras tanto en una olla pequeña ponemos a cocer las raspas y las barrigas y una vez empiecen a hervir las desespumamos y en la olla que teníamos con el agua echamos las espinacas, vemos que va a dejar de hervir el agua y al arrancar de nuevo a hervir ya estará lista para quitarle el verdor y escaldarlas. Una vez que estén escaldadas las vamos a escurrir y las vamos a rematar para dejarlas reservadas. Una vez hayan cocido entre 12 y 15 minutos las espinacas y las barrigas del bacalao las vamos a sacar del agua a un plato y reservamos ese agua. Mientras tanto, aplicamos ya la verdura para nuestro fondo, laminamos el ajo y picamos el resto de verduras, no hace falta que vayan muy finas porque la salsa la vamos a triturar. El puerro le damos un corte a lo largo y luego lo troceamos. Lo siguiente va a ser la zanahoria también el tomate en trozos. A continuación de picar la verdura, batir un par de huevos y en una olla echamos un buen chorro de aceite de oliva, como un dedo y medio, lo ponemos al fuego, mientras va calentando escogemos la carne de las raspas y las barrigas de bacalao, separamos la espina y escogemos solamente la carne que es lo que nos interesa. Una vez caliente el aceite, pasamos por harina los filetes de bacalao, quitamos la harina sobrante y con el huevo que se ha batido, hacemos unos fritos con ellos. Una vez dorados por los dos lados y lo tengamos cocinados los vamos a ir reservando. Ese mismo aceite que tenemos de haber frito el bacalao, vamos a dorar los ajos, añadimos la cebolla y el puerro a la vez, dejamos que suelte el agua y que lo vuelva a evaporar, nos llevará dos o tres minutos, una vez lo tengamos añadimos la zanahoria se vaya horneando casi desde el principio lo vamos a dejar tres cuatro minutos con la cebolla con el puerro con el ajo. Una vez empieza a ablandar le añadimos el tomate, lo dejamos otro par de minutos que empiece a sudar y añadimos el pimiento y aquí tenemos todas las verduras.
Una vez tenemos todas guisando lo dejamos 10 minutos a fuego medio bajo.
Ya tenemos los fritos del bacalao destinado, la espinaca, los garbanzos. Como guarnición le echamos un poco de huevo cocido rayado, añadimos pimentón, le damos una vuelta tres o cuatro segundos y antes de que se nos queme lo mojamos con vino blanco y lo dejamos a fuego máximo hasta que se reduzca unos dos minutos. Ahí añadiremos el zumo de bacalao que tenemos reservado y lo dejaremos hervir dura veinte minutos. El siguiente paso es triturar este fondo y lo vamos a echar en la olla van a acabar los garbanzos pero lo vamos a tamizar por un colador ayudándonos con una garcilla para dejar la menor cantidad de residuos. Lo ponemos a fuego y le añadimos la espinaca ya cortada para que se deshaga bien en la salsa. Una vez lleva un par de minutos le añadimos los garbanzos, los dejamos otro de minutos y por último añadimos el bacalao y ya tenemos nuestro guiso con todos los componentes será cuestión de dejarlo 5 minutos todo junto guisar a fuego mínimo.
Una vez lo tengamos esos 5 minutos que se hayan conjuntado todos los ingredientes , será momento de probarlos y echarles sal si solo le hace falta. Va a depender del bacalao que usemos.
Y ya tenemos este platazo, muy sugerente para estas fechas, y deseo que si os atrevéis a elaborarlo os sepa tan rico, como el que hacía mi abuela.

Pedro Gómez Rodríguez
Grupo C


Redondillas de Iris con crema bianca rimada 

Hoy haremos iris, sí.
La receta es laboriosa.
Los cogí por caprichosa
porque empiezan con la “i”.
La cocina catanesa
es maestra de dulzura.
Disfrutad a desmesura
sentaditos a la mesa.
Como buena siciliana,
aunque sea de adopción,
os daré cada instrucción
con la rima a la italiana.
Como soy de Salamanca,
trataré de traducir.
¡Ay, lo espero conseguir!
IRIS ALLA CREMA BIANCA:
-Dieci panini rotondi,
meglio se del giorno prima.
-Un paio di uova di gallina
- E che il pangrattato abbondi.
- Olio poi per la frittura,
preferibile di semi.
Al trattare questi temi,
meno grasso ci procura.
-Bollitos redondos de pan.
Es mejor si de otro día.
-Dos huevos frescos, diría.
-Pan rallado a voluntad.
-Y luego, para freír
los iris tan suculentos,
que haremos a fuego lento,
el aceite de maíz.
Per la crema pasticcera
con cui gli iris farcire,
(Vi farà tanto impazzire
e nel dirlo, son sincera):
-Un litro di latte intero.
-Trenta grammi di Maizena.
-Vanillina: busta piena.
-E di farina, mezzo etto.
-Di zucchero, centottanta.
-Quattro tuorli senza sconti.
Adesso già siamo pronti
per questa ricetta santa.
-Leche entera casi un litro.
- Un pellizquito de harina.
-Un sobre de vainillina.
-Cuatro yemas necesito.
-Azúcar no puede faltar.
-De Maizena,treinta gramos.
0sin olvidar las harinas
y con la leche caliente.
Quando tutto sarà denso,
lo faremo raffreddare.
Mo' i panini svuotare
della mollica di dentro.
Per riempire dopo il tutto
con la crema che abbiam fatto.
Passarli nel pangrattato.
Ma prima nell'uovo sbattuto.
Dejaremos espesando.
Hay que ponerla a enfriar.
El molledo has de sacar
de los bollos mientras tanto.
¡Casi casi he concluido!
Los bollos ya rellenados
pasamos por pan rallado;
antes, por huevo batido.
Occorre ormai rosolarli
nell’olio bello bollente.
Eliminar l'eccedente
e tiepidi devorarli.
Sólo nos queda dorarlos
en aceite muy caliente.
Poner papel absorbente
y templados devorarlos.
Questo compito è finito
Pues todo tenemos hecho.
Os deseo buen provecho
E pure buon appetito.

(Dedicato alla mia amata siciliana, Iris)
Ibone Bueno Vicente
Grupo C


Dulce de beletén

El mar y allá lejos unas pequeñas montañas como jorobas de camellos, en medio una llanura sin fin. Así es Fuerteventura, una tierra de presidio, sin nadie, seca y arisca. Llena de viento y de cabras. Hay muchas, muchas más que personas. Me encantan. Son demasiado graciosas con sus barbaslargas y cacas redonditas como boliches. Y cómo te miran, con esos ojos extraviados de ver quién sabe qué,despistadas enmedio de la luna. Todo el mundo dice que están locas, yo creo queno lo hacen por desprecio sino porque les tienen envidia. Son libres, no van por ningún camino trazado y necesitan poco para vivir.Superan en austeridad a la tierra que las cobija, que ya es decir. Apenas comen porque es escaso lo queencuentran dondecasi nunca llueve,pero aunen esa desolaciónsiempreles queda las aulagas. Una planta que vive aunque la maten, enraizada hasta el fondo de la tierra, con el pelo tieso y rizado;y un intenso olor a sudor de abismo.
Mascando aulagas y triscandopor las llanuras ylos acantilados sin apenas agua, con un cuerpo petiseco pegado a unas ubres inmensas,nuestro querido animalda leche. Imaginen que manjar. Made in pura locura.Los majoreros no hubieramospodido sobrevivir a tantas hambrunas si no hubiera sido por nuestrasintrépidascabras.Hay un postre que sabe a Fuerteventura, se llama dulce de beletén y se hace con la primera leche de cabra después de haber parido sus baifos. Creo que a Unamuno le encantó; a Durruti no se lo dieron a probar.Sin dudale hubiera chiflado.

Ingredientes de la receta:

Para 4 raciones
1 litro de leche de cabra del 2 día de ordeño después de parir.
La cáscara de medio limón
1 palo de canela
6 cucharadas de azúcar, puede ser más según la dulzura deseada
Canela en polvo cuando se enfría y se sirve

Elaboración:
Poner la leche al fuego junto con el limón y el palo de canela y el azúcar hasta que hierba. Remover hasta que se vaya espesando a gusto del consumidor.

Sagrario Martínez
Grupo B


Chirivías y puré de patatas

Para cuatro personas.
Preparación: 15 minutos.
Cocción: 1 hora y 20 munutos.

Ingredientes: 1 kilo de patatas, 400 gramos de chirivías, 150 de leche vegana, 60 mililitros de aceite de oliva, pimienta negra, 40 gramos de boletus, 270 de lentejas verdinas, una cebolla finamente picada, 2 zanahorias, 2 dientes de ajo, 500 gramos de setas variadas, 3 cucharadas de tomate triturado y una cucharada de harina.

Preparación: Cuece las patatas y las chirivías, previamente peladas y cortadas, en agua con sal durante 20 minutos. Tritúralas con 150 mililitros de leche y 2 cucharadas de aceite de oliva.
Cubre los boletus con agua caliente y resérvalos. Mientras tanto cuece a fuego lento el caldo de verduras y las lentejas hasta que estén tiernas.
Calienta en una sartén 2 cucharadas de aceite de oliva y sofríe la cebolla, el ajo y las zanahorias hasta que el conjunto esté caramelizado.
Precalienta el horno a 180 grados. Cuando la cebolla esté casi a punto, escurre los boletus, reserva el líquido y pícalos. Añádelos a la mezcla y agrega setas frescas, puré de tomate y la harina. Remueve y déjalo un minuto. Añade el líquido de los boletus y las lentejas. Si queda demasiado espeso, añade un poco de agua. Sazona con sal y pimienta.
Vierte la mezcla en una fuente refractaria. Extiende bien el puré hasta los bordes y hornéalo durante 40 minutos y la parte superior esté dorada.


Chiribitas/chirivías

Era la primera vez que Julia preparaba esa receta. Le habían dicho que la pequeña no comía carne ni nada parecido.
Se pasó varios buscando información, incluso visitó alguna biblioteca, y al fin encontró lo que parecía ser muy bueno:”chirivías”.
La palabra le encantó, le recordaba su infancia. A veces al despertarse, veía destellos luminosos y su madre le decía que eran “chiribitas”.
Las dos palabras sonaban tan parecido, aunque no tuvieran nada que ver en su significado, que se decidió a preparar esas chirivías.
Se puso manos a la obra y elaboró esa extraña receta que olía de maravilla, para la viajera que llegaba del Sahara y venía a su casa a pasar el verano.
El autobús se retrasó. Las familias estaban expectantes. Julia se movía inquieta, era la primera vez que acogía a una niña y tenía miedo de no estar a la altura. Todos la animaban. Los niños saharauis eran encantadores y muy agradecidos.
Cuando la tuvo a su lado, el corazón le tembló. La pequeña se quejaba de los ojos, decía que veía estrellas. Julia, sin dudarlo, la abrazó y le dijo:

-No te preocupes, son chiribitas. A mí me pasaba también a tu edad.

JB
Grupo C


Cochinillo Morañés

Ingredientes:
Un cochinillo de unos 4 kilos y medio
3 dientes de ajo
Manteca
Un vaso pequeño de agua
Un vaso pequeño de vino blanco
Tomillo, romero y laurel
Sal gorda

Preparación:

Encargaremos en la carnicería que nos preparen el cochinillo para asar, que consiste en abrirlo por el vientre de arriba a abajo y limpio en su interior.
Comenzaremos poniendo la noche anterior el cochinillo dentro de un recipiente con agua fría y procurando que esté totalmente cubierto. De este modo la corteza quedará bien hidratada para que quede crujiente al asarlo y también jugoso por dentro. También perderá toda la sangre y tendrá un aspecto más sonrosado.
Al día siguiente lo sacaremos y lo dejaremos escurrir hasta que pierda todo el agua. Después machacaremos tres dientes de ajo en un mortero y añadiremos a los ajos, la manteca, la sal y las hierbas. Con toda esa mezcla embadurnaremos al cochinillo con las manos por dentro y por fuera y lo colocaremos boca abajo, bien extendido , en una fuente de barro en la parte de abajo del horno que habremos precalentado a 150 grados, poniendo además la posición de calor arriba y abajo y en la fuente añadiremos el agua y el vino.
Durante unas 2 horas aproximadamente estará el cochinillo en el horno e irá soltando el jugo en la bandeja. Debemos vigilar el horno, echando de vez en cuando el líquido de la bandeja por encima de la corteza. Si vemos que se queda sin agua añadiremos un poco más.
Al cabo de las 2 horas comprobaremos si está hecho y si la corteza está crujiente. Si es así, procuraremos no dejarlo reposar con el horno apagado, ya que puede ablandarse la corteza.
Lo presentaremos en la mesa siempre sin trocear y a la hora de cortarlo lo ideal es hacerlo con un plato cogido de canto, ya que el corte es más natural, más sencillo y el mismo plato te dirige los cortes. Lo de lanzarlo hacia atrás ya es decisión de cada uno, depende del cariño que tengas al plato y de si te sobra vajilla.
Una recomendación más… cuando lo sirvamos, nunca echaremos la salsa en el plato por encima de la corteza ya que perdería la seña de identidad del tostón que es, su corteza crujiente.

Un punto de encuentro y un debate familiar

Las celebraciones en mi familia, ya fueran cumpleaños, despedidas, bienvenidas, Navidad o la Virgen de septiembre, siempre estuvieron unidas a aquel pequeño animal rosáceo, con una cabeza y unas orejas muy grandes para su tamaño. Pero a pesar de que ese manjar me acompañó en muchas ocasiones como si fuera uno más de la familia, siempre los preparativos fueron muy tensos y a veces comenzaban varios días antes de los encuentros.
Al principio, cuando sólo éramos mis padres y mis hermanos no había problema, mi madre se encargaba de comprarlo y hacerlo porque ella era la entendida, para eso era de La Moraña, que era el mejor lugar del mundo, según ella, donde se podía comprar el cochinillo y nunca nos planteamos otra cosa.
Pasados los años, la familia fue aumentando, vinieron “los de fuera” y aquello del cochinillo fue yéndose por unos derroteros que mi madre no acababa de entender. Los cochinillos siempre se compraban a Saturnino, el vecino, que era ganadero de toda la vida. El nunca pesaba al animal y a nosotros nos importaba poco ese dato, nos lo llevaba a casa cuando le venía bien con las tripas y todo, nunca le preguntamos el tiempo que tenía el animal, si eran 21 días o un mes, ni los días que había estado alimentándose de leche y del precio por kilo… era un dato que se nos escapaba porque el precio que nos pidiera Saturnino era, sin lugar a dudas, el justo. Toda esta información, sin sentido para mi madre, se convirtió en datos importantísimos para “los de fuera” y ella se fue dando cuenta de que estaba perdiendo papel en aquella ceremonia en la que siempre había sido protagonista, porque no sólo era un conflicto de opiniones en los días previos a comprar el cochinillo sino que en el mismo proceso de asado, donde nadie nunca había metido las narices, ahora había muchos cocineros y además osaban con distintas formas de asarlo, al estilo Peñafiel, bocarriba, con rejilla, a las finas hierbas…
Llegando a este punto, un día mi madre se me presentó en casa y me dijo que ya no podía con la situación. Venía con la bandeja de barro debajo del brazo y dispuesta a regalármela a cambio de que todas las Navidades que nos faltaran por vivir, le dejara hacer su cochinillo en mi casa, sin otros protagonistas que ella y su tostón. Y así ha sido desde entonces, todos los años, el día 25 de diciembre se levanta muy pronto para preparar su cochinillo al estilo de Arévalo. Lo escurre, lo sazona, lo coloca…y una vez que lo tiene en el horno coloca una silla delante de él y lo contempla durante las 2 horas o 2 horas y media que dura el asado. Tiene tal concentración que vamos pasando por la cocina sin ella se dé cuenta porque para ella es una prueba que tiene que pasar y toda su familia es el jurado. “Los de fuera” también vienen al asado todos los años, pensando que algún año descubrirán algún error, pero todos en el fondo sabemos que el tostón de mi madre es insuperable.
Cuando llega el manjar a la mesa siempre se hace un silencio y cuando mi madre coge el plato contenemos la respiración porque justo en ese mismo instante, justo en esa caída del plato, justo en este golpe seco en la corteza… ¡¡¡CRACK!!! mi madre se relaja, suspira y tira el plato sin terminar de cortarlo ¡PRUEBA SUPERADA!
El año pasado, el plato cayó en el parabrisas del coche de mi cuñado que se había empeñado en meterlo en el corral, cerca del techado donde comíamos, para vigilarlo porque era un Mercedes y nuevo. Al principio se enfadó un poco pero mi madre en compensación le sirvió doble de corteza y le metió en un taper un trozo de la cabeza que había sobrado y así se le pasó el mal rato.

Elvira Callejo
Grupo C


Sopa de almendra

Ingredientes( para cuatro personas):

· Una barra de pan del día anterior.
· 1 litro de leche.
· 6 cucharadas soperas de azúcar.
· 2 palos de canela.
· 150 gramos de almendra molida, no muy fina.
· La cáscara de una naranja.
· Un vaso de aceite de oliva.

Preparación:

1. Cortar el pan en rebanadas de un centímetroaproximadamente y freírlas, retirándolas cuando tengan un color dorado, escurrirlas y reservarlas.
2. Calentar la leche con el azúcar e infusionarla con la cáscara de naranja y los palos de canela.
3. En una fuente se coloca una capa del pan frito y se espolvorea con una fina capa de la almendra molida.Poner otra capa de pan y volver a echar otra capa de almendra encima.
4. Añadir la leche endulzada y tibia a la fuente. Añadir una capa generosa de almendra.
5. Poner a cocera fuego medio, unos diez minutos hasta que el pan esté completamente deshecho.
6. Retirar del fuego y volver a echar otro poco de almendra por encima y gratinar al horno hasta que la almendra tome un tono dorado.
7. Dejar reposar y después, probar el resultado.
Hay a quien le gusta tomarla al día siguiente a temperatura ambiente.
Nota: Postre que se hacia para la cena de Nochebuena, en Peñaranda de Bracamonte desde mediados del siglo XIX.

Prunusdulcis

La belleza del almendro cuando se viste de gala con sus flores blancas y rosadas es todo un regalo para la vista de todo aquel que lo mira.
Su floración es una explosión de luz y color en los campos cubiertos aún por el manto del inviernoque, pintores y escritores han sabido plasmar en sus obras.
El almendro se introdujo en la península ibérica hace más de dos mil años, por los fenicios. Los romanos ylos griegoscontribuyeron a su expansiónpor el mediterráneo.
Según la mitología griega, Filide, princesa de Tracia, se enamoró de Acamante, joven combatiente de la Guerra de Troya. Al pasar los días y ver que su amado no volvía, murió de pena. La diosa Athenea metamorfoseó el cuerpo deella,en un almendro y cuando regresó el amado solo pudo acariciar la corteza del árbol; Filide, en su naturaleza arbórea respondió a su amor floreciendo de repente sobre las ramas desnudas.
El fruto del almendro ha tenido diferentes simbologías en las culturas desde la antigüedad hasta nuestros días y en todas ellas,están presentes la admiración y la gratitud a este hermoso árbol y a su fruto que ha servido de alimento a la humanidad.

Marian Pérez Benito
Grupo A