Sala de préstamos. La biblioteca en la Literatura

¿Es una redundancia hablar sobre bibliotecas en una biblioteca? Son muchos los años que llevamos con este taller de escritura creativa y nunca, hasta ahora, habíamos abordado ese tema. Así que decidimos entrar en él como entramos todos los lunes y martes a la Biblioteca, con emoción.
Antes de abordar la ficha de trabajo y comentar "La biblioteca de Babel" de Borges y un texto de Juan Villoro donde habla de la Biblioteca Negativa, aquellas que recoge los libros expósitos y las sobras completas" de la literatura, escuchamos la canción de Pedro Pastor "La niña de la biblioteca" donde afirma "estudio más por verte que por vocación". Ay, esos amores platónicos de biblioteca.

Recomendamos el artículo "La biblioteca en la narrativa. Una imagen oculta en el espejo" de Francisco Solano. En él aborda la biblioteca como espacio, nos acerca a la imagen mal parada en algunos libros y películas de los bibliotecarios y de cómo el hecho de leer se convierte en un placer cuando el silencio inunda la biblioteca. Dejamos aquí un fragmento en el que Francisco Umbral recuerda su primer encuentro con una biblioteca: 

"Liberado yo, como he dicho, de disciplinas escolares y franquistas, mamá me habia insertado en el árbol de la ciencia, es decir, en la biblioteca. Habla en el edificio una gran biblioteca municipal, donde ella me presentó como hijo suyo, y adonde tuve libre acceso desde entonces. Así que ella se metía en su oficina y yo me iba a la biblioteca, que estaba en otro piso. Años cuarenta, años cincuenta, y jamás he encontrado luego una biblioteca pública tan densa, acogedora, surtida, hospitalaria y libre como aquella biblioteca municipal, siempre concurrida. Mamá, antes de abandonarme, me entregaba a la manigua acogedora, tibia y profusa de los libros, me dejaba en el regazo ancho y sabio de la cultura, donde yo leí de todo, desde Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno, que no me hicieron ninguna gracia (humor alemán de un país sin humod, hasta Harry Step hen Keller, la gran novela policiaca norteamericana, pasando por el pri mer Cá"tico de Jorge Guillén, que me encegueció con el descubrimiento de la poesía, hasta García Lorca, en cuyo Rorna/lctrO faltaba "La casada infiel", como luego comprobé, y me confirmó mi gran amigo José Maria de Cossío, que faltaba en la biblioteca del Ateneo de Madrid, página arrancada por un censor fanático o por un erotómano igualmente fanáti co. También leí una historia completa de la planta del café, que entonces me interesó mucho y que hoy soportaría. Estaba realizando yo, sin saber lo, el mito borgiano de la Biblioteca como Mundo, formulado por Borges muchos siglos más tarde".

Jesús Marchamalo tiene el privilegio de haber conocido de cerca algunas bibliotecas de escritores y escritoras. Y de lo que allí encontró habla en "Tocar los libros", una publicación que se ha reeditado en tres ocasiones y con diferentes editoriales y que es un homenaje a los libros, las bibliotecas y la lectura.
Si sientes envidia de Marchamalo puedes entrar en la biblioteca de Ana María Shúa y conocer los criterios con que la ordena. O pasar al interior del caos de Juan José Millás. O conocer de mano de Luis Mateo Díez, Luis Alberto de Cuenca o Mario Vargas Llosa la intimidad de sus bibliotecas.

Decía Cicerón: "Si cerca de la biblioteca tenéis un jardín ya no os faltará de nada.", Borges fue aún más allá que Cicerón al imaginar el paraíso como una biblioteca. Y así vivió, de paraíso en paraíso. Hasta que fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina, su paraíso personal -y no porque estuviera hecha con tecnología punta en ese momento: iluminación eléctrica, teléfono, calefacción y el segundo ascensor del país, marca Otis-. Su nombramiento coincidió con el momento en que se declaró su ceguera. Así lo recuerda el escritor durante la conferencia que impartió en 1977 en el Teatro Odeón: “Yo he recibido en mi vida muchos inmerecidos honores pero hay uno que me ha alegrado más que ninguno; fue el honor de que me nombraran director de la Biblioteca Nacional (1955-1973). Esto se hizo por razones menos literarias que políticas, lo hizo el Gobierno de la Revolución Libertadora. Yo jamás había soñado la posibilidad de ser director de la Biblioteca […] Y entonces fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el paraíso bajo la especie de una biblioteca. Otras personas piensan en un jardín, otras tal vez en un palacio. Yo siempre la imaginé como mi paraíso, mi paraíso personal y allí estaba yo, y era de algún modo el centro, de novecientos mil libros en tantos idiomas, y al mismo tiempo comprendí que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos de los libros. Entonces escribí aquel poema titulado “Poema de los dones”.

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.


En dicho poema Borges menciona a Paul-François Groussac, escritor, historiador, crítico literario y bibliotecario que, también ciego, dirigió la Biblioteca Nacional de 1885 a 1929. 
Borges no sabía, cuando escribió este poema, que otro poeta ciego, José Mármol, también dirigió la Biblioteca Nacional de 1858 a 1871
“El número tres parece cerrar las cosas –dirá Borges–. Dos es una mera coincidencia pero tres ya es una confirmación, una confirmación de orden ternario, una confirmación de algún modo divina”.
A pesar de esa ironía de Dios o de la vida Borges fue feliz durante los dieciocho años que dirigió la Biblioteca. María Kodama recuerda que ese nombramiento fue “la materialización de un sueño y de ese cuento fascinante que es “La Biblioteca de Babel”.
A Borges le gustaba tanto su cargo como director que pensó en establecer su residencia en la biblioteca. Fue su madre la que le disuadió de aquella idea. ¿Se imaginan los argumentos de la mamá para convencerle de que era una locura?
Cuando presentó su renuncia como director extrañaba tanto la Biblioteca que no dejó de caminar a diario desde su casa hasta allí.

Recomendamos los artículos "Libros en los que las bibliotecas son protagonistas" de Francisco Javier Palazón y "La imagen de la biblioteca y las/los bibliotecarios en la LIJ" de Verónica Juárez.
Y también el poema "El incendio de un sueño" de Charles Bukowski o el cuento "Cómo me deshice de quinientos libros" de Augusto Monterroso


Propuesta de escritura

En esta ocasión planteamos dos trabajos.
1. Escribir la sinopsis de los libros "Trueno peinado", "El calambre del yeso" o "Axaxaxas mlö". Los tres están tomados del cuento de "La biblioteca de Babel" de Borges.
2. Escribir un poema, cuento o microrrelato relacionado con la biblioteca personal.

Y estos son algunos de los textos que me han ido llegando:


El trueno peinado

“El trueno peinado” es un libro desconcertante por su sorprendente hallazgo, en uno de los gabinetes destinados a la necesidad final de los bibliotecarios de la Biblioteca de Babel. Se desconoce a que nivel, a que hexágono y a que anaquel estaría destinado, ni cuanto tiempo, limitado o infinito, llevaría situado en el lugar en el que fue encontrado.
En sus cuatrocientas diez páginas, únicamente contiene una sucesión continua de la letra u, salpicada de forma arbitraria por algunas letras: b, r, m, c, a, pero de ninguna otra, aunque en ocasiones podrían ser: h, v, n, o, q, por la indefinición de los signos utilizados. La estructura de este texto remite a la esencia del ser humano y a la insondable profundidad del universo y sus billones de cuerpos celestes. A lo largo de sus páginas pueden encontrarse las respuestas a las grandes cuestiones existenciales que han sacudido a toda la estirpe de Adán y Eva, aunque, dada la irreproducible naturaleza del texto, son inmemorizables e inmediatamente se olvidan.
La única palabra de un millón trescientas doce mil letras, que ocupa las cuatrocientas diez páginas del libro, contiene en si misma el bien y el mal, a Zeus y Hera, a Siddhartha y Yu Huang, a Gilgamesh y Enkidu, al Yin y al Yang. Podría decirse que “El trueno peinado” es, aparentemente, un mensaje críptico, pero su lectura va desvelando los significados más insondables de sus reflexiones de una manera caótica, destemplada e inclemente, hasta llegar a exasperar las conciencias más benévolas. No se trata, por tanto, del libro cíclico que es Dios, lo evidencian su forma y su localización, ni se trata de unos de los inaccesibles libros preciosos, ni mucho del libro total. Las letras del lomo, una sucesión de doscientas veintitrés letras u, no desvela su título, que sin embargo es evidente para cualquier habitante de la Biblioteca que lo ha tenido en sus manos.
El libro es de obligado estudio para los lectores situados en los hexágonos de los circuitos doce cuarenta y tres al noventa y cuatro cincuenta y dos. También debería ser de lectura forzosa la magnífica sentencia contenida en la página setenta y siete, renglones siete y ocho:

bruuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuummmbruuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuummmmmmbrouuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuummmmmmm.1

(1. Un analista espurio ha sugerido, sin aportar razones o sinrazones, que el libro es simplemente una larguísima onomatopeya del sonido de un trueno, lo que automáticamente lo descalifica como analista y como persona)

Manuel Medarde
Grupo A


El calambre del yeso

Pepe, era un eficiente albañil, especializado en dar yeso a las paredes de los pisos donde trabajaba. Un mal día, mientras trabajaba, siempre cantando canciones de Manolo Escobar, para hacer más llevadero el trabajo, se despisto un poco, y al extender el yeso por la pared, topó con un cable de la luz que estaba pelado, y al contacto le sacudió una pequeña descarga, que le tiró de la escalera donde estaba subido.
Desde entonces en su empresa, le apodan el tío calambre.

Luis Iglesias
Grupo B


Cómo buscar un libro entre los cientos de una biblioteca

A Yago. Mi profesor de lengua y literatura de 2º de la ESO. Por enseñarme cómo buscar un libro en una biblioteca.

Miércoles. 10:25. Hora del primer recreo.

El horario de este instituto tiene dos recreos. No sé si es algo habitual, pero desde luego en mis años de interinidad no he conocido ningún otro centro con este horario. Sin embargo, creo que es una buena opción. Son recreos de 20 minutos así que, en total, los chavales tienen diez minutos más de descanso.
El timbre sonó hace diez minutos, y la avalancha de chicos y chicas de entre trece y dieciocho años cruzó el pasillo en cuestión de un minuto: nunca serán tan rápidos para volver a clase.
En cuanto el pasillo se despejó, entré en el aula de 2ºA, mi primera clase después del recreo. He preparado una clase diferente que, espero, logre captar la atención incluso de Miguel, el chico más problemático del aula. Miguel ha repetido dos cursos y es el más popular de la clase. Solo espero que no consiga arrastrar al resto a lo largo del curso.
Cojo una tiza y empiezo a dibujar en la pizarra. Hace un par de veranos me inscribí en un curso de dibujo y encontré una nueva pasión en las caricaturas. Así que eso garabateo en la pizarra: una caricatura de mí mismo, resaltando mis rasgos más característicos: la nariz, el pelo y las gafas. Al terminar, abro un bocadillo al lado del dibujo y escribo en mayúsculas “Os espero en la biblioteca”.
Me escabullo antes de que suene el timbre de vuelta del recreo, y espero en la biblioteca a que los quince chicos y chicas de 2ºA lean el mensaje. A los cinco minutos, cuando ya reina el silencio en los pasillos porque todo el mundo está ya en clase, empiezan a entrar y a sentarse en las mesas y sillas dispuestas por la sala.

– ¿Alguien sabe buscar libros en una biblioteca? – empiezo cuando ya están todos acomodados en sus asientos. Un murmullo invade la clase, pero nadie responde; doy por hecho que no.

Así que empieza mi explicación: géneros, autores, signaturas… Esta es mi clase favorita cada año: explicar durante media hora cómo buscar un libro concreto entre las estanterías de una biblioteca, para después hacer un breve concurso. Cuando termino mi explicación, veo bastantes caras de aburrimiento, pero dos o tres de absoluto entusiasmo: las de las personas a las que les gusta leer. Sin duda, es por esas dos personas por las que merece la pena esta profesión, las que mantienen las ganas de enseñar cómo buscar libros para que no tengan que volver a preguntar nunca a un bibliotecario dónde pueden encontrar el libro que buscan. El porcentaje es muy pequeño: dos personas de quince. Pero merece absolutamente la pena.

Yago, yo fui una de esas dos personas.
Siempre fuiste mi profesor favorito, no porque me enseñaste qué es una signatura ni porque cada vez que entro en una biblioteca recuerdo que fuiste tú quien me enseñó a buscar un libro o autor en concreto. Fuiste mi profesor favorito porque gracias a ti leí el que a día de hoy sigue siendo uno de los mejores libros que he leído, La vuelta al mundo en ochenta días, de Julio Verne.
Fuiste mi profesor favorito porque me enseñaste a amar la lectura y la escritura. Me enseñaste qué es una rima asonante y una consonante, aunque la poesía no es mi fuerte –y creo que no lo será nunca–. Contigo aprendí qué es un soneto, que ahora se ha convertido en mi reto literario más acuciante. Y me animaste a seguir escribiendo como nunca nadie lo ha hecho; y eso, con catorce años, te prometo que me marcó el camino a seguir.
Yago, me enseñaste a amar la literatura, y creo que eso es un regalo que jamás voy a poder agradecerte lo suficiente, ni siquiera dedicándote este pequeño texto sobre la biblioteca.
Solo soy una alumna a la que diste clase hace dieciséis años, pero que no ha olvidado el cariño con el que, durante aquel 2º de la ESO, nos enseñaste a buscar libros en una biblioteca.

MAGF.
Grupo A

Hablando de mi Biblioteca

Cada vez que ordeno la biblioteca, la vuelvo a dejar desordenada.
Casi nunca encuentro el libro que busco, pero me alegro al descubrir ejemplares que no he leído y que tenía por perdidos.
Tengo siempre a mano mis favoritos, sé dónde encontrarlos, los leo, releo, y vuelvo a leer, y cada vez encuentro en ellos cosas nuevas que aprender. Puede ser porque la memoria me va fallando y al releer me parezca encontrar cosas nuevas, aunque la realidad pueda ser que muchas ya las había olvidado.
Mi biblioteca está ordenada por temas y tamaños, y si tengo que mezclarlos, pues lo que priva es el tamaño de los ejemplares; pudiendo encontrar los evangelios apócrifos, un tratado de cardiología, y una historia de la pintura muy próximos, debido a su gran volumen.
He disfrutado mucho leyéndo, y he leído bastante. Dependiendo de la edad iban variando los argumentos. Hubo también una época que elegía a los autores, leía varias obras de uno hasta cansarme, y pasaba a otro a continuación. También en otra época me dio por los temas: aventuras, novela negra, suspense y al final, novela histórica. (En la que ya conocía de antemano quién era el asesino).
Me apasionó durante una temporada el antiguo Egipto y las también antiguas Grecia y Roma. De todo ello conservo varios ejemplares en la biblioteca.
También guardo libros de dibujo, pintura, ajedrez y manuales de escritura.
Tengo un libro favorito: un libro con el que me iría a una isla esierta. (Con este libro y múltiples artilugios de dibujo y escritura, por supuesto). Su título es: La vida de las abejas, la vida de los termes, la vida de las hormigas. Su autor es Maurice Maeterlinck.

José Luis Fonseca
Grupo A


Las bibliotecas

Bibliotecas nacionales,
ciudadanas, pueblerinas,
montadas en autobuses,
viajeras empedernidas.

Las hubo en Alejandria,
de egipcios helenizados:
el Universo en un Junco
lo cuenta Irene Vallejo.

En Nínive los asirios
las construyeron de arcilla.
La de Babel la hizo un ciego,
Borges y sus pesadillas.

La del nombre de la rosa
la pergeñó Umberto Eco.
Las de mi ciudad son mías,
propiedad desde hace tiempo.

Entro en ellas como en casa.
Descubro siempre un secreto.
¿Se acabarán algún día?
¿Veremos su muerte lenta?

Seguro que sí y lo siento

Carlos Coca
Grupo C


La Biblioteca que respiraba

Una mañana decidí poner orden en mi biblioteca. Miré los estantes de cada uno de los distintos lugares de mi casa y pensé que ya era hora de que cada libro encontrara su lugar.

Había novelas, libros deportivos, historias, poesías, viajes y varios diccionarios, y también antiguos cuadernos llenos de notas. Comencé con mucho entusiasmo; coloqué juntos todos los libros por materias: historia, deporte, novelas, poesías. Las novelas las reuní por autores; parecía que todo empezaba a funcionar y que ahora, cuando se buscaba un libro, todo resultaba más fácil.
De repente encontré un volumen que me había acompañado durante años. Lo abrí para recordar un pasaje, pero terminé leyendo varias páginas; luego apareció otro y otro más. Cada uno me llevaba a un recuerdo distinto, un viaje, un día de campo o una conversación olvidada.
Sin darme cuenta, comenzaron a amontonarse libros sobre mi mesa y sobre una silla, incluso en el suelo. Se mezclaron todos unos con otros, de tal manera que pensé: mejor dejarlo para otro día.
Al caer la tarde observé el resultado. La biblioteca estaba más desordenada que al principio, pero sonreí porque había pasado el día viajando de una página a otra, redescubriendo historias que creí olvidadas.
Entonces comprendí que las bibliotecas tienen dos formas de ordenarse: una siguiendo reglas y categorías; otra, siguiendo los caminos de la memoria. Y aquella tarde, aunque los estantes estuvieran revueltos, mi biblioteca estaba perfectamente ordenada en el lugar más importante: mis recuerdos.

Fernando Nieto
Grupo A


El calambre de yeso

Mundial 2026. Se juega la final de fútbol entre Argentina y Brasil. El ídolo argentino Policarpo Valdivieso, alias “Yeso”, en el minuto noventa de partido encara en solitario la portería rival. La afición argentina se levanta para celebrar el gol. Supondrá la victoria para el conjunto celeste. En el instante preciso que solo tiene que empujar el balón, sufre un calambre en la pierna que provoca la pérdida del balón a merced del equipo brasileño, que aprovecha la ocasión y gana la final. El héroe, aclamado hasta entonces por todo el país, se convierte en un villano denostado por todos sus compatriotas.
Una historia de Anacleto Quevedo que nos cuenta el declive de un hombre que se encuentra en el zénit de su carrera y ante una desafortunada fatalidad sufre la caída y el rechazo de todos sus amigos y vecinos.

Trueno peinado

Mundial 2026. Se juega la final de fútbol entre Brasil y Argentina. Benavides Gonzalvez, alias “Trueno”, es un jugador brasileño caído en desgracia. No ha jugado ningún minuto en todo el mundial. Convocado de última hora, causa un gran revuelo, por su fama de gafe. Cada partido que ha jugado con la selección lo han perdido. Lo apodan trueno desde joven por sus pelos revueltos. A cinco minutos para el final el lateral izquierdo Rubiales se lesiona. El entrenador no tiene más opciones. Ese día Trueno se ha fijado el pelo con gomina. Los aficionados brasileños pitan en señal de desaprobación. Recién incorporado se hace con un balón que ha perdido “Yeso”, corre la banda y chuta al centro del campo. Es un mal centro, desviado, pero que va directo a portería convirtiéndose en un golazo épico. Ese día pasó de ser el repudiado a convertirse en el héroe de la selección.
Anacleto Quevedo nos cuenta una historia peculiar. Ante el éxito obtenido con su anterior obra “El calambre de Yeso”, nos habla del otro protagonista de ese momento. Una novela sobre la importancia del azar, capaz de transformar en héroe nacional a quien hasta momentos antes era considerado un gafe.

Max Ferlam
Grupo B


Conversaciones en el tiempo

Dice Mijaíl Bajtín que somos seres dialógicos, nuestra mente es una polifonía de voces de quienes han conversado con nosotros. Las cruzamos, las interrogamos, las aceptamos o las negamos. Y así las vamos haciendo nuestras. Cuando leemos revivimos la voz de quien escribe y las voces de sus personajes. Voces cercanas y del más allá traspasan el tiempo y el espacio para formar parte de nosotros mismos.
Miro mi biblioteca y siento que es una radiografía de mi mismidad, en ella descubro mi yo actual y mi historia. El orden de los estantes muestra con quién converso ahora mismo, a quiénes he alejado y quiénes son mi sostén permanente. Y así veo El camino inesperado de Rebecca Solnit, Inclinaciones de Adriana Cavarero, o El fin de la masculinidad de Luciano Lutereau en el estante más cercano, al alcance de mi mano con solo girarme. No hay un fin de la Historia, como dice Fukuyama, la desesperanza no cubre para siempre el horizonte, hay caminos inesperados. La inclinación femenina, la vulnerabilidad, reta la horizontalidad del hombre patriarcal, quien muestra su histrionismo actual. A su lado Suzuran de Aki Shimazaki, Hojas rojas de Can Xue y Te siguen de Belén Gopegui. Desde Viento del Este, viento del Oeste de Pearl S. Buck, en mi adolescencia, siempre he tenido cerca alguna novela china o japonesa. Culturas llenas de rituales, conocedoras de su poder para regular la vida cotidiana, donde las pasiones se muestran en gestos contenidos y las emociones tienen múltiples matices. Y Gopegui, que narra vidas dedicadas al activismo social, la otra forma de política, la no institucional.
Y, de pronto, en este recorrido por mi biblioteca, echo en falta la poesía y me pregunto por qué la he llevado a la estantería de otra habitación. Recuerdo cuando siempre tenía cerca a Kavafis, a Baudelaire, a Cernuda, a Rilke… Un tiempo pleno de futuro, de romper límites, de vivir cada momento sin miedo a que las emociones me desbordasen. Un tiempo de juventud. Ahora tal vez los haikus pueden ser un paso para recuperar la poesía, pequeños momentos de sentir la unión con la naturaleza, de formar parte indisoluble de ella, de sus cambios, de sus ciclos.
Sigo el recorrido por los estantes, arriba del todo las novelas de ciencia ficción de la época de la Movida, mundos paralelos que me alejaron temporalmente de una Transición que muchos vivimos como una traición. Al lado novelas y más novelas best sellers. Luego los estantes de marxismo y anarquismo, y los de Historia. Mucho más abajo la filosofía y la psicología. En el centro las novelas clásicas.

Ya no tengo el ejemplar de Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain, mi regalo a los seis años cuando me caí jugando y tuve que guardar cama una semana porque se infectó la herida. Con él se despertó mi interés por la lectura. Me identificaba con Tom, siempre buscando aventuras y metiéndose en líos. Muchos héroes y heroínas literarios me han servido de espejo ideal a lo largo de mi vida. Cada cierto tiempo cambio el orden de mi biblioteca, seguramente cuando siento la necesidad de un cambio en mi vida, pero no me había dado cuenta hasta ahora de que los libros son una parte más de mi cuerpo. Con ellos pienso y siento, con ellos miro el mundo y lo reto, con ellos descubro la rica singularidad de los seres que pueblan y han poblado el universo.

Araceli Broncano
Grupo C


Carta a mis compañeros del taller

"Al partir ¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente! ¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo la noche cubre con su opaco velo, como cubre el dolor mi triste frente... ¡Adiós!... Ya cruje la turgente vela... el ancla se alza... el buque, estremecido, las olas corta y silencioso vuela".

Estimados compañeros: 

Comencé con unos versos del soneto “Al partir”, de la poetisa cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda. Ella, sin desearlo, partió para España definitivamente. Ustedes comprenderán. Alguien dijo: “La actitud es el camino de una elección, y el para qué es el sentido, la luz y guía de ese camino”. Esta frase me retumbó incesantemente una noche de junio, en la que la idea de deshacerme de los libros de mi biblioteca personal me exigía una clasificación para que, al desorganizarla, cada uno siguiera el destino merecido, teniendo en cuenta que eran pedazos de mí

Miriam Esther García
Grupo A


Mi Biblioteca Negativa

A Juan Villoro

Desconfío de la gente que no bebe alcohol, y de la gente lectora que siempre termina todos los libros que empieza. Desconfío especialmente de estos. Si son mujeres -por muy guapas que sean- y, después de pedir agua, me hacen este comentario en las primeras fases del cortejo -digamos que hemos ido a cenar a un japonés (exotismo, sorpresa, sabores que invitan a una sensualidad algo perversa)-, doy por terminado el protocolo de la seducción, ya se bajen el escote hasta el ombligo. Kaputt, impotencia cultural, llámenlo como quieran. Normalmente -al menos las más perspicaces, alguna rubia incluida- ellas notan la falta de temperatura sexual, y se adelantan a mi rechazo rechazándome; simulan una llamada telefónica urgente, y piden un taxi nada más salir del japonés. Sayonara. A las otras el que les pide un taxi soy yo, y me voy caminando a casa, pensando que -a pesar de perderme un hipotético revolcón- me he librado de una buena. Sobre todo, considerando que tengo una biblioteca con muchos libros, y que no me voy a poder deshacer de estas lectoras irredentas -una vez que hayan puesto el cepillo de dientes en el cuarto de baño- hasta que los acaben todos.
Pero iba a lo de la Biblioteca Negativa: yo no termino ningún libro que no me guste. Pasadas cincuenta, cien páginas en los casos en los que me esfuerzo hasta límites sobrehumanos, si me aburre soberanamente, el libro pasa a la No Biblioteca, o la Biblioteca Invisible, como quieran, ahí estarán, pero nunca más se supo de ellos.
Hacer esa lista de libros pesados no me resulta fácil, porque han sido muchos a lo largo de mi vida. Pero voy a intentarlo.

Primero, medalla de oro, the winner is… el “Ulises” de James Joyce. Lo he intentado varias veces -la primera llegué a la página cincuenta, la segunda a la treinta y nueve, la tercera no pasé de la veinte-, siempre con el mismo resultado: Joyce, “Dublinesses” está muy bien, “El retrato del artista adolescente”, casi tanto, pero esto de Ulises, ya te vale. (Con el “Finnegans Wake” no lo he intentado siquiera, no quiero abrirme las venas).

Segundo. “Ana Karenina”, de Dostoievski (no hombre, es broma, todos sabemos que es de León Trotsky … ¿no?). Bueno, fuera de tonterías, cito este novelón, que comienza con una de las primeras frases más célebres de la literatura, aquello de “Todas las familias dichosas se parecen entre sí, del mismo modo que las desgraciadas lo son cada una a su manera”, para empezar reconociendo que mi lista negra es completamente subjetiva y aleatoria, visceral; en otras palabras, no pretende ser un canon, ni siquiera un criterio bien argumentado de calidad, se trata, la mayor parte de las veces, de simples antipatías literarias; yo qué sé, me pillaron en un mal momento (o en varios). Y, por supuesto, me encanta León Tolstói, “Guerra y Paz”, cómo no, es una de mis novelas preferidas de todos los tiempos. Pero -no podría decir con claridad la razón- nunca he pasado de la página 30 o 40 de “Ana Karenina”. Pido perdón (mientras lo vuelvo a colocar en la estantería de libros abandonados).

Tercero. La Biblia, seguramente como rechazo a mi educación religiosa, de cuyo nombre no quiero acordarme.

Cuarto. “Ales junto a la hoguera”, del premio Nobel Jon Fosse. Mi edición, “Random House”, tiene solo ciento siete páginas. Yo lo despaché en quince o veinte. No pude más.

Quinto. “La agonía del cristianismo”. Perdón de nuevo, pero Unamuno me agobia un poco -dicho sea con el debido respeto salmantino- con tanta lucha existencial entre la fe y la razón. Y raca-raca. Aún así este ensayo lo leí hasta el final.

Sexto. Cualquier libro de Yukio Mishima -y más de uno he intentado leer-; en este caso es que me da yuyu todo aquello del harakiri, o seppuku o como se diga, y cuando abro uno de sus libros, “Confesiones de una máscara” por ejemplo, se me viene a la cabeza -nunca mejor dicho- la imagen del suicidio ritual, el discípulo levantando la katana para terminar la agonía del maestro. Estos japoneses, mucho haiku, mucho Sumi-e, pero cuando se ponen tremendos, aguántalos.

Séptimo. La novela gráfica en general, y los cómics para niños en particular. Estos últimos me recuerdan a ciertas fábulas clásicas, insufriblemente lastradas con sus lecciones morales. Adoctrinamiento, lo llamo yo.

Octavo. Los cuentos de Alice Munro, pido perdón por enésima vez, pero ¿la Antón Chéjov canadiense?, venga ya. Y digo esto desde antes de que fuera cancelada por permitir los abominables abusos cometidos por una de sus parejas contra su propia hija. A la hora de valorar el arte y la literatura yo siempre distingo la vida de la obra. Que Louis Ferdinand Celine fuera un canalla colaboracionista pro nazi no me impide considerar “Viaje al fin de la noche” una de las mejores novelas del siglo XX.

Noveno (y vamos terminando).

Mi libro de poemas -la crítica bien entendida empieza por uno mismo - “Polvo enamorado”, a pesar de ser uno de los finalistas -tampoco es gran cosa, fueron sesenta y nueve- del certamen de poesía erótica “Ciudad de Villaviciosa”.

Décimo. “Los ilusionistas”, de Marcos Giralt Torrente, de reciente publicación. Entrometerme en la vida de Torrente Ballester y familia -detalles escabrosos incluidos-, sin su expreso permiso ni de palabra ni por escrito, me hace sentirme avergonzado, sucio “voyeur” de intimidades ajenas.

Post Scriptum.
Los libros de autoayuda no me sirven ni para repudiarlos.

Ignacio Aparicio
Grupo A


Universo de papel

Pequeño pero inmenso
pesado pero ligero,
con ventanas cerradas
que guardan hermosos sueños.

En orden y en silencio
esperan en formación,
la caricia de las manos
de un ávido lector.

El anaquel superior
oxidado por el tiempo,
guarda los libros heredados
de padres y abuelos.

A su lado duermen cuentos,
fábulas y aventuras de antaño
para recordar siempre
lo importantes que fueron.

En el lado izquierdo
reposan los libros más densos
de lectura obligada,
en tiempos de colegio.

El centro lo ocupa la poesía
y los libros de libre elección:
novela histórica, antologías
filosofía, psicología y pedagogía.

En el lado derecho
hay una pequeña muestra
de literatura francesa, alemana
rusa, inglesa e hispanoamericana.

El hueco que las enciclopedias dejaron,
lo ocupan hoy escritores actuales
y libros dedicados. Me gusta tenerlos
siempre a mano.

Marian Pérez Benito
Grupo A


Axaxaxas mlö

Ext2 man5al gölöpédicö, köörd1nadö por el dötcör Juan L5is Peñalösa, ex la örba de ref2r2nc1a para el etsudiö de esta dixpl1cina dexd2 una p2rsp2ctiwa glöbal. Inc5lye las últ1mas aprötaxiones de la psic4lingü1st1ka. Se analixa el funx1onaZientö del c2r2brö hi el l2nguaj2, las nu2vas téknixas de diaxnóst1kö de la gölöped1a, la eval5axión del lenxuaje öral del n1ñö hi la expölraxión n2uroxsicölóg1ca del adultö dexde un enföque ci2ntífikö, kön un gran r1gör téknicö en exta mat2ria. Cönst1tuy2 una h2rraZi2nta muy útil tantö para pröf2sionalex en ej2rciciö cömö 2n förZac1ón.
Ad2más se inköpröran propuextas prátcicax para el trataZ1entö de la gölöped1a. El dötcör Peñalösa könsidera ke kuandö un l2ctör awezadö es kapaz de prön5nc1ar fras2s enixmátikas kömö “Hlör u fang axaxaxas mlö” o “Hëy antirrinum chama leönian u gömphrena mlö” xerá kapaz de kompr2nd2r a los aböríg2nes de N5ewa Zeladna y de ablar c5alk1er l2ng5a fitct1kia de lös dös h2m1sferiös terr2str2s del paln2ta Klön.

Jesús García
Grupo A

¿Y tú me lo preguntas?

Esta semana, los grupos A y B de escritura creativa, reflexionamos sobre las preguntas y su importancia para el hecho literario. No solo porque forman parte del proceso creativo -¿qué escritor no se hace preguntas?- sino como constitutivas de un texto.
El escritor, al igual que el periodista, indaga en el qué, quién, dónde, cuándo y por qué de un personaje, una situación o una historia (las denominadas 5 W pues llevan esa letra: what, who, where, when y why). La escritura se nutre de preguntas.
Recomendamos el Libro de las preguntas de Neruda, publicado en la editorial Media Vaca, donde encontramos 316 preguntas que no admiten una respuesta lógica pues están formuladas de manera lúdica y poética. ¿Cuál es la pretensión de Neruda al hacer este libro? Él no busca respuestas. Estas sólo están en la imaginación del lector.




Un pequeño botón de muestra:

¿Por qué no enseñan a sacar miel del sol a los helicópteros?
¿Hay algo más triste en el mundo que un tren inmóvil en la lluvia?
¿Por qué no ataca el tiburón a las impávidas sirenas?
¿Cuántas abejas tiene el día?
¿Quiénes gritaron de alegría cuando nació el color azul?
¿De qué ríe la sandía cuando la están asesinando?
¿Por qué siempre se hacen en Londres los congresos de paraguas?
¿Cómo se llama una flor que vuela de pájaro en pájaro?
¿Y por qué el sol es tan simpático en el jardín del hospital?
¿Oyes en medio del otoño detonaciones amarillas?
¿Cómo se acuerda con los pájaros la traducción de sus idiomas?
¿Y con qué cifras va restando la hormiga sus soldados muertos?

Comentamos un poema hecho sobre la base de una serie de preguntas: "Acertijo", de Benjamín Prado. El autor lo concibió como un juego. Dice el poeta: "Yo le propuse al editor que lo publicara en una separata y si algún lector adivinaba quiénes eran los poetas del siglo XX a los que les he robado cada verso le regalase un jamón, o algo así, pero cualquiera le saca un jamón a un editor de poesía...". 
Aquí tienes el texto;

¿Qué poeta
comparó el humo con el Laocoonte?
¿Qué poeta escribió
basta que alguien me piense, para ser un recuerdo?
¿quién afirma que la última gota es siempre una lagrima?

Era una noche oscura.
Y volvía a preguntarlo:

¿Quién escribió:
quiero morir de día, cuando aman los leones?
¿quién escribió:
todo lo que no ha sido contado, es infinito?
¿quién afirma
que el canto de los gallos sólo existe en los sueños?

Era una noche oscura
y nadie respondía.

¿qué poeta
comparaba al diamante con el vuelo de un pájaro?
¿Quién oía la lluvia caer
como las gotas de una espada?
¿Quién escribió
este vaso que yo bebo, quedará vacío para ti?
Y quien llamó a las rosas música aprisionada.
Y quién dijo:- la mano que valía para el amor,
también servirá para el odio.
Y quién dijo que sólo nuestras obras más puras
deberían unirse al séquito del pasado.

Aquél que me responda:
Aquél que sepa
quién me robó cada uno de esos versos:
aquel será mi hermano.


Y en este enlace encontrarás algunas de las respuestas.


Bernardo Atxaga escribió un poema titulado "37 preguntas a mi único contacto al otro lado de la frontera". Lo publicó en su libro Poemas & híbridos. 

Dime, ¿Es feliz la gente allá al otro lado de la frontera? 
¿Encuentra su amor respuesta en un veinte o veintidós por ciento de los casos, 
o como aquí son mudos los teléfonos, corazones desiertos noche 
tras noche corazones desiertos en la última habitación del laberinto?

¿Hay en vuestro reino, entre vuestros territorios, algún lugar 
llamado Greenland o Groenlandia? ¿Son sombríos sus valles? 
Hay gasolineras de la compañía Shell? ¿Se acercan las mariposas hasta las conchas
amarillas? ¿Ni aun en invierno? 
¿Nunca existió allí un espía llamado Cenizas?

Dime, ¿Es feliz la gente allá al otro lado de la frontera?
¿Nunca soñáis con cangrejos? ¿Y con niños ciegos? 
¿Os acordáis alguna vez del ciclista Tom Simpson, de cómo se asfixió en el Aubisque? 
¿Qué me decís de la imagen de su maillot 
como una tabla de ajedrez rota sobre la gravilla? 
Al otro lado de la frontera, ¿protege la hoja al fruto? ¿Hay fresas?

¿Tienen los peces abisales presentimientos 
acerca del sol? ¿Saben distinguir la palabra Luz de la palabra Sombra? 
Aquellos que al tomar el tren, desaparecieron en la transparencia de la tarde, 
¿Hasta cuándo conservaron la ilusión de que podrían quedarse?

Se me ha dicho que para los pájaros no hay otro destino que el viento 
y que hay barcos que jamás alcanzan un puerto. 
Cuando vosotros habláis del destino. ¿A qué os referís exactamente? 
¿A las ventajas de un trabajo seguro? ¿Quizá a lo que se come con salsa de naranja?

¿Nunca rezáis por las caravanas del desierto? ¿Son muchos, sois muchos los habitantes del otro lado de la frontera? 
Esta gente que veo todos los días por la calle, ¿vive allá?

Y yo imité a Atxaga en un artículo que publiqué en el semanario "Tribuna Universitaria" y que formó parte del libro Al fondo a la derecha. Su título "Cuarenta y tres preguntas":

¿Cuál es el número atómico del corazón? ¿A qué huelen los mapas? ¿Con qué ingredientes se cocina un beso? ¿Por qué lloran los sauces? ¿Qué héroe naval inglés, muerto en la batalla de Trafalgar, fue enviado a Inglaterra en un gran barril de brandy? ¿Quiénes somos? ¿Cuál es el insecto más veloz? ¿Qué se ama cuando se ama? ¿Qué extraño deseo alimenta la miradas de los muertos? ¿Hacia dónde volaron las oscuras golondrinas? ¿A qué sabe el agua? ¿Qué número de pie calzaba la Cenicienta? ¿En qué lugar del mundo no se puede votar hasta los 25 años? ¿A quién le importó un pito la primera vez? (Para ellas) ¿Quién fabrica las señales de tráfico? ¿Qué compositor dormía con los anteojos puestos por si se le ocurría alguna idea para una canción? ¿Cómo es el llanto de los cíclopes?
¿Quién ha buscado alguna vez un trébol de cinco hojas? ¿De dónde venimos? ¿Qué clase de manzana robaron de El Árbol Adán y Eva? ¿Qué hacen las novias marroquíes durante la ceremonia nupcial para defenderse contra el “mal de ojo”? ¿En qué consiste el truco del almendruco? ¿Cuántas estrellas se aprecian a simple vista? ¿Con el polvo de qué mariposas se fabrica la cocaína? ¿Quién es el acomodador en nuestros sueños? ¿En qué día de qué mes transcurre la trama del Ulises de Joyce? ¿Por qué las bragas de las chinas tienen dos agujeros? ¿Quién robó a Sabina el mes de abril? ¿Cuántos estudiantes, succionados por un tornado en el oeste de China, fueron a parar, sanos y salvos, en unas dunas de arena, a 20 kilómetros de distancia? ¿Cuántas violetas puede visitar un colibrí en 4 minutos? ¿Cuántas valencias tiene una naranja? ¿De qué color son los recuerdos? ¿Por qué el sonido de los patos no es respondido por el eco? ¿Cuántos cuchillos se tragó un marinero estadounidense llamado Cummings a principios del siglo XIX? ¿Ante qué pared meaban los poetas del veintisiete? ¿Quién maldecía “por el número cuatro”? ¿Qué coño pensaste la primera vez? (Para ellos) ¿Quién realizó un viaje entre Liverpool y Manchester con un automóvil impulsado por Coca-cola? ¿Adónde irán los besos que guardamos, que no damos? ¿Qué significa “tutumpote”? ¿Quiénes creían que si la esposa portaba un calcetín del marido jamás tendría un parto prematuro? ¿A cuánto asciende el precio de un avión ultraligero? ¿Qué diablos me ha ocurrido esta mañana?

Joan Brossa escribió un poema titulado "El sol detenido" en el que recoge las grandes cuestiones de la humanidad. Quizá el niño, o el verdadero artista, podrían responder a esas preguntas con una caja de lápices de colores. O quizá lo importante sean los lápices y no todo lo demás.

¿Qué hacemos? ¿Adónde vamos?
¿De dónde venimos?
Pero aquí hay una caja de lápices de colores.

También compartimos los poemas «Preguntas de un obrero que lee», de Bertolt Brecht, traducido por Juan Carlos Villavicencio y "Preguntas" de Federico García Lorca o "¿Qué es un microrrelato?" de Juan Sabia:

La pregunta fue el detonante para poner en marcha su intelecto. Lo tentó el desafío de capturar la definición huidiza. Sus pensamientos, embarcándose en una cuenta regresiva, se engranaban como piezas de un aparato de relojería. ¿Sería un cuento en miniatura? Le ardieron las mejillas. ¿O un chiste repentino? Le sudaba la frente. ¿Reflexiones certeras? Las sienes le latían. ¿Prosa poética súbita? Se le nubló la vista. ¿Una ocurrencia breve? Un zumbido creciente se instaló en sus oídos. ¿Anécdota efímera, narración concisa? Un temblor imparable se generó en su centro. ¿Fábula rápida, relato precario, idea inesperada? En pleno arrebato, vivió con alivio de condenado a muerte su propia explosión.

Sonrió. Tal vez fuese esto: el detonante en la primera línea y, unos pocos renglones más abajo, el estallido imprevisto. Y se puso a escribirlo.

Para entender mejor la mayéutica de Sócrates o el método discursivo de Platón recomendamos la Lección III (La intuición como método de la filosofía) del libro de Manuel García Morente Lecciones Preliminares de Filosofía.


Propuesta de escritura

La tarea de esta semana la hemos tomado del libro Taller de escritura creativa en 44 desafíos, de Ana Belén Ramos. La propia escritora explica el trabajo a realizar:
"La literatura va iluminando los territorios desconocidos o poco explorados del ser humano que se enfrenta, generación tras generación, a las mismas grandes preguntas. Preguntas que, por suerte o por desgracia, no tienen una respuesta definitiva, aunque algunos artistas se atrevan a lanzar algo de luz en esta tarea titánica. ¡A escribir!
Escribe tus propias respuestas a las cinco preguntas que contesta Jodorowsky en las líneas de arriba, a saber:

-¿Qué es el amor?
-¿Quiénes somos nosotros?
-¿Qué es la poesía?
-¿Qué es el alma?
-¿Qué es iluminarse?

No hay ningún tipo de restricción para tu respuesta, pero sugeriría que, para obtener mayor impacto, fuese una respuesta especialmente escueta; con una frase bastará. Déjate llevar por tu lado poético y sorpréndete con tus propias respuestas que desconocías".

Y aquí tienes el texto de Alejandro Jodorowsky:

¿Qué es el amor? El regalo más bello que podemos recibir en toda nuestra vida.
¿Quiénes somos nosotros? Somos los que vamos a desaparecer.
¿Qué es la poesía? La semilla luminosa de una flor negra.
¿Qué es el alma? Es un océano encerrado en una de sus gotas.
¿Qué es iluminarse? Es hundir el dedo índice en la luna.


Estos son algunos de los textos recibidos hasta ahora:


Respuesta a Jodorowsky

¿Qué es el amor?
Un Haiku, que al madurar, perdura en el tiempo.
... es el sentir de los versos del que escribió:
"Tiembla el rocío
y las hojas moradas
y un colibrí"

¿Qué somos?
Un puente móvil, con metabolismo, sentimiento y sensatez.

¿Qué es el alma?
Una resonancia magnética, tuya o mía.

¿Qué es la iluminación?
Lo que pretende el Yoga.

¿Qué es la poesía?
Un soliloquio.
Un popurrí de:
"amor",
"iluminación",
"alma",
"y lo que somos",
donde vibran emociones teñidas de razón.

Miriam Esther
Grupo A


Preguntas y Respuestas

¿Qué es el amor?
El amor es la luz que hace que la vida tenga sentido, porque nos conecta con los demás y nos permite compartir lo mejor de nosotros mismos.

¿Qué somos?
Somos tiempo, memoria y esperanza.
Somos huellas que dejamos al pasar por la vida.

¿Qué es el alma?
El alma es el jardín secreto donde florecen nuestros recuerdos, nuestras emociones y nuestros anhelos más profundos.

¿Qué es la iluminación?
La iluminación es encender una lámpara en el interior del corazón para ver con claridad aquello que siempre estuvo allí, pero permanecía oculto.

¿Qué es la poesía?
La poesía es una ventana abierta al alma por donde entran la luz, los sueños, la memoria y la emoción convertidas en palabras.

¿Qué somos nosotros?
Somos un puñado de luz y memoria caminando entre el ayer y el mañana, buscando sentido en cada paso de la vida.

Fernando Nieto
Grupo A


Preguntas incandescentes

¿Qué es el amor?
Es una adicción con sabor a buñuelos y olor a café recién hecho.

¿Quiénes somos nosotros?
Somos un insignificante momento en la historia del universo creyendo ser los dueños del mismo.

¿Qué es la poesía?
La poesía son brisas de colores estampadas sobre formularios grises y rutinarios.

¿Qué es el alma?
El alma es el niño desnudo que escondemos detrás de gruesos muros y corazas.

¿Qué es iluminarse?
Iluminarse es un estado de amor incondicional que se consigue al sintonizar el cuerpo con la mente y el espíritu despojándose de los irrenunciables egos.

Max Ferlam
Grupo B


Cinco preguntas

La única vez en mi vida en que hice algo parecido a llorar fue cuando me dijo que no me quería. Todavía guardo el momento en mi cabeza, a mi pesar. Era uno de esos monótonos días de otoño, húmedo y gris. La mesa puesta para cenar, comida ligera para salir del paso; conversación insulsa sobre el devenir del día, uno cualquiera. Ella me mira atentamente a los ojos mientras retiro los platos de la mesa y, con lágrimas en los ojos, me lo arroja.
-¿Me estás diciendo que ya no quieres vivir conmigo?, ¿Qué me dejas? Ya lo hemos hablado muchas veces. ¿Estás segura de tu decisión?
Con la voz apretada a duras penas podía pronunciar palabras, que salían a borbotones intentando hilar un discurso coherente sobre el desapego y la falta de pasión. Yo simulaba que fregaba los platos. Trataba de no escuchar concentrándome en el jabón resbalándome entre mis manos.
-Estamos los dos juntos, acompañándonos en el día a día. Tenemos un pasado en común. Supongo que eso no implica querer compartir un futuro. Lanzo una mirada hacia ella llena de odio y desesperación a la vez que me sacudo las manos con movimientos bruscos.
¿Qué es el amor?
¿Es el día a día?, ¿es el pasado que nos ata como una soga?, ¿es ese futuro inexistente en el que ya no sucederá nada nuevo que nos sorprenda?
¿Quiénes somos nosotros?
Dos seres solitarios que un día nos encontramos y decidimos compartir una vida en común. Miramos con añoranza el camino que emprendimos los dos juntos. En algún momento caímos en la cuenta de los días, tal vez los años, en que ya nos dejamos arrastrar anulando nuestra voluntad y ahogándonos en el desierto de lo cotidiano, vacío como nuestra apetencia del otro. Ahora también tomamos una decisión y dejamos caer en el vacío la esperanza de reencontrarnos.
El plato resbaló entre mis manos y cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos. Qué maldita premonición. Cómo se comporta a veces la vida. Sin que lo esperemos nos da un puñetazo en el estómago, provocándonos un dolor intenso aunque pasajero. Es así. Te agarra y violentamente te abre los ojos para que te enteres de una puñetera vez aunque tú no quieras. Te mete en la boca pedazos de realidad tan enormes que te ahoga por dentro. La vida no es un bonito poema que recitamos con orgullo.
¿Qué es la poesía?
Ella me hablaba sin decir nada. Yo no la escuchaba. Estaba ensimismado, rememorando esos momentos auténticos que tuvimos, como si estuviera ojeando un álbum de fotos. Cuando creamos la empresa, al principio con muchas dificultades pero alcanzo unos hitos que nadie preveía que íbamos a conseguir. El éxito y el dinero, y todo lo que nos regaló: viajes siempre soñados a destinos exóticos, las veladas y cenas en restaurantes de lujo y hoteles de cinco estrellas, las fiestas codeándonos con lo mejor de la sociedad. Todo eso ella pretende tirarlo por la borda. Como si no valiera nada ser líderes en el sector y pioneros tecnologías punteras, el reconocimiento a nivel mundial codeándonos con las personalidades más poderosas del planeta, los miles de trabajadores que están a nuestro cargo.
Este es nuestro gran logro. ¿Vamos a tirar todo eso por la borda? ¿Por qué? ¿Por un momentáneo vacío existencial que te ha entrado? ¿Una falsa iluminación de un falso gurú, un coacher que llaman ahora, exprimidor de dinero? Los pedazos del plato que se resbaló antes siguen ahí, dispersos de una manera caótica por el suelo, como yo ahora mismo, roto en mil pedazos sin posibilidad de reparación.
Ella contesta: -quiero recuperar mi alma.
-¿Y qué es el alma?- grité furioso.
Reaccioné con odio, algo que hasta ahora no había sentido. Apreté los puños. La sangre me hervía, como si un fuego recorriera todo mi cuerpo viajando por las venas. Deseé no haberla conocido antes, que no hubiera existido nunca. No quiero verla y por eso me agacho y voy cogiendo uno por uno los pedazos de cristal del suelo; agarro los grandes con mis manos y sangro al cortarme para sentir dolor y saber que sigo ahí.
Yo sí que existo. Me subo a la ola y recorro el mundo observándolo desde arriba. Contemplo complaciente las almas perdidas de aquellos que no han conseguido nada de lo que se proponen, seres perdidos que no saben lo que quieren y se dejan arrastrar por la corriente vital ahogándose en su flujo. Sé lo que quiero y lucho por conseguirlo, caiga quien caiga. Es una energía que me mueve, un motor poderoso que nunca se detiene.
Ella era igual. Juntos éramos invencibles. Como dioses en la Tierra; algún día moriremos, es cierto, pero hasta entonces seremos todopoderosos.
-Ya no quiero eso- me dice.
-Sé lo que te pasa. Te ha engañado. Ese consultor espiritual de tres al cuarto al que solo le interesa aprovecharse de ti y sobre todo de tu dinero, que también es el mío. Seguro que también te has liado con él. ¿Verdad?, Te lo has follado, ¿a que sí? ¡Dímelo a la cara si te atreves!-
El odio se intensifica dentro de mí. Soy un volcán en erupción, ardiente lava a punto de ser expulsada. La rabia me posee.
-He alcanzado la iluminación-
-¿Y qué es la iluminación?-
Pregunto en un murmullo mientras clavo un trozo del plato roto en su garganta, y observo cómo ella cae al suelo con miedo y angustia mientras la muerte se abalanza sobre su cuerpo inerte.

Maite BT
Grupo A


Preguntas

Un día conocí a una persona que creía en el amor.
Ayer éramos, yo, tú, y él, hoy somos nosotros.
Cuando cierras los ojos, la cabeza empieza a pensar, rasca en el corazón, y depende del estado de ánimo en que nos encontremos, la mano escribe versos alegres o tristes.
Hay que ser muy iluso, para creer en lo que no vemos.
Estar iluminado, es algo que dura un instante, lo que se tarda en apagar y encender la luz.

Luis Iglesias
Grupo B


Preguntas:

¿Qué es el amor?
Es un baño de chocolate negro y azúcar glas

¿Quiénes somos nosotros?
Un reflejo engreído de los otros

¿Qué es la poesía.?
Una flecha dirigida al corazón

¿Qué es el alma?
El almacén donde se guarda todo lo que no percibes con los sentidos.

¿Qué es iluminarse?
Sentir que el fuego está dentro de uno

Pepe Lorenzo
Grupo B


Preguntas

¿Qué es el alma?
Es la que no se ve,
pero se siente.
Es la que no se mueve,
pero hace moverte.
Es la que te llena,
pero no se vierte.
La que te envuelve
como seda transparente.

¿Qué es la poesía?
Todo aquello que:
al verlo,
escucharlo,
leerlo,
sentirlo...
Me hace vibrar.

¿Qué es el amor?
Un sentimiento,
que lleva a un comportamiento
siempre afable y cariñoso,
cuando estás al lado del amado,
o sientes su presencia

¿Quiénes somos?
Entes racionales
a la búsqueda de respuestas convincentes.

¿Qué es iluminarse?
Bañarse de luz,
para llegar a ver las cosas
como realmente son.

José Luis Fonseca
Grupo A


Respuestas inciertas

¿Qué es el amor? El amor es el aliento de la vida.
¿Quiénes somos nosotros? Somos todo y nada, según el día.
¿Qué es la poesía? La poesía es el alma de la literatura.
¿Qué es el alma? El alma es la esencia de cada uno de nosotros.
¿Qué es iluminarse? Iluminarse es alcanzar otra dimensión.

M. Maximina Moreno
Grupo B


Encuesta “Preguntas”

Después de una sesión en la que nos planteamos multitud de preguntas, me surgió la necesidad de realizar una encuesta para responder a las cinco preguntas propuestas. Después de múltiples entrevistas a una variopinta muestra de personas, el resultado es que no hay una única respuesta válida, hay una respuesta distinta por cada entrevistado. Quien responde, en cada caso lo hace influido por sus circunstancias y su pasado.
Veamos algunos ejemplos:

Un niño:

P. —¿Qué es el alma?
R. —Una cajita que tengo dentro.
P. —¿Qué es el amor?
R. —Mi mamá.
P. —¿Qué somos nosotros?
R. —Los niños.
P. —¿Qué es iluminarse?
R. —Darle a un botón 
P. —¿Qué es poesía?
R. —Lo que nos lee la maestra de un libro de color verde.

Un escéptico:

P. —¿Qué es el alma?
R. —Lo que se evapora al exprimir un cuerpo.
P. —¿Qué es el amor?
R. —Una mentira, un sueño, una sensación, una ilusión.
P. —¿Qué somos nosotros?
R. —¿Realmente existe un nosotros?
P. —¿Qué es iluminarse?
R. —Encender una bombilla para vernos mejor.
P. —¿Qué es poesía?
R. —Palabras rebuscadas que pretenden ser trascendentes.

Un poeta:

P. —¿Qué es el alma?
R. —La esencia de mi ser, el aliento de mi corazón.
P. —¿Qué es el amor?
R. —Es el todo.
P. —¿Qué somos nosotros?
R. —Es un yo compartido.
P. —¿Qué es iluminarse?
R. —Surgir la inspiración.
P. —¿Qué es poesía?
R. —Es el universo.

Un paisano:

P. —¿Qué es el alma?
R. —Vaya usted a saber.
P. —¿Qué es el amor?
R. —¿Decía?
P. —¿Qué somos nosotros?
R. —Los de mi quinta.
P. —¿Qué es iluminarse?
R. —Encender una bombilla.
P. —¿Qué es poesía?
R. —Las torrijas que hace la Conchi


Un macarra:

P. —¿Qué es el alma?
R. —Lo que te voy a partir de una h…..
P. —¿Qué es el amor?
R. —Lo que le hago yo a mi piba.
P. —¿Qué somos nosotros?
R. —Los de mi banda
P. —¿Qué es iluminarse?
R. —Lo que hace la bofia cuando pone la sirena.
P. —¿Qué es poesía?
R. —Lo que van a cantar los de la banda de los Guadalupeños cuando los pillemos.

…y así podríamos seguir con otras dos mil entrevistas más.

Manuel Medarde
Grupo A


Diario de sesión

8/06/26
La sesión de hoy me ha sorprendido. ¿Me ha sorprendido? Una sesión llena de preguntas, de posibles respuestas, de sugerencias (me gusta la palabra sugerencia ya sea referida a preguntas o a personas. De hecho, es uno de los mayores elogios que puedo hacer. ¡Es sugerente! Cuando digo eso de alguien es que tiene muchas papeletas para ser importante en mi vida. Especialmente si lo digo de una mujer, claro. Y la busco, como ahora debo buscar respuestas.

09/06/27
He dormido mal. Las preguntas no sólo me asaltan, sino que me han colonizado, ocupan todo mi tiempo. Y no encuentro respuestas que me satisfagan, que me iluminen, que aclaren asunto alguno, que me hagan mirarme al espejo con cierta chulería y decir: ¡Tío, esa sí, esa la has clavado!

A primera hora, me planteo cómo enfocar el tema. Y decido, sin necesidad de preguntarme, responder a las cuestiones de forma rápida, casi espontánea, luego las dejaré reposar un par de días y el viernes las afinaré y enviaré el resultado a Raúl.
¿Qué es el amor? "La maravillosa decepción de haberlo alcanzado"
¿La poesía? "Una desordenada explosión de sensaciones que llegan a transmitir unas palabras ¿bien ordenadas?"
¿El alma? "La inexplicable e incansable búsqueda de aquello que sabemos inexistente"
¿Iluminarse? "Ser capaz de volver a tener luz cuando se te han fundido los plomos"
¿Quiénes somos nosotros? "Motas de polvo que levantó el viento y van y vienen, y vienen y van y... "

10/06/26
He tenido tiempo de consultar, de ver qué dice Jodorowsky, incluso de aprender a escribir correctamente su nombre. Pero decido dejar mis definiciones tal como están, como párvulas respuestas. Así que le doy unos retoques.
Esta fijación me está pasando factura. Cada día me sumerjo más en este sinsentido de preguntas y respuestas, un vano intento de llegar a definiciones satisfactorias. Descanso poco y apenas como y he optado por un menú que repito tres veces al día: como entrante el cuestionario Proust, de primero viajo a la frontera con Atxaga, de segundo preguntas de Neruda y de postre, doble ración de Benjamín Prado.
Y todo lo que he conseguido se limita a ampliar la carta de preguntas:
¿En el folio que yo emborrono podrían otros haber escrito un texto sublime?
¿Esa minúscula mal escrita es un error mayúsculo?
¿Hay más filosofía en una botella de vino que en los libros?
¿Estoy en algún lado de la frontera?
¿Tienen alma los pueblos? ¿Y las ciudades?
Ese pájaro que canta ¿es una oropéndola o es Raúl de Tapia? Y, en todo caso, ¿Ha mutado voluntariamente o lo ha hecho "obligado"?
¿Habrán resuelto los autores citados las preguntas que formulan?
Estoy obsesionado. ¿Debo descansar?

12/06/26
Llevo media mañana intentando cerrar el texto. El momento más difícil. Porque mientras dura el proceso siempre queda la creencia de que lo vas a mejorar, siempre es mejorable, pero una vez que lo envías ya has perdido el control sobre él, ya no puedes aportar nada nuevo, ni corregir, ni... ni siquiera arrepentirte y no enviarlo.
Se acabó, va como está.

25/07/26
A la atención de las personas del Grupo A del Taller de Escritura Creativa:
Soy X, hijo de Nicolás. Envío este correo para informarles que mi padre falleció el pasado día 22. Llevaba tiempo en un estado de zozobra permanente. Las continuas preguntas y respuestas le habían sobrepasado. Angustiado por unas, reconcomido por las otras, planteándose cuestiones que nunca antes le habían ocupado, se hundió en un desasosiego en el que perdió su rumbo. Mi padre falleció ahogado en un mar de dudas. Seguro que ahora descansa en paz.

Nicolás Casillas
Grupo A


Respuestas

¿Qué es el amor?
La savia de un volcán
que inunda mis venas
y embebe mis pliegues
con tu dorada piel.

¿Quiénes somos nosotros?
Yo, la millonésima de una micra
tú, la brizna de un grano de arena
nosotros, gotas en un multiverso errante.

¿Qué es la poesía?
Las palabras abiertas
por las heridas de la vida
puestas a secar al sol.

¿Qué es el alma?
La balsa donde reposan
los feroces desasosiegos
y las sombrías cavilaciones
que emborrachan mi corazón.

¿Qué es iluminarse?
Brillar, alumbrar, resplandecer o relucir,
la curiosidad busca siempre esclarecerse.

Jesús García
Grupo A


Preguntas Incómodas

Qué es el amor?
Instinto.
Aquello que lleva a una madre a cuidar de su recién nacido, o eso mismo que mueve a la compasión del vivo ante el moribundo. Conmiseración, caridad. Posibilidad de sentir al otro.
Pulsión básica de vida.

Quiénes somos nosotros?
Los que estamos de éste lado.

Qué es la poesía?
La pirotecnia de la creación literaria.

Qué es alma?
Lo que se escapa del cuerpo inerte.

Qué es iluminarse?
Pagar la cuenta de la luz cada mes.

Esperanza García
Grupo A


Preguntas y respuestas

Dar un enfoque determinado a un escrito siempre es difícil, pero después de hacerme la última pregunta de esta semana, ¿cómo empiezo esta tarea?, he respondido pensando en un programa de televisión con un formato rápido y ágil llamado Plano General.
Cuando lo veo respondo a las preguntas del invitado de turno con rapidez.
Ahora me encuentro con 5 preguntas únicamente, pero si sumo a las tropecientas que llevo contestando desde el lunes, día en la que mi cabeza quedó un poco encasquillada, me genera muchas dudas.
Me estoy preguntando constantemente, creo que atacada por la “preguntitis aguda “, ¿Qué te está costando más, las preguntas de MIR de respuesta única o estás? Y ya pongo fin a la tormenta de preguntas respondiendo:
Sin duda éstas, son variadas, personales, dependen de muchas variables y además cambian por instantes
Difícil pero voy a por ellas..

¿Qué es el amor? Depende que entiende uno por amor, en sentido amplio o restringido, pero imposible vivir si él.
¿Quién somos nosotros? ¿Quiénes?
¿Qué es la poesía? Algo muy íntimo que se puede escribir o no.
¿Qué es el alma? Intimidad
¿Qué es iluminarse? Depende, para un frívolo ,ponerse un iluminador en la cara para darle luz
Poéticamente, arte de disfrutar e irradiar energía en el entorno cercano.

Carmela
Grupo A


Las cinco preguntas de Jodorowsky

¿Qué es el amor? El verdugo del ego.
¿Quiénes somos nosotros? Partículas conscientes de su propia inconsistencia.
¿Qué es la poesía? La gabardina abrochada de un exhibicionista en plena catarsis.
¿Qué es el alma? Un préstamo de vencimiento limitado y ulterior.
¿Qué es la iluminación? Algo que ya quisieran tener en Vigo por Navidades.

Calgari
Grupo A


30 preguntas para sonreír con timidez a Neruda

¿Recordarán los planetas su juventud?
¿Cuánto demora en maquillarse los ojos una Libélula?
¿Por qué el invierno ya no quiso bailar otra cueca?
¿De qué color será el corazón de un niño huérfano?
¿Acaso el silencio tendrá una enamorada secreta?
¿Por qué los limones alegres abandonaron sus juegos?
¿Sentirá rabia el color café?
¿En dónde ocultará sus tristezas la primavera?
¿El mar habrá escondido entre sus tesoros la sonrisa de los detenidos-desaparecidos?
¿Las muñequitas de cartón conocerán la vergüenza?
¿Acaso los gigantes habrán olvidado sus sueños de canicas y cerezas?
¿Para qué me pregunto por qué si el encargado de las respuestas arrancó a otro planeta?
¿Cuántos secretos alcanzará a guardar el alma de una luciérnaga?
¿Acaso olvidar es la condena de las personas felices?
¿Por qué no hay alegría envasada en los supermercados?
¿Por qué el número cuatro se ha vuelto tan impaciente?
¿Habrá algo más amoroso que una hormiga escalando los sueños?
¿Por qué las ventanas sonríen cuando nos observan de lejos?
¿Por qué el lagarto le regaló sus ojos al gato?
¿Se acabará la espera de la princesa cuando el dragón haya matado al príncipe?
¿Las morsas se habrán enamorado en secreto del sol?
¿Por qué la muerte no llora cuando le arrebatan sus hijos?
¿Cuánto deseo puede esconderse en una sandalia vieja?
¿Recordará la coliflor que alguna vez fue princesa?
¿Por qué nunca sonríen las mariposas si exhiben los vestidos más bellos?
¿Con cuánta ilusión partirá una mosca sus vuelos de astronauta ligera?
¿Los tanques habrán tenido padres ausentes?
¿Sonreirá el inmenso desierto cuando descubren sus cementerios secretos?

Sonia Micin
Grupo A

Entréme donde no supe

Esta semana dedicamos la sesión del taller de escritura creativa a conocer la poesía de San Juan de la Cruz y comprender por qué se le considera el patrono de los poetas españoles.
Comenzamos el taller escuchando algunas canciones inspiradas en poemas del Santo. Enrique Morente y Rosalía aportaron la profundidad y la fuerza del flamenco y Rubén Velázquez y Amancio Prada la sensualidad y la delicadeza de la voz y la interpretación. Recomendamos en la sesión este vídeo de un concierto en directo de Amancio Prada.



Después de acercarnos a su biografía y recorrer brevemente las circunstancias más importantes de su vida analizamos la influencia de su poesía en diferentes poetas del 27 y algunos más actuales como José Hierro y Claudio Rodríguez. Del primero aportamos a continuación el poema "Yepes cocktail", un diálogo íntimo con el poeta donde se mezcla, sin coctelera, la espiritualidad del Santo con una fiesta vacua y superficial y del segundo "Canto del despertar" en el que se advierte la mística del paisaje, seña de identidad del poeta zamorano.


Yepes cocktail

Juan de la Cruz, dime si merecía
la pena descolgarte, por la noche,
de tu prisión al Tajo, ser herido
por las palabras y las disciplinas,
soportar corazones, bocas, ojos
rigurosos, beber la soledad...

—¿Otro whisky?
La pelirroja
—caderas anchas, ojos verdes—
ofrece ginebra a un amigo.
Hombros y pechos le palpitan
en el reír. ¡Oh llama de amor viva,
que dulcemente hieres!...

Junto al embajador de China,
detrás de la cantante sueca,
el agregado militar
de Estados Unidos de América,
Juan de la Cruz bebe un licor
de luz de miel...

(Dime si merecía
la pena, Juan de Yepes, vadear
noches, llagas, olvidos, hielos, hierros,
adentrar en la nada el cuerpo, hacer
que de él nacieran las palabras vivas,
en silencio y tristeza, Juan de Yepes...
Amor, llama, palabras- poesía,
tiempo abolido... Di si merecía
la pena para esto...)

El aplaudido
autor con el puro del éxito,
la amiguita del productor
velando su pudor de nylon,
las mejillas que se aproximan
femeninamente: «Mi rouge
mancha, preciosa...» (Mancha amor
cuando en las bocas no hay amor).

(Juan de la Cruz, dime si merecía
la pena padecer con fuego y sombra,
beber los zumos de la pesadumbre,
batir la carne contra el yunque, Juan
de Yepes, para esto... Vagabundo
por el amor, y huérfano de amor...)



Canto del despertar

...y cuando salía
por toda aquella vega
ya cosa no sabía...

San Juan de la Cruz


El primer surco de hoy será mi cuerpo.
Cuando la luz impulsa desde arriba
despierta los oráculos del sueño
y me camina, y antes que al paisaje
va dándome figura. Así otra nueva
mañana. Así otra vez y antes que nadie,
aun que la brisa menos decidiera,
sintiéndose vivir, solo, a luz limpia.
Pero algún gesto hago, alguna vara
mágica tengo porque, ved, de pronto
los seres amanecen, me señalan.
Soy inocente. ¡Cómo se une todo
y en simples movimientos hasta el límite,
sí, para mi castigo: la soltura
del álamo a cualquier mirada! Puertas
con vellones de niebla por dinteles
se abren allí, pasando aquella cima.
¿Qué más sencillo que ese cabeceo
de los sembrados? ¿Qué más persuasivo
que el heno al germinar? No toco nada.
No me lavo en la tierra como el pájaro.
Sí, para mi castigo, el día nace
y hay que apartar su misma recaída
de las demás. Aquí sí es peligroso.
Ahora, en la llanada hecha de espacio,
voy a servir de blanco a lo creado.
Tibia respiración de pan reciente
me llega y así el campo eleva formas
de una aridez sublime, y un momento
después, el que se pierde entre el misterio
de un camino y el de otro menos ancho,
somos obra de lo que resucita.
Lejos estoy, qué lejos. ¿Todavía
agrio como el moral silvestre, el ritmo
de las cosas me daña? Alma del ave,
yacerás bajo cúpula de árbol.
¡Noche de intimidad lasciva, noche
de preñez sobre el mundo, noche inmensa!
Ah, nada está seguro bajo el cielo.
Nada resiste ya. Sucede cuando
mi dolor me levanta y me hace cumbre
que empiezan a ocultarse las imágenes
y a dar la mies en cada poro el acto
de su ligero crecimiento. Entonces
hay que avanzar la vida de tan limpio
como es el aire, el aire retador.


Hablamos de la estrofa preferida de San Juan de la Cruz, la lira y trabajamos con muchas de las palabras que en su poesía adquieren un valor simbólico como la "fuente", la "llama", la "noche", el "ciervo", el "Amado", o la "casa". Hicimos unos textos con monosílabos entre los que tenían que aparecen "cruz", "yo" y "luz". Trabajamos también sobre el poema "Llama de amor viva" que escuchamos en la voz de Amancio Prada y nos acercamos de manera poética al concepto de la "noche obscura".

Cerramos la sesión hablando de la parodia literaria. Y yo aporté un botón de muestra:


Cántico inspiracional
Parodia del "Cántico Espiritual"

[EL POETA]

¿Adónde te esfumaste
musa, y me dejaste tan incierto?
De pronto te largaste
como si hubieras muerto,
y yo te perseguí sin rumbo cierto.

Poetas, si la vierais
rondar furtivamente vuestro verso,
si acaso conocierais
dónde hallar su universo
decidle que en la pena sigo inmerso.

Buscando sus hechizos
iré por bibliotecas y lecturas,
cruzaré pasadizos,
recorreré espesuras,
la llamaré en la noche triste, a oscuras.

¡Oh, lúcidos poetas
tocados con su voz inspiradora!
¡Oh, artista que interpretas
lo que su alma atesora!
Decidme donde hallarla, aquí y ahora.

[RESPUESTA DE LOS POETAS Y ARTISTAS]

Mil versos inspirando
pasó por Institutos y Colegios
y, yéndolos rimando
con gracia y sortilegios
vestidos los dejó con sus arpegios.

[EL POETA]

¡Ay! ¿Quién podrá inspirarme?
Regresa un día de estos por mi fuero,
no trates de olvidarme,
te digo y soy sincero
que sin tu aliento yo escribir no quiero.

A todo el que visitas
de ti me va mil gracias refiriendo,
y a solas les recitas
con la emoción ardiendo
un no sé qué que quedan escribiendo [...]


Raúl Vacas


Propuesta de escritura

Escribe un texto con el título "Llama de amor viva" o "Noche oscura". Si te atreves con una lira mucho mejor. También puede ser un texto monosilábico.


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Cántico monosilábico

Tú, ¿quién sois vos? Yo lo sé bien.
Vas con la luz por el mar,
la miel en la sien
y la red con sal.
Tú, el fin de mi sed,
un pez tras el que huir,
un tren de diez,
la flor con la que fluir.

Yo, ¿quién soy? No lo sé bien.
Un top ten del golf,
un zar con sed,
el rey del rap o del rock,
punk o pop, qué más me da.
En el ring soy un gong.
Sin voz de un dios que fiar,
mi ser ya no ve el sol.

Yo soy el yin, tú el yang.
Tu voz en mi piel,
un vals de jazz a mil por mes,
un guion de paz en la mies,
un buen plan, un par,
nuez e hiel.

Jesús García
Grupo A


Llamada perdida
Parodia del poema "Llama de amor viva"

¡Oh, llamada perdida,
que triste aviso dejas
en mi móvil, en el contestador!
¿Qué pretendes, mi vida?
Dime por qué te alejas;
¡rompes el hilo de mi vivo amor!

¡Oh, infeliz reclamo!
¡Un ring triste! ¡Oh toque desdichado,
que el alma me despoja,
me aparta de lo que amo!
Hundiéndome. Muerte en vida me has dado.

¡Oh, te quedas el coche,
me dejas la vivienda,
con los niños y el insufrible perro,
que aúlla por la noche.
¡Ya no hay quien te comprenda!
¡Tú decides mi encierro y mi destierro!

¡Cuán amorosa y amable
te recuerdo en el lecho,
donde secretamente me buscabas!
Tu huida detestable
de ira llena mi pecho,
y mi profunda sepultura cavas!

Jesús García
Grupo A


Lira del desvelo

I

A la luz de la luna,
no hay espeso bosque que mi amor oculte.
Y no hay lecho ni cuna,
ni engaño que resulte
a este quejido que el pecho sepulte.

II

Se quiebra ya la rama,
y la noche se vuelve más oscura;
si huyes tú de mi llama
perdido en la locura.
El no tenerte a mi lado es la tortura.

Eva Hernández
Grupo A


En la noche obscura

En la noche obscura,
yo te invoco,
y solo el frío viento me responde,
enamorando las ramas y sus hojas.

Calla tu fuente,
calla tu patio,
y calla la tórtola que velaba
sobre la rama del pino solitario.

Añoro tu risa,
que aligeraba la carga de los días.
Añoro tu voz,
que encendía mis secretos deseos.

Busco tu nombre y tu tacto
en la corriente lenta de las horas,
y se me escapan
como el alba desvanece la noche.

Mas, aun ausente,
tu memoria permanece;
cual Venus escondida tras las nubes,
rige el firmamento y mi llama.

Y en sueños camino
entre silencio y esperanza,
al encuentro de tu alma,
siguiendo la luz que dejaste al partir.

E.R.A.
Grupo B


Setenta y cinco años, ciento ocho días,
son veintisiete mil quinientas noches.
Anoté cada una, a oscuras, sin guías,
a ratos medidas, con gozos, reproches.

Hubo noche fina de joven soñadora,
con cartas de tinta que olían a espera.
Juraba amor eterno, voz sincera y sonora,
bajo luna cómplice, novia y compañera.

Vinieron noches madre, vela y desvelo,
dos hijos pidiendo calor, su historia.
Y las noches docente, tiza y borrador,
cincuenta y un años sembrando euforia.

Si Sabina contó quinientas por ruina,
yo canto a miles que brillan, constelaciones.
No fue por una sola y su piel de encina,
fue por todas las noches que me hicieron persona.

Miriam García Cabrera
Grupo A


Noche oscura

En la oscuridad ciega,
el agua susurra secretamente,
mi quemazón sosiega;
te ansío, inconsciente,
sueño con tu alma ardiente.

Anhelo, dolorosa,
hundirme despacio entre tu vestido,
¡oh, qué noche dichosa!
huele a jazmín, querido,
mi luz, sal de tu cárcel del olvido.

Traspasa las fronteras,
clava tus manos en mis soledades,
abraza mis caderas,
dame tus ansiedades,
rasga las murallas con tus verdades.

Siento vibrar tu aliento,
tu sugerente voz sin artificio,
¡oh, mi amado atento!
la boca te acaricio,
por tu cuello pierdo el juicio.

Una aventura furtiva,
deseo entrelazar mi fantasía,
con tu fuente cautiva.
Pasión en armonía.
¡No quiero que llegue el alba del día!

Jesús García
Grupo A


Una oscuridad cegadora

Desde que tengo capacidad de razonar siempre me he sentido arropado, integrado y querido. No cuestionaba mi vida, era un camino que tenía que recorrer, una hoja de ruta trazada, A medida que iba creciendo, iba completando diferentes objetivos, y se desbloqueaban nuevas metas, siguiendo las señales que estaban establecidas.
La dirección y el sentido estaban marcados y yo solo tenía que seguir caminando. Un faro artificial guiaba mis pasos.
A medida que los años pasaban, comenzaban a surgir inquietudes y preguntas, que la luz me respondía señalando a mis semejantes, mostrándome cuáles eran los diferentes desvíos que podía tomar pero siempre orientados en la misma dirección. El día a día aplastaba mis inquietudes, las enterraba en quehaceres automáticos y “automatizantes”, en rutinas, obligaciones y un sin fin de “déjate-de-tonterías” que me impedían parar y reflexionar.
No recuerdo exactamente cuándo fue, pero el brillo que emitía e iluminaba mis designios, comenzó a parpadear y perder intensidad. No estaba seguro del problema, si era el filamento, la tensión eléctrica o el casquillo, pero el resplandor que emitía se fue apagando poco a poco, dando paso a una oscuridad solitaria, silenciosa, profunda, inmensa, abismal, omnipresente, que cada día ganaba más terreno. Intenté luchar contra ella, esforzándome más en mi trabajo, rodeándome de personas cercanas, amigos y familiares. Sentí que iba a ser engullido por la noche oscura del alma.
Me sentía abrumado. Mis esfuerzos eran vanos. Aunque estuviera rodeado de gente, una multitudinaria soledad se apoderaba de mi ser, de mi alma, de mí. Estaba perdido, angustiado. Corría en todas direcciones intentando rellenar un pesado vacío.
Había perdido mi lugar, mi sitio, mi sentido en la vida.
Intenté arreglar la luz artificial, el casquillo estaba perfectamente, el cable no parecía tener ningún problema, la tensión era la adecuada, y el filamento estaba en las mismas condiciones que el primer día. Me acerqué por un sinfín de almacenes en busca de otra lámpara que pudiera sustituir la que tenía, pero ninguna, incluso las más potentes, emitían luz suficiente.
Entonces comprendí que la avería no estaba en la lámpara, sino en mi mirada. Algo en mi interior había cambiado y me asustaba asomarme a la oscuridad que había en él.
Centré mi atención en mi cuerpo, abandonando malos hábitos, cuidando mi alimentación y haciendo más ejercicio. Pero el fulgor era de menor intensidad a medida que discurrían los días.
La desgana y el abatimiento se habían apoderado de mí. Las rutinarias tareas que acometía cada día suponían un esfuerzo cada vez mayor.
Una mañana me desperté demasiado pronto, aún no había amanecido. Decidí salir a dar un paseo, sin rumbo, terminé con mis pies a orillas del río. Los primeros rayos del alba impregnaban las copas de los árboles, los trinos de los pájaros estampaban notas musicales sobre el entorno. Me senté en un tronco caído, con la mirada indefinida. Al poco tiempo cerré los ojos, inhalé y exhalé suavemente mientras sentía el paso del aire a través de la garganta y de mis fosas nasales.
Una sensación de quietud, de despreocupación me inundó. Una oscuridad en calma se apoderó de mi ruidosa mente. Las preocupaciones desaparecieron. Un punto blanco, lejano, mínimo, apareció en el centro de la oscuridad. A medida que inhalaba y exhalaba, una agradable sensación rodeaba mi cabeza. El punto blanco se iba haciendo cada vez más grande, iluminando la oscuridad.
Aprecié sus bordes, distinguí su forma de llama, una llama de luz blanca impoluta. Su luz irradiaba un brillo blanco, puro, inmaculado, pero no era cegador, parecía envuelto en un manto de seda lechoso. La llama me transmitía amor. Era una llama de amor viva.
No puedo determinar cuánto tiempo estuve en ese lugar, disfrutando de ese místico momento. Pero, a partir de aquella mañana la llama me guió y acompañó alumbrando mi alma. Nunca más volví a sentirme solo, incluso cuando estaba en mitad de un monte donde no había ninguna presencia humana en kilómetros.

Max Ferlam
Grupo B


En la noche oscura

Aquella noche entré en la oscuridad como quien atraviesa una puerta invisible. No había luna ni estrellas que señalaran el camino. Todo era sombra, silencio y misterio. Recordé entonces a San Juan de la Cruz, que supo encontrar la luz precisamente cuando parecía que había desaparecido.
Mientras avanzaba, percibí un aroma difícil de nombrar. No era el perfume de ninguna flor conocida ni el olor de la tierra húmeda después de la lluvia; era una fragancia suave y profunda, como si la propia noche respirara. Cerré los ojos y sentí que aquel aroma venía de muy lejos y, al mismo tiempo, de lo más hondo de mi alma.
Seguí caminando y encontré algunas personas. Sus rostros apenas se distinguían entre las sombras. No hablaban mucho; bastaba una mirada para comprender que también buscaban algo. Cada uno llevaba su propia oscuridad, pero todos caminábamos en la misma dirección, como peregrinos de un sueño.
Entonces ocurrió algo inesperado. Sobre nuestras cabezas comenzaron a volar pájaros. Sus alas apenas se veían, pero su movimiento dibujaba señales invisibles en el aire. Parecían mensajeros de otro mundo, atravesando la noche sin miedo. Y comprendí que, aunque todo estuviera oscuro, ellos conocían el camino.
En aquel instante sentí que la noche ya no era una enemiga. El aroma misterioso, las personas silenciosas y los pájaros que volaban en la sombra formaban parte de una misma revelación. Como escribió San Juan de la Cruz, la oscuridad podía ser también una forma de luz.
Y así seguí andando, sin prisa, dejando que la noche me guiara, porque comprendí que algunas claridades solo nacen cuando los ojos dejan de buscar y el alma comienza a mirar.

Fernando Nieto
Grupo A


Tendido en la arena
observé que una estrella fugaz vino
a desterrar mi pena
mudándome así el sino
de una vida asolada por el vino

Esa luz serena
fue como el ave que al lanzar su trino
destruyó la cadena
que anclaba mi destino
Mostrándome de nuevo mi camino.

Calgari
Grupo A


Noche Inflamada

Noche inflamada, oscura. Noche que corta secretamente, con rabia, esa llama de luz hasta la muerte, hasta el encuentro más sentido, hasta Dios.
Noche del ciervo herido que balbucea tristemente el final de la vida, desde el silencio del bosque dormido.
Noche de la nada, de la que huir es buscar una muralla para el alma. Ansia esquiva, cárcel que no se deja nunca.
Noche inflamada, secreta llama de amor. 

Esperanza García
Grupo A


La noche oscura,
luna iluminando
aves en cielo.

Profunda noche,
cantos de oraciones
rompen silencio

Canto, oración,
campanas balbuciendo
buscan Su Amor

Ana
Grupo C


La noche oscura

El reloj del salón sonó seis veces. Con pereza, puso los pies en el suelo y subió la persiana. Era una noche muy oscura. Afuera estaba completamente negro. La luna no había querido mostrarse en los tres días que duraba ya la tormenta. Casi ni el sol había aparecido por los montes. La única luz que les había visitado era la de los rayos intermitentes que, con cadencia epiléptica, se descargaban en las cimas que rodeaban el pueblo. Uno de ellos iluminó todo el valle. Fue como si se hubiera hecho de día, de repente.
Daba igual. Con luz, sol, frio o calor había que atender al ganado. También había que relevar al zagal que se había quedado en la tenada para cuidarlo. El día anterior no pudo subir al prado porque el aguacero fue tan intenso, que no se atrevió a salir de casa. Hoy, hiciera lo que hiciera, tenía que cumplir con sus obligaciones.
Se vistió, desayunó unas migas, preparó una fiambrera con la comida del chaval y se calzó las botas. El suelo estaba encharcado y resbaladizo. Había que ser precavido. Una caída en el monte podía resultar definitiva, más aún con ese temporal. Y más aún con su edad. Nadie acudiría en su auxilio. Apenas quedaba gente en el pueblo y la mayoría eran ancianos. Cogió un bastón y salió al exterior. El amanecer llegaría más tarde, no antes de dos horas.
Llevaba una linterna en la cabeza para alumbrar el camino y un saco colgado a la espalda en el que había metido todo el pan sobrero de la semana. Era escaso, pero, al menos, daría para sustentar a las gallinas. A las vacas, habría que sacarlas a pastar para aprovechar la hierba mojada y dar un respiro al pienso, que cada vez era más caro y se estaba acabando.
Subía con cuidado la empinada cuesta, mirando cada paso que daba, por temor a caerse. El camino se había convertido en una torrentera. La montaña seguía escupiendo agua como si fuera un manantial, no cabía en su interior todo el que había caído. La luz de su frente empezó a parpadear. Le entró pánico al pensar que se iba a quedar a oscuras, porque, aunque conocía bien el itinerario, las condiciones del terreno eran muy peligrosas. Decidió cobijarse bajo un haya majestuoso situado cerca del camino para esperar el amanecer.
Allí lo encontró el rayo.

M. Maximina Moreno
Grupo B


En esta noche oscura,
Dios mío,
ábreme los ojos
que no veo la luz,
Y, dentro, aquí me hallo,
en este laberinto sin salida.

P.G.
Grupo C


La excursión

Camina por el sendero de las Batuecas con desgana: hoy toca excursión del Instituto. Se ha quedado rezagado. Sin querer ha metido el pie en el agua y ha tenido que descalzarse y secarse de mala manera. Con el mal humor a cuestas reemprende la marcha, deprisa, se dice, a ver si los alcanzo. El camino se enreda con zarzas y piedras. Lo que faltaba: ahora se bifurca y no hay letrero ni cartel que diga cual seguir. Le parece que el más transitado es el de la derecha y por él continúa, casi corriendo, para alcanzar a sus amigos.
La ruta le conduce a un gran edificio, con una torre. Le parece que es viejo, aunque imponente, todo de piedra. Se acerca curioso, pasa el arco y sigue hasta la puerta. Empuja y se abre. Un pasillo oscuro y al fondo luz. El silencio se respira. El aire, la vida, todo ha quedado congelado en este lugar: le parece siniestro. No sabe que hacer, mejor marcharse, piensa. De repente cree ver a alguien que se acerca. ¿Un cura? Quizás un fraile.
- ¿Qué haces aquí muchacho?, le pregunta.
- Me he perdido. La puerta estaba abierta y he entrado. ¿Qué es esto?
- Es un Monasterio, un lugar de rezo, silencio y meditación. El Monasterio de San José de las Batuecas. Y yo soy un fraile, me llamo Juan de Yepes.
- No puede ser. Juan de Yepes fue San Juan de la Cruz, eso es de hace mucho tiempo. Me lo han contado en el Instituto.
- ¿Qué te han contado?
- Que fuiste un gran poeta en tu tiempo y muy religioso; que luego te hicieron santo. Yo no logro asimilar bien esos poemas y versos tuyos que hablan del amor y del amado, siendo tu un fraile. Me han dicho que eso es la mística, pero, la verdad, yo no acabo de entenderlo. Me han recitado mucho uno que se llama “La noche oscura”.
- Precisamente es en ese poema en el que ahora estoy enfrascado, escribiendo sobre él. Vuelve de nuevo a leerlo, a sentir el roce de las palabras en tus sentidos; a tocar el silencio del poema. Y ahora tienes que marcharte y salir del convento, salvo que quieras quedarte aquí para siempre.
El fraile se alejó apenas visible, recitando: en una noche oscura con ansias de amores inflamada ... La puerta se cerró con un ruido grande.
Javi se despertó en ese momento: el móvil estaba sonando. Era la hora de ir al Instituto.

Gabriel Risco
Grupo C