Entréme donde no supe

Esta semana dedicamos la sesión del taller de escritura creativa a conocer la poesía de San Juan de la Cruz y comprender por qué se le considera el patrono de los poetas españoles.
Comenzamos el taller escuchando algunas canciones inspiradas en poemas del Santo. Enrique Morente y Rosalía aportaron la profundidad y la fuerza del flamenco y Rubén Velázquez y Amancio Prada la sensualidad y la delicadeza de la voz y la interpretación. Recomendamos en la sesión este vídeo de un concierto en directo de Amancio Prada.



Después de acercarnos a su biografía y recorrer brevemente las circunstancias más importantes de su vida analizamos la influencia de su poesía en diferentes poetas del 27 y algunos más actuales como José Hierro y Claudio Rodríguez. Del primero aportamos a continuación el poema "Yepes cocktail", un diálogo íntimo con el poeta donde se mezcla, sin coctelera, la espiritualidad del Santo con una fiesta vacua y superficial y del segundo "Canto del despertar" en el que se advierte la mística del paisaje, seña de identidad del poeta zamorano.


Yepes cocktail

Juan de la Cruz, dime si merecía
la pena descolgarte, por la noche,
de tu prisión al Tajo, ser herido
por las palabras y las disciplinas,
soportar corazones, bocas, ojos
rigurosos, beber la soledad...

—¿Otro whisky?
La pelirroja
—caderas anchas, ojos verdes—
ofrece ginebra a un amigo.
Hombros y pechos le palpitan
en el reír. ¡Oh llama de amor viva,
que dulcemente hieres!...

Junto al embajador de China,
detrás de la cantante sueca,
el agregado militar
de Estados Unidos de América,
Juan de la Cruz bebe un licor
de luz de miel...

(Dime si merecía
la pena, Juan de Yepes, vadear
noches, llagas, olvidos, hielos, hierros,
adentrar en la nada el cuerpo, hacer
que de él nacieran las palabras vivas,
en silencio y tristeza, Juan de Yepes...
Amor, llama, palabras- poesía,
tiempo abolido... Di si merecía
la pena para esto...)

El aplaudido
autor con el puro del éxito,
la amiguita del productor
velando su pudor de nylon,
las mejillas que se aproximan
femeninamente: «Mi rouge
mancha, preciosa...» (Mancha amor
cuando en las bocas no hay amor).

(Juan de la Cruz, dime si merecía
la pena padecer con fuego y sombra,
beber los zumos de la pesadumbre,
batir la carne contra el yunque, Juan
de Yepes, para esto... Vagabundo
por el amor, y huérfano de amor...)



Canto del despertar

...y cuando salía
por toda aquella vega
ya cosa no sabía...

San Juan de la Cruz


El primer surco de hoy será mi cuerpo.
Cuando la luz impulsa desde arriba
despierta los oráculos del sueño
y me camina, y antes que al paisaje
va dándome figura. Así otra nueva
mañana. Así otra vez y antes que nadie,
aun que la brisa menos decidiera,
sintiéndose vivir, solo, a luz limpia.
Pero algún gesto hago, alguna vara
mágica tengo porque, ved, de pronto
los seres amanecen, me señalan.
Soy inocente. ¡Cómo se une todo
y en simples movimientos hasta el límite,
sí, para mi castigo: la soltura
del álamo a cualquier mirada! Puertas
con vellones de niebla por dinteles
se abren allí, pasando aquella cima.
¿Qué más sencillo que ese cabeceo
de los sembrados? ¿Qué más persuasivo
que el heno al germinar? No toco nada.
No me lavo en la tierra como el pájaro.
Sí, para mi castigo, el día nace
y hay que apartar su misma recaída
de las demás. Aquí sí es peligroso.
Ahora, en la llanada hecha de espacio,
voy a servir de blanco a lo creado.
Tibia respiración de pan reciente
me llega y así el campo eleva formas
de una aridez sublime, y un momento
después, el que se pierde entre el misterio
de un camino y el de otro menos ancho,
somos obra de lo que resucita.
Lejos estoy, qué lejos. ¿Todavía
agrio como el moral silvestre, el ritmo
de las cosas me daña? Alma del ave,
yacerás bajo cúpula de árbol.
¡Noche de intimidad lasciva, noche
de preñez sobre el mundo, noche inmensa!
Ah, nada está seguro bajo el cielo.
Nada resiste ya. Sucede cuando
mi dolor me levanta y me hace cumbre
que empiezan a ocultarse las imágenes
y a dar la mies en cada poro el acto
de su ligero crecimiento. Entonces
hay que avanzar la vida de tan limpio
como es el aire, el aire retador.


Hablamos de la estrofa preferida de San Juan de la Cruz, la lira y trabajamos con muchas de las palabras que en su poesía adquieren un valor simbólico como la "fuente", la "llama", la "noche", el "ciervo", el "Amado", o la "casa". Hicimos unos textos con monosílabos entre los que tenían que aparecen "cruz", "yo" y "luz". Trabajamos también sobre el poema "Llama de amor viva" que escuchamos en la voz de Amancio Prada y nos acercamos de manera poética al concepto de la "noche obscura".

Cerramos la sesión hablando de la parodia literaria. Y yo aporté un botón de muestra:


Cántico inspiracional
Parodia del "Cántico Espiritual"

[EL POETA]

¿Adónde te esfumaste
musa, y me dejaste tan incierto?
De pronto te largaste
como si hubieras muerto,
y yo te perseguí sin rumbo cierto.

Poetas, si la vierais
rondar furtivamente vuestro verso,
si acaso conocierais
dónde hallar su universo
decidle que en la pena sigo inmerso.

Buscando sus hechizos
iré por bibliotecas y lecturas,
cruzaré pasadizos,
recorreré espesuras,
la llamaré en la noche triste, a oscuras.

¡Oh, lúcidos poetas
tocados con su voz inspiradora!
¡Oh, artista que interpretas
lo que su alma atesora!
Decidme donde hallarla, aquí y ahora.

[RESPUESTA DE LOS POETAS Y ARTISTAS]

Mil versos inspirando
pasó por Institutos y Colegios
y, yéndolos rimando
con gracia y sortilegios
vestidos los dejó con sus arpegios.

[EL POETA]

¡Ay! ¿Quién podrá inspirarme?
Regresa un día de estos por mi fuero,
no trates de olvidarme,
te digo y soy sincero
que sin tu aliento yo escribir no quiero.

A todo el que visitas
de ti me va mil gracias refiriendo,
y a solas les recitas
con la emoción ardiendo
un no sé qué que quedan escribiendo [...]


Raúl Vacas


Propuesta de escritura

Escribe un texto con el título "Llama de amor viva" o "Noche oscura". Si te atreves con una lira mucho mejor. También puede ser un texto monosilábico.


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Cántico monosilábico

Tú, ¿quién sois vos? Yo lo sé bien.
Vas con la luz por el mar,
la miel en la sien
y la red con sal.
Tú, el fin de mi sed,
un pez tras el que huir,
un tren de diez,
la flor con la que fluir.

Yo, ¿quién soy? No lo sé bien.
Un top ten del golf,
un zar con sed,
el rey del rap o del rock,
punk o pop, qué más me da.
En el ring soy un gong.
Sin voz de un dios que fiar,
mi ser ya no ve el sol.

Yo soy el yin, tú el yang.
Tu voz en mi piel,
un vals de jazz a mil por mes,
un guion de paz en la mies,
un buen plan, un par,
nuez e hiel.

Jesús García
Grupo A


Llamada perdida
Parodia del poema "Llama de amor viva"

¡Oh, llamada perdida,
que triste aviso dejas
en mi móvil, en el contestador!
¿Qué pretendes, mi vida?
Dime por qué te alejas;
¡rompes el hilo de mi vivo amor!

¡Oh, infeliz reclamo!
¡Un ring triste! ¡Oh toque desdichado,
que el alma me despoja,
me aparta de lo que amo!
Hundiéndome. Muerte en vida me has dado.

¡Oh, te quedas el coche,
me dejas la vivienda,
con los niños y el insufrible perro,
que aúlla por la noche.
¡Ya no hay quien te comprenda!
¡Tú decides mi encierro y mi destierro!

¡Cuán amorosa y amable
te recuerdo en el lecho,
donde secretamente me buscabas!
Tu huida detestable
de ira llena mi pecho,
y mi profunda sepultura cavas!

Jesús García
Grupo A


Lira del desvelo

I

A la luz de la luna,
no hay espeso bosque que mi amor oculte.
Y no hay lecho ni cuna,
ni engaño que resulte
a este quejido que el pecho sepulte.

II

Se quiebra ya la rama,
y la noche se vuelve más oscura;
si huyes tú de mi llama
perdido en la locura.
El no tenerte a mi lado es la tortura.

Eva Hernández
Grupo A


En la noche obscura

En la noche obscura,
yo te invoco,
y solo el frío viento me responde,
enamorando las ramas y sus hojas.

Calla tu fuente,
calla tu patio,
y calla la tórtola que velaba
sobre la rama del pino solitario.

Añoro tu risa,
que aligeraba la carga de los días.
Añoro tu voz,
que encendía mis secretos deseos.

Busco tu nombre y tu tacto
en la corriente lenta de las horas,
y se me escapan
como el alba desvanece la noche.

Mas, aun ausente,
tu memoria permanece;
cual Venus escondida tras las nubes,
rige el firmamento y mi llama.

Y en sueños camino
entre silencio y esperanza,
al encuentro de tu alma,
siguiendo la luz que dejaste al partir.

E.R.A.
Grupo B


Setenta y cinco años, ciento ocho días,
son veintisiete mil quinientas noches.
Anoté cada una, a oscuras, sin guías,
a ratos medidas, con gozos, reproches.

Hubo noche fina de joven soñadora,
con cartas de tinta que olían a espera.
Juraba amor eterno, voz sincera y sonora,
bajo luna cómplice, novia y compañera.

Vinieron noches madre, vela y desvelo,
dos hijos pidiendo calor, su historia.
Y las noches docente, tiza y borrador,
cincuenta y un años sembrando euforia.

Si Sabina contó quinientas por ruina,
yo canto a miles que brillan, constelaciones.
No fue por una sola y su piel de encina,
fue por todas las noches que me hicieron persona.

Miriam García Cabrera
Grupo A


Noche oscura

En la oscuridad ciega,
el agua susurra secretamente,
mi quemazón sosiega;
te ansío, inconsciente,
sueño con tu alma ardiente.

Anhelo, dolorosa,
hundirme despacio entre tu vestido,
¡oh, qué noche dichosa!
huele a jazmín, querido,
mi luz, sal de tu cárcel del olvido.

Traspasa las fronteras,
clava tus manos en mis soledades,
abraza mis caderas,
dame tus ansiedades,
rasga las murallas con tus verdades.

Siento vibrar tu aliento,
tu sugerente voz sin artificio,
¡oh, mi amado atento!
la boca te acaricio,
por tu cuello pierdo el juicio.

Una aventura furtiva,
deseo entrelazar mi fantasía,
con tu fuente cautiva.
Pasión en armonía.
¡No quiero que llegue el alba del día!

Jesús García
Grupo A


Una oscuridad cegadora

Desde que tengo capacidad de razonar siempre me he sentido arropado, integrado y querido. No cuestionaba mi vida, era un camino que tenía que recorrer, una hoja de ruta trazada, A medida que iba creciendo, iba completando diferentes objetivos, y se desbloqueaban nuevas metas, siguiendo las señales que estaban establecidas.
La dirección y el sentido estaban marcados y yo solo tenía que seguir caminando. Un faro artificial guiaba mis pasos.
A medida que los años pasaban, comenzaban a surgir inquietudes y preguntas, que la luz me respondía señalando a mis semejantes, mostrándome cuáles eran los diferentes desvíos que podía tomar pero siempre orientados en la misma dirección. El día a día aplastaba mis inquietudes, las enterraba en quehaceres automáticos y “automatizantes”, en rutinas, obligaciones y un sin fin de “déjate-de-tonterías” que me impedían parar y reflexionar.
No recuerdo exactamente cuándo fue, pero el brillo que emitía e iluminaba mis designios, comenzó a parpadear y perder intensidad. No estaba seguro del problema, si era el filamento, la tensión eléctrica o el casquillo, pero el resplandor que emitía se fue apagando poco a poco, dando paso a una oscuridad solitaria, silenciosa, profunda, inmensa, abismal, omnipresente, que cada día ganaba más terreno. Intenté luchar contra ella, esforzándome más en mi trabajo, rodeándome de personas cercanas, amigos y familiares. Sentí que iba a ser engullido por la noche oscura del alma.
Me sentía abrumado. Mis esfuerzos eran vanos. Aunque estuviera rodeado de gente, una multitudinaria soledad se apoderaba de mi ser, de mi alma, de mí. Estaba perdido, angustiado. Corría en todas direcciones intentando rellenar un pesado vacío.
Había perdido mi lugar, mi sitio, mi sentido en la vida.
Intenté arreglar la luz artificial, el casquillo estaba perfectamente, el cable no parecía tener ningún problema, la tensión era la adecuada, y el filamento estaba en las mismas condiciones que el primer día. Me acerqué por un sinfín de almacenes en busca de otra lámpara que pudiera sustituir la que tenía, pero ninguna, incluso las más potentes, emitían luz suficiente.
Entonces comprendí que la avería no estaba en la lámpara, sino en mi mirada. Algo en mi interior había cambiado y me asustaba asomarme a la oscuridad que había en él.
Centré mi atención en mi cuerpo, abandonando malos hábitos, cuidando mi alimentación y haciendo más ejercicio. Pero el fulgor era de menor intensidad a medida que discurrían los días.
La desgana y el abatimiento se habían apoderado de mí. Las rutinarias tareas que acometía cada día suponían un esfuerzo cada vez mayor.
Una mañana me desperté demasiado pronto, aún no había amanecido. Decidí salir a dar un paseo, sin rumbo, terminé con mis pies a orillas del río. Los primeros rayos del alba impregnaban las copas de los árboles, los trinos de los pájaros estampaban notas musicales sobre el entorno. Me senté en un tronco caído, con la mirada indefinida. Al poco tiempo cerré los ojos, inhalé y exhalé suavemente mientras sentía el paso del aire a través de la garganta y de mis fosas nasales.
Una sensación de quietud, de despreocupación me inundó. Una oscuridad en calma se apoderó de mi ruidosa mente. Las preocupaciones desaparecieron. Un punto blanco, lejano, mínimo, apareció en el centro de la oscuridad. A medida que inhalaba y exhalaba, una agradable sensación rodeaba mi cabeza. El punto blanco se iba haciendo cada vez más grande, iluminando la oscuridad.
Aprecié sus bordes, distinguí su forma de llama, una llama de luz blanca impoluta. Su luz irradiaba un brillo blanco, puro, inmaculado, pero no era cegador, parecía envuelto en un manto de seda lechoso. La llama me transmitía amor. Era una llama de amor viva.
No puedo determinar cuánto tiempo estuve en ese lugar, disfrutando de ese místico momento. Pero, a partir de aquella mañana la llama me guió y acompañó alumbrando mi alma. Nunca más volví a sentirme solo, incluso cuando estaba en mitad de un monte donde no había ninguna presencia humana en kilómetros.

Max Ferlam
Grupo B


En la noche oscura

Aquella noche entré en la oscuridad como quien atraviesa una puerta invisible. No había luna ni estrellas que señalaran el camino. Todo era sombra, silencio y misterio. Recordé entonces a San Juan de la Cruz, que supo encontrar la luz precisamente cuando parecía que había desaparecido.
Mientras avanzaba, percibí un aroma difícil de nombrar. No era el perfume de ninguna flor conocida ni el olor de la tierra húmeda después de la lluvia; era una fragancia suave y profunda, como si la propia noche respirara. Cerré los ojos y sentí que aquel aroma venía de muy lejos y, al mismo tiempo, de lo más hondo de mi alma.
Seguí caminando y encontré algunas personas. Sus rostros apenas se distinguían entre las sombras. No hablaban mucho; bastaba una mirada para comprender que también buscaban algo. Cada uno llevaba su propia oscuridad, pero todos caminábamos en la misma dirección, como peregrinos de un sueño.
Entonces ocurrió algo inesperado. Sobre nuestras cabezas comenzaron a volar pájaros. Sus alas apenas se veían, pero su movimiento dibujaba señales invisibles en el aire. Parecían mensajeros de otro mundo, atravesando la noche sin miedo. Y comprendí que, aunque todo estuviera oscuro, ellos conocían el camino.
En aquel instante sentí que la noche ya no era una enemiga. El aroma misterioso, las personas silenciosas y los pájaros que volaban en la sombra formaban parte de una misma revelación. Como escribió San Juan de la Cruz, la oscuridad podía ser también una forma de luz.
Y así seguí andando, sin prisa, dejando que la noche me guiara, porque comprendí que algunas claridades solo nacen cuando los ojos dejan de buscar y el alma comienza a mirar.

Fernando Nieto
Grupo A


Tendido en la arena
observé que una estrella fugaz vino
a desterrar mi pena
mudándome así el sino
de una vida asolada por el vino

Esa luz serena
fue como el ave que al lanzar su trino
destruyó la cadena
que anclaba mi destino
Logrando que volviera al buen camino.

Calgari
Grupo A


Noche Inflamada

Noche inflamada, oscura. Noche que corta secretamente, con rabia, esa llama de luz hasta la muerte, hasta el encuentro más sentido, hasta Dios.
Noche del ciervo herido que balbucea tristemente el final de la vida, desde el silencio del bosque dormido.
Noche de la nada, de la que huir es buscar una muralla para el alma. Ansia esquiva, cárcel que no se deja nunca.
Noche inflamada, secreta llama de amor. 

Esperanza García
Grupo A


La noche oscura,
luna iluminando
aves en cielo.

Profunda noche,
cantos de oraciones
rompen silencio

Canto, oración,
campanas balbuciendo
buscan Su Amor

Ana
Grupo C