Yo he estado toda la semana con el corazón en un puño y la mosca detrás de la oreja. Me tomo muy a pecho cada entrada del blog y eso me trae de cabeza. Pero me al final consigo echarme la tarea entre pecho y espalda aunque vaya con la lengua fuera.
Soy culo de mal asiento y viajo de un lado para otro, siempre voy con los pies por delante y suelo andar con pies de plomo. Pero también me gusta buscarle tres pies al gato y sacar de vez en cuando los pies del tiesto.
Recomendamos varios libros:
Como no quiero poneros la cabeza como un bombo pongo los pies en polvorosa y cierro este post con algunos de los textos que comentamos en el taller. Seguro que os abren los ojos y comprobáis que también los grandes jugaban con las frases hechas:
Ahondar en las frases hechas
Meditad preferentemente sobre las frases más vulgares, que suelen ser las más ricas en contenido. Reparad en ésta, tan cordial y benévola: «Ме alegro de verte bueno». Y en ésta, de carácter metafísico: ¿Adónde vamos a parar?». Y en estotra, tan ingenuamente blasfematoria: «Por allí nos espere muchos años». Habéis de ahondar en las frases hechas antes de pretender hacer otras mejores...
Reparad en ésta: «Abrigo la esperanza» y en la mucha miga que tiene eso de que sea la esperanza lo que se abrigue. La verdad es que todos abrigamos alguna, temerosos de que se nos hiele.
Antonio Machado. Juan de Mairena
Matar la tarde
Las cinco y cuarto todavía. Bajará. ¡Qué va a hacer! Hasta las nueve que se cena... ¡Cuánta tarde queda por matar todavía! Matar la tarde. Irla matando célula por célula, minuto por minuto, y verla cómo va perdiendo sangre, sin ningún entusiasmo tampoco por su muerte, porque es como un trabajo rutinario, de oficina, el de matar todavía. Irse llenando los dedos de la sangre de la tarde, una sangre cenicienta y templada que se escurre como arena, que ni siquiera deja mancha...
Carme Martín Gaite. El balneario
El tiempo en que las palabras eran nuevas
Ricardo Reis sonrió también, con una sonrisa más prolongada, y dijo, con mucho gusto, o cualquier frase de este tipo, que abundan, igualmente triviales, cotidianas, aunque sería lamentable perder el tiempo analizándolas, hoy están vacías ya, gastadas, sin brillo ni color, recordemos sólo cómo habrían sido dichas y oídas en sus primeros días. Será un placer. Estoy a su disposición, pequeñas declaraciones que por su osadía harían vacilar a quien las decía, y que harían estremecerse de temor y esperanza a quien las oyera, era entonces un tiempo en que las palabras eran nuevas y los sentimientos comenzaban.
José Saramago. El año de la muerte de Ricardo Reis
Tomar la palabra
Cuando el catedrático doctor Lastra tomó la palabra, ésta le zampó un mordisco de los que te dejan la mano echa moco. Al igual que más de cuatro, el doctor Lastra no sabía que para tomar la palabra hay que estar bien seguro de sujetarla por la piel del pescuezo si, por ejemplo, se trata de la palabra ola, pero que a queja hay que tomarla por las patas, mientras que asa exige pasar delicadamente los dedos por debajo como cuando se blande una tostada antes de untarle la manteca con vivaz ajetreo.
Julio Cortázar. Ultimo round
Y aquí os dejo un vídeo donde se recopilan algunas frases hechas relacionadas con la música como "soñar la flauta". Lo puedes ver en este enlace.
Propuesta de escritura
Como tenéis muchos pájaros en la cabeza, andaos con ojos y escribid un texto con frases hechas. Seguro que al leer quedamos con la boca abierta
Frases hechas
A don Francisco de Quevedo y Villegas
Les ha llegado el encargo
a mis mientes, ya maltrechas,
de escribir con frases hechas.
No me niego y, sin embargo,
me resulta un algo amargo
tener que esforzarme tanto
pues puede estropearme el canto,
¡vaya un quebranto!
Del lobo veo las orejas,
me da un brinco el corazón,
quiero cantar mi canción,
mas sin recursos me dejas.
Pero ahí voy, ¡no quiero quejas!
Habré de sacar el pecho
y empezar con pie derecho,
¡ya voy maltrecho!
Cuesta un ojo de la cara
el no morderse la lengua,
el ritmo pulsar sin mengua,
y medir bien con la vara
si el octosílabo encara
unas letrillas derechas
pues si no desaprovechas
¡las frases hechas!
Carlos Coca
Grupo C
Fortunato
Fortunato no era supersticioso: los martes y trece le pasaban desapercibidos, le resultaba indiferente el pasar por debajo de una escalera, que la sal se derramara en el mantel o cruzarse con un gato negro.
Sólo tenía una costumbre, casi una manía: levantarse con el pie derecho.Formaba parte importante de su rutina diaria,la había interiorizado tanto,que la realizaba mecánicamente.
Un viernes trece, se distrajo unos segundos observando el vuelo de una bandada de estorninos.Su pie izquierdo se cruzó por delante del derecho y ¡CATAPÚM ! Se cayó a plomo sobre la acera.
Toda su vida se fue al traste cuando vio a su pie derecho escondido dentro de una pesada y blanquísima escayola.
M.L.Fidalgo
Grupo C
Llevaba el corazón en la mano
y un día se le escapó.
Perdió la cabeza,
puso los pies en polvorosa,
y cuando se dio cuenta de que su ser
era todo corazón,
lo recogieron con los pies por delante.
Ana
Grupo C
Tener el viento de cara
El Señor X tenía el viento de cara, de tal manera que aquel recorría su rostro hasta incrustarse en cada poro de su piel. Ahí permanecía acumulado el oxígeno y el dióxido de carbono en cantidades industriales. Esto último no es una frase hecha sino un hecho literal y, por ende, auténtico. Así fue como empezaron a salir multitud de protuberancias esféricas; no los denomine usted “granitos” porque estos últimos suelen ser irregulares y los del Señor X eran perfectamente simétricas y homogéneas en cuanto a tamaño. Podría decirse que eran incrustaciones que se hinchan a velocidad constante, al igual que las garrapatas adheridas a la piel mientras están chupando sangre. Eso precisamente es lo que pensó el Doctor cuando el Señor X acudió a verle protestando lacrimosamente por su aspecto tan peculiar de pelota de goma antiestrés con cuatro pelos mal puestos y unas gafas colgando. Cuál fue la sorpresa del doctor cuando fue a extirpar uno de aquellos granitos porosos y lo explotó al momento dejando una ligera estela ruidosa, como un “plof” sutil y agudo.
—Vaya, — pensó el doctor, —en realidad tiene la cara como un envoltorio de papel de burbujas. —
Y con gran placer se dedicó a clavar sutilmente su la uña del dedo meñique de la mano izquierda en cada protuberancia hasta que explotara dejando una diminuta muesca de piel en el rostro. Se sucedieron las horas realizando el Doctor tal tediosa tarea en la cabeza del inconsolable e irreconocible Señor X. Sin embargo, a pesar del sufrimiento del primero, que no paraba de lamentarse porque ahora la gente con la que se encontraba no podía evitar asirle la mano a la cabeza hasta estrujarle el cerebro, para el Doctor constituyó un momento de auténtico placer. Sin duda estaba recordando con inmensa añoranza, o tremenda morriña, según lo que usted considere, aquellas tardes de infancia en las cuales machacaba sin ton ni son las innumerables burbujas de los envoltorios que encontraba en el almacén de su padre, responsable por aquel tiempo de una empresa de reparto y envío por correo de figuritas de bailarinas cursis de porcelana.
Maite BT
Grupo C
Todo se pega
Te he dicho que no, no de no. Gritaba la Virtudes en mitad de la calle: a ti te la pegará pero yo lo tengo capiscao. Parece tonto, que no se entera de lo que vale un peine, pero en cuanto te das la vuelta, te la juega. Y luego está su mujer, que no le pega nada, que no dice nunca esta boca es mía, pero que sabe lo que hay que saber para atender un negocio como el suyo que no es moco de pavo. En fin, que no tengo por qué aguantar al cabeza chorlito de su sobrino que las arma como Amancio. Espero que el pegamento se quite…si no se van a enterar.
Y, ya más bajo, le dijo a la Pilar: ese chico ha salido a su abuelo, un viejo tordo, no te dejes tomar el pelo... Ella da el pego pero él… agüita con él. Ándate con cuidao, y salió disparada. Una pareja de urracas la sobrevoló.
Araceli Sebastián
Grupo C
Darle un brinco al corazón
Sintió que su corazón hacía toc, toc. O, ¿Era el tic, tac del paso del tiempo?. Acababa de despertar en aquella sala, donde la luz sonaba acompasada y los sonidos se veían en luminosos monitores. Sus dedos tocaron un infinito hilo transparente y recordó que en un momento del pasado, algo sucedió en su interior, una desconexión unida a un ahogo. Mientras Carol huía entre lágrimas.
Diez días entre tinieblas, y su corazón dio un hermoso brinco. Estaba seguro de que eran sus ojos.
GuADAlupe
Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora
Frases hechas
A don Francisco de Quevedo y Villegas
Les ha llegado el encargo
a mis mientes, ya maltrechas,
de escribir con frases hechas.
No me niego y, sin embargo,
me resulta un algo amargo
tener que esforzarme tanto
pues puede estropearme el canto,
¡vaya un quebranto!
Del lobo veo las orejas,
me da un brinco el corazón,
quiero cantar mi canción,
mas sin recursos me dejas.
Pero ahí voy, ¡no quiero quejas!
Habré de sacar el pecho
y empezar con pie derecho,
¡ya voy maltrecho!
Cuesta un ojo de la cara
el no morderse la lengua,
el ritmo pulsar sin mengua,
y medir bien con la vara
si el octosílabo encara
unas letrillas derechas
pues si no desaprovechas
¡las frases hechas!
Carlos Coca
Grupo C
Fortunato
Fortunato no era supersticioso: los martes y trece le pasaban desapercibidos, le resultaba indiferente el pasar por debajo de una escalera, que la sal se derramara en el mantel o cruzarse con un gato negro.
Sólo tenía una costumbre, casi una manía: levantarse con el pie derecho.Formaba parte importante de su rutina diaria,la había interiorizado tanto,que la realizaba mecánicamente.
Un viernes trece, se distrajo unos segundos observando el vuelo de una bandada de estorninos.Su pie izquierdo se cruzó por delante del derecho y ¡CATAPÚM ! Se cayó a plomo sobre la acera.
Toda su vida se fue al traste cuando vio a su pie derecho escondido dentro de una pesada y blanquísima escayola.
M.L.Fidalgo
Grupo C
Llevaba el corazón en la mano
y un día se le escapó.
Perdió la cabeza,
puso los pies en polvorosa,
y cuando se dio cuenta de que su ser
era todo corazón,
lo recogieron con los pies por delante.
Ana
Grupo C
Tener el viento de cara
El Señor X tenía el viento de cara, de tal manera que aquel recorría su rostro hasta incrustarse en cada poro de su piel. Ahí permanecía acumulado el oxígeno y el dióxido de carbono en cantidades industriales. Esto último no es una frase hecha sino un hecho literal y, por ende, auténtico. Así fue como empezaron a salir multitud de protuberancias esféricas; no los denomine usted “granitos” porque estos últimos suelen ser irregulares y los del Señor X eran perfectamente simétricas y homogéneas en cuanto a tamaño. Podría decirse que eran incrustaciones que se hinchan a velocidad constante, al igual que las garrapatas adheridas a la piel mientras están chupando sangre. Eso precisamente es lo que pensó el Doctor cuando el Señor X acudió a verle protestando lacrimosamente por su aspecto tan peculiar de pelota de goma antiestrés con cuatro pelos mal puestos y unas gafas colgando. Cuál fue la sorpresa del doctor cuando fue a extirpar uno de aquellos granitos porosos y lo explotó al momento dejando una ligera estela ruidosa, como un “plof” sutil y agudo.
—Vaya, — pensó el doctor, —en realidad tiene la cara como un envoltorio de papel de burbujas. —
Y con gran placer se dedicó a clavar sutilmente su la uña del dedo meñique de la mano izquierda en cada protuberancia hasta que explotara dejando una diminuta muesca de piel en el rostro. Se sucedieron las horas realizando el Doctor tal tediosa tarea en la cabeza del inconsolable e irreconocible Señor X. Sin embargo, a pesar del sufrimiento del primero, que no paraba de lamentarse porque ahora la gente con la que se encontraba no podía evitar asirle la mano a la cabeza hasta estrujarle el cerebro, para el Doctor constituyó un momento de auténtico placer. Sin duda estaba recordando con inmensa añoranza, o tremenda morriña, según lo que usted considere, aquellas tardes de infancia en las cuales machacaba sin ton ni son las innumerables burbujas de los envoltorios que encontraba en el almacén de su padre, responsable por aquel tiempo de una empresa de reparto y envío por correo de figuritas de bailarinas cursis de porcelana.
Maite BT
Grupo C
Todo se pega
Te he dicho que no, no de no. Gritaba la Virtudes en mitad de la calle: a ti te la pegará pero yo lo tengo capiscao. Parece tonto, que no se entera de lo que vale un peine, pero en cuanto te das la vuelta, te la juega. Y luego está su mujer, que no le pega nada, que no dice nunca esta boca es mía, pero que sabe lo que hay que saber para atender un negocio como el suyo que no es moco de pavo. En fin, que no tengo por qué aguantar al cabeza chorlito de su sobrino que las arma como Amancio. Espero que el pegamento se quite…si no se van a enterar.
Y, ya más bajo, le dijo a la Pilar: ese chico ha salido a su abuelo, un viejo tordo, no te dejes tomar el pelo... Ella da el pego pero él… agüita con él. Ándate con cuidao, y salió disparada. Una pareja de urracas la sobrevoló.
Araceli Sebastián
Grupo C
Darle un brinco al corazón
Sintió que su corazón hacía toc, toc. O, ¿Era el tic, tac del paso del tiempo?. Acababa de despertar en aquella sala, donde la luz sonaba acompasada y los sonidos se veían en luminosos monitores. Sus dedos tocaron un infinito hilo transparente y recordó que en un momento del pasado, algo sucedió en su interior, una desconexión unida a un ahogo. Mientras Carol huía entre lágrimas.
Diez días entre tinieblas, y su corazón dio un hermoso brinco. Estaba seguro de que eran sus ojos.
GuADAlupe
Grupo C



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