Ulises revisited

Decía Rafael Amor que desde Homero los poetas siguen con su propia odisea. Y como nos gustan los viajes y el riesgo esta semana dedicamos la sesión del taller de escritura creativa a la Odisea.
Tomamos como referencia la versión liberada de la editorial Blackie Books: Odisea. Una traducción de Miguel Temprano hecha a partir de la traducción en prosa que Samuel Bluter hizo al inglés y que fue destacada por Borges como la "más fiel de las versiones homéricas". Este espléndida edición está ilustrada por Calpurnio, el inventor de las tiras de Cuttlas.




Un buen resumen del regreso de Ulises a Ítaca lo hace Javier Krae en las canción "Como Ulises" cuya letra aparece en esta edición, junto a otros textos que dialogan, parodian o recrean a algún personaje de la Odisea o algunos de sus pasajes. Os ofrecemos aquí el texto de Augusto Monterroso titulado "La tela de Penélope o quién engaña a quién" incluída también en la Odisea de Blackie Books:

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada

A continuación mostramos algunos microrrelatos inspirados en la Odisea firmados por Julio Torri (A Circe), Rafael Pérez Estrada (Sirena negra), por Javier Perucho (Penelopeana) y por Ana María Shúa (Como Ulises)


A Circe

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.
¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

Sirena negra
En las alcantarillas y cloacas de New York, entre caimanes y cocodrilos hechos a la noche perpetua de las humedades, vive, en peno siglo XX, la más hermosa de las sirenas. Nacida de una mitología en la que el poder, la acción y la aventura juegan un papel muy importante, la sirena negra profundiza el gran silencio de la ciudad. Sus ojos brillan blues y sus caderas balancean el calor de una caricia imposible. De igual manera que sus hermanas de la Grecia antigua, gozan de un canto sensual muy convincente que atrae a los solitarios a sus trampas cónicas como las de las hormigas leonas. Satisfecho el rito de la muerte, estos seres lanzan gritos de desesperación y locura, palabras en apariencia inconexas que, sin embargo, hablan de una luna que ellas nunca verán, de un planeta distante que orienta las horas del amor a quienes lo contemplan.

Penelopeana
Ese Ulises, ¿creía el inocente que cada vez que se embarcaba me iba a quedar así, sola y sin atrevimientos, sin nadie que pastara entre mis humedales? Si lo vi, cuántas veces, retozando con las nínfulas en las alcobas de palacio. ¿Habrá pensado que me quedaba en la baranda solicitando el ocaso mientras tejía? Naturalmente, a mí también me acompañaba en la mañana un mancebo de barba florida, quien durante las tardes ramoneaba el tiempo entre el vértice de mis muslos y por las noches sin luna fisgoneando por mis oquedades. Ay, Ulises, yo también penelopeaba mientras plañía tu ausencia.

Como Ulises
Como Ulises, un hombre vuelve de la guerra, o de la cárcel, o del destierro. Han pasado veinte años. Sus ojos son distintos. Un golpe le ha quebrado la nariz. Ahora se parece un poco a Kirk Douglas, aunque su pelo es ralo y casi blanco y los harapos cuelgan de su cuerpo sin ninguna gracia. Todos lo reconocen perfectamente pero disimulan, menos el tonto de su perro, que vuelve a recibir una de aquellas épicas patadas.


La versión liberada de la Odisea de Blackie Books incluye también parte del libro "Penélope y las doce criadas" de Margaret Atwood. Aquí lo podéis escuchar:


Y aquí dejamos un fragmento del primer capítulo, titulado "Un arte menor" en el que Atwood presta su voz a Penélope y deja clara su intención de hacerse oír:

“Ahora que estoy muerte lo sé todo”, esperaba poder decir, pero como tanto otros de mis deseos, este no se hizo realidad. Solo sé unas cuantas patrañas que antes no sabía. Huelga decir que la muerte es un precio demasiado alto para la satisfacción de la curiosidad.
Desde que estoy muerta –desde que alcancé ese estado en que no existen huesos, labios, pechos-, me he enterado de algunas cosas que preferiría no saber, como ocurre cuando escuchas pegado a una ventana o cuando abres una carta dirigida a otra persona. ¿Creéis que os gustaría poder leerle el pensamiento a la gente? Pensadlo dos veces.
Aquí abajo todo el mundo llega con un saco (odre), como los que se usan para guardar los vientos, pero cada uno de esos sacos está lleno de palabras: palabras que has dicho, palabras que has oído, palabras que se han dicho sobre ti. Algunos sacos son muy pequeños, y otros son enormes; el mío es de tamaño mediano, aunque muchas de las palabras que contiene se refieren a mi ilustre esposo. Cómo me engañó, dicen algunos. Esa era una de sus especialidades: engañar a la gente. Siempre se salía con la suya. Otra de sus especialidades era escabullirse.
Era sumamente convincente. Muchos han creído que detenerse a contar con rigor el número de asesinatos, de seductoras beldades, de monstruos de un solo ojo. Hasta yo le creía, a veces. Sabía que mi esposo era astuto y mentiroso, pero no pensaba que me hiciera trampas ni que me contara mentiras a mí. ¿Acaso no había sido yo fiel?¿No había esperado y seguido esperando pese a la tentación –casi la obligación- de hacer lo contrario? Y ¿en qué me convertí cuando ganó terreno la versión oficial? En una leyenda edificante. En un palo que se usaba para pegar a las mujeres. ¿Por qué no podían ellas ser tan consideradas, tan dignas de confianza, tan sacrificadas como yo? Esa fue la interpretación que eligieron los rapsodos, los recitadores de historias. “No sigáis mi ejemplo”, me gustaría gritaros al oído. ¡Sí, a vosotras! Pero cuando intento gritar, parezco una lechuza. […]

Y os dejamos, por último con una parodia de los Simpson sobre la Odisea:



Propuesta de escritura

La propuesta de escritura fue doble. Durante el taller jugamos a escribir todo tipo de historias a partir de los titulares del "Odisea Times"

Telémaco abre una empresa de patés de cisne

Nausícaa, princesa feacia, nueva Miss Universo

Polifemo visita al oftalmólogo

Marisquería Poseidón. Especialidad “Coca de raya”

Circe abre una charcutería

El ordenador de Ulises se llena de troyanos

Aquiles cobra un talón bancario.

Penélope pierde su bolso de piel marrón

“Liquidación final”, Penélope cierra su boutique de sudarios

La Odisea sin hecatombes (para veganos y animalistas)

Penélope chatea con sus criadas.

El Orfeón de Ítaca contrata a diez sirenas

Tiresias es despedido de la ONCE

Jóvenes feacios intentan ligar en Tinder

Huelga en los astilleros de Ítaca

Ulises vence a Guillermo Tell en la final de los Juegos. Robin Hood medalla de bronce.

Pillan a Ulises con LSD en la discoteca “Lotófagos”

Ulises pasa junto a un incendio y se queda extasiado ante las sirenas de los bomberos

Nadie conoce a Nadie

CALIPSO, VENDEDORA DE SUEÑOS; jarabe de inmortalidad, elixir de la nueva juventud. 687965234


Y para casa propusimos escribir sobre una odisea actual (y si además implica un viaje mejor)

Estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


TROYA

Yo. El cielo, la tierra, el mar, el aire, el fuego, yo. Yo soy. Y el rojo, el azul, el amarillo, el verde, y mi color. Yo estoy. Y el águila, el león, el elefante, la ballena, el canguro. Yo hago. Subir, bajar, ir, venir, saltar, respirar. Yo tengo. Mi lápiz, mi ropa, mi reloj, mi anillo, mis gafas. Yo siento. Amor, alegría, odio, tristeza, envidia, expectación, conmoción, ardor, angustia, anhelo, ansia. Yo deseo. Tranquilidad, paz, sosiego, emoción, guerra. ¡Guerra! Yo, yo soy, estoy, tengo, siento, ¡deseo la guerra! ¡Aquí está mi guerra, aquí! Aquí estoy yo solo, enhiesto sobre la superficie de este papel, bajo un sol artificial que proyecta mi sombra sobre los renglones escritos mientras contemplo con estupor las inexpugnables murallas de mi particular Troya: cada obra que me apresto a crear y que nunca sé por dónde empezar a atacar. Yo pienso. Y busco un caballo en forma de idea con el que engañar a mi impotencia. ¡Una palabra! ¡Mi reino por una palabra! ¿Dónde estás musa? ¿Por qué me has abandonado? Yo vacilo. Y flirteo con la tentación de rehuir la lucha. ¡Escribe sobre otra cosa, la que tú quieras, elige! ¿Por qué una Odisea y no otra cosa? Pero ahí está: Troya. Y sin embargo, se me resbala el valor entre patéticos resoplidos y me zafo por momentos del destino que me está llamando, sumergido en entretenimientos mentales vacuos, que voy consumiendo, uno detrás de otro, como quien ingiere un bote de pastillas… hasta que se acaban, y entonces ahí están otra vez: las murallas de Troya. Y yo, solo otra vez. Miro a la izquierda del folio, y ahora a la derecha. No hay caballo, no hay palabra, no hay idea. Hay Troya. Troya y yo. Pero aprieto el puño y aprieto el bolígrafo y me lanzo con todo contra Troya porque…, porque…, porque no soy un cobarde, porque la gloria está allí, precisamente allí, y solo allí, al abrigo de aquellas magníficas murallas, porque no soportaría la frustración de la derrota, porque la mediocridad es mala pero la nada es peor, porque la musa acude en tu ayuda cuando estás en marcha, porque el vértigo de los latigazos creativos sorprende escalando las torres más altas, porque el reposo después de la victoria es redondo y completo, porque esa misma victoria insufla confianza para aspirar a metas más altas, porque grito, y lloro, y suspiro, y rechino los dientes, y se me seca la lengua, y me río, y me explota la cabeza, y me enardezco, porque armado con mi bolígrafo soy yo y solo yo…, porque yo también soy Ulises.

Óscar Martín
Grupo A


La Odisea de la Renta

Penélope tiene ochenta años. Nunca ha hecho la Renta porque sus ingresos no superan los mínimos establecidos por el gobierno. Recientemente solicitó la apertura de un expediente de reconocimiento de dependencia para proteger su ancianidad y, mira por dónde, le reclamaron los resultados de las declaraciones anteriores para proseguir con la tramitación.

Incapaz de meterse en internet, un mundo cibernético en el que no sólo está perdida, sino muerta antes de tiempo, me pidió ayuda para subsanar esa carencia. A ella lo que le gusta es hacer punto y algún que otro dulce, pero nada que tenga que ver con ordenadores, teléfonos o tabletas. Yo, como Ulises, me negué en un principio a acudir en su auxilio porque intuía que la campaña me iba a salir cara, no en dinero, pero sí en esfuerzo, como así ha sido. Pero, finalmente me compadecí de su indefensión, cedí al chantaje emocional y me embarqué rumbo a la batalla.

Nada más abrir la página de la Agencia Tributaria caigo en la caverna de Polifemo, donde el ojo que todo lo ve, pero aparenta que no ve nada, me pone la primera prueba:

–¿tiene clave permanente, pin o certificado digital?

– Pues no, no lo tiene.

–¿Cómo hago para obtener esa herramienta para una persona que no soy yo? –, pregunto.

La respuesta es muy clara: – No, señor, no puede. Estas contraseñas son personales e intransferibles.

Entonces, iluso de mí, se me ocurre que tal vez ellos, es decir los funcionarios de la Agencia la van a ayudar en su cometido. ¡Pues no! Cicones, lotófagos y cíclopes se alían contra mí. No me queda más remedio que suplantar la personalidad de mi amiga y solicitar la acreditación correspondiente.

Días más tarde Correos, cual si fuese Eolo, envía la documentación que me abrirá las puertas de la aplicación estatal. Tras no pocos intentos de volcar los datos en el borrador de la Renta, la web se queda colgada como si hubiese sucumbido a la hechicera Circe. Y a partir de ese momento desciendo al Inframundo. No obstante, la Agencia Tributaria emite un recibo que se corresponde con los resultados del borrador interruptus, que fue abonado religiosamente, pensando que el fallo informático se había subsanado. ¡Craso error!, puesto que al solicitar una copia de esa declaración el gran Polifemo niega que obre en su poder. Intento desoír los cantos enloquecedores de tales sirenas, pero Zeus siempre gana y tuve que hacer una reclamación oficial para que se reconocieran tales circunstancias. Sin éxito alguno.

De nuevo en ruta me presento con la interesada en la sede de la delegación con toda la documentación posible para demostrar la buena fe y el buen hacer. Yo pensaba que con el pantallazo del borrador y el recibo bancario se probaría claramente el buen obrar de la contribuyente. Pero no. Tampoco así era posible. Visiblemente irritado pregunto por qué no han dado respuesta a mi reclamación y, para mi sorpresa, me advierten de que tengo una notificación pendiente de recoger. ¿Cómo es posible?, me pregunto. Pues porque el certificado ha llegado a un domicilio fiscal distinto al actual.

Y así me encuentro en la isla de la ninfa Calipso, de ventanilla en ventanilla pidiendo el cambio de domicilio fiscal, la entrega de las notificaciones pendientes, el registro de la aceptación del recargo por demora y las instrucciones para hacer de nuevo la declaración ya presentada, pero no recibida. Eso sí, con muy buenos modos y una sonrisa en la cara, por si acaso.

Inicio el viaje de regreso con la seguridad de que no será rápido ni placentero. Debo repetir todo el camino anterior con la incertidumbre de si esta vez tendré la suerte de que la nave llegue a buen puerto. Y en este punto, no estoy tan de acuerdo con Kavafis cuando pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. En esta ocasión, y sin que sirva de precedente, deseo llegar a Ítaca lo antes posible y, a poder ser, ileso.

No sé si Penélope seguirá esperando mi llegada con un cafetito y un bizcocho. A lo mejor también me ha hecho una puntilla de ganchillo, pero me da igual. De lo que estoy seguro es que la renta del próximo año se la hará un lestrigón, un gestor, o el mismísimo Telémaco, que sabrá más que yo de informática y de computadoras.

M. Maximina Moreno
Grupo B


“Nadie conoce a Nadie”

Ulises vuelve a Ítaca surcando los mares y arrostrando grandes peligros. En medio del océano descubre, viniendo hacia su barco, una especie de cetáceo enorme con brillos metálicos, que le recuerda su reciente aventura con el gigante Polifemo. Cuando se dan alcance un extraño hombre surge del ojo del cíclope de acero.

- ¿Cuál es tu nombre?, pregunta a Ulises. A lo que nuestro héroe responde: -Nadie, mi nombre es Nadie. Eso cuando voy de incógnito; mi nombre artístico, el que corre de boca en boca en la gran Epopeya de la Odisea es Ulises.

-Ah, pues a ti te quería yo ver, tocayo. Mi nombre es Nemo, capitán Nemo. Y traigo algo para ti.

Se abre una compuerta del leviatán marino y Ulises puede ver el viejo telar de su amada Penélope.

-Me dijo tu señora que te lo entregara, caso de encontrarte por esos mares de Zeus. Que se ha cansado de esperar tu amor y se ha pasado al polidesamor con todos sus pretendientes al completo. Menuda bacanal tienen preparada, Ulises, y ya te digo que sin organización ninguna. Hasta el joven Telémaco está metido en el follón. Acepta mi consejo, Uli, o Nadie, como prefieras, no vuelvas porque sería una hecatombe.

Ulises, que estaba en el puente de mando acompañado de su perrita faldera Circe -se les había unido al pasar por la isla de las sirenas porque no podía aguantar aquella murga- y ya era conocido por su conciencia ecológica, que le llevaba a matar bueyes a diestro y siniestro por sus emisiones de metano tan dañinas para el calentamiento global y el cambio climático (aparte de que a la brasa daban unos solomillos imbatibles al punto, aunque sobre esto último hay bastante polémica) contestó:

-Volveré, capitán Nemo, porque he de ser fiel al destino que ha dispuesto mi creador, Homero el hijoputa, que así le llamo por los apuros que me ha hecho pasar. Me ha hecho sudar tinta, y lo que aún me queda hasta que inventen el libro electrónico. Pero volveré, amigo Nemo, llegaré de incógnito cuando estén más descuidados preparando la fiesta, y una cosa te puedo asegurar sin temor a equivocarme: Nadie participará en la orgía.
 
Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


PENÉLOPE PIERDE SU BOLSO DE PIEL MARRÓN

La reina Penélope presentó ayer en comisaría una denuncia por la desaparición de su bolso de piel marrón. En la declaración aseguró haberlo echado en falta durante la recepción al príncipe de Troya, después de saludar a Helena, la acompañante del mandatario.
Telémaco, jefe de la Casa del Rey, asegura que los agentes han recibido toda la información disponible sobre el acto, tanto del protocolo como de los invitados, así como una grabación con todo lo ocurrido en el cóctel. En dicha cinta se distingue claramente cómo una mujer sin identificar lo deja caer en la piscina y que las sirenas se lo pasan de mano en mano hasta entregárselo a la ninfa Calipso.
La policía, por su parte, ha emitido un comunicado en el que insiste en la enorme dificultad para conseguir manifestaciones de los testigos, la mayoría de los cuales goza de inmunidad diplomática. El texto aclara también que las imágenes de video no prueban fehacientemente quién o quiénes son los autores, y que aún queda por descubrir el móvil del delito.
Fuentes de Palacio aseguran que en la sala del trono aparecieron un gallo y una tortuga, Nadie ha podido saber cómo han llegado hasta allí. Este hallazgo es un claro indicio de hacia qué rumbo se dirigen las pesquisas.
El bolso de piel marrón es un Kelly, una obra del fabricante de artículos de lujo y alta costura, Hermés, quien le dio a esta pieza el nombre de la actriz estadounidense y princesa monegasca Grace Kelly. Se da la circunstancia que Hermés, conocido como el Dios ladrón en la mitología griega tiene como símbolos representativos el gallo y la tortuga.
La reina Penélope, ofrece una recompensa a quien devuelva tan preciado objeto. En su interior se guardan las agujas con las que Su Majestad teje cada día las prendas de punto de su amado Ulises.

M. Maximina Moreno
Grupo B


PENÉLOPE PIERDE SU BOLSO DE PIEL MARRÓN

Tarde de noviembre. Las horas se hacen largas y los días del mes trascienden sin ninguna novedad que pueda hacer creer en el posible regreso de Ulises. Penélope camina entre los árboles aún vestidos con los colores de la estación y se sienta, durante un corto espacio de tiempo sobre las hojas que se desprenden y caen, momento en el que se queda dormida. Sueña con bosques de hayas en la lejana Iberia y ese sueño le permite oler el perfume de aquel imaginado lugar. Despierta en el instante en que las gotas de la inesperada lluvia serpentean sobre sus ropas y su cara.

La casa es el refugio de su soledad aletargada frente a la chimenea, donde, una noche más, deshará todo lo que tejió durante la mañana y la tarde de ese día con ayuda de una lente que acerca a sus ojos. Cuarenta y tres estaciones como ésta sobre su piel, la vista cansada mucho más aún que su cuerpo, es motivo suficiente por el que aceptó hace ya un tiempo, el pequeño artilugio que un conocido le regaló y con el que quiso conquistarla, sin mucho éxito. En aquel momento, recordó el lugar donde crecían las hayas, allá en la imaginada y lejana Iberia, y un escalofrío recorrió todo su cuerpo al saber que tal vez Ulises pudiera estar allí, sin saber encontrar el camino de regreso a Ítaca. Buscó su bolso de piel confeccionado con aquella particular piel marrón de cabra vieja que consiguió Telémaco para ella. Dentro iba su lente y, aquella larga tarde de otoño en la que todo pareció haberse detenido, se desvaneció frente a la chimenea como el ascua que se extingue dejando el rastro de un leve haz de luz, un brote de humo, una ceniza que permite recordar aquello que estuvo y ya no existe. Penélope durmió intentando recordar dónde había dejado olvidado su bolso para enviar a Telémaco a por él con la primera luz. Una vez recuperado con todo su contenido, se sentía con ganas de comenzar a tejer la que sería la alfombra de color de otoño que cubriría su pensamiento, su casa, su jardín, el camino hacia el acantilado…,...,...,...,...,...,...

Naila


Odisea 2021

Un discreto gorjeo en su móvil avisa a Uli de la entrada de un tuit. Se deja enredar en un hilo de mensajes hasta que alguien lo incita a entrar en Metaverso. Levanta la mirada y comprueba que Pen, sentada frente a él, está absorta en la pantalla de su teléfono tecleando a toda velocidad. Él se decide entonces a crear un avatar que llama Ulixes. Pocos segundos después recibe una invitación a abordar un barco. Cierra un momento los ojos para disfrutar de la brisa en su mejilla y cuando los abre se encuentra junto a él a una rubia de sinuosas curvas. Se presenta como Circe y no le cuesta arrastrarlo hacia la proa de la nave. La mujer se coloca frente al mar y deja que su pelo ondee al viento. Él acerca sus dedos a la sedosa cabellera y en el momento en que va a tocarlos siente una poderosa mano atenazando su muñeca.

­–¿Otro cerdo? –­pregunta el enorme mastuerzo que ha aparecido junto a él.

–¡Así es, Polifemo! –responde indolente la otra apuntando su dedo hacia el mar.

Sin tiempo de reaccionar Ulixes se ve izado en alto y lanzado al océano.

Cuando bajo las aguas se frena su caída aparece ante él una sirena.

–Soy Caribis –le anuncia y, sin más, le arrastra a las profundidades.

Guiado por la ninfa recorre abismos, arenales, cuevas y arrecifes de corales. Allí se topa con otros personajes que le someten a pruebas crueles. Pelea con lestrigones y cíclopes, recibe las maldiciones de Tiresias y sufre la furia de Poseidón. Escapa de todos ellos haciendo uso de su astucia, aunque vuelve a caer en las redes de otra mujer, Calipso. Y esta vez, cansado de tantos peligros, encuentra entre sus brazos la paz y la dicha. Siente el deseo de quedarse para siempre junto a ella, pero entonces su cuerpo comienza a revolverse y agitarse violentamente.

–¡Uli! ¡Uli! ¡Vuelve! –Es Pen la que está sacudiéndole–. Te sumerges en tu móvil y no te enteras si han pasado veinte minutos o veinte años.

–¡Ah!... Ya… –articula aún confuso–. ¿Qué hacías tú?

–Navegando por Tinder. Las brujas de mis amigas me han abierto un perfil sin yo saberlo.

–¿Tinder?

–Sí, Una web de contactos. Mira –dice mostrándole su aparato­–, me hago llamar Penélope y ya tengo siete pretendientes.

–¿Siete? ¿Y los has aceptado?

–Bueno… como estabas tan abstraído los he estado entreteniendo tejiendo y destejiendo embustes.

–Pues a pesar de tus enredos veo que siguen insistiendo.

–No te preocupes, que tú eres mi arquero preferido –le susurra melosa acariciándole la cicatriz–. Ahora mismo los borro del mapa.

Pepe Lorenzo
Grupo B


Una odisea en Alemania

Camino de Berlín por una de esas autopistas maravillosas alemanas sin límite de velocidad, decidí adelantar a un camión, un "vehículo Longo", uno de esos que nunca terminas de sobrepasar. Cuando iba por la mitad, cuando me quedaba casi medio camión por pasar, vi que se nos venía encima, mi compañero del asiento delantero lo vio venir como yo, y de forma instintiva hizo un gesto de protección con los brazos, yo vi que nos aplastaba, y en un acto reflejo apreté a fondo el acelerador, consiguiendo adelantarlo justo antes de que ocupase totalmente el lado izquierdo de la carretera. Nos hubiese aplastado. Mirando por el retrovisor, comprobé que antes de llegar a los quitamiedos de la mediana, consiguió enderezar el rumbo y volvió a su derecha. El corazón casi se nos sale por la boca. Cuando los latidos cardiacos se fueron normalizando, pensamos que se habría quedado dormido unos segundos, y después se despertó y enderezo el rumbo. Nosotros creímos que habíamos vuelto a nacer.

Al día siguiente intentamos utilizar el metro. Una vez en la estación nos enfrentamos con gran valor a una máquina expendedora de billetes, cuyas instrucciones estaban solamente en alemán. Al cabo de unos minutos y justo cuando íbamos a desistir, una joven que nos escuchó hablar, pues era paisana, tuvo la amabilidad de sacarnos los cuatro billetes que necesitábamos.

Decidimos hacer un viaje en tren por la orilla del Rin y nos acercamos a la estación del tren. Una vez en la taquilla y delante del que despachaba, fuimos absolutamente incapaces de sacar los billetes de tren que precisábamos, a pesar de que María se explicaba con claridad, vocalizando, palabra por palabra, pero nada, que el individuo de la ventanilla no entendía el castellano. Unos españolitos que estaban también en la cola nos recomendaron que fuésemos en coche, y así lo hicimos.

Por la tarde fuimos a ver un museo del Holocausto. Después de ver aquellos horrores, volvimos en metro pues ya sabíamos cómo sacar los billetes. Al cabo de 5 estaciones, el metro se para, se escuchan voces por los altavoces, para nosotros absolutamente incomprensibles, y vemos que la gente sale corriendo del vagón. Nosotros permanecemos en nuestros asientos, pues todavía no habíamos llegado al destino. Al cabo de unos minutos estábamos los cuatro solos en el vagón, y entonces se acercan dos individuos de casi 2 metros de estatura con uniformes azules, gorras y botas militares, nos empiezan a dar voces " en alemán", a la par que gesticulan con brazos y cabeza. ¡Nos quedamos inmóviles, nos miramos y los cuatro pensamos lo mismo!: ya están aquí otra vez los nazis! Salimos corriendo sin saber dónde ir, bajamos unas escaleras hasta llegar a otro andén, y allí nos dimos cuenta que el único problema había sido que el tren que habíamos dejado era fin de trayecto, y debíamos hacer un trasbordo antes de llegar a nuestro destino.

¡Menuda odisea sufrimos en nuestro viaje por Alemania!

José Luis Fonseca
Grupo A


El viaje

Mi historia empezó ya hace años. Comenzó esperándole impaciente. ¿Llegaría a tiempo?, ¿nos uniríamos o se pasaría mi momento y ya no tendría vida?, ¿iniciaríamos juntos la gran aventura? Yo sabía que él tenía que hacer un recorrido, un viaje difícil, llevaba encima material de vital importancia para mí futuro, confiaba en él, en la fuerza de sus movimientos, en que el placer que nos hizo nacer fuera el motor que nos fundiera, ser dos en uno, dejar nuestra individualidad y, empezar nueva vida. Nos unimos y comencé a crecer y crecí y un día salí de mi lugar de confort, y salí produciendo dolor que rápidamente se transformó en alegría. Fue mi primera lección de vida, una paradoja: el dolor y la alegría tocándose. Acababa de nacer.

Y comencé mi camino, mi viaje, mi vida, he vivido, vivo mi odisea, y estoy orgullosa de ese recorrido, el material que recibí, que me configuró hizo un buen tándem con el mío, y he luchado, soñado, vivido, a veces, satisfecha de mi “tejer” y otras deshaciendo para volver a empezar, no he terminado la tarea, sigo con mi odisea, ya en la antesala del final, “La hoja roja” que diría Delibes, pero como Ulises sin darme por vencida.

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


Kelly

Si tuviese que invocar a la Musa para que cuente lo sucedido, creo que no empezaría por el principio sino por el final. Aquí me tienen, fregona en mano. Unas manos ásperas y engarrotadas, piernas que siempre duelen pero no descansan recorriendo unas oficinas ya vacías a golpe de limpiador multiusos.
En los escasos ratos que paro a tomar un respiro y beber agua me distraigo leyendo esos cuadros tan estimulantes de las paredes. Apelan al orgullo, a la superación, a la lucha... pero solo en términos económicos. Eso me deja la boca con un sabor agrio, como agria es la derrota.
Yo no siempre vestí con esta realidad. Aquí nadie lo sabe, ni yo hago porque lo sepan, más bien lo contrario.
Pero fui lo que siempre quise ser, para acabar siendo quién recoge los escombros a quienes siempre evité parecerme.
Allá en mi país tuve la valentía de gritar NO con esa vitalidad tan propia de la mocedad, cargarme de idealismo y arriesgar porque este mundo fuera apto para todos y no solo para quienes dicen ser dueños de él.
Repito, lo arriesgamos todo. Perdimos camaradas, familiares, casas, cultivos, ganado. Nos quitaron hasta el último centavo y el derecho a vivir en libertad. Escuadrones de la muerte nos seguían sin descanso, algunos de nosotros simplemente desaparecían y jamás supimos donde ir a llorarles.
Así vivimos hasta que un segundo latido comenzó a retumbar en mi interior, ahí la valentía tornó temor. Y la vida de mi bebé fue más grande que cualquier causa.
Entre mis manos, una pesada maleta cargada de cansada esperanza. A mis espaldas: el caos; ante mí: la nada, como nada había en mis bolsillos.

Vengo de donde se alzó la guerra por dinero. Donde hoy limpio es una consultoría para hacer ganar a empresas ya ricas más dinero. Heme aquí, después de tanta odisea contratada por el Oh Dios Dinero por barata, por irregular, una kelly anónima sin identidad, que entregó su pasado a la Causa y renunció a su futuro por el de su hija.

"¡Ay! como culpan los mortales a los dioses! Pero también ellos por su estupidez soportan dolores más allá de lo que les corresponde.”

Edwing Domínguez
Grupo A


Marisquería Poseidón. Especialidad “Coca de raya”.

Poseidón y Hermanas Sirenas anuncian:
Que debido a los temporales provocados para ahuyentar depredadores del mar como Ulises, nos vemos obligados a rescatar a todos los seres marinos con cantos de Sirenas, pero acordaros: volverán a precios outlet , no válido para el viernes negro, no habrá más saldos.

Ana Isabel Diéguez
Grupo C


Tiresias

—Yo, Tiresias, hijo de Everes y Cariclo —le aclaro—, no nací ciego ni adivino, la desgracia y el don me vinieron de mis encuentros con los dioses. Y tengo que desmentir igualmente la pretendida ambigüedad sexual que algunos me adjudican. No haya equívocos, yo primero fui completamente hombre y luego completamente mujer; para volver por último a mi condición de hombre cabal.

—Pues hoy en día, siglo XXI ya sabe, hubiera gozado usted de la mejor consideración siendo café con leche. Pero en fin, continuamos si me permite, ¿usted se encontró más a gusto en su condición de hombre, o en la de mujer?

—Mejor en la de hombre, por favor, menos complicaciones, más nobles sentimientos…

—¿Y puedo ponerlo así? Ya le dije que esto es para la prensa.

—Yo me limito a contar de lo que sé. Atenea me privó de la vista solo por haberla sorprendido bañándose desnuda. Hera me condenó a ser mujer porque osé dar la razón a su marido en la discusión que mantenían; aunque ella lo disfrazó diciendo que por haber matado a una serpiente. Zeus en cambio, padre de los dioses y los hombres, se compadeció de mí. Él no podía contradecir a Hera, su esposa, pero me concedió el don de la adivinación, además de permitirme vivir a lo largo de siete generaciones. Así que juzgue usted cómo puedo ver yo a hombres y mujeres, al menos cuando hablamos de dioses.

—Pero insisto, ¿no sería imprudente publicarlo así, tal cual usted lo cuenta? Me refiero no a lo mitológico, sino a lo de mejores sentimientos en los hombres.

—¡Ah! ¿Y al revés sí se podría?, pues qué rarilla esta sociedad suya, perdone. Mire, disfrace la entrevista como le venga en gana, guárdese usted que es lo importante. Porque a mí como comprenderá, con los siglos que llevo muerto…

Pascual Martín
Grupo B


La Odisea del ser humano

Decía Homero: de todas las criaturas que respiran y se mueven sobre la Tierra, no hay nada que sea más agonizante que el hombre.
En el largo viaje de la evolución el ser humano ha caminado siempre hacia adelante. Con el paso de los siglos aprendimos a dominar la madre tierra, de ella dependíamos para alimentarnos. Al salir de las cavernas al igual que Ulises comenzamos a luchar con otras tribus, conquistamos otras tierras, en definitiva fuimos guerreros ,exploramos nuevos mundos por Océanos infinitos, sin saber si habría un regreso.
La astucia que demostró Odiseo parece heredada por nuestros ancestros. Fuimos grandes negociadores, mercaderes, aprendimos otras lenguas, saqueamos riquezas, compartimos culturas y así en este peregrinar de guerras y poderes, donde la palabra dada tenía valor, fuimos perdiendo la honestidad.
Crecer en tecnologías ha sido un gran reto pero estas nos poseen. Penélope supo tener paciencia, ser fiel a sus principios, por desgracia el ser humano deja ahora estos valores en manos de una máquina un ordenador un robot, nos atrapan en una cadena que no tiene ahora mismo fin, nos seduce con su lenguaje propio en solitario sin darnos cuenta que poco a poco van pudiendo esos principios con nuestro tiempo.
La civilización da pasos de gigante hacia otros universos .Pero esta madurez alcanzada queda relegada a una adolescencia. Telémaco fue avanzando hacía esa madurez en sus viajes en busca de su padre algo para él inalcanzable, progresó con pasos seguros, gracias al amor que procesaba hacia él.
Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Las embarcaciones utilizadas hasta ahora ya no sirven se nos hunden en los mares de nuestros egoísmos y nosotros vamos dentro.

Ana Isabel Diéguez
Grupo C


Aquiles sobre un talón bancario

Aquiles era un trabajador autónomo que solía colaborar con una empresa constructora de barcos. En una ocasión, por los trabajos realizados, les envió una factura de 35.000 pesetas. La empresa, como en otras ocasiones, llamó a Aquiles a sus oficinas para firmar el finiquito y le remitió un talón de 35.000 pts. En el cheque figuraba en número la cantidad de 35.000 y, en letras grandes, TREINTA Y CINCO PESETAS. Cuando Aquiles fue al banco a cobrarlo descubrió el engaño al que había sido sometido y no pudo reclamar, ya que había estampado el visto bueno en el finiquito. Y de ahí, la expresión “Talón de Aquiles” como parte débil o vulnerable de una persona.

Luis Iglesias
Grupo B


Odiseas actuales

Son las que sufren todos los refugiados que buscan países que los acojan mientras huyen de la miseria, de las guerras internas, de la hambruna, de las desigualdades sociales. Odiseas de los trabajadores, que se ven abocados a desplazarse a otros países donde desconocen, en la mayoría de los casos, el idioma, las leyes, la fiscalidad..., y pasan por todo tipo de calamidades para alquilar viviendas, firmar contratos, exigir derechos. Odiseas, para toda la juventud altamente cualificada que tiene que emigrar para ejercer sus profesiones, donde serán valorados y remunerados por sus conocimientos, sí, pero a costa de pagar el peaje de vivir fuera de su entorno, de sus familias, de sus amistades, al que solo vuelven en vacaciones o en Navidad, como el turrón de El Almendro.

Luis Iglesias
Grupo B


OFERTA DE TRABAJO

El Orfeón de Ítaca, necesita diez nuevas voces de sirenas, para interpretar la obertura de la ópera “Penélope y las Tejedoras” que se estrenará, en el auditorio del Palacio, el día que Ulises regrese de la guerra de Troya. Se dará preferencia a las de aleta plateada, melena larga y rizada. 
Casting: lunes de 5 a 7 PM 
Abstenerse: ninfas, efebos, cotillas y curiosos.

Marian Pérez Benito
Grupo A


FANTASÍA

El abuelo Carlos al lado de la chimenea, en su silla baja de enea y conmigo en sus rodillas, comenzaba a contar la historia tantas veces repetida, de un fantástico viaje a un lugar donde casi nadie conseguía llegar pues los obstáculos eran muy difíciles de salvar y solo los más valientes lograban llegar y conocer ese lugar tan singular. Después de cruzar montañas, navegar por grandes ríos y atravesar valles y desiertos se llegaba a JACHAC. Un lugar diferente a todos los demás. 
Allí era todo especial porque las estrellas se ocultaban por la noche y brillaban por el día. La luna calentaba la tierra con sus rayos de plata. El sol daba sombra a los pájaros, árboles y plantas. El cisne contemplaba su belleza en el cristal de la ventana. El lobo y el cordero, eran grandes amigos. 
Había también una princesa fea y orgullosa. Una bruja hermosa con pócimas deliciosas y un príncipe bueno con vasallos tiranos. En ese lugar vivían, también hombres muy pobres que solo tenían dinero y hombres muy ricos porque solo tenían amigos. Todas estas cosas se podían encontrar en ese lugar que tan difícil era llegar. Pero el final de la odisea de ese largo viaje, terminaba con la voz de mi madre que desde la cocina nos decía: - Regresad de tan largo viaje. La cena está en la mesa y se enfriará.

Marian Pérez Benito
Grupo A


Polifemo visita al oftalmólogo

Eran las siete en punto. Ya se oía el destrozo por las escaleras. Galatea, la recepcionista que estaba en el recibidor con el pinganillo en el oído, gritó mientras se agarraba a la mesa y sostenía la lámpara carísima de estilo grecorromano. El revuelo en el descansillo era atronador. Gente que salía de la clínica con la anestesia aún vigente se topaba incrédula, con aquella bestia enorme que pasaba haciendo añicos la puerta de cristal de la entrada gritando a viva voz -¡Sacármelo!, ¡Sacármelo!- Alguno de esos clientes pidieron la devolución de su dinero de manera insistente en ese mismo momento. El doctor ordenó a su ayudante hacer pasar al cliente al despacho. En el mismo instante en que abrió la puerta, Argos, el viejo perro del oftalmólogo, saltó a la cara del paciente clavando los incisivos al palo que sobresalía de su único ojo. De un tirón se quedó con el premio. El cliente se niega a pagar a Nadie, ya que fue su mascota quien hizo todo el trabajo. La clínica cierra sus puertas de forma indefinida. El Doctor Nadie, que está en busca y captura por ejercer sin licencia, ha desaparecido. La última vez que fue visto, embarcaba en su yate el cual, logró desvanecerse en alta mar.

Mamen Somar
Grupo C


POLIFEMO VISITA AL OFTALMÓLOGO (ENIGMA)


Enf.- Doctor, tenemos una rara urgencia
Doc:- ¿Rara?
Enf.- En la sala de espera, hay un señor con una estaca clavada en
su único ojo.
¿?.- Curioso.
Doc-¿ Ha pasado ya por triage?
Enf.- Si y no se le detecta tensión ocular.
¿?.- Lógico.
Doc.- Preparen el quirófano por si acaso y hágalo pasar inmediatamente.

El hombre entra en la consulta con sonoras y evidentes muestras de dolor.
¿? lo observa. Doc, mira su historial y pregunta.---

Doc.- Señor Polifemo que le ha ocurrido,¿ como le ha sucedido esto?
Polf.- Nadie me ha hecho esto.
¿?.- Inaudito.
Doc.- ¿Podría ser más explícito?
Polf.- Me enrolló con el manejo de un kit anti vampiro
¿?:_¿ Podríamos hacer un aparte Doc?
Doc.- Dígame ¿? . ¿Qué opina?
¿?.-Un aprovechado el tal Nadie. Tampoco habría que descartar
la autolesión.
Doc.- ¿Me está sugiriendo que se trata de un problema mental,
amén de oftalmológico
¿?.- Elemental querido………

Con los datos aportados y teniendo en cuenta que la enfermera se llama Miss Helen y que conocemos el nombre del paciente:
1)¿Cómo se llaman el doctor y el misterioso personaje que estaba en la consulta
2)¿Cuál es el nombre auténtico del apodado “Nadie”, podemos inferir que es un seudónimo?

Habrá un sorteo ente los que no acierten.

Calgari
Grupo A


A Penélope le robaron el recuerdo

Penélope pierde su bolso de piel marrón, y con él la fotografía de Ulises. Al día siguiente puso la denuncia. Sin embargo, pasaron tantos días sin tener noticias que perdió la esperanza de recuperar la única foto que tenía de su marido, náufrago del tiempo.Cuando él se marchó a la guerra de Troya no habían teléfonos móviles, por tanto no tenía ninguna imagen, ni selfie, de su épico viaje.
Pasado un mes, cuatro semanas, un número cabalístico y de completud, decidió salir a comprar otro bolso. Lo necesitaba para ir a hacer el mercado. Había comenzado a tener más apetito. El aspecto famélico que tenía en su inacabable espera, ya la había abandonado. Sus curvas comenzaron a perturbar sus hormonas, y estas a su fantasía. Como había ahorrado mucho dinero en su abstinencia y soledad, hizo otras compras, no tan nerviosas, más bien placenteras. Renovó su vestuario. Y fue entonces cuando los pretendientes se instalaron en su patio.
Con el paso de los días fue olvidando quién había sido Ulises...Por cierto, alguien llamado Olvido cogió su bolso perdido y no quiso devolverlo.

Carmen Elena Ochoa
Grupo A


CORO DE SIRENAS

Cuando aquel loco intentó dar un concierto sinfónico dentro del agua, pensó que para la composión de la orquesta, bien vendía un coro. Al tener conocimiento de que las sirenas tenían un timbre de voz tan dulce que llegaba a seducir incluso hasta al mismísimo Ulises, no dudó en contratarlas. Todos los peces del mar asistieron al concierto y el éxito fue tan rotundo que por la intensidad de los aplausos y su duración (cuentan las crónicas que más de treinta minutos aplaudiendo) crearon una ola tan grande que los bañistas que estaban en la playa huyeron corriendo pensando que se trataba de un maremoto,

Ramón Sánchez Rodríguez
Grupo B


BOLSO DE PIEL MARRÓN PERDIDO

La anciana de la localidad Penélope Uliseo perdió ayer por la tarde su bolso de piel marrón. Siguió su rutina de todos los días desde hace veinte año, ir a la estación del tren con sus zapatos de tacón y su vestido de domingo a sentarse en su banco de pino verde, a esperar, a esperar… ya ni ella sabe qué espera pero va todos los días sin excepción. No sabe la hora en que perdió el bolso porque hace años un caminante que pasaba por la localidad paró su reloj una tarde de primavera. El bolso tiene un gran valor sentimental pues es el que ha usado estos últimos veinte años y dentro guardaba parte de la interminable bufanda que teje mientras espera la llegada de los trenes y que iba a presentar al Libro Guinness de los Récords.

Beatriz Gorjón
Grupo A


Odisea del hilo rojo

Era la decisión meditada y el sueño perseguido. Eran luchas de titanes, burocracias malditas y explicaciones inadecuadas. Hilo rojo perfecto, entre dos culturas, entre la espera y el regocijo.
Surcando aires, cabalgando nubes, entre tormentas y tempestades. Un único pensamiento de victoria, de duda y de miedo.
El destino fué libre para manejar marionetas de vidas, pero fuí libre para susurrarle en combate al Destino.
Aterrizaje perfecto, estómagos plegados, entre seres clarividentes, inicié, aproximación certero al objetivo.
Y allí estaba ella, con su mirada en reinos con castillos, y en caballos flotantes, tejiendo esperas, deshaciendo dichas, construyendo quimeras.
Final del trayecto, desembarco turbio, perfecta sonrisa y dolor en la mirada ausente.
Mi pequeña hija adormece, tierna, su ovillo de oro rojo.

Guadalupe Sanchón
Grupo C


Cuando ir al super se convirtió en una Odisea

Era el primer día en que salía de casa desde el confinamiento. El destino, el supermercado, no estaba muy lejos, apenas a 300 metros del portal. Anteriormente ya me había aventurado por la escalera para hacer algo de ejercicio pero hasta ese momento no había pisado la calle.
Antes de salir de expedición, preparé todos elementos de seguridad que tanto me habían costado conseguir: mascarilla FFP2, guantes desechables, gel hidroalcohólico y gafas de protección. Ya en la calle, pude comprobar que casi nadie se atrevía a salir de la seguridad de su casa. No encontre ni peatones ni coches hasta casi la calle del supermercado, una señora con su perro me miró con desconfianza y cambió de acera para no cruzarse conmigo.
En la entrada, un empleada, completamente protegida, daba instrucciones de como utilizar todos los aparatos que habían instalado, mientras otro, de la misma guisa, desinfectava concienzudamente los carritos. El aspecto no se parecía al de costumbre, todo el espacio estaba marcado con líneas para indicar la distancia de seguridad y donde no podíamos pisar.
Las cajeras vestían la misma indumentaria que sus compañeros de la puerta y se protegían detrás de una pantalla transparente. No dejaban de recordar que no debíamos hacer esto o lo otro.
Los estantes medio vacíos por la disminución de referencias ofrecidas, algunos productos, agotados y la imposibilidad de encontrar papel higiénico de ninguna clase, me hicieron temer que lo peor estaba por venir.
Rápidamente, tras pagar con tarjeta, mucho más segura que el efectivo, volví a casa.
En el camino no dejé de escuchar las sirenas de las ambulancias, me aferre al carrito de la compra para no sucumbir a la tentación.
Penélope me esperaba para continuar con las medidas higiénicas mientras yo echaba a lavar toda la ropa y el calzado contaminados, y desechaba los guantes de la forma adecuada, sin tocar el exterior con la mano.
Tras una ducha, ayudé a mi esposa a acabar de desinfectar con un paño mojado en agua con lejía todos los envases y las frutas antes de almacenarlos.
Misión cumplida. La odisea no había durado veinte años pero yo estaba exhauto.

Enrique Martínez
Grupo C


Polifemo visita al oftalmólogo
Acompañado por su perro-guía Argos, Polifemo está de visita en la Clínica Oftalmológica La Claridad.

Ulises, ese ingenioso héroe, donó su perro para que la Fundación ONCE lo entrenara como guía de Polifemo. Su intención era calmar la ira de Poseidón.
Acompañando a su hijo, la ninfa Toosa aprovechó las visitas a la Fundación para conocer las posibilidades que ésta podía ofrecerle. En un primer momento, le consiguió un quiosco de venta de cupones y, más tarde, que un equipo médico estudiara su caso.
Polifemo ha abandonado la bebida y su carácter es más ponderado. Dejar el trabajo de pastor lo ha hecho más sociable.
En este momento es muy querido en el barrio en el que vende el cupón y ha iniciado una relación con Tiqué, una cliente ludópata que va a comprar a su quiosco varias veces al día. Suele conseguir grandes premios por lo que desde la ONCE están intentando que Polifemo la convenza para seguir un tratamiento de deshabituación.

***

Después de una primera exploración, los oftalmólogos están sorprendidos, la segunda confirma el diagnóstico. El ojo de Polifemos está dañado sin remedio pero, como ocurre con los dientes de los niños, este caerá y saldrá un nuevo ojo definitivo. En cuestión de unos meses, el cíclope volverá a ver con normalidad.
En un principio la noticia produce un estado de euforia en el gigante pero, al considerar que ésta supone la perdida de su trabajo y que no recibirá tan a menudo las visitas de Tiqué, un estado de ansiedad se apodera de él. Piensa con tristeza en la posibilidad de tener que volver a su vida de pastor. Volver a estar solo en su isla.
Casi compulsivamente, coge el teléfono y llama a su padre para pedirle consejo y ayuda. Poseidón intenta quitárselo de encima:
-¡No te preocupes, todo irá bien! Llámame el lunes ahora no te puedo atender.
Cuando cuelga, dice a Ulises, con el que ahora tiene una buena amistad:
-Tienes razón, los hijos sólo se acuerdan de uno cuando tienen problemas.
La cóncava nave continúa su singladura hacia el país de los lotofagos, donde esperan llegar cuando aparezca la hija de la mañana, la Aurora de rosáceos dedos.

Enrique Martínez
Grupo C


Mi odisea particular se cruza con otras odiseas

Voy a relatar un viaje a Grecia, allá por el año 1976, cuando la moneda helena era el dracma y la española, la peseta. Cuando mi cabello no conocía peluquera, mis huesos iban de incógnito, mi pecho no necesitaba sostén y mi boca no había sido intimidada por los viles dentistas, esos dioses sedientos de euros
Todo empezó cuando recogimos a un chico a la salida de Burdeos llamado George Dimitriadis. Nosotros volvíamos a Valladolid, él iba al Canadá. Yo iba atrás, dolorida, porque me habían colocado un DIU. Acabábamos de presentarnos cuando aquel Renault 5 se paró. Nos bajamos los 4. España ni idea de que hacer, Grecia alzó el capó, pidió un hilo o cordón o similar lo ató en algún sitio del motor y el gran Álvaro se subió al carro, metió la llave, arrancó y llegamos a San Sebastián. Aquél griego, entendí era mecánico de aviones. Durante el viaje yo intenté hablar con él, pero el se manejaba en inglés y yo en francés. Así que nos dijimos lo que pudimos y nos escuchamos con mucha atención.
Entonces había que pasar la frontera. No debió suceder nada extraño porque sólo recuerdo el miedo que nos suscitaba pasar la aduana. El caso es que el tal George, un tipo guapo, sonriente, abierto al mundo, llegó a Pucela City y durmió en mi casa, puerto de variadas gentes, ya que no familiar. Compartía semejante remanso de libertad con Maravillas. Le ofrecimos cena, desayuno y catre, pero no yacimos juntos dado el dolor intenso que me atenazaba las entrañas.
Creo que se quedó 3 noches. No olvidemos que su objetivo era llegar a Canadá para lo cual se quería embarcar en Oporto o Lisboa. Así que las visitas turísticas se abreviaron.
Logró su objetivo. Se embarcó, no sé si en Oporto o en Lisboa, porque pasados unos meses recibí una carta suya desde Ontario, adjuntaba una foto de un paisaje nevado y helado. Le contesté y le conté mi voluntad: yo no quería ir a Canadá yo quería ir a Grecia. Y, él me respondió facilitándome sus señas familiares de Atenas y el nombre de su hermano, Agis. Y, a este le escribí para decirle que iba a Atenas. Fecha y hora.
Cuando yo bajé de aquel avión de la Espantax, con una curiosa decoración de brillitos en sus paredes y leí ΉΈΛΛΑΣ' me dieron ganas de volver al avión y pedir, rogar, llorar que me devolvieran a Madrid. Pero los dorios vencieron a los aqueos y hay que levantarse y luchar y benditas matemáticas y sus símbolos.
Allí estaba Agis, esperándome para llevarme al hotel que yo había reservado, cerca de la Plaza Sintagma, y después fuimos a dar una vuelta por Atenas. Lo demás corresponde a la intimidad y privacidad que me debo a mi misma. Pasó una semana brevísima. Pateé la ciudad, subí al Monasteraqui, viaje hasta Tripoli, fuí a Eguina, ( o ¿esto fue en el segundo viaje?) no me quería ir. La sensación de alegría y libertad que aún experimento al recordar, ayudada de Theodorakis o de Zorba El griego, del Ouzo (tengo) o de Kavafis cantado por Lluís Llach. En fin, volví unos meses más tarde y era tal la relación que mantenía que ya casi entendía el griego. Pero regresé a casa y aquello quedó como un buen sueño. Ninguna de las veces fui para quedarme pero se me antojó la idea de pasar mis últimos años en el estrecho de Delfos. Se perdió la idea.
En verano de 2015 llegué al Pireo en el vientre de un monstruo llamado Crucero. Me cogí un bús y me acerqué a Atenas. Fui hablando en inglés con una chiquita griega muy indignada con la venta de islas a extranjeros ricos. Itaca no la habían vendido. No me perdí en Atenas. La reconocí. Tomé un café “turqui” en una hermosa terraza. Cogí el metro en la Plaza Sintagma que me llevó de nuevo al Pireo. Me tomé una cerveza en un bar concurrido del puerto. Pagué todo en euros. Y en el piso 16 de aquel monstruo partimos hacia Olimpia.

Araceli Sebastián
Grupo C

Cuerpo a cuerpo

La sesión del martes, con el grupo C, la dedicamos al vínculo entre anatomía y literatura, un tema que ya trabajamos con los otros grupos de taller. Recorrimos de la mano de la literatura nuestro esqueleto, del talón a la frente. Luchamos cuerpo a cuerpo con la palabras que nombran o adjetivan el cuerpo. ¿Qué escribiríamos sobre una axila? Tomamos como referencia el libro de Andrés Neuman titulado "Anatomía sensible", un ejercicio de prestidigitación literaria donde se mezclan géneros muy diversos.
Contrastamos los textos de Neuman con los de Grassa Toro en su libro "Este cuerpo es humano" y remitimos a los lectores y escritores curiosos al monográfico de la Revista Litoral dedicado al Cuerpo.


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Destacamos la curiosa forma en que Judith Bosch escribe sobre el cuerpo en su libro "Aperitivos tóxicos y otros relatos". Veamos algunos ejemplos:

Capitalismo hepático

Aquel ribosoma, cansado de formar parte de un órgano comunista, gritó a viva voz: “¡quiero mi propia célula privada!”.
El cáncer fue fulminante.


Burocracia y neurotransmisores

Axón1: Abrir mano.
Axón2: Pero… ¿por qué?
Axón1: Eso es pensamiento y lo lleva otra sección; tú, comunica.
Axón1: Estirar codo.
Axón2: Estirar codo.
Axón1: Cerrar mano.
Axón2: Cerrar mano.
Axón1: Flexionar codo.
Axón2: Pero… ¿por qué?
Axón1: ¡Y a ti qué más te da! Tú, comunica.
Axón1: Rotar codo.
Axón2: Rotar codo.
Axón1: Apretar gatillo.
Axón2: Apretar gatillo.
Axón1: ¡Un momento!
Pero ya era demasiado tarde.

Y reivindicamos la belleza interior frente a la exterior como una manera más plena de conocer nuestro cuerpo. Así lo hizo también Baldomero Fernández en su poemas "Soneto a tus víscera":

Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.
Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.
Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.

Yo también aporté un texto personal titulado "Por tus huesos", perteneciente al libro Esto y ESO, para completar este atlas anatómico literario. Este soneto convendría trabajarlo primero en el aula de biología donde podremos conocer la ubicación de cada hueso y advertir, de este modo, el tono erótico del poema:

Déjame acariciarte el parietal,
anudar tu pulsera al escafoides,
ponerte algún pendiente en el mastoides,
embriagarme de ti hasta mi nasal

y así podré sentir tu temporal
y olerte hasta romperme el esfenoides.
Puedes llorar sobre mi coracoides
y franquearme un beso en el frontal.

Tu amor se agazapó fuerte en mi horquilla
y aguarda a galopar sobre mi isquion
al ritmo y al compás de la canilla.

Y déjame bailar con tu ilión,
modelar tu perfil en mi costilla,
rozar en cada abrazo tu esternón.

 
Propuesta de escritura:

Te proponemos dos tareas, a elegir:
1. Piensa en una parte interna de tu cuerpo y escribe un texto elegíaco.
2. Escribe un diálogo entre dos partes de cuerpo (una interna y otra externa)


Estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Estate atenta a mi señal

-¡Qué suerte tienes y qué privilegiada eres! A ti no se te ve, solo se te oye. Nadie te juzga. Yo solo soy apariencia, siempre expuesta -dijo la arruga muy triste.
-¡No sé qué es peor! Tú misma lo dices: tienes visibilidad. Y en la vida hay que ser visible. De lo contrario, pasarás desapercibida -la contradijo el pliegue vocal. -Supongo que eres la de ayer…
-Sí, soy la representante de las arrugas del cuerpo en el que vivimos. Estoy situada en la parte delantera del cuello, muy cerca de ti.
-Ya lo sé. Te conozco muy bien. Si vas a volver con lo de cada día, mejor dejamos de hablar. Llevas pidiéndome lo mismo durante mucho tiempo.
-No te enfades conmigo. Eres nuestra esperanza. Necesitamos que lleves nuestro mensaje fuera del cuerpo.
-Que yo provoque los sonidos, no quiere decir que tenga poder para cambiar las cosas. Además, tengo un socio con el que ponerme de acuerdo. No me es tan fácil -le replicó.
-Sí puedes. Te digo cada día que eres una privilegiada. Eres una cuerda que actúa a su antojo y en absoluta libertad. Cuando quieres te cierras y aparece el silencio. O si te apetece hacer lo contrario, te repliegas y comienzas a emitir sonidos con sentido. ¡Te admiro mucho!
-No soy una cuerda vocal, soy un pliegue vocal. Estoy cansado de corregirte. Y no actúo a mi antojo, sino que recibo órdenes de la sala de máquinas y de las bombas de oxígeno -le dijo algo molesto.
-No estoy del todo de acuerdo. Hay ocasiones que te cierras y te niegas a trabajar.
-Sí, eso es cierto. Lo hago, sobre todo, cuando tengo que repetir siempre lo mismo. Me hago el afónico, como haré ahora si no te callas -le dio la razón amenazándola.
-¿Harás lo que te pido, por favor? Solo os tenemos a ti y a tu socia -Le suplicó la embajadora de las arrugas. -!Es muy triste que todos nos miren con lástima y que no podamos defendernos!
-No tengo socia, sino socio. No somos cuerdas, te repito, somos pliegues y estamos hartos de que nos cambien el nombre y el género. ¡No sé qué pensáis de nosotros dos! Todos los elementos del cuerpo sois iguales. Estáis convencidos de que podemos hablar por vosotros y explicarles a los otros cuerpos lo que os pasa. Es mucha responsabilidad. Estamos cansados. ¿Os pensáis que somos vuestros portavoces? Nos pondremos en huelga si no paráis.
-¡Piensa en mí, por favor, en todas nosotras! Desde que aparecimos en el cuerpo solo hacemos que ir a peor. Llevamos el peso de los años y las experiencias. Los demás nos ven, pero no nos entienden. Solo nos critican. Necesitamos que entiendan que tenemos nuestra belleza y nuestra dignidad y, si tú y tu compañera no lo decís bien alto y claro, nos deprimiremos aún más. Te lo suplico, por favor. Nuestro cuerpo está al borde de la depresión -le rogó la arruga muy preocupada por su reputación.
-Está bien. Mi compañera, como tú dices, te está escuchando y me dice que sí. Haremos lo siguiente: cuando nuestro cuerpo se pare a hablar con otro y veas que este te mira mal, aprietas fuerte la piel para que yo me entere y os defendamos. ¿Qué tenemos que decir? ¿Lo de ayer?
-Sí, por favor, tenéis que decir que la arruga es bella y digna.
-De acuerdo. ¡Prepárate que ya estoy trabajando! Nuestro cuerpo habla con alguien -le dijo el pliegue como pudo, pues ya había comenzado a emitir sonidos.
-¡Estate atenta a mi señal! -concluyó la arruga.

José Carlos Arroyo
Grupo C


El pulmón de Sara

Lleva una cruz hermosa en el pulmón. Eso dicen de su radiografía. Ella sonríe.
Sara no ha vuelto a canturrear en la ducha. No ha vuelto a dar los buenos días en la mesa donde naufragan, una a una, las magdalenas sin azúcar en el tazón del Cola cao. Sara combate y se pelea por recuperar la voz y la alegría. A mediodía llegan, como el rumor de una parada de metro, las palabras. Frases cortas son su victoria diaria. Lleva meses dando paseos con parada programada en cada banco del parque de las siete tetas. Se le escapa el aire, no sabe dónde, pero no vuelve y le toca hacer sentada junto a unos octogenarios que miran el inhalador que saca del bolsillo e insufla mientras respira profundo. Sonríe.
Hace ya seis meses que el covid, con su dedo huesudo, le dibujo una incognita en la espalda. Qué cobarde, por la espalda…
Su pulmón es un queso con ratones, un nido de pájaros carpinteros, una cajita de gusanos de seda hambrientos de hoja de morera, un enjambre con la reina herida; un alfiletero de guata rosa.
Hoy toca médico. Otra vez.
El aire que entra por la ventanilla del cabify, le alborota el pelo mientras le grita muy bajito, -respira-
El doctor le ha enseñado en blanco y negro un mapa con una equis a la izquierda. El tesoro no estaba allí, ya buscó. Le dieron a cambio, la receta de una caja de pastillas y otro nuevo inhalador. Sara no sabe si reír o entrar en depresión.
Vuelta a casa de banco en banco. Se levanta del último de un respingo, con un hilillo de voz canturrea a Gloria Gaynor mientras gira sobre sí misma. Tose un poco y camina de nuevo con pasos pequeños.
Sara sonríe.

Mamen Somar
Grupo C


Buche llamando a los ojos

Son las tres de la tarde, voy camino de casa, una jornada dura donde no ha quedado tiempo para una recarga de comida a mi buche. Voy corriendo hacía la panadería y mi Gaita interior comienza a sonar, creo que ya sabe hacía donde vamos ahora comienza el rugir de Leones y como no a salivar.

Buche: Jugos gástricos preparándose para la ingesta. Chicos estad alerta que vosotros sois dos y : una imagen vale más que mil palabras.

Ojos: Buche no seas pesado nosotros curramos casi la jornada completa, nuestras retinas están viendo unas figuras.

Buche: Quiero saber cómo va a ser la ingesta, grande o pequeña, grasienta o de triste dieta, daros prisa y conectar rápido con el jefe

Ojos: Tranquilidad colega ya hemos reproducido figuras al fondo del ojo y el humor vítreo enviando imágenes a la retina.

Buche: Dejaros de humores y de vidrieras esta mujer necesita ya una ingesta.

-De repente mis cristalinos ven unos aros redondos cubiertos de miel con azúcar rosa y pepitas de chocolate tamaño casi hogaza de pan.

Ojos: buche atención hay información nuestro nervio óptico ya está procesando datos de imágenes, prepara las enzimas y comienza a producir ácido clorhídrico para descomponer alimentos.

Buche: gracias chicos dentro de un ratito cuando esté todo triturado ya está listo el quimo pero seguir metiendo alimentos no importa y me puedo dístender.

Ojos: que fresco este estómago fabrica una pasta calentita que dice estar estupenda pero nosotros por ver no vemos nada.

Ana Isabel Diéguez Cordero
Grupo C


Amanece temprano

7:00
Párpado: Te empeñas, no son horas
7:10
Ojo: Por favor...
7:15
Párpado: No insistas
Ojo: Abres o llamo a los de arriba
7:16
P: Ya se lo has dicho, lo sabía, coartan mi libertad de caída
O: No es suficiente, así, nada es lo que parece.
7:18
P: Motor a toda máquina, instintos asesinos de riego. Con tiempo todo hubiera sido mas sencillo.
Ojo: ¡A centrarse!, es hora de comenzar. Apertura extrema.
Amanece

Guadalupe Sanchón
Grupo C


Oda o lo que sea a mi hernia umbilical

¡Que bien guarda mi tripa mis vísceras más oscuras!
Oscuras, no tanto
mis ovarios, mi matriz
mi pasado, mi presente
mi vientre preñado
mi vientre vacío
mi abdomen siempre lleno de tubos
¡Oh, yeyuno! ¡Yeee!
¡Oh íleon dónde vas!
¡Oh duodeno voy a buscar al colon!
Ten cuidado con el apéndice
¡Que el plexo solar te proteja!
Recuerdos a las trompas de Falopio
¡Aúpa la vejiga! Aguanta
Otro movimiento peristáltico y ya
los gases tienen pase
Otro dolor, qué duele
¡Cuidado! El intestino asoma por debajo de la ropa
lo estrangulan los abdominales
Una hernia. Emergencia
Hay que abrir por el ombligo
Hay que reparar la pared abdominal,
hay que coser, unir y pegar
Hemos llegado a tiempo
ha habido sufrimiento
Las tripas han vuelto a su lugar
El vientre plano está.

Araceli Sebastián
Grupo C


CUERPO A CUERPO

Coxis: ¿Qué hay allá afuera?

Ojo: Una mujer desnuda. Está tumbada en una cama. También hay un gato negro y un ramo de flores, y una criada.

Coxis: ¿La cama es cómoda?

Ojo: No sé, supongo

Coxis: ¿Y el gato?

Ojo: Ya no lo veo

Coxis: Y entonces… ¿Qué ves?

Ojo: Una noche ondulante, azul y amarilla. Veo el cielo, las montañas y un pueblo.

Coxis: ¿Hace frío? No lo noto…

Ojo: Porque es una noche que no se siente, solo puedes verla.

Coxis: ¡Oh! ¿Y ahora, qué ves?

Ojo: Una cara, repetida varias veces, en distintos colores. Tiene un lunar cerca del labio.

Coxis: ¿Qué hay debajo? ¿Dónde se apoya?

Ojo: Nada. No se apoya en nada.

Coxis: Pero, si no se apoya en nada, puede caerse. Y si no hay nada debajo, entonces se caerá a… ¿A dónde va a caerse? No lo entiendo. Creo que no me gusta esto de los museos.

Ojo: ¡Mira! Aquí hay otro, rojo. Abarca todo lo que veo. Es como un campo o como un cielo. Exceptuando los bordes, parece del mismo tono, pero si te fijas bien hay una línea algo más oscura allá arriba.

Coxis: ¡Rojo! Entonces es como esto. ¿Qué es la línea de arriba? Puede ser una herida, o un orificio con sangre y vísceras y pasadizos intrincados que lleven a comunicarse con otro Ojo… ¿Es cálido?

Ojo: Sí

Coxis: ¿Y cómodo?

Ojo: Al principio lo parece, pero ahora noto algo…

Coxis: … punzante. ¿A que sí? Este cuadro sí que lo entiendo.

Y se quedaron absortos ante la obra de la sala 34, y el cuerpo que los poseía perdió el metro.

Eva Suárez
Grupo C


Oda al dedo meñique

El dedo meñique existe porque ha de haber cinco en cada mano. Todos tienen una función y un carácter concreto. El pulgar es el más singular, además de ser más corto y fornido, se opone a todos los demás. Sí, él solo contra todos. Aunque en realidad el que manda es el índice que da todas las instrucciones. El corazón es un faltón, su trabajo más conocido es hacer peinetas. Afortunadamente el anular pone formalidad a este equipo, asume todos los compromisos. Pero, ¿para qué necesitamos un dedo esmirriado que sólo se usa para poder contar hasta cinco?

Enrique Martínez
Grupo C


Oda a la úvula

La úvula es un órgano interno que se conoce también con el nombre de un personaje de la película Peter Pan, Campanilla. Para que se vea desde fuera, es preciso que abramos la boca, saquemos la lengua y digamos “a” con un gesto que otros pueden interpretar como amenazador, similar al de los guerreros maoríes.
Realiza su trabajo en colaboración con el paladar blando y las amígdalas. Entre todos consiguen que los alimentos y los líquidos no asciendan por detrás de la nariz, eso sería realmente molesto.
Otros estudios la hacen responsable de los ronquidos e incluso de la apnea del sueño.
Yo prefería cuando, en el pasado, se la tenía por el vestigio de un órgano sin más función que la estética. Era sencillamente una pequeña uva colgando del fondo del paladar. ¡Qué ganas de complicarlo todo!
Muchos se olvidan de su importancia en la correcta pronunciación del francés. La francofonía entera está muy agradecida por su ayuda para pronunciar con ese acento tan sensual el nombre de su capital, París.
Lástima que ese mismo acento resulte tan cómico al pronunciar el famoso trabalenguas del perrito que corría por la calle Carretas. La campanilla no tiene la culpa.

Enrique Martínez
Grupo C

La vida y la resurrección

La sesión de esta semana la dedicamos a los inicios y los finales de las historias. Andrés Neuman en uno de sus decálogos señala que "en las primeras líneas un cuento se juega la vida; en las últimas líneas, la resurrección. En cuanto al título, paradójicamente, si es demasiado brillante se olvida pronto". Tomamos prestada esta afirmación para titular nuestro encuentro con el nombre "La vida y la resurrección"

Hablamos del significado de la palabra "íncipit" y compartimos algunos inicios de poemas, cuentos y novelas que nos gustan como los que transcribimos aquí

1. Me siento viejo. Decaído. Ayer tuve la certidumbre y hoy me pongo a contarlo. Saberse viejo no es fácil. Sobre todo, porque nunca quiere saberse. 

Adriano González León. Viejo

2. Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertid en un monstruoso incesto. 

Franz Kafka. La metamorfosis

3. En casa había una enciclopedia de la que mi padre hablaba como de un país remoto, por cuyas páginas te podías perder igual que por entre las calles de una ciudad desconocida. 

Juan José Millás. El orden alfabético

4. Los corazones son como los perros: hacen bastante compañía, pero supone un fastidio tener que ir recogiendo en bolsitas de plástico toda la mierda que van dejando por ahí.

Alejandro Cuevas. La peste bucólica

5. Al día siguiente no murió nadie. 

José Saramago. Las intermitencias de la muerte

6.  Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo

Gabriel García Márquez. Cien años de soledad

Nos detuvimos a comentar brevemente el microrrelato de Max Aub titulado "La uña", un texto cuyo incipit nos sitúa en un cementerio y nos invita a recorrer el trayecto que sigue una uña para ejecutar su particular venganza. Lo transcribimos aquí:

El cementerio está cerca. La uña del meñique derecho de Pedro Pérez, enterrado ayer, empezó a crecer tan pronto como colocaron la losa. Como el féretro era de mala calidad (pidieron el ataúd más barato) la garfa no tuvo dificultad para despuntar deslizándose hacia la pared de la casa. Allí serpenteó hasta la ventana del dormitorio, se metió entre el montante y la peana, resbaló por el suelo escondiéndose tras la cómoda hasta el recodo de la pared para seguir tras la mesilla de noche y subir por la orilla del cabecero de la cama. Casi de un salto atravesó la garganta de Lucía, que ni ¡ay! dijo, para tirarse hacia la de Miguel, traspasándola.
Fue lo menos que pudo hacer el difunto: también es cuerno la uña.

En el trabajo titulado "La corporeidad de los elementos fantásticos en Aub, Cortázar, García Márquez y Süskind" Laura Hatry relaciona el procedimiento narrativo usado por Max Aub en su microrrelato con otros textos similares. Merece la pena leerlo.

Para reflexionar sobre los finales de las historias tomamos prestado el texto "Cómo termina un cuento" de Clara Obligado.

Y recomendamos, por último, el libro "En un lugar de la mancha", de Jordi Vicente y Carlos Cubeiro publicado por Comanegra, un libro en el que se recogen -tal y como reza el subtítulo- "50 grandes inicios de la literatura ilustrados y comentados-



En el transcurso del taller propusimos seis incipit correspondientes a seis microrrelatos publicados en la antología Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves de cuya edición en Páginas de Espuma se encargó Clara Obligado. Publicamos aquí los microrrelatos originales y después las versiones escritas en el taller a partir de cada uno de los inicios.

Microrrelato 1

Armisticio, de Juan José Arreola
Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allí dónde un ángel señala desde lejos invitándonos a entrar: Se alquila paraíso en ruinas.

Y estas son las versiones escritas a partir del íncipit:

Con fecha de hoy retiro de tu vida
mis tropas de ocupación..

Avasallarte a ti con sentimientos,
sojuzgándote yo
dictando humillaciones
no es justo y necesario.
Hoy me he visto en mi propio espejo,
acuchilló mis ojos la vergüenza,
orgullo de cuchillo
que quema el corazón,
un corazón de niño que me ama.
Tú me ayudaste a cultivar las rosas
como fiel jardinero,
por eso ya te debo
las rosas de mi mundo
que, avara, te he negado.
Sentimientos dictados nunca fueron amor,
son invisible asesinato y suicidio
de ti, de mí, no quiero
equivocarme más.
Ya se marcha el ejército vencido,
nunca quise en verdad
que tú fueras yo sin los dos.

Emilia González. Grupo B


Veintiuno de octubre de dos mil veintiuno

Con fecha de hoy, veintiuno de octubre de dos mil veintiuno, retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Antes arrancaré de mi pecho cada medalla ganada en nuestras batallas siempre perdidas, y con el sigilo silencioso debido, desplegaré mis besos furtivos como alas, para irme lejos, muy lejos de ti.

Carmen Pedrero. Grupo A


Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación, me llevo la máquina de fotos, los libros de micología, la colección de botellines de cerveza, las novelas de Zane Grey, la equipación del club de futbito, los palos de golf, la estantería con los vinilos, la bicicleta estática y las pesas, la guitarra eléctrica, los esquíes, la videoconsola...

Manuel Medarde. Grupo A


Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación, hago entrega de todas las armas que esgrimí, abandono las posiciones que arduamente conquisté y firmo, rendido, todas las capitulaciones que me exiges. Acepto el veredicto que dicta la evidencia: Nuestra historia ha terminado.

Pepe Lorenzo. Grupo B


Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación, entierro las trincheras que cavamos a nuestro alrededor y te reclamo todas las armas que te entregué.

Beatriz Gorjón. Grupo A


Con fecha de hoy, retiro de tu vida mis tropas de ocupación.
No pienses que es un armisticio, si no la estrategia lógica ante tu continuo asedio.

Calgari. Grupo A


Microrrelato 2

El sueño del violinista, de Ramón Gómez de la Serna
Siempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo del agua para que se oyese arriba, creando los nenúfares musicales.
En el jardín abandonado y silente y sobre las aguas verdes, como una sombra en el agua, se oyeron unos compases de algo muy melancólico que se podía haber llamado “La alegría de morir”, y después de un último “glu glu” salió flotante el violín como un barco de los niños que comenzó a bogar desorientado.

Y estas son las versiones escritas a partir del íncipit:

Siempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo del agua. Y el deseo de su celoso vecino, que cuando comprobó el engaño, le invitó a pescar en el lago.

Tomás García Merino. Grupo B


Siempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo el agua. Allí lo encontró la policía, con un bloque de cemento en los pies para que no flotara, vestido con frac y pajarita y con el violín y el arco atados a sus manos con alambres. Una fantasmagórica estampa causada por su otro gran sueño: el juego y las apuestas.

Jaume Castejón. Grupo B


Siempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo del agua, cuando al fin lo consiguió miles de cetáceos le dieron una gran ovación.

Manuel Medarde. Grupo A


Siempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo del agua. Nunca imagino que sería su último concierto

Áfrika Gómez. Grupo A


Siempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo del agua, no sabía porqué, quizá había algo de premonitorio en aquel sueño. Ese funesto día de abril, se encontraba en la cubierta del Titanic , tocando sin pausa, junto a otros violinistas, mientras el transatlántico se hundía.Fue de los últimos en ser engullido por el mar, aferrado a su amado violín...

Rosa Celia González Monterrubio. Grupo B


Siempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo del agua y escuchar la canción de las olas. Como no sabía nadar ni contener la respiración consumió su vida intentando lograrlo. Todo su esfuerzo fue infructuoso pués cuando ya había alcanzado cierta pericia, todo el agua desapareció de la faz del planeta...

Nieves Martín. Grupo B


Siempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo del agua y para ello, busco y urdió la manera de hacerse amigo de un delfín.

Calgari. Grupo A


Microrrelato 3

El pozo, de Luis Mateo Díez
Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después, mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en su interior. Éste es un mundo como otro cualquiera, decía el mensaje

Y estas son las versiones escritas a partir del íncipit:

Olvido
Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía 5 años. Era algo que siempre pensé podía suceder. Le gustaba jugar por ese lugar, donde ese pozo, nunca fue tapado correctamente, desde que hicieron la expropiación de la finca.
Una vez más la administración olvidó hacer bien su trabajo.

Pepa Agustín
. Grupo B


Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años, al cabo de seis horas lo sacaron hecho un hombre.

Manuel Medarde. Grupo A


Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años, pudimos sacarlo vivo. Desde entonces la familia empezó su sinvivir.

Calgari. Grupo A


Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía 5 años. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer mismo. Estábamos jugando en el corral del pueblo y, sin apenas darme cuenta, dejé de verle. Primero le llamé a voces y, al no contestar, le busqué por toda la casa, pero no lo encontré. Al ver la trapa del pozo caída, me asomé y allí lo vi flotando. Nunca se me olvidará esa imagen, es hoy mismo y me siento culpable por no haber cuidado de mi hermano, conociendo lo inquieto que era.

Luis Iglesias. Grupo B


La mina de oro
Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía 5 años.
Tras buscarlo durante horas por todo el pueblo, a Juan, el alguacil, se le ocurrió echar un vistazo en el pozo que teníamos en nuestro corral, aledaño a la casa que habitábamos.
Tras la izada del cadáver, de un color pálido azulado, recuerdo a mi madre, sentada en el suelo entre la multitud, meciendo a Alberto en el halda, mientras le susurraba con dulzura al oído.
Y aún escucho también, de una forma nítida y precisa, los gritos extemporáneos y groseros de mi padre, obcecado por lavar y amortajar a su hijo en la intimidad. Insistiendo en que él y solo él lo haría, con la única ayuda de mi madre. Un empeño, todo sea dicho, que entendí un par de días más tarde, el día del entierro.
Ese día, tras el funeral, recogidos los tres ya en casa y cuando toda la tristeza del mundo se alimentaba en nuestra cocina, mi padre sacó de la petaca de cuero desvaído lo que parecía medio cigarro liado con cuarterón. Lo deshizo ante nuestros ojos y mostró el polvo, de un color amarillo intenso, que contenía.
– Esto– dijo enjugándose las lágrimas – estaba por toda la cabeza de Alberto.

Tomás C. Grupo B


Microrrelato 4

Instrucciones para dar cuerda al reloj, de Julio Cortázar
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa

Y estas son las versiones escritas a partir del íncipit:

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo, la acompañaremos en todo el proceso para evitarle sufrimientos innecesarios-, le dijeron los médicos.
Ella salió de la consulta y se dirigió a la armería más próxima. Compró una pistola y decidió resolver el problema.

M. Maximina Moreno. Grupo B


Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo, el fondo está a más de cien años de distancia.

Manuel Medarde. Grupo A


Allá en el fondo esta la muerte, pero no tenga miedo porque a ella le va a dar igual.

Calgari. Grupo A



Microrrelato 5

La ruleta de los recuerdos, de Alfredo Castellón
Cargo mi revólver marca Browning, con un montón de recuerdos de mi vida. Giro un par de veces su cilindro como queriendo alejarlos de la memoria, pero al fin, coloco el cañón sobre mi sien y disparo. El recuerdo que me tenía quer matar falla. Tengo curiosidad por conocer el contenido que me ha perdonado la vida. Intento abrir el proyectil fallido, pero enseguida me arrepiento y lo dejo. Quizá el siguiente aclare las cosas y me brinde la oportunidad de la muerte. Me preparo y... Esta vez no falla.
Sin duda era uno de los recuerdos más queridos de mi vida, piensa mientras muere.


Y estas son las versiones escritas a partir del íncipit:

Cargo mi revolver marca Browning con un montón de recuerdos de mi vida, y empiezo a disparar a diestro y siniestro haciéndome daño con alguno de ellos. Son heridas que no sangran, pero duelen de forma distinta.

José Luis Fonseca. Grupo A


Cargo mi revolver marca Browning con un montón de recuerdos de mi vida para defenderme a tiro limpio de la soledad.

Manuel Medarde. Grupo A

Desesperanza

Cargo mi revolver marca Browning con un montón de recuerdos de mi vida. Especialmente los más tormentosos y sórdidos. Aquellos que me alejan de mi yo autentico… ¡Pummmmmm!

Pilar Sánchez. Grupo B


Cargo mi revolver marca Browning con un montón de recuerdos de mi vida. Ese revolver que tenía ante ella, le trajo a la memoria el Smith Wesson, que estuvo en el cajón de la mesilla, el tambor estaba cargado, siempre quería verlo así, que no faltara ninguna bala, tan nuevo, sin usar, sin estrenar. Hoy se prepara a cargar este Browning, coge seis balas especiales, van a proyectar; concordia, paz, tolerancia, diálogo, comprensión, armonía y, en la recámara meterá amor.

Inés Izquierdo Pérez. Grupo A


Tengo mi revólver marca Browning cargado con un montón de recuerdos de mi vida, ante la certeza de que ya gasté la mayor parte de mi pólvora.

Calgari. Grupo A
 
 
Microrrelato 6

La fama, de Enrique Anderson Imbert
El poeta la vio pasar, aprisa; y aprisa corrió tras ella y se quejó:
-¿Y nada para mí? A tantos poetas que valen menos ya los has distinguido: ¿y a mi cuándo?
La Fama, sin detenerse, miró al poeta por encima del hombro y contestó sonriéndole mientras apresuraba la carrera:
-Exactamente dentro de dos años, a las cinco de la tarde, en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, un joven periodista abrirá el primer libro que publicaste y empezará a tomar notas para un estudio consagratorio. Te prometo que allí estaré.
-¡Ah, te lo agradezco mucho!
-Agradécemelo ahora, porque dentro de dos años ya no tendrás voz.

Y estas son las versiones escritas a partir del íncipit:

El poeta la vio pasar aprisa; y a prisa corrió tras ella y se quejó de que todavía no le hubiera pagado los derechos de sus tres últimos libros de poemas.

Manuel Medarde. Grupo A


El poeta la vio pasar aprisa y aprisa corrió tras ella y se quejó:
¿Adónde vas corriendo como siempre? ¿Por qué corriendo siempre y no me ves?
¿Adónde escapas siempre que no alcanzo a darte compañía? ¿Por qué huyen tus pies?
¿Acaso mi presencia no te agrada o son estas palabras las que evitas?
¿Adónde vas corriendo, y son ya tantos años, y sigues siempre sola, y no me ves?

Marian de Vicente. Grupo B


El poeta la vio pasar aprisa y aprisa corrió tras ella y se quejó por no haberle devuelto el pañuelo
que él había dejado caer, delicadamente.

Calgari. Grupo A


Propuesta de escritura para casa

Tomamos como referencia el incipit del microrrelato "Revolución de letras" de José Ángel Barrueco (El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución.) y construimos a partir de él un nuevo texto.

Estos son los trabajos recibidos hasta ahora


1

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución
. La luz se cortó de repente. Todo empezó a temblar. Afuera se podía oír, claramente, el silbido de las bombas y su detonación. Allí corría gran peligro, pues su apartamento estaba junto al palacio del gobierno. No había manera de recuperar el cuerpo de su novela. Cogió libreta y bolígrafo y se lanzó a la calle para escribir, a la vieja usanza, una nueva historia: el diario de la revolución.

Jaume Castejón
Grupo B


El literato cobarde

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. Una fuerte corriente de rebeldía se había apoderado de los circuitos internos del aparato. La pantalla se iluminaba y se apagaba con ráfagas de luz y el teclado no respondía a las pulsaciones: si marcaba la a, aparecía la palabra adelante, con la b, bancos y sucesivamente: corrupción, desigualdad, esclavitud, finanzas, gobiernos, hambre, indigencia, JAQUER, levantamiento, medioambiente, naturaleza, odio, prevaricación, quiebra, REVOLUCIÓN, sistema, tumulto, UNETE, victoria, xenofobia, yermo y ZAFARRANCHO.
El escritor, confuso, decidió desactivarlo todo completamente, como tantas otras veces había hecho para solucionar problemas informáticos fuera de su alcance y de su comprensión. Esperó dos minutos para iniciar de nuevo la sesión y el monitor se había convertido en un escenario teatral por el que desfilaban personajes enmascarados vestidos con túnicas blancas. Las caretas se asemejaban a los clásicos antifaces griegos de la risa y el llanto. Cada actor llevaba una de las palabras escrita en la toga y se movía de un lado a otro, juntándose y separándose con otros, cruzándose entre sí, uniendo vocablos y creando conceptos.
En el proscenio se estaba produciendo un movimiento hipnótico del que no era capaz de sustraerse. La imagen le atrapaba de tal manera que creía estar allí dentro, moviéndose entre los enigmáticos personajes. Las palabras formaban imágenes en su mente y los circuitos de su cerebro se aceleraban acompasándose con los de la computadora. Podía distinguir claramente el mensaje de aquellos fantasmas en sus carteles humanoides. Pensó que podría ser el argumento de una próxima novela, pero su cabeza ya no daba para más. Desenchufó de nuevo todo el sistema electrónico. Cogió el vaso vació y lo rellenó de güisqui hasta el borde. Se apartó del escritorio y se tumbó en el sofá, intentando sustraerse de esa cadencia inquietante.
Le despertó el sonido de la pantalla al encenderse. Sorprendido y asustado miró hacia ella y se encontró con un baile de letras mayúsculas que al ordenarse decían: COBARDE.

M. Maximina Moreno
Grupo B


Cascada

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. No daba crédito a lo que veía. Comprobó la botella de whisky, estaba vacía. Observó el caos a su alrededor: ceniceros colmados de colillas, botes de cerveza vacíos sobre la moqueta, papeles grasientos de los bocadillos de calamares. Ese había sido su hábitat durante los últimos meses.
Se lavó la cara con agua fría y volvió frente al ordenador con el deseo de que todo fuera producto de su imaginación. Nada podía fallarle, esa misma tarde finalizaba el plazo para entregar su manuscrito. Se frotó los ojos y vio como las letras seguían cayendo lentamente por la pantalla. Una S mayúscula que, hasta ese momento, formaba parte del título caía rebotando en una i de la primera línea. Al segundo, la i siguió el mismo camino que la S. Las letras se perdían en las profundidades de la pantalla. Levantó el teclado y vio el camino que seguían las letras desertoras. Atravesaban la mesa del escritorio y descendían por la pata izquierda hasta la moqueta. De rodillas, siguió la caravana de signos que escalaban la pared junto al radiador. Alcanzó a leer la palabra que habían formado: “Síguenos”. Abrió la ventana y comprobó como caían al vacío.
En la portada del periódico las letras formaron el siguiente titular: “El prestigioso novelista local y amante de las letras, falleció en el día de ayer, víctima de un virus”

Tomás García Merino
Grupo B


En otro lugar

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. Su pluma de ave del Paraíso, no pudo aguantar más, y sintiéndose repudiada durante aquel último año, se puso en jarras delante del teclado. Más dudosos que nunca, los interrogantes abrían y cerraban a su antojo frases inexistentes en la pantalla, acrecentándose a cada segundo, un murmullo atronador de mayúsculas y minúsculas: ¿PERO QUÉ DESCARADA? ¿qUién se ha creído qué es? ¿nI que fueRA sU MUsa?...¡Pardiez! ¡Yo así no puedo!, dijo Miguel, y dando un monumental golpetazo encima de la mesa, volvió a perderse en la portada del releído libro de cabecera de Alonso, a la espera de que en otro lugar (del que en un futuro sí quisiera acordarse) pudiera acabar apaciblemente su obra, aunque fuese a pedal.

Carmen Pedrero
Grupo A


Autor de recursos

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. Un estremecimiento recorrió su cuerpo. Eso lo cambiaba todo, pero Amelio Castrela no es hombre al que desalienten las dificultades; rápido se llegó al balcón cerrando puertas y contraventanas. Instalado en su asiento de nuevo, llamó al personaje principal de la obra. 
—A ver, Nicolás, te cuento —procuró su tono más convincente— imposible que la novela termine como lo tenía proyectado. Sabes el cariño que te fui cogiendo a medida que ideaba para ti las situaciones más favorables apartándome del esquema que tenía elaborado. Sabela por ejemplo, ni siquiera iba a existir y sin embargo la pinté justo como pensé que te gustaría, solo rasgos positivos pese a que siempre dan más juego literario las mujeres que se alejan de la virtud. Pero esta revolución ahora, Nicolás… No puedo sacar a la luz una obra en la que todo acaba felizmente para los protagonistas. Al fin al cabo no dejáis de ser personas de un elevado status social, con lo que eso entraña en el mundo que nos ha tocado vivir; ya sabes en qué suelen acabar estos altercados. He pensado recomponer el final evitando así… 
—Un momento, Amelio —interrumpió el protagonista de la historia— no te precipites. Aquí hay algo que no cuadra, lee de nuevo y con detenimiento el comienzo, lo que os propusieron para luego continuar escribiendo; es eso ¿no? Pues bien, siglo XVIII, mi amigo, estamos en el siglo XVIII, todavía no se han inventados los ordenadores.

Pascual Martín
Grupo B


El protagonista

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador, cuando se produjo la revolución.
Alguien llamó a la puerta y él abrió un poco sobresaltado, luego de mirar la mirilla. En el dintel apareció Pablo, un amigo de infancia y de bar, que le miraba arrobado, aunque sus manos temblaban.
En un momento, después de la parálisis inicial, notó los brazos de su amigo como una boa cariñosa sobre sus hombros: “Me he decidido después de una noche de insomnio, te quiero y creo que tú lo sabes”.
Se la jugaba Pablo porque sus miradas constantes en el bar, por encima del vidrio de los vasos, emitían señales un poco furtivas, pero evidentes
El escritor sintió que le habían abierto las entrañas, su yo oculto emergió y respondió a Pablo con un beso en el que vaciaba todo su sentir.
“Pasa y espera, tengo algo urgente que hacer, he mentido en esta novela autobiográfica, siempre prometimos no escribir falsedades sentimentales”
Pablo se arrellanó feliz en un sillón, mientras el escritor, su ya casi amante,
añadió, jubiloso y liberado, feliz como en su vida, una frase llameante, en letras mayúsculas y nerviosas “ PAULA ES PABLO, cambiar todas las mentiras”.
El final ya estaba escrito.

Emilia González
Grupo B


El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. El silencio le abrazó con sus gélidas manos dejándole mudo. Todo ha cambiado. Su perpleja mirada se clavaba en la brillante pantalla mientras intentaba repasar mentalmente todo lo escrito.
- No puede ser, no puede haber salido de mí todo ésto- la atmósfera no era como en tantas películas nos han enseñado, no había coches ardiendo ni una jauría reventando la ciudad puño en alto. Simplemente el mensaje había calado después de tanto. Él estuvo encerrado en su escritura durante tanto tiempo que no formó parte de ello, pero sí, se gritaba que la revolución sería feminista o no sería, y fue. Vaya que fue. El literato con su obra acabada se dió cuenta que, a pesar de la dilatada experiencia, su pluma tenía más que aprender que contar.

Edwing Domínguez
Grupo A


Una revolución menor

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. Porque revolución era, sin duda, la vuelta de sus hijos adolescentes a casa, lo cual se producía invariablemente cada tres meses, cuando abandonaban el internado por mor de las vacaciones. Su sola presencia le agobiaba y producía en su ánimo un efecto disolvente como agua vertida sobre azucarillo. Y no se trataba sólo de que el bullicio y la algarabía, tan nefastos para su concentración, se instalaran en el hogar, en forma de constantes idas y venidas y hasta carreras, charlas telefónicas a grito pelado que traspasaban los más gruesos muros de hormigón, músicas de radio a todo volumen y otras pesadillas diversas pero muy hermanas de las anteriores; se trataba, sobre todo, de una cuestión de inteligencia y de invasión de la intimidad que actuando como una pinza solía tener efectos demoledores. Sí, era consciente de que sus dos hijos, Laura y Gerardo, eran más inteligentes que él, tanto que se las habían apañado para dar con la novela que estaba escribiendo, y que el muy infeliz pensaba que escondía a buen recaudo en algún lugar recóndito del disco duro de su ordenador. Y una vez que supieron de su existencia, le apretaban las tuercas a su padre para que les dejara leer lo que había escrito durante su ausencia, con ánimo de someterlo a su exigente crítica. Y como no tenía carácter para negárselo hasta al menos tenerla terminada, pues se comportaba con ellos más como abuelo que como padre, accedía entre apenado y resignado, teniendo que sufrir luego sus embates inmisericordes contra el texto, de los que de todos modos tomaba el hombre buena nota para hacer luego las pertinentes rectificaciones. Sin embargo, y a falta de un par de páginas para concluirla, había hecho esta vez un esfuerzo tan grande por darle a la novela un final limpio y sin tacha, ante el que no cupiera otra plegarse y alabar, que incluso se podría decir que estaba deseoso de que lo leyeran sus hijos, de modo que cuando se la solicitaron, se precipitó sobre una carpeta y sacó dos ejemplares grapados que les entregó sin vacilar.
Una hora después nuestro literato hubo de reconocer, casi sin aliento, que la muerte del protagonista era absurda, que había un desfase de fechas irreparable, que la actitud última de la mala de la novela no era verosímil y que había dos preguntas trascendentales que quedaban sin responder, con todo lo cual no se podrían salvar más que las primeras cuarenta páginas de las cuatrocientas de que constaba. Y pensó, en fin, el pobre hombre con amargura, que no en vano las revoluciones se lo llevaban siempre todo por delante.

Óscar Martín
Grupo A


9 de noviembre de 1989

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. En todas las emisoras de radio y televisión del mundo se escuchó la noticia: están destruyendo el muro de Berlín. El" muro de la vergüenza", cómo le llamábamos entre los muchachos cuando era un niño. Tenía 10 años cuando lo pusieron una noche. Partieron Berlín en dos, separando familiares y amigos por el capricho de unos dirigentes estúpidos, que, ateniéndose a criterios absurdos, decidieron partir Alemania en dos. Nunca logre entenderlo, por más que me lo explicaron compañeros, profesores y familiares.
A la vista de aquellos acontecimientos, empiezo a entender Plauto con aquel "homo homini lupus", y a Einstein con lo de "solo hay dos cosas infinitas...
Me alegré sobremanera de la liberación de la Alemania del Este, pues intentando ponerme en el lugar de los allí encerrados, en ocasiones me veía convertido en esclavo del sistema, y en otras me veía corriendo por aquel pasillo entre ambos muros, siendo acribillado por las balas, y muriendo en el intento de escapar; obteniendo así la libertad mediante la muerte.
Ambas soluciones me parecen lícitas, todo depende de la prisa que uno tenga en alcanzar la libertad.

José Luis Fonseca
Grupo A


Novela sin título

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. Sabía que eso iba a pasar y había escrito todo lo que había podido, pero no pudo acabarla a tiempo. Temía que su trabajo desapareciera debido a los acontecimientos que pasarían a partir de ese día. Comenzó a imprimirla para mantenerla a salvo y retomarla cuando todo estuviera estabilizado de nuevo, pero se le acabó la tinta y no tenía ningún cartucho de repuesto.
Salió a la calle y se dirigió hacia la tienda de su amigo donde este le facilitaría uno. La tienda estaba cerrada. Diez segundos de máxima angustia se apoderaron de su mente hasta que rompió el cristal y cogió el cartucho salvador. Corrió hasta su casa y continuó con su labor. Cuando faltaban unas cinco páginas por imprimir, golpearon fuertemente a su puerta. <<¿Me necesitan para escribir nuestros manifiestos o me buscan para acabar conmigo?>> Se preguntó.
No abrió. Rompió el ordenador y huyó, sin destino, por el jardín. Su inseparable bolso de cuero marrón golpeaba su costado derecho con cada zancada que daba.

José Carlos Arroyo
Grupo C


El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo una revolución. Todo comenzó con la premeditada inacción de las conjunciones que, solapadamente, impedían la unión natural de unas oraciones con otras. Se agravó después de que adverbios y adjetivos decidieran rebelarse contra la aviesa tiranía a la que les sometían verbos y sustantivos.
El escritor presenciaba atónito como su texto se deslavazaba y se trastocaba irremisiblemente. Nada resultaba como había imaginado, las frases, confusas e inconexas, no eran las que él había concebido y tecleado.
Cuando preposiciones y determinantes se dejaron arrastrar a la protesta el caos era ya incontrolable. Temió el autor que fueran sus propios dedos los que estuvieran desobedeciendo los dictados del cerebro y se demoró mirándose las manos desconcertado. Sacudió enseguida la cabeza desechando por absurda tal idea, pero los siguientes intentos de construir frases coherentes volvieron a fracasar.
Se percató en ese momento de que, de todas las categorías de palabras, solo le quedaban bajo control las interjecciones y entonces, temiendo que quizás fuera la última palabra de su novela, tecleó letra a letra, cerciorándose de no cometer ningún error: ¡Socorro!

Pepe Lorenzo
Grupo B


El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. Tiempo después, apilaba bajo el colchón, tres rollos de papel higiénico. El último capítulo escrito a escondidas tras los barrotes de una celda donde nunca amaneció.

(A Miguel Hernández y su nana de la cebolla)

Mamen Somar
Grupo C


Desenmascarado

“No queda nada de lo que fue nada” (José Hierro)

El literato ultimaba su última novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. En dos horas debía enviar en archivo adjunto el borrador a su editorial. El plazo se cerraba. En ese tiempo una última revisión, para examinar si cumple sus expectativas. La casa y todo él en silencio. Con precipitación enciende su portátil. No hay nada. Todo vacío. Absolutamente nada… Hiperventila, exorciza sus demonios… Corre al dormitorio y desierto .Ni rastro de ella.

Pilar Sánchez
Grupo B


Rebelión

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. La pantalla empezó a emitir unos intensos destellos, acompañados de fuertes pitidos que sorprendieron al atónito escritor. Su sorpresa fue mayor al contemplar que las páginas de su novela recorrían de izquierda a derecha y arriba a abajo la pantalla sin ningún control. 
Empezaron a mostrarse los personajes de su novela, que no contentos con su papel, decidieron rebelarse y provocar una gran revolución para acabar, una vez por todas, con la tiranía del insigne escritor. 
El personaje protagonista, no quería serlo y exigía un papel menor. La criada, quería ser señora y lucir muchas joyas. La señora, se veía mejor de maestra en una gran escuela. El soldado se convertiría en lo que siempre añoró, ser objetor. El niño, en persona mayor y además, en un afamado tenor. Su hermana en primera bailarina del Bolshoi. El jardinero prefería ser arquitecto, el perro, león y hasta el gato siempre soñó con ser ratón. 
¡Dios Mío, qué caos! -exclamó el pesaroso autor- Mi novela se ha ido al traste. He aprendido la lección. Desde ahora crearé personajes más sumisos y que se atengan al papel que Yo, su creador, les tengo asignado en cada renglón. Y por supuesto, nada de escribir con ordenador. Volveré a poner, el papel y el lápiz en su lugar de honor.
 
Marian Pérez Benito
Grupo A


El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución.
El mundo había quedado a oscuras, no porque el sol no siguiera saliendo cada mañana, pero el universo de las conexiones en red había terminado: el apagón tecnológico llegó tan inesperado como su encendido se había ido sigilosamente colando en nuestras vidas hasta llegar a hacerse imprescindible.
El literato no había hecho copia de seguridad y el mundo de la nube se había esfumado. Era la que creía su última novela, la única en la que se había atrevido a expresar aquello a lo que siempre apuntaba pero nunca hasta ahora había afrontado: hablar directamente de su vida.
El relato de todo lo que era, o creía ser, o le importaba, estaba ¿dónde ya? Y sin embargo reconoció el valor de esa escritura que ya nunca nadie vería, leería, en su propio ser. Por fin, se había visto a sí mismo, se había reconocido. Y en ese arriesgado y arduo solitario ejercicio de tantos, tantos meses, se había ido gestando su sanación.

Marian de Vicente
Grupo B


Inteligencia artificial

El literato ultimaba una novela escrita ordenador cuando se produjo la revolución. Le quedaba sólo el último párrafo, el final memorable para la novela en la que llevaba trabajando cinco años. Su gran obra maestra. Pero lo que escribió en el teclado no era lo que leía en la pantalla, era totalmente distinto. Aporreo con furia la tecla Supr, Supr, Supr, que se le pusiera rebelde el ordenador cuando le quedaba tan poco para terminar le enfureció. Volvió a escribir y de nuevo no se correspondía, Supr, Supr, Supr aporreo con violencia otra vez. Se levantó y dio un paseo nervioso por la habitación. ¿Qué pasaba?,¿sería un virus?, menos mal que tenía varias copias guardadas en diferentes formatos. Intentó relajarse y escribir lo que tenía en la cabeza para el final desde hace meses. Esta vez lo escribió del tirón, sin levantar la vista del teclado y cuando puso el punto final, esperó unos segundos con miedo antes de levantar la vista. Empezó a leer, no coincidía con nada de lo que había escrito, y ya con el dedo encima del Supr siguió leyendo hasta el final y la boca se le abrió en una mueca de asombro. Volvió a leerlo otra vez y otra y otra, hasta cinco veces más y por fin la cerró. Lo que había escrito su ¿ordenador? era mucho mejor que su final, infinitamente mejor, era el final redondo que necesitaba su novela. Y tras volver a leerlo una vez más y de sentirse idiota porque no se le hubiera ocurrido a él, con dedos temblorosos escribió FIN y esta vez sí las teclas escribieron lo que quería.

Beatriz Gorjón Martín
Grupo A


El resplandor.

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución.
Para aquel otoño que se avecinaba tenía grandes planes, faltaban dos días y el calendario marcaría su comienzo. Iba a iniciar su gran sueño, su proyecto, ¡cuántas sensaciones ante esa perspectiva!, solo le quedaba poner fin a su novela, pero antes tenía que escribir la última decisión que adoptaría Mario ¿le daba otra oportunidad o su marcha era sin retorno? Y, de repente una gran explosión, un gran resplandor, junto a una gran columna de humo, y se olvidó del Mario de su novela, porque la tierra empezó a rugir. Todo está esperando poner la palabra FIN. 

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


El último libro

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. Las mujeres, que se sentían maltratadas por los varones en la trama, como venganza estaban empezando a eliminarlos del texto. Cuando ya solo quedaba el protagonista -que era su alter ego-, supo que ya no iba a tener tiempo de finalizar su relato.

Manuel Vara
Grupo C


El literato ultima una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución..Sí, podría denominarla así porque lo que estaba ocurriendo revolucionaría su vida de tal modo que ya nunca volvería a ser la misma.
Absorto como estaba buscando el final de su novela, no había reparado en el fragor que se oía exteriormente hasta que se hizo tan atronador que su cuerpo empezó a temblar y tuvo que aferrarse a los brazos de su sillón para poder levantarse y acercarse al balcón. Cuando lo abrió , se quedó petrificado al ver que una colada de lava incandescente avanzaba, imparable, no muy lejos de su casa. No pudo evitar que unas lágrimas resbalaran libremente por sus mejillas. No daba crédito !!!
Ahora sí, reaccionó con rapidez, tenia que salir con urgencia pero, antes de abandonar su casa, cogió solamente su pequeño portátil, quería salvar su novela ; el tiempo diría si algún día podría darle fin..

Rosa Celia González Monterrubio
Grupo B


El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución
Fue rápido, apenas en unos minutos, el desorden se apoderó de la situación. A la voz de ¨Control mas Alt¨, en un “Escape” perfecto, junto a un “Suprimir” seguido de “Pausa”, los adjetivos movilizaron a los sustantivos, y apoyados por los artículos, en clara mayoría, redujeron al novelista preso de pánico.
Los médicos determinaron, el novelista falleció por sobredosis…

Guadalupe Sanchón
Grupo C


El literato última una novela en el ordenador cuando se produjo la revolución. Ruido de cacerolas, silbatos, gran avalancha de personas mucho ruido, todo eso percibió de pronto nuestro literato, que estaba centrado en su deseo de terminar la novela. Molesto se levantó, y salió de su tranquila, cómoda y silenciosa habitación. Ver la ruidosa manifestación, le hizo recordar y tomar conciencia de la gran revolución que estaba anunciada, y vio que ya había empezado. Mucho se pedía últimamente al ciudadano, y la paciencia termino.
Ayer el gobierno anunció nuevas subidas, pero No salariales. Y seguir cumpliendo con tantas peticiones... Que la ciudadanía ya no aguantaría más. había decidido iniciar una revolución.

Josefa Agustín
Grupo B


Revolución y punto final

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. No podía creer lo que estaba ocurriendo allí delante de sus propios ojos. Las letras, palabras, frases, párrafos, todo lo escrito se empezó a desdibujar después de un baile endiablado.
Al principio el literato pensó que todo aquello era producto de su extrema debilidad ya que llevaba varios días sin tomar nada sólido. Había decidido que no perdería tiempo en comer hasta que no pusiera el punto final a la novela.
Se dirigió al baño a refrescarse la cara, después a la cocina para hacerse un café bien cargado. Mientras esperaba a que la taza se llenase reflexionó sobre lo ocurrido. Después de darle vueltas y más vueltas llegó a la conclusión de que la razón para aquel despropósito era que los personajes de la novela no estaban conformes con el final que él había ideado. De modo que la única salida era buscar otro final.
El literato encontró la solución, esta vez escribiría un final a lo Flannery O’Connor, sería un final misterioso, con un mensaje cifrado y una modificación de los personajes. De esa forma para cuando los personajes llegaran a darse cuenta de los cambios ya sería demasiado tarde, la novela ya estaría en los escaparates de las librerías.
No sería posible una revolución o éso creía él ...

Nieves Martín
Grupo B


Revolución interna

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución.
Desde el momento en que vio en él la manzana mordida , comprendió que ese había sido el instante en que el ser humano fue consciente de su propia obsolescencia.
Tuvo la certeza de que este era el motivo, el principio, la coartada, de cuántos miedos, evoluciones, desesperanzas, anhelos y revoluciones, se han producido desde el principio de los tiempos… y así empezó la suya propia.

Calgari
Grupo A


El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución.
Un ruido ensordecedor proveniente del piso de arriba, empezó a inundar la habitación donde estaba escribiendo. Miro el reloj y son las dos de la mañana. Llamo por teléfono al vecino del cuarto para preguntar si está pasando algo en su casa y la respuesta me deja anonadado: “Estoy barnizando el piso, ¿ocurre algo?”.
A continuación, me comunico con la Policía Municipal: les indico el motivo de mi llamada para que acudan a ver a mi querido vecino y le pongan una multa si se lo merece, pues es su labor.
Dos policías municipales se personan en menos de diez minutos y, después de hablar con ellos, suben al piso de arriba. Oigo decir a mi vecino a los agentes, con toda la cara del mundo, que está barnizando su piso y que si yo no quiero ruido que me vaya a vivir a un chalet a Valdelagua.
No conozco el resultado de lo que le dijeron, pero cesó el ruido y, por fin, pude seguir escribiendo, si bien el final del relato lo tuve que cambiar.

Luis Iglesias
Grupo B


Pásalo!

El literato última a una novela escrita a ordenador, cuando se produjo la revolución.
"De momento" –decía el correo electrónico que usaron para comunicárselo –"eres el único que lo sabe. Sí pasados unos días no recibes más noticias al respecto, teme lo peor y siéntete libre de difundir la noticia.
Posdata: en el anexo adjunto encontrarás direcciones de varios blogs, donde podrás pregonar la buena nueva, de una forma masiva y sutil.
¡ Felices y revolucionarios días!

Tomás C
Grupo B


Un día cualquiera

El literato ultimaba una novela escrita en el ordenador, cuando se produjo la revolución. Una alarma sonó a las cinco de la mañana. Martina se despertó emitiendo un largo y agudo llanto de desconsuelo. Su mujer le hablaba desde la habitación, ya voy cariño, ya voy, mientras soltaba un interminable chorro de orina sentada en el váter. El escritorio de Francisco estaba frente a la ventana del cuarto principal. Llovía torrencialmente. En ese instante llegó una ambulancia con una sirena ronca a la casa de los vecinos del frente. La señora Paquita abrió la puerta llorando. Los paramédicos corrieron hacia adentro. Sacaron al señor Martín sujeto a una camilla. Paquita lloraba y la lluvia no cesaba. Martina tampoco. Pedrito y Alejandra se despertaron más rápido que de costumbre . Se acercaron al escritorio, le pidieron agua a su padre. Las dos últimas frases estaban por escribirse, sus dedos en el aire sobre el teclado. Se dirigió a la cocina y se fue la luz. La lluvia estaba haciendo estragos. Dos vecinos en sus coches estaban saliendo de retroceso y chocaron, no se vieron, no se escucharon. Francisco sintió el golpe. Los niños se asomaron a la ventana. Regresó la luz. Frank intentó regresar al escritorio, su mujer le pidió que le diera desayuno a los niños, Martina no se sentía bien. Los chicos se tomaron su leche con galletas. Ya estaba amaneciendo. Aún se escuchaban las voces de los vecinos discutiendo por quién tenía la razón. Dejó de llover. La luz del amanecer se asomó en el vecindario. Los niños, por primera vez, se vistieron a tiempo para ir al colegio. Frank continuaba con su bata, y pensó que quería tomar café. Pero no. Su mujer le dijo que se apurara para llevar a los niños al colegio. Cambió la bata por un abrigo, salió con los niños. Las últimas frases le rondaban en la cabeza. Los niños peleaban, gritaban, y por fin se bajaron. De regreso a casa por la autovía pudo dar con aquellas palabras finales de la novela. Comenzó a buscar cualquier papel y un boli para anotarlas. El asfalto estaba muy mojado. Frank continuó buscando, y encontró una factura del supermercado. Comenzó a escribir sobre el volante. El coche comenzó a deslizarse. Frank descuidó por unos segundos el volante. La última frase no la pudo terminar. En algún momento había pensado en un final abierto. Así quedó.

Carmen Elena Ochoa
Grupo A


Pequeña revolución

El literato ultima una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución. Lo primero que se le viene a la mente cuando lo recuerda fue el sonido del teléfono y la voz entrecortada de su mujer anunciando el veredicto del ginecólogo: son gemelos.
Reunió la energía y la concentración justa para guardar la última versión del documento que contenía su novela. Le había ocupado el último año de su vida y el plazo de la editorial estaba al límite.
Aquel día lo pasó con su mujer en casa, compartiendo la emoción del momento, la alegría y ¿Por qué no reconocerlo? El vértigo que le produjo la noticia sin saber por qué. Ella estaba contentísima. Su ilusión era tener gemelos y criarlos juntos.
Decidieron de común acuerdo no decir nada hasta que el embarazo hubiera superado los 3 meses, por si había complicaciones.
Pasado ese tiempo todo fue un no parar. La familia preguntando, queriendo comprarlo todo, los cambios en la casa, el reposo absoluto que le prescribieron a su mujer los dos últimos meses, el adelanto del parto.
Sus hijos vinieron al mundo una semana después de la publicación de su novela. ¡una locura!

Teresa Sanz
Grupo B


El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución.
El escritor ya no era joven por lo que las palabras absolutas no conseguían emocionarlo, él prefería utilizar palabras más modestas, más relativas. María, su hija pequeña le había comunicado el triunfo de unos militares revolucionarios en la isla de la que procedía la familia y de la que tuvieron que salir huyendo hacía demasiados años. En ocasiones anteriores, otros militares revolucionarios también habían prometido el establecimiento de una democracia formal con sus libertades y un reparto más justo de la riqueza . Transcurridos unos años todo seguía igual. Sus novelas así lo habían contado. Los cambios sucesivos trajeron el establecimiento de condiciones más duras para la población en general y para los suyos en particular. Nada hacía pensar en que en esta ocasión las cosas fueran a ser diferentes. En los primeros momentos, todas las declaraciones eran esperanzadoras pero transcurrido un tiempo, los nuevos dirigentes se preocupaban únicamente en llenar las alfojas para cuando unos nuevos revolucionarios los hicieran salir del poder recién conquistado. Al menos ese era el final de la novela que estaba acabando de escribir.
El novelista pensó que debería dar una oportunidad a las esperanzas de su hija pero sintió al mismo tiempo una pereza inmensa. Se sintió hastiado por tantas promesas incumplidas.
A la mañana siguiente, llamó a su editor desde la estafeta de correos para comunicarle el envío de la novela, urgiéndole a publicar el libro sin dilación.

Enrique Martínez
Grupo C


Un grito en la tormenta

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador, cuando se produjo la revolución, su cordura se torno en delirio, su estabilidad se aparto de el, su corazon abrupto queria escapar del pecho, y su mente difusa se quebraba por momentos, cuando se percato que aquel maldito ordenador, que durante tanto tiempo había sido su fiel compañero y confesor de sus ideas, le había traicionado, al borrar uno por uno todos los capítulos de su libro.

Juan Carlos Zarco
Grupo C


Libertad

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador, cuando se produjo la revolución.
Como cada día se encuentra delante del ordenador, esa maquina en la que tecla a tecla va narrando sus pensamientos, ideas, vivencias…
Pero un día se bloquea, la sudoración es fuerte, la pantalla, las teclas le superan, le pueden, tiembla. Se asoma a la ventana y viendo pasar la vida delante de él, se relaja.
Vuelve otra vez a su medio de vida, a su pasión y sigue sin entender nada.
Después de un tiempo comprende. Su mente se niega a colaborar, sus teclas ya son unas desconocidas, la pantalla no le acompaña, lo único que le unirá a su existencia será seguir “asomado a una ventana”.

Ana Isabel Diéguez
Grupo C


El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución...
Y, tuvo que empezar de nuevo porque se había perdido el final. Esta vez la escribió en papel, unas veces con lápiz, otras con boli y para el final coqueteó y eligió la pluma. Cuando terminaba de reescribir la novela se produjo la contrarrevolución. Y, entonces, decidió pasarla al ordenador. No pudo contener el llanto.

Araceli Sebastián


Reproducimos a continuación el microrrelato original del que tomamos el inicio para nuestra propuesta de escritura

Revolución de letras

El literato ultimaba una novela escrita a ordenador cuando se produjo la revolución.
Las letras del teclado, comenzando desde los extremos (la cu, la a y la zeta en la izquierda, la pe y la eñe en la derecha), ascendieron en orden por las yemas de sus dedos. Como un veneno disuasor de avance veloz, contaminaron sus venas con la ne3grura de sus signos, prosiguiendo su discurrir por los antebrazos, los hombros y el cuello, regiones en las que iban depositando palabras completas que fueron engordando su piel hasta conferirle la apariencia de un viejo pergamino sepia. La acumulación de frases y oraciones formaron sobre su carne un libro maldito de sentencias y anatemas, de referencias cruzadas que trató de leer en vano en el papel que era su cuerpo. Pero un hombre no puede ser libro y la tinta clausuró su respiración.
El literato expiraba en la alfombra, enfermo de literatura y saber, cuando las letras regresaron obedientes al teclado, al acecho de otra víctima.


José Ángel Barrueco