Hidrógeno enamorado

La sesión del lunes 13 de mayo la dedicamos a Ernesto Cardenal. Hablamos de su vida, de su poesía, de su compromiso. Recorrimos algunos de los poemas de la antología editada por la Universidad de Salamanca con el título "Hidrógeno enamorado" cuyo trabajo introductorio firma Mari Ángeles Pérez López.. Nos paramos en su conocido poema "Oración por Marilyn Monroe".
Analizamos algunas de las características de la poesía exteriorista, una escritura abierta a todos los temas y hablas posibles. "Todos los tiempos y todas las épocas con sus códices y estelas tan de ayer y tan de hoy: historia, economía, datos, geografía, política, estadística, mística, sabiduría. Todo se unifica en la poesía y en el lenguaje del autor de una obra rescatadora de siglos y modernidades", apunta Jaime Quezada. Por su parte, el propio Cardenal ha dicho que: "El exteriorismo no es un ismo ni una escuela literaria. Es una palabra creada en Nicaragua para designar el tipo de poesía que nosotros preferimos. El exteriorismo es la poesía creada con las imágenes del mundo exterior, el mundo que vemos y palpamos, y que es, por lo general, el mundo específico de la poesía. El exteriorismo es la poesía objetiva: narrativa y anecdótica, hecha con los elementos de la vida real y con cosas concretas, con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y hechos y dichos. En fin, es la poesía impura"


Salmo 5


Escucha mis palabras oh Señor
                                                                Oye mis gemidos
Escucha mi protesta
Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores
ni partidario de su política
ni te influencia la propaganda
ni estás en sociedad con el gángster.

No existe sinceridad en sus discursos
ni en sus declaraciones de prensa

Hablan de paz en sus discursos
mientras aumentan su producción de guerra

Hablan de paz en las Conferencias de Paz
y en secreto se preparan para la guerra

Sus radios mentirosos rugen toda la noche

Sus escritorios están llenos de planes criminales
                                     y expedientes siniestros
Pero tú me salvarás de sus planes

Hablan con la boca de las ametralladoras
sus lenguas relucientes
                                    son las bayonetas...
Castígalos oh Dios
                                    malogra su política
confunde sus memorándums
                                    impide sus programas

A la hora de la Sirena de Alarma
tú estarás conmigo
tú serás mi refugio el día de la Bomba

Al que no cree en la mentira de sus anuncios comerciales
ni en sus campañas publicitarias, ni en sus campañas políticas
                                    tú lo bendices
lo rodeas con tu amor
                                   como con tanques blindados.



Propusimos como tarea escribir un poema con el título de "Oración", "Utopía" o "Salmo" que incluyese algunas de las características de la poesía exteriorista.
Estos son algunos de los trabajos realizados por los componentes del taller:


Salmo 6.000.000

Más de 6 millones de parados… y seguimos vivos.
Mientras un banco regala cafeteras por aumentar el saldo…
¿A quiénes?...
¡Ah! a los empresarios que al perder 2 euros
despiden al joven con “máster” para poder ganar 8,
luego perderán 10 y despiden al que despidió…
Pero… ¿Para quién gobiernan los políticos?
¿Para ti, para mí… que apenas nos llega para un café en la plaza Mayor;
o para un presidente de banco que puede estar en el “padoc”
viendo una carrera de “formula 1” a la que patrocina generosamente?
Mentiras…
muchas mentiras nos comemos con la sopa viendo la tele.
Me voy a meter bajo la mesa del salón y voy a orar:
“Dios mío,
¿Tan grande ha sido nuestra ofensa para tratarnos así…
o acaso el demonio ha dado un golpe de cielo y es el que hace y deshace?
(¡Se lo debe estar pasando “chachi”!)
Muchas cosas no cuadran,
estamos ya en el siglo XXI, Señor.
No hace falta FE, Señor,
hace falta más CARIDAD.
No se puede alimentar tanta hipocresía (los sepulcros ya están demasiado brillantes).
Queremos vivir la REALIDAD con la VERDAD.
¡Dios mío, a “estos” no los perdones porque SÍ saben lo que hacen!
¡Al infierno con ellos!”.

Vicente M. Martín


El credo

Creo en el UNO: misterio legendario que no tiene nombre.

Creador Todopoderoso que baila de alegría en mi dicha, ilumina tenaz mis tinieblas y con su presencia me sostiene si el dolor se aproxima y me corteja.

Creo en el AMOR: Padre inmortal, Hijo imperecedero y Espíritu eterno de un misterio legendario. Santísima Trinidad Anfitriona del Paraíso. Cielo que no tiene puertas. Gloria que se conquista en la entrega. Vergel que aguarda el regreso de los Príncipes descendientes de aquellos Príncipes que un día le habitaron. Herederos reales que abandonaron su cuna y olvidaron su sangre porque una serpiente susurró en sus sueños una sonata carmesí. Soberanos que un muerdo trocó en gusanos. Anélidos errantes, anélidos errados, anélidos torturados por el temor de haber pecado; anélidos que desconfiados se arrastran por la agonía seca y solitaria del infierno: abismo edificado con su seda endurecida. Fosa donde las hojas de la morera huelen a oro y sospecha.

Creo en la POESÍA: aliento que es cierzo y es monzón y es alisio y es simún y es brisa y es siroco y es xalóc y es lebeche y es tornado y es… Soplo que estremece el sueño errado del monarca azotado por la sombra de un miedo carmesí. Hálito que recita loas a la Trinidad Paciente; Anfitriona siempre virgen que reside en el insignificante corazón de los gusanos.

Creo en el AMOR; en el Amor legendario que no tiene nombre -Santísima Trinidad Anfitriona del Paraíso-, en la comunión de los vientos y los verbos, en el corazón errante de los gusanos que vibra y se agita emocionado con la caricia de un beso inesperado, en la resurrección del hombre desnudo y en la Vida: Cielo Terrenal sin puertas. Gloria que se conquista en la entrega. Vergel donde habita y habitará el UNO, donde espera y esperará el UNO, porque quien conoce el AMOR desconoce el pecado; y creo que es así y así será por los siglos de los siglos. Amen.

Ana Isabel Fariña


Oh, ración

Señor , alzamos al cielo las mangas de nuestras blusas de Zara para rogarte por los muertos de Bangladesh, hincadas las rodillas en tierra cubiertas de nuestros Levis desgastados con arena. Señor, danos fuerza para gritar frente a El Corte Inglés, antes de entrar en sus rebajas, de la que venimos de Mango. Señor, líbranos de los sangrantes precios.


El pan nuestro de cada día

Padre Nuestro que estás en los pesqueros
que arrastran las redes en sus océanos.
Santificados sean los botes
que pescan sólo para ellos.
Hágase por cultivar
aquellos campos que manipulan precios.
Perdona nuestras ofensas
por no pensar en lo que nos venden
y ayúdanos a pensar.
Amén.

Miguel Ángel Pérez


Aún tengo esperanza
Enésima utopía

Aún tengo la esperanza
De que frente a la barbarie
De los que se juntan para violar a nuestras niñas
En la India, en África o en los suburbios europeos
Haya unas mujeres y unos hombres con valentía
Que se erguirán para impedírselo.

Aún tengo la esperanza
De que entremos en razón
Y que a las mujeres de Yemen, de Afganistán y otras tierras
Que lapidamos por descubrir
Un mechón, un trocito de piel, o decir una palabra de más
Devuélvanos algún día su dignidad e identidad.

Aún tengo la esperanza
De que todos los Ernestos, Panchos, Manus y otros Salvadores
Del Sur, del Norte y otros lugares
Consigan dar voz a los pueblos oprimidos
Para renacer de sus propias cenizas
Y dar la cara frente a los Imperios de toda especie.

Aún tengo la esperanza
De que dejemos de cazar a los Bouna Traoré y Zyed Benna
A los que nacieron y se crían en guetos
Con el color y en el lugar equivocados
En Francia, en Darfur, en Polonia, dónde sea,
Y que la Humanidad vuelva a ser una.

Aún tengo la esperanza
De que los hombres de traje gris con corbata y maleta
Revisen sus ideales de grandeza
Y obren a favor de los padres, que cada día más humillados,
Vienen al cole a recoger a sus hijos,
Barajando los céntimos que les quedan para seguir adelante.

Aún tengo la esperanza
De que se hagan responsables y dejen de mentir los gobiernos
Y le devuelvan al hombre rumano sentado en mi calle
Un poco de decencia y la posibilidad de curar a su pequeño
Sin tener que mendigar las sonrisas
Y la buena voluntad de los que vamos pasando.

Aún tengo la esperanza,
Como Gejco en ‘Venuto al mondo’,
Que a pesar de los rencores
Del daño que nos hacemos entre hermanos
Pase lo que pase
Existe el perdón y una vida después del odio.

Aún tengo esperanza.
Estas y muchas otras esperanzas tengo.
Quiero seguir despertándome por la mañana
Con ganas de cambiar el mundo
Aunque sólo sea poquito,
Quiero seguir creyendo en el Hombre.

Sara Pérez


Horas de nicotina

JESÚS,
con la miel en la mente, recupero el sabor de mis ideas, agrietadas por un
discurso repetido y utópico del político:
carga de sentimientos, de voces maniatadas bajo el sudor de una farsa
en los rincones del asfalto.

Sofía Montero


Oraciones (por la Enseñanza, por la Sanidad, por la Investigación, por el Paro, por....)

AYER NO TE VI, éramos bastantes, caminábamos despacio, apenas sin molestar, algunas banderas al viento, susurros de protesta, policías por delante y por detrás, miraba por todos los lados, PERO NO TE VI, siempre

somos los mismos, esto nos afecta a todos, a los que estamos y a los que vendrán, tenemos la obligación de dejarles una vida mejor, el sistema actual no funciona, defendemos otras ideas, donde se pueda prosperar y ser feliz, no debemos dejar que nos manipulen, quieren que volvamos a las cavernas, para así ellos seguir mandando, en la próxima manifestación, por la libertad, por la igualdad, por la justicia, ME GUSTARÍA VERTE.

Luis Iglesias


Quién bien te quiere

Quien bien te quiere te hará llorar.
Ya se lo decía papa a mama.
Me crié entre palizas y broncas,
entre amenazas y borracheras y
con estos discursitos no pude por menos
que conocer a Tomás.
Tomás, un hombre, bueno y capaz
capaz de darme la primera paliza
nada más salir del altar.

No en el mismo altar claro, no faltaba más
pero si la misma noche de bodas
para empezar.

Tras esa primera paliza, la siguieron muchas más
Unas veces porque hablaba y otras, quien sabrá.

El caso es que ya lo decía papá
Quien bien te quiere te hará llorar.

Así transcurrieron los años
sin pena ni gloria,
pero con Tomás
hasta que un buen día,
no pude más
y con todas mis ganas y un cabás
cogí la maleta y la puerta
y le dije que ahí se quedaba
y no me iba a ver más.

Gracias papá y mamá
por ensañarme un día muy lejano
quien bien te quiere te hará llorar.


Yo soy

Yo soy la verdad y la vida
la verdad del que gobierna
La verdad de la mentira
la mentira de los otros
la mía es la del poder y el engaño

El engaño que vosotros aceptáis
del que os alimentáis y os alimento.

El alimento de las promesas que no cumplo
y que saboreáis
porque así hay protestas y os sentís vivos.

Vivo sin vivir en mí, ni en ti,
vida mezclada con la muerte
muerte en vida con hipotecas, desahucios y pobreza.

Esta es la verdad que os prometo
y a la que os aferráis a ella, como se aferran
las garras del león a la presa.

Presa soy del poder y la vanidad, de la avaricia
y de la lujuria

Vida entre guerra y hambre
Verdad con armas y golpes.

Yo soy la verdad y la vida,
la que no cumplo y aceptas
la que callas por vergüenza
en la que vives entre cartones
en el frío de la noche.

Carmen Alonso


Un paciente lucha inútilmente por vivir a lo largo de 90 días.
El niño, Yazid, solo ha conocido el hospital.
El hospital, el amor de sus padres y los cuidados del personal sanitario que le han rodeado.
Ha tenido más amor que otras muchas personas, pero morir tan pequeño….
Todo este amor no le salvó.
Tantos recursos gastados y tanto sufrimiento de padres e hijo.
Si tenía que morir así, habría sido mejor no haber nacido.
Otros pacientes llegan a un Centro con su dolor a cuestas y son tratados como si acudieran a comprar unos churros a una chocolatería llena de gente.
Ahora las personas viven más años en cuerpos inadaptados a la longevidad.
Algunos aspectos están adaptados para que vivamos más pero otros no.
Y no solo me refiero a la resistencia de órganos y sistemas del cuerpo
Incluyo la vida en su más amplio término
Anselmo es una anciano abandonado que conocí en el hospital.
Muy mal tienen que haber actuado en la vida para estar tan solo.
¿O quizá no?
En otros casos degeneran las neuronas y la persona pierde la identidad
A Andrea lo primero que le falló fue el cerebro y eso es como la muerte en vida.
Y existen tantos más casos cuántos más años de vida alcancemos.
Existen otras personas que malviven con un dolor intenso e incapacitante y sin paliativos ni poder poner fin a esa situación insoportable.
¡Cuánto sufrimiento inútil!

Antonia Oliva

La cuarta loba

La sesión del día 6 de mayo la dedicamos a la novela histórica La cuarta loba de José Luis Sánchez Iglesias. Hablamos del tema que ocupa la novela, de los personajes, de la investigación previa, de la trama. El autor nos dio detalles de su proceso creativo y de sus métodos de trabajo.
Y nos acercamos desde la historia, y desde la imaginación, a la revuelta de los comuneros.

Este es el texto promocional de la novela:


En una época en la que los más pobres sufrían con las tres lobas (guerra, hambre y peste), un sentimiento, una idea descabellada, empezaba a surgir en el pueblo. Alimentada por voces aparentemente espontáneas, una revolución se va fraguando en las calles de Salamanca y de otras ciudades castellanas. Testigo de excepción ante el surgimiento de esta “cuarta loba” que era la Revolución será nuestro protagonista, Diego Bocanegra, que se verá envuelto en una trama mucho más oscura, arriesgada y excitante de lo que él jamás había imaginado vivir. Su destreza, inteligencia y valor le guiarán entre las luces y las sombras de una época convulsa, inestable y emocionante, mientras que su familia, amigos y conocidos vivirán los cambios desde la complicada y licenciosa vida  de estudiantes y prostitutas, hasta el honor y la lucha de capitanes aventureros, pasando por austeros trabajadores y casamientos de conveniencia.
¿Quién es el verdadero instigador del sentimiento revolucionario? ¿Qué intereses ocultos se mueven entre las telarañas de una revolución? ¿Cómo se teje la peligrosa telaraña de la conspiración? Y sobre todo, ¿quién es el misterioso “caballero negro” que tan bien oculta su identidad en las secretas reuniones a media noche?
“La cuarta loba” es la historia de un joven, de una familia que sin saberlo está a punto de presenciar un momento histórico. La cuarta loba puede caer o triunfar; sus líderes, los comuneros, pueden ser alzados victoriosos o morir decapitados; nuestros protagonistas podrán morir o vivir, pues toda revolución o batalla conlleva riesgos y pérdidas, pero pase lo que pase, ellos ya habrán hecho Historia. La historia de una revolución; la historia de un pueblo que se alzó contra sus gobernantes; la historia de “La cuarta loba”.

Si quieres saber algo más sobre la novela y sobre la presentación que se hizo en la Biblioteca Pública de la Casa de las Conchas pincha en el siguiente enlace:



Propuesta de escritura:

Hace años se presentó un logotipo que pretendía ser la “marca” de la comunidad de Castilla y León, un proyecto para dar a conocer los valores que demuestran la existencia de elementos diversos que la identifican y la singularizan.
Escribe un artículo o una breve reseña turística y señala en ella lo que más aprecias de las diferentes provincias de la comunidad: Salamanca, Zamora, León, Valladolid, Palencia, Segovia, Ávila, Burgos y Soria.


Estos son algunos textos de los componentes del taller:

Piérdete y repetirás

Empápate de arte y paisajismo y sumérgete en la degustación de su platos autóctonos elaborados con materia prima “marca de la tierra”.
Experimenta el adentrarte en diferentes épocas históricas en una sola jornada.
La herencia arquitectónico de renombre internacional y las nuevas creaciones convierten a nuestra Comunidad en un referente para artistas y gentes que quieran disfrutar de un legado inigualable.
Entra y mézclate con la población, déjate llevar por su ambiente rural de sierra o de llanura. Vive las fiestas y la riqueza cultural de sus municipios.
Una dotación hotelera que cumple con las expectativas más exigentes. Dispondrás de todos los servicios que puedas desear en cualquier época del año.
Ahora ya se han acortado las distancias entre las diferentes localidades gracias a un trazado de carreteras diseñado con los proyectos más vanguardistas y con medios de transporte público de última generación.
Piérdete por Castilla- León una semana o más y repetirás.

Antonia Oliva


Castilla y León

Cuando el pan huele a pan, el mundo huele a Castilla.
Da igual la forma, el tamaño o la textura que tenga; cuando el pan huele a pan, el mundo entero huele a cielo y a meseta y a río y a tiempo.
Cortar una rebanada, morderla, paladearla… es la forma más sencilla de perderse y recuperar el calor de la infancia; de rescatar en un instante y por un instante, el sabor de la niñez; una niñez dorada donde todos éramos monarcas de castillos que nacían en el aire o leones sin miedo que jugaban en sabanas de encinas y pastizales.
Este Paraíso de harina, según cuentan los ancianos, emergió del Duero y se asentó en sus cercanías dispuesto a pasar la eternidad mecido por sus aguas de oro; una linfa colmada de riquezas capaz de fecundar a sus tierras, a sus habitantes y a cuantos peregrinos tuvieran a bien probar su jugo por los siglos de los siglos. Un Edén. Un Edén imperecedero, generoso y fértil.
Fue en sus lindes donde se engendraron reinados e imperios como jamás se habían conocido; donde filigranas de piedra bordaron por vez primera los gruesos muros que cobijaron a los fieles, donde la naturaleza se hizo palabra y el pincel dehesa; donde nobles tenebrosos convivieron con plebeyos heroicos; pero sobre todo; fue en sus lindes; donde labriegos, canteros, locos y mesoneros trazaron huellas únicas, estelas que aunque hace tiempo fueron olvidadas, duermen en el rio y multiplican la fortuna de su caudal. Un caudal que continúa fecundando campos bajo un cielo infinito en manos de cuantos soñadores consagren su vida a aprender y practicar la magia que convierte el aroma del pan en pan. Un pan que huele a Castilla. Un pan que según dicen los ancianos consigue que quien lo pruebe recuerde el auténtico sabor del Paraíso. Un Edén hecho de castillos en el aire donde los leones juegan sin miedo.

Ana Isabel Fariña


Nueve ciudades, nueve momentos.
León y Castilla / Castilla y León

(Orgullo esparcido por sus aradas llanuras donde se oxida entre los trigales)

Salamanca
Nostalgia transformada en poesía.
Mi ciudad… todo lo que diga es poco.
La plaza Mayor esconde en el color de sus piedras los sueños y amores de miles de estudiantes que la han paseado.

Zamora
Contempla al Duero en su camino a Sayago y Portugal.
En la Semana Santa sus calles se llenan de gente entre curiosidad y tradición.

León
Nombre que habla de poderío.
La vidrieras restauradas de la catedral y la casa Botines de Gaudí son una muestra admirable de arte y colorido.

Burgos
Las agujas góticas de la catedral le hacen cosquillas a las nubes, mientras en el mesón del Cid se puede degustar una “olla podrida”.

Soria
Cuna del Duero, por sus calles todavía resuena la voz de un gran poeta: “Campos de Castilla”.

Palencia
El cristo de Otero da la bienvenida al visitante.
Muy cercana a Valladolid.

ValladolidFábrica de coches Renault.
Los coches atestan las calles silenciando su historia.
Aspira ser la capital de una región creada para servirla.

Segovia
Conocida y reconocida por su impresionante acueducto.
Comedor de lujo de los vecinos de Madrid y demás turistas. ¡Sabroso cochinillo!

Ávila
Habla de mística, de espíritus libres encerrados en unas magníficas murallas.

Vicente M. Martín


Fogonazos de Castilla y león

Ávila
Marcada, como un tatuaje, por su recinto amurallado, santo y seña de la urbe, éste ejerce la frontera entre dos estilos. Dentro, tradición y callejuelas, espacios cortos, rodeados de piedra, ahora dando seguridad, ahora aprisionando. Fuera, espacios amplios en una ciudad que se moderniza resistiéndose a ello, una vez más, su muralla. Y esa muralla observa, a su alrededor, las inmensas almenas de Gredos.

Burgos
Eliminada casi en su totalidad de sus resquicios medievales, Burgos hace honor a su aburguesado nombre. Ciudad de frío abrazo (forma de C y temperaturas heladoras) es cálida es sus calles, que bullen actividad en andanadas, como si sus paisanos surgieran bombeados por el corazón de la ciudad misma. Paseos amplios y señoriales, como sus gentes. Imbuida en la tradición, pugna por hacer honor a su carácter de ciudad pionera, abundando en propuestas artísticas vanguardistas. Pero honrando su rancio abolengo, está plagada de pequeñas librerías, varias de las cuales deberían reclamar nuestra atención.

León
Marcada por su rotundo nombre y rotunda Historia. Marcada en diagonal al noroeste por el verde y suave Bierzo, que a ratos pide cuerda, y al sudeste por Valladolid, al que ellos se la piden. Guarecido de la anodina ciudad de hoy, su casco antiguo, famoso por su bullir ansioso de gentes que no en vano dan calor a la fría urbe y lo bautizan como El Húmedo, condensado en tapas. Y presidiéndolo todo, el ojo de su señorial Catedral, intercambiando reflejos de colores con las cristaleras de su insigne museo, que recuerda a la ciudad que también hoy quiere seguir estando en vanguardia.

Palencia
A medio camino entre los dos grandes centros industriales de la comunidad, Palencia se sabe chiquita, y de ahí su carácter. Palencia es pequeña y sobria, calmosa, una ciudad con ademanes de pueblo, dicho en el mejor de los sentidos. En Palencia parecen haber puesto un poquito de todo para que “su pueblo grande” quede coqueto, bajo la atenta mirada de las cigüeñas.

Salamanca
Ciudad de cultura, la muy docta se enorgullece de su universidad, que le da nombre internacional. Muy cerca presume de dos catedrales y otro par de templos que merecen. Cuidad de doble vida, turismo y clases de día, fiesta de noche. Salamanca oscila entre dos polos, la tradición de sus gentes y el jolgorio de sus estudiantes, que hacen que no pierda la vida. Salamanca, con sus incunables a la sombra de la siempre buscada rana, a veces entre conchas. Características piedras de Villamayor plagadas de tallas anecdóticas que se debaten entre el señorío y el desenfado.

Valladolid
De largo la más grande de las ciudades de Castilla y León, Valladolid se sabe capital. Conste o no, pesa como tal, y saca músculo de infraestructuras culturales y comerciales, a golpe de tamaño. Presume, y en sentido literal, de las más renombradas exposiciones, de los más sonados conciertos y de lo más potente del escaso teatro que a estas tierras nos llega. Valladolid se gusta, pese a la mirada ladeada de muchos vecinos, y se jacta de ello rodeada de los castillos de sus dominios, con la solemnidad de su Semana Santa.

Zamora
Lamida al sur por el Duero, se yergue la perla del románico. Adusta ciudad como adustos y solemnes son sus templos. Ciudad pequeña, orgullosa de sí misma, de gentes de carácter seco como la decoración de sus iglesias. Zamora gira en torno a la Semana de Pasión, en la que se enorgullece y saca pecho, y se encierra en su memoria e invocación en sus estrechas calles repletas de iglesias, arropada por su muralla.

Miguel Ángel Pérez

Lenguaje SMS y tuit

La sesión del lunes 15 de abril la dedicamos al lenguaje SMS y a la red social Twitter, ambas cuestiones muy aprovechables para el terreno literario.
El director de la RAE anunció hace tiempo la incorporación al diccionario de los términos "tuitear", "tuit", "tuiteo" y "tuitero". Desde mucho antes muchos usuarios de twitter y de otras redes sociales han aprovechado estas nuevas formas de comunicación para hacer literatura.
Hablamos de un libro de Daniel Aldaya llamado SMS, de Héctor Abad Faciolince y su tuiternovela y sobre el libro "Si amaestras una cabra, llevas mucho adelantado" en el que José Luis Cuerda reúne sus mejores tuit, aunque él prefiere llamarlos "inteletos", palabra muy utilizada en Albacete para designar los pensamientos y ocurrencias.
He aquí algunos:

Los saltamontes no son guapos de cara; pero tienen un cuerpazo

Si sigues a Jesús, mira a ver a dónde va
La coliflor cruda se cree muy superior a todos nosotros.

Ha empezado la primavera. ¿Ni siquiera tendrán en cuenta esta evidencia?

La vida es amiga mía y enormemente generosa.

Aún a sabiendas de que la luz no cura la ceguera, hay que seguir remando entre la claridad y lo oscuro.

No hay más verdad que la suma de las verdades a las que van accediendo los tiempos.

De cuando lo que quieres decir, la realidad te lo convierte en maldecir.

También existen los excesos de carácter. Es decir, la impúdica exhibición del fantoche que llevamos dentro.

Un globo, sea del color que sea, en vuelo libre contra el cielo, esté raso o nublado, puede insinuar tantas cosas...

Cuando era niño las grandes obras de ingeniería me daban miedo y el circo, también. Y dormirme. Hoy me da miedo el dolor.

La tontería bien entendida da muchas satisfacciones a quien la posee y a quien la contempla.

Si uno ha de dar en tonto de remate, mejor a largo plazo que caer en la improvisación.

La lluvia que se queda en los charcos, no sabe lo que se pierde.

En la página Micro Literaturas  podéis leer algunos microcuentos tuiteros muy interesantes.
Y aquí os dejamos las tareas realizadas por algunos participantes en el taller. En esta ocasión propusimos escribir algún tuit empleando únicamente monosílabos, siguiendo el ejemplo de los sonetillos de José Hierro (Di fe de mí y sé que fui, no sé hoy lo que soy) y de Abelardo Guzmán (La tos nos da a los dos ya. Paz, ve, haz té con ron). Pero también ofrecimos la posibilidad de escribir un tuit libre, sin restricción alguna.
Aquí está, como señala muy bien Miguel Ángel Pérez, la "trinoteratura":


LENGUAJE SMS Y TWEET

Abril, paseo, sol y un café. Solo prejubilados.

***

Por la noche me arropo con la sombra
y me tropiezo con los adoquines
despegados que ruedan la locura
de querer subirme a una farola.

***

Monosílabos
Uf, que bien, por fin vi la luz, sol y mar, bar y ron.

Vicente M. Martín


Don de dos
En un bol, pan. En un bol, té. ¿Qué es? Es pan con té. En un bol, tú. En un bol, yo. ¿Qué es? El don de dos. Un par.

¿Qué es?
Un pie, dos pies, tres pies... ¡un cien pies!

Paz
Si soy fiel a mí. ¡Qué paz!

Dios
Hoy vi a Dios en el bar. Oí su voz: ¡S.O.S.! y me fui.

Olvido
En el bar, ron. En el ron, tú. Tú que te vas. En el bar, ron. En el ron, paz. Paz gris. Paz de hoy. Mi paz.

Tal cual
Ni soy Sol, ni soy Mar, ni soy Luz, ni soy sal. Soy lo que ves, tal cual. No hay más.

Res sin voz
Si me da su luz, soy sol. Se me da su sal soy mar. Si me da su piel soy dios. ¡Ay! Res sin voz, ¿qué sos vos?

Tai chi
A mil por mil va al tai chi. Me da que no se le da bien. Me da que se le da mal.

Cajón de sastre

Entre tanto turista, resulta difícil encontrar un viajero.

Los turistas son como los eucaliptos. Fáciles de plantar, de crecimiento rápido y acción devastadora. Lo secan todo.

Los viajeros….. los viajeros son como los carballos, como los tejos centenarios, como las secuoyas. Alargan y unen sus raíces sin conocer su destino.

Es millonario, me dijeron. Le conocí….. Un pobrecito poseído por el dinero y sus protocolos.

La mayor de las ambiciones: no ser ambicioso.

Dicen que no veo porque en vez de sus gafas uso mi caleidoscopio. Me gusta más. Tiene más colores.

Llevaba tantas fajas y corsés; que se le quedó el corazón de avispa.

Lo peor de la gente que se dice buena es que se ahoga en sus vapores de pureza y si no eres como ellos….. ¡Tecrucifican! Así todo junto.

Nació entre tantas normas que el cerebro se le quedó sin aire y creció unido a su silla de ruedas.

Me gusta dormir. Necesito dormir. Da igual el lugar. Siento que dormir es volver a casa.

Colón, colón; una puerta se cierra. Colón, colón; son dos vueltas de llave. Colón, colón; la maldición del lobo, el bautismo del rebaño.

Decir es un verbo ligero, tercera conjugación. Vivir también, pero no es lo mismo.

El miedo siempre complica, porque el miedo siempre disfraza. Sólo hay peleles en Venecia.

Decir es hablar palabras: Aire, brisa, viento.

Gritar hablarlas más fuerte: Galerna, ciclón, tornado.

Saber es un infinitivo. Un verbo; segunda conjugación. Ni aire, ni viento, ni tornado, ni tiempo.

Sólo el desierto es fértil. Sólo en el desierto hay oasis.

Alguna vez me gustaría poder empezar algo sin arrastrar los flecos de lo que hice hace un instante o un millón de ellos. Entrar en un vagón sin maletas y viajar.

Admiro a los caracoles. Allí donde están, está su casa. También a las tortugas.

Hizo todo lo que le dijeron que debía. Fue todo lo que le dijeron que fuera…. Y entre tanto hacer y tanto ser se le olvidó quien era y lo que quería hacer.

Cuando las normas se multiplican tanto que la voluntad se ahoga, hay que ser valiente para respirar.

Es un hecho; la memez compartida produce una sinergia de efectos exponencialmente demoledores.

Disfrazó sus sentimientos. Escondió sus pensamientos. Vivió travestido pero nadie le identificó. ¡Había tantos!

Le dijeron: “no seas puta” y se fueron a vender lo que tenían. Trabajo lo llamaron.

Dicen que la aurora esta hecha de huesos y cenizas resucitados. Debe de ser cierto. Es tan humana…

“Ser o no ser”, pero ¿cómo ser?

¿Querrá el pardal ser halcón? Preguntó la lechuza al búho y se quedaron sin dormir.

Tras millones de silencios, cayó Babel con sus galas, y como en un cuento, se entendieron. Se entendieron porque se sintieron.

Hay veces que un concepto equivocado te tiene prisionero toda la vida. ¿Cuántas cadenas llevaré yo puestas?

Ana Isabel Fariñas


Falso auténtico
Fiel a mí, no fui yo.

Desamor
Y fue gris la luz del Sol sin ti.

Cambio de pareja
Paz sal de mi, ven Mar.

Amor de pago
De dos a tres, no hay más que tú.

Complétame
Sin ti no soy yo

Fanatismo
A la Paz de Dios, vi un gran mal.

* * *

EL dinosaurio (enésima perversión)
Cuando se despertó el Dinosaurio, él no estaba allí.

Sin cuentos
Te quiero contar una historia, pero no nos queda tiempo.

Miguel Ángel Pérez


Soy tu piel, tú mi hiel, 
me fui por fin al tren, 
que mal te vi, vil y gris
sed de mi, sed de ti.

Di dos o di tres
que mas da
un, dos y tres
tris, tras y se va.

Por fin fui fiel
ya sin ti, ya ves
que bien hoy vi
el gris de tu piel vil.

Ron de miel te di
tra de ti, me fui
y no te vi
ven a mi.

Carmen Alonso


Diez mal, dos bien. Sed de luz en mi piel.
Miel de dos ha de ser. Ven a mí y sin ver.
Soy tu ser. Y sin ti voy muy bien.
Hoy muy mal voy sin él. Yo no voy tras de él.

Sofía Montero

Escribir para espantar los miedos

En la sesión del día 18 de marzo hablamos de la escritura como herramienta para conjurar los miedos.
¿Cómo son nuestros miedos?, ¿cuáles son las cosas que nos aterran?, ¿nuestros miedos de ahora son iguales a los miedos de infancia?
Tomamos como referencia dos grandes libros publicados en la editorial Páginas de Espuma y los analizamos en el taller. Por un lado Casa de muñecas de Patricia Esteban Erlés (con ilustraciones de Sara Morante) y para completar el tema Ajuar funerario de Fernando Iwasaki

Reproducimos a continuación dos cuentos de Iwasaki, uno de ellos nos sirvió para enlazar su libro con el de Casa de muñecas de Patricia.


Día de difuntos
Cuando llegué al tanatorio, encontré a mi madre enlutada en las escaleras.
–Pero mamá, tú estás muerta.
–Tú también, mi niño.
Y nos abrazamos desconsolados.

La casa de muñecas
La compré en una tienda de antigüedades porque me fascinó su desmesurada ambición por la miniatura.
Cada habitación era de una riqueza maniática, pues en los baños se veían los tubos abiertos de pasta de dientes, sobre las mesas se deshojaban cuadernos garabateados con letras minúsculas y en la cocina distinguí una alacena colmada de botes y conservas con etiquetas miniadas por un artista dementes. Pero lo más asombroso fue descubrir otra casa de muñecas dentro de la casa de muñecas, minuciosamente decorada como una pesadilla. Lo único que me chocaba era la infinita tristeza de las figuras que la habitaban. Me la llevé a casa y la instalé en mi dormitorio, sobre la mesa de caoba maciza.
Aquella noche me despertó una luz asmática y di un salto tremendo cuando advertí que el resplandor provenía de la casa de muñecas. Corrí hasta la mesa de caoba y contemplé aterrado cómo brillaba el interior de la diminuta casa de muñecas que estaba dentro de la casa de muñecas, mientras todas las figuras de la casa corrían hacia la habitación maldita. No me di cuenta cuando entraron en mi cuarto.
La policía ha levantado el cadáver y busca en vano pistas por el suelo. Sin embargo, nadie ha reparado en la nueva habitación de la casa de muñecas. La figura no me hace justicia, pero la mesa de caoba es igualita.

Y dejamos aquí una entrevista a Iwasaki en www.literaturas.com.
Y esta fue la propuesta de escritura: Imagínate por un momento en tu propio velatorio. Alrededor hay muchos amigos y familiares. Todos piensan que estás muerto pero tú sigues ahí, con los ojos cerrados pero oyendo todo lo que dicen. Cuéntanoslo.
El libro de Patricia nos sirvió para meter los miedos dentro de casa. Hablamos de la simbología de la palabra casa y de cómo el miedo es diferente en cada una de las estancias.


Reproducimos a continuación algunas de sus ficciones:

Intimidad con el muñeco
Jugamos. Yo le arranco sus ojos azules y los coloco en la palma de mi mano, como si fueran canicas. Él me cuenta qué ve.

La traidora
Cuando por fin junté el valor para despedirme le conté a mi muñeca que nos quedaban pocas tardes de juego. Por primera vez desde que la conocía guardó silencio. Esperé un tiempo prudencial. No reaccionó y entonces le susurré muy trágica que había escuchado al doctor decirles a mis padres que me estaba muriendo de tuberculosis. Tuberculosis, silabeé. Me quedaré muy flaca y escupiré sangre en el pañuelo sin parar. Ni siquiera cumpliré once años. La muñeca asintió, negligente, y volvió los ojos helados hacia algo que estaba situado a mi espalda, quizás en dirección a la estantería de mi hermana pequeña. Aquella misma noche, mientras me acostaba, le confesé a mi madre con una extraña voz de adulta que había decidido con cuál de mis juguetes quería ser amortajada.

Cineclub
Nos gusta filmar películas pornográficas en nuestro dormitorio. Como cuando estábamos vivos.

Carne fresca
Me gusta abrir el frigorífico y que tú estés ahí.

Y dejamos aquí una entrevista con Patricia y con Sara en la revista www.culturamas.es
Y esta fue la propuesta de escritura: ¿Cuál era el rincón de tu casa que más miedo te daba? ¿Recuerdas cuáles eran tus miedos en la infancia?


Aquí están algunos de los trabajos de los componentes del taller de escritura:

La cama
Nunca quería irse a dormir. Su habitación, su cama, era tierra enemiga. Tierra donde solían acampar los hijos de los hijos de los hijos de las sombras con sus hijos.
En cuanto cerraba los ojos, les oía.
Al principio, entre susurros, se limitaban a contar sus gestas; pero luego, en poco tiempo se emborrachaban con sus triunfos, todos macabros; y a voces, exhibían sus trofeos. Ella no quería ser uno de ellos.
Por eso, cuando sus inconscientes padres la obligaban a acostarse; cuando aterrada se quedaba sola en aquel país tan hostil, cubría su suelo y su cielo con muñecas y peluches. Después, sin hacer un ruido, se escondía entre ellos.
Sabía que no podía descuidarse; pero tal vez así, oculta como estaba; si el sueño la vencía; las sombras y sus hijos no la encontraran.

El Funeral
He visto un muerto. Un muerto muerto.
Me llamaron. Fui. Le vi. No le conocí.
Un muerto es un durmiente que duerme sueños fríos.
Su cuerpo se pudre. Fermenta a la vista de todos.

He visto un muerto. Un muerto muerto.
Me llamaron. Fui. Le vi. No le conocí.
Cuatro calvarios entonaron un Réquiem: “Eco de Ecos”.
Enterrar es olvidar. Olvidar es fácil.

He visto un muerto. Un muerto muerto.
Me llamaron. Fui. Me vi. No me conocí.

Su familia rogó una oración por el eterno descanso de su alma.
Mi familia rogó una oración por el eterno descanso de mi alma.

“Padre…Ave…Gloria…AMEN
Padre…AveGloriaAMEN
PadreaAveGlorAMEN
Padreveriamen
Padr

El cuarto oscuro
Las hermanitas les dijeron en el cole, que si eran malas las llamas del infierno las consumirían eternamente. Para que lo comprendieran bien; bajaron las persianas, cerraron la puerta, y cuanto todo estuvo en silencio, les hablaron de un precipicio inmenso donde Dios arrojaba a los malvados. Estaba lleno. Allí, unos seres monstruosamente crueles, empuñando tenedores gigantes les obligaban a caminar sin detenerse a través del fuego. Un fuego que nunca se extinguía porque un reloj maldito le azuzaba sin cesar, mientras sus dos manecillas repetían incansables “para siempre, para siempre, para…”. Cuando levantaron las persianas, apenas quedaban supervivientes. ¡Benditas sean!

La pesadilla
Lo peor de sus pesadillas, no eran las pesadillas, que eran terribles. Tampoco, ese momento de despertar repentino y sudoroso, casi sin aire; donde los monstruos que vivían debajo de su cama y le buscaban para devorarle, -fugaces-, eran sustituidos por una estela de pánico de duración incierta.
Lo peor de sus pesadillas era el pis. Sí, el pis. Porque cuando emergía del terror y por fin se consideraba a salvo de esas bestias insaciables que corroían su descanso, su cuerpo ¡ay su cuerpo!... su cuerpo reclamaba con urgencia un baño; y el baño estaba en los confines de la casa.
El camino era extremadamente peligroso. Conocía bien la noche. La oscuridad era una boca hambrienta que vomitaba personajes siniestros con dientes y dedos afilados.
Si en un acto de valentía, conseguía sacar las manos de debajo de las mantas y llegar al interruptor que él sabía sobre la mesilla, junto a su cama; entonces, sólo entonces lo que le ocurría tenía solución; porque tras una luz llegaría a otra, y tras esa a otra y luego a otra y a otra… y a otra más; hasta que finalmente con el trayecto despejado, el pis quedaría fuera de su cuerpo, donde mamá decía que debía de estar: en el baño. Luego volvería tiritando a su cama dejando todo como estaba: iluminado. A la mañana siguiente, mamá le reñiría: “¡las lámparas! ¡las bombillas! ¡las lámparas!” pero eso, eso sería mañana. Además mamá era tan buena que mientras le reñía, le besaba. Si pudiera ir a su cama…, allí seguro que no pasaba nada.

El miedo
Nunca me ha gustado que me llamen cobarde. Me da miedo, mucho miedo que la gente piense que hay algo o alguien capaz de atemorizarme. Por eso estoy aquí, escondido, vigilando todo lo que dicen de mí; dilucidando lo que dicen, lo que piensan. Lo que piensan sobre mí. Porque no me gusta, nunca me ha gustado que me llamen cobarde. A mí; no hay nada, no hay nadie capaz de atemorizarme.

Las muñecas de porcelana
Siempre aborrecí las preciosas muñecas de porcelana engalanadas con encajes. Tan inexpresivas con esos ojos tan grandes. Verlas me producía un escalofrío inexplicable. Eran tan frías como la piel de la serpiente. Extendían sus brazos para abrazarme, pero yo sabía que ese abrazo llevaba veneno. El veneno del almidón que abullona la tela para disimular que tras él, en lugar de corazón hay látex.

El vino
Debajo de mi casa, en el sótano; guardan mis padres el vino. ¿Por qué lo tendrán allí? El sótano es un lugar opaco y tenebroso donde sólo hay ruidos raros. Los hacen los fantasmas.

El dentista
Tuvo la terrible mala suerte de que sus dientes nuevos brotaran sin orden. Los caninos, excesivamente altos, ocupaban espacios que no debían y los incisivos se apelotonaban en la entrada girando sobre ellos mismos, como si su máximo interés fuera supervisar la amígdala, esa amígdala que tantas veces se inflamaba. Un hombre de bata blanca y sonrisa ordenada, sentenció: ”tiene solución” Desde entonces cada dos semanas, cada mes a lo sumo, se repetía la tortura del alambre. Daba igual que él llorara o vomitara.

La tormenta
Siempre tuvo pánico al trueno. Desde niña, el rayo la obsesionaba. No podía ser bueno algo que si te tocaba, te mataba.
Cuando decidió ir a la verbena, nadie esperaba que…
Cuando estalló la tormenta, sus padres fueron a buscarla. Nadie imaginó que a la puerta de su casa, el rayo la esperaba. Saco las llaves y antes de que entrara, cuando su mano giraba…
Siempre tuvo razón; si te tocaba, te mataba.

Ana Isabel Fariña

Miedo, mi miedo
Perdido…
me persigue el MIEDO,
me atenaza la garganta con su manto de sombra oscura…
corro sobre arenas blandas que sujetan las piernas…
Grito: “¡NO PUEDO MOVERME!”
Me hundo en un agujero negro, sin fondo…
MIEDO… MIEDO… MIEDO.
Veo la cabeza como rueda, entre las piedras, empujada por aguas enfurecidas de color pardo-ocre.
Fantasmas multicolores, con sonrisas retorcidas, esperan entre una niebla blanca… muy blanca.
El corazón salta en el pecho en palpitaciones descontroladas,
el estómago se encoge,
el pecho está a punto de estallar…
el esfínter se dispara…
MIEDO… mi miedo…
oscura angustia,
ansiedad sin límite arropada por las sábanas de noches sin luna.
Vómitos lascivos de mil sensaciones recogidas día a día de una sociedad torpe.
Recuerdos genéticos heredados de ancestros en los que la vida era como una bocanada de humo agrio…

¡ME TRAGO EL MIEDO CON UNA TAZA DE CAFÉ Y UNA MAGDALENA!

Me fui
SÍ, SÍ…
¡ESTOY MUERTO!!!!!
¿Acaso ya importa algo?

Vicente M. Martín


Recomposición
Pedí en una de mis últimas recaídas que no me dieran sepultura, ni siquiera que se me incinerase. Me daba horror pensar que mis restos pasasen a constituir materia sobre materia pretérita. Al final, decidí lo que mucho tiempo atrás había sopesado, no sin ciertos ambages dada la anormal resolución final de mi existencia. Solicité que mis restos fueran a parar a la Universidad de Medicina a efectos de que mis órganos pudieran servir a futuros especialistas en seguir investigando diversas patologías, aún incipientes en su curación. Conmigo llegarían tarde, pero al menos, los que viniesen a éste jodido mundo tendrían más posibilidades de llegar a ser un viejo de verdad.
Hoy no he podido levantar mi cabeza como de costumbre. Al hacerlo se me ha ido el cuerpo entero como una pluma levantada por el aire. La sensación ha sido muy placentera. No escuchaba nada, no me dolía nada, nada me importaba. Nada de nada.
Si pude ver junto al plafón de la lámpara del techo, abajo, en el suelo blanco de una habitación mi cuerpo tendido sobre un féretro normal y corriente. A los lados, las luminarias eléctricas encendidas. Una de ellas, no funcionaba con normalidad hasta que se apagó. Comprobé, mientras me desplazaba con levedad a la altura de mi cara como el olor de mi cuerpo se mezclaba con la fragancia empalagosa de las flores y coronas que detrás de mí, ofrecían sus epitafios a los vivos que al otro lado del cristal observaban otro muerto más.
Observé sus caras y rápidamente comencé a buscar. Encontré las caras que deseaba encontrar. Mi viuda, ya de una manera oficial, rodeaba con su brazo a mis hijos, que abrumados aguantaban los besos y caricias de los presentes. Aquellos, que tiempo atrás venían al Hospital y me daban ánimos, señalando incluso la disputa de un partido de tenis en cuanto saliese del centro. No estimaban los muy necios, al menos un cierto periodo de rehabilitación para darle a una pelota. Al fin y al cabo, los enfermos crónicos sabíamos muy bien que cuando empezaban a ponernos fechas para celebrar todo tipo de eventos, nuestro final estaba a los pies de la cama.
Mientras unos murmullos y brazos sin rostro me animaban a desplazarme por otras dimensiones, observé ya desde cierta distancia a unos niños que jugaban con los que habían sido mis hijos, disputándose un globo de color verde mientras mi viuda sonreía y atendía con diligencia a las personas que iban abandonando la sala. Los vivos tienen premura en atender a sus vivos que han dejado en su hogar, ver a la persona amada antes de ir cenar o bien llegar a su casa para descansar y ver su programa favorito.
Cerré los ojos y me deje llevar sin cadena alguna, pensando en lo que podría empezar a partir de lo acontecido y pleno de júbilo al saber que la vida que había dejado volvería a recomponerse milagrosamente…

José Luis Moreno Gutiérrez


Una sombra en el corazón
Entre once y trece años teníamos todas. Yo era la más joven. Aquella tarde fuimos otras dos amigas y yo a celebrar los doce años de María. Era la primera vez que iba a su casa y no podía imaginar en ese momento que iba a volver muchas veces más, que se iban a crear con ella y con sus padres lazos que hasta hoy siguen muy fuertes. Quizás fue ese día el que selló nuestra profunda amistad.
Después de merendar con tarta y velas nos sentamos las cuatro en la hierba primaveral del bosque que tocaba la urbanización y empezamos a hablar de la existencia de los espíritus. Un tema que era capaz en aquel tiempo de ponerme el pelo de punta. Imaginarme que pudiese haber por allí almas errantes, en pena, en busca de salvación, u otras malísimas intentando dañar a los que seguíamos en el mundo de los vivos, me horrorizaba.
A María en cambio le encantaba el tema. Y se divertía mucho contando historias improbables, viendo el impacto que podían tener en mi yo interior.
El hecho es que esa tarde María nos habló de la sombra negra, con un cuchillo en una mano, que se subía cada noche al desván de la morada.
Los padres de María habían comprado aquella casa hacía unos meses, era uno de esos chalés recientes en las afueras de la ciudad, un adosado de tres plantas que daba a un tranquilo bosque, ‘ Le bois de St Jean ‘, donde niños, adolescentes y familias podían disfrutar de todas las estaciones del año sin temor a los coches, y lejos del bullicio de la ciudad.
María nos contó, pues, esa tarde, cómo, cuando por la noche estaba acostada en su habitación de la última planta, y también lo estaban su hermano y sus padres y todo quedaba entonces en silencio, de pronto oía crujir cada uno de los escalones de las escaleras de caracol (desde abajo del todo hasta arriba del todo) con pasos pausados y lentos, hasta que por fin veía pasar delante de su puerta entreabierta aquella sombra que se subía por la pequeña puerta hacia el desván y allí parecía quedarse hasta el día siguiente.
Me acuerdo haber tenido en ese momento los ojos inyectados de lágrimas ácidas, sufrir cada escalón donde la veía mentalmente subir, no poder aguantar la visión, no querer siquiera imaginarme quién sería ese fantasma, por qué venía cada noche, con un cuchillo, a casa de mi amiga y sobre todo, confiar en lo más hondo de mi ser, en que aquella aparición no tuviese ninguna mala intención en contra de María.
Bien se puede comprender el pánico que sentía cada vez que, al hacerme muy amiga de ella, iba a dormir a su casa y me tocaba a veces, por una razón u otra (detrás de las cuales sospechaba a veces María de mandarme aposta y a modo de prueba), subía a buscar algo a la habitación o esperaba por la noche sola durante el rato en que mi amiga terminaba de cepillarse los dientes en el cuarto de baño contiguo.
Yo nunca vi a la sombra negra. Pero la presentía, la sentía en cada uno de mis poros en alerta, la intuía impasible y cruel.
Hoy María ya no está. Hace mucho, muchísimo que se fue.
No sé si la aparición oscura tuvo algo que ver. Siempre me lo he preguntado.
Sus padres vendieron la casa como para deshacerse de la tristeza de la pérdida de su hija. Y luego se separaron, para no tener que compartir ese dolor eterno.
La casa sigue en pie. Allí tienen que vivir otras gentes, otras familias.
A veces me pregunto si sigue allí el espectro. Si cada noche sigue subiéndose al desván.
Yo, después de todo esto, me aferré a la idea de que María pudiese, igual que la sombra, venir a visitarme por las noches. Nunca la he visto. Pero la intuyo, la presiento, sé que está muy cerca. Los primeros años de su ausencia me fijaba mucho en las señales que me mandaba del más allá, para saludarme, para significarme el recuerdo de su amistad. Señales a veces tan personales que a mí me convencieron de su supervivencia.
Hoy en día y después de haber cambiado decenas de veces de vida y de casa, cuando estoy sola, incluso cuando estoy acompañada, y de pronto me parece ver pasar una sombra en el pasillo o asomarse furtivamente detrás de la puerta, pienso que a lo mejor es ella. Cuidándome.
He crecido, ya no tengo los once años de entonces, hoy día he aprendido a vivir con esas sombras y ya no me dan miedo. No tanto.

Sara Pérez


El puto pájaro disecado
El puto pájaro disecado. Ese puto pájaro disecado con los ojos de cristal amarillos, que ya hace falta tener mala hostia para ponerle a un pájaro los ojos amarillos. Si por lo menos hubieran sido cada uno de un color, habría tenido un toque ridículo y yo no me habría muerto de miedo cada vez que tenía que ir al cuarto de los trastos a por algo. Algo que me mandaban por supuesto, yo allí jamás hubiera "motu propio".
El cuarto de los trastos era, como muy bien indica su nombre, un cuarto que sobraba en mi casa, y era donde mi madre daba rienda suelta a su síndrome de Diógenes. ¿Por qué cuarto de los trastos, en vez de trastero? Vaya usted a saber, yo lo que sé es que a mí me daba pánico entra allí y ver aquella perfecta definición de pajarraco mirándome con cara de mala hostia y ojos de “ten cuidado y no me pierdas de vista, que voy a por ti”.
Afortunadamente, el pájaro desapareció de casa, yo he crecido, y ya no me da miedo... Siempre y cuando no tenga que entrar en el cuarto de los trastos, no vaya a ser que su fantasma esté allí esperándome.

Elena Vicente


Los últimos recuerdos
Noto que me escurro, me estoy marchando y todos ahí sin saber que aún no me he ido.
Me recuerda a cuando de pequeño mi madre alborotaba por toda la casa mientras nosotros nos despertábamos y desde la cama seguíamos sus pasos. Mi hermano y yo jugábamos a Empujones y en una ocasión me hice una pitera de la cual he conservado la cicatriz hasta ahora. Los domingos cuando nos llegaba el olor a masa frita ya no podíamos seguir más tiempo acostados y salíamos corriendo escaleras abajo. Mi hermana pequeña se quedaba llorando arriba con mi padre por que también quería bajar.
Hay demasiada luz ahora mismo en la cocina y no acierto a perfilar las figuras de mi familia. Mi hermana mayor ha abierto la ventana para que se marche el humo y yo me esfumo hacia la luz y los dejo allí a todos comiéndose los buñuelos con miel.

El cuarto oscuro
Paso por delante del cuarto oscuro de mi abuela pero si canto, el canto me protege y no me pasará nada.
Oigo pasos, estoy sola viendo la peli de El Resplandor, pero si cuento hasta cincuenta, el contar me protege y no me pasará nada.
El pasillo es largo y me meo pero si rezo, el rezo me protege y no me pasará nada.
El miedo es oscuro y nunca entraría sola pero si canto, cuento o rezo lo distraigo y me cuelo.

Antonia Oliva


Miedos insuperables
Durante mi infancia, sin motivo aparente, soñaba que caía al patio interior del edificio. Tenía algo de sórdido. Su tenebrosidad, sus losetas de azulejo ladrillo siempre sucio y su reja central le daban un aspecto de patio carcelario con fregonas. Quizá fuese eso. Pero el caso es que al menos un par de veces por semana sentía una realísima sensación vertiginosa mientras me precipitaba, por la parte que da a la terraza de mis progenitores. Lo he recordado hoy. He vuelto por última vez a casa de mis padres, después de muchos años. Y aunque es obvio que mi cabeza deambulaba por otros territorios, alguna neurona díscola me lo trajo a la cabeza, con un pensamiento: “Debes enfrentarte a tus miedos si quieres superarlos”. De repente, tal vez porque no iba a tener otra ocasión, he vuelto a la terraza y me he asomado a ese patio. La teoría sobre los miedos es una patochada, pero ya no puedo confirmarlo.

Tentando el mal
Siempre he creído que El Mal nos acecha en la oscuridad, en forma de espíritus resentidos que la luz reprime. La conclusión no es gratuita; siempre he sentido admiración por lo oculto y soy un gran estudioso de la materia. Superada la fase de estudio y enunciación, no queda sino llevarlo al terreno del empirismo. Por eso he decidido venir a esta casa abandonada y deambular a oscuras toda la noche. Tras un par de horas he tropezado, son resultado de fractura de tibia y peroné. Al final tuve mi fenómeno para anormal.

Ni muerto calla
Ha pasado por aquí Acisclo, el tío abuelo del pueblo. Creo que no le veía desde la adolescencia, porque desde que falleció la abuela, allí no volvimos. También Carlos y Rufo, yo pensaba que esto ni fu ni fa. Y no han venido Adolfo y Néstor, con ellos si contaba. Ha pasado también Rosa, sin su novio ¡A buenas horas la pillo sin él! Mi padre se ha asomado un par de veces, no adivino si está enfadadísimo o hundido. Y aquí al lado, todo el rato, mi madre, preguntando continuamente porqué he tenido que hacerlo y qué ha hecho ella para merecer eso. Parece que ni muerto voy a librarme de sus broncas.

Miguel Ángel Pérez


Queria un muñeco que no se riese.
Por la noche cuando me iba a la cama mis muñecas tomaban vida. Su risa no me dejaba dormir.
Yo me tapaba con el embozo de la sábana la cabeza y de vez en cuando miraba hacia el armario donde todas las noches las metia, porque ellas se ponian a jugar y no me dejaban entrar en sus juegos.
El rincón donde estaba el armario me producía terror. La claridad que entraba por la ventana proyectaba unas sombras sobre él que parecia que todo se movia y se alargaban hasta que alcanzaban los pies de la cama.
El dia de Reyes llegó Nacho, un muñeco grande, con mofletes y serio. Este es el que yo queria.
Por las noches yo le dejaba sentado en una silla frente a mi, velando mis sueños y las muñecas ya no alborotaban, sabian que Nacho se enfadaría con ellas.

Carmen Alonso

Aprender a mirar

La sesión del día 11 de marzo la dedicamos al haiku. Aprendimos a mirar con los poetas de 5 a 11 años que forman parte del libro La inocencia del haiku (Selección de poetas japoneses menores de 12 años) de Vicente Haya, un excelente libro publicado en la editorial Vaso Roto.


Vicente Haya señala en el prólogo: "Un verdadero haijin (poeta de haiku) lo primero que debe hacer es buscar la inocencia dentro de sí. Solo o con ayuda. El haiku que hacen los niños puede ayudarnos a encontrarla. El haiku no son solo palabras. La mirada limpia es esencial, el saber estar sin esperar nada es esencial, la ausencia de juicio al género humano es esencial. Todo es necesario en el haiku. Los niños nos enseñan también a seleccionar de entre la infinidad de objetos poéticos que nos rodean los asombros más elementales, los que pasan más desapercibidos. Todo merece un haiku, pero hay asombros más imperceptibles que otros. Se trata de que nuestra atención sea plena y eliminemos los obstáculos entre nuestra percepción y eso que hay ahí fuera y se llama “mundo”. En cierta ocasión escuché a un anciano pintor decir: “Si fuéramos capaces de percibir de un golpe todo lo que hay ahí fuera reventaríamos”. Por eso se nos da la oportunidad de hacer un proceso, de seguir un camino de agigantamiento, una vía para aumentar nuestra capacidad de sentir. Sentir más, ser más lo de fuera y menos lo que ahora somos [...]"

Y estos son algunos haikus de los participantes en el taller:

La lagartija
fijada en la rendija,
tomaba el sol.

En lo más alto
del cielo estrellado
brilla la luna.

Ramón Sánchez Rodríguez


Fregando el suelo,
durante la mañana,
! Que tranquilidad¡.

El Vaticano,
lleno de cardenales,
¡Ché, qué bonito!

Los dos hermanos
practicaban natación
en la piscina.

Luis Iglesias


El arco iris
Sale y el sol pasea
Con un paraguas

Mi perro quiere
Azúcar, lo encuentra
Y nieva en casa

Si Adrián riega,
El diluvio mundial
Llega a casa

Cuando las nubes
Lloran, las botas de agua
Cantan contentas

Mi hermano manda
Mis padres también mandan
Y yo ni caso

Mil hormigas hacen
Un desfile de modas
Por mi pasillo

Esa abeja
Tiene en vez de culo
Una inyección

Un rayo de sol
Va a ganar la carrera
A Usain Bolt

Las casas pareadas
Son siameses
De hormigón

En la camilla
Ato juntos zapatos
Y caminos

A mi hermano le
Salen los dientes que
Se caen del abuelo.

Mi perro tiene
Un arma letal en el
Culo, sus pedos.

Mis cinco dedos
Juegan con el sol, pero
No lo atrapan.

El aire canta
En mi oreja, pero no
Sé que me dice.

Elena Vicente


Lavo los platos
después de la comida,
luego la siesta.

Truenan los cielos,
relámpagos eléctricos
rompen la paz.

Es un encanto
ver jugar a los niños
mientras sonríen.

Vicente M. Martín


Sobre escenas cotidianas

Ropa mojada
ondea a sol y viento
en la terraza.

Sobre fenómenos sorprendentes de la Naturaleza

A la primera
las flores del almendro
retan al frío.

Salta la rana
y se hace invisible
en un solo ‘croac’

Sobre los niños

Al sol del parque
alegre escandalera
montan los críos.

Cabeza abajo
sus primeras lágrimas
vierte al mundo.

Miguel Ángel Pérez


Luz de interior
florece en la mirada,
duerme en la sombra.

Trigos de luz
alumbran la mañana
con el silencio.

En mi almohada,
cristales de la noche
lucen llorando.

Lápiz de cielo
camina con el tiempo,
guardián de luz.

Sofía Montero García


Tarde de lluvia
Solo por la avenida
Camina un perro

Alguien pequeño
Asoma la cabeza
La madre empuja

Termina el día
De color rojo y azul
Se tiñe el cielo

Fresas maduras
Olor a ropa limpia
Comer miel con pan

Noche de lluvia
La pizarra resbala
Nacen los ríos

Antonia Oliva


Corazón roto
Araña tejedora
vuelve a mi vida

Haciendo café
los ruidos de la casa
anuncian el día

Recordándote
Atravieso el arco iris
muy suavemente

Lourdes Hernández


Camino lento
por el camino largo
de los almendros

Después de comer
se adormece en el sofá
la tele puesta

El niño ríe
los dos pies metiditos
en el charquito

Ana Isabel Fariña


El niño canta
Ya suspira cansado
Duerme tan feliz

Tiene cosquillas
Ríe a carcajadas
Queda sin fuerzas

Corre el balón
Regatea el niño
Contento corre

Como el pulpo
Extiende ocho brazos
Mamá en casa

Sentado lee
Extendidas las piernas
Está abstraído

Vuela un avión
Corren los cochecitos
Jugando se ríen

Abre y cierra
Masticando chuleta
Traga la boca

Color de barro
Rabiosa la lluvia
Devora árboles

Sara Pérez

Literatura y mitología

La sesión del día 4 de marzo la dedicamos a dos autores que incorporan elementos de la mitología y todo tipo de guiños a los clásicos en sus obras: Álvaro Cunqueiro y Antoni García Llorca.
Hablamos de El salvajede Antoni García Llorca, un libro sorprendente que tiene mucho que ver con la Odisea de Homero y que recibió el Premio de Literatura Juvenil Gran Angular en 2009. El jurado de dicho premio afirmó que "la novela fue seleccionada entre las más de 200 participantes por ser un libro que sabe mostrar con gran brillantez de lenguaje imágenes crudas sin perder la ternura”.

Con relación a Cunqueiro hicimos un recorrido por su estilo y por su obra y señalamos algunas de las características de su literatura, como la extraordinaria capacidad para humanizar a los grandes héroes de la literatura clásica y de la mitología y situarlos en su Galicia querida o su capacidad para evocar escenarios que, sin conocerlos de primera mano, se asemejan a los reales (como sucede con la Bretaña que recrea en Las crónicas del Sochantre).

“En la aspereza de la vida cotidiana, soñar es necesario” decía Cunqueiro. De modo que algunos tardaron muy poco en darle forma, por escrito, a sus sueños. Estas son las tareas propuestas:

Tarea 1
Álvaro Cunqueiro se propuso escribir un libro de memorias que contase la historia de un hombre pero no tal y como la había vivido sino como la había imaginado. Nunca escribió dicho libro pero sí pensó en el título "Ceniza en la manga de un viejo".
Tomamos como referencia este título y ponemos la mirada en un hombre viejo, él será el protagonista de nuestra historia. Y mucho mejor aún si ese viejo es un personaje de la mitología traído a nuestro entorno, a nuestra ciudad, a nuestro siglo, humanizado y desprovisto de su halo mítico. Tal vez Zeus o Vulcano, por poner un ejemplo, podrían ser ese viejo del que nos proponemos hablar.


Tarea 2
Escribimos un texto libre pero que trate de uno o varios personajes mitológicos revisados y puestos al día. ¿Quién sería hoy día Caronte o Hades? ¿Podríamos encontrarnos en el supermercado a Atenea? ¿Y si el arquitecto de nuestro edificio fuera Dédalo? ¿Qué ocurriría si nos encontráramos a Polifemo en el supermercado El Árbol?

Y estos son algunos trabajos de los participantes en el taller:


Restablecimiento del orden cósmico 

Eros, fuerza del amor universal, responsable de la creación y el orden en el cosmos, ha bajado a las fiestas de Chueca con plumas y plataforma. Sonríe viendo su victoria.

Elena Vicente 


EROS (Dios del Amor)

Fuego,
en el tronco de una historia,
ramifica mi yo,
despeinado por la hierba acurrucada del paisaje.
EROS,
perdido entre mis dedos,
duerme con el viento de un viejo atardecer.
La hierba alborotada
gime en el silencio de la noche,
junto al Dios del Amor,
en mi regazo,
entre mis sombras,
con la luz de un nuevo pensamiento.

Sofía Montero García


Dentro de un laberinto

Apretaron el timbre de la sucursal y al momento la luz verde apareció reflejada en el piloto. Entraron los dos, Teseo Martín Canijo, electricista jubilado y natural de Burguillos del Cerro y su esposa, Ariadna López Barragán, modistilla y ama de casa; natural de Villafranca de los Barros. Ambos se conocieron, hace ya ni se sabe en la Feria de ganado de Zafra, cuando las familias iban a la compraventa de animales para poder vivir. Ella se enamoró de él una tarde en que le vio subirse a una morucha vieja y hacer el pino sobre las astas del animal. Después vino el protocolo correspondiente: noviazgo, boda y trabajo a destajo hasta ver la jubilación. Los hijos no vinieron al mundo porque ella padecía endometriosis uterina, por lo que se tuvieron que contentar con dispensar su amor a varios sobrinos que vinieron al mundo.

El buen humor y la galanura de Teseo para con los demás se había perdido con los años. Las vilezas le habían predispuesto a estar siempre en alerta. Esta vez, no iba a permitir la mala jugada que le habían hecho los de la Sucursal. Ariadna, jugando con un hilo sobre su dedo, intentaba calmar a su marido acariciándole la palma de las manos. El asentía con la cabeza como cuando los caballos de carreras están detrás de las puertas, nerviosos, dispuestos a salir a galopar sobre la hierba.

Preguntó a Socorro, la que siempre ponía al día su cartilla cuando acudía a la sucursal, indicándola la intención de rescatar el depósito de las participaciones preferentes que les había confiado. Había escuchado en televisión que podría tratarse de una estafa, puesto que no estaba cubierto por el Fondo de Garantía y ahora con la crisis, la rentabilidad que le ofrecían se esfumaba de un plumazo. El sistema financiero estaba bloqueado y las soluciones a los afectados podrían no verse ni a largo plazo. Señaló con su índice la mesa de su compañero Alberto; el responsable comercial de productos financieros. Teseo le espero, mientras recordaba las palmadas en la espalda y la vajilla que les regalaron aquella Navidad. Mientras se acercaba a la mesa le reconoció de inmediato. Aquel hombre dejó parte de sus ahorros de toda la vida por un producto que ni ellos sabían cómo venderlo, pero la codicia exacerbada de algunos poderes es implacable. Al fin y al cabo él era un simple eslabón más de una cadena infinita, donde su voz no tendría eco alguno. Pensó en darle varias opciones posibles, una de ellas, esperar a ver como procedían otras entidades ante el problema o vislumbrar una hipotética disposición extraordinaria por parte del Gobierno. Teseo escucho con atención los argumentos expuestos y al final un resuello desesperado vino a poner punto y final a la conversación. Sabía que su patrimonio y por consiguiente parte del trabajo de la familia estaba en manos de una empresa en la cual había confiado demasiado.

Mientras Ariadna le recuperaba con palabras y le devolvía a la vida, una masa corpulenta y con olor paso a su lado y le palmoteo la espalda. Cabizbajo aún de lo acontecido, subió la mirada y se encontró con el director de la sucursal que le recordó en voz alta que tenía al descubierto unos cuarenta euros de la cuenta de la Asociación y que debía de regularizarla. De inmediato, apartó enérgicamente la mano de su mujer y se fue hacía el director, que ya presentía sobre su cogote el hálito venenoso de Teseo. A continuación, el orden y el silencio de la sucursal se transformaron en una pista donde hombres y mujeres intentaban aplacar al hombre que sin vacilar saltaba y descendía de las mesas como un mozalbete. La corpulencia tiene también sus miserias y en uno de los virajes del Director en busca de la salida, el bolsillo se encariño con el cajón del archivo que dejo al descubierto unos paños menores repletos de caras de Bob Esponja, que Teseo inmediatamente asocio a los dulces del expositor de la panadería. En el suelo y vencido, mientras en derredor la gente trataba de mantener el orden, Teseo se arrodillo y cogiéndole por las solapas le espetó:

- ¡Ya estamos los dos al descubierto!, mañana prepárame lo poco que me queda para llevármelo a otro sito…

Mientras la policía entraba en la sucursal y se lo llevaban del brazo, algunas personas que esperaban la cola, dieron media vuelta y abrazaron a Ariadna, que desconsolada jugueteaba nerviosa con el hilo sobre su dedo.

José Luis Moreno Gutiérrez


Siempre hay ceniza en la manga de un viejo

Siempre hay ceniza en la manga de un viejo que fuma y que siempre ha fumado.
Siempre hay vida en los ojos de un viejo que vive y que siempre ha vivido.

Así era Zeus, el panadero del pueblo que siempre hizo pan, siempre fumó y siempre vivió.

De sus infinitos amores, le quedaron al menos siete hijos. Todos bastardos. Todos curiosamente criados al abrigo del horno donde trabajaba.
Consideraba Zeus que la culpa de cuanto le había sucedido en la vida, se escondía en el nombre; en su nombre, en el nombre que sus pomposos progenitores le regalaron: Zeus….
Si se hubiese llamado Tomás –como el cura-, a lo sumo, hubiera sido incrédulo; pero así…. ¡qué podía hacer!...
“Es por el nombre” –repetía- cuando algún paisano le recriminaba su proceder.
“Ha sido el nombre” –insistía- cuando alguna de las mozas, amadas por él, depositaba a la puerta de su tahona, una canastilla; donde envuelto en mantillas de lana, dormía el fruto de su ardor sin freno.
Hasta el día de su muerte, estuvo convencido de un hecho. Las palabras son las responsables de todo. Ellas hacen a las personas y a las cosas lo que son.
Por eso; a sus hijos, procuró darles nombres sin evocación trascendente. Era lo mínimo que podía hacer por ellos.
A la primera la llamó Margarita, al segundo Segundo; a los gemelos Frutos y Frondoso; a la quinta Rosa, a la sexta Rocío y al pequeño, que llegó en la edad tardía, Silvestre Benjamín.
¡Querido Zeus!
Personalmente, jamás se planteó si el cachorro que berreaba en el umbral de su casa era o no era suyo. Fueron siete como podrían haber sido mil siete. Las razones de su ciega aceptación eran dos, las dos tan inocentes como todo lo que hacía; y se las exponía con franqueza a cualquiera que le preguntara:
- Una: Los indicios. Existían indicios más que razonables de que realmente lo fuera.
- Dos: Las probabilidades. Si no lo era, lo podría haber sido. De hecho, cualquier retoño –afirmaba con aplomo y sin pretensión alguna-, cualquier retoño podría haber sido suyo, dado que cualquier manceba podría haber sido su amada. Eran todas, tan exquisitamente bellas, que yacer con una u otra, resultaba –en su caso- una cuestión más azarosa que volitiva. Él, las hubiera cortejado a todas. Él, las hubiera vestido a todas de harina y besos. ¡Maldito Nombre!
Verle pasear por el pueblo con su prole fue durante años cosa de no perderse.
Verles juntos repartiendo el pan, fue durante años, cosa de buscar, no sólo por conformar entre todos una estampa pintoresca, sino también, y sobre todo, por el pan.
El pan de Zeus era el mejor pan del mundo.
Cuando se le preguntaba cuál era el secreto de su aroma, de su sabor, de su textura; Zeus siempre contestaba: “Amor. Solo Amor. Mucho Amor”
A día de hoy, por extraño que parezca, estoy convencida de que decía la verdad.
Zeus amaba lo que hacía.

Amasaba la harina con el mismo mimo con el que se acaricia al ser que se idolatra. Media el agua necesaria con idéntico esmero. No había en su hacer ni más ni menos levadura; ni más ni menos sal, que la que demandaba cada hogaza. Hogaza que siempre crecía única en su horno de leña, adquiriendo tamaños y formas tan caprichosas, tan exquisitas, tan variadas; que resultaba imposible resistir la tentación de querer no una; ¡todas!

¡Querido Zeus!

En los muchos años que le regaló la vida, nunca permitió que alguna se quemara; jamás dejó una a medio hacer y en ningún momento las preparó con la desgana propia del hacer por obligación o de la rutina vacua.
El día que se supo su muerte; todo el pueblo lloró.
“Amar es un arma que desarma” afirmó mi tio Tomás en la homilia de despedida.
Cuando el cortejo le acompañó al camposanto, toda su familia le arropaba.
Cuando el cortejo regresó del camposanto, todo el pueblo arropaba a la familia.
Como no podía ser de otra forma, cortejo y familia nos reunimos tras el sepelio alrededor de la cocina de Zeus. Allí, compartimos durante horas, durante muchas horas, dolor y recuerdos; mucho dolor y muchos recuerdos; vino y pastas, mucho vino y muchas pastas.

Yo, que no tuve más remedio que ir con mi tío Tomás, pude comprobar en ese largo rato de comunión, que la locura que todos habíamos achacado a Zeus durante su exuberante vida; no era tal. Las palabras hacían a las personas y a las cosas lo que eran.
Las pruebas estaban bien a la vista.
Ante la multitud que no cesaba de acudir, Margarita, su hija mayor, indecisa, no sabía si llorar a placer su pena –que era muy grande-; o contenerse, y sonreír, y animar a la gente que se acercaba triste, muy triste, a mostrarle sus sentidas condolencias.
Segundo, desde la sombra, la auxiliaba; y de vez en cuando la decía “sonríe” y de vez en cuando la decía “llora”. Y si Margarita, aturdida, se liaba en los decires, o tardaba en los callares; tomaba su puesto y conversaba generoso con el lugareño que había acudido a consolarles.
En medio; los gemelos, Frutos y Frondoso; sobreponiéndose al infinito pesar que les embargaba, cosechaban las loas de sus paisanos. Célebres por el éxito de su cadena de restaurantes en varias capitales y el estreno de su último programa de cocina en la tele, su presencia, su presencia de famosos; hacía olvidar a muchos,-momentáneamente al menos-, el aciago por qué del encuentro.
Por su parte, Rosa; su bella Rosa, la intocable Rosa; con su bonito vestido asalmonado, su romántico aroma femenino, y sus afilados aguijones afilados; en su máximo esplendor; sin darse cuenta, destrozada; destrozaba a cuantos tenían el atrevimiento de acercarse y acompañarla en el sentimiento.
Menos mal que pegadita a ella, estaba Rocío. En ella recalaban todos los quebrados por punción, y ésta, con sus preciosos ojos -siempre húmedos-, y su maravillosa voz de membrillo -siempre fresca-, en un suspiro, con un suspiro, les recomponía, y conseguía, sin esfuerzo alguno, que olvidaran la reciente noche que una espina, o un millón, les habían provocado .
Del Benjamín, mi esposo, poco puedo contarte. No estuvo.
Apareció una mes después de conocer la noticia, más asilvestrado que nunca, repitiendo a diestro y siniestro que quería cambiar, que quería ser panadero. Que le llamáramos Honorato. Ya se le pasó.
Te cuento todo esto, porque estoy muerta de miedo. Mañana me ingresan en el hospital para parir a mis dos hijuelos. Por lo visto, no quieren salir.
Sé que son dos niñas.
Me repito que todo irá bien. Sé que todo irá bien
Pero, necesito un nombre. Dos nombres. Y tienen que ser….

¡Querido Zeus! No hay nombres intrascendentes. Todas las palabras cumplen siempre su destino.
El día de mi boda, mientras todos bailaban; Zeus, el mismo del que te hablo, me dijo “Miranda, soy viejo; siempre hay cenizas en la manga de un viejo. Las mías, las acumuló mi nombre. Me hubiera gustado llamarme Andrés y ser simplemente un hombre. Un hombre sin cenizas”.
Cuanto más se acerca el momento del parto, más recuerdo ese momento, esas palabras. Yo también quiero que mis pequeñas vivan y mueran ajenas al sabor de la ceniza en sus prendas. Por eso, busco un nombre; dos nombres. Y los tengo que encontrar antes de mañana.
En ese momento rompió aguas.

Horas después berreaban Venus y Minerva. Dos nombres que su madre consideraba el mismo nombre; al haber observado ella en repetidas ocasiones, que Amor y Sabiduría eran dos palabras que cuando se escribían bien tenían las mismas letras y cuando se pronunciaban adecuadamente, idéntico sonido. Todo el pueblo porfió que tenían los ojos de su abuelo Zeus y mientras lo hacían, Miranda sonreía satisfecha. Ya no tenía miedo. Sabía que si tenían sus ojos –por mucho que el viejo panadero le hubiera dicho un día, en una fiesta- sus mangas serían viejas, estarían ajadas, serían muy viejas y estarían muy ajadas; pero jamás habría ceniza en ellas (a lo sumo la del tabaco).

El panadero
Ana Isabel Fariña


El viejo Poseidon-is

Amanecía en Itaca-i, población de 682 habitantes, a 320 kilómetros al oeste de Atenas-u, (importante ciudad a orillas del mar Abierto, de 1,5 millones de habitantes). Itaca-i está rodeada de frondosos bosques de pinos, robles y castaños centenarios. El lugar ideal para encontrar paz y disfrutar de la naturaleza.
El viejo Poseidon-is despertaba.
-¡Qué extraño…, he dormido de un tirón, no me duele nada, me encuentro bien! ¡Vaya día precioso para un paseo por el bosque!
Poseidon-is, de 70 años, llevaba 10 años sin trabajar; durante 35 años fue jefe adjunto de control presupuestario para una multinacional de seguros y reaseguros (nunca le gustó su trabajo). Al jubilarse había vendido el piso de la ciudad y junto con unos ahorros de Vulcani-a (su esposa desde hacía 42 años) y suyos, habían adquirido una casa con un jardín en Itaca-i. En el jardín se había preparado un cobertizo que poco a poco iba mejorando y en el que guardaba todas sus cosas. Porque a Poseidon-is le gustaba la química y era un verdadero apasionado de la alquimia; en su pequeño ordenador guardaba toda la información que había conseguido encontrar, lo que le hacía un verdadero experto. El jardín estaba completamente repleto de plantas aromáticas y medicinales: romero, lavanda, tomillo, mejorana, albahaca…
Tenían una hija, Venusi-a, estaba soltera, trabajaba de encargada en un centro comercial de Atenas-u. Poseidon-is y Vulcani-a iban de vez en cuando a visitarla y pasaban algunas temporadas con ella. Entonces Poseidon-is disfrutaba con sus largos paseos a orillas del mar Abierto. No sabía por qué… pero el mar ejercía sobre él una atracción inexplicable. En uno de aquellos interminables paseos, en los que se adentraba por los acantilados más recónditos, había encontrado una extraña alga de color morado… enseguida le había llamado la atención, con mucho cuidado la recogió y guardó en una bolsa de plástico que solía llevar en su mochila.
Cuando llegó a Itaca-i, preparó un recipiente para secarla. Antes había sacado unas fotos para ver si podía identificarla por internet. Hasta el momento no tenía noticias ni de la clase ni de la especie… La dejó que secara. En una de las cocciones que solía realizar de vez en cuando, para experimentar, le echó un poco del alga seca; aquello se puso de todos los colores… para terminar en un dorado brillante… Poseidon-is quedó maravillado.
-¡Guau... esto sí que es una pócima mágica!... Lorio, ahora te toca a ti.
Lorio era el conejo de indias que siempre probaba todas las experimentaciones, el pobre ya estaba para pocas. Transcurridos unos días pudo comprobar que Lorio había cambiado, saltaba y corría por toda la jaula… en su mirada se le notaba vida.
-¡Es increíble, no puede ser! -No se resistió… Tomó un pequeño trago -¡Qué rico está, sabe a chocolate con caramelo! Esto lo tiene que probar Aquiles-is…
Aquiles-is era el compañero inseparable de Poseidon-is desde que llegó a Itaca-i, pero llevaba seis meses que ya no salía de casa, afectado por un mal en los pulmones que no le permitía dar ni un paso. Poseidon-is le iba a ver 3 días a la semana.
-Eso te pasa por haber fumado -le decía.
Ayer le había llevado en un frasco muy pequeño su poción de alga morada.
-¿Qué es esto, parece oro líquido?- le había dicho.
-Es mi último experimento… y a Lorio le ha sentado de maravilla.
-Bueno, total para lo que me queda.
-Ya estamos lloriqueando… te queda lo que tú quieras que te quede…
Hoy Poseidon-is se encontraba de maravilla, había dormido de un tirón y se estaba preparando el desayuno. Había sonado el timbre, Vulcani-a había abierto. Aquiles-i apareció en la puerta de la cocina.
-¡Aquiles-i!, tú por aquí… -Poseidon-is no salía de su asombro.
-¡Vamos… vamos! que hace un día maravilloso y tenemos que aprovecharlo.
-¿Cómo estás?...
-No me ves… ¡de maravilla!... esa alga tuya es milagrosa.
-Ya veo…
Aquiles-is y Poseidon-is se adentraron en el bosque centenario de castaños correteando y bromeando como dos niños.

Vicente M. Martín


The Ares Job

Escupí la sangre que me llenaba la boca para poder hablar.
- Dime al menos como te llamas. Un hombre merece saber quién acaba con su vida.
- Rodolfo Ares Santos Mendoza. ¿Contento?
- ¿Quién te manda? ¿Escobar?
- No hermano, no me manda nadie, voy por mi cuenta.
- ¿Eres consciente que esto desencadenará una guerra?
- ¡Claro pendejo!. Por eso lo hago, yo vivo de esto.
Una detonación fue lo último que oí en mi vida.

Miguel Ángel Pérez


Carlitos = Polifemo

Tanto en la mitología griega como en la vida diaria, a veces se encuentran algunas similitudes. Cuentan que Polifemo, un ciclope de gran tamaño y dotado de un solo ojo, se enamoró de Galatea, la cual “bebía los vientos” por Aci, hjo del Dios del Pan. Poseidón, padre de Polifemo, al darse cuenta de la desgracia de su hijo y dado que tenía poderes ilimitados, decidió cambiar a su hijo de pais, de siglo, de nombre y de imagen, apareciendo como por arte de magía en el siglo XXI, en Madrid, con el nombre de Carlitos: 20 años de edad, una estatura de 1,80 m y ojos azules, tercer hijo de un matrimonio de la capital.

El secreto era que solo el sabía que, de los dos ojos que tenía colocados en la cara, solo veía con uno, como un buen ciclope.

El carácter de Carlitos, un poco introvertido, le hizo ser un gran aficionado al cine, donde se sentía más realizado. De hecho, tenía por norma ser el primero en acudir todos los martes, día del espectador, al Cine Rex. Esta semana, la película era "Espartaco”.

Ya tenía comprobado que el mejor sitio era en mitad del anfiteatro, donde percibía el sonido envolvente de todos los altavoces. Una vez sentado, siempre en la misma butaca, comenzó a llegar gente, ocupando todos los asientos del cine menos la butaca situada a su derecha.

Se apagaron las luces y, cuando ya estaba empezando el NODO, vió como se iban levantando los espectadores de su fila, abriendo paso a una señorita alta, rubia y con una abrigo de pieles en las manos, la cual se sentó en la única butaca libre que estaba a su lado.

Al poco de estar sentada, dicha señorita se levanta y, acercándose a Carlitos, le susurra unas palabras que no olvidará en su vida:"Perdone, ¿me puede echar un ojo al abrigo? ¡tengo necesidad de ir al lavabo!". A lo que Carlitos responde todo apenado: "Señorita, lo siento, pero si hago lo que usted me dice y le echo un ojo al abrigo ¡no podré ver la película!. El final de lo que ocurrió lo contaré otro día.


Vulcano= Paco el Herrero

El nombre de Vulcano me ha hecho recordar con nostalgia a mi abuelo Paco. Paco “el herrero”, como lo llamaban en el pueblo. Tenía una fragua cerca de la casa donde vivía con su familia. Su vida según pude ir oyendo y viendo, no fue fácil. Pronto se quedó sin padres y siendo el mayor de los cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres, los sacó adelante con mucho trabajo y sacrificio.

En el pueblo era muy apreciado, hablaba poco, trabajaba mucho y hacía todos los favores que le solicitaban. De los cinco hijos que tuvo, solo dos mujeres lograron sobrevivir, el resto por enfermedades que hoy se curan sin problemas, falleció.

En la fragua hacía todo lo relacionado con el hierro: rejas, ventanas, carretillos, cerraduras con llave, etc, Siendo ya mayor ideó una máquina limpiadora de trigo y cebada, usando un juego de poleas y una manivela, por lo que le consideraban un artista en todos los pueblos de los alrededores.

"¡Tu abuelo es demasiado!", esta frase la oía decir a mucha gente.

Me acuerdo de verle vestido con una capa típica salmantina y un bastón hecho por él mismo que, en realidad, al abrirlo era una espada. Era muy cariñoso con sus nietos.

Cuando por la edad tuvo que dejar de trabajar, y con ayuda de unos ahorrillos que había conseguido, se unió a mi otro abuelo, pues eran de la misma edad, este de profesión agricultor, y montaron un negocio de gallinas ponedoras. El negocio montado con toda ilusión fracasó, pues las gallinas se empezaron a morir y tuvieron que dejarlo.

Volvieron a coincidir los dos abuelos en varias ocasiones en casa de mis padres, pues es sabido que, entonces, no tenían pensión alguna y una vez que daban todo lo poco que tenían a los hijos, estos les atendían hasta que Dios se los quería llevar.

Podría contar mil anécdotas, pero esto para otro día.

Luis Iglesias


Neptuno en la pescadería

Son las cuatro de la tarde y el joven Neptuno no ha podido pegar ojo durante la hora de la siesta. ¿El motivo? Han abierto una nueva pescadería en el barrio.
Neptuno siempre amó el mar y a todas sus criaturas. De niño vivía en un pueblecito de la costa de Valencia, y todas las tardes salía a pescar con su padre Saturnino. Él fue quien le enseñó a amar y respetar el océano, y a tomar de él sólo lo necesario para alimentarse, sin dañarlo.
Lamentablemente, por motivos de trabajo, se tuvieron que trasladar a Salamanca, donde rehicieron su vida en torno a la agricultura y la ganadería.
Pero Neptuno nunca dejó de interesarse por el mar y la pesca, y siempre que tenía la oportunidad se pasaba por las pescaderías del mercado central. Sus conocimientos eran extraordinarios e inagotables. Podía reconocer cualquier pescado de sólo un vistazo, identificando su clase, especie y procedencia. No sólo diferenciaba el fresco del congelado, sino que sabía el número exacto de horas que llevaba fuera del agua con solo olerlo. Y en sus ojos era capaz de ver si el animal venía del mar o de una piscifactoría.
Es por ello que la noticia de tener una pescadería nueva al lado de casa le mantenía tan excitado.
En cuanto dieron las cinco, Neptuno partió raudo y veloz hasta encontrarse frente al impecable escaparate del nuevo establecimiento. Un letrero brillante anunciaba “Pescadería El Javi”.
Toda la ilusión con que Neptuno había entrado en el lugar, se fue poco a poco esfumando, según observaba el género… casi todos los productos eran congelados, y muchos de los rótulos inducían a engaño. Pronto vio como el pescadero intentaba estafar a una ingenua clienta, vendiéndole pescado congelado como si fuera fresco.
Esto provocó que una chispa de ira saltase dentro de Neptuno. Y es que éste era bien conocido entre su familia y amigos por su mal temperamento… Incluso sus hermanos Plutón y Júpiter, a pesar de su fuerte carácter, le temían. Solían llamarle “Poseidón”, aludiendo a que parecía poseído durante sus ataques de furia.
Neptuno observó la escena con los músculos en tensión pero sin decir nada. Cuando la ilusa clienta abandonó el local y el tendero se dirigió hacia él, no pudo más que dirigirle una desafiante mirada.
-¿Puedo ayudarle en algo?- dijo el pescadero.
-Sin duda. Me gustaría saber por qué este letrero dice “Emperador”, cuando se trata de Pez Espada.
El tendero desplegó la más amplia de sus sonrisas mientras contestaba:
-Pero señor, ¿no sabe que se trata de dos nombres distintos para el mismo animal?
La llama de la cólera prendió una mecha dentro de Neptuno, augurando una ineludible explosión. Si el pescadero hubiera conocido a su vecino, sin duda habría sabido identificar el temblor premonitorio de su párpado derecho y habría rectificado hasta el confín de su pensamiento para evitar la hecatombe que se iba a producir. Pero no, no le conocía.
Neptuno rompió en un súbito y colérico grito, agitando sus brazos amenazantes.
-¿A mí me va a decir un simple pescadero inútil que el Emperador y el Pez Espada son los mismo?
Su voz, profunda y atronadora resonó en todo el local, haciendo vibrar los cristales y los frascos de las estanterías.
-¿A mí, que he surcado los mares, que sé dónde desova el salmón y dónde se esconde el Akame?
Los gritos continuaron durante treinta interminables minutos, haciendo correr el pánico en la calle y provocando una inaudita sacudida de atunes, bacalaos, lubinas y langostas, que se agitaban entre el hielo como si estuvieran vivos. Al fin llegó la policía para llevarse a Neptuno. Éste les miró con incredulidad. ¿Por qué no se preocuparían de condenar a estafadores como ese pescadero, el lugar de perseguirle siempre a él? Ya sabía lo que iba a suceder ahora. Una nueva sarta de sesiones con el psiquiatra. Estupendo.

Alicia Alonso


El Tuno Caronte

Caronte estudia Traducción e Interpretación en Salamanca y procede de Galicia. Tiene 30 años, de estatura más bien corta pero con unos ojos tan vivos que hablan y absorben todo lo que ven y lo que no ven lo intuyen, como nieto de Meiga que es. Hubiera sido un buen estudiante si no le hubiera ido tanto la farra.
Superadas las duras pruebas de ingreso, físicas, hepáticas, noctámbulas y de afinamiento entró en la Tuna Universitaria cuyo espíritu absorbía y devolvía aumentado pero, ocurrió un hecho que hizo alterar su viveza.
Había conocido a Tormes, el Barquero del Río, de numerosas juergas que allí se celebraron y llegaron a trabar una gran amistad. Un día de tormenta, misteriosamente, un rayo destrozó el barco y Tormes falleció abrasado. Los Tunos acudieron a tocar al funeral del Río y Caronte infundió a sus canciones un tono siniestro que quedaría adherido a él para siempre.
Dieron en considerarlo el Tuno de los funerales y dicen que las tétricas melodías que araña a su laúd ayudan a descansar a los muertos.

Antonia Oliva


Los viajes de Ulises

Penélope nunca había perdido la esperanza de acabar un día el libro que escribía y reescribía sentada contra el cerezo de flores blancas, en lo alto de la colina.
Cada primavera volvía con la convicción íntima de que un día las flores volverían a recobrar el color rosa de hacía unos años.
De muy pequeños Ulises y Penélope se habían dado al pie de ese mismo árbol su primer beso, fresco y suave como la piel de las ranas que se deslizaban entre sus manos a orillas del río que murmuraba secretos, y desde ese instante los pétalos blancos se habían vuelto rosas.
En las ramas quedaron suspendidas las promesas que se hicieron entonces.
El viento, lancinante, amenazante, se había llevado a Ulises y su familia, por una noche fría, y sólo quedó de él la estampa de la estrella amarilla cubierta de polvo y arena delante del portal de su casa.
Fue aquel día que Penélope empezó a escribir. Y desde entonces no dejó de hacerlo. Pero no podía resignarse a poner un capítulo final, no le convencía ninguno, cada día hacía y deshacía el hilo de la trama.
Fueron días de silencio, de miedo, de tristeza sin fondo.
«Hay guerras que a veces no se ganan», pensaba los días en que el sol se ponía su traje gris.
Los besos de Ulises debajo del árbol los había cambiado por los brazos de Vicente, más tarde había intentado olvidarlos con los labios de Cirilio en los pasillos descoloridos de la universidad, pero le habían dejado un sabor agrio y sin futuro.
Un día la luz de las estrellas blancas de la bandera azul, blanca y roja, bailando en el cielo sin manchas le habían devuelto la esperanza.
Era el mes de mayo, vestida de sus vaqueros oscuros y su camisa de florecitas rojas, se acomodó contra el árbol con su pluma y su libreta azul. Al llegar le había llamado la atención el tamaño de las cerezas aún verdes claras, « este año tienen un aspecto de frambuesas », pensó.
El día era claro y dulce. Mientras dejaba mariposear sus pensamientos le llegó a la boca el sabor de una cereza que acababa de liberar su jugo. Levantó la cabeza y presenció maravillada como se coloreaban las cerezas antes de color verde.
Fue tan repentina la sensación de placidez que sin proponérselo empezó a andar en dirección del pueblo. El instante se hizo eterno y bello. Sólo se oían sus pasos en el pavimento Se quedó parada. Ulises estaba sentado en el patio, bajo la bóveda florecida, delante de su casa.
Se le veía cambiado, sus ojos verdes claros habían perdido la inocencia. A través de ellos lo podía leer todo.
Le habían pervertido el alma, maltratado los ideales, quebrantado a veces el ánimo.
Pero seguían firmes el recuerdo y los sueños de antaño.
Penélope se acercó, le sonrió, y sin decir nada le cogió de la mano.
Empezaron a andar lentamente por el camino, bajo el sol de la mañana.
Era por fin la hora de cerrar el capítulo.

Sara Pérez