Literatura y moda

El lunes pasado nos pusimos nuestras mejores galas para ir al taller de escritura creativa. El tema lo requería, la moda.
Vimos desfilar por la biblioteca trajes y vestidos con la firma de Balenciaga o Cocó Chanel pero también diferentes textos extraídos del último monográfico de la Revista Litoral titulado "Moda. El arte de lo efímero".




Dejamos aquí algunos textos de esos textos:

La tela de Penélope o quién engaña a quién, de Augusto Monterroso

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.
Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.
De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.

El abrigo, de Luis Mateo Díez

El día que llegué a la oficina, un martes de noviembre de mil novecientos cincuenta y seis y, al colgar el abrigo en el perchero, su cuello quedó desprendido del resto como si, al fin, la polilla hubiese facilitado su definitiva decapitación, el dolor me hizo reconocer que las prendas familiares siempre mueren en el corazón de los humildes.
Tres generaciones yacían suspendidas en el perchero asesino y el calor de las mismas se fue desvaneciendo en el paño hasta enfriar mis manos y dejar en el tacto un maltrecho estertor de inviernos y orfandades.”

Las tejedoras, de Julio Cortázar

Las conozco, las horribles, las tejedoras envueltas en pelusas,
en colores que crecen de las manos del hilo
al cuajo tembloroso moviéndose en la red de dedos ávidos.
Hijas de la siesta, pálidas babosas escondidas del sol,
en cada patio con tinajas crece su veneno y su paciencia,
en las terrazas al anochecer, en las veredas de los barrios,
en el espacio sucio de bocinas y lamentos de la radio,
en cada hueco donde el tiempo sea un pulóver.
Teje, mujer verde, mujer húmeda, teje, teje,
amontona materias putrescibles sobre tu falda de donde brotaron tus hijos,
esa lenta manera de vida, ese aceite de oficinas y universidades,
esa pasión de domingo a la tarde en las tribunas.
Sé que tejen de noche, a horas secretas, se levantan del sueño
y tejen en silencio, en la tiniebla; he parado en hoteles
donde cada pieza a oscuras era una tejedora, una manga
gris o blanca saliendo debajo de la puerta; y tejen en los bancos,
detrás de los cristales empañados, en las letrinas tejen, y
en los fríos lechos matrimoniales tejen de espaldas al ronquido.
Tejen olvido, estupidez y lágrimas,
tejen, de día y noche tejen la ropa interna, tejen la bolsa donde se ahoga el corazón,
tejen campanas rojas y mitones violeta para envolvernos las rodillas,
y nuestra voz es el ovillo para su tejido, araña amor, y este cansancio
nos cubre, arropa el alma con punto cruz punto cadena Santa Clara,
la muerte es un tejido sin color y nos lo estás tejiendo.
¡Ahí vienen, vienen! Monstruos de nombre blando, tejedoras,
hacendosas mujeres de los hogares nacionales, oficinistas, rubias,
mantenidas, pálidas novicias. Los marineros tejen,
las enfermas envueltas en biombos tejen para el insomnio,
del rascacielo bajan flecos enormes de tejidos, la ciudad
está envuelta en lanas como vómitos verdes y violeta.
Ya están aquí, ya se levantan sin hablar,
solamente las manos donde las agujas brillantes van y vienen,
y tienen manos en la cara, en cada seno tienen manos, son
ciempiés son cienmanos tejiendo en un silencio insoportable de tangos y discursos.

Hilando, de Claudio Rodríguez
("La hilandera de espaldas", del cuadro de Velázquez)

Tanta serenidad es ya dolor.
Junto a la luz del aire
la camisa ya es música, y está recién lavada,
aclarada,
bien ceñida al escorzo
risueño y torneado de la espalda,
con su feraz cosecha,
con el amanecer nunca tardío
de la ropa y la obra. Este es el campo
del milagro: helo aquí,
en el alba del brazo,
en el destello de estas manos, tan acariciadoras
devanando la lana:
el hilo y el ovillo,
y la nuca sin miedo, cantando su viveza,
y el pelo muy castaño
tan bien trenzado,
con su moño y su cinta;
y la falda segura; sin pliegues, color jugo de acacia.

Con la velocidad del cielo ido,
con el taller, con
el ritmo de las mareas de las calles,
está aquí, sin mentira,
con un amor tan mudo y con retorno,
con su celebración y con su servidumbre.


Propuesta de escritura

Elige alguno de estos cuadros y viste a sus personajes: 

1. "David" de Miguel Ángel
2. "Desayuno sobre la hierba"de Edouard Manet
3. "El nacimiento de Venus" de Botticelli
4. "La Venus de Urbino" de Tiziano 
5. "Maja desnuda" de Goya
6. "Mujer desnuda" de Toulouse Lautrec
7. "La venus del espejo" de Velázquez
8. "La creación de Adán" de Miguel Ángel




(Pincha en la imagen para ampliar)


Estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


El traje de Adán

Estoy desnudo y semi recostado con una actitud de pereza sublime. No se si me interesa que me toque el dedo de Dios. Estoy muy agusto aquí, medio tumbado. En cuanto me toque me voy a tener que levantar. Yo no me quiero levantar, pues a continuación no se qué es lo que va a pasar.
! Vaya ! , me ha tocado y ahora tengo que vestirme.
Estoy valorando diversos tipos de hojas para confeccionarme un modelito, pero con los atributos que tengo me basta con una hoja de olivo.
El tal Miguel Angel debió de quedarse sin pintura y terminó con una pincelada. He sabido que a David también le ha dejado muy escaso de atributos, y en este caso no sería por falta de mármol.
Volviendo a la moda: me decanto por hojas grandes que sintonicen con la naturaleza, y que cubran gran parte de mi cuerpo, así los que me vean podrán imaginar lo que quieran. Pruebo varios tipos de hoja y me decido por las de parra y morera, pues las de higuera me provocan sarpullido.
Modelito: dos hojas unidas por delante y dos por detrás, atadas por lianas finas en los laterales y otra unión por debajo que pueda quitarse con facilidad. Compruebo lo bien que me quedan mirándome en el reflejo del agua.
Me he aficionado y tengo varios modelos y tamaños. Tengo uno de parra y otro de morera: moda de primavera.

José Luis Fonseca
Grupo A


All Star Street Style

Querrías verme como a la Maja, la de Goya, desde ese plano tan masculino en el que él solo y para sí la ha ido despojando de sus ropas, porque en realidad está vestida, porque hace frío y un corpiño ceñido a una camisa y a una enagua de lino blanco ribeteada le cubre el cuerpo, porque la insinuación está tan solo en su forma de imaginarla, en el ansia del guerrero. Pero yo estoy aquí, medio acurrucada, ausente, mi cuerpo no está terso, ha vivido, y tampoco te invita a nada. A medio vestir, porque tengo tantas cosas que resolver a lo largo del día que, al ponerme las medias me he quedado absorta, alejada de todo, de ti por supuesto, ajena; pensando en qué será lo más cómodo para salir corriendo de casa. Al final, creo que elegiré el vestido gris ceñido de punto y mis Converse.

Libertad Luengo
Grupo A


Consolando a David

Lo siento, David, te había reservado el Ministerio de Arte y Sapiencias. Era ideal para ti, tan blanquito que se te ve, tan guapo y seductor. No interpretes que me vuelvo atrás de mi decisión mirando a evitar la competencia en este campo; es que tal y como se han puesto las cosas, tu vestimenta no me parece adecuada para jurar o prometer el cargo ante el Rey; ten en cuenta que hasta Pabli se presenta con chaqueta. Hay además bastantes mujeres y Carmina (ya sabes cómo es ella para las cuestiones de género) podría tomarlo por donde quema; huelga decir que me refiero a lo incorrecto en el vestir, no aludo a tu anatomía.
Tampoco interpretes un «adiós muy buenas», por favor; si te vistes, podríamos pensar en algún otro cargo de responsabilidad. No veas la cantidad de dinosaurios que aún quedan y que podrías dedicarte a cazar a pedradas. A ti eso se te da.
Un abrazo.

PS

Pascual Martín 
Grupo B


Mujer desnuda. Toulouse-Lautrec
–¿Regresar a Lesmont? –musita mientras alza las medias hasta sujetarlas con las ligas.

Se demora un momento sopesando sus dos vidas, la resignada y miserable de su remota aldea o ésta de derroche y disipación en París. Recuerda la pobre casa en que nació, sus padres afanosos y tristes, su hermana tullida y desamparada. Mientras se coloca las bragas y el sostén de encaje recuerda sus manos cuarteadas por el agua helada del río. Revive estremecida el frío y la humedad de los días de colada en sus orillas. Introduce los brazos y luego la cabeza para asentar la camisola en los hombros. Admira un momento sus hermosas puntillas. Ahora puede vestir las ropas más lujosas, comer en los restaurantes más caros, pasear en carruaje por los bulevares más elegantes…

–Y entonces, ¿por qué la angustia oprime mi pecho?

Se detiene otra vez. Sentada en la cama, medita; el dedo sellando su boca

–¿Merece la pena reír las estupideces de un borracho presuntuoso? ¿Soportar sus torpes caricias, que son como lija en mi piel? ¿Su saliva repugnante y pegajosa quemando mis mejillas?

Se viste la blusa y la abotona lentamente. No puede evitar un rictus de desagrado cuando sigue enumerando:

–Y tolerar su grosera intimidad. Sus fétidos sudores impregnando mis sábanas. Su ultrajante torpeza. La hosquedad de su sexo, duro, exigente y mezquino.

Sostiene en el aire los zapatos puntiagudos y acaricia con deleite el tacón finamente esculpido como si fuera una estatua. Se los calza y camina hasta el espejo. Estudia su cara con detenimiento. Descubre manchas y arrugas, pequeños estragos que las cremas apenas pueden esconder.

–¿Cuánto tiempo queda?

Se levanta apresuradamente e intenta borrar con un manotazo esos pensamientos que, cada vez con más frecuencia, conspiran para torturarla. Elige un sombrero de coloridas plumas, toma al paso su gabán y escapa corriendo a la calle.

Pepe Lorenzo
Grupo B


Del desayuno sobre la hierba. Edouard Manet

Manet, francés, siglo XIX, catalogado como pintor impresionista, las mujeres francesas siempre han sido muy liberales y los hombres más recatados, de ahí el cuadro, pero si tuviera que vestirlas usaría el traje típico de la sierra de Salamanca, y así no se cogerían un constipado.

Luis Iglesias
Grupo B


“Joven Desnuda” de TOULOUSE LAUTREC

La muchacha se sentía dolorida y confusa. Azorada, recogió las medias del suelo y cubrió sus piernas con prisa; pareció entrar en calor.

Se incorporó sin ganas, abandonó el hermoso kimono de seda sobre el perchero y recogió una a una las prendas de su humilde vestuario colocadas, con el mimo de quien sólo tiene lo que gasta, a los pies del diván: las polainas, la blusa de hilo basto, las enaguas, la tosca falda de lana marrón, el chaleco deslucido… Cuando terminó de calzarse las botas, cogió cuatro de los cinco francos que el viejo dejó entre las sábanas al terminar, se los guardó en la faltriquera y salió apurada de aquel cuarto oscuro y maloliente, jurándose a sí misma que “eso” no volvería a ocurrir.

Bajó corriendo la rue Lepic hasta la place Blanche y entró en la farmacia justo antes de que monsieur Feraud cerrara sus puertas; pasaban las siete de la tarde. Agradecida por la deferencia de aquel hombre, recogió las medicinas de su madre enferma y pagó lo que se debía. Ya sólo le quedaba una moneda en el bolsillo.

Al salir de nuevo a la calle, se dió de bruces con el crudo y húmedo invierno parisino que la carrera anterior le había ocultado; se arrebujó más aún en su capa y, desesperada, fue consciente de dos cosas: tendría que encargar leña para la estufa y nunca, !nunca¡ podría abandonar la casa de Madame Roussel.

Romy Martinez
Grupo A


La colcha de Doña Josefa

Doña Josefa Bayeu, a la sazón esposa de Goya, estaba ya harta. Y no porque, tarde tras tarde, aquella esbelta mujer se apoltronara desnuda en su propio diván para ser inmortalizada por su marido. No, esa no era la razón. Los celos no tenían cabida en aquella casa, el Arte estaba por encima de cualquier banal sentimiento humano.

Lo que Josefa no soportaba era el estado en el que aquel sudoroso cuerpo dejaba con sus posados la colcha de seda que su madre le había regalado en sus nupcias. Una colcha que había abrazado los cuerpos de incontables generaciones de Bayeu, incluidos sus benditos padres y abuelos, y que con gran mimo y cuidado había sobrevivido a los años conservando en todo momento su esplendor original. Ahora los colores se veían ligeramente ajados, y la inigualable seda comenzaba a perder la suavidad natural que una vez poseyó.

Era cierto que el diván estaba próximo a la chimenea, que permanecía encendida por orden de Don Francisco para acomodar de la mejor manera aquel cuerpo desnudo, pero, ¡por Dios, cómo sudaba aquella mujer! Cada gota que caía de su axila y se fundía con el desgraciado tejido era como un alfiler que se clavara en el delicado cuerpo de Josefa.

Y esa fue la razón del ultimátum.

- Francisco, querido, sabes que no me gusta entrometerme en tus quehaceres artísticos, pero, ¡o vistes a esa mujer o te vas a pintarla a la pradera de San Isidro!

- Pero querida, es un cuadro de interior, y aquí la luz es perfecta… además, es un desnudo, no creo que fuera demasiado decoroso hacerla posar desnuda en un lugar público…

- ¡Me da igual la luz y su decoro! O le plantas encima algo de ropa o se acabó el pintar bajo este techo… ¡Y no se hable más!

Y así, la maja desnuda cubrió sus vergüenzas para pasar a la posteridad por partida doble. Todo por la gloria y supervivencia de la colcha de los Bayeu.

Jorge Martín
Grupo B


El hat-trick de David

Todo empezó el lunes de la semana pasada. La imponente escultura del David apareció cubierta por la camiseta de la Juventus. Los guardas de seguridad afirmaron no oír nada durante toda la noche y garantizaron que los sistemas de alarma habían permanecido activos sin detectar nada extraño. Las cámaras de seguridad acabaron por confirmar que nadie había profanado la galería desde que se cerraran las puertas al público la tarde anterior.

La opinión pública se hizo eco de la noticia, que rápidamente invadió las redes sociales propiciando mil y un comentarios. A nivel local, lo que más molestó no fue que alguien hubiera burlado la seguridad del museo poniendo en riesgo la integridad de su más preciado tesoro, sino el hecho de que hubieran optado por la zamarra de la Juve en vez de la de la Fiorentina.

El martes la cosa fue a peor. A pesar de que la sala había sido sellada a cal y canto, custodiada por varios guardas en cada puerta, el David apareció de nuevo vestido con la camiseta, a la que ahora acompañaban el pantalón y las medias oficiales del equipo Juventino. Nadie se explicaba lo sucedido. La revisión de las cámaras confirmaba una y otra vez que el David seguía desnudo, pero la realidad de su nuevo atuendo era indiscutible al mirarlo cara a cara.

El miércoles se calzó las botas, y el jueves su postura había cambiado para aparecer ante todos celebrando un gol y señalándose el número 10 de su dorsal. Tanto la dirección del museo como las autoridades locales intentaron por todos los medios acallar la extravagante noticia, pero fue en vano. Pietro, uno de los celadores de la galería y tifosi de la Juve desde su más tierna infancia, sucumbió al amor por los colores subiendo a su cuenta de Twitter una foto del David goleador. Por supuesto fue denunciado de inmediato por quebrantar la orden interna del museo, pero su despido se convirtió en una temporal tourné visitando los platós de televisión de toda Italia.

El viernes el desastre se consumó. David había abandonado su pedestal para siempre. Así, sin dar explicaciones. Los rumores de su inminente fichaje por la squadra turinesa no se hicieron esperar, cifrando su traspaso en unos doscientos millones de euros.

Esa misma noche se hizo efectiva la cláusula, y el sábado David debutó con su nuevo equipo en el campo del Udinese. Debido a su bajo estado de forma al no haber completado ni un solo entrenamiento, el míster le dio los últimos treinta minutos del partido, suficientes para que marcara su primer hat-trick: dos contras y uno de cabeza a la salida de un córner. Algunos periodistas dicen que el gesto que dedicó a las cámaras tras su primer tanto iba dedicado a la Piedad.

El domingo, los dirigentes del museo, tras digerir el mal trago por la repentina pérdida de su estrella, decidían a contrarreloj quién o qué ocuparía el desierto pedestal que yacía abandonado en la sala principal. La sorpresa se desveló el lunes, cuando los primeros visitantes del museo pudieron observar una imponente escultura barroca de una Madonna de Bernini. Las malas lenguas dicen que la dirección del museo ha impuesto una cláusula de mil millones de euros, por si acaso.

Jorge Martín
Grupo B


Orden inverso

El sonido del teléfono alteró la quietud en el taller de costura. Era el mismísimo Giorgio Armani -el gran jefe- al aparato para confiarme un apasionante proyecto. Quería que me ocupara yo personalmente de una exposición que nos había encargado la Camera Nazionale della Moda Italiana para dar visibilidad al sector. Y me planteaba una propuesta rompedora. Se trataba de vestir al David de Miguel Ángel. Y no sólo de eso, si no de mostrarlo mandando un mensaje al mundo. Era el mayor reto al que me podía enfrentar. Primero entré en pánico, pero al momento tuve el mayor subidón que he sentido en mi vida.

Reuní a todo el equipo del atelier para empezar a pergeñar las piezas que cubrirían el cuerpo del joven de 5,16 metros de altura y 5,5 toneladas de peso. Buscamos todas las imágenes del pastor marmóreo, desde todos los ángulos posibles, para estudiar ese cuerpo casi perfecto, que se ha convertido en el canon de la belleza universal. Miguel Ángel Buonaroti estuvo meses estudiando el bloque de mármol de carrara y cuatro años esculpiéndolo, mientras que nosotros contábamos con apenas unas semanas para vestirlo.

Decidimos utilizar los modelos de la última colección de la marca. La idea era clonar al David en diversas figuras realizadas en una resina ligera que imita fielmente la apariencia del mármol y ataviarlo con piezas que se iban a superponer en cada una de las copias hasta llegar a la última en la que aparecería completamente equipado, luciendo un conjunto completo de GArmani. La elección de la ropa no fue complicada puesto que jugábamos con los elementos de una sola serie. La elección de la gama de color tampoco supuso gran problema, porque nuestra marca se decanta principalmente por los grises oscuros y el negro absoluto.

La exposición se iba a realizar en las diferentes estancias del palacio de la Cámara Nacional de la Moda Italiana. El planteamiento de la muestra era un recorrido por las diversas efigies del David, que se iniciaba con la desnudez, como encarnación de la sencillez y la inocencia y finalizaba con una vestimenta completa, como personificación del progreso y la sofisticación.

Primero le pusimos un calzoncillo slip negro de algodón puro orgánico. A la segunda escultura le añadimos una camiseta en tejido de ondas horizontales, confeccionada en punto Jacquard, de corte relajado, que contrastaba con la representación de la fortaleza, la ira, la libertad, la tensión y la fuerza contenida, de la imagen del héroe bíblico. El pequeño error anatómico confesado por el propio Miguel Ángel quedaba oculto a la vista con esta prenda.

La tercera estatua lucía, además, unos pantalones deportivos de punto a rayas, con ceñidor elástico en la cintura y cierre de botón y cremallera. La cuarta, recogía la esencia G.A con la prenda que ha escrito su historia: la chaqueta, con un modelo recuperado del archivo histórico de la casa y reinterpretado en clave actual. Una prenda confeccionada en lana virgen bicolor de efecto punto con cuello alto acanalado, bolsillos aplicados y costuras visibles. Todas las piezas de ropa jugaban con los tonos grises.

Una vez cubierto completamente, el emblema de Florencia debía hacer honor a la sofisticación del atuendo masculino italiano, como símbolo universal de la elegancia. Removimos todos los books y los cajones para encontrar los complementos adecuados. Al quinto David le pusimos botas de piel de becerro estampada inspiradas en la ropa militar, como muchas de las prendas más utilizadas en el armario masculino. Al sexto, un cinturón reversible de piel. Al Séptimo, una mochila de un solo tirante de piel de becerro. Y al octavo, unas gafas de sol oscuras de acuerdo con el legado estilístico exclusivo de Giorgio Armani, que ofrece una silueta irresistiblemente masculina.

El día anterior a la apertura de la exposición no me sostenían las piernas. Como comisaria de la muestra era responsable no solo del éxito de un acto cultural de primer orden, también lo era del acierto en la idea que se lanzaba al universo. El mundo entero estaría pendiente de la capacidad de la industria de la moda, en general, y de nuestra firma, en particular. Pero sobre todo en cómo se utilizaría al David de Miguel Ángel, la escultura más importante de todos los tiempos, símbolo de belleza y de libertad. De repente, supe que nos habíamos equivocado en el planteamiento.

Para la inauguración me vestí con mi mejor traje y me adorné con los más vistosos complementos. Nadie había visto la exposición al completo, únicamente los montadores y yo sabíamos qué había en las salas de la Cámara. Las puertas se abrieron al público y a las autoridades, quienes pudieron admirar en las diferentes estancias la colección de estatuas ordenadas inversamente a la idea inicial, pasando del vestido, en sus diferentes fases, a la desnudez. En la última estaba el David, tal como lo creó su autor, situado en el centro. A su alrededor, en el suelo, aparecía la siguiente inscripción: David no mejora con la ropa. Miguel Ángel no quiso vestirlo ¿Por qué íbamos a hacerlo nosotros?

De repente, todas las miradas se dirigieron a mí.

Maxi Moreno
Grupo B


Venus de Botticelli
Bajo el Farol

Alemania 1943. Un cabaret de la ciudad de Colonia se ve asediado por jóvenes soldados que entre ofensiva y retirada, buscan un paliativo a los desgarros del combate. Agitación, alegría, exabruptos llevados al caos, es el sentir de estos supervivientes de barro para los que su quebradiza existencia, mañana puede ser blanco seguro de una bala asesina.
Mientras en el camerino, la de Botticelli, tras abandonar su concha marina, decide si ponerse la gabardina beige y tocarse la cabeza con la gorrita que tanto le gusta a Hans Leip o el uniforme blanco de la marina con la gorra cartagenera que tanto juego le da a la bella Dietrich. Tras una decisión meditada, se decanta por un escotado vestido de raso negro que realza su tez nacarada y la desnudez de sus hombros. La falda, bajo la rodilla, muestra una abertura sugerente dejando al descubierto la recta vertical de la longitud de sus piernas. Y al no estar habituada a llevar ropa interior, decide prescindir de ella. Con exquisita suavidad va deslizando las medias de seda sobre su piel desnuda para después ajustarse el vestido. Se mira en el espejo y sonríe “Perfecto” dice para sí. Elige unos zapatos negros de tacón de aguja y sale al escenario para seducir a los vocingleros muchachos que esperan impacientes en una atmósfera viciada de tabaco y vapores de alcohol. Pasa indiferente ante la Cruz Gamada, se sitúa bajo la luz macilenta de un farol y enciende un cigarrillo con estudiada provocación para soliviantar a los soldados. Éstos, enardecidos de entusiasmo, alagan la vanidad de la diosa con requiebros no exentos de malicia. La delicada mano de la diosa se aferra al farol, mientras su cabello de oro, con ondulaciones marinas, baja en cascada por la pendiente de su espalda hasta rebasar el canal de su cintura. De sus labios de coral, surge una canción que los combatientes corean anegados sus ojos en lágrimas. Añoranza, temor, esperanza contristan sus corazones por la esposa, novia, o madre que sufre y reza en la distancia.

“Cuando llega un parte
y debo marchar,
sin saber querida
si podré regresar…
Y sé que me esperas
siempre fiel,
bajo el farol, frente al
cuartel…
Lili, mi luz de fe.
Eres tú, Lili Marlen.
Eres tú, Lili Marlen.”

Pepita Sánchez
Grupo B


Desayuno entre la hierba
Edouard Manet

Entre árboles
dos parejas descansan
ellas desnudas

Alfredo Domínguez
Grupo B


Adán, mensajero de Dios

Aunque visiblemente reposado y pasivo ante su creación, como cualquiera que nace sin elegirlo, Adán apunta con su dedo a Dios, y le dice:
Tú sabes muy bien que no soy perfecto, así que quita esa cara de satisfacción.
¿Qué voy a hacer cuando me expulses de El Paraíso que también has hecho aparentemente inalterable?
¿Cómo sabes lo que ocurrirá? Si obedeces mis designios tendrás una vida sin altibajos. ¿Si me has hecho a tu semejanza, cómo no voy a saber lo que tienes en tu cabeza? Me pintas todo como ideal para que yo crea en tu superioridad, y en la mía, y luego me pones las trampas, para humillarme. Hasta tú caerías en esos artilugios, sabes muy bien lo que significa el poder omnipotente y el placer sin límites…
Luché tanto con ese arcángel en la pre-creación, para que me eligieras a mí como el primer hombre, el primer padre y patriarca de la raza humana, y resulta que el papelito que voy a hacer no es nada agradable: voy a perder toda mi imagen de perfección ante mis hijos. Y después me vas a reclamar que ¿por qué le hice caso a Satán? No tienes autoridad moral…No quiero ser un títere de tus designios. Necesitaré un poco de libertad, aunque después sé que con lo de los mandamientos la culpa nos va a corroer…
Pero ahora quiero ir más allá. Si me toca vivir fuera de El Paraíso, ni desnudo, ni ingenuo, ni pendejo puedo ir por la vida. Ya será suficiente con ser un proscrito y un emigrante. Ahora dime ¿los ropajes y atuendos bien enmascarados, no los irás a convertir en un pecado?, porque eso es lo único que vamos a tener para ocultarnos mejor y ostentar la estética de las emociones.
¡Oh, Adán e hijos! Ciertamente hemos hecho descender para vosotros (el conocimiento de la confección de) vestidos para cubrir vuestra desnudez, y como adorno: pero el vestido de la consciencia de Dios es el mejor de todos. En esto hay un mensaje de Dios para que el hombre pueda tenerlo presente.
¡Ah sí, es muy fácil decirlo, angelitos! No va a ser pecado, pero nos va a estar vigilando. Si me han creado para sufrir, lo que quiero decir es que aunque esté por el piso, siempre voy a poder mostrarme superior con las modas, el maquillaje y los flequillos bien cortados, repitiendo que “la vida sigue” y “qué se le va a hacer”. Por lo menos eso me compensará.
Por cierto, Dios, lo de maquillaje lo dice la mujer que hay en mí. No era difícil adivinar que me la vas a arrancar de adentro y presentármela como una compañera, para que yo me crea que en la vida no estás solo. Bueno, tengo que reconocer que lo del pene y la cavidad vaginal fue genial, pero eso no me va quitar la soledad y el desvalimiento. Tengo que inventármelas toda la vida para aliviarlo, ¿voy a tener que creer en eso que llaman amor? Son temas complicados de dilucidar…
Por eso, los trapos y las tendencias, las modas, me van a hacer sentir que pertenezco a algo más que a unas cuantas personas que siempre te van a mentir y te van a decir que luces bien. Yo creo que hasta poder me pueden dar, si logro tener las que valen lo que el oro, o hago algún sacrificio abismal. Porque la vida se trata de sacrificios, ¿no?

Fin de mundo...

Carmen Elena Ochoa
Grupo A


La mujer desnuda de Toulouse Lautrec

Te veo pensativa, con las medias negras. Levántate. Ve en busca de tu amado.
Ponte el vestido blanco de organdí con puntillas y transparencias. ¡Suelta tu melena al viento!
Te encontraste con Bécquer. Os mirasteis.
Te preguntó:
- ¿Quién eres tú?
Sólo le pudiste decir:
-Soy la mujer la mujer que te ama. La mujer que conoce  tu  espíritu dolido ¡Deja que me acerque a ti! Soy Elisa mujer casada y bien casada hasta que tus ojos penetraron de tal forma que dejé de pensar en mí para pensar sólo en ti. Tu sensibilidad me atrajo como un imán. Sé  que nunca serás mío y créeme que lo siento. Tu amor es de otra, a la que hiciste tu musa.
Estando a tu lado paseando por el parque de María Luisa dijiste:
-¡Silencio!¡ Es el amor que pasa!
Te pregunté:
-¿Qué es poesía?
 Sin pensártelo contentaste:
-Poesía eres tú.
 Y mis labios quedaron cerrados pero mi corazón henchido.
 Hoy te busqué. No te vi. Recordé los paseos a la orilla del Guadalquivir apoyándonos en el árbol recitabas las poesías que en la noche las musas traían a tu memoria.
 Después de un tiempo, todo se desvaneció.

Josefa Redondo
Grupo A


Mujer desnuda -de ser (de Toulouse Lautrec)

Lo valoré,
reflexioné sobre ello,
medité:

Adolfo Domínguez, Giorgio Armani, Coco Chanel, Oscar de la Renta, Jean-Paul Gaultier, Carolina Herrera, Christian Dior, Amaya Arzuaga, Ralph Lauren, Pierre Gardin, Agatha Ruiz de la Prada, Paco Rabanne,… y el sastre de la esquina, también.

Asenté mi cuerpo,
lo cubrí, lo disfracé,
lo disfrutaron;
en carne y hueso,
lo experimenté:
faldas, blusas y blusones,
pañuelos y pantalones,
chaquetas y vestidos,
bragas, calcetines, calzoncillos;
jerséis y camisetas,
zapatos, collares,
bolsos y chancletas,
pajaritas, abrigos y fulares;
medias con brillantinas,
corbatas con malabares,
camisas de seda fina,…

¿Y para qué?.
¿Para que Ves –t- ir?
¿para qué?,

Si en la desnudez
me siento inocente, libre,
real, auténtica,
en la dicha y el goce
de Ser.

YO; sin ahora, sin ayeres,
ni mañanas, ni después. 

Vestida de sublime Desnudez.

María José Arrojo 
Grupo B


Noche de bodas
Mujer desnuda de Lautrec

Mientras Emilia se desnuda lentamente piensa que es una mujer poco agraciada. Se ve bajita ­­­-apenas supera el metro cuarenta - y delgaducha -no llega a los 40 kilos-. Su pequeño torso, ligeramente cargado de espaldas, muestra su vientre marchito y los muslos redondeados. Con su flequillo enmarañado, el cuerpo fláccido y las medias negras a punto de caer a los tobillos como única vestimenta, la joven recién casada- todavía casta y pura-, espera sobre un viejo y raído diván la visita de su esposo para pasar el mal trago de la noche de bodas.

Al oír sus pasos subir por las escaleras mira resignada hacia la puerta, sabiendo que no puede huir del destino que le espera junto a un hombre que no conoce, fruto de un matrimonio concertado, y obligada a casarse porque su afeado aspecto, su escasa cultura y, sobre todo, las deudas de su padre no le dejaban más opción.

La puerta se abre y antes de que su marido entre se recuesta y apaga la luz. El hombre forcejea con el picaporte y consigue entrar a duras penas. Emilia oye como se desploma. Se levanta asustada y se recuesta contra él. Tiene la cara pálida y no le encuentra el pulso. Horas después el medico dictamina que ha fallecido presa de un ictus fulminante.

Por suerte, ha venido su madre rápidamente para consolarla y prometerle, que una vez pasado el luto, le volverá a buscar un nuevo esposo.

Manuel Vara
Grupo A


Desayuno sobre la hierba

Soy una mujer sin nombre. Sin embargo, podría decir que me conoce mucha gente. Aparezco desnuda en el cuadro “Desayuno sobre la hierba” de Monet. Los hombres que me acompañan en el cuadro están vestidos, ¡qué casualidad! El pintor podría habernos dejado a todos desnudos o a todos vestidos. Estoy cansada, por no decir harta de que me miren con esos ojos de lascivia tanto mis amigos, los del cuadro, como todos los turistas que me miran desde fuera.
Un día me cansé y cuando más me abrumaban con sus flashes un grupo que casi podría definir como una manifestación de turistas japoneses, me salí del cuadro.
Regresé a los 3 días, después de haber comprobado cómo se viste la gente en estos días, en el año 2020 cuando va al campo. Volví al cuadro vestida con un chándal y unas deportivas. Me siguen mirando más que a los otros.

Teresa Sanz
Grupo B


Cita al desnudo

“Puedes conseguir lo que quieras si vistes para ello” Edith Head ( diseñadora).

Sentada en el borde de la cama llevaba ya un buen rato pensando, había vestido sus piernas con unas medias negras, transparentes, que le subían por encima de sus rodillas y acababan en unas anchas ligas bordadas con motivos florales. Esa elección había sido relativamente fácil pues casi siempre solía ponerse ese tipo de medias. Lo difícil venía ahora, se preguntaba cómo vestiría su delicado cuerpo, qué clase de tejido acariciaría cada rincón de su piel. No podía descuidarse, era su primera cita y muy importante ,tenía que causar buena impresión.
Miró el reloj de pared que tenía enfrente, tenía tiempo suficiente, exactamente dos horas y quince minutos para el encuentro. Se levantó despacio de la cama y se dirigió hacia el armario ropero dónde la esperaban colgados en sus respectivas perchas, una serie de vestidos, pantalones, blusas, faldas y toda clase de vestimenta dónde poder elegir. Miró, remiró y volvió a mirar las ropas que habitaban aquel armario pero no acertaba con la indumentaria adecuada, no encontraba en ninguna de sus prendas esa magia que, a veces, veía en las ropas que vestían esas mujeres glamourosas que salían por televisión.
Después de probarse una y otra vez todo el vestuario, se rindió, ya no le quedaba tiempo, su cita estaba a punto de llegar. Pensó que quizás a él no le importaría excesivamente el atuendo con el que ella se vistiera, al fin y al cabo,no llegaría ni a diez minutos el tiempo en el que permanecería vestida. Sonó en ese momento el timbre, se dirigió con paso firme, como si de un desfile de moda se tratase y con su cuerpo desnudo, le recibió. Lejos de asombrarse, el hombre sonrió, la abrazó y se fundieron en un largo y apasionado beso.

María Dolores Marcos
Grupo A


Desayuno en la hierba

Y me puse las braguitas esas que te llegaban al ombligo, y unos calcetines super largos de invierno calentitos tipo peluche. Unos pendientes, me recogí el pelo y me puse esa diadema echa de flores de nenúfar. Me puse un buen sujetador y añadí un vestido largo que pasaba de las rodillas. Además me puse un colgante que estilizaba el cuello. Como era primavera, y abundaban las flores por campos y ríos decidí darle un toque muy personal. Así rompía el estilo de la época, completamente.

Iria Costa
Grupo B

Conductor, amigo conductor

La sesión del lunes pasado la dedicamos al automóvil de modo que sujetamos con fuerza el volante y condujimos la actividad a través de diferentes textos.
Comentamos algunos de los relatos y poemas que forman parte del monográfico "El automóvil" de la revista Litoral.
Hablamos también del maquinismo y de Marinetti quien afirmaba que «el automóvil de carrera es más bello que la Victoria de Samotracia». Y dimos unas cuántas vueltas a la rotonda preguntándonos en qué medida un vehículo confiere y resta libertad a quien lo conduce.




Hablamos de la película "Relatos salvajes" . Dos de las seis historias que componen este largometraje tienen que ver con los coches:





Leímos el poema de Antonio Orihuela titulado "Cuando los días ardían" de su libro La ciudad de las croquetas congeladas que dedica a David González, Jesús Márquez y Daniel Macías, impecables viajeros y a Manuel Vilas que le prestó su 850. Un hermoso texto que homenajea al Citroën Mehari:

Mi primer coche lo compré en 1991,
un Citroën Mehari del 79,
uno de los últimos modelos que se fabricó en España,
cuando aún no había autopistas
y las carreteras eran sitios
donde se podían alcanzar velocidades de crucero de 70 Km./h.

Se lo compré a un mecánico de Sevilla,
mi padre vino conmigo a verlo,
cuatro barras y una lona vieja y raída a modo de capota
que mi madre cosía una y otra vez
porque solía rajarse
y entonces parecía el buque fantasma
desplegando sus velas en mitad de la noche,
por la carretera de Lucena,
cuando desear era tan fácil
y el verano se extendía más allá de la comisura de nuestros labios
por la hierba breve de la casa de los sueños azules de Paco Naranjo,
bajo la luz de la piscina del pulpo verde
y los hermosos cuerpos que ya no volverán.

Mi padre había venido todo el camino diciéndome
que si no había más coches en el mundo,
que había que ver la porquería que iba a comprar.

-No había, no había más coches en el mundo
que mi Mehari verde,
un coche de juguete para un mundo de adultos
que se habían cansado de jugar.

Mi padre le pidió al mecánico que le abriera el capó
y cuando vio lo que había allí dentro estuvo a punto de echarse a llorar,
latas viejas, piezas comidas por el óxido y la corrosión,
vestigios de la posibilidad de vida más allá de la muerte
envueltos en varios dedos de grasa negra y compacta
que manchaba con solo mirarla.

Le preguntó al mecánico que cuánto quería por aquel montón de chatarra.
-Trescientas mil.
-Será cargado de chorizos –le dijo.

Y el tipo aquel se puso rojo
y cerró el capó con sus gomitas entre los dedos.

Me había costado tres meses ganar ese dinero,
tres meses perdiendo los ojos de ocho a tres
en una fría habitación del Servicio Provincial de Arqueología
de la Excelentísima Diputación Provincial de Huelva,
tres meses absurdos
perdidos en dibujar fragmentos absurdos
extraídos del vientre de los siglos
en el corte y estrato de vetetúasaberdónde
según la metodología bulldozer,
clasificados en bolsas según el método Ogino,
dibujados según el plan Badajoz
e interpretados delante de una baraja de cartas de la bruja Lola
y tres velas negras, una por cada Doktor inútil
que allí seguirá haciendo como que trabaja
y otra por el calvo pelota con despacho propio
encargado de tocarse los huevos, leer el periódico
y vigilarnos.

-Trescientas mil.

Mis primeros tres sueldos,
se lo dije al Mehari, bajito, como una confesión,
un intento de reconciliación con aquellos cuatrocientos kilos de plástico ABC
y fibra de vidrio,
un intento de ganarme su confianza
para que aceptara venirse a casa, conmigo.

-Los platinos, estaría bien cambiárselos, me dijo el mecánico
antes de esfumarse.
Se los cambiaba cada año
pero siempre le costó arrancar.

Después hubo que cambiarle la batería,
los cables de arranque y las bujías,
la caja de cambios, que me enteré catorce años después
siempre había estado suelta,
la dirección, las trócolas, el bombín de la gasolina,
el depósito de combustible, el panel del velocímetro,
el interruptor de la intermitencia y hasta el cenicero
le cambié en una prospección arqueológica por Valverde
en la que me encontré un Dyane abandonado
que tenía intactos los muelles de los asientos
y un cenicero donde no había fumado nadie nunca.

Las ITV las pasaba porque le pintaba de betún las ruedas,
le rellenaba de plastilina los agujeros,
le echaba pegamento en los faros para que no se movieran,
ponía cara de cordero degollado
y me encomendaba a la Virgen de los Desamparados.

En verano, si arrancaba,
era una fiesta continuar hasta la playa,
quitarle los asientos y llevarlos hasta la orilla,
sentarse allí en un Mehari invisible
y mirar las olas
y el mundo que no parecía tan malo a la vuelta.

Pero en invierno
había que subir en él como si hubieras quedado con Admunsen en el Polo
y la lluvia entraba por todas partes
y se balanceaba en las curvas desbordando el salpicadero,
mojándolo todo,
achicando agua con las esterillas de plástico,
moviendo con la mano izquierda las escobillas perezosas del parabrisas,
empujando con la derecha las bolsas de agua de la capota,
taponando con cartones
las brechas del techo por donde el agua corría como un surtidor,
viajes hoy predecibles que fueron ayer
duchas frías a todo lo largo y ancho del suroeste de la península ibérica.

Subiendo un día a Zalamea se le rompió el bombín de la gasolina
y lo arreglé con un chicle.
Bajando otro día de Jerez fue el cable del acelerador
y se lo cambié por un cordón de mis zapatillas.

Nos montábamos cinco inútiles, cinco mochilas, dos jalones,
mil bolsas con material arqueológico, dos cámaras,
veinticinco mapas escala 1:25.000,
podía con todo el coche de plástico con su volante de plástico
y sus asientos de escai negro y su alma blanca.

Catorce años a mi lado, catorce mil averías entre mis manos,
catorce llantos por cada una de sus esquinas,
catorce años descargando maricones,
catorce años las orejas del bóxer Dor ondeando al viento en el asiento de atrás.

Catorce corazones, catorce cruces clavadas en el monte del olvido
y un poema que le escribimos David González y yo en Ayamonte,
un poema que hablaba de pasajeros que llegaban a la estación de la vida
tal vez porque por aquellos años estábamos sentados en mitad de las vías,
esperando un tren que nunca se dignó a pasar y arrollarnos.

Mi perro Dor se fue en él no hace muchos días,
en una mañana fría de invierno,
fuimos a comprar su pienso
y en la tienda nos dijeron que era el último saco,
que ese pienso ya no se volvería a fabricar,
el pienso que mi perro había comido toda su vida.

Me dijeron lo mismo del corazón de los dos,
ya no se fabrican corazones de lata ni corazones de perros como estos,
todos los corazones a partir de cierta edad se vuelven de plástico,
como los abrazos de los hombres que un día fueron tus amigos.

Yo había soplado esa tarde una tarta con cuarenta velas,
pero no sabía que había soplado tan fuerte ni tan lejos
como para que los dos me dijeran adiós al mismo tiempo
y para siempre.



Otro de los textos a los que prestamos atención fue al poema "Sueña -las manos al volante-" de Aníbal Núñez incluído en su libro Fábulas domésticas:

Sueña -las manos al volante-
con la princesa el caballero
sueña librarla de las garras
del dragón sabatino tan aburrido en casa

cruza raudo entre nubes de monóxido
de carbono el abismo
del paso de peatones salva ileso
arremetiendo audaz contra los ojos rojos
de los semáforos malignos

cruza soñando mil peligros
resplandeciente de cromados
y cuentan que hechizado
por unas malas hierbas ingeridas
que por doquier allí crecían
el caballero enloqueció creyendo
que su caballo deportivo era
la princesa rosada y que las riendas
es decir el volante eran las manos
de su adorada, la calzada el lecho
del amor del amor... y cada curva
una caricia, acelerando
a fondo contra un árbol expandiendo
en seminal abrazo a la muerte fragmentos
de chatarra, castillos en el aire
-cantaron tristes las sirenas-
como hoy podemos ver
en los diarios de la corte.


Tarea de escritura

Propusimos escribir un relato, un poema, unas greguerías o una reflexión sobre cómo se construye la memoria de una familia a partir de los vehículos que han tenido a lo largo de los años y los viajes que hicieron con ellos.


Y estos son algunos textos recibidos hasta ahora:


Con nocturnidad

Dos de la mañana de un lunes de julio. El destino es Girona, ciudad añorada y querida. Allí trabajaste en tu primer destino como funcionario. Era el único foráneo del departamento, y el más joven, así que tea optaron un poco entre todos. Crees que, aunque por lo general tus compañeros han sido buenos, nunca te has encontrado tan a gusto en tu puesto de trabajo. Tanto que cuando llegaste, a mediodía, a tu destino, no fuiste al hotel, sino directamente a la oficina. Besos y abrazos por doquier, y desayuno (lo llaman esmorçar) con la Lourdes , la mejor de tus amigas catalanas. Cuando estuviste allí te llevó a un hayedo cerca de Olot, su pueblo, y a una excursión a un refugio en la montaña, a compartir una suculenta cena con sus amigos. Podría ser tu madre, y durante el tiempo que estuviste allí lo fue. Tienes mamis adoptivas en muchos sitios. En Salamanca tienes una adorable.
Pero me pierdo y esto no puede empezar por el final. Estaba previsto su comienzo para las 6 de la mañana, aproximadamente, pero al haber precedido a ese día el domingo, y además vacaciones, te había despertado a las dos de la tarde. Más fresco imposible.
Decíamos que eran las dos de la madrugada tu horario de salida. Una hora antes estabas en el velatorio de tu prima. En su día de cumpleaños su marido y ella se habían matado en un accidente de moto, dejando un hijo de 4 años. Cuando dije que me retiraba, y que tenía que viajar el día siguiente, una de mis tías te espetó que si no había tren. Cuando voy a Barcelona utilizas ese medio de transporte, pero para moverte por tu amada provincia gerundense, necesitas el coche, porque no paras en un sitio fijo. Puedes estar en Besalú, en el interior, precioso pueblo medieval, y en rato en la hermosa Calella de Palafrugell. Por no hablar de las calitas que dejas del descenso que comienza en una bifurcación que a su derecha deja Cadaqués, de visita obligada. Eso no lo puedes ver en tren.
Arrancamos pues, a las dos. Un café en la estación de servicios (abierta 24 horas), y un Red Bull. Suficiente para comenzar un camino de noche.
Valladolid, por la Autovía de Castilla, sin problema. Valladolid-Soria, la Autovía del Duero, o ruta del vino, inacabada eternamente. La España vaciada pura y dura. Pueblos desiertos, que cruzas. De noche no lo ves tanto, pero a la vuelta sí. No hay ni una maldita área de servicio donde poder tomar un café. A 50 kilómetros de Soria, ya no recuerdo si eran las 4 o las 5, te encuentras con una gasolinera cerrada, pero con un Carrefour Express 24 horas. Vive la France! Allí tomas un café que no sabe muy bien, pero que procuras degustar como si fuera el del Alcaraván. En Salamanca siempre has considerado que los mejores cafés se ponía en la desaparecida tristemente La Rayuela, el Scherzo, y el Alcaraván.
Bajando ya un puerto, pasada Soria y sus curvas, se vislumbraba algo de luz. No ibas mal a oscuras, pero ya aburría tanto tiempo sin luz. En Zaragoza, a las ocho y media, desayunaste con calma. Empezaba ya el mundo de los peajes y autopistas. Pagaste poco por un “tramito” de la AP58 - la autopista vasco-aragonesa, una de las más caras del mapa de carreteras de todo el país – Se hizo la luz, decíamos. Por la A2 y luego otro ratito pagando peje en a AP2, llegas a Lleida. Allí se te plantean dos alternativas: la más barata, ir a Girona por el “El Eix tranversal” (la C25, antigua vía rápida, ahora convertida en vía con dos carriles), o ir a Barcelona con más kilómetros y peaje. Conocías el Eix bien así que elegiste esa opción.
El Eix, que recorre parte de la Cataluña más independentista, esta plagada de lazos amarillos, y de pintadas a favor de la independencia, y de la liberación de los presos políticos, o políticos presos, no vamos a entrar en tales disquisiciones . Se atribuye al Honorable Pujol su típico chascarillo: “hoy no toca”. Pues eso, que no tocas. Había lazos hasta en las iglesias.
Entras en Girona por la comarca de la Selva. En Cataluña las comarcas tienen un significado muy importante. De hecho en cada una existe su “Consell Comarcal”. Yo cuando hago referencia a esa adoptiva tierra aludo a las comarcas.
Ya pasas a la AP7, pagas algo de peaje, y ya están en Girona. A dar una pequeña vuelta, porque te fías más de tus recuerdos (aunque hace once años que no conduces por esas calles) que del GPS o de Google Maps. Bien, lo conseguiste. Has aparcado en un aparcamiento resevado a PMR (personas de movilidad reducida), cerquita de la oficina.
Llegas, pasas el arco de seguridad, como cuando hace doce años tuviste que hacer, y con una sonrisa en la boca subes en el ascensor. Abres la puerta del departamento y estallas de felicidad. Sí, has llegado a donde dejaste un cachito de tu corazón.

Javier Martín
Grupo A


El desguace

Salió llorando del cementerio allá por los santos;
el alma umbría, la faz quebrada, tal como tantos.
Sus ojos grises aún lastimados por la visión
de aquellos nombres y aquellas fechas del panteón.

Se echó un cigarro y se alejó pronto del camposanto,
le acongojaban sombras mohínas de frío espanto
que le anegaban lo más profundo del corazón
y le apremiaban a que corriera sin dirección.

Pasado un rato, no más del tiempo de un cigarrillo,
alzó la vista y vio a lo lejos como un castillo,
tenía almenas que refulgían como un crisol
de mil cristales de mil colores puestos al sol.

“¿Qué será aquello?, —se dijo el hombre, todo curioso—.
Si es un castillo, no tiene torre ni tiene foso.
Y sin embargo tiene de fuerte y de medieval,
y una bandera que al viento hondea en un lateral”.

Tomó el camino que conducía hasta aquel misterio,
fuera alcazaba, fuera abadía o monasterio.
Fuera que fuere solo anhelaba que el anfitrión
le permitiera ver bien por dentro tal construcción.

Y en el momento en que iba pensando “qué frío hace”
vio con asombro que su castillo era un desguace.
La puerta abierta llamaba a entrar y entonces entró.
Un escalofrío recorrió su cuerpo y se santiguó.

Cerró la puerta y creyó prudente gritar un “¡Hola!”
Mas recibióle un chucho canijo, cojo y sin cola,
de ojos tristones, hocico romo, dado a salivar,
un alma en pena que se intuía no iba a ladrar.

Al darse cuenta de que en el sitio no había un alma,
entre tanta herrumbre y tanta chatarra le vino la calma.
Se dio por contento del recibimiento y echó a caminar,
andando entre hileras de espectros roñosos de acá para allá.

Fijó la vista, por fijarla en algo, en un Mil Quinientos,
y sin querer dio a la manivela de sus pensamientos:
“de un cementerio vengo corriendo, preso de emoción,
y ahora resulta que estoy en otro de igual aflicción”.

“¡Cuéntame, coche, no te retraigas, dime tu historia!
Si algún camino te llevó un día a besar la gloria;
que un Mil Quinientos fue un automóvil de autoridad,
que conjugaba bien elegancia y velocidad”.

Y el Mil Quinientos, libre de bultos, libre de cargas,
miró al extraño y le echó a los ojos las luces largas.
Abrió sus puertas, sonó su claxon, rugió el motor.
Del susto casi se muere allí su interlocutor.

Y una voz ronca subió potente del maletero.
Largó una historia de amor prohibido y mucho dinero:
ella era marquesa, casada y liada con un capitán,
hasta que el marido les mandó a los tres al fondo del mar.

Y estando en esas se acerca un Dodge de color blanco
para decirles que fue su dueño Francisco Franco.
Que Carmen Polo de copiloto iba ojo avizor,
Y que un verano se hizo una foto en el yate Azor.

Esto se anima y ahora le toca a una furgoneta:
cuenta aterrada que la robaron los de la ETA.
Muestra metralla de algún canalla sin compasión.
También las huellas de un tiroteo y una explosión.

Por la bocana del lavadero sale un Seiscientos,
falto de ruedas, falto de techo, falto de asientos,
pero alardea de que en el año setenta y tres
llevó a unos sherpas hasta las faldas del Everest.

“Eso no es nada, mira monada, —salta un Ibiza—,
yo gané el rally de Ponferrada y la París-Niza.
Pero un mal día salí volando de un reventón
y desde entonces pago mi culpa en este rincón”.

Y uno tras otro todos los coches le van contando
cientos de historias, felices unas, otras no tanto.
Luego de oírles sacó nuestro hombre por conclusión
que un automóvil es tan humano como un señor.

Pero de pronto notó una mano que le agarraba
por la muñeca y una voz fuerte le despertaba:
“vaya una idea, sobre una tumba echarse a dormir.
es ya de noche, voy a cerrar, se tiene que ir”.

Salió el buen hombre desencajado del camposanto.
Se subió al coche, puso la radio y ahogó su llanto.
Fumó un cigarro y luego tuvo la sensación
de que su sueño le recordaba alguna canción.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay…!

Óscar Martín
Grupo A


“Segunda mano”

El aficionado al motor descubre, en un comercio de coches de ocasión, un modelo deportivo que se vende a precio de ganga. Un “Fulman” con sistemas integrados de última generación. Nuevo, pero ya casi convertido en una reliquia del futuro, porque la fábrica lo dejó de producir después del lanzamiento de los primeros modelos, alegando motivos burocráticos.
El aficionado a los coches nunca los ha comprado de segunda mano, pero en este caso la tentación es poco menos que invencible. El precio de ese modelo en el mercado de los coches usados no puede hacer otra cosa que subir. Más allá de esa circunstancia, el aficionado al motor siente por ese automóvil una atracción irresistible. Lo compra.
Hace con él un viaje de prueba. El coche responde como si fuera una extensión de sí mismo, de su propio sistema nervioso, de su mente, como si se anticipara al más íntimo de sus deseos.
Una moto circula delante. El aficionado al motor reconoce el modelo, Una Bultaco Gazelle, vintage, pero lustrosa como si acabara de salir de fábrica. La conduce una mujer con un mono ajustado al cuerpo, de formas explosivas, y melena al viento sobresaliendo del casco.
El conductor acelera y la adelanta admirando el conjunto que la mujer forma con la máquina. Cuando cree (y lamenta) que la ha dejado atrás, de repente la motorista aparece adelantando a su vez al coche. Al aficionado al motor le da un vuelco el corazón, aturdido entre el deseo y la rabia. Automáticamente, vuelve a adelantar a la motorista. A partir de ahí, el Fulman y la Gazelle se retan una y otra vez en una especie de coreografía mecánica y desenfrenada.
Ahora el coche va justo detrás de la moto, casi pegado a ella. El conductor cede unos metros aguantando la arrancada, e inicia el adelantamiento pisando el pedal a fondo, como un poseso, moviendo el volante para sobrepasar a la amazona. Pero el vehículo se niega a girar, y embiste a la moto lanzándola brutalmente por los aires. El coche no para, sigue su camino sin responder a las maniobras del conductor, como si tuviera vida propia, como si no fuera una máquina, sino un organismo mutante y monstruoso.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


Túnel de lavado

Hacía más de un mes que el nuevo túnel de lavado estaba abierto. Junto al polígono industrial, a pocos minutos del centro, las colas que se formaron desde el segundo día eran abrumadoras. Había hecho intención de ir para lavar mi coche pero, ante tal barbaridad de autos esperando su turno, desistía imaginando una larguísima y tediosa espera. El misterio envolvía el túnel, ¿por qué tanta cola? ¿acaso el lavado del coche era especial? Porque barato no era. El primer día de vacaciones me armé de paciencia y llevé el coche al nuevo túnel. Por fin, y después de varias horas, me tocó el turno. Un hombre con uniforme me guió para dejar el vehículo sobre los raíles y me indicó que debía poner punto muerto y no usar el freno de mano. Una pequeña sacudida y entré, orgulloso, en el túnel de lavado. Instantes después de traspasar una cortina negra de plástico, se abrió la puerta del copiloto y entró una joven desnuda. No había salido de mi asombro cuando ella se dispuso, según dijo, a hacer un buen lavado. El ruido de los gigantescos rodillos, del agua y del secado apagaron los del interior del coche. Antes de salir al exterior, la joven ya había abandonado mi vehículo. En cuanto noté que ya me salía de los raíles, otro empleado me indicó con gestos enérgicos que podía acelerar. Siguiendo la fila en sentido inverso descubrí que mi hermana estaba en la cola del túnel. Detuve el coche a su altura y bajé la ventanilla. Ella me miró sorprendida y antes de preguntarle dijo:
―El coche de papá. Está muy sucio.

Jaume Castejón
Grupo B


Coches y películas

No recuerdo la primera vez que vi una película. Debió ser en el pueblo de mis abuelos donde había un salón de baile que, en las tardes de domingo, hacía las veces de cine. Y sería una “del oeste” o “de romanos” como decíamos por entonces. La televisión tardaría aún unos años en colarse en nuestras casas, pero ya habíamos quedado prendados del hechizo de las pantallas. Tanto que, rápidamente, la incorporamos a nuestros juegos infantiles.
Mi familia vivía en la plaza del pueblo, un recinto limitado por un edificio continuo con forma de U. A la parte abierta de la plazoleta se accedía por una pronunciada cuesta que los coches de entonces subían renqueantes. Si se trataba de un camión la subida era aún más lenta. La mayoría de los vehículos no llegaba a entrar en la explanada, se desviaban por una calle lateral hacia la parte más populosa del poblado. Así que nosotros corríamos a nuestras anchas sin temor a ningún percance.
Nuestros padres nos dejaban jugar allí libremente, incluso por la noche. Y era entonces cuando se producía la magia. Había solo unas pocas farolas que alumbraban escasamente nuestro patio de juego, por eso, en el instante en que un coche iniciaba la subida de la cuesta, todos gritábamos a una: ¡El cine! ¡El cine! Y corríamos a la mitad de la plaza para que los faros dibujaran nuestras sombras en la pared.
Entonces nos transformábamos en los improvisados héroes de una película. Debías elegir rápido porque nuestro personaje se desvanecería en cuanto el coche girara. No obstante, éramos capaces de convertirnos en Espartaco, en Tarzán o en John Wayne y vivir una emocionante aventura durante los breves momentos que perduraba la luz de los faros.
Cuando ésta desaparecía una momentánea desolación nos abatía. Era el vértigo de pasar, tan precipitadamente, de la luminosa epopeya a la oscura realidad.
Aunque pasado un rato, siempre había alguno que se encargaba de avivar nuestra esperanza:
—¡Quizás el próximo sea un camión!

Pepe Lorenzo
Grupo B


Greguerías del automóvil

Pisando el freno
se salva la vida
al paso de los peatones

Los niños, en el asiento de atrás,
Van castigados mirando a la pared
del sillón de sus padres 

El limpiaparabrisas dice un"no"
continuo con el dedo y
el parabrisas llora que te llora… 

Cuando mamá baja del coche
es un anuncio de medias 

Las luces cortas iluminan
con su presbicia,
dos rayas de la carretera

Un hombre con sombrero
dentro de un automóvil:
Una redundancia

Abracadabra para viajar,
si no tienes coche: Bla-bla-car

Las alfombrillas son
los mantelitos individuales de os asientos

Aparcar, adelante y atrás,
El Cha-cha-cha del coche.

Quitó la capota del jeep
Y dentro estaban los cerebros

Blanca García-Miguel
Grupo A


En carretera

¡Ay!, el Mehari. Con él empezó todo. Fede, no más de tres meses que tenía por entonces y ya esa devoción por el coche; solamente a bordo, cuando iban de viaje, se tomaba el biberón con gana. «A ver si vamos a tener que subir el coche a casa para que este niño se alimente» —renegaba su madre—, «no se entiende que no me coma nada si no es dentro del auto».
Cuando el padre compró el 850, Fede, tres añitos, ya no era niño de biberón, pero seguía comisque igual que antes, aunque a bordo no se acordaba de qué le gustaba y qué no, todo le venía bien. Lo más de señalar sin embargo, es el afán con que ponía su mano regordeta en el volante (con permiso del papá, que le tenía advertido que sin que hacer fuerza) y tomaba las curvas poniendo cara de velocidad, inclinando el cuerpo a un lado y otro, atento siempre al cambio de marchas. Le daba lo mismo viajar a la playa que ir al pueblo de los abuelos, el caso era “conducir”.
Luego del 850 fue otro 850, porque cuando empezó a racanear el primero, el padre no se lo anduvo pensado y compró otro, este ya un cuatro puertas de color rojo que a Fede apasionó hasta que cumplidos los veinte años, dos trabajando ya, consiguió permiso de los padres para dar la entrada del R11, una pasada de auto y ya “suyo solo”, que aceleraba de maravilla. Ahí empezó el gusanillo de la velocidad. El coche además, era el lugar ideal para amar a Lolita.
Lolita con el tiempo se hizo llamar Dolores y exigió matrimonio. Federico terminó claudicando y para la boda estrenaron el Renault Laguna.03.0 v6 PRV de 170 CV, color nupcial. El auto se comportaba como un auténtico purasangre en carretera y con él no daba pereza viajar a los grandes premios de Fórmula 1. Nada más, que Dolores prefería quedarse en casa ante las competiciones que Federico emocionado se montaba para sí mismo en carretera, tratando de arañar algún minuto al trayecto. 
Lo del Seat León Cupra R, 310, el más potente de la historia de la marca, parecía obligado. Con él tenías la seguridad de que si alguien te pasaba es porque tú se lo permitías, ese día que estabas un poco desganado. Lo cual sucedía por cierto casi nunca, qué importa si por la carretera circulaban camiones de gran tonelaje. Ahora, es claro que a uno le gustaría terminar la historia con letra propia, pero mejor la autoridad con que cierra su poema el llorado vate charro, ese «abrazo a la muerte, fragmentos de chatarra», que así lo...

...cantaron tristes las sirenas
como hoy podemos ver
en los diarios de la corte.

Pascual Martín 
Grupo B


Nuestro primer coche

Un día apareció mi padre con cara de satisfacción y nos dijo que bajaramos a la calle. Bajamos toda la familia y nos lo enseñó: un Seat 600. Tenía un color blanco- sucio o blanco- grisáceo que no me gustó, pero enseguida lo olvidé y sólo vi un vehículo maravilloso: nuestro primer coche.
Mi padre nos contó que a pesar de haberlo comprado de segunda mano, le había costado muy caro, pero que se había evitado la lista de espera que tenia la consecución de un coche en aquella época. Lo compró para no pasar frío en los inviernos, pues para su trabajo utilizaba una moto y a pesar de lo abrigado que iba y de los periódicos que se ponía debajo del jersey, se acatarraba frecuentemente.
En principio el coche lo utilizó para su trabajo, pero también lo utilizamos en vacaciones. Un año fuimos de Salamanca a Burdeos y llegamos. Nunca nos dejó tirados. Se averiaba, pero entre mi padre y yo con mucho ingenio y utensilios sencillos como cuerdas, alambres, gomas y otros artilugios conseguíamos arreglarlo.
El motor lo tiene detrás. Delante el depósito de la gasolina y un pequeño maletero, ambos debajo del capó. Los intermitentes delanteros, son como unos añadidos sobresalientes encima de los faros, y se arrancaba tirando de una palanca pequeña situada entre los asientos; todo ello, después de haber puesto la llave de contacto. Lo de arrancar girando la llave fué en modelos posteriores,en los que también habían desaparecido los apéndices intermitentes, siendo sustituidos por pequeñas lucecitas anaranjadas a los lados y detrás de los faros.
En este coche aprendí a conducir. Siempre con mi padre al lado. Nunca me lo dejó, hasta que no hube sacado el carnet de conducir.
Un día estuvo a punto de morir. Andando por esas carreteras de la España profunda, cerca de Portugal, se cruzó una vaca en su camino. El coche salió perdiendo. Quedó abollado y la vaca tras un respingo siguió su camino.
En un desguace encontramos un capó del mismo modelo y se lo pusimos; aunque no era del mismo color quedó aparente: blanco- grisáceo el coche y el capó blanco- hueso. No nos importaba mucho la estética por aquel entonces, lo que sí nos importaba es que habíamos recuperado a nuestro querido cochecito.
Posdata: para el año que viene cumplirá sesenta años y todavía sigue vivo.

José Luis Fonseca
Grupo A


Soneto al coche, o no

Profesor, ¿por qué usted no tiene coche?
me pregunta el alumno descarado
yo soy poeta ¿usted no se ha enterado?
las musas me transportan día y noche.

Más no quiero parecer un fantoche,
¿motor?, mi corazón enamorado
Y para no ser un mal educado
ya no le haré más ningún reproche.

Me desplazo a pie todo el camino
el tráfico me parece un barullo
quizás por eso yo no contamino.

Por poeta y también por mi orgullo
los coches me interesan un comino
pues poeta si, pero no capullo.

Tomás García Merino
Grupo B


El coche me miraba

Ese día era domingo. El día anterior celebramos en el colegio el “Festival de bienvenida al verano”, ese sábado los alumnos de sexto curso representamos una pequeña obra de teatro, “cornudo y contento”, se llamaba. Yo hice de cornudo.

Los domingos mis padres trabajaban, como los sábados, los viernes y el resto de días de la semana. A diario les veía poco, siempre trabajando, pero los domingos y los días de fiesta era como si no existieran. Cuando me despertaba estaba solo en casa, y cuando me iba a la cama seguía solo. Tenían el detalle de buscar alguien que les hiciera el favor de cargar conmigo el domingo. Para ese domingo me colocaron con mi vecino, yo prefería a mi vecino antes que el suplicio de acompañar a mi prima y a su novio, su plan se limitaba a dar aburridos paseos por el campo y yo dar patadas a las piedras y no tener más remedio que ver como pelaban la pava junto al tronco de una encina.

Mi vecino era también mi compañero de clase, teníamos la misma edad, y no nos llevábamos mal, algún pequeño roce de vez en cuando, por el fútbol o por alguna chica, pero poca cosa. Me gustaban los domingos con mis vecinos. Íbamos toda la familia, bueno su familia y yo de paquete con ellos. Mi vecino tenía dos hermanas más mayores que nosotros, y tenían una finca cerca del pueblo, y también tenían lo mejor de todo, un coche, un hermoso y enorme seat mil quinientos negro, precioso, con la palanca de marchas en el volante, un salpicadero de madera y unos asientos más grandes que el sofá de mi casa. Me parecía algo increíble poder disfrutar por unas horas de ese “portento de la carretera” como o llamaba su padre.

Su padre era un apasionado de los automóviles, se sabía todas las características de su coche y lo trataba con mimo. Nos abría el capó y nos iba explicando que era y para que servía cada una de las piezas de ese reluciente rompecabezas. «Este es el radiador, este el ventilador, eso de ahí las bujías…».

Siempre íbamos los seis, sus padres delante y en el asiento de atrás sus dos hermanas, mi vecino y yo, entrabamos de sobra, había mucho espacio. En alguno de los trayectos por la carretera a la finca su padre nos avisaba si veía a los motoristas, entonces yo o mi vecino nos tumbábamos tolo lo largo que éramos encima de las piernas de los otros para que no nos vieran, jugábamos a ver a quién le tocaba cada vez. Cuando acabamos de colocar todas las bolsas con la comida para pasar el día en el enorme maletero y nos sentamos en nuestros asientos salimos con destino la finca. Era un día agradable de sol pero sin mucho calor, enseguida nos quedamos en manga corta mi vecino y yo. Pero el camino que llevamos no era el de otros días, nos desviamos de nuestro trayecto, el estruendo del claxon nos sobresaltó a todos. En la acera había una niña rubia con dos largas trenzas rematadas por dos lazos rojos, estaba escoltada por sus padres que le agarraban las manos con fuerza. Era la prima de mi vecino, por lo visto ese día nos acompañaría a la finca. Me fijé un momento en sus preciosos ojos azules, al momento rehusó mi mirada. Mientras los padres hablaban y se despedían la niña se colocó entre mi vecino y su hermana, dejándome a mí junto a la puerta, casi aplastado, parecía que el coche había encogido de golpe. Era muy guapa y hasta mí llegaba el fresco olor de su colonia. Oí que se llamaba Marisol, nadie nos presentó, ignoraba si sabía quién era yo. Poco a poco me di cuenta que el día iba a ser distinto a otras veces, no jugábamos al veo, veo, ni inventábamos historias con los trastos que se veían al pasar por el desguace, ni pusimos ningún nombre gracioso a las vacas del tío Venancio. Solo hablaban mi vecino y su prima sin dejar que yo interviniera, varías veces intenté cruzar la mirada con su prima pero ella lo evitaba. Me sentía como un bulto más en ese maravilloso coche. Era lo que me mantenía alegre, iba en un coche espectacular, su padre era el único que me hablaba, le pregunté algo sobre el coche y el aprovechó para explayarse, algo que yo agradecí. El viaje se me hizo menos penoso.

Ya estaba convencido que pasaría el resto del día ignorado, podría desaparecer y nadie se daría cuenta, ni mis padres tampoco. No jugaríamos al futbol como otras veces, ni iríamos a cazar ranas al riachuelo, no habría competición de lanzamiento de piedras, ni beberíamos a escondidas de la bota de vino y lo peor de todo, no conduciríamos, era lo que más me dolía.

Al llegar ayudé a sus padres a colocar las bolsas dentro de la casa y cuando salí de allí pude ver como mi vecino y su prima iban camino del río, no me habían dicho nada, no me esperaron, les llamé a voces, solo respondió mi vecino con un movimiento violento del brazo que entendí perfectamente: “vete a la mierda”. Intenté entretenerme como pude y rogué varias veces que el tiempo pasara volando, me acordaba de mi prima. Ayudé a su padre a limpiar el coche y enseguida empezó a contarme las bondades de su amado automóvil, lo contaba con un entusiasmo propio de un niño con zapatos nuevos. Aprendí que eran los pistones, donde estaban los cigüeñales, como funcionaban los frenos, como llegaba el líquido a través de los manguitos. Cuando la clase de mecánica terminó volví a mi aislamiento, a lo lejos vi a la parejita y se me ocurrió una idea para pasar el rato y divertirme. Comencé a espiarlos como había visto en alguna película, detrás de una roca, detrás de un tronco, poco a poco me iba acercando sin ser visto. Ya oía sus pisadas y sus voces. Cada vez estaba más cerca, no se habían percatado que yo estaba por allí. Todavía no entendía lo que hablaban. Vi que se sentaban en una roca cerca de una pared, di un pequeño rodeo y enseguida estaba tras ellos, separados por la pared, desde aquí oía perfectamente lo que hablaban. No conocía a mi vecino, nunca le oí hablar así, no sabía que conociera esas palabras tan cursis, estaba hechizado.

Oí como Marisol empezó a interesarse por mí, « ¿qué hace este con vosotros?, ¿acaso no tiene familia?, ¿cómo le soportas?, a mí que no se me acerque,…». No sabía dónde meterme, el estomago se me encogía por momentos, tuve una arcada. Escuché hablar a mi vecino, la dejaría las cosa claras, que se había creído esa niña repelente. «No me queda más remedio, es cosa de mis padres, yo tampoco le soporto…, pero está solo, a mis padres les da pena, lo hacemos por compasión, una buena obra, je, je,…».

Al saltar sobre la pared una roca cayó al lado de Marisol, casi le aplasta el pie, me abalancé sobre mi vecino, «cabrón asqueroso», estaba fuera de mí, le tumbé en el suelo y le di el primer puñetazo y el último, se revolvió como un león herido, y apenas sin darme cuenta estaba a horcajadas sobre mí y los golpes no dejaban de caerme por todos los lados, oía como su prima le gritaba para que me dejara, pero parece que no le convencía esa idea, conseguí protegerme la cara con los antebrazos y al poco dejé de recibir más castigo. Me incorporé como pude, sin levantar la cabeza, mirando al suelo vi trozos de mi dignidad esparcidos sobre la tierra.

Mientras su madre me curaba los arañazos, yo le contaba como había sido la caída, una caída tonta, pero la roca estaba allí y fue mala suerte, no pude poner las manos y me di de bruces.

Me dolía mi orgullo más que los golpes de los puños. Todos me miraban, las hermanas que no entendían nada, su padre que no dejaba de preguntar cómo había sido la caída, no se lo explicaba, y los dos tortolitos disfrutando del momento, hasta el coche me miraba y creo que hasta se burlaba de mí.

El regreso a casa fue un suplicio y a la vez una liberación, quería olvidarme de lo que había pasado, quise pensar que había sido una pesadilla. Con esa idea y con los dolores de los golpes en la cara me quedé dormido. Dormí como otras tantas veces, nada o poco había cambiado, seguía solo, sin familia, sin coche, y creo que a partir de hoy sin vecino.

Me sobresalté cuando el timbre sonó, dejé la galleta en la taza de cola-cao y fui a ver quien llamaba. Tras la puerta estaba el padre de mi vecino, se interesó por mis heridas y me dijo que nos llevaría al colegio, «cuando termines baja a la cochera, está abierta, yo llego en seguida y os acerco al colegio», me sonrió, creo que algo se olía y se sentía culpable, intentaba ser amable.

Estábamos en clase de francés, era la última clase de la mañana, ya solo me dolía la cara. Llamaron a la puerta del aula, sin tiempo a contestar entró el jefe de estudios con cara de pocos amigos, le susurró algo al oído del profesor de francés, subió a la tarima y desde allí dijo el nombre de mi vecino, pidió que le acompañara que sus padres habían tenido un accidente de tráfico, un ¡oh! se oyó por todo el aula, las caras de los compañeros era de susto, yo sonreí levemente mientras dentro del bolsillo de mi pantalón acariciaba el manguito del líquido de los frenos.

Tomás García Merino
Grupo B


Mi coche

En aquellos años se jugaba en la calle, eran los cuarenta, era lo mejor que teníamos, a los vecinos no les molestaba el griterío que armábamos, “es una alegría verlos jugar”, no tenían miedo a que rompiésemos un cristal, no había balones, tampoco tenían miedo a que nos pillase un coche, ¡había tan pocos!, casi era un espectáculo ver uno.
Y llegaron los cincuenta y, empezaron a aparecer coches, “los haigas”, yo pensaba, algún día… y, soñaba, se decía que eran de “los nuevos ricos”, “los de los contrabandos” y también, que esos hombres cuando iban a comprarse un coche pedían: “El más caro, mejor y más grande que haiga”. Y yo me preguntaba, ¿su madre o su maestra no les habrán dicho que se dice haya?, y me contestaba, unos incultos. Entre esos coches grandes estaban los Dodge “demostración ostentosa del gilipollas español”. ¡Cómo quedan esos recuerdos, que ahora arrancan una sonrisa!
Y en los sesenta ya se veían más coches, había guardias con un casco blanco, que parecía un orinal, para dirigir el tráfico, no había semáforos, para indicar el giro se sacaba el brazo. Aparecieron muchos modelos y marcas, pero fue “el 600” con el que se empezó a cumplir mi sueño. De ese coche quedan muy buenos recuerdos, no puedo olvidar nuestras primeras vacaciones, por entonces cuatro hijos, cómo era posible que entrásemos tantos y tantas cosas, el moisés, un orinal, había que ir prevenidos para no parar más de la cuenta, cubos, palas, barca hinchable, la ropa necesaria para pasar un mes en la playa, disfrutando del mar y la arena después de haber cruzado la Mancha, Despeñaperros, las curvas del puerto del Suspiro del Moro sin aire acondicionado, sin autopistas, para llegar a Almuñécar (Granada), la pequeña en mis brazos. Cargarlo era más complicado que hacer un puzle, poner la baca, con ella resultaba más alto que ancho. Canciones, adivinanzas, veo, veo. Luego, llegaron otros más grandes, mejor acondicionados, de todos guardo un grato recuerdo, pero no es de ellos de quienes voy a hablar.
En los setenta, un día fuimos al concesionario de Seat, iba a por mi coche, un utilitario, el más sencillo, un 133 rojo. Mis hijos lo bautizaron, iba a ser “el chinchón”, un coche que me ha acompañado hasta mi jubilación, ese fue el límite que le puse y, se portó, El coche de mi vida ha sido mi chinchón.
Cuando empecé a soñar con tener coche, lo hacía con uno familiar, lo que hasta entonces había tenido, pero entonces fue distinto. Fueron muchas reflexiones, muchas sensaciones. Yo, que venía de una época en la que había ¡tantas cosas vetadas para las mujeres, tantas cosas que no se concebían que hiciéramos las mujeres! conducir un coche fue para mí como un salto, un gran paso, un abrir puertas para la entrada de aire de libertades, de igualdad, que se dejara de oír “eso es cosa de hombres” ¡Cuánto me hizo reflexionar tener mi coche! A mí sí me dio más libertad, eso fue hace casi cincuenta años.

Inés Izquierdo
Grupo A


Blanco sobre blanco, negro

Eran finales de octubre de un año impreciso. El niño tendría unos siete años, el coche, un Rover 45 blanco, tenía su misma edad.
Trabajábamos de profesores en Aranda de Duero, pero veníamos a Salamanca los viernes, al ortodoncista del crío.
Aquel día había amanecido riente y frío. Yo metí los abrigos en el coche junto con la botella de agua y unos tentempiés. El camino discurría como siempre, el sol brillaba intenso y el niño jugaba en el asiento posterior, de vez en cuando miraba el paisaje, le llamaba la atención el color de las viñas.
Cerca ya de la ciudad, a la altura de Alaejos, comenzamos a advertir una lluvia tenue y dispersa, mezclada con pequeños cristales blandos que revoloteaban al viento, en contraste con el fondo del paisaje, que había virado al gris. La carretera estaba llena de coches y camiones que pronto comenzaron a adquirir una delgada capa blanca. Poco después una insólita nevada comenzó a precipitarse como impelida por dioses iracundos. La nieve caía ya en cortinas, mejor a manta y fue borrando la carretera. El campo, como un desierto fantasmal, sin señales.
Al niño le hacía gracia aquella aventura. Nosotros nos asustábamos al ver la imposibilidad de avanzar, de avisar, no había móviles. Los camiones se cruzaban en la carretera. Con el correr de la horas, la nieve se iba helando y los coches patinaban, aquello se colapsó. El niño dijo :”Esto no es una aventura, es peligroso” y se echó a llorar. La familia estaría histérica, sin noticias.
La noche avanzaba y aquello se convertía en un espacio demoníaco. Al asomar la cabeza vi un conjunto de iglús con huecos que expelían vaho y, supongo, la misma desesperación. Nuestro pobre coche blanco, que nunca fallaba, se convirtió inopinadamente en prisión. Desde entonces asocio la nieve a otra impotencia ante la naturaleza. Comprendí que la nieve podía ser negra.

Emilia González
Grupo B


EL VOLKSWAGEN

Entre el asiento trasero y el vidrio curvo que define el culo del Volkswagen, hay un lugar, donde viajé los días sábados, de Bracknell a Londres, durante las 52 semanas del año. Era 1974, y tenía dos hermanos mayores a una edad insoportable. Yo era la menor de los tres, y como me mantuve pequeña durante un año, pude refugiarme en ese sitio sin nombre, propio del escarabajo.
Yo era de las que mareaba y podía llegar a vomitar vapuleada por los movimientos de un coche, pero desde el principio asumí ese riesgo. Descubrí que si cerraba los ojos el efecto casi alucinatorio del vértigo iba desapareciendo. A partir de allí me adentraba en otra dimensión, recostada en el hueco del escarabajo.
Quizá por lo parecido a una trinchera, la sensación de protección que me producía, y la evasión de un conflicto (en este caso la pelea entre hermanos), allí comenzaba a recordar los documentales de la Segunda Guerra Mundial, que veía, pasmada, junto a mi padre. Entonces comenzaba a idear cómo hubiese escapado de la atroz persecución si yo la hubiera vivido: hubiese cavado una fosa en el gueto debajo del catre donde dormía, para enterrarme viva mientras me escondía del reclutamiento. O, hubiese cavado un túnel muy pequeño que llegara hasta las afueras del campo. O, me hubiera subido a un árbol hasta la casi inanición, mientras dejaban de buscarme. O me hubiese hecho la muerta entre los muertos para luego levantarme y escapar. Ninguna resultó ser una idea original (después lo supe por las películas), pero el instinto de protección me conectaba con el de miles de seres humanos, que vivieron situaciones extremas de opresión.
Finalmente me quedaba dormida. Y me despertaba feliz al llegar al museo de turno que visitaríamos ese fin de semana.
Cuando comencé a tener amigas, y salía con ellas a jugar los sábados muy temprano, antes de mi viaje familiar a Londres, el paseo imaginativo tomó otro matiz. Aunque igualmente se convirtió en un ejercicio de entrenamiento para los retos lúdicos de una niña de 11 años, única extranjera en un colegio de primaria, de un pequeño pueblo anglosajón.
El Volkswagen nació en Alemania en los años 1930. En ese momento surge el proyecto de construir un automóvil accesible para un gran número de personas. Sin embargo, durante la guerra fue monopolizado por los militares nazis. En 1950 es cuando sale de las fábricas para convertirse en el vehículo más comprado por un pueblo y por muchas generaciones en todo el mundo.
El espíritu de este coche marcó mágicamente mi psique. Creo que me contó su historia de alguna manera. Y creo que condujo mi fantasía hacia esos recodos donde el instinto y la experiencia colectiva se conectan con lo extrañamente único y subjetivo.

Carmen Elena Ochoa
Grupo A

Poemas plagiados

La sesión del lunes anterior, con el título de "Poemas plagiados", la dedicamos a la literatura al alcance de la mano.
En ocasiones el poema está más cerca de nosotros de lo que intuimos. Solo tenemos que jugar con los contextos y los textos como hace Esteban Peicovich en su libro.




El propio Esteban Peicovich explica la intención de su libro en el prólogo titulado "Palabras de más":

Mi padre —un obrero de lo real, y emigrante— solía dañar con inocencia al idioma castellano. Cuando un día, al señalarme a una muchacha, comentó «es saludable, saluda a todo el mundo», pensé que estaba más cerca de la poesía que yo y muchos de nosotros. Su fervor nombrador, sin él saberlo, lo matrimoniaba con la poesía, haciéndolo tocar el río oculto del idioma. Sentí entonces que más de un soneto —mío o de cualquiera— era menos poético que esa invención de mi padre. También, que su técnica de la obviedad no era inocente y que tenía carozo adentro. Lo comprobé más tarde, al encontrarme dedicando algún libro en la forma más perogrullesca del mundo. Diciendo a unos «porque espera un hijo», a otros «porque sos bueno» o «porque sos joven». Advertía en estos casos gran sorpresa y una aceptación pura, como si en ese instante resucitaran una novedad: descubrirse recién padres, o jóvenes, o buenos. En verdad yo no inventaba nada: sólo plagiaba de ellos lo que no parecían haber sentido o pensado en plenitud. Este fenómeno —unido a la anécdota de mi padre— algún día se sistematizó. Tal vez al detenerme a matar muletillas periodísticas como «precipitación pluvial», o escribanas como «a folios 22 del día de autos», o judiciales como «por contrario imperio de la ley». Así me nació el terror por las palabras metidas en zoológico, momificadas, viviendo fuera de su propia naturaleza. En consecuencia, la necesidad de saber qué razones movían a ciertas palabras a permanecer en disciplinas no poéticas conservando atributos poéticos. Surgió entonces una veta apasionante: descubrir toda aquella poesía no convencional, ese caudal de poesía que nadie sabe que usa y vive en la más cruda realidad. Una vuelta de tuerca, apenas un desenfoque, y la súbita aparición de una zona familiar, aunque desconocida. Junto con ella la prepotente irrupción de la sátira, producto de una época en crisis, y por lo mismo, de una belleza en crisis. La elección no fue ardua. O seguir escribiendo poesía literaria —suplantando hechos poéticos con palabras— o simple, llanamente, desnudar la belleza, plagiarle poemas a la realidad. Y de eso se trata, en suma. Un elefante conquistador y frágil, por un lado. Realidad, la loca, por el otro. Ésa es la pareja en donde podrán bucearse los padres de este libro. 


Incluímos a continuación varios textos del libro. El primero titulado "Marca de agua":

––¿Su profesión?
–Soy poeta. Supongo.
–Nada de supongos aquí. Ponte derecho. No te apoyes en la pared. Mira al tribunal. ¿Tienes una profesión estable?
––Creía que eso era una profesión estable. ––Pero en términos generales, ¿cuál es tu especialidad?
–Soy poeta, traductor poeta.
–¿Quién te ha reconocido como poeta? ¿Quién te ha metido en las filas de los poetas?
–Nadie. ¿Quién me ha metido en las filas de la especie humana?
–¿Has estudiado para serlo?
–¿Para ser qué?
–Poeta. ¿No has encontrado la manera de proseguir tus estudios en el instituto, donde podías prepararte y aprender?
–Nunca he creído que eso fuera materia de enseñanza.
–Entonces, ¿qué?
–Creo que eso... viene de Dios.

(Diálogo que tuvo lugar en la mañana del 18 de febrero de 1964 en el juzgado de distrito de Leningrado entre la jueza Irina Savaleva y el «parásito social y vago maleante» de 24 años Joseph Brodsky, quien 23 años después ––1987, y a sus 47–– alcanzó el Premio Nobel de Literatura)

El segundo texto ya lo compartimos en otra ocasión. Se trata de una genialidad. Su título, "El Bienaventurado":

Por corregir los Diez Mandamientos.
Por embellecer a Poncio Pilato y ponerle una cinta al sombrero.
Por reemplumar y dorar el ala derecha del Ángel de la Guardia.
Por renovar el cielo, pintar y ajustar las estrellas y limpiar la Luna.
Por avivar las llamas del Purgatorio y restaurar almas.
Por volver a encender el fuego del infierno, poner una cola al Diablo, componer su pezuña y hacer varias 
menudencias a los condenados.
Por poner una Cardenal y varios arañazos al hijo 
de Tobías y limpiar su saco de viaje.
Por limpiar las orejas a la burra de Balán y herrarla.
Por remendar la camisa al hijo de Tobías.
Por poner una piedra nueva a la honda de David, manchar la cabeza de Goliat y alargarle las piernas.

(Texto de la factura que un pintor conodio como Potriquín pasó al cura de Corullón -España- por restaurar santos 
e imágenes de la Iglesia de Villafranca del Bierzo en 1931 y por lo que cobró la suma de 314 pesetas)

Y compartimos, por último, el texto "Vecinos de Madrid":

En Madrid hay 2 Zorros, 4 Ovejas, 15 Lechones, 16 Cabras, 43 Caballos, 46 Patos, 110 Conejos, 130 Borregos, 144 Gallos, 350 Lobos y 800 Pastores.

Hay 2 Pimientos, 25 Cebollas, 45 Lechugas y una Col.

Hay 27.360 Rodríguez y sólo 39 Claveles.

Hay 44.160 García, pero también 10 Enamorados.
Hay 6 Hombrebueno y un Hombría.
Hay 7 Mujeriegos y ninguna Mujer.
Hay 125 Niño y apenas una Niña.

(De una lectura ociosa y gozosa de la Guía Telefónica de Madrid, 1985).


Tarea de escritura

Propusimos como tarea crear un texto similar a Peicovich a partir de una receta de cocina, de un crucigrama o de las instrucciones de seguridad de un horno



Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Crucigrama parcialmente bisémico

Sin formalidad ni ceremonia alguna, se presentó el comediógrafo español, en concreto granadino. Venía de Tanzania y se encontró con unas damas nativas de Laponia, acompañadas de un niño que se estaba criando.
Ellas tenían espíritus bienaventurados, solas eran singulares: vestían chaquetas de punto, sin cuello, abrochadas por delante. Los ojos de la mujer delgada le parecieron de color de ónix o ágata listada. La otra era sapotácea, su cuerpo giraba en torno al niño como alrededor de un planeta. Pero ¡oh amor! el color de su rostro era parecido al de las rosas.

Emilia González
Grupo B


25 de noviembre: Día internacional de la eliminación
de la violencia contra la mujer


Carnívoro carroñero.
Golpe dado con la mano vuelta.
Que se ejecuta a la vista de pocos.
Que se vende por docenas.
Corrosiva.
Callar
Sin compañía, femenino.
Solas.
La que sufre.

(Texto del crucigrama, nº 8. Página 9)

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


Ensalada de valores rostizados con tranquilidad

El profesor, nos dio a los alumnos una receta de cocina en mi caso, para que escribiéramos una receta diferente sustituyendo palabras de la misma por otras.
Estaba contentísimo pensando que aquello era pan comido para mí todo un Filólogo licenciado por la famosísima Universidad de Salamanca….
Muy ufano comencé para acabar y enviarle con prontitud a Raúl el trabajo finalizado ya que este trimestre he haraganeado bastante y empezaba a acosarme un sentimiento de culpa que me iba resultando insoportable, y empezaba a ser incapaz de convivir con él durante más tiempo.
Desempolvé mi Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Decimonovena Edición 1970, encuadernado en piel que hace ya tantos años pagué a plazos, y me puse manos a la obra.
Estos eran los sustantivos que aparecían en mi selección:
Aceite, ajos, albahaca, berenjena, ensalada, hojas, lechuga, orégano, pimienta, pimiento, queso, sal, verduras, tomillo, yogurt, zucchini.
De verdad que quería hacer la tarea, pero con gran tristeza observé que en nuestra lengua materna los sustantivos que describen sentimientos positivos y que me sirvieran para sustituir los que había seleccionado en la receta, y cuya condición sería que deberían de empezar por la misma letra, esos sustantivos abundan más bien poco y en algunos casos son inexistentes.
A pesar de todo me lo tomé muy en serio y sin más demora comencé y volvía al diccionario una y otra vez con la vana esperanza de que encontraría la palabra apropiada. Aquí está el resultado:

Aceite / Amor
Ajos / Alegría
Albahaca / Amistad
Berenjena / Beso
Ensalada / Encanto
Hojas / Habilidad
Lechuga / Laboriosidad
Orégano / Orden
Pimienta / Perfume
Pimiento / Pasión
Queso / Querida
Sal / Sutileza
Verduras / Valor
Tomillo / Tranquilidad
Yogurt / Yamiyami (invención propia)
Zucchini / Zalamero

El trabajo que me supuso la búsqueda e inmersión en el Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Decimonovena Edición 1970 fue realmente agotador y me dejo absolutamente exhausto. También debo decir que para algunos no conseguí encontrarles ningún equivalente razón por la cual eché mano de la invención caso de yogurt. En mi búsqueda también consulté algunas páginas web y he de decir, que existen otras lenguas que nos ganan la partida, como ocurre con el inglés, en las que sí existen esos equivalentes y con frecuencia más de un término por palabra. ¡No os imagináis la envidia y la rabia que me generó tal circunstancia! Y no me preguntéis el por qué, pero pensé que ahí estaba la explicación de que Pedro Sánchez presidente en funciones no consiga formar gobierno…¿Seremos un pueblo intrínsecamente negativo, malo, envidioso….? ¡Qué preocupación, dios mío, arrastro desde que tuve tal pensamiento, tal es así que además de agotado esta tarea me ha producido tal dolor de cabeza que he decidido posponerla para más adelante y de momento la dejo inconclusa y me paso al bando de Alfredo (más lector que escribidor) , esta tarea la concluiré más adelante y la enviaré para la próxima sesión de Reformas S.A.

¡Qué necesidad tengo yo de producirme estos dolores de cabeza, bastante tengo con los que tengo y vienen solitos!

PD/¡Por favor señor profesor evalúeme usted, no el resultado si no el interés puesto y el tiempo invertido que ha sido considerable, amén de lidiar con el tocho del Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Decimonovena Edición 1970.

Salamanca 2 de diciembre de 2019

Mª Nieves-C. Martín Magdalena
Grupo B


Del crucigrama

Padre de tribus,
comediógrafo, planta acuática.
Es una persona amada
completamente aromatizada.

El primer satélite de Júpiter,
relativo al uranio,
fue un antiguo templo, mexicano.
Lastimaron a los espiritus bienaventurados.

Matrícula de Tanzania,
amor de aféresis,

Carnívoro carroñero nocturno.

Iria Costa
Grupo B


Las gracias del precavido al microondas

-Por comprar un horno eléctrico con puerta.
-Por colocarlo a dos metros de altura, para que no lleguen los niños
-Por comprarlo a luz y a pilas.
-Por tener un candado con clave.
-Por poder llevarlo al campo y asar unas castañas.
-Por tener incorporado música de los Beatles.
-Por admitir solo productos ecológicos.

Luis Iglesias 
Grupo B


Crucimilamagrama

Revela poca cordura,
Aromatizada, ejecuta a vista de todos sin formalidad ni ceremonia alguna.
Roca compacta y dura, satélite de Júpiter con vestigios visigodos en su abril.
Severa en el semblante a veces, almacén de espíritus bienaventurados.
Sola, singular, deja pasar a través de sus poros, gotas de algún líquido.
Irregular.
La que sufre de anemia de varón.
Que se vende abrochada por delante.
Que se calla y oculta algo…
Quizá fluidos que forman la atmósfera terrestre con aféresis de Amor.
Faja de lona delgada, ónix o ágata listada..
Barco para este cuerpo que gira alrededor de un planeta de color parecido al de las rosas

Carmen Pedrero Robles
Grupo A


Acciones y medidas de regularidad del soborno

Prestaciones para fundirse en el Soborno estético y poético.

1-En posiciones.
2-Soborno: uso cosmético. Transversal.
3-Producto no diseñado para ser utilizado con piños. Manténgase alejado del Soborno cuando esté Ayuso.
4-No utilice el Soborno para condensar objetos.
5-El pendón que cuelga, pesa en superficies ¡Valiente!
6-Las calenturas a las puertas del Soborno pueden ser altas. ¡Evite el tacto!
7-No sitúe el Soborno frente a su oficina.
8-Instalado el Soborno, manténgase a 10kms alrededor.
9-El Soborno no debe ser usado por niños o personas incapacitadas.
10- No opere el Soborno con el chute mal gestionado. Comuníquese con nuestro servicio técnico de la “Polisía”.
11- El uso (y disfrute) de accesorios no comprobados, podrían causar riegos y apaños.
12-Desenchufe el Soborno y “siga la corriente” en periodos prolongados o limpiezas del Este.
13-Desenchufar: girar en posición APAGADO. Nunca tire del pendón.
14-Pre-accion: con aceites y gracias.
15-No cubrir parte del Soborno. Puede recalentar el conducto.
16-No limpiar con pillos metálicos; el riesgo de cargarla aumenta.
17-Nunca desatender al pájaro, mientras esté volando.
18-No incluir en el Soborno, cargamentos grandes ni utensilios cuánticos: peligro de ganar a medias.
19- Causa fuego si el Soborno es cubierto o tocado con personajes indeseables.
20- Extremaunción, con envases de metal y video.
21-No coloque en el Soborno candor, plática, papel,…

¡RECUERDE: Es solo un Soborno!

María José Arrojo
GRUPO B


Partes del Mundo, observables desde Júpiter, y de los primos hermanos del uranio.
Docenas por docenas, punto por punto del Mundo.
Arabia, en cuyos mayores desiertos, Faisal fue el príncipe real.
Tanzania, Perú, lejanos pero no como Filipinas de quien Marruecos en el Imperio no se ponía el Sol,que diría hoy en cualquier espacio un comediógrafo español, tan de moda está en dejar sin cuello a tantos que no considera Granada una conquista. Cuando en tal lugar lo que hay es piedra por las flores aromatizada.
Más Mundo: Marruecos, con su cordillera, bañada por una masa de agua salada, que en proporción planetaria es tanta como en nuestra esencia vital, como ese mar nuestro.
Y más Mundo: Desde Ávila a Laponia, tal cual gélidas, a su manera, en invierno, todas, como no, bañadas por agua, salada o no.
Pero del Mundo, hay mucho por escribir, mucho jugar, y por cada ciudad un naipe mostrar.
Así, con poca cordura, digamos que, para los espíritus bienaventurados seremos siempre personas todas de un color parecido a las rosas unas veces, de ónix otras, de Israel, de este o aquel

Javier Martín
Grupo A


Seguridad

Ante todo la seguridad, Nacho; se ha de andar con pies de plomo. Mira, ve a donde tu madre guarda el catálogo del horno y en la página tres tienes las medidas de seguridad; léetelas. ¿Ya?, muy bien, pues ahora piensa un poco, que son ya quince los años que tienes. Si para manejar un simple horno hay que seguir unas normas tan estrictas, el conquistarte a Mari Puri ha de requerir andar con pies de plomo. A más de una estrategia bien montada, pero no te preocupes, para eso está tu abuelo, que no me duermo. Un aparato funciona siguiendo unas reglas mecánicas de sota, caballo, rey; una mujer es bastante más complicada.
Una buena estrategia ha de estar basada en la experiencia. Eso a mi me sobra como comprenderás; y cómo voy a estar yo más satisfecho que poniéndola a disposición de mi nieto mayor. Con Mari Puri quedaste para el sábado, ¿verdad? Pues muy bien, nos quedan cinco días; tiempo más que suficiente para asegurarnos de que lo harás bien.
Lo primero primerito, Nacho, desconecta. Igualito que con el horno, ¿ves? Solo que en este caso se trata de desconectar de cualquier otro asunto que pudiera distraer tu atención. Has de concentrarte en lo primordial, tiempo habrá para los otros menesteres.
Lo siguiente, Nacho, aféitate. Del todo; lo que tienes no es más que pelusilla, y a las chavalas eso, por lo menos a las de antes, ni fu ni fa.
Ponte ahora frente al espejo y ensaya tono de voz. A las chicas de hoy les va, que ya me informé yo, el ronco y apagado. Es cuestión de modas y ahora toca eso.
Vamos con la ropa. Yo de eso no sé mucho pero no es difícil, búscate una disculpa y pregunta a tu madre el precio de la que tienes. Ponte la más cara y casi seguro que aciertas. Y, oye, que se acercan los reyes y tu abuela ya te tendrá comprado algo de vestir; no me ha dicho nada, pero fijo. Un estreno siempre está bien; si te camelas a la abu, seguro que te adelanta el regalo.
¿A que no va tan mal la cosa? Si no es difícil, hombre. Pero no olvides lo que dijimos al principio, desconecta de cualquier otro asunto que te robe tiempo. Y ahora te comento: has de estar muy alerta por si te recalientas (¿ves?, otra vez el horno). Si te recalientas del coco, me refiero. Si vieras que toman temperatura las neuronas, mejor desconectas. Desconectas y te pones delante de la tele a ver si aciertas con un programa de la Belén Esteban. Olvídate de los telediarios, que salen mucho los políticos y se te puede formar un cortocircuito.
Con esto, Nacho, hemos llegado al jueves por la noche, máximo al viernes a mediodía. Y ahora, muy atento que la noche del viernes es importante. Has de dormir bien que el sábado es el gran día y a las chicas no les gustan las ojeras; lo de Humphrey Bogart es de cuando yo era mozo. Tú, relájate y descansa. No pienses en nada más. Te levantas el sábado y como otro día cualquiera, solo que a ti te coge con los deberes hechos.
Y estamos en el sábado, Nacho. Habéis quedado a la nueve dijiste, ¿no? Estupendo. Pues comes tranquilamente. Un ratito de siesta luego no te vendría mal. Te adecentas y el espejo te dice que fenómeno. Son las ocho, sonríe. Cierra la puerta de tu habitación y siéntate cómodo, la espalda erguida. Es el minuto de oro. Silencio total. Inspira profundo varias veces, espira lentamente con los ojos cerrados. Ninguna tensión, te notas relajado, la mente funciona que serías capaz de entender a la primera incluso al de mates. Mari Puri, esa es la cuestión. Mari Puri es la chica bombón del instituto, ya me contaste, los tiene a patadas.
Tú verás, casi mejor coges el móvil y llamas a Conchi, ¿qué te parece?

Pascual Martín
Grupo B


Horizontales

Espíritus bienaventurados,
cuerpo que gira alrededor.
Fluído. Semillas. Envoltura.
Agua salada. Proyecto.
Archipiélago.
Aféresis del amor. El fruto.
Varón
carnívoro -carroñero- nocturno,
significa "en vez de".
No se entienden sino se suponen, se infieren.
Hijo de. Padre.
Nativa de Laponia,
severa en el semblante,
domésticamente aromatizada
-las que prevén-.
Golpe dado con la mano vuelta
que se ejecuta a vista de pocos.
Satélite.
La más separada de lo regular en clase.
Volver a limar.
Herir. Teñir.
-Solas-
a través de sus grietas,
corrosiva
roca compacta,
la que sufre
calla,
abrochada por delante.
Parte que se corta y da derecho,
naipe que vale por cualquiera.
Antiguo templo.

Libertad Luengo
Grupo A


Cero de veintiuna

¡¡Riiiing, riiing!!
—Hola Mamá.
—Carlitos ¿está tu padre en el restaurante? (2)
—No.
—¿Y tu hermano Ramón?
—Tampoco.
—¿Y te han dejado a ti solo ahí? Anda que… ¿Y qué estás haciendo?
—Los deberes. Me ha dicho papá que me quede aquí, que él viene en diez minutos.
—¿Y eso cuánto hace que te lo ha dicho?
—Una hora o así.
—¿Será capullo tu padre? Si es que los tiene como yo te diga. Bueno, uff. Pues vas a tener que hacer tú una cosa, porque hay que ir poniendo el horno para asar el pavo. (3) Anda, pon el manos libres que yo te indico.
—Vale, mamá.
—A ver, vete a la cocina, abre la puerta del horno y saca lo que haya dentro. (4)
—¿Cuál de los dos hornos?
—El que está metido entre el microondas y la cafetera. (7 y 8). No lo usamos desde hace mil años, pero en fin, el otro se estropeó ayer.
—Ok. ¿Y lo saco todo? Está lleno de cosas… ¡Hale, ya está! De todas formas está superpringoso. Parece que tiene betún…
—Umm, entonces tendrás que limpiarlo. A ver, tira del cable para desenchufarlo, no vaya a ser que te electrocutes. (12 y 13)
—¿Dónde está el cable?
—Colgando de debajo de la mesa. Si está prieto, tira con fuerza.(5)
—Ya está, pero se ha quedado como pelado por el lado del enchufe.
—No importa, que hay prisa. Ya le pondrá tu padre cinta aislante. A ver, ahora busca debajo del fregadero el Cilig Bang, el estropajo metálico y coge el trapo que hay encima del horno para secarlo por dentro.
—¿Cuánto echo del Cilig Bang?
—Echa con saña, hijo. Y luego rascas por todas partes con todas tus fuerzas con el estropajo metálico. (16)
—¡Ya está, mamá! Como los chorros del oro. ¿Qué hago con el trapo? Está lleno de mierda.
—Déjalo ahí, encima del horno, que ya lo pondré yo luego a lavar (15).
—Vale ¿y ahora qué?
—¿Pero todavía no ha llegado tu padre?
—No, ni Ramón. Sigo aquí solo, mamá.
—De esta mato a tu padre, ya lo verás. Bueno, en fin, pues vas a tener que encender el horno y asar el pavo. ¿Te sientes capaz? (9)
—Anda, a mí lo que me digas, mamá. A ver ¿qué hago?
—Lo primero volver a enchufar el horno. Cuidado con la parte pelada (10). Luego giras la rueda y pones la raya roja al lado de una señal que son como unos dientes arriba y abajo. Luego esperas a que esté ardiendo.
—¿Y cómo sé cuándo está ardiendo?
—Pues tocando el cristal, ¿cómo si no? (6) Entre tanto puedes ir sacando el pavo del arcón, que está en un bol del plástico y al lado hay un bandeja de cartón que tiene salsa. Venga, dentro de veinte minutos te vuelvo a llamar.

A los veinte minutos: ¡¡Riiing, riing!!

—¿Ha llegado tu padre?
—No, mamá.
—Este me oye, vamos que si me oye. Bueno, ¿Está el horno ardiendo?
—Sí mamá. Me he quemado la mano. Me duele mucho…
—¿Mucho, mucho?
—Sí.
—Pues vete al cuarto de baño y échate dentífrico en las quemaduras. Luego sóplate un rato, lávate las manos y vuelve a la cocina (17)
—Ya estoy aquí otra vez, mamá ¿Qué hago ahora?
—A ver, mete el pavo en el horno y la salsa tal cual están. (20 y 21)
—Mamá, el pavo es enorme, no va a caber. (18)
—Pues tiene que caber. ¡Empújalo!
—Es que se sale…
—¡Coño, pues pon del través una pinza metálica, pa´que se quede bien sujeto! (11)
—¡Ya está, lo conseguí!
—Muy bien, hijo. Pues venga, ahora a esperar media hora. Cuando llegue tu padre, que lo saque él. Dentro de una hora voy yo para allá.

A los cinco minutos: ¡¡Riing, riiing!!

—Mamá, soy Carlitos. ¡Socorro! El trapo de cocina que dejé encima del horno se está quemando. (19)
—¡Rápido, coge un cubo con agua y écharsela! Luego ponte las manoplas, abre el horno y saca el pavo y la salsa corriendo. (14)

Ni que decir tiene que la madre de Carlitos no se había leído las 21 importantes medidas de seguridad del manual de instrucciones (1)

Óscar Martín 
Grupo A


Ensalada de humor

Ingredientes.Una cucharada sopera de distancia.
3 cogollos tiernos de alegría.
4 daditos de "me río de mí mismo"
Una buena cucharada de "no te tomes la vida tan en serio".
Un chorrito de ironía. Cuidado con este ingrediente, porque en exceso puede avinagrar la ensalada.
Un buen surtido de risa:  de esa silenciosa que  tienes que contener, de esa otra escandalosa que se contagia, de aquella con la que casi te ahogas y de esa que se oye la última y te hace volver a reir.

La preparación  es sencilla. Hay que mezclarlo todo y dejarlo reposar un rato.
Recomendable en cualquier época del año.
Para una dieta equilibrada, alternar con menestra de realidad.

Teresa Sanz
Grupo B


Di-versos 
(Titulares de La Gaceta, El País y otros)

Dejarse hablar
hasta que todo acabe
Si las democracias ves temblar
echa la tuya a remojar
La verdad de una máscara
complica la limpieza del rostro
La casa cruje
el suelo muge
La violencia traspasa los huesos
España está a la cola
El viento mantiene
fuera de control el incendio
¿Nos hemos vuelto todos locos?
Europa al rescate
A quién le quedó en las manos
la patata caliente
Emigrantes y el “interés de la justicia”
sobre todo solidaridad
está provocando derrumbe de valores
La importancia de no mirar a otro lado
En favor del clima
es lo que hay
Incluso en tu propia casa
Y ni una más
En Salamanca
hay bancos que miran a ninguna parte
Pero los autobuses se inclinan
como elefantes amaestrados
para dejar a sus transeúntes
Estas Navidades vas a poder tirar
la casa por la ventana
Abajo esperarán
los que recogen
escombros y desechos
Felices Fiestas

Carmen Elena Ochoa
Grupo A