La mirada del paciente

Hay temas que entrañan una gran dificultad al ser abordados desde la escritura. La enfermedad, la muerte o el suicidio son un claro ejemplo. Sin embargo son numerosos -y más aún desde la pandemia- los relatos, poemas y novelas que tratan con mayor o menor maestría estos temas.
Siempre que hablamos de la muerte de un hijo citamos "Mortal y rosa", quizá la mejor obra de  Francisco Umbral, desde mi punto de vista, y un buen botón de ejemplo de cómo un escritor despliega todas las herramientas relativas a la escritura que tiene a su alcance para poner sobre el papel un tema doloroso. En algunos de los momentos del libro sentimos la pulsión más honda a través de los poemas, en otros la reflexión profunda lo convierte en ensayo, hay párrafos que adoptan el tono del cuento y todo, en su conjunto, conforma una novela híbrida escrita con emoción e inteligencia.



“La fuerza de una mirada”, fotografía de Susana Martín, participante en la IV edición del certamen


En la sesión analizamos el texto "Mamá, ¿falta mucho para volver a casa?" de Soledad Cardoso, alumna del Taller de Escritura de Clara Obligado. La escritora se pone en la piel de un niño para contar su lucha personal con el cáncer y cómo todo su entorno se tambalea desde el diagnóstico de la enfermedad. El relato destila ternura a pesar de la gravedad de lo que se cuenta e incorpora detalles que sugieren más que explican. Un texto que resulta creíble y verosímil, parece que es el niño quien lo escribe o quien nos lo cuenta de viva voz.
Menconamos en la sesión el extraordinario artículo de Juan José Millás titulado "Ruido de sierra, saltan las esquirlas de hueso" escrito tras asistir a una operación de aneurisma cerebral. Su tono cercano, didáctico y plagado de comparaciones lo hacen comprensible. Millás no rehuye en ningún momento la dureza ni el tono literario.
También hablamos de Ana María Shúa quien escribió la novela "Soy paciente" en la que aborda la historia de un hombre que pierde su nombre, y su dignidad, desde el momento en que pisa un centro médico. La escritora se sirve del humor negro para abordar el tema. Comentamos, en este sentido, un artículo titulado "El discurso criminal del Estado en Soy paciente de Ana María Shúa" en el que se analiza la novela en clave política. Destacamos el estilo afilado con el que la escritora aborda este trabajo que en ocasiones roza la parodia y la paranoia.
Y por último centramos la atención en un breve repertorio de textos extraídos de dos libros editados por los laboratorios CINFA y que responden al título "La mirada del paciente". Su objetivo: ponerse en la piel del paciente y comprender a través de las imágenes y los textos sus diferentes realidades. Puedes descargarlos en la página que lleva el mismo nombre y ampliar la información sobre ellos en el artículo titulado "La mirada del paciente: historias sin filtro detrás de las personas" firmado por Verá Castelló en el diario El País.
Nostros pusimos la mirada en los textos "El hilo de Ariadna" de Carmen Posadas, escrito a partir de la fotografía “Ariadna, la piel de pez” de Gala Espín Arroyo y "Equilibrio" de Soledad Puértolas, escrito a partir de la fotografía "A tu lado" de Antonio Atanasio Rincón,


Tarea de escritura

Tomamos como referencia la fotografía de María Ángeles Albarrán Ruiz titulada “Complicidad", a favor de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Navarra (AFAN) en cuyo pie de foto se ecplica que a pesar de su enfermedad, en ese momento, José María todavía era capaz de reconocer a su hijo. A partir de esta imagen el humorista Luis Piedrahita escribió el texto titulado "La vía misma", que forma parte de la publicación "La mirada del paciente" de los laboratorios CINFA del año 2020 y que puedes leer al final de este post.
Propusimos a los participantes del taller abordar la misma tarea. Y para ello planteamos la posibilidad de elegir diferentes opciones: un poema, una carta, un texto libre, un breve cuento. Señalamos la importancia de elegir el modo: ¿adoptamos el punto de vista de uno de los dos protagonistas de la foto? ¿nos situamos fuera imaginando que es una enfermera o un familiar (una nieta, por ejemplo) quien realiza la foto? ¿Nos apoyamos en la sugerencia o en la explicación? ¿Recurrimos al diálogo, al monólogo?





Estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Hoy es un día maravilloso, un día más en la vida de José María. Se encuentra en el jardín de su casa, tratando de poner nombre, al olivo y al granado, mientras una abeja, revolotea alrededor de las pequeñas flores.
El cielo está completamente azul y una ligera brisa, acaricia su cara. Llaman al timbre y con paso parsimonioso, se dirige a la puerta del jardín. Se le enciende la cara, abre los ojos como si de dos luceros se tratara, y con sorpresa tiene delante a su hijo, con quien se funde en un abrazo, mientras una lagrima resbala por sus mejillas.
—Hola papá! Te veo muy bien.
—Que te parece, si damos un paseo por el parque?
La mañana invita a pasear y asistir al bello concierto de los pájaros sobre los árboles.
José María, no deja de mirar insistentemente a su hijo, como si en su cara se reflejaran todos los recuerdos de juventud.
Caminan lentamente por el paseo al lado del río.
—Hijo! Que es ese ruido?
—Papa! Es el arrullo del río.
Siguen caminando en silencio, disfrutando del ruido armónico del entorno.
De vuelta a casa, José María, se sienta a descansar en uno de los bancos del parque.
Una bandada de palomas, se pelean por hacerse con los pequeños trozos de pan que han dejado unos niños en el suelo.
—Hijo! Como se llaman esos bichos?
—Papa! De verdad no sabes que son? —Son palomas.
José María sigue mirando a los ojos a su hijo, en silencio. De pronto otro grupo de palomas se pelean entre sus pies, devorando las pocas migas de pan que se encuentran en el suelo.
—Hijo! Como se llaman esos bichos?
—Papa! No son bichos, son aves y se llaman palomas. Ya te lo he dicho antes.
José María, mira con tristeza a su hijo.
—Hijo, cuando tú eras pequeño, venía contigo al parque y me preguntabas insistentemente cómo se llamaban.

Pedro Gómez Rodríguez
Grupo C


Complicidad
A partir de la foto de María Ángeles Albarrán Ruiz

Os miro, miro a vuestro alrededor y un halo difuminado me obliga a perderos de vista, casi a olvidaros.
Te miro a ti, José María, y me pregunto casi retóricamente: -¿Eres tú o lo has sido? ¿Hasta cuándo uno es si no es capaz de recordar en qué nombre, en qué vida ocupó su lugar?
Pareces ajeno a lo que te sucede, en tu cáscara de olvidos recurrentes donde se ha establecido tu residencia.
Y desvío mis ojos hacia él, hacia tu hijo, sonrisa dibujada bajo la mirada triste, cansada. Espejo de los años que perdiste.
Por su parte, él, que es lo que tú eras, lo que fuiste, se pregunta cuando te contempla, si también será algún día lo que tú eres. ¡Genética ramera!
Demuestra su ternura con frases infantiles, mostrándose condescendiente. ¡Y no lo entiendes! Quisieras gritar con todo el aire de tus pulmones y con ese ápice de memoria que, en ocasiones, te corteja que no eres un niño neófito. Eres tú, José María (¡a veces!). Una mente traicionada por un amante despechado que devora ávido tus recuerdos: el maldito Alzheimer. ¡Y no hay más! ¡Y no hay menos!
Te vas evaporando a la vez que se marchita su alegría. Y en un conato de lucidez, razonas: -“Hijo mío, todos nos desvaneceremos algún día. Solo los recuerdos de quienes nos amaron pueden aspirar a ser eternos. Bueno, ellos y las palabras que quedarán escritas”.

Ibone Bueno Vicente
Grupo C


¿Quién soy yo?

Estoy preocupado. Cada día que pasa lo veo más deteriorado. Me mira con esos ojos acuosos, perdidos en algún lugar que yo no soy capaz de descubrir. Hace cosas extrañas. Me habla muy despacio, alargando las palabras. Coge mis manos cada dos por tres, y no me suelta. Las sujeta con fuerza como si yo fuera a escapar, pero si yo estoy aquí contigo, a ¿dónde voy a ir? Esta mañana me ha acariciado la cara. Ha pasado las yemas de sus dedos por mi rostro, despacio, con suavidad, como un invidente. Y me ha susurrado al oído que me quiere. No recuerdo la última vez que me lo dijo. Me preocupa, algo le pasa, pero no se atreve a confesarme nada. Siempre ha sido muy orgulloso. Y lo último: «¡Vamos a hacernos una foto!» Me ha soltado, a bocajarro, sin venir a cuento. No he podido negarme, lo he visto tan ilusionado. Una señora, que no conozco de nada, se ha colocado frente a nosotros con una cámara y nos ha pedido que sonriamos. En ese momento me he dado cuenta de que no tenía puesta la dentadura. Me he pasado toda la mañana buscándola. No recuerdo donde la dejé anoche, cuando regresé del magnífico viaje a la luna. Seguro que está con los guantes, dentro del casco de astronauta. Intentaré poner mi mejor cara. Lo veo tan entusiasmado.

Tomnás García Merino
Grupo B


Complicidad

¿Quién sabe lo que pasa por la cabeza de las personas con alzheimer?.
Conocí a una persona que acudía diariamente a la residencia a ver a su padre. Un día le preguntaba a la enfermera quiénes eran los que habían ido a verle, otros días les preguntaba cómo estaban los familiares, otros días se callaba y no hablaba, solo se quedaba mirando a las personas que tenía alrededor.
Pero un día yo me quedé de piedra, cuando la enfermera le dijo: “Sabes quién vino hoy a verte”. Pues claro, era mi hijo, y mañana me ha dicho que va a volver.

Luis Iglesias
Grupo B


Se me ha nublado todo en la cabeza
y no me reconozco en el espejo
¿Soy ese chico joven o soy viejo?
En este puzle falla alguna pieza.

No recuerdo mi nombre ¡Qué tristeza!
Quiero rememorar, pero es complejo,
rebusco en mi memoria algún reflejo
que despeje mis dudas con firmeza.

Los años han borrado mi presente
dejándome vacío el pensamiento
e incapaz de saber lo que he vivido.

Ahora solo espero indiferente
a acabar, de una vez, con el tormento
que me llevó en sus alas al olvido.

Aurora Zarco
Grupo B


Complicidad

Cómo cada mañana a la hora de las visitas, Carlota ( jefa de enfermería) , recorre todas las habitaciones del hospital y tras sus cristales, mira con cariño a los pacientes y a sus visitas, consciente del profundo conocimiento de cada uno de ellos. La dureza del silencio, cada vez mayor , de los pacientes, habían hecho mella en ella, pero era capaz de superar ese dolor con cariño y sonrisas.
Esa mañana , se paró en la habitación de José María y su hijo. Ella sabía lo cerca que estaba el día en el que José María pasaría a la vida del silencio y oscuridad. Sintió una especie de calambre que le recorrió su espada. Decidió entrar en aquella habitación y fotografiar a padre e hijo que aún conocía a Juan.
Estaba al tanto del juego diario o quizá el resto que Juan le proponía a su padre. Llenaba de lacasitos de infinitos colores, para que su padre los separará en montoncitos del mismo color. Cada vez resultaba más complicada la tarea para José María y cuando lo conseguía, juan aplaudía, saltaba y lo abrazaba.
Por esto Carlota quiso hacer esta foto, padre e hijo, frente con frente y del gran amor del uno hacia el otro.
Carlota preguntó a Juan la intención de ese juego y el contestó: " quiero llevarme a casa a mi vida y a mi corazón, los mismos colores que mi padre me dió a mí durante mi infancia.

Isabel Gallego
Grupo B


Cuando deje de conoceros…

Cuando deje de conoceros
quiero que os alegréis por mí,
porque seguramente,
haya dejado de sufrir.
Puede que siga sintiendo
dolor,
frío y calor,
pero ya no sentiré
nada de amor.
Tampoco podré sentir
odio ni rencor.
No tendré sentimientos de culpa
ni de desamor.
Habré llegado por fin
a una situación ideal,
en la que ya todo,
todo me dé igual.
Dejaré de estar preocupado
por mi futuro,
y por mi pasado;
no sabré ya
si fui feliz
o desgraciado.
Habré conseguido al fin
quitar todos mis miedos;
ya ni siquiera temeré
a la muerte,
pues no seré de ella consciente;
probablemente cuando llegue
abriendo mis brazos le diré:
¡Encantado de conocerte!

José Luis Fonseca
Grupo A


Complicidad

En cuanto he entrado has dicho mi nombre, he percibido tu mirada especialmente atenta y he pensado aliviada, aún sigue aquí entre nosotros. Ha entrado tu cuidadora con la medicación y te he preguntado si sabes quien es, no sabes cuánto he deseado que sepas la respuesta, has contestado desabrido, pues claro, siempre me preguntas lo mismo, es Ana, quien va a ser si no. La has mirado con la ternura que se siente por un ser querido, ella sabe estar a tu lado, enseguida he pensado, hoy empieza bien el día, hay que aprovechar el momento, acerco mi cabeza a la tuya y sonrio.
Le pido a Ana que nos haga una foto, quiero inmortalizar nuestras miradas cómplices, yo alegre y tú atento, necesito atrapar este momento antes de que el lienzo de tu mente se torne blanco y tus ojos se llenen del fondo infinito y velado del olvido, hoy te pareces más al que fuiste. Hemos compartido un rato de recuerdos familiares, en tu relato no han existido los tiempos reales, saltabas de unos momentos a otros y nombrabas a personas que no habían estado presentes, pero te he visto tan certero hilando frases que en ningún momento he intentado corregir el galimatías.
De repente me has mirado y agarrando mi mano me has dicho: hija, cuando ya no tenga palabras háblame mucho al oído y aunque yo no responda por favor insiste para que mi mente no se apague, acariciame para tener el contacto de tu piel, así no sentir el olvido. Mis ojos se han inundado de lágrimas. Papá hoy tú me has dado la fuerza que necesitaba, la complicidad de este instante me ha enseñado la forma de estar unida a tí.
En este momento de especial complicidad, Ana desde su sillón nos ha devuelto la ternura en su mirada.

M. Teresa Benéitez
Grupo C


Una foto, dos miradas

—¡Vamos Lucía, a ver si sacas bien la foto! Mira que hoyes el cumpleaños de papá—, piensa Alberto mientras acerca su cabeza a la de su padre.
Este hijo es un caso. Viene con esta desconocida y quiere que nos saque una foto. Debe haber algo entre ellos—, cavila José María sintiendo la alegría de su hijo en este momento.
—No sé si papá la habrá reconocido ¡Con lo que quería a Lucía! Siempre me repetía lo de la suerte que había tenido con ella.
Pues creo que no se da mucha maña. Es una chica guapa y buena moza, como las de antes, pero se me parece que un poco torpe.
—¡Qué alegría que a mí me haya llamado por mi nombre! A Lucía la ha llamado Aurora, como mi madre, cada vez le cuesta más saber quien es cada uno.
—El caso es que me recuerda a Aurora, pero no es, ella era más vieja.
—Con estas emociones se me está poniendo cara de foto, a ver si Lucía se da prisa y terminamos antes de que se canse papá.
—A ver si acaba pronto la niña, que estoy viendo esa tarta encima de la mesa y ya tengo ganas de hincarle el diente. Lo que no sé es para qué le han puesto tantas velas encima.
—Ya está. Si ha quedado bien haré una copia grande para ponerla al lado de la TV ¡Será un bonito recuerdo de un día especial!
—No sé si ya hemos acabado. Por fin a por la tarta, que aquí no nos dan nada bien de comer. Menos mal que estos dos me han traído algo que me gusta de verdad.
Alberto rodea los hombros de su padre y coge de la mano a Lucia. Los tres se dirigen hacia la mesa donde está la tarta de cumpleaños.Mientras los dos jóvenes contienen la emoción a duras penas, José María se deja acompañar de aquellos dos extraños que le han traído una tarta.

Manuel Medarde
Grupo A


Mi amigo Chema

He pasado unos días en el pueblo, Día de Todos los Santos, había querecordar a los que se fueron. Aproveché para ir a ver a mi amigo Chema, mi compañero de juegos, de perrerías, de iniciación a la vida adolescente, primer cigarrillo, primer escarceo con las mozas, María, Carmen, que se convirtieron en nuestras mujeres.
Chema, mas tarde, señor José María, un hombre íntegro, inteligente, con su chispa guasona, siempre un buen chascarrillo que hacia las delicias del grupo, trabajador, buen trabajador, presumía de que sus vacas daban la mejor leche porque cada día tenía una conversación con ellas, su hierba crecía más, sus perales, las mejores peras, amaba al campo, amaba las montañas que circundaban su Nava.
La vida, su María, le regaló un hijo, Tonín, había que alegrar al abuelo Antonio poniéndolo su nombre,crecía fuerte, sano, pero pronto se dio cuenta que era flojo de sesera, eso le hizo quererlo más, sabía que le necesitaría más, sabía que en los libros no iba a aprender mucho, que era él quien le enseñaríaa vivir, a ponerse metas que lograrían entre los dos, iba a conseguir que eso que le pedía Tonín –enséñame todas esas cosas que tienes en tu cabeza-, iba a ser el motor de su vida.
Chema apenas me reconoció, hubo un momento de lucidez, pero la oscuridad rápidamente lo envolvió, una mirada acuosa fue la repuesta a mis palabras.
En la sala, colgada en la pared había una fotografía, Tonín sonreía, estaba feliz, como si le hubiera llegado la hora, de ser él quien lo cuidara le enseñara todas las cosas que había aprendido de él, de su cabeza pasarían a la de su padre, eso parecía decir la foto. Ledí un abrazo y, a mi amigo Chema, aunque no me entendiera, lo felicité, había conseguido un gran hijo, en su mundo él lo sabía.

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


El cubo de cebo

Con pasos cortos y siseantes, se aproximó a la ventana.
El sol radiante iluminaba el paisaje de la ribera cercana, pero como suele pasar en invierno racaneaba su paso por la ventana, dejando la estancia medio en penumbra.
Miró por la ventana, y sin decir nada, alzó la mano izquierda y la sumergió dentro de un cubo. La sacó y sujetaba entre sus dedos nudosos, un pequeño anzuelo de mosca. Observó con atención el pequeño trampantojo emplumado que brillaba con los escasos rayos de luz.
Asintió para sí.
"Este es mi favorito. Un día como hoy puedo conseguir varias truchas. Tengo que coger mi caña y acercarme ..."
Se dió la vuelta, cogió el cubo con ambas manos y se fue dirección a la puerta.
El peso del cubo le curvaba la espalda y hacía que su paso fuera lento y vacilante.
El cubo se mecía entre sus manos dejando ver la viscosidad de su contenido que de vez en cuando se desbordaba, dejando una mancha negra del vacío que emanaba.
Llegó a la puerta y sumergió de nuevo su mano izquierda. Dió varias vueltas y al sacarla no encontró nada. Defraudado quiso volver a introducirla , pero una mujer le abordó y empezó a preguntarle.
Abrió la voca, sin saber que decir y de una manera desesperada, volvió a introducir la mano en el cubo. Una y otra vez intentaba sacar algo, pero lo único que se encontraba era esa viscosidad negra escurriéndose por sus dedos. Un vacío que solo le marcaba la carencia.
La mujer no se inmutó, siguió hablándole y de una manera contundente le indicó que la acompañara.
Él, sin pensarlo, la seguía por detrás, con su cubo a cuestas y con la mirada puesta en lo que le faltaba.
Llegaron a un grupo de personas y allí le dejo.
Todos le miraban y no supo hacer otro movimiento que meter la mano izquierda en el cubo desbordante. Esta vez la metió muy profunda y cuando notó un roce, lo cogió con todas sus fuerzas y tiró hacia fuera. Era muy pesado y le costaba sacarlo. Tiró y tiró y poco a poco se acercaba al borde del cubo.
Cuando estaba próximo a sacarlo comprobó que le era más facil e hizo el último impulso. Logró sacar su mano agarrada a otra mano, a otro brazo, a otra cara, la de Tomás, que salía del fondo negro y viscoso.
"-Tomás hijo, has venido.
- Sí papá, ¿Qué tal estás?
- Hoy es un buen día de pesca
- ¿Te acuerdas cuando pescábamos todo el día en este río?
- ¡Claro!, es el mejor momento de la semana, creo que tengo por aquí el anzuelo que hiciste, ese tan bonito... ¿nos vamos a pescar?
- Sí, nos damos una vuelta, pero antes, una foto."

Lidia Hidalgo
Grupo A


Evolución Humana

Leo sobre la evolución humana, desde los primeros homínidos hasta el homo sapiens moderno. Se documentan restos de australopitecos de seis millones de años. Recorro un tiempo de vértigo hasta llegar al Homo sapiens, con admiración por el trabajo de los paleo-antropólogos. ¿A quién pertenecían esas mandíbulas prominentes, esa cresta nucal, ese fémur, esas huellas fosilizadas? Me detengo en la pelvis de Lucy, esa joven australopiteca africana, que murió al caer de un árbol. No dejo de asombrarme. Paso por Atapuerca y el Homo Antecesor. Ahí vivió Miguelón hace 430 mil años, un Homo Heidelbergensis de unos 35 años, seguro que pelirrojo. Miguelón sufría de una infección grave de mandíbula. Tuvieron que alimentarlo, masticarle la comida antes de dársela… tuvieron que cuidarlo.

Observo la fotografía de los dos especímenes de Homo sapiens actuales. Que son Homo sapiens nos lo dicen sus cráneos de gran tamaño, su posición bípeda, sus mandíbulas pequeñas, carecen de las prominencias alrededor de los ojos, están desprovistos de pelo sobre su cuerpo. Se puede distinguir el desgaste dental y la falta de dentadura en el mayor. Su parecido físico es indiscutible, su arco nasal, sus pómulos marcados. Una prueba de ADN nos diría que son padre e hijo, sin duda. Por cierto, Navarra y Atapuerca están muy cerca.

Pero, ¡si no soy antropóloga!

Ahora me fijo en sus miradas, quizás tristes, por la urgencia del tiempo, en la sonrisa cariñosa del hijo, en sus arrugas, tan parecidas… ¿Nos salen arrugas en los mismos pedazos de piel que a nuestros padres? Advierto su barba poco rasurada (¿debido, quizás, a un tiempo de hospital del cual vemos una ventana?). Creo que sus orejas tienen la misma forma. Los dos han trabajado tanto durante tantos años. Nos lo dice su piel curtida. Ahora la vida se va, se desdibuja.

El padre aún reconoce a su hijo. Lo llama.

Y el hijo se reconoce en el padre.

Cuidamos a nuestros padres enfermos, aún sabiendo el final, como cuidaron a Miguelón y a Benjamina en Atapuerca, como cuando vendaron un fémur para que se soldara y cicatrizara hace cientos de miles de años. Porque somos humanos. Damos cariño hasta su último olvido, hasta su último suspiro. Cuidamos, no dejamos atrás, no abandonamos.

Así, los demás nos reconocen.

Así, nosotros mismos también nos reconocemos.


P.D. Me pregunto quién cuidará de los ancianos de Gaza.

Marisa Sánchez García
Grupo C


MI abuelito

El abuelo José María siempre me lo decía: "Aprovecha mijita, estudia mucho, fórmate para ser una mujer de provecho". A mi padre no le gustó estudiar , aunque "Él se buscó la vida y es un buen hijo" decía. Ahora ya no lo dice, pero yo creo que lo piensa, o tal vez no piensa, o quizás no se acuerda, claro, ¡han pasado tantos años!. Papá a veces pierde la paciencia: "Ya me lo has preguntado diez veces, papá" -dice. Yo creo que a papá se le olvidan las cosas, desde que marchó mamá, tiene muchos problemas en la cabeza, y le echa la culpa al abuelo.
Me gusta abrocharle los botones a la camisa de cuadros preferida del abuelo, es un patoso, pero sé que se pone contento con mi ayuda. También me llama a veces con nombres raros, es muy gracioso, lo hace para chincharme.
Hoy papá ha estado hablando muy serio con el abuelo, dice que va a ir a una especie de hotel, allí vivirá con otros amigos, y harán juegos chulos. ¡Jo! ¡Qué suerte tiene el abuelo!, el no dice nada, pero yo creo que llora. Mi papá dice que es de alegría. No sé...
Miradme chicos! Os voy a sacar una foto con mi cámara nueva.
PAAA TAAA TAA!! PAATAAATAAA!

CLICK

Guadalupe Sanchón
Grupo C


Complicidad

No fue la última foto que nos hicimos juntos, hubo muchas más, pero esta quedó grabada en mi memoria. Como si de un sueño se tratase. Quizá sea por ello que veo la imagen en blanco y negro, bajo una bruma, la bruma del amor.
Mi frente apoyada sobre la tuya, tal vez tú sólo sintieras el peso de mi cabeza. De ahí la ausencia de sonrisa. Yo sí sonreía, la ternura que me provocabas se me escapaba entre los dientes. Aún me pasa.
Mirábamos hacia el mismo sitio, pero, ¿veíamos lo mismo? Tras la ventana no hay más que asfalto y tú no dejabas de hablar de montañas y pájaros.
Ay papá, sin apenas darnos cuenta volvimos al cuarto azul, al scalextri, a los lápices de colores esparcidos por el suelo… sólo que ahora era yo el que debía poner orden.

Eva Hernández
Grupo A


El espejo del tiempo

Te miro y me veo. Las dos conformamos el espejo del tiempo. Tú has sido como yo y yo seré como tú. Cuántas arrugas me faltan aún y a ti te sobran. Cuántas canas adornan tu cabeza, que yo estoy alcanzando. Nos separan treinta años y una vida entera. Esa vida en la que iniciaste una regresión a la infancia.
Qué bonito es vivir la infancia cuando eres una niña. Qué horriblemente se transforma cuando eres una anciana. Si un bebé se hace caca, o pis, o babea lo aplaudimos complacidos como un logro en su avance hacia la madurez. Pero si quien lo hace es una anciana, lo observamos con repulsión y con enfado. Incluso, con amonestaciones. El andar tambaleante es motivo de sonrisa para unos y de molestia para los otros. La indefensión del menor hace que los adultos nos volquemos para protegerlos. En cambio la rechazamos en las personas mayores por considerarla cobardía o torpeza.
Nuestra sociedad es así. Valoramos la niñez y la juventud por encima de todo. Muy diferente es la Tercera Edad. Se suele pensar que ahí estamos al final y que nuestra capacidad para aportar algo ha llegado a su fin.
Que poco te conocen. Ellos no saben que todos los días, uno tras otro, disfrutamos de las mismas conversaciones, repetimos y repetimos las mismas frases, las mismas preguntas e idénticas respuestas. Si supieran cómo nos reímos tú y yo con las pequeñas cosas cotidianas. Si, como yo, tuvieran la suerte de tener las manos entre las suyas y recibir el calor que me ha cobijado toda la vida. Si te conociesen, si vieran la bondad y el amor que se refleja en tus ojos desearían estar a tu lado y acompañarte de la mano en tu camino de retorno hacia el útero.

M. Maximina Moreno
Grupo B


Reconocimiento

¡Qué viejo me veo! ¡Cuántas arrugas me ha dejado el tiempo! A pesar de la sonrisa adivino tristeza en el fondo de mi mirada.
¿Quién es ese anciano que me acompaña en la foto?

Pepe Lorenzo
Grupo B


Mi hermano

El día de su muerte el dolor te partió en dos, se deshilachó la realidad y se difuminaron los contornos de las cosas. Desorientado, tratabas de volver a este lado una y otra vez, pero no sabías cómo hacerlo y yo no sabía cómo ayudarte .
No fue posible tu regreso y entonces decidí ir a visitarte, pero con el tiempo he aprendido a visitar esa zona fronteriza donde se pierde tu mirada; cuando consigo llegar,dejo de preguntarme por qué a ti y consigo reir contigo y decirte que te quiero y que eres mi mejor hermano.

Pilar Sánchez Barbero
Grupo A


Un tesoro

Alfredo es una de esas raras avis a las que de vez en cuando les gusta ver sus álbumes de fotos. Esos álbumes que ahora, en la era digital, empiezan a estar en peligro de extinción por obra y gracia del océano de fotografías que cada cual guarda en sus teléfonos móviles y que hace imposible volverlas a ver con algún detenimiento, pues necesitaríamos empeñar varias vidas en ello. Pero Alfredo hace pocas fotos, y las que hace las revela, guardándolas con mimo en su álbumes, de los que ya tiene una docena larga. Algo más de dos mil, en total. No muchas, si tenemos en cuenta los treinta años que tiene. De entre ellas, sus predilectas son las fotos estrictamente familiares, y de un tiempo a esta parte le ha dado por rescatar y colocar en un pequeño álbum todas aquellas en las que aparece con su padre, enfermo de Alzheimer. Ayer, tomando el café en su casa, me enseñó la última foto que se había hecho con él.

—Nos la hicieron hace una semana, en el centro de la Asociación —me dijo, con la misma sonrisa que prodiga en la foto—. Y me encanta ver nuestras dos frentes pegadas la una a la otra. Hay una continuidad en los surcos de la frente que me resulta simbólica. En realidad somos un continuo él y yo. La vida empieza en él y acaba en mí. Es mi sonrisa, mi ternura lo que se ve pero es evidente que todo eso tiene su origen en él, que me lo transmite a través de cada surco de su frente que desemboca en la mía. ¡Y mira —me dice, emocionado— el triángulo de luz que se forma entre los dos rostros! Es como la llamarada del amor paternofilial que hay entre los dos —entonces Alfredo se calla y deja escapar una lágrima—. Es la vida —continua—. Yo veo esta foto, y la anterior, y la anterior, y la otra, y así hasta la primera que tengo con él. Las veo todas, como si fueran los vagones de un tren en el que viajáramos los dos. Esta última es como la locomotora que tira de las demás y, no me digas cómo, las hace actuales. Tú lo ves así, como está ahora, y a lo mejor sólo sientes lástima, pero yo tengo todas las fotos en la cabeza, con todo lo que representan ¡y qué diablos! ¿te puedes creer que cuanto más “se aleja” —entrecomilló con los dedos el aire— más le quiero? —Luego suspiró—: estoy deseando hacerle la próxima foto y que esta que ves sea un vagón más.

Yo, entonces, balbucí una media sonrisa y asentí con la cabeza. Casi sin querer posé la vista sobre una mesilla auxiliar que tenía a mi lado y vi la foto de Alfredo junto con su hijo de apenas unos meses. Alfredo sonreía feliz aunque el niño estaba muy serio. Las frentes de ambos se tocaban. El continuo de la vida.

Óscar Martín
Grupo A


Olvido

Padre, todos sabemos
que ya no eres el mismo.
Tus ojos, antes tan expresivos,
se han vuelto opacos y vacíos.

Tu rostro sin atisbo de pena ni de alegría,
muestra una mueca,
parecida a una sonrisa
a quienes te hablan o miran.

Tus manos temblorosas
buscan las mías,
como yo busqué las tuyas,
en mi infancia perdida.

Padre, ahora yo
seré guía y compañero
en tu largo viaje,
por el rio del olvido.

Marian Pérez Benito
Grupo A


Complicidad

Miraron a través del ventanal del gran gusano de hierro que se deslizaba sobre la vía a ninguna parte.
Vertiginosas se dibujaban las encinas, sostenidas por tosca alfombra, mientras Juan decía al hijo "observa, Mario, como alzan sus pompones éstas bailarinas". Y, apoyados por sus frentes, los dos se unieron en la extraordinaria visión de un baile del " can-can" en el mismísimo Moulin- Rougee que el campo dibujaba verde.

Leonor Martín Merchán
Grupo A


Sonrisa

-Mira, José María, a la cámara y sonríe. Va a ser una instantánea para la posteridad. No pongas esa cara de ido, abre un poco la boca y enseña los dientes ¡Uff! Se me olvidó, Lo siento, padre, ha sido un “lapsus”. Venga, no te enfades. Ya sabes que soy un poco tarambana y a veces digo cosas sin querer. Lo de los dientes, no tiene perdón. Sé lo mucho que te han hecho padecer. Desde joven tuviste caries y mala higiene, incluso una confusión se llevó dos muelas. Me lo contó la abuela. El dentista empezó a hablar y hablar sobre los problemas de la gente que no se cuida la boca y te arrancó la muela que no te dolía. Venga, volvamos a lo que importa, se me va la olla, estoy nervioso, esta foto quiero que nos inmortalice y tenemos que poner nuestra mejor cara, sí, la de los domingos. Venga, hombre, anímate y echa el resto; que nadie diga luego que no hemos salido estupendos. Yo voy a poner mi mejor sonrisa, esa que me hace simpático, con algo de picardía. Tú procura no apenarte que luego los nietos van a creer que no te cuidamos y ya sabes que todos estamos pendientes de ti, de día y de noche porque no se te puede dejar ni un momento solo. Ayer montaste una, pero mejor no hablar de ello que te pones triste, mejor pensar en la Mary que te quiso tanto y en el viaje de bodas a Soria ¡Qué bonitos momentos! Hombre, parece que los ojos te han brillado con esos recuerdos. Venga, esta es la buena, dispara.

JB
Grupo C


Y tú quién eres

¿El cerebro maneja el cuerpo o el cuerpo maneja el cerebro?¿Cuando no aguantas más tristeza tu cuerpo enferma? O por el contrario, ¿es el deterioro físico el que daña el cerebro? ¿Acaso no somos nadie sin pensamiento? Sabemos que toda vida es sentir y entonces y sin remedio recordar. Y que lo hace desde el planeta tierra hasta el más elemental ser; todo es memoria. Y sin ella qué.

Seguimos sin encontrar el nexo entre mente y cuerpo. La enfermedad no es otra cosa que la evidencia deque se rompe la sintonía.Y me pregunto, por qué vivimos si no le encontramos gusto a la vida. Por qué no nos dejan morir si nos da la gana. Quién ha dicho que la vida es sagrada y que los que intentan quitarse de en medio deben estar sometidos a vigilancia…

En medio de estas divagaciones andaban José María aquejado de alzheimer y su hijoJóse, cuando una cuidadora les tomó la foto. Todas las semanas Jóse, suele ir un rato a estar con su padre en la Residencia. “El porvenir”,se llama. Necesita hacer esa visita para no sentirse un traidor pero le agobia escucharlo, mascullandosiempre las mismas preocupaciones, acerca de qué pinta aquí, aunque cada vez de forma más confusa. Se parecen tanto que ambos tienen dudas de quién es uno y quién es otro. Yo, su pasado, él, mi futuro. Entre el espanto y la risase alternanen la percepción delo que fueron y serán. En ese momento de la fotografía, capturado a plena luz, el ancianopiensa que es el hijo y no soporta quién es ahora, por eso mira con severidad y desconfianza el mundo que está fuera de él y le está robando sus pensamientos. El hijo en cambio sonríe porque ve lejos el futuro que tiene enfrente.

Sagrario Martínez
Grupo B


Tristeza de amor

Mira la foto papa, nuestras cabezas están juntas, estamos conectados, no te preocupes, tus pensamientos pasarán a mí, sin necesidad de palabras.
Hijo no me dejes tengo miedo, se me olvidan las cosas, las personas, no me salen las palabras, estoy inquieto, me pierdo, ¿dónde estoy?, no entiendo nada, me voy fragmentando.Estoy asustado, no puedo, no quiero, me desgarro por dentro al observar que ya no conozco, todo me resulta extraño.
Quiero que me guíes, soy un caos, nada tiene sentido, ni comer, ni despertarse, olvido ponerme la ropa, no levantó las persianas, no sé cuál es el ordensi el día o la noche.
Me preguntas, no te entiendo, es una sordera semántica, disimulas tu desconcierto con ratos de sonrisa y momentos de tristeza.
¿Tú tampoco lo sabes?
No me dejes, quiero gritar, golpear, estoy triste y no lloro, es una pesadilla, pierdo mis recuerdos y con elloslos afectos por la vida, en definitiva, me desconecto…
¿Y tú quién eres?

Sin nombre


El poder de una sonrisa

¿Qué era ese aparato que apuntaba hacia mí? Había visto algo parecido antes, pero no recordaba dónde.
¿Y esa mujer que miraba a través de él? Había entrado hace unos minutos en la habitación. José María se había levantado y habían salido juntos.
Yo me había quedado sólo con esa niña que venía de vez en cuando. A veces me sonreía. Otras, miraba hacia otro lado tratando de evitar mi mirada.
No sabía bien quien era, pero ese rostro me resultaba familiar. Eso ojos, esa nariz… ¿Algún pariente lejano?
¿Qué querría esa mujer? ¿Por qué se había llevado a mi José María?
No llevaba bata blanca, así que no podía ser una enfermera.
Entraron de nuevo en la habitación. José María me sonrió.
-Papá, nos van a hacer una foto, ¿vale?
¿Una foto?
La mujer se puso justo delante de mí. Me sonrió y, sin dejar de hacerlo, me apuntó con ese aparato.
Hizo un sonido extraño, como un crujido.
¿Qué significaba aquello? ¿Por qué nos apuntaban? ¿Qué querían de mí y de mi José María?
-Venga, otra. Por si acaso… -dijo la mujer.
¿Otra? ¿Cómo que otra? Todo aquello era muy extraño…
Entonces noté la frente de José María contra la mía. Su mano, en mi espalda. Estaba sonriendo… Fuera lo que fuera aquello, parecía gustarle. La mujer también sonreía.
Así que eso es lo que tengo que hacer… Intenté imitar sus gestos con mis labios y miré hacia el aparato.
La mujer empezó a sonreír con más fuerza. La mano de José María tembló ligeramente.
El aparato volvió a crujir.
Miré a la niña. Aunque a ella no la apuntaban, también sonreía. Pero no lo hacía como los demás. Tenía los ojos llorosos y una lágrima empezó a caer junto a su nariz.
Esa nariz… Me era tan familiar…

Juan Salado
Grupo C


Desconcierto

"Hoy, al fin, escribo desde un rincón de mi casa. Desde donde he invertido la mayor parte de mi tiempo en este afán.
Escribir bajo presión, para mí, siempre ha sido un desconcierto, un desacierto, un error. Y no es que me hayan presionado, en absoluto. Pero sí me he marcado objetivos que, como de costumbre, me cuesta cumplir. Cuando soy libre es cuando más logro relatar.
He intentado escribir en una biblioteca, en una cafetería en la que, a pesar de los ruidos, he sido capaz de insonorizar mi alrededor. Sin embargo, no he sabido hasta este mismo momento ponerme “en serio”. Bajo una luz potente que alumbra toda mi habitación y con la sutileza musical “Spring Waltz” de Frédéric Chopin, decido ponerme manos a la obra.
“¿Qué refleja para vosotros esta fotografía que tenemos entre manos?” Preguntaba el otro día Raúl, de modo generalizado. He tratado de responder desde ese mismo día, pero nada me convencía.
Es cierto, en mi familia más cercana se ha dado una situación de éstas. En la que mi abuela empezaba olvidando para qué servían las llaves hasta dejar de reconocernos.
Por eso, para mí, esta fotografía refleja cierto desconcierto. Pese al momento de lucidez que experimenta el anciano al ver a su hijo, quien sonríe, porque su padre le sujeta todavía en su memoria. “Sabiendo el declive que vendrá, que aún me recuerde es un milagro”, pensará él con gran acierto. Pero mi primera reacción es desconcierto, así como creo que se sienten ellos.
Primero, ante el gesto de padre. Quien manifiesta un rostro mustio y cuyos labios se mantienen cerrados y apagados, acompaña a su hijo en la foto e, incluso, en el recuerdo. Pero, y aunque sea mucho suponer, como se trata de expresar lo que refleja esta imagen para mí, he evocado lo que podría estar experimentando este hombre durante ese instante.
Numerosas veces le he preguntado a mi padre, si mi abuela era consciente, en algún momento de la enfermedad, de lo que le iba a suceder en un futuro no muy lejano. A lo que él siempre me ha respondido que sí, que veía que le iba a suceder lo mismo que le ocurrió a sus hermanos.
Desconcierto y pesadumbre es lo que debe sentir este hombre al contemplar a su hijo quien le devuelve la mirada con tristeza, previa a la fotografía, sabiendo que un día dejará de ser quien él ha sido. Porque el alzheimer todo lo borra, principalmente la identidad. Dejas de ser quien eras. No sé cuánto alcanzará ese olvido, pero diría que arrasa con casi todo, menos con la capacidad de emocionarse. De hecho, yo recuerdo como mi abuela se ponía a llorar cuando veía desde lo lejos llegar a mi padre, aunque ya no le reconociera. Años después sigo desconociendo mucho de la enfermedad, pero podría garantizar que el padre muestra su rostro inmóvil, ante el desconcierto de ver a su hijo y recordarlo, aún a sabiendas de lo que le está por suceder.
Desconcierto sentirá el hijo porque, aun sabiendo de su vulnerabilidad, es capaz de recordarlo todavía. Por eso, decide hacer una fotografía, para que en el futuro pueda acordarse de él con mayor nitidez, pues bien sabe de lo frágil que es la memoria, incluso sin enfermar.
Por eso, sonríe, para inmortalizar el momento de lucidez de su padre.
Pero todo esto, quizás, es mucho suponer, aunque yo lo veo todo desde un prisma que me tocó vivir en el ayer."

Marta Lozano
Grupo C


Mirada

Miro la fotografía en blanco y negro de dos hombres de rasgos compartidos, son padre e hijo.
El de mayor edad, tiene la mirada seria, ausente, triste, como si estuviera observando una barca varada en el barro. Tal vez trate de recordar al niño que un día ya lejano fue, subido al árbol de la vida oteando un horizonte limpio, cuando todo estaba por escribir, tal vez intente recordar al hombre adulto que ya escribió su historia, de la que apenas recuerda retazos sueltos y nos sabe bien si vividos o soñados, sea una u otra cosa ya da igual, llego su ocaso.
El más joven sonríe al fotógrafo, esta agradecido, este momento quedará atrapado para siempre, será la prueba irrefutable de que padre e hijo compartieron un espacio en el tiempo y como la vida misma, en blanco y negro.

M. Victoria GL.
Grupo B


Déjame en paz

- Sonríe Papa.
“¿Quién es este? Será alguno de estos que a veces viene por aquí, no sé cómo se llama, no recuerdo su nombre”.
- ¡Venga! Esa foto, que estás muy serio, pero... mira a la cámara.
“Cuando era niño iba a casa de mi abuela Anita en el pueblo”.
- ¿Qué tal estás?
- No quiero hablar, a mí no me gusta hablar. Déjame en paz.
“Tenía una perrita, la Tuli, una chuha negra muy lista ¡Jodía Tuli!”
“Otra vez me he he hecho pis, no lo voy a decir, a ver si no se da cuenta”.
- Sonríe papá.
“De qué se reirá”
“Tuli, Tuli, ven bonita”.

Aronbanda
Grupo B


Complicidad
Anclarse al presente

Al ver la foto, aun sin entenderla, se me representó la doble máscara griega que representa la comedia y la tragedia. En un segundo momento percibo claramente el acercamiento, a modo de barrido de la frente del hijo hacia la frente del padre, de tal manera, que se unen como dos piezas de un puzle, encajando hasta formar las dos arrugas una ola, una sola ola que se prolonga másallá de las dos personas, un continuo, una pertenencia.
Uno, dos tres, cuatro, cinco, seis, siete, once, doce, veinticinco treinta; ¡no perder la memoria! ¡Seguir contando segundos! Jose Maria sigue contando para no perder el hilo de la realidad, parahacer pie en la superficie blanda y cambiante del presente, para asirse a la consciencia, para no diluirse en los entresijos del tiempo y del cada vez más invasivo olvido.
-¡Aita sonríe para la foto¡ -y Jose Maria sonríe-, aunque el rictus de la boca ya no le obedece y los ojos se le disparan para compensar.

Aurora Martín Fiz
Grupo C


Se me ha nublado todo en la cabeza
y no me reconozco en el espejo
¿Soy ese chico joven o soy viejo?
En este puzle falla alguna pieza.

No recuerdo mi nombre ¡Qué tristeza!
Quiero rememorar, pero es complejo,
rebusco en mi memoria algún reflejo
que despeje mis dudas con firmeza.

Los años han borrado mi presente
dejándome vacío el pensamiento
e incapaz de saber lo que he vivido.

Ahora solo espero indiferente
a acabar, de una vez, con el tormento
que me llevó en sus alas al olvido.j

Aurora Zarco
Grupo B


La vía misma

Solo les vi unos instantes, fue menos de un segundo y a través de una ventanilla. Aun así, su imagen se quedó tatuada en algún lugar de mi memoria y la conservaré para siempre como uno de mis tesoros más valiosos. Evidentemente, eran un padre y un hijo. No había duda. Pero no estaba claro cuál era el padre y cuál era el hijo. El del pelo canoso tenía mirada pícara de niño travieso y el otro, el de rostro juvenil, tenía la mirada madura de quien ha sabido asumir responsabilidades.

Iban a pasar por el pueblo y nadie se lo quería perder. Eran los héroes del momento y los periódicos no hablaban de otra cosa que no fuera la proeza de aquel padre y aquel hijo que estaban dando la vuelta al mundo en un tren a vapor hecho exclusivamente con puré de patata. Lo habían hecho ellos con sus propias manos. Habían pelado los tubérculos, los habían hervido, amasado y modelado. La locomotora era blanca, elegante y grumosa y arrastraba estoicamente más de ochenta vagones hechos de puré de patata, con asientos de puré de patata, pasajeros de puré de patata y hasta un vagón restaurante de puré de patata, en el que se servía un delicioso puré de patata hecho de puré de patata.

Hasta el humo que salía de la chimenea, blanco y espeso como el puré de patata, era de puré de patata. El pueblo entero estaba allí para saludar a estos héroes nacionales. Algunos con pancartas. En un momento, la destartalada megafonía insistió en que nos alejáramos de la vía y todos hicimos exactamente lo contrario. Es lo que sucede con las cosas excepcionales que se cruzan en nuestra vida, que queremos estar cerca cuando pasan.

Aquel maravilloso tren, descomunal, blandito y amable, atravesó la estación en un instante y sin detenerse. Yo intenté ver a los protagonistas, pero las ventanillas de la locomotora apenas regalaban un segundo del interior.

El tren venía envuelto en una nube de mariposas y avispas curiosonas libando patata. Detrás de las avispas, venían batracios hambrientos, verdes y brillantes, y saltamontes color azul metalizado y escarabajos peloteros empujando balones de colores que algunos gatos persas intentaban atrapar. Casi alcanzando a los gatos, venía un tropel de liebres, topos y koalas que solo querían jugar, y cervatillos, y orangutanes, y dos jirafas al galope. Y, si mirabas al cielo, una nube de pájaros acompañaba al delicioso convoy. Había jilgueros, gaviotas, golondrinas, gavilanes, loros de colores, pavos reales y aves del paraíso. Creo que también vi avestruces.

Pero lo más increíble, sin duda, era lo del río. Junto a la vía del tren, de toda la vida, corría un arroyito ponzoñoso, criadero de verdín, donde flotaban latas y alguna zapatilla, pero ese día bajaba limpio y concurrido. Escoltando al tren saltaban delfines, ballenas, esturiones, pulpos y peces voladores, perfectamente coreografiados para escribir en el aire sonetos con caligrafía gótica.

Todo eso pasó por delante de mí. Fue solo un instante. Fue menos de un segundo. Sin embargo, la imagen que se quedó en mi retina, como tatuada en algún lugar de la memoria, fue la mirada cómplice de aquel padre y aquel hijo. Fue un instante robado al interior del tren de una vida. Aquello sí era mágico. Conservaré ese instante como uno de mis tesoros más valiosos.


Luis Piedrahita
Humorista

Qué bonito nombre tienes

Esta semana hemos iniciado las sesiones del taller de escritura creativa con música. La breve playlist que compartimos nos ha hecho, por un momento, más felices: Izaro, Al Bano y Romina Power, Rafaella Carrá, Luis Aguilé, Palito Ortega y Lichis, de "La Cabra mecánica" que en su canción nos habla del bonito nombre que tiene la felicidad.
Recomendamos la conferencia de Juan Antonio González Iglesias titulada "La felicidad, fruto perfecto de la cultura clásica" en la que el profesor y poeta repasa, ilustrándolos con poemas, los componentes de la felicidad (equilibrios, amistad, amor, viajes, lecturas, vino, sencillez y límites) y las cosas que según Marcial, hacen la vida más feliz (Epigrama, 10,47):

¿Cosas que hacen la vida más feliz?
mi encantador amigo, aquí las tienes:
patrimonio que venga por herencia,
no con mucho trabajo. Un terrenito
agradecido. Siempre fuego en casa.
Nunca ir a juicio, pocas veces ropa
de etiqueta. Tener buena genética
y un cuerpo sano. Una equilibrada
sencillez. Los amigos, entre iguales.
Comida sobria, no sofisticada.
Noche sin embriaguez y sin agobios.
Alegría en la cama, aunque sin vicios.
Un sueño que haga breves las tinieblas.
Querer ser lo que eres, nada más.
La muerte, no temerla y no pedirla.


La revista Litoral dedicó su número 272 a "La felicidad". Dejamos por aquí algunos textos de muestra, como el poema de Rocío Rojas-Marcos titulado "La felicidad" en el que la describe como un pez escurridizo:



Rozábamos con los dedos
lo que nunca supimos agarrar,
nunca nos perteneció.
Fue como el pez que salta de su pecera
imposible sujetarlo con las manos
imposible devolverlo dentro.


En una de las páginas de la revista aparece un buen repertorio de frases que muestran diferentes conceptos a cerca de la felicidad, algunos más optimistas que otros:

La gente se conforma con un nivel de desesperación que puede tolerar y le llama felicidad. (Soren Kierkegaard)

Cuando sea vieja no quiero parecer más joven, quiero parecer más feliz. (Anna Magnani)

Sabemos que existe la felicidad, pero como ese borracho que va dando tumbos por la calle, sabiendo que tiene una casa, pero sin encontrarla. (Voltaire)

Si tienes la sensación de que puedes ser feliz, ten paciencia, pronto se te pasará. (Tennessee Williams)

Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo. (Sigmund Freud)

Añadimos un microrrelato de Rodrigo Parra Sandoval titulado "Tanto ser feliz" en el que añora la infelicidad y un poema de César Vallejo titulado "Quisiera hoy ser feliz" con un verso inicial endecasílabo para enmarcar:

Todo lo que deseaba se me concedía: deseaba que me saliera un negocio, y me salía, que mi madre se mejorara, y se mejoraba, que me quisiera esa negra hermosa de la esquina, y me quería; que me ganara la lotería, y me la ganaba, que se le secara un brazo al grandulón que me había azotado contra el suelo, y se le secaba; que mi primita de quince años se acostara conmigo, y se acostaba; que mis manos se volvieran milagrosas en el arte de la mecánica, y se volvían... y así en todo. Hasta que, de tanto ser feliz, comencé a aburrirme porque las cosas eran demasiado fáciles. Y un día me encontré añorando mi infelicidad, mi tristeza de cuando nada se me daba. Añoré el peligro, el riesgo, la posibilidad de perder nuevamente. Añoré sobre todo la posibilidad de amar con la amenaza del abandono sobre mi cabeza, del sufrimiento, de la pérdida.

***

Quisiera hoy ser feliz de buena gana,
ser feliz y portarme frondoso de preguntas,
y abrir por temperamento de par en par cuarto, como loco,
y reclamar, en fin,
en mi confianza física acostado,
sólo por ver si quieren,
sólo por ver si quieren probar de mi espontanea posición,
reclamar, voy diciendo,
por qué me dan así tanto en el alma.

Pues quisiera en sustancia ser dichoso,
obrar sin bastón, laica humildad, ni burro negro.

Así las sensaciones de este mundo,
los cantos subjuntivos,
el lápiz que perdí en mi cavidad
y mis amados órganos de llanto.

Hermano persuasible, camarada,
padre por la grandeza, hijo mortal,
amigo y contendor, inmenso documento de Darwin:
¿a qué hora, pues, vendrán con mi retrato?
¿A los goces? ¿Acaso sobre goce amortajado?
¿Más temprano? ¿Quién sabe, a las porfías?

A las misericordias, camarada,
hombre mío en rechazo y observación, vecino
en cuyo cuello enorme sube y baja,
al natural, sin hilo, mi esperanza...

Puedes asomarte también al artículo de Ignacio Echevarria titulado "Literatura y felicidad" publicado en "El Cultural" 


Propuesta de escritura;

1. Durante el transcurso del taller propusimos escribir una carta a la Felicidad incluyendo en ella las palabras "amistad", "amor", "viajes", "lecturas" y dimos a elegir entre "vino" y "sencillez". Propusimos enviarla certificada y con acuse de recibo.
2. En la canción "Peces de ciudad" Joaquín Sabina dice "En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". Este verso está inspirado en el poema de Félix Grande titulado "No debieras volver jamás" cuyo comienzo es: Donde fuiste feliz alguna vez no debieras volver jamás: el tiempo / habrá hecho sus destrozos, levantando / su muro fronterizo / contra el que la ilusión chocará estupefacta. ¿En qué cosiste la tarea? En desmentir estos versos. Podéir volver a ese lugar (persona, libro, viaje) donde fuisteis felices y aunque el tiempo dejara su pequeña o gran huella aún sigue latiendo el rastro de la felicidad. 

Estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Carta a la felicidad

Todo el mundo me dice que tengo todo lo necesario para que me acompañes en mi paseo por la vida, si " tenerte a tí felicidad". Soy consciente de que eso debería ser así.
Tengo amistades a las que pocas veces veo, tengo el amor de mi hija y mi familia. Me gusta viajar y leer aunque hace tiempo que no leo.
A pesar de todo, ahora no te siento " felicidad, donde estás?", no te encuentro ni en mi soledad ni en ningún otro sitio.
Quizá te has escondido para que yo me esfuerce en encontrarte o quizá soy yo quien no sabe cómo buscarte.
No sé que tienes previsto para mí o cómo he dicho antes mi tarea es buscarte.
Alomejor mi actual situación de desasosiego y tristeza, te cubren de niebla y no me dejan verte. Puede que más adelante ,cuando en mi mente haya paz, esa niebla desaparezca , aparecerás tu con la luz del sol y el azul del cielo.
Me despido de ti con la esperanza de salga el sol y podamos tomar un café.

Isabel Gallego
Grupo A


Nostalgias del tiempo

Volví después de mucho tiempo, seguían las mismas casas por fuera, pero ya no por dentro, había almas que volaban ya demasiado lejos, y otras que sin querer seguían sus pasos, en esos pisos ya ocupados por extraños.
Las calles eran solitarias, como siempre, en ese sentido el mismo ambiente, algún perro solitario, despistado paseaba a mi paso, hasta que de pronto encontró su espacio.
Como cambia la vida en tan solo unos años, ayer este lugar era mi casa, o mejor dicho mi hogar, toda mi vida, mis recuerdos de niña y adolescencia, y hoy ya no hay nada de mi presencia, ni siquiera el reflejo del espejo que me mira es el mismo, parece que de pronto he entrado en un abismo, entre lo que fui y lo que soy.
Que pronto se escribe la vida, cuando los años pasan ya tan deprisa, y la nostalgia aprieta a toda prisa.

Ana Sánchez Taramon
Grupo C


Estimada felicidad:

Dónde te encuentras este anodino final de octubre... Te siento ausente. Hoy navego entre recuerdos con aroma de nostalgia donde abundan brindis y cenas de noches de verano sin prisas ni pausas en las q disfrutaba de la amistad. Sensaciones mágicas como el agua en la piel y la caricia del sol, el comienzo de un libro, la emoción del viaje, la mousse de chocolate, un beso y una canción, estrenar un vestido y visitar a la abuela, el diez en el examen y el amado en la esquina, la tortilla en familia, el primer destino y esperar el último. Ver crecer los tomates, las rosas y los días... De todas estas vivencias solo queda un poso agónico.
Felicidad dónde habitas estas tardes de lluvia en las que el cansancio bloquea mi dicha y una lista interminable de tareas aplaza mis lecturas y mis afectos
Felicidad, quiero reconocerte en algún recoveco de este oscuro otoño y que me acompañes sin pretexto.

Te saluda siempre.

Pilar Sánchez
Grupo B


Principio y fin

En aquel tiempo yo me sentía amado, protegido y feliz. Después cortaron el cordón umbilical y todo empezó a estropearse. Lo peor es que ya no hay forma de volver atrás. En mi desesperación sólo me queda la fuga hacia adelante. El viaje termina antes del principio, y después del fin. 

Ignacio Aparicio
Grupo A


Ayer

Sentí tu vientre sesgado, rojizo,
marcando surcos de óxido por la lluvia y el temporal.Mientras tu robusto tronco se erguía, con los lánguidos brazos del abeto que se quiere descolgar, del añejo tiempo mantenido tras los siglos.Espectador anónimo de
largos besos, promesas inscritas
sobre tu piel de corcho, invisibles
huellas, transferidas en el deambular.
Si un día vuelvo, a tu querido seno, sé amable amigo, y acuna me en tus brazos, con las nanas del recuerdo, hacia un nuevo despertar.
Donde un día fui feliz.

Leonor Martín Merchán
Grupo A


Tenemos que volver

Llevo años repitiéndole a María que tenemos que volver.
Siempre andamos posponiéndolo por múltiples razones.
Hoy, por fin, hemos decidido volver.
Volveremos a aquel lugar donde estuvimos viviendo durante 10 años. Lugar donde nuestros hijos dieron sus primeros pasos; lugar donde nuestro hijo mayor comenzó a tener amigos; donde comenzó a ir a la escuela.
Aquella casita en pleno campo, rodeada de hierba, de árboles y donde alrededor de la misma llegué a cultivar un pequeño jardín. Teníamos rosales, rosas sin espinas, tulipanes, jacintos, lirios y dalias entre otras flores. Aquel lugar desde donde se veía la sonsierra de Cantabria; donde soplaba el viento con tal intensidad que llovía en horizontal. Aquel lugar que en invierno llegó a quedarse completamente aislado por la nieve; pero que calentábamos con leña en una chimenea del salón. Aquel salón con 7 ventanas y un balcón al que nos asomábamos para ver a los niños jugar. Con ellos estaba un gran pastor alemán que les quería y protegía; ningún animal se podía acercar a los niños sin que se encontrara con aquel perrazo de frente; las personas que andaban por allí se cuidaban muy mucho de acercarse cuando le veían.
Aquel lugar donde todos los familiares y amigos que nos visitaron se fueron encantados de haber pasado unos días en aquella zona tan paradisíaca. Claro que nunca nos visitaron en invierno.
Estos y otros recuerdos se acumulaban en nuestra mente. Algunos los comentamos días antes de salir y otros los íbamos hablando durante el trayecto hacia nuestro destino.
Por fin llegamos.
Llegamos y nada encontramos.
Nos bajamos del coche y nos pusimos a caminar. Caminamos y pisamos por donde habíamos vivido. Pisamos la hierba. Las casas habían desaparecido. ¡Solo había hierba!
Empezamos a caminar y a pisar, y estuvimos a punto de llorar.
Nos miramos, nos abrazamos, y recordamos casi a la vez de la película “ esplendor en la hierba” su famosa frase:” a pesar de todo, la belleza permanece en el recuerdo”.

José Luis Fonseca
Grupo A


Volver a Felicidad

El pasado lunes, bajo la dirección de Raúl Vacas, tuvo lugar en la Casa de las Conchas una nueva sesión del Taller de Escritura Creativa, en el que se abordó el tema de la Felicidad con la propuesta “Qué bonito nombre tienes”. Dado el interés del debate que se produjo durante su desarrollo, hemos mantenido una entrevista con uno de los participantes en el mismo, dela que transcribimos un sucinto resumen:

P. Buenas tardes

R. Buenas tardes

P.¿En qué consistió el Taller?

R. En la lectura de una recopilación de diversos escritos de autores conocidos, recogidos por Raúl, que nos ilustró sobre distintas formas de abordar este tema. Debatimos sobre aspectos variados y sobre la Felicidad en sí misma. Además hicimos un ejercicio.

P.¿Sacaron alguna conclusión de la lectura y del debate?

R. Que hay tantas opiniones como escritores o como participantes en el debate.

P.¿Puede comentarnos el ejercicio que hicieron?

R. Consistió en escribir una carta dirigida a la Felicidad…”Querida Felicidad:….”

P.¿Cuál fue el resultado?

R. Hubo muchas formas de abordar el tema. Unos participantes describieron su felicidad, otros interpelaron a la Felicidad, otros recordaron situaciones especialmente felices, otros fueron más poéticos… Siempre es muy enriquecedor comprobar la diversidad en la que nos movemos.

P.¿Algo más que reseñar?

R. También se propuso una tarea para enviar al blog.

P.¿Sí? ¿Cuál?

R. “Vuelta a un lugar donde fui/fuimos feliz/felices”.

P.¿Qué opinión tiene al respecto?

R. Que es imposible volver al mismo lugar y sentir la misma felicidad, el lugar habrá cambiado y las circunstancias también.

P.¿Cree que volvería a ser feliz?

R. Por supuesto, sería posible, pero sería otra felicidad, no una felicidad repetida.

P.¿Es usted feliz?

R. Yo no soy feliz, estoy feliz cuando toca, no creo en el concepto “ser feliz”, aunque parezca el objetivo último de nuestras vidas.

P.¿No es feliz ahora?

R. Ahora estoy feliz, durante esta entrevista, tomando esta cerveza y este queso, charlando, estoy más bien feliz que otra cosa.

P.¿Puede describir algún momento en el que “estuvo” feliz?

R. Hay muchos.

P.Por ejemplo, uno reciente.

R. Viniendo hacia aquí, pasé por la Plaza. Después de mucho tiempo, por fin llovía. La vista era preciosa. Pasaba un ciclista, saqué el móvil y tomé una foto, una buena foto. Por un momento estuve feliz.

P.Si volviera a pasar por la Plaza ¿volvería a “estar feliz”?

R. Dependería del momento, pero seguro que la felicidad y la foto serían diferentes.

P.¿Puede concluir la entrevista con una frase?

R. ¡Qué poco se necesita para estar feliz!

P. Buenas tardes

R. Buenas tardes

Manuel Medarde
Grupo A


Bucando la felicidad

Sin saber cómo, sin más, anidó en mi interior una sensación de paz largamente olvidada. No, no podía tratarse de la felicidad. Imposible que dejara atraparse de forma tan despreocupada. La había buscado hasta desfallecer, rastreando lugares absurdos e inimaginables, en vasos de líquido ardiente, en garitos inmundos y peligrosos, entre los colores alucinantes y destructores de mundos psicodélicos. Escurridiza y serpenteante, desaparecía, envileciendo más y más a un hombre acongojado. Caminé caminos de barrizales tortuosos y nunca se dejó atrapar.
Desde no hace mucho, no sé bien cuándo, he descubierto la belleza del amanecer y me ha embelesado el cielo rojizo de los atardeceres. He hallado sosiego en las melodías que las olas interpretan en su ondear continuo, mientras la brisa, estrellándose en mi rostro, me devuelve a otro tiempo lejano y añorado. He revivido el olor a tierra mojada y sentido un dulce cosquilleo interior con el abrazo tierno de mi niña chica, mientras resbala por mi rostro una gota amarga y dolorosa.
No sé cuándo ni cómo, pero me adormecí en estas cosas simples y cercanas. Ya no quiero despertar. Desisto de perseguir a aquella diosa cruel e inalcanzable, voluble y caprichosa, que va y viene, huye y se esconde, hasta conseguir que una densa bruma se instale en el alma.
Aún me queda perdonarme, y me perdono. Me resulta duro, pero no puedo seguir flagelando mi espíritu con el pasado.

Evaristo Hernández
Grupo B


Querida Felicidad

Hace mucho tiempo que no nos vemos, que no nos sentimos. El destino lo quiso así, pero nada, ni nadie, se ha llevado los años donde fuimos tan felices.
Te acuerdas cuando llegamos a la Isla, los primeros años que solo necesitábamos mirarnos a los ojos y de la mano recorríamos la avenida frente al mar, proyectando nuestro futuro?
El nacimiento de nuestro primer hijo, era otoño, y a los pocos meses, recibía su primer bautismo en las aguas del océano, que nos acompañó durante los mejores años de nuestra vida. Después llegaron las niñas y fuimos haciendo camino.
Aquellos domingos, después de correr en el monte, tú, esperabas impaciente para ir a la playa. Como te gustaba pasear por la arena! Y de vez en cuando algún susto! Siempre se nos perdía algún niño.
Con el tiempo, dejamos la Isla, en contra de mi voluntad, porque a ti te hacía mucha ilusión volver con tu familia.
Nunca deje de ser feliz a tu lado. Tu eterna sonrisa me embriagaba.
Nos fuimos haciendo mayores, y era inevitable no programar alguna escapada al mar y si era rodeado de montañas, mucho mejor.
Aquellos viajes a Galicia, Asturias, y que me dices de Estoril! Ese viaje fue maravilloso, comiendo al lado del mar, los paseos hasta Cascáis y por la noche en el Casino, apurando nuestra última copa de vino antes de ir a dormir.
Y de Biarritz! cuando después de haber pasado un día maravilloso, de vuelta a San Sebastián, el GPS nos jugó una mala pasada y después de haber dado unas cuantas vueltas sin conseguir salir de allí, nos llevó hasta la puerta del cementerio diciendo: —ha llegado a su destino— Aun recuerdo tu cara de asombro, cuando cabreado apagué el dispositivo y salimos de allí como alma que lleva el diablo.
Tu risa contagiosa me abrió el camino hacia San Sebastian. Días fantásticos paseando por la Concha y recordando, nuestro mar, lejano pero siempre presente de nuestra querida Isla.
Tu recuerdo, me hace sentir el hombre más feliz del mundo.
Paradojas de la vida, cariño! con lo feliz que eras y nunca te gustó tu nombre.

Pedro Gómez Rodríguez
Grupo C


Y volví al lugar
donde fui tan feliz
a pasear de la mano
de tus recuerdos.
A caminar por las montañas
entre nubes de algodón.
A sumergir entre las aguas
del océano
mis sueños.

Pedro Gómez Rodríguez
Grupo C


Quise volver

Quise volver, ya era tarde.
Las vías ya desmanteladas,
la casa vacia.
las maletas demasiado llenas.
Quise recordar sueños,
cortarme el pelo
como un tazón,
y me seguía creciendo
como le crecen a los muertos.
Quise que esos viejos lánguidos
con mirada extraviada, infinita,
que pasean, como yo,
descaminados,
fueran los jóvenes vigorosos
que yo admiraba de niña.
Quise sandalias nuevas,
y jugar a la rayuela,
un bocadillo,
ir al río en verano,
no tener hipotecas.
Quise
llamar a mi madre,
quise llamar a mi padre,
y que respondieran.
Ya era tarde.
Ahora,
por lo menos,
quiero ser un paisaje solaz,
afirmativo,
un bosque templado,
un llano abierto y hermoso en primavera,
una laguna cálida y transparente,
una marisma generosa.
En resumen,
quiero ser ese lugar feliz
donde tú vuelvas.

Marisa Sánchez
Grupo C


Eché la vista atrás hacia mi infancia,
a aquél tiempo feliz entre algodones,
quise volver allí por mil razones,
borrar, por un momento, la distancia.

Envolverme otra vez en la fragancia
de los días repletos de ilusiones
y repasar de nuevo las lecciones
que sacan de la vida la sustancia.

Volver a ser la niña soñadora
que volaba, sin alas, en los cuentos
pintando de ilusión la realidad.

Y escapar de la prisa que devora
las ganas de soñar y los intentos
de disfrutar la vida de verdad.

Pura felicidad
vivir solo pensando en lo primario
sabiendo priorizar lo necesario.

Aurora Zarco
Grupo B


Búsqueda de instantes felices

Volvió al lugar de los sueños, donde nunca había estado.
Siempre imaginaba cómo sería ese estado inconsciente, donde fluyen las sensaciones, donde respiras y sientes, desde la sensibilidad extenuante y dolorosa, mientras flotas sobre nubes que dispersan la luz de las palabras. Toda su vida en un estado de prueba y error.
Y mientras el mundo giraba con ritmo inverso, ilógico y sin orden, Ada sintió que la templanza de su mano recorría su mejilla, y esquivando lágrimas de despedida, le daba la seguridad del instante. Sintió la fortaleza, el bienestar de la contemplación, y sola allí, frente al paisaje de ocres, azules y verdes, decidió por primera vez, que con su brújula, manejaría el timón de su vida.
Inició la marcha, giró por el camino y supo que hacía lo correcto.

Guadalupe Sanchón
Grupo C


Todo ha cambiado menos la iglesia

Cuando pienso en un lugar en el que fui feliz, regreso a una iglesia. No es una iglesia especialmente hermosa ni siquiera estoy dentro de ella. En mi recuerdo feliz, estoy en la puerta en un atardecer de verano. Cuando el calor no es tan intenso, salgo con mis padres y mis hermanas a pasear por las huertas que rodean la ciudad. Muchas veces terminamos en el puente sobre una acequia que lleva a la puerta de la iglesia, es muy corto y tiene un pretil donde sentarse. Allí mientras nos comemos los bocadillos que mi madre ha preparado como merienda-cena jugamos al veo veo.
Lo que se ve no es mucho, la única iluminación cercana es una bombilla triste que deja ver la imagen de la Mare de Déu de Mont-Olivet que se encuentra sobre la puerta cerrada. El retablo es de azulejo y resulta algo naíf, la imagen de la virgen sobre un olivo en el que duerme el cruzado de Russafa al que se apareció en Palestina. Junto al olivo se puede ver la iglesia rodeada de huertas con sus palmeras. Al fondo, el mar con dos veleros surcando sus aguas.
Comienzan a aparecer otros actores secundarios de esta obra, los mosquitos atraídos por la bombilla; los murciélagos y las salamanquesas a comérse a aquellos. Un coro de ranas ensaya timidamente no muy lejos. Es hora de irse y dejar que cenen tranquilamente.
Hoy la iglesia con su retablo sobre la puerta sigue en un entorno muy cambiado. Está rodeada de edificios que no han dejado ni un palmo de huerta. No hay rastro del puente ni de la acequia que salvaba. A escasos doscientos metros se unen el jardín de Turia con la Ciudad de las Artes y las Ciencias en lo que fue el lecho del río, ahora desviado. Allí mismo arranca la autopista del Saler.
Tampoco sería posible reunir a todos los que jugábamos al veo veo. Quizás sea posible encontrar a algunos personajes secundarios. Tengo que ir una noche de verano a comprobarlo.

Enrique Martínez
Grupo C


Mi primer beso

Paseábamos aquella tarde. Tú, a mi lado,yo, a tu lado.No recuerdo de qué me estabas hablando,sólo sé que estaba nervioso,temblaba como un pájaro mojado. De repente te quedaste quieta,mirándome.
Al contemplar tu rostro tan cerca,me invadió una fuerza extraña. Oía tu respiración,una respiración agitada;luego me fui acercandohasta que junté tus labios con los míos,menos que un segundo,con el pensamiento volando.
Así fue mi primer beso de adolescente,de inocente enamorado.De aquella tarde conservo también el recuerdo de un árbol,como mudo testigo de nuestro beso,de nuestra tierna aventura iniciada.
Sin embargo, hoy he pasadopor ese lugar exacto.El árbol ya no existe,tampoco estás tú a mi lado.Pero por un instante he sentidoel temblor de ese momentoy el sabor salado de tus labios,que bebí con mi primer beso.

Jaume Castejón
Grupo B


Mi carta a la felicidad.

Querida felicidad: Qué oportunidad me ha dado el taller al sugerir escribirte una carta, ¡tengo tantas cosas que decirte!, no es porque haga mucho que no nos vemos, sino que el estar oyendo hablar de ti toda la tarde, me ha emocionado tanto, hasta una lagrimilla se me ha escapado, que quiero que me oigas darte las gracias, porque siempre has estado conmigo, porque te siento. Hubo un tiempo en que, el que estuvieras conmigo no lo valoraba, me dabas, me has dado tantos momentos, me parecía normal, estando arropada por una familia fenomenal,un trabajo que me gustaba, buenos libros, divertidos viajes... casi casi de color de rosa.
Cuando podría haber desaparecido ese rosa de mi vida, no llegó el gris ¿por qué? Desde antes de nacer, Felicitas me esperaba, era el nombre de mi madre,y tú Felicidad, ¿también estabas preparada para para acompañarme?, aunque cambias de nombre, energía, optimismo, ganas de vivir, aprender a valorar lo que me rodeaba, tener amigos, familia…
Yo me esfuerzo para que sigas conmigo, para que me ayudes a caminar en esta nueva vida que me ha tocado ahora, ¡fíjate!, ahora mismo estoy charlando contigo, ¿verdad que es así cómo lo tengo que hacer?
Gracias, a los que me ayudan a conseguirte.

Inés Izquierdo
Grupo A


El revés del tiempo.

Volver
al pasado
retornar
al trastornado titán.
Azotar el tiempo
bocabajo.

Volver
a sentir el miedo primigenio
la distancia misma.
Desollar el declive
y desgarrar tiras de alma
y darles vuelta por regresar
donde no se estuvo.

Quizás
solo se puede volver
a lo que nunca fue eterno.

Volver
es marchar,
y rebosar el instante
con lo que siempre fue
y es en cualquier tiempo.

Morir y renacer
en el mismo compás.
Levantar los ojos,
danzar ligero.


volví ya, pues partiré,
siempre.

José Carlos Gómez
Grupo A


Cinco variaciones sobre la felicidad

1. Una adivinanza que me enseñaron de niña decía: “Alto como un pino y pesa menos que un comino”. La solución era el humo, la que yo pensaba: la felicidad.

2. Nadie sabe dónde está ni cómo se encuentra. 00Cambia de consistencia. Tanto puede ser el resultado de tener como de no tener. Y parara colmo, de ella nace la tristeza pero no ocurre al revés.

3. Ayer quizá fui feliz, un rato. Y estoy rebobinando para saber cómo lo conseguí y hacer que dure más, pero el caso es que no logro llegar a ese sitiopor voluntad. Desconozco si fue no haciendo nada o haciendo lo que me gusta. Si soñaba con lo que no es verdad o ignoraba lo que pasa en el mundo durmiendo a pierna suelta, con la tranquilidad que da saber que no te van a caer bombas encima.

4. Aunque no soy feliz, quiero seguir fuera, no quiero volver, no me da la gana. ¿Quién ha dicho que hay que regresar a la casa, a la familia a la patria? No, nada de eso me interesa; con los viajes me he ido desmemoriando y deshilachando, se acabaron las Ítacas. No quiero llegar zarrapastroso a demostrar que puedo tensar el arco con el que mantenía a raya a los enamorados de Penélope. Las mujeres ya no esperan a los héroes, ni necesitan crearlos para justificar su existencia. No, yano soy quien fui, no me dicen nada las estatuas. Así, perdida, soy más feliz.

5. Sabes, hija: Cuando el tiempo se acaba, no hay felicidad que valga. Todos queremos tiempo, todo lo demás es artificio.Solo somos felices cuando escapamos a su medida. Cuando amamos sin límite, cuando nos salimos del orden de las cosas. Cuando estamos dispuestos a morir por ese instante sin retorno.

Sagrario Martínez
Grupo B


Felicidad

Llegas con empeño y engaño,
Pero te vas y dejas silencio y ausencia
Sorprende el amor y arrulla
La amistad reconforta y mece
Pero tú dueles cuando se acaba el vino
Y ya no eres luz de mediodía
Ni plácida lectura bajo el sol naciente
Eres ángel insumiso y yo,
Al final de este viaje
Con mucho recelo entiendo
Que aunque parezca apariencia
Eres regalo y presencia.

Pilar Sánchez Barbero
Grupo B


El despertar

Advierto que estoy en el límite entre el sueño y la vigilia, dónde nada es real, donde todo es posible.
No tengo fuerzas para abrir los ojos, solo puedo percibir lo que tu boca, sin hablar, me manifiesta.
Empiezo a tensarme, a estar alerta ante el desasosiego que comienza a consumirme.
No hago nada, espero, respiro , siento y me deslizo por la pendiente del gozo.
Tú sigues degustando los placeres del rito que nos une, suscitando una danza de quejidos guturales y susurros que redoblan los timbales del placer.
Quedamos atrapados por el torrente del delirio, hasta que los rápidos de la corriente nos depositan, desmadejados, en las riberas de la pasión.
La mirada brillante y el postrer abrazo, lento, profundo, que erige montañas de lazos, tan fuertes que no atan; incitan a renovar los votos del deseo.
Hoy desperté sintiendo la felicidad de ser amado.

Calgari
Grupo A


La felicidad

La felicidad es volátil, como un globo que se te escapa de las manos, y se lleva todos tus sueños, tus ilusiones y tus esperanzas.

Luis Iglesias
Grupo B


Regresé

a sus palabras, a sus ojos miopes. Al cigarrillo a medias y a un café para dos.
Mirando como a través de una gasa suspendida en el aire, volví a ese lugar feliz, a ese lugar que el maestro dice que no has de volver...
La música había cesado y la piel estaba un poco más seca y ajada pero el carmín en los labios seguía gritando ven.

Eva Hernández
Grupo A


Tierra sin pan

Comarca histórica castigada por el olvido.
Calles estrechas y retorcidas.
El hambre, las enfermedades y la indiferencia habían condenado a las Hurdes
Se reducía a una de vasto pedregal
Escabrosa, salpicada de alquerías pequeñas.
Los habitantes transitaban por las calles intransitables.
La pobreza extrema dificultaba mirar el horizonte
Gabriel y Galán expresa de tal forma la pobreza que te hace entrar
en el dolor de la jurdana, sientes sus lágrimas y penas tan profundas por ella y su hijo.
Ni un trozo de mendrugo para llevárselo a la boca.
Por la cuesta del serrucho va bajando
La paupérrima jurdana.
Lleva el frío de las fiebres en los huesos,
Lleva el frio de las penas en el alma,
Lleva el pecho hacia la tierra.
Lleva el hijo a las espaldas.
Lleva frio.

Josefa Redondo
Grupo A


Buscando la felicidad

Había una vez una mujer anciana a la que toda la gente del lugar consideraba una persona inteligente, sensata y sabia.
Tenía tres hijas llamadas Melancolía, Esperanza y Ahora, tan distintas entre sí como la vida misma.
Una mañana de un gris septiembre, la anciana las convocó entorno a su lecho de muerte: "Queridas hijas, sabéis lo feliz que he sido en mi vida aunque, como es natural, no siempre. Vosotras sois muy jóvenes por lo que he decidido donar toda mi herencia a aquella que consiga acercarse en la mayor medida a la felicidad. Buscadla, pretendedla, cortejadla, cultivadla, perseguidla con tesón como os dicten vuestros corazones pero sin darle la espalda a la sensatez".
Dicho esto, expiró con una expresión serena en su rostro.
Cuando se les agotaron las lágrimas por el dolor de la pérdida, se sentaron las tres hermanas alrededor de la mesa de la cocina.
Melancolía, la mayor, comunicó con orgullo a las demás: "Mañana partiré en busca de la felicidad que ya he vivido". Y comenzó a preparar su maleta de recuerdos.
Esperanza las miró altanera y sentenció: "Yo iré a buscarla en los momentos felices que han de llegar". Y se puso manos a la obra llenando su maleta de sueños y proyectos.
Ahora, la más pequeña, las miró con su habitual humildad: "Yo, hermanas queridas, me quedaré aquí y en este momento, viviendo el día a día. Así no dejaremos la casa a merced de malhechores".
Sus hermanas la miraron con sarcasmo y le reprocharon con altivez: "¡Qué simplona que eres, Ahora! ¡Hasta tu nombre es insulso y carente de interés! No como los nuestros: evocadores, oníricos, inspiradores... ¡Perfectos! ¡Quédate aquí y "Ahora"!"- se mofaron sin dejar de reír acarcajadas.-"¡Así no supondrás ninguna competencia!".
A la mañana siguiente, emprendieron sus viajes ilusionadas.
La más madrugadora fue Melancolía que, mientras tiraba de su maleta con ruedas, pensaba con una mirada anidada en la nostalgia: "Allá donde fui feliz, volveré a serlo. ¡Allí está mi felicidad! Donde crecí, donde jugué, donde amé, donde reí, donde poseí, donde me sentí alguna vez viva".
Caminó sin descanso, noche y día, dirigiendo sus pasos hacia el pasado añorado.
Creyó que estaba cerca de lograrlo cuando se topó con una valla que no permitía el paso. Un cartel viejo y descolorido anunciaba perentorio: "Carretera sin salida. Disculpen las molestias. Final de trayecto".
No podía creer lo que veían sus ojos, los cuales, en ese preciso instante, se llenaron de nada. Fue entonces cuando recordó las palabras que su madre le solía repetir cuando era pequeña: "Mi querida niña, mi Melancolía, el pasado solo se puede rozar en los fragmentos perdidos. Y el gozo que produce es efímero en comparación al vacío que deja en quien se obstina en aletargarse en su regazo."
La depresión por lo que había sido y se fue y ya nunca sería, se apoderó de su mente ennegreciendo sus pensamientos hasta desangrar por completo su optimismo inicial.
Quedó prisionera del ayer, en un mundo que ya no existía. Consumiéndose poco a poco con recuerdos cada vez más borrosos y tristes hasta convertirse en un cuerpo momificado, sin vida.
A Esperanza no le gustaba madrugar. Tendente a procrastinar, se levantó con calma y con su característica mirada de ensoñación, se puso en marcha.
Empujando su maleta con ruedas, en dirección al futuro, se decía a sí misma: "Conoceré al amor de mi vida, viajaré por todo el mundo, disfrutaré a más no poder, aprenderé muchas lenguas, tendré una casa enorme con un jardín, ganaré mucho dinero, compraré, haré, seré, tendré, llegaré, iré... y volveré feliz a por mi herencia".
Ensimismada en sus infinitos proyectos, caminó y caminó y caminó hasta tropezar con una valla infranqueable. Sorprendida, se paró en seco sin entender qué sucedía.
Alcanzó a ver un cartel de neón parpadeante donde se leía: "Carretera en construcción. Disculpen las molestias. Final de trayecto".
No podía creer lo que veían sus ojos, los cuales, en ese preciso instante, se llenaron de nada. Fue entonces cuando recordó las palabras que su madre le solía repetir cuando era pequeña: "Mi querida niña, mi Esperanza, los proyectos de futuro son bellos y ayudan muchas veces a seguir con ilusión y a perseguir nuestras metas. Pero no son, porque aún no existen. El futuro solo se puede rozar en los sueños de un avenir ideal. Y el gozo que proporcionan es efímero comparado con la frustración que generan en quienes solamente se atreven a soñar".
La ansiedad por lo que hubiera querido que fuera pero nunca sería, se amarró a su pecho dificultándole la respiración e impidiendo que el aire penetrara en sus pulmones. Los músculos agarrotados no obedecieron y su mirada se congeló hasta convertirse toda ella en un holograma, un avatar sin vida.
Ahora se levantó como cada día. Sin pretensiones inalcanzables. Sin recuerdos paralizantes.
El otoño se insinuaba por medio de un viento tibio y delicado.
Ahora cogió su cesta de mimbre y se sintió feliz adentrándose en el otoño mientras recogía setas en el bosque. Observando cómo las hojas de los árboles se teñían de oro para rendirse después dejándose caer mecidas por el viento, en un vuelo acrobático y ligero.
Y fue feliz chapoteando en los charcos con sus katiuskas amarillas en los días de lluvia. Asando castañas en el fuego.
Abrazó la felicidad con cada copo de nieve que besaba sus mejillas durante el frío invierno. Contemplando boquiabierta las luces que anunciaban la llegada de la Navidad a la ciudad. Acercando sus manos congeladas al calor de la leña que ardía en su chimenea. Consumiendo a sorbitos un humeante caldo derpollo que le calentaba el alma.
Su sonrisa floreció con las primeras amapolas silvestres, que crecieron anárquicamente en un campo cercano con la llegada de la primavera.
Regaba cada día sus plantas que, agradecidas, la premiaban con flores de colores alegres y con perfumes intensos que la llenaban de dicha.
¡Hum! ¡Y qué suculentas las cerezas del Jerte! ¡Y los fresones de Huelva!
¡Achís! ¡Salud!
Caminó día a día de la mano del verano dejándose invadir por cada rayo de sol.
Saboreando con calma granizados, gazpachos y helados con gesto goloso.
Atravesó cada estación mirando a la cara el presente, buceando en cada segundo de vida, sin tratar de inmortalizarlo. Sabiendo que el ahora es ahora. Y cuando se va, se ha ido. ¡Mejor que se vaya bien exprimido!
Y recordó con cariño las palabras que solía repetirle su madre: "Mi querida niña, mi Ahora, haz un ramillete de recuerdos, no renuncies a tus sueños. Pero, ante todo, nunca olvides que LA VIDA dura el tiempo que transcurre entre los unos y los otros".
Y comprendió que las enseñanzas de su madre y hasta aquel nombre que le había dado al nacer, eran su mejor herencia.
¿Qué pone en ese cartel? "Carretera sin final. Se ruega no obstruir el paso. Gracias".

Ibone Bueno Vicente
Grupo C


La felicidad como estado es falso,
y nunca se es feliz a tiempo entero,
son una serie de instantes que pasan,
y dan color a la gris existencia.
Y volver a aquel momento, a una historia
se me antoja del todo inverosímil,
yo ya no soy aquella, ni la siguiente
y la de ahora está un poco perdida.
Prefiero recordar sin atreverme,
a volver y percibir que ya no es,
escojo la añoranza a la certeza,
que lo idílico solamente eso es.

Beatriz Gorjón
Grupo A


En retorno por la felicidad

Aprovechando que se acercaba el Día de Muertos, me pasé por una florería y compré un ramo de cempasúchil para llevarlo al panteón, desde que murió y fuimos al panteón no volví a ese lugar.
Cuando iba de camino recibí una llamada de mi madre para pedirme que fuera a la antigua casa de mi abuelo porque había olvidado sus anteojos, ahora la casa se usaba como negocio o al menos solo una parte de ella. Tuve un mal presentimiento de volver a aquella casa y no porque haya sido infeliz allí, pero ya sin el no lo veía sentido a ese lugar.
Al entrar a la casa cogí rápidamente los lentes de mi madre y no pude evitar asomarme a la antigua casa: el largo pasillo, los dormitorios, la cocina, todo seguía oliendo igualito, solo que ahora se sentía un silencio penetrante. Me invadió un sentimiento de profunda tristeza y cariño por volver a ver todo, comencé a divagar por los cuartos creyendo que podría encontrar a mi abuelo leyendo en su mecedora con los anteojos negros que usaba para leer y al llegar a la que era su habitación sentí impulsivamente la necesidad de tocar a la puerta como hacía siempre que iba a verlo, pero una parte de mi se rio al pensar que yo fuera a hacerlo, opté ni siquiera por tocar la puerta, estaba demasiado en juego y no fuera a ser que alguien me respondiera.
Al entrar en la sala me quedé observando aquel cuarto donde viví tantas cosas: travesuras con mis primos, peleas, regaños de la tía Chelita, cenas navideñas, regalos, chismes, pláticas con mi abuelo, comidas de domingo, la silla de la cabecera: subió rápidamente todo a mi cabeza y sentí mucha paz, pareciera ahora un sueño, fábrica de mi imaginación, solo yo estoy segura de que todo fue cierto y eso es algo que nadie me puede quitar.

Daniela Perales Bosque
Grupo C


Felicidad

Si evoco momentos de felicidad me vienen fogonazos luminosos de sábanas blancas moviéndose con el viento, sujetas por pinzas en una cuerda, o tendidas en la hierba resplandeciente, o secas y dobladas oliendo a jabón casero y a color verde.
Si vuelvo a esos momentos luminosos, siempre es con la iglesia presente, como dice Enrique. Campanas repicando porque es fiesta o domingo o hay bautizo, y grupos de niñas en el portalillo cubierto, disfrutando de nuestros vestidos recién estrenados, o sentada en un banco en misa, doblando un pañuelo a la mitad, en tres partes, haciendo formas, procurando dejar al descubierto la primera letra de mi nombre bordada en una esquina. La voz del cura de fondo, el eco del arrullo de las palomas, un trueno atenuado por la distancia, o el sonido de un avión lejanísimo.
Y por supuesto, la vivencia inequívoca de la existencia de Dios y de que el universo tiene sentido porque estamos nosotros, reyes absolutos y elegidos,que vamos creando el mundo con nuestra canción, como creían los aborígenes australianos,nombrando las cosas por primera vez: “Ahí está la peña de la escuela”, “este es el transformador de la luz”, “el leñero de Manolo” o “los pontones del rio”.
Merienda en el campo, tardes de trilla, y primeras noches en la calle y en libertad, piedras perfectas para la rayuela bajo el agua transparente del rio, anocheceres frente al fuego, adormeciéndome escuchando una historia iniciática o la caída por la chimenea de una gota de lluvia en las brasas. Los miedos también existían pero duraban un día.
Mi patrimonio feliz, la mayoría de mis acciones en Felicidad están en mi infancia.
Con el paso del tiempo esos instantes felices ya son otra cosa; no hay seguridad de la existencia de Dios, nos han destronado muchas veces y el universo cambia continuamente de sentido. Los días a veces no son azules y los miedos son más duraderos, y siempre hay una guerra cada vez más bestia que va cambiando de nombre.
Pero encaramados en la cresta de ola del paso del tiempo, seguimos persiguiendo cualquier atisbo de luzy celebramos de vez en cuando que estamos vivos a pesar de todo, que atesoramos ese patrimonio feliz de la infancia y que de vez en cuando recibimos cartas maravillosas, llenas de sentido, cartas de amor absoluto y en las que en letras grandes nos comunican que NO SE HAN OBSERVADO SIGNOS RADIOLOGICOS DE MALIGNIDAD.

Aurora Martín Fiz
Grupo C


Felicidad imaginada

Siento plenitud cuando me miras, cuando te acercas, cuando me acaricias, cuando me rodeas con tus brazos, cuando me besas, oigo tus palabras y en ellas escucho un te quiero. Agárrame de la mano y paseemos nuestro amor.
Felicidad soñada.
Sueño con el instante en el que mis sentidos aviven mi interior y generen el milagro de sentirme, sin mas pretensiones y ese momento contagie mi día para que preste mi atención, presencie el momento y ser consciente de ello.
Felicidad propia
Bajo el telón, retiro las máscaras, desaparen los personajes, ser yo misma será el único papel, sintiendo plenitud al recordarlo….

Sin nombre


Felicidad entre rejas

Dicen que uno reconoce la felicidad en aquellos momentos en que el tiempo vuela.
De ser así, todo el que pasé entre esas cuatro rejas fui feliz.
Acudíamos cada semana a encerrarnos voluntariamente durante al menos unas horas.
No cumplíamos un castigo. Entonces no lo sabíamos, pero lo hacíamos para sentirnos vivos.
Tampoco éramos un peligro para la sociedad, sino todo lo contrario. Sin saberlo, nos protegíamos a nosotros mismos del resto del mundo. Esos barrotes nos aislaban de la gente en la que más tarde nos convertiríamos.
Puede que no tuviéramos grandes problemas, pero aquellas horas entre rejas eran más efectivas que días enteros de terapia con el mejor psicólogo del mundo.
Era ver el recinto a lo lejos y sentir una fuerte energía positiva irradiando de nuestro interior.
Una vez allí, el último cerraba la puerta y, por fin, echaba el balón al suelo.
Era entonces cuando el tiempo comenzaba a fluir a una velocidad más rápida de lo normal.
Es irónico cómo algo tan parecido a una prisión podía hacernos sentir tan libres.
Pasábamos horas y horas sin parar de correr. Unas veces detrás del balón. Otras, con el doble de ganas para no ser el último en tocar el poste después de un gol en contra.
El ruido de las zapatillas sobre el asfalto tan sólo lo interrumpían los gritos que nos proferíamos unos a otros. Muchos eran insultos que ahora sólo nos atreveríamos a compartir desde la seguridad del interior de nuestros coches.
Pero en aquel entonces no nos importaba. Al menos durante esas horas éramos felices, y ninguna mala palabra podía impedírnoslo.
También era nuestro networking de la época. La única forma que teníamos de ampliar nuestra red de contactos y conocer a alguien de otros círculos.
No he vuelto a aquel lugar. Y soy consciente de que nunca podré hacerlo. Tal vez pueda volver a correr detrás de un balón y sentir que el tiempo pasa fugaz. Pero ya no podré hacerlo durante horas, ni con aquella compañía, ni mucho menos sentir lo mismo que sentía entre aquellas cuatro rejas.
Lo único que puedo hacer ahora es recordarlo, y tratar de buscar otra prisión en la que me sienta al menos una parte de lo feliz que fui en aquella

Jesús Salado
Grupo C


Trajiste de la mano la felicidad. Se quedó aquí acurrucada en su lugar preciso y me llenó de dicha. No puedo dejar de mirarte, de sentir latir con fuerza tu corazón y mi vida sonríe de nuevo.
Las horas se deslizan entre días llenos de sentido. Nada se parece a esos momentos en los que te siento tan próxima.
Volveré a tenerte en brazos, acariciaré tu cara sonrosada y me dedicarás la mejor sonrisa.
No vas a irte de mi lado, ahora que te has acomodado en mis brazos. Surcaremos juntas los senderos de hayas enrojecidas con ensueños mágicos.
Tu llanto asustará al tranquilo gorrión de la tarde y mis caricias lograrán apaciguar tus lágrimas, para verte otra vez sonreír.

JB
Grupo C