Pájaros de ciudad. Apuntes a vuelapluma

La sesión del día 30 de junio la dedicamos a los pájaros de ciudad, esas extrañas aves que transitan por el metro, los autobuses urbanos o el cercanías de Renfe. Seres que migran de un lado para otro en busca de comida, apareamiento, placer o felicidad.
Y qué mejor catálogo de aves que el que nos propone Irlanda Tambascio en su libro Aves metropolitanas publicado por Alianza Editorial




En ornitología existe un término que alude a la actividad centrada en la observación y el estudio de las aves: el "birding". En las ciudades hay pájaros de alto y de bajo vuelo. Muchos de ellos anidan o tienen su hábitat en el metro. Basta con asomarse al interior y observar el tráfico de estas aves en diferentes estaciones y franjas horarias. Esta otra práctica puede conocerse como "underbirding".

Dejamos aquí algunos ejemplos del libro:



Cotorras Púberes
(“Nymphae charlatanae”)
Clase: Crías

Cuando las hembras de esta especie irrumpen en el subterráneo forman grupos muy estridentes. Para ejercitar su maduración se ayudan del jugo de semillas fermentadas con el fin de desinhibirse y cantar melodías de Birdy Spears. A los pocos minutos de vuelo suelen acabar tumbadas en el suelo del vagón regurgitando el brebaje ingerido.
La cohesión del grupo se mantiene por medio de un comportamiento altruista, el acicalado.



Estornino Demodé
(“Sturnus oldfashion”)
Clase: Nocturnas

Al venir de la familia de passeres sesenteros, se le considera sexy hasta avanzada edad. Prefiere trasnochar entre semana cuando la competencia con otras aves machos desciende y viaja siempre en el último vagón para atraer a alguna pájara desorientada de canto ye-ye. Sus peculiares poses y extraños rituales de apareamiento le han granjeado la fama de “mochuelo bird”.



Verdecillos Abducidos
(“Párvulus limbus”)
Clase: Crías

Resulta curiosa esta especie que mantiene comportamientos inmaduros hasta avanzada edad y que cada vez es más prolífica en la urbe. Suelen surcar líneas donde las ondas wifi les son favorables para comunicarse entre sí a través de una red virtual: para ello han desarrollado un ligerísimo batir de dedos. Las relaciones entre sus miembros no están completamente resueltas, pues a la hora del cara a cara salen volando.


La propuesta de escritura consistió en recrear otra serie de aves metropolitanas. De modo que nos pusimos a hacer birding, esta vez por Salamanca.
Estos son los trabajos de algunos de los componentes del taller de escritura.


Animales por la ciudad

Calles soleadas visten la mañana de pájaros bailando entre las ramas de los árboles.
Loros parlantes juegan en el hombro de un niño alborotado por la brisa.
Palomas, en la plaza, picotean en el suelo junto a los bancos de piedra.
Perros, guiados por su amo, caminan bajo la cálida luz de la noche.
Un dálmata se aleja del entorno hacia el rincón de la plaza, para fijar en sus pupilas la piedra dorada que ilumina la noche salmantina.

Sofía Montero


El Senectum Pardalis

Es el senectum pardalis gorrión común de mala cama, poca pitanza y mucha "lamentanza". Gústale de gorjear con cualquier obrerillo pardal que encontrare en su paseo -su paseo matinal-; máxime si el jornalero, si el hallado peoncejo, entre sus primorosas alas sostuviere con esmero palas, llanas o tenazas, o en su inmediación se irguiere con altivez la grúa; o le mirare, provocadora, una bonita excavadora. Ábrese entonces su trino como si fuera un pichón y sin pudor ni rubor ronda y "redonda", con envidiable tesón, al polluelo ejecutor:
"¿Para quién es este nido?... ¿lo sabes tú pardalillo...?
¿De dónde esta pluma vino? dímelo ya pardal ¿y esa paja que le pones, cuándo y cómo la recoges? ¿cómo has hecho la argamasa? ¿cuánto tarda en agarrar? ¿de quién dices la nidada? ¿no será poca parvada?....
Pon eso alli, bichín...
Que te he dicho tararí, que te digo tarará, que te he dicho tararí, que te digo tarará...
¡Oye pollo! No te vayas...
¡Oye pollo!...Que si digo tararí es por que me escuches a mí..."
Si este senectum pardalis en su pasear coincidiere con distintos gorrionzuelos -bien conocidos o ajenos- que como él -paseantes-, en su plácido volar descubrieren al pardal que edificando estaba tan original nidal, antes del vuelo alzar por a su hogar tornar, organizarán tal revuelo que oírseles ha en el suelo. Juntos increparán con afán y sin maldad al joven pardalejo que haciendo estaba con gracejo su novedoso "nidejo". Serán un coro, una coral curiosamente vivaz. El senderito entero la pieza podrá escuchar. Su canto el viento propagará. En un pequeño momento, el aire estará repleto, de trinos y de gorjeos, gorjeos siempre in cresccendo, que porque preferible es ver, no os cuento. Más ¡menudo minueto!
Suele ser habitual, que aquel senectum pardal que con su experto piar mejor pontificare, esa noche, más comiere, más durmiere y mejor descansare, y al día siguiente... menos se lamentare.

Gallináceas Galliformes

Sentaditas en sus sillitas, con sus patitas cortitas, desnuditas, carnositas, curiosamente cruzaditas, sin prisita y con prisita, gallináceas galliformes estan esperando su vez. Mientras esperan, cacarean. Cacarean a la vez.
Algunas, unas poquitas, dicen que lo que quieren solo es una cosita, una cosita la mar de la mar sencillita, que les laven, que les peinen sus plumitas, que les ahuequen las alitas, que se las dejen extraordinariamente suavecitas.
Otras, otras poquitas, con un sentido cloar, lo que quieren además es un tinte, un colorcín con el que poder recubrir esa pequeña crestita que adorna su cabecita y esos lindos lobulillos que cuelgan de su piquillo. Quieren una pinturita, una chapita vivaz, un rojito achispadito que les devuelva sin más ese tonito festivo que tanto les gusta portar.
Otras, las más osaditas, pedirán unas mechitas, unas mechitas finitas, variaditas y muy, muy preciositas.
Todas quieren estar bonitas. Quieren ser las más guapitas.
Algunas sueñan que son periquitas, loritas, ninfitas, incluso sirenitas como las que se ven en las revistitas...
Sentaditas en sus sillitas... con sus patitas curiosamente cruzaditas... al gallito del corralito le quieren volver loquito, que se pierda todo enterito por su hermoso y bello culito...
Sentaditas en sus sillitas... con las patitas cortitas, carnositas, desnuditas... en filita, tan bien enseñaditas... tan bien domesticaditas.... perdiditas en su cloar, ninguna cavilará que el culito que al gallito, volvió y volverá loquito, ni allí se lavó, ni allí se peinó. Ni allí se tiñó, ni se mechó, ni se ahuecó, ni siquiera se suavizó... y que hace un tiempecín, esas alitas que ahora llevan tan arregladitas, con batirlas un poquitín, las alejaban del suelecín para llevarlas de viajecín a través de un cielecín mucho más grandecín que su estrecho corralín.
¡Ay Gallináceas Galliformes...! Tanto cloar pudiendo volar....

Golondrina Golondrinita
(a Oscar Wilde)

Jovencitas damiselas, en el aeropuerto esperan. En el aeropuerto esperan, jovencitas damiselas. Van a embarcar en avión, a buscar otra región. Han perdido la calor. Tienen frío el corazón. Parlotean sin parar. Mucho tienen que contar.
Piensan y sienten algunas que su historia es de terror. Sienten y piensan las otras, que la suya fue aún peor.
Con su foulardcito rojo, la camisetita blanca y el chubasquerito azul, reniegan de esos afectos que mutilaron sus vuelos, comentan con aspereza, cuánto ha sido lo que amaron a quién no correspondió, relatan cuánto entregaron a quien nunca nada dio...
Mientras tanto, en la ciudad, una golondrinita ve como empieza a nevar. Y un príncipe, un principito, un auténtico galán, ve cómo mientras él brilla, todo es oscuridad. Y sabiendo su destino, conociendo su final, pídele a la golondrina que utilice su riqueza para barrer con sus alas la triste tristeza que asola esas casas
Vuela la golondrina.... Atravesando esta la nevada.
Esperando queda el galán a la golondrina amada.
La ciudad se ilumina, ellos dos se difuminan.
Cuando el avión partió, una golondrina murió.
Cuando el avión partió, un principito murió.
Tenían luz en el corazón.
Nadie en la ciudad les vio, nadie les conoció.
Jovencitas damiselas, vuelan y vuelan... exigen, exigen... esperan, esperan...
Damiselas jovencitas esperan y vuelan... exigen, exigen... esperan y vuelan...
Nunca la nieve apagó el calor de un corazón.

Politicus Nival. Buho Disfratus

Dicen que fue la tundra, que fue la tundra quien les trajo. Tenían los ojos dorados, vestían abrigos blancos...
Todo aquel que les veía, sentía que revivía... ¡tanta hambre tenían...!
Eran los esperados. Eran sabios, eran búhos, eran sabios búhos nevados. Eran lechuzas macho.
Hijos del hielo, les dirían dónde volar, cómo volar, cómo el sustento encontrar...
Hicieron nidos en el suelo. Un suelo que les dejaron. Un suelo que no era de ellos pero que pronto ocuparon.
Primero fue un terrenito, un terreno pequeñito...
Pero después fue más... y después fue mucho más...
Los esperados nevados, los sabios de ojos dorados, consiguieron para ellos y sus muchos pequeñuelos, que el mundo fuera un pañuelo. Pañuelo de bribonzuelos.
En un momento, sus alas extendieron.... eran tan grandes... que en ese mismo momento, el cielo cubrieron. El mundo se oscureció y el sustento... el sustento de todos desapareció.
En un enjambre de arbolitos, vivían miles y cientos de pajaritos.
Y llegaron los armiños
Y les dejaron sin niños.
Dijeron que fue la tundra quien les trajo...
Pero yo le escuché a un grajo, que eso que la tundra trajo... no era búho, que era cuco con peluco.

Aves sin lares

Hay tras "Las Conchas" un nido.
Pájaros de mil lugares
entonan sus mil cantares.
Torpe y tímido es su trino .

Entre su lengua y su pico
esconden muchos callares
que entre dares y tomares
gorjean en "semilírico".

Si subes una escalera
al final a la derecha
encontrarás su "nidejo"

Si eres ave algo poeta.
empuja sin más la puerta.
Es su nido, un "tesorejo"

Ana Isabel Fariña

Historias para reír. El humor en la escritura

La sesión del lunes, 23 de junio, la dedicamos a la risa. Y vaya que nos reímos. Dice David Safier que "El humor desconecta la razón y te permite ir directo, sin filtros, a la emoción". Así que reímos pero también nos emocionamos.
Tomamos como punto de partida el texto "Historias para reír" de Gianni Rodari (Gramática de la fantasía) que reproducimos aquí:

El niño que ve a la madre llevarse la cuchara a la oreja en lugar de a la boca, se ríe porque “la madre comete un error”: tan grande y no sabe siquiera usar la cuchara de la manera correcta, según las reglas. Esta “risa de superioridad” (vésase Il senso del comico nel fanciullo de Raffaele La Porta) se encuentra entre las primeras formas de risa de que el niño es capaz. Que la madre se haya equivocado adrede, no cambia las cosas: su gesto será siempre un gesto errado. Si la madre, después de hacer repetido dos o tres veces ese gesto, lao variase llevándose la cuchara al ojo, la “risa de superioridad” se reforzaría a través de una “risa de sorpresa”.

Estos mecanismo sencillísimos son muy conocidos por los inventores de “gags” cinematográficos. El psicólogo señalará más bien que incluso la “risa de superioridad” es un instrumento de conocimiento, basado como está en la oposición entre uso correcto y uso errado de la cuchara.

La posibilidad más sencilla es inventar historias cómicas nace del aprovechamiento del error. Las primeras historias será más gestuales que verbales. Papá se pone los zapatos en las manos. Se pone los zapatos en la cabeza. Quiere comer la sopa con el martillo… Ah, si el señor Monaldo Leoparti hubiese hecho un poco el payaso para uso y consumo de su pequeño hijo Giacomo, allá en su nativo pueblo de montaña: tal vez, de mayor, el poeta lo habría recompensado escribiendo una poesía sobre él. Y en cambio hay que llegar a Camilo Sbarbaro para ver en poesía a un padre en carne y hueso…

El pequeño Giacomo, en su silla, está dispuesto a comer su papilla. Se abre la puerta: entra su padre el conde, disfrazado de labrador, tocando el pífano y… bailando al saltarelo… Vaya, vaya, señor conde, no has aprendido nada…

De los gestos errados nacen las historias propiamente dichas, a las cuales proporcionan ejércitos enteros de personajes igualmente errados.

Un tío va al zapatero para que le haga un par de zapatos de manos. Es un hombre que camina con las manos. Con los pies come y toca el armonio. Es un hombre al revés. Habla al revés. Llama “pan” al agua y “caramelos de limón” a los supositorios de glicerina…

Un perro no sabe ladrar. Cree que le puede enseñar un gato, que, naturalmente le enseña a maullar. Va a ver a una vaca y aprende a mugir: ¡muuuuu!...

Un caballo quiere aprender a escribirá máquina. A golpes de cascos destroza varias docenas de máquinas de escribir. Deben hacerle una grande con una casa: escribe galopando sobre las teclas…

Hay que estar atentos a un aspecto particular de la “risa de superioridad”. S i no se la toma con pinzas, puede adoptar una función conservadora, aliarte al conformismo más chato y siniestro. Ahí está el origen de cierta “comicidad” reaccionaria que se ríe de lo nuevo, de lo insólito, del hombre que quiere volar como los pájaros, de las mujeres que quieren hacer política, de quien no piensa como los demás, no habla como los demás, como quieren las tradiciones y los reglamentos… Para que esa risa tenga una función positiva, es necesario que su dardos alcancen más bien a las ideas viejas, al temor de cambiar, a las mojigatería de la norma. En nuestras historias, los “personajes errados” del tipo anticonformista han de salir victoriosos. Su “desobediencia” a la naturaleza o a la norma debe premiarse. ¡Son los desobedientes los que llevan el mundo adelante!

Una variedad de “personajes errados” está representada por los nombres graciosos. “El señor Portapucheros vivía en un país llamado Cazuela”: en este caso, es el nombre mismo el que suscita la historia, en el momento en que el significado trivial del nombre común se amplifica o proyecta en el plano más noble de nombre propio, donde se instala como una jirafa en un coro de monjes cistercienses. Un personaje que se llame “Paripé”, por no ir más lejos, es seguramente más gracioso que otro que se llame Carlos. Al meno de entrada. Después se verá.

Efectos cómicos, por medio de la sorpresa, se pueden extraer de la animación de las metáforas del lenguaje. Ya Víctor Skolovski señalaba que algunos relatos eróticos del Decamerón no son más que desarrollos de metáforas populares para definir hechos sexuales (“el diablo al infierno”, “el ruiseñor” y otros). En el lenguaje corriente, usamos muchas metáforas gastadas como viejos zapatos. Decimos que alguien cumple con lo que promete “a raja tabla”, y no nos produce ninguna sorpresa porque ya hemos usado u oído usar esa imagen miles de veces.

Para el niño puede ser nueva en una situación en que “rajar tablas” tenga su sentido literal de “cortar o partir leña”, por ejemplo:

Había una vez un individuo que hacía todo a raja tabla. Se sentaba a comer y partía la mesa en dos. Iba a buscar un diccionario a su librería y el estante, rajado, producía desmoronamientos de libros, libracos y enciclopedias…

(Y fijaos, que, por pura combinación, en “nonsense” adquiere el significado de una parábola sobre la guerra, que destruye a “raja tabla, sin hablar del dolor del corazón, que “se parte” en pedazos…)

Si por azar damos un puntapié a una piedra, decimos que “vemos las estrellas”: si no como astrónomos, sí al menos como hablantes. También esta expresión se presta a interesantes desarrollos.

Había una vez un rey al que le gustaba ver las estrellas. Le gustaba tanto que habría querido verlas también de día, pero ¿cómo hacer? El médico de la corte le aconseja un martillo. El rey hace la prueba de darse un martillazo en los pies y efectivamente “ve las estrellas” a pleno sol, pero el sistema no le gusta. Prefiera que sea el astrónomo de la corte el que se pegue el martillazo en el pie y describa las estrellas mientras las está viendo: -¡Ay!... Veo un cometa verde con una cola violeta… ¡Ay! Veo nuevas estrellas, van de tres en tres como los tres Reyes Magos… El astrónomo huye a un país lejano. El rey, tal vez inspirado por Massimo Bontempelli, decide seguir el curso de las estrellas: dará cada día la vuelta al mundo para vivir siempre de noche, con cielo estrellado. Su corte se establece en un jet…

El habla de todos los días y el vocabulario están llenos de metáforas que sólo esperan ser tomadas al pie de la letra y desarrolladas en una historia. Con más razón porque, al oído de los niños, incluso muchas palabras revelan aún intacta la metáfora originaria.

Un mecanismo muy productivo de historias cómicas es el de la inserción violenta de un personaje trivial en un contexto extraordinario para él (o, a la inversa, de un personaje extraordinario en un contexto trivial). Esto está presente en casi todos los procedimientos inventivos: del lado cómico se aprovecha la capacidad de “sorpresa”, el elemento de “desviación de la norma”.

La introducción de un cocodrilo parlante en un concurso televisivo es un ejemplo. Otro, muy conocido, es el chiste del caballo que entra en un bar y pide cerveza. (A continuación, el chiste se complica con efectos de otro calibre: el camarero que se asombra porque el caballo bebe la cerveza, se come la jarra pero tira el asa, “que es lo mejor•”, realiza una reducción al absurdo bastante más sutil. Pero eso no nos interesa en este momento.) Para ejercitarnos, pongamos en lugar del caballo una gallina y, en lugar del bar, una carnicería…

Una mañana, una gallina joven entra en la carnicería y pide un cochinillo de Segovia sin esperar que le toque la vez. Escándalo de la clientela: que maleducada, ya no hay respeto, a dónde iremos a parar, etc… Pero el dependiente de la carnicería atiende en seguida a la gallinita. En pocos segundos, el tiempo de pesar la compra, se enamora de ella. Le pide su mano a la clueca: se casa. Describid la fiesta de la boda, durante la cual la gallina se aparta un momento para ponerle un huevo fresco al marido…

(No es una historia antifeminista: es justamente lo contario, si sabéis inventarla).

Los niños son muy rápidos en aprovechar este mecanismo. Suelen utilizarlo para “desacralizar” los distintos tipos de autoridad que están obligados a obedecer: hacen que el maestro vaya parar a una tribu de caníbales, a una jaula del zoológico, a un gallinero. Si el maestro es inteligente se divierte; si no lo es, pobrecito, se enfada mucho. Peor para él.

También es un mecanismo fácil de buscar y grato a los niños el del trastorno total y violento de la norma. Tenemos a un tal Pedrito (pero ya he hablado de él, desdoblándolo en Marco y en Mirco, en otro contexto) que, en lugar de tener miedo a los fantasmas y a los vampiros, los persigue, los maltrata, los tira al cubo de la basura.

En este caso, se exorciza el miedo a través de una “risa de agresividad” –bastante afín a las tartas de nata en plena cara, tan frecuentes en el cine mudo– y una “risa de crueldad”, para la que los niños están siempre dispuestos, pero que también presenta sus peligros (como cuando los niños se ríen de las deformidades físicas, atormentan a los gatos, les arrancan la cabeza a las moscas).

Nos han explicado los expertos que se ríe del hombre que cae porque no se comporta según la norma humana, sino según la de los bolos. De esta observación, tomándola al pie de la letra, extraemos el mecanismo de “cosificación”.

a) El tío de Roberto trabaja de perchero. Se coloca en el vestíbulo de un restaurante de lujo, con los brazos levantados: en los brazos los clientes cuelgan abrigos y sobreros; en los bolsillos ponen paraguas y bastones…

b) El señor Dagoberto desempeña el oficio de pupitre. Cuando el dueño de la fábrica hace su recorrido para inspeccionar las instalaciones, él camina a su lado y, si el dueño tiene que tomar algunas notas, se agacha para que escriba sobre su espalda…

La risa, inicialmente cruel, se va desplazando hacia una sensación de inquietud. La situación es cómica, pero injusta. Ríen, pero con tristeza. Ya hemos entrado en el territorio de la definición pirandelliana del humorismo y de sus matices. Y aquí hacemos un alto, para no complicar nuestro discurso.


Rodari nos ofrece una interesante propuesta de escritura: trabajar con las frases hechas e inventar historias tomando los ejemplos al pie de la letra.
Alonso Palacios, autor del libro La historia del hombre que hablaba por los codos y otros cuentos imposibles nos ofrece en forma de relatos esta propuesta de juego.



Para nuestra tarea elegimos uno o varios ejemplos del libro "De la letra al texto (Taller de escritura)" de José Calero Heras en el que propone frases hechas sobre distintas partes del cuerpo:

Ojos
-Poner los ojos en blanco
-Meter algo por los ojos
-Dormir con los ojos abiertos
-Comerse a alguien con los ojos
-Ser el ojo derecho de alguien
-Costar un ojo de la cara
-Tener a alguien entre ojos
-Tener buen ojo clínico
-Hacer la vista gorda
-Abrir a alguien los ojos
-Alegrársele a alguien los ojos
-Andarse con cien ojos
-Clavar los ojos en algo

Cabeza
-Ir cabeza abajo
-Tener la cabeza llena de pájaros
-Ser cabeza de turco
-No caber una cosa en la cabeza
-Ir con la cabeza bien alta
-Darse de cabeza contra la pared
-No levantar cabeza
-Perder la cabeza
-Ponerse la cabeza como un bombo
-Sentar la cabeza

Boca
-Hacer boca
-Tener muchas bocas que llenar
-Hacérsele la boca agua
-Meterse en la boca del lobo
-No decir esa boca es mía
-Quedarse con la boca abierta
-Quitarle a alguien algo de la boca
-Darse un punto en la boca

Pies
-Sacar los pies del plato
-Parar a alguien los pies
-Nacer de pie
-Estar atado de pies y manos
-Echar los pies por alto
-No dar pie con bola
-Andarse con pies de plomo
-Buscarle tres pies al gato
-Entrar con buen pie
-Levantarse con el pie derecho
-Saber de qué pie cojea
-Ir con los pies por delante
-Poner los pies en polvorosa

Corazón
-Hacer de tripas corazón
-Ser bando (o duro) de corazón
-Partírsele el corazón
-Darle a uno un brinco el corazón
-Clavársele una espina en el corazón
-Llevar el corazón en la mano
-No caber el corazón en el pecho
-Salir una cosa del corazón
-Tener el corazón en su sitio
-Ser todo corazón
-Traer el corazón en la boca

Lengua
-No tener pelos en la lengua
-Tener algo en la punta de la lengua
-Irse de la lengua
-Hacerse lenguas de algo
-Llevar la lengua fuera
-Morderse la lengua
-Sacar la lengua a alguien
-Tirarle a alguien de la lengua

Y estos son los trabajos de algunos de los participantes en el taller


De ilusión también se vive

¡Oh! Me rompí la rodilla… comentaba la niña que quería ser futbolista. Nunca llegaré a meterla… el gol… la pata… el balón… espero en medio-campo y me lanzo a la falta sin barrera, las chicas… otra ilusión..
La moneda lanzada al cielo me indica con entusiasmo que empieza el otro equipo… pííí… ¡calla pito! -No entro en el vestuario, me espero me espero con mi rodilla tiesa.
- Una escayola…¡qué veo! –una pared, no aún no hemos perdido el norte
Busco en mi cabeza un pensamiento que me haga entender… una novedad
¡Soy yo! La chica del equipo colorado… hemos ganado. ¿qué ha sido?: Apuntarse en la liga y meter gol.

María Teresa Mendoza


Decían que tenía la cabeza bien amueblada. Un día se le metió la vecina por los ojos y se instaló en ella.
Cogió una goma de borrar y la pasó por la mente. Cuando estuvo blanca pidió ser muro de expresión.
En el momento en que iba a decir "euro" le quitó la palabra de la boca y se la metió en el bolsillo.
Eran una panda de voraces alimañas. Al final, el líder siempre le comía el coco a los demás.
La sacó a bailar. Sabía que cojeaba pero no de qué pie, para poder compensar.
Iba con los pies por delante, siempre miraba para ambos lados antes de dar el paso definitivo, por si soltaban la piñata y le golpeaba en la cara.
No le cabía el corazón en el pecho por que se lo trasplantaron de un cerdo grande. Tenía la caja torácica abierta con una derivación externa, de esta modo, la sangre se calentaba directamente con energía solar. Por la noche se hacía una bola en la cama.
Se mordió la lengua y se tragó sus propias palabras. Nunca más pudo ni hablar ni comer pero murió con el reconocimiento de todos.
Cuando se levantaban y se dirigían a la granja se encontraban con las bocas ya abiertas esperándoles. Las llenaban bien las cerraban con cremallera y volvían cuando la ósmosis había actuado.

Antonia Oliva


Instrucciones para calentarle a alguien la cabeza

Coloque al individuo cerca de sí, cerca, bien cerca. Con lengua templada rumoree palabras tibias hasta que estas vayan adquiriendo la temperatura adecuada. Una vez preparado el baño María introduzca paños de algodón; extraer antes de que se hagan paños calientes.
Mirando de soslayo al individuo, inclinando el torso como fisgón sin querer ser visto, se van alternando: palabra de lo que dijo el que quiso decir, que no malo, pero hizo daño; paño tibio y paño ardiente; sospechas de lo que posiblemente nunca llegó a ser pero pudo haberlo sido y por lo tanto será probable que sea; paño ardiente con paño de calor seco; lo que me dijiste que harías y nunca llegaste a hacer por mí que tantas veces te pedí y dale tú nada; paño recalentado y paño que una vez se perdió a la par que la cabeza y que luego encontraste en aquel rincón olvidado con señales de otro tiempo que mira que te ponías pesado; paño de ya te lo dije si me hubieras hecho caso…
Cuando el turbante cubra la totalidad del colmo de nuestro individuo, abrirle los ojos a la verdad con hojilla hervida en el mismo baño María.

Pilar Luengo

Entrar con buen pie

Nada más poner los pies en Polvorosa, descubrió que ella se había marchado dos días antes con la cabeza muy alta y el corazón en la mano.

Pilar Luengo


Sentar la cabeza

Animado Cabezón vive con su madre desde hace 40 años. En toda su vida ha dado un palo al agua. Es más, nunca se ha bañado ni en la piscina ni en el río ni en el mar. Solo se ducha en su casa.
Animado se toma la vida según viene, a diario llega a las 7 de la mañana después de visitar todos los tugurios habidos y por haber. Su madre siempre le repite lo mismo: “Animado, hijo, deberías ir pensando en sentar la cabeza”.
El caso es que de tanto oírselo a su madre, a la que adoraba (no es de extrañar porque lo trataba como a un niño y le hacía todo, hasta la cama) y también porque llevaba notando que la chicas ya no le hacían tanto caso. El otro día una le llamó “carcamal”.
Animado le estaba dando vueltas a la cabeza: “Igual sería bueno que fuera sentando la cabeza, se me está pasando la vida y ya he probado casi todo”.
Por fin se decidió, esa noche no saldría y mañana temprano iría de compras. Había estado buscando por internet las mueblerías especializadas en “sentar la cabeza”, le había llamado la atención una que se llamaba “Mueblería cabeza fría y bien amueblada” situada en la Av. Las sandalias perdidas, 34. Allí iría.
A la mañana siguiente sobre las 9, Animado todo acicalado se dirige a la av. las sandalias perdidas, despacio, sin prisa, aspirando el frescor matinal, fijándose en los escaparates y en la gente que se cruzaba a su lado. No recordaba haber paseado nunca a esas horas.
Llegó a la tienda y entró.
-Buenos días, puedo atenderle?
-Hola, sí, mira, quería ver qué muebles tenéis para sentar la cabeza.
-Sí, acompáñeme, precisamente ayer nos llegaron de fábrica los últimos modelos… Este es un sofá con asiento ergonómico adaptable el 99% y especial para cabezas desmadradas y difíciles.
-¿Qué precio tiene?
-Son cuatro mil euros, incluye el transporte y dos cursos intensivos de asentamiento total y definitivo con orejas incluidas.
-¡Me gusta! No hablemos más, me lo quedo.
Dos días después Animado tenía la cabeza perfectamente sentada, orejas incluidas, su madre, incrédula, lo miraba, lo miraba, lo miraba…

Vicente M. Martín


Eulalia y la pepita enquistada

Aquella noche estaba a punto de concluir mi cuarto año de residencia. Todo había pasado como pasa todo, muy rápido. Los amigos -ajenos a ese mundillo- solían preguntarme por ella. Yo, si no me pillaban demasiado cansada, acostumbraba contarles alguna anécdota, pero últimamente tras hacerlo, mi boca ponía fin al tema afirmando con un convencimiento absoluto que en puerta había visto de todo, desde lo más grave a lo más trivial.
Me gustaba lo que hacía. Me gustaba más de lo que jamás hubiera imaginado.
En todo ese tiempo había aprendido muchas cosas, una de ellas -tal vez la que menos esperaba descubrir- era que el miedo a la enfermedad es una enfermedad silente que abarrota los hospitales, que en muchas ocasiones quienes les visitan buscan en su suelo una tierra santa, una promesa de vida eterna; y en sus "sacerdotes", en los que trabajamos alli, una bendición poderosa, un talismán capaz de conjurar todo mal, incluido aquel que no se nombra porque atemoriza demasiado o se desconoce.
Aquella noche deberia de haber sido una más, pero sucedió lo que sucedió.
La expresión diagnóstica "irse de la lengua" cobró vida delante de mí. Dejó de ser una curiosidad académica, un mito, una leyenda, para pasar a aconvertirse en una realidad. Una verdad más allá de los manuales. Ojalá hubiera vivido toda mi vida en la ignorancia.
Eran casi las cinco de la mañana. No recuerdo el estado de la luna -no la pude ver-, mi turno de guardia había terminado hacía tiempo, pero esa mañana, esa tarde, esa noche las urgencias se reproducían en la sala de espera como las canas. Arrancabas una del asiento o del pasillo donde se amontonaban y en su lugar, en cuanto te girabas, había siete. Si alguna vez se han quitado una cana sabrán lo que quiero decir.
Cuando fue su turno, la joven Eulalia entró en el consultorio número dos. "Llevaba la lengua fuera", muy fuera. Era una lengua larga y gorda, impropia de un humano, una lengua que a intervalos rítmicos, cada vez mas seguidos -como contracciones de parto- volvía a su estado natural y a su posición habitual dentro la boca. Solo en esos momentos se podía dialogar con ella. Su voz era un susurro algo pastoso apenas audible. Se la veía agotada.
Por lo que pudimos entender entre unos y otros, esa misma mañana, al despertar notó que "tenía algo en la punta de la lengua", le extrañó, no quiso darle importancia, pero la sensación era tan intensa que apenas podía centrarse en nada de lo que hacía. Se lo comentó a su marido. Éste, sin levantar la vista de la pantalla, le contestó que podía ser un pelo. ¡Un pelo! Se enfadó con él. Hacía tiempo que su cuerpo no tenía vello de ningún tipo, ni dentro ni fuera. Sesiones y sesiones de laser habían conseguido el milagro. Ella "no tenia pelos en la lengua". No podía tenerlos. Había acabado con ellos. Él lo sabía. Cómo podía decir... ¡Malditos "Appel"! le poseían... era sus amantes, unas amantes caprichosas, incorpóreas, capaces de hacerle creer que le daban todo, cuando no eran más que garrapatas que le devoraban.
Le hubiera dicho por milésima vez... pero no podía... no... algo en ella no iba bien. Decidió acudir al centro de salud y no dejó que la acompañara. Que se quedara con sus manzanas, que se las comiera, que las compartiera con todos esos invitados invisibles que hacía tiempo habían colocado su bandera en todas las habitaciones de la casa.
Hacía frio, al menos ella tenía frio. Tiritando, se dirigió a la boca del metro.
A pesar de ser consciente de que si en algún momento la lengua se le escapaba de la boca sin poder controlarla -como ya le habia sucedido en alguna ocasión- su aspecto podría llamar la atención, le pareció demasiada soberbia suponer que alguna mirada reposara en ella. Día a día se juntaban tantas cosas y tantos sujetos extraños en esos compartimentos, que uno más solo podía confundirse con la masa.
El centro asistencial que le correspondía distaba cuatro paradas de su domicilio. Arropada con su desesperación y sus razonamientos no le pareció tanto...
Tres minutos después de tomar asiento en el vagón, "llevaba la lengua fuera" y un mocoso, un pelirrojo de apenas tres años, jugaba con ella. "Tirarle de la lengua" -que finalmente se habia desbocado y que ya poseía un tamaño al menos dos veces superior al que cualquiera esta acostumbrado a ver- era su entretenimiento. Tiraba de ella como si fuera el badajo de una campana y mientras lo hacia, repetía "tolón, tolón... tolón, tolón..." y la movía acompasadamente de un lado a otro de la cara. Con esa masa taponando su boca, se sintió indefensa. Procuraba agarrar sus manos y alejarlas de ella, pero el pequeño, en lugar de interpretar ese gesto como una indicación de ¡basta!, lo incorporaba a su juego y entre las manos de la joven Eulalia y su lengua de hipopótamo cubriendo la mitad de su rostro, reía y no paraba.
Como millones de personas, la madre del crio, aprovechando el trayecto medio leía, medio dormitaba. Acostumbrada a todo, al principio no prestó demasiada atención a lo que sucedia. Cuando el escándalo subió de tono, se giró. No supo que hacer. Agarró al niño, se excusó, le regañó y le regañó y le regañó y le regañó y se excusó hasta que se bajó -algo asustada- en la primera parada. El niño -del que tiraba con fuerza- lloraba, él quería seguir jugando con la mujer campana. La madre le explicaba que con gente como esa, con los locos, nunca se trata.
Tras ellos, la infeliz, consciente de que allí le resultaría imposible pasar desapercibida, también se apeaba.
En cuanto le sacudió el aire frio, la lengua se plegó y volvió a su morada húmeda.
Con la mano alzada, como en las peliculas americanas, paró un taxi. En un pañuelo de papel le escribió al conductor la dirección del lugar donde deseaba llegar y se engurruñó en el asiento. Desgraciadamente para ella, la calefacción estaba puesta.
El taxista, un joven lleno de piercings, con la cara completamente tatuada, convencido de que el paquete que llevaba en el asiento de atrás, era una loca con ganas de jugar a "sacar la lengua a alguien" correspondió a sus gestos con una imitación de los mismos visible a través del retrovisor interior. Eulalia se sintió burlada y le ordenó que parara antes de llegar al destino indicado. Hizo el resto del trayecto a pie, a ratos con la lengua fuera, a ratos con la lengua en su casa. Más de un transeúnte la increpó.
La joven estaba en el infierno y solo esperaba llegar a algún lugar donde alguien la rescatara.
No fue así.
Tras horas de espera y pruebas exhaustivas, los resultados no indicaron nada. Todo estaba bien. Y sin embargo, apesar de esa salud tan clara, esa lengua crecía y crecía y crecía sin que nadie pudiera contenerla. Sobrepasó la barbilla, llegó a la cintura, cubrió sus rodillas... la última vez que la vimos entera, era una serpiente enorme que se arrastraba por la sala. La joven era una figurita minúscula, una hormiga pariendo un dragón del que nadie de los que estabamos allí sabía nada.
Poco despues del amanecer, reventó.Un rio de sangre, una catarata inundó el consultorio. Al abrir la puerta para no morir ahogados en ese líquido rojo y tibio, se extendió por los pasillos.
Recuerdo que la enfermera, incapaz de hacerle un torniquete, mientras nadaba en su sangre le gritaba: "¡Muérdase la lengua! ¡muérdase la lengua muy fuerte Eulalia!"...
Fue inútil.
Cuando todo terminó, en el consultorio numero dos no quedaban restos de "la mujer campana". En el suelo, solo habia una manzana mordida.
El doctor Seltsam, experto en enfermedades raras, afirmó que era eso lo que la joven debia de haber notado en la punta de su lengua esa mañana. Que posiblemente comenzara siendo una simple pepita enquistada, una pepita que con el calor y la humedad... En definitiva, que la joven Eulalia "Se había ido de la lengua" igual que otros se habían ido del vientre o de la boca cuando habían tenido por ejemplo una mala malaria.
Cuarenta días después, todo estaba limpio, sin embargo el olor, ese olor tan peculiar que tiene la sangre, aún te sacudía la nariz y los recuerdos.
Su marido se enteró del suceso por internet cuando tonteaba con alguna de sus máquinas.
Yo no he vuelto a entrar en el consultorio número dos, no puedo, pero dicen los que trabajan allí, que en ocasiones, cuando el calor arrecia y la humedad es elevada, se escucha con claridad la risa de un niño y el eco de una campana.

Ana Isabel Fariña


Ser todo corazón

Llevo el corazón en la mano
con mi cabeza a pájaros.
Me quedo con la boca abierta
haciendo de tripas corazón
para entrar con buen pie.
Se me parte el corazón,
pierdo la cabeza
sacando mis pies del plato,
sin tener pelos en la lengua.
Pongo los ojos en blanco,
sueño despierto
que nazco de pie
y no cabe mi corazón en el pecho.
Termino en la boca del lobo,
donde todo es corazón,
con la cabeza bien alta
y los pies en polvorosa.

Sofía Montero García

Animaladas

La sesión del lunes, 16 de junio, la dedicamos a los animales y las animaladas. Tomamos como referencia los libros de Daniel Nesquens "Hasta (casi)100 bichos" y "ABeCebichos". Pero también hablamos del "Animalario Universal del profesor Revillod" y "Abezoo" de Carlos Reviejo. 




Reproducimos aquí la "Nota del autor"

Todos mis amigos y conocidos saben de mi cariño por los animales, por todos los animales. Ya tengan dos
patas, tres, cuatro o cien. me encantan.
Nadie quiere venir a mi casa porque temen ser mordidos por Maika, una serpiente pitón de más de tres metros de longitud; cuando no, acorralados por Oscar, un león nacido en Tanzania; o atravesados por Delicado, un puerco espín que me traje de un viaje al Asia Central; o golpeados por un balonazo de Rafa, mi hijo, que tiene una pierna izquierda que ya la quisiese algún jugador de Primera División.
El cartero renuncia a pasar por delante de mi casa desde el día en que Escocia, una tarántula de más de veinte centímetros de pata a pata, lo capturó en su telaraña.
No hay fontanero que me quiera realizar un presupuesto, ni vendedor de seguros que se atreva a tocar el
timbre.
A todos los animales que viven conmigo los quiero por un igual. Todos me respetan, y todos me escuchan atentamente cuando les tengo que decir algo. No puedo señalar a ninguno de ellos como mi preferido. Por eso, y generalizando en la especie, quise redactar unas líneas con alguna de sus características más divertidas. Digo quise, porque estos folios quedaron en el cajón que tengo de asuntos pendientes hasta hace unos meses, en que, mientras tomaba café con hielo debajo de la sombrilla Estevenson, una cacatúa macho de plumaje verde con la cabeza naranja y la cola verde, estiró su cabeza y con voz de loro me preguntó por los folios que había estado escribiendo.
-¿Y los folios? ¿Y los folios?- me preguntó sujeta a la cuerda donde mi mujer tiende la ropa.
-¿Qué folios?, Estevenson- le pregunté, sorprendido por su pregunta.
-Los que escribiste de todos nosotros. Los que escribiste de todos nosotros- repitió como si no lo hubiese oído.
Terminé mi café con hielo y fui a mi despacho. Allí estaban, en el cajón de asuntos pendientes, debajo de un
catálogo de coches de una prestigiosa marca mundial.
Los volví a leer. Me sonreí. Retoqué algunas cosas y esa misma tarde reuní a todos mis animales y se los leí. Chumi, la hiena, no paraba de reírse; todos los demás también.
Alentado por todos ellos me vi obligado a mandárselos a un amigo editor, para se él lo creía oportuno publicarlos con la intención de que todos vosotros paséis un buen rato de lectura amena y divertida.

Muchas gracias

La propuesta de escritura de la sesión fue doble. Por un lado trabajamos con los tautogramas, tal y como hace Nesquens, en su libro "ABeCebichos". Y por otro, propusimos escribir sobre algún bicho o animal real o inventado. Aquí estás los trabajos de algunos de los participantes en el taller:


Águila alada alcanza ávida al ave aturullada al atardecer.
Cerdo come cascaras, conchas, cuscurros con comedido candor.
Mono malo manosea mandioca molida mientras masca moras, manzanas, mondas
León loco lanza largos lamentos lastimeros.
Pez pescado piensa: poco pan puso.

Carmen Alonso


Asno andaluz anda abriendo albaricoques apuradamente
Foca feliz fantaseaba fumando fortuna frente fotógrafo.
Toro tremendo tranquilizaba torero triste todas tardes
Jabalí jugaba jabonera justificándose
Zorro zoo zanjaba zafiamente zurriagazo

Luis Iglesias


Dinosauros

Doctor, después del disgusto del desahucio, de despertarme diariamente decaído, descubro dinosaurios detrás del dormitorio, debajo del desván, delante del descansillo...
¿Delineante? Desempleado desde diciembre. ¿Duerme? Demasiado. ¿Dolores? Depende del día. ¿Desamores? Desilusiones. ¿Desdichas? Desalientos, desánimos...
Descripción detallada: desaliño, desarraigo,desvanecimientos, delgadez (digestiones difíciles, desnutrición), decaimiento, desconfianza, débil desmemoria...
Descartado delirio. Diagnóstico: depresión. (Dispondrá del diagnóstico definitivo dentro de diez días). Descanse. Desaconsejo disgustos, drogas, desengaños, dormir demasiado...
Distraído divisó desconcertado decenas de diminutos dinosaurios danzando dentro del despacho, detrás del diván. Dañinos diceraptores, dilaphosurus de doce dientes, desafiantes dicraeosaurus, demoníacos dromaeosaurus, divertidos diplodocus... deambulaban diciendo despacio, débil, delicadamente: despierta, dinosaurio, despierta.

Enrique Galindo


RATA: Roedor, rescatado (del) relato revelador (de) ruidos roncos, reside relativamente (en) rodapiés.
OSO: Osado original organizador (de) objeciones (que) otros obedecen.
SERPIENTE: Sencillo ser sobrado (de) sebo (que) sabe salir (de) sí. Suele serpentear significando sudores sobre seres sociales
ZORRO: zoquete (del) zoológico (que) zozobra (en) zigzag zurciendo zalamerías.

María Teresa Mendoza


Sibila serpiente saborea sol sin sal.
Libélula liba, lame la lila.
Corta casa carga caracola.
Gato gris golosea gamba gabardina.

Aronbanda


SAPONA

Siete sapitos sollozan
Su señora Sapo, "Sapona", salió
Siete sapitos solitos, sin silueta, sin senda, sin sombra, suspiran.
Su señora Sapo, "Sapona", salió
Sintiendo su sombrio sentir, su señora, su "Sapona", susúrrales su serenata:
"Silencio sapitos, sapitos silencio...
Si sollozáis seréis sollozo
Si suspiráis suspiro seréis
Si sollozais, si suspirais... sin sentido sucumbiréis
Silencio sapitos, sapitos silencio...
Solitos... solitos... siempre seréis siete sapitos, siete sapitos solitos...
¡Sonreid sultanitos! Sois siete sultanitos, siete sapitos-sultanitos...
Sapitos... sapitos...
Sois siluetas sin silueta
Sois semillas sin sendero
Sois sonrosadas sendas, sois... sois... sois siete sorpresas
Silencio sapitos, sapitos silencio...
Sabéis sentir... ¡saltad!... sedosa seda seréis.
Sabéis saltar... ¡sentid!... sonetos sin sombra solfearéis"
Suave sopla su susurro.
Siete sapitos, siete sapitos solitos, se serenan
Sentaditos sobre sábanas silvestres, sueñan. Son siete sueños. Siete sueñecitos solitos.
Siete sueñecitos sin sombra, sin silueta, sin sendero.
Siete saltitos, siete sinfonías, siete sorpresas, siete sonetos

Ana Isabel Fariña


DUENDESAURIOS

Doce descomunales dinosaurios dormitan dentro de dos diminutos duendecillos.
Dos duendecillos diminutos dormitan dentro de doce dinosaurios descomunales.
Dormidos desean...
Desean descubrir dónde...
Dónde descansar despiertos.
Dónde decapitar dolores de destrozos delegados.
Dónde disfrutar daikiris diferentes.
Dónde despistar dictaduras, déspotas, doctos doctores deshumanizados.
Dónde deambular despistados.
Dónde disfrutar diferencias.
Dónde deleitarse dibujando diminutos dinosaurios, descomunales duendecillos despiertos, divertidos, descansados.
Dónde "daikirear" disfrutando
Dónde decir desenvueltos: danzaremos desnudos, danzaremos descalzos, disfrutaremos danzando
Durante décadas de décadas doce descomunales dinosaurios, dos diminutos duendecillos dormitan, dormitan deseando, deseando despertar desnudos, danzar desenfadados... delante, detrás, dentro de distintos descampados.

Ana Isabel Fariña


TORTUGAS

Tres traviesas tortugas, tomaban té tierno. Trasteando, trasteando... tras tres truncados troncos, tropezaron. Tremendo tamparrantán, terrible tropezón tuvieron.
Tras tragar tan tormentoso té, tosieron.
Tosieron tanto, tanto, tantísimo, tanto... tantísimo tosieron... Turbadas terminaron tartajando.
Tras tres tiempos tornasolados, tornaron tres timbres tersos, tisulados.
Tozudas, tras tener todo tasado... trasteando, trasteando.... tomaron té túrbido, tumefacto, terriblemente trenzado... Todo tras tres troncos truncados... Tropezaron, tropezaron, tropezaron...
Trepidantes tiempos trascurrieron... turbulentos... tortuosos... trasnochados...
Tres traviesas tortugas, tanteando, tanteando...; trastendo, trasteando...; tosieron. Tosieron tanto, tanto, tantísimo, tanto... tantísimo tosieron... turulatas terminaron, terminaron tartajando.
Tullidas tornaron tatuando troncos, tuneando tropezones, travistiendo temporadas, tejiendo tapaderas...
Tropezando, tropezando, tropezando.., tres terribles tiempos terminaron.
Tres traviesas tortugas, treparon.
Treparon tanto, tanto, tantísimo, tanto..., tantísimo treparon... "trepacistas" titularon...
Tras tornarse tripudas, tras tornar " trabajadoras" ... tomaron trajes troquelados... Tradicionalmente trajeadas, trasmitieron tres testigos. Tímidas testimoniaron : "tuvimos tiempos tormentosos... tranquilas trabajamos. Trabajamos tanto, tanto, tantísimo, tanto... tantísimo trabajamos... triunfadoras terminamos."
Tuturutú....

Ana Isabel Fariña


GERMÁN GODOY

Germán Godoy gatea grácil.
Germán Godoy gentil gatea.
"Guando" Guillermo García González, gallardo galopa, gime.
"Guando" Guillermo García González "gegresa", gozoso "gongonea".
Germán Godoy, griposo gime.
Guillermo García González, gigantón galeno, grandioso guardián guardavela, gatuno "ge" "gongonea"

Ana Isabel Fariña


FOCAS

Fragatas fúnebres fondean.
Fríos funestos fecundan fábricas.
Figuras fantasmales fusilan... flagelan futuros frutos festivos.
Focas felices fallecen.
Frívolos financieros fabuladores fulminan feroces "ferocidades".
Feos forros festonan feligresas flacuchas, feligresas fornidas, fondonas... fervorosas figurillas furtivas.
Francesas, Finlandesas, Florentinas, Flamencas... flores fatuas fanfarronéan.
Fétida fragancia femenina fluye. Fatigada fala.
Febriles focas fantasean: "Fallecerán fieros fantasmas filibusteros. Feneceran frias fragatas furtivas. Focas felices, felices focas... festejarán felices fiestas, fiestas felices, frutos futuros, fríos frondosamente fértiles."

Ana Isabel Fariña


* * *


El oso

El oso es aquel ser capaz de inspirar ternura y a la vez mostrarse osado y valeroso. Si en algo es el número uno es en la capacidad de protección. Hay diversidad de razas de osos, animales que se han adaptado a las circunstancias.
Normalmente son herbívoros pues comen semillas y frutos, pero también he oído hablar de osos carnívoros aunque no sé a ciencia cierta si son reales o fruto de leyendas sobre asesinatos a cazadores un tanto desorientados. El oso es capaz de hibernar medio año huyendo de la climatología propia de zonas frías incluidos los glaciales. Se cobija en su cubil y se reserva para durante el buen tiempo, ayudar a sus crías en su desarrollo como futuros ejemplares tan asombrosamente nobles como grandes. Tan patriarcas defensores de la vida como maestros de la supervivencia.
El cuento que más nos gustaría escuchar hoy es el de ese niño que crece conviviendo con animales… el llamado Mogli, quién tiene en Baloo un instructor, un consejero, un defensor. Me pregunto qué habría sido del cuento si en vez de un niño la protagonista fuese una niña. Quizás ella pecaría enamorándose o encariñándose. Si bien con alma de niña encuentra a su padre… un oso responsable que cuida de ella. Si bien con alma de mujer encuentra al hombre en el oso que cuánto más feo… más hermoso.
El oso además de todo esto es goloso y busca con serenidad la oportunidad de encontrar en las gachas de mamá osa un bocado a pedir de boca para satisfacer su paladar.
Oso precioso… no seas perezoso y ven conmigo a un lugar ocioso a disfrutar de lo grande de la vida. La vida salvaje en un mundo de verdad.

María Teresa Mendoza


El quesseyo

El quesseyo es un animal de especie rara y a extinguir, se encuentra protegida por Greenpeace. No tiene sexo definido ni se le conoce su época de reproducción.
Es un animal con muchas incertidumbres, no distingue frío ni calor, ni cuando dormir, por lo que lo podemos encontrar dormido en cualquier momento del día o la noche.
No emite ningún sonido por lo que suponemos que se comunica con seres de su misma especie por telepatía.
No sabemos si tiene patas debido a la especie de pelaje o lana larga que le cubre todo el cuerpo y con lo que se desplaza penosamente.
Su alimentación es escasa, nunca sabe como llegar a ella por lo que sobrevive con lo que le va llegando a su boca cuando se mueve.
Vive en solitario por su inseguridad. Difícil de localizar lo podemos encontrar por los barrancos o lugares prácticamente inaccesibles debido a que no sabe por donde salir.

Carmen Alonso

El loro verde

El loro Sebastián, aparentemente era un loro corriente, de color amarillo y algo parlanchín. Pero Sebastián tenía algunas diferencias que le hacían ser un loro peculiar. Durante el día solía dormir e imaginar historias fantasiosas, picantes y exageradas a más no poder. Además tenía un defecto en el habla, se le encasquillaba la lengua con el pico al querer hablar deprisa y se le producía una especie de tartamudez que le hacía muy divertido al contar sus historias, sus aventuras y sus ligues.
Los loros del barrio, por la noche, cuando sus dueños se iban a la cama, abandonaban sus jaulas y se reunían de tertulia hasta altas horas de la madrugada. Como ya conocían a Sebastían, a este le dejaban que contara sus andanzas en último lugar, el cual siempre conseguía la máxima atención, el mayor suspense, por el carácter picante y exagerado, y por la tardanza en narrarlos por su tartamudez; unos se quedaban dormidos y otros se tenían que ir pues empezaba a amanecer, con lo que Sebastián siempre posponía el final para el día siguiente, lo que hacía que todos acudieran intrigados.

(Continuará.....)

Luis Iglesias


Negrito

Te añoro en el presente donde habito.
Tu voz entrecortada recuerda mi pasado.
Tus patas en mi pecho
saciaban mi vacío.
Ojos de placer,
acurrucados en mi piel,
desviaban la mirada al infinito.
Tu imagen duerme,
anida entre mi piel,
descansa en mi regazo.
Los días se hacen miel
con el recuerdo de mi infancia
que grita tu cuerpo
de sueños y de vida.

Sofía Montero García
Poema dedicado a mi gatito negro de la infancia.


Polli-nomio, el pollito de biblioteca

Polli-nomio es un pollito que vive en la Biblioteca de las Conchas, se esconde entre las hojas de los libros. Hoy se paseaba por “La canción desesperada” de Pablo Neruda, acariciaba los versos: “Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,// el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.” En cuanto me vio escapó volando hacia la estantería de poetas actuales, creo que se introdujo en “Consumir preferentemente” de Raúl Vacas, lo abrí con mucho cuidado justo donde se notaba una pequeña protuberancia, ahí estaba, era la página 21, deletreaba: “aún sigo rebañando tu último beso”. Polli-nomio es un soñador fruto de las intensas lecturas a poetas. Todos los lunes lectivos a eso de las 7 de la tarde se acerca por la Sala Fondo Local, se coloca en la estantería que le recuerda los gallineros de sus ancestros y cómodamente disfruta del taller de escritura creativa. Es muy culto. A veces para cambiar de aires se cuela en algún libro de préstamo y va a la casa del
lector, allí se dedica a recorrer todas las habitaciones y a examinar todos los objetos que se encuentra. A polli-nomio le gustaría ser un poco más alocado como algunos de sus colegas que las saben liar de órdago. Lleva una temporada preparando la estrategia y tomando datos para introducirse dentro de los ordenadores. Allí se le abrirán oportunidades ilimitadas, entonces si que las podrá liar como sus colegas. Pero eso ya es otra historia.

Vicente M. Martín


Kundalini

Serpiente que amanece
de la adormecida del invierno.
Rayo que baña su cuerpo.
Silueta que ronronea y se deja acariciar.
Pálpito de sangre.
Kundalini se estremece.
Sabe del verano…
Le traerá el verdor, el frescor, el agua cercana…
Ya escucha el cascabel de las hojas al aire,
del manantial de luz.
Desplega la espiral.
El infinito dentro.
Arrastra su frío invierno.
Tirita, se estira, se retuerce.
Ha salido el sol.

Aronbanda


Sueños

Junto al charco
salta la rana.
Juega a ver
el pez estancado.
Peonza.
La rana croac.
El pez run ran run ran.
Espiral.
Junto al charco
salta el pájaro verde.
Juega a ver el pez estancado.
Peonza.
El pájaro verde aletea.
El pez run ran run ran.
Espiral.
El pico naranja
le trae al caudal.
Brinca el pez.
¡Chaaas!

Aronbanda


Zoquetis Bipedus

El zoquetis bipedus es un bicho muy curioso. Entiéndase curioso por extraño.
La curiosidad como tal, como deseo de aprender lo que no se sabe, es un atributo que el zoquetis pierde en sus primeros años de desarrollo.
El por qué de esta pérdida es una cuestión oscura. Así, aunque son muchas las teorías elaboradas al hilo de esta dramática mutilación, nada se sabe con certeza.
La escuela hipocrática ha opinado y opina que el hecho de alejarse del suelo y erguirse puede ser el detonante. La Soberbium Erecti, es una bacteria neurotóxica bastante común, sus esporas pueden penetrar a través de una fisura mínima y gangrenar el centro de interés del sujeto en formación necrosándolo. Sus secuelas no hace falta decirlo, aunque lo diremos, siempre son devastadoras.
Por su parte, la escuela beringuei graueri, defiende con la misma fuerza que esa erectud característica del zoquetis es fruto de su curiosidad innanta, y que por lo tanto, resulta imposible achacar a ella su extravio. Resulta complejo defender -argumentan- que la causa de su evolución sea la misma que la de su regresión.
Ambas doctrinas mantienen una pugna tan brutal como atractiva de la que cualquiera que no haya sobrepasado sus primeros años de desarrollo puede disfrutar.
Lo que es incuestionable para ambas es su realidad.
Su realidad y sus consecuencias: merced a su pérdida, el zoquetis, hijo directo de Prometeo, con tal menoscabo, se extravía, olvida su promesa de futuro y fuego y se convierte en un bipedus simplicísimus. Un bicho curioso que se diferencia del resto únicamente por erguirse sobre sus ancas traseras y liberar las delanteras.
A modo de anecdotario reseñar que a este animal una de las actividades que más le entretiene es utilizar sus ancas delanteras para quitarse los mocos. Cuando es infante lo hace casi constantemente y sin disimulo. Es más, si puede se los come. Cuando llega a la edad adulta, continúa haciéndolo, si bien procura que tal hacer se realice con discreción, considerando el bicho que tal reserva habita en la chatarra del vehículo que usa casi diariamente para casi todo . Es allí, donde creyéndose a salvo, hurga con placer en sus orificios hasta dejarlos lisos.
Otro uso tan frecuente como llamativo al que este bicho destina sus ancas delanteras es al de espantar moscas, mosquitos e insectos voladores tan minúsculos como potencialmente fieros. Cuando la potencialidad de la posible agresión se apoya en terroríficas historias como las que clásicamente protagonizan las abejas, las avispas y sus similares, el zoquetis se asusta tanto que prefiere utilizar las ancas inferiores para correr y acompañar su huida con gritos estridentemente estridentes.
Se ha demostrado que en muchas ocasiones esa estrepitosa disonancia es o ha sido la responsable de la sordera del presunto atacante. Siendo así, si el agresor es una abeja, tras los alaridos, nos encontraremos con una abeja sorda (que no es lo mismo que una abeja gorda, que por serlo y dar más miedo terminará más sorda). Abeja que como cualquier animal desorientado libará donde no debe y polinizará lo que no le corresponde, con el consiguiente desequilibrio universal que ese hecho siempre genera. Recuérdese la epidemia de "humus" que se vivió hace dos décadas en Tokio. Peste que como todos bien saben, nació de la jalea ocasional que se obtuvo con la anómala fertilización de las chimeneas.
Anécdotas aparte, el zoquetis sano es un animal omnivoro (puede comer de todo) Su dotación genética se lo permite. Nadie podría demostrar lo contrario. Ahora bien, dependiendo del grupo en el que se enciendan sus primeras luces, verá como ciertos manjares se excluyen de su dieta. Un Dios omnipotente y omnisapiente, siempre territorial, indicará en cada zona o región aquello que no es adecuado y lo prohibirá. En ocasiones, también prescribirá los días en que se debe ingerir y la forma en que se debe manipular el alimento desde el contacto inicial con el mismo hasta su tratamiento final. Lo habitual es que ese conjunto de indicaciones se conviertan en tradición, en dogma capaz de movilizar a toda la manada contra él o los supuesto infractores. La condena más habitual a cualquier comportamiento contrario al clan es el ostracismo, el destierro. Nombre que tiene su origen en aquel zoquetis anafalbeto que el día de su boda, ante sus invitados, se negó a comer ostras por estar vivas y las lanzó a la mar. Ningún comensal se lo perdonó.
A mayores, ahondando en el tema de la nutrición y relacionándolo con el anterior, la erectud (tema recurrente en este animal); conviene recordar que el bicho, este bicho, utiliza sus extremidades superiores para proceder a la ingesta. Uso que de nuevo carece de un proceder uniforme para la especie.
Un subgénero de la misma, "el zoquetis bipedus exquisitus", limpio "in extremis" , acopla a sus ancas delanteras unas prolongaciones cada vez que ingiere alguno de los bocados permitidos en su territorio. La finalidad de estas prótesis altamente ergonómicas, es evitar en la medida de lo posible, el roce con el sustento. Parece que la textura del elemento o el olor que desprende pueden resultarle asquerosamente repugnante.
Otro subgénero, "el zoquetis bipedus primitivus" cuando procede a nutrirse, utiliza directamente una de sus extremidades, la derecha. Con ella prepara la pitanza y con ella la deposita en la boca. Esta terriblemente mal visto y puede ser duramente castigado (amputación) el uso del anca izquierda para la realización de la actividad descrita. Su misión es otra, y aunque también tiene que ver con el cuidado de orificios, en su caso el cuidado ha de ceñirse a su aseo. Es así que lo que la derecha introduce en el cuerpo, una vez que destila sus nutrientes a las distintas células que lo conforman, la izquierda lo recoge cuando lo abandona.
Su extraordinaria capacidad adaptativa le permite sobrevivir en los ambientes más hostiles, incluidos aquellos donde se amontonan los cadáveres de millones de congéneres. Puede comer mientras ve como se matan sus iguales a través de un aparatito cuadrado que a modo de altar venera en alguna de las habitaciones de su guarida. También puede matar y comer sobre sus víctimas sin perder el control de ninguna de sus ancas.
En condiciones no tan extremas, cuando se encuentra en un hábitat que ha hecho suyo (hielo, lava, desierto, selva, sabana....) allí donde su rutina se desarrolla sin demasiados sobresaltos, suele ser un animal sociable. Gusta del trato con otros miembros de su especie, con ellos comparte tiempos de ocio y disfrute que le satisfacen, máxime cuando consigue ser el centro de atención de ese grupo con el que ha decidido relacionarse. Y es que, una vez que el zoquetis bebe del agua del pozo de los Narcisos, suele desarrollar un afán por sí mismo, una complacencia tan desmesurada con todo lo que hace, que la fiebre del encantado de conocerme le abrasa, noqueando en la mayor parte de las ocasiones el acercamiento sincero. Se han dado casos ( consultar textos apócrifos) donde grupos enteros de zoquetis sobrevivieron a ese patógeno acuoso. Épocas doradas de las que apenas alguien sabe. Y es que el zoquetis, puede parecer un bicho poco entrañable, un animal al que ningún miembro de otra especie envidiaría. Pero el zoquetis, tal como acabamos de indicar, no siempre es un zoquetis enfermo. Estudios científicos extremadamente rigurosos han demostrado que el curioso bicho que hoy examinamos puede ser un animal sano, maravillosamente maravilloso, y protagonizar sin saberlo actos cotidianos de dimensión heroica.
El apareamiento de esta bestia bípeda es un ritual soberbio, de duración indefinida, ajeno a patrones, pautas o preceptos, cuya finalidad excede los límites meramente reproductivos. Una ceremonia primitiva, salvaje y animalesca donde el macho y la hembra despliegan por igual el color de sus talentos para conseguir el acoplamiento. El placer que produce este juego puede llegar a ser de tal magnitud, que un macho o una hembra hagan pivotar su respiración y sus pasos en torno a él.
Consciente de ello, la manada a lo largo de la historia ha enfajado su proceder, ensalzando hasta el altar o denostando hasta la lapidación determinados cortejos.
Esta dicotomía entre el deseo natural y la conveniencia ha sido causa directa de múltiples males que van desde el suicidio Tolstiano a la invasión Troyana.
Por último, y ya para concluir -que el tiempo apremia-, reseñar que de todos los animales, el zoquetis es el único consciente de su dimensión mortal. Sabe que su tiempo es finito. Sabiduria que los dioses le concedieron con el fin de hacerle más libre y permitirle disfrutar de cada nanoinstante como si fuera el primero y el último.* Sabiduría que se convierte en su esclavitud en tanto de su garganta sale temerosa la palabra "No" y orienta su proceder a una continúa elusión del peligro que pudiera materializar ese conocimiento heredado de los dioses en una realidad fria y luctuosa.
Como habrán podido comprobar aquellos que hayan tenido la paciencia suficiente para llegar conmigo al final de esta disección, el zoquetis bipedus es un animal curioso. Entiéndase curioso como extraño, cuya evolución tal vez pase por resolver esa cuestión oscura que centró nuestra atención al inicio (La Soberbium Erecti) y por desenfajar costumbres y comportamientos enquistados en territorios minúsculos que le empequeñecen. Porque el zoquetis bipedus sano, no lo olviden amigos de "descubriendo la naturaleza" es un espécimen entrañable capaz de los actos más heroicos sin saber de su heroicidad.
Este será el tema que centrará nuestra mirada en el programa de mañana , cuando ustedes y yo, acompañados del equipo de profesionales que diariamente nos acompañan pasemos 21 días con el zoquetis bipedus en distintos hábitats y podamos presenciar en todos ellos sus diarias muestras de afecto, entrega o amor. Si pueden, no se lo pierdan. Ya saben les estaremos esperando.

*(Entiéndase disfrutar por el acto de diluir los límites materiales y temporales en la actividad que se realiza, siendo así que a veces el disfrute resulta doloroso)

Ana Isabel Fariña


Una relación muy familiar


Los zánganos viven tres meses rodeados de atenciones.
Se despiertan por la mañana y se dan la vuelta en el lecho de cera virgen. Acompañan con un buen bostezo su primer batido de alas y crean una corriente de aire refrigeradora necesaria en la colmena por las elevadas temperaturas que generan las abejas obreras con su intenso trabajo desde el amanecer.
Diariamente se les proporciona alimentos ricos en fructosa, principal nutriente de los espermatozoides, proteínas y vitaminas y se someten a sesiones de masajes y gimnasia pasiva con una entrenadora personal que descarga sus vibraciones para tonificar su musculatura. Así se preparan para el paso decisivo que es el de copular con la reina.
Cuando la seleccionadora reconoce en el exterior el zumbido de la reina buscando compañía, lanza al vuelo al grupo de zánganos que considera mejor dotados para que le entren. La reina aceptará en vuelo a un buen número de ellos hasta saciarse y asegurar la descendencia.
Eso si, después del apareamiento uno tras otro irán cayendo muertos con los órganos genitales desgarrados.

Antonia Oliva

El cristal con que se mira

La sesión del lunes, 2 de junio, la dedicamos a los hombres y mujeres de cristal.
Hablamos de la osteogénesis imperfecta, enfermedad conocida con el nombre "huesos de cristal". Leímos el cuento "Jaime de cristal" de Gianni Rodari y algunos pasajes de El licenciado Vidriera de Miguel de Cervantes.



Transcribimos aquí el texto "El hombrecillo de cristal" de Gianni Rodari publicado en su maravilloso libro Gramática de la fantasía:

Dado un personaje, real (como la Befana o Pulgarcito) o imaginario (como el hombre de vidrio, por decir el primero que me viene a la cabeza), sus aventuras podrán deducirse lógicamente de sus características. ¿”Lógicamente” se usa aquí en relación con una lógica fantástica o con un lógica-lógica? No sabría decirlo. Tal vez con las dos.
Sea, pues, un hombre de vidrio. Él deberá actuar, moverse, contraer relaciones, sufrir percances, provocar acontecimientos sólo obedeciendo a la materia de la que lo imaginamos hecho.
El análisis de esta materia nos ofrecerá los rasgos del personaje.
El vidrio es transparente. El hombre de vidrio es transparente. Pueden leerse sus pensamientos. No necesita hablar para comunicarse. No puede decir mentiras, porque se verían inmediatamente en su cabeza, a menos que vaya cubierto con un sombrero. En el país de los hombres de vidrio, es un mal día aquel en que se lanza la moda del sombrero, o sea la moda de ocultar los pensamientos.
El vidrio es frágil. La casa del hombre de vidrio debe estar por lo tanto, totalmente acolchada. Las aceras se tapizarán con colchones. Está prohibido el apretón de manos. Prohibidos los trabajos pesados. El verdadero médico del país es el vidriero.
El vidrio puede colorearse. Es lavable, etc. En mi enciclopedia, al vidrio se le dedican cuatro largas páginas, y casi en todas las líneas se encuentra una palabra que podría llenarse de sentido en la historia de los hombres de vidrio. Está allí, muy negra sobre el blanco, junto a todo tipo de noticias químicas, físicas, industriales, histórico-comerciales, y no lo sabe: pero tienen un puesto asegurado en un cuento.
El personaje de madera debe cuidarse del fuego que puede quemarle los pies, en agua flota fácilmente, un puñetazo suyo es seco como un bastonazo, si lo ahorcan no muerte, los peces no lo pueden comer: todas estas cosas le suceden justamente a Pinocho, porque es de madera. Si Pinocho fuese de hierro, le ocurrirían aventuras de otra clase.
Un hombre de hilo, de helado, o de mantequilla, puede vivir sólo en una nevera; si no, se derrite: sus aventuras se producen entre el “freezer” y la lechuga fresca.
Un hombre de celofán tendrá aventuras diferentes de las de un hombre de mármol, de paja, de chocolate, de plástico, de humo, de pasta de almendras.
En este campo, el análisis de los materiales y el análisis fantástico coinciden casi totalmente. Y no se me diga que, antes que cuentos, es mejor hacer ventanas con el vidrio o huevos de Pascua con el chocolate; en este tipo de historias, más que en otro, la fantasía se mueve entre lo real y lo imaginario, en un juego pendular que considero muy instructivo y hasta indispensable para dominar lo real hasta el fondo, remodelándolo.


1. A la hora de traducir vetro, dudé entre “cristal” (más generalizado) y “vidrio” (correcto, pero menos usado). Opté por el segundo término para hacer más “textual” el homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra, ya preocupado con la verdad –transparencia y locura- y la fragilidad humana en El licenciado Vidriera: “… cuando alguno se llegaba a él, daba terribles voces pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen, porque le quebrarían: que real y verdaderamente él no era como los otros hombres: que todo era de vidrio, de pies a cabeza”. Habría que crear historias, además, a partir de frases hechas como aquella de “pagar lo vidrios rotos” o, hablando de personajes, retratar al “hombre de la mirada vidriosa”. La base de la fantasía, en definitiva, está en aquello de que “todo depende del cristal con que se mira”.


Recordamos aquí el pasaje de Amelie en la que la protagonista habla con Raymond Dufayel, el hombre de cristal. En otro momento de la película, en un mensaje grabado en vídeo, el Señor Dufayel invita a Amelie a ir un busca de su amor. Lo hace con estas palabras: "Verá mi pequeña Amelie, usted no tiene los huesos de cristal, podrá soportar los golpes de la vida. Si usted deja pasar esta oportunidad, con el tiempo su corazón se irá volviendo seco y frágil como mi esqueleto. A qué espera, ande, vaya a por él"





Siguiendo los consejos de Gianni Rodari propusimos como tarea escribir sobre un hombre o una mujer de hilo, de hierro, de bronce, de celofán, de plástico, de humo, de chocolate... Estos son los trabajos de algunos de los componentes del taller.


El Hombre Humo

Siempre fue muy volátil. De pequeño fumaba colillas recogidas por la calle. En su juventud liaba canutos y junto a la pandilla de amigos los fumaban a escondidas en el parque o en la discoteca.
Encontró un puesto en la política, se presentó a unas oposiciones en las cuales necesitaban gente que vendiera humo, sacó el número uno. Varias veces han intentado echarlo, mejor dicho evaporarlo, pero se escabulle por cualquier rendija, nadie logra verlo, ni tampoco atraparlo, aunque deja un olor característico de haber estado allí, pero nadie lo ve.
Siempre ha sido un fiel servidor de sus jefes, estos le tienen mucha estima, conoce secretos de todos y los transmite a sus superiores, por lo que está muy bien considerado dentro del partido. Cuando ve la cosa mal se esfuma y siempre aparece cuando el aire ya no está tan viciado.

Luis Iglesias


Nena: pompa de jabón

Mirar amanecer y pensar que tiene que adquirir su personalidad, la cual le viene de las pompas de jabón con que su madre frotó anoche la colada, le hace sentir bien.
Aquellas pompas de jabón al entrar en contacto con su piel, le transferían una cualidad que se consideraba innata por los hombres de justicia, puesto que lavarse es lo primero que se hace al levantarse tras sus horas de sueño, así pues Nena se convertía en una gota de agua impregnada de aséptico y límpida de olor, una materia que alcanzaba su clímax cuando se frotaba mezclada con un poquito bajo el agua: ser de jabón implicaba siempre la capacidad de “darle la cara” con un limpísimo contorno carnal que nadie podía abrazar pues se resbalaba en el intento.
A ella eso de ser de sosa y perfume le encantaba mas no sabía en que podría terminar su historia. Quizás hacerse pompa y poder observar desde el cielo la ciudad impregnada de sucios orines, cacas de perro, chicles y colillas de tabaco…
- Si hoy fuese el día internacional de la higiene podría enseñar a los demás a mantener ecológicamente con políticas personales de sostenimiento… para dejar todo fresco, limpio y reluciente.
Aquel día llegaría tarde o temprano… ella transformada en pompa observó en sí misma de nuevo su cualidad que pasaba a desaparecer como “por arte de magia” quizás sólo con tocarla con el dedo índice débilmente… pero entonces ella volvía a buscar el agua y retornaba a su estado.
Era criticada por algunos vagabundos del lugar que nunca se aseaban y lo único que percibían era un olor tal que les producía dentera. Uno de ellos, el más joven vio la pompa y trató, como si de un niño se tratara, de asirla y protegerla con su mano, ¡no se puede coger!, pero quedaba aquel olor especial de perfumado jabón que se contraponía con su apestoso olor a sudor humano.
Ella, la pompa de jabón, pronto se dio cuenta de que había mucho qué hacer. Desaparecer muchas veces y dejar impregnado todo de asepsia e higiene era una idea especial, empezó a pensar cómo habían hecho los dirigentes o alcaldes, pensar en su ciudad la cual estaba sucia… habría trabajo mucho trabajo por hacer, lo cual era verdad, y estudiando la situación reconoció el lema que habían inventado en su ciudad natal: “Salamanca culta y limpia”- tanto el eslogan como la realidad servirían para que ella desarrollase una labor a todas luces interesante… se decía: brilla, limpia y da esplendor… tal y como se entiende en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua… todas estas cuestiones le hacían sentir culta pero también limpia.
El día internacional llegaría y hasta entonces tenía mucho que recorrer y muchas superficies que pulir con su encanto de pompa de jabón.
Si todo hubiera sido un sueño, tendría que inventarse “el ser de jabón” sino ya sabes… estropajo en mano habría que dar solución a toda cotena del lugar.

María Teresa Mendoza


Mirada de cristal

Espejo de luz
envuelto en mi piel
despierta con el gesto.
Caen los pensamientos
en el cristal de mi tez,
con la caricia del verso.
Mis manos,
junto a su imagen,
cristalizan mi cuerpo
con lágrimas de atardecer,
perfil dorado
que pule la mirada.

Sofía Montero García


Hilo sin ache

Hacinados hen hun hovillo hensangrentado, hombres hilo hortográficamente henfermos, hescriben horribles historias hinterminables.
Huelen ha hodios henredados
Herrados hierran.
Hencienden haño ha haño hebras henlutadas. Hilachas hoscuras.
Hasentados hen huna hache hinexistente, henhebran heridas hentre haceros hy harmas hinfatigables.

Entre ellos Oracio, un individuo insinificante y asustadizo, enloquece.
Orate, entierra una ache en un erial abandonado.
Aedo inesperado, escribe odas en un abecedario original e insólito.
Algo estrafalario, alumbra aventuras imposibles.
"Ilo" ortográficamente inexacto urde existencias inolvidables.
Ilusionado, esculpe edenes en el aire. Engalana estepas y arenales.
Ido, ajeno a unos asientos inexistentes, omite esas espirales odiosas ensilladas en una ahce. Una ache invisible y áfona. Un espectro espantoso, inexistente y asesino. Entonces avanza.
Enciende utopías.
Ovillos, otrora ensangrentados, encuentran en el alunado y su abecedario un alivio eternamente esperado.
Entusiasmados encienden encuentros.
Encuentros en ocasiones imaginados. Encuentros extraordinarios.
Se puede escribir sin ache.

(El ombre-ilo)
Ana Isabel Fariña


El hombre de hilo

El día que nació mi hombre podía haber sido de humo, de agua, de hielo, de hierro, incluso haberse quedado de piedra, o ser simplemente verbo que al soplo de los vientos fuera pronunciado verdad. Pero mi hombre nació de hilo y no importa el día, la hora, ni el dónde. Un lugar cualquiera, una hora concreta entre tal y cual minuto, en un día remoto en que el tiempo podríamos decir circular.

El hombre de hilo al romper a la vida vino todo enmarañado balbuceando no sé qué enredos que solo su madre pudo descifrar y que nunca reveló a nadie. Cuando el pequeño estalló en llanto los pulmones se abrieron en árboles a punto de cruz, las neuronas se expandieron en bordados exquisitos mientras hilvanaban un alma flexible de vainica. Y solo ella supo que el fin de esos balbuceos serían balbuceos sordos y olvidados.

Durante sus primeros años el pequeño de hilo entretenía el tiempo sentado en los bordillos arrastrando piedrecillas que enganchaba en una hilera de vagones imaginarios hasta que descarrilaban en los riachuelos minúsculos de las aceras. Hablaba poco y permanecía horas dejándose envolver en las madejas que las viejas deshacían para convertir en ovillos, mientras su imaginación se perdía en los rollitos multicolor que unas manos femeninas ordenaban en los estantes de la mercería.

Ya desde niño fue anidando en él el temor a deshacerse. Su temor a prenderse en el óxido del alambre de la verja de la ventana, a soltarse subiendo las tapias, o si en la mesa enganchaba su mano mientas buscaba los tesoros escondidos en las tablas ocultas. Los temores y el silencio fueron tejiendo un ovillo espeso tras el que los pensamientos permanecían ocultos, aunque no el alma. El alma era blanda, hecha de delicadas puntadas. Así acudía para unir lo desunido, o corría en auxilio de los zurcidos gastados. Algunas tardes la loca de Maricaca si lo veía en la esquina lo invitaba a una taza y siempre salía de su costura sin entender por qué hablaba tanto y por qué siempre cosía con hebra tan larga que acababa enredada y tan mal anudada. Pero nunca la contradecía, era tan buena y tan loca; no hacía daño, aunque a veces entre puntada y palabra perdiera el hilo.

Sus días pasaban en ese continuo del carrete sin fin: hoy un pespunte en casa de Pedro, <>, un botón aquí, esos bajos de más allá… Siempre amable, siempre dispuesto. Y siempre con ese silencio dentro.

Nunca dijo su nombre, ni pronunció los besos que le hicieron el siete, ni dejó señal en una pared de su descosido. Prendió con alfileres su duelo, repasó el agujero con esmero. Quizá iría dejando de ser desenhebrando sus dedos para arrancar algún diente de leche; quizá algún día prendido a un globo infantil pudiera volar errático en el cielo. O se dejara perder en la caída de la tarde mientras bobinas transparentes salpican su blandura.

Mi hombre de hilo logró vivir el dolor con aceptación y siempre provisto de aguja, los rotos pasaron a ser costuras hilvanadas por las que de vez en cuando dejaba escapar una lágrima. Hasta que un día la tristeza fue tanta que acabó arrugado en su rebujón de nudos imposibles, olvidado y mudo, bajo un sillón entre las pelusas.

Pilar Luengo


Chocolat-man

Ya desde niño tenía escrito su destino en los ojos color chocolate con leche. Esa noche había dormido mal. Pesadillas recurrentes le habían despertado una y otra vez. Al levantarse por la mañana se sintió más ligero. Notó un fuerte olor a chocolate en la habitación. Pensó: “¡Qué rico huele! ¿De dónde vendrá ese olor?”

Se acercó a la ventana y la abrió. Miró al jardín, a la carretera, a las casas de enfrente. Nada extraño. Al cerrar la ventana algo rodó por el suelo. “Pero qué es esto, ¡diosmío!, si es mi dedo meñique… ¡soy de chocolate!”. Se agachó para recoger el meñique que temblaba en el suelo inconsciente del destino que le aguardaba. “Si soy yo el que huelo a chocolate”. De repente le habían entrado unas ganas irrefrenables de comer… ni corto ni perezoso se introdujo su propio dedo en la boca. “Huum!, está delicioso…” Por un momento olvidó todo lo que se le echaba encima y degustó su propio meñique. “¡Es el chocolate más rico que jamás he probado en mi vida!”

Cuando se le pasó el agradable sabor a chocolate, los nervios se apoderaron de él. “Tengo que tranquilizarme, pensar… pensar… en la vida todo tiene solución, menos la muerte y yo sigo vivo y soy de chocolate. Tengo que sacarle partido”. Mientras Chocolat pensaba, milagrosamente el dedo meñique había vuelto a brotar. “Anda, pero si tengo otra vez el meñique. Debo estar soñando. Pues nada voy a probar con el dedo gordo”. De un mordisco, sin miramientos se lo introdujo en la boca. “Si es que está magnífico”. Lo trituró con delectación con sus duros dientes de chocolate y se sentó en la cama sin perder ojo de la mano a la que le faltaba un trozo del dedo gordo. Poco a poco vio como el dedo se iba reconstruyendo, exactamente igual al que había degustado hacía unos instantes. Todo tipo de ideas se le venían a la mente. Posibles negocios que le reportarían pingües beneficios. Pero para qué quería nada, si lo que más le gustaba en la vida lo tenía al alcance de la mano. Unas dudas atroces se le vinieron a la cabeza. “Esto ¿cuánto me durará?... ¿resistiré el calor o me derretiré y me convertiré en un simple batido? ¿cuáles son las enfermedades del chocolate?, ¿si me como un ojo también se me regenera?”. Andaba en estas cavilaciones cuando notó algo debajo de su cama. “¿Qué es eso que se ha movido?”. Dentro de su cerebro notó como una voz le decía: “Soy RoK-noK procedo de un mundo de otra galaxia muy parecido a vuestra tierra que llamamos Kcrakliac, nos alimentamos de chocolate, primero convertimos a los seres vivos en chocolate regenerativo y luego lo fundimos con nuestros órganos digestivos para que sirva de energía, con esa energía podemos tele-transportarnos a cualquier punto de las millones y millones de galaxias existentes con solo un pensamiento. De un momento a otro vas a ser ingerido Chocolat-man, necesito marcharme de esta tierra y llevo tres días sin probar bocado”. De repente un enorme insecto amarillo brillante como el oro salió de debajo de la cama. Chocolat-man fue devorado en una milésima de segundo. A continuación el insecto gigantesco desapareció como por arte de magia. En el suelo de la habitación junto a la ventana quedó un polvillo de delicioso chocolate.

Vicente M. Martín




El  Bombardino

En una tubería estrecha, una de las más estrechas que hay en el mundo, tocando el cielo, al final de la alameda infinita que se recorre en veintiún nadas, vive Humo, el nigromante, uno de los mas grandes nigromantes que hay en el mundo.
Hijo del rayo primigenio que un día fecundó a la arboleda madre, se alimenta del aire. Todo aquel que escucha su voz afirma que tiene un matiz metálico.
Todo aquel que le ha visto asegura que es como el éter, capaz de estar y no estar, de ser y no ser al mismo tiempo.
El agua es su más amada amante. Una amante imposible, inalcanzable. Sólo ella, con un susurro de raíces compartidas, le calma.
Hay quien dice que ese lugar del que os hablo es inverosímil, que de existir se halla en ninguna parte. Pero también hay quien jura y perjura que es muy fácil tropezar con él, se  puede inventar en todas partes.

Yo sé que existe.
El destino o la casualidad lo puso en mi camino.
Fue una tarde de verano. Recuerdo que hacía calor. Mucha calor. La piscina estaba sola, vacía.  Era mía, tan mía como yo -igualmente sola y vacía- lo era del libro que hojeaba. Serían las tres o las cuatro, la hora de la siesta.
Me diréis y con razón que esa hora en Castilla, en pleno verano, es la peor, que hasta las lagartijas buscan cobijo. Sin embargo, ya veis, para mí esa hora, en verano, es un oasis del que disfruto como el elefantito del lodo mojado. Acercarme al borde del agua, dejar que las piernas se sumerjan en ese cielo acuoso, arroparme con el silencio, esa mudez cálida del estío, esa paz que siempre esta y nunca se escucha, olvidarme de mí, ser otros... leer, es un placer que sólo entenderéis si alguna vez habéis sido elefantes y vuestras madres os han acercado a una charca de barro. En ese momento la realidad se dibuja  fresca, sin nada que la ensucie.

Esa tarde, la tarde de la que os hablo; nadie, absolutamente nadie podría haberme hecho imaginar lo que estaba a punto de suceder, de sucederme.


"... Guardo un secreto en mi corazón.  Como dicen que la anestesia provoca delirios,  tengo miedo.  Si no pueden curarme sin dormirme, entonces no me operen. No lo hagan.
Si mis oídos no me traicionaban, la  condesa Kifune temía abrir su corazón y desvelar su secreto durante algún delirio y por ello quería protegerlo aun  con su muerte. Me pregunté  como se sentiría su marido al escuchar tal cosa. Unas palabras así provocarían un escándalo en una situación normal. Sin embargo, quienes acompañaban a la  condesa no podían tratar de ignorar sus deseos y más aún teniendo en cuenta la firmeza con la que protegía la intimidad de su corazón.
El conde se acercó a la  cama y le  preguntó dulcemente:
          _¿Tampoco me lo puedes contar a mí?
          _No. No puedo contársel..."

No pude continuar.
Algo tiró bruscamente de mis pies. Me vi arrastrada al fondo de la piscina. 
Mientras me hundía, pude ver como el libro, abierto sobre mi cabeza, flotaba.
Absurdamente no me preocupaba morir ahogada, me preocupaba morir sin saber cuál era el secreto de la condesa.

No entendía por qué alguien como ella podía no defender su  vida o de hacerlo podía solicitar que la intervención quirúrgica se realizara sin arrebatarle la consciencia. No comprendía. Qué hipotético delirio podía ser tan aterrador... qué podía esconderse en la intimidad de un corazón como el suyo, como el tuyo...  ¿qué?...
El sumidero me absorbió. No pude pensar más.

Un tornado de fuego me envolvió.
Viajé entre sus brazos atravesando todos los océanos.
Cuando me soltó, una vereda de tierra húmeda muuuuuuuuuuuuuuuuuuuy larga flanqueada por cientos y cientos de árboles era mi única senda.
Podía haber aparecido algún conejillo amable que me indicara la hora o algún posible atajo, pero no apareció nadie. Estaba claro que yo no era Alicia y que este cuento era otro.

Pronto me dí cuenta...
Con cada paso que daba el camino se reducía de una forma nada habitual. Los conté,  veintiún pasos, veintiuna zancadas fueron suficientes para atravesar esa tierra infinita y acuosa que la madera custodiaba.
Al final del recorrido encontré una secuoya. Era tan grande que tarde en verla. Junto a mi, junto a ella, dos ardillas comían avellanas. Me ofrecieron una. Iba a cogerla cuando un pájaro enorme parecido a un águila, un águila con las plumas color esmeralda, me agarró con sus zarpas y me alejó del suelo. 
Arriba, en la copa del árbol había un nido. Allí me dejó.
Curiosamente, lo único que había en el refugio del ave era un bombardino. Recuerdo que pensé lo difícil que le tenía que resultar hacer vibrar el instrumento con ese pico y manejar los pistones con esas garras.  Yo que no sabía música,  lo tomé. Sin pensar lo que hacía aproximé mis labios a su boquilla y vibró. Un sonido azucarado, largo y profundo salió de su campana. En el corazón de un si bemol desaparecí un instante. Cuando desperté estaba en el tudel del bombardino. Era muy estrecho y olía a cobre, de ahí que su sonido fuera tan ancho y dulce.
Sentado frente a mí había un hombre. Tenía la cara terrosa, las manos de madera, la nariz aguileña y los ojos de cristal. Si mirabas dentro de ellos en uno había un incendio,  en el otro un diluvio inmenso.
Me pidió que le siguiera y así lo hice.
Durante un tiempo que no sabría estimar, deambulamos a través de pulsadores, llaves, bombas y soportes. Colgados en sus paredes había probetas donde una combinación aleatoria de elementos formaba figurillas que se movían constantemente. Eran como esas bolas de cristal que tanto gustan a los pequeños.  Esos vidrios semiesféricos donde la nieve o los papeles de colores al menor movimiento caen sobre el motivo que encierran. En este caso, cuando alguien o algo hacía vibrar la boquilla, una de las cápsulas de cristal salia convertida en un armonio metálico que volaba al exterior a través de la campana.
En ese momento creí estar en presencia del mejor nigromante del mundo y temblé. Por primera vez tuve miedo, más aún,  sentí pánico.
Sin darme cuenta, en la curva del pistón número cinco tropecé con mi guía.  Se hizo humo.
Un extraño instinto de supervivencia me recomendó regresar al tudel. Todo seguía igual. Él también estaba. Sentado sobre una hoguera contenida por el agua me esperaba. Sus ojos ahora eran cristal puro donde toda yo me podía ver reflejada. Y en ese reflejo, vi que como él era humo. Madera que brotaba de una tierra fértil.  Madera que de cuando en cuando se abrasaba y pasaba a ser llama alimentada por  un aire que al vibrar, para no morir consumida,  convocaba al agua y fluía ligera sobre una tierra que una vez más regalaba brotes de madera que arderían en llamas. El suave hilo musical que brotaba de una campana lo permitía.

Dicen que me encontraron al borde de la piscina, inconsciente.
Afirman que deliraba. Estuve veintiún días en cama. Casi medio verano.
No me importó.
El sonido azucarado de un bombardino constantemente me recordaba que todo era de la materia que vibraba.
Es curioso pero fue en ese tiempo aparentemente estéril cuando aprendí a fluir como el agua y a regalarme como la tierra.  A ser madera y a abrasarme. A no temer ser.
Cuando lo supe pude ver.
Cientos y cientos de  motivos encapsulados se negaban a romper el cristal que les aislaba. Unos decían ser de mantequilla, otros de margarina, otros de cemento, otros de amalgama, unos de seda, otros de lana... Todos el mejor armonio de una campana metálica.

Si pudieran desaparecer en el corazón de un si bemol durante un instante, solo un instante... estoy segura de que al despertar se sabrían hijos de Humo, uno de los más grandes nigromantes que hay en el mundo, y como tales igual de pequeños e igual de grandes. Es saberte humo y fluir la cualidad dormida que te convierte en nigromante.

Por cierto, la condesa Kifune murió.
Nadie le dijo que ese secreto que la abrasaba, ese íntimo conocimiento que no deseaba que nadie conociera, solo necesitaba recordar el susurro de las raíces compartidas con el agua para ser humo y romper el cristal que la asfixiaba.

El texto en cursiva corresponde al relato "El quirófano" de Izumi Kyoka.

Ana Isabel Fariña


El triste cuento del hombre de helado
El Hombre de Helado, al que vamos a llamar HH, vino al mundo en la maldición de un clima suave. Pasaba el día huyendo de sombra en sombra, amparándose en la noche, covirtiéndose en una criatura deforme a golpe de rayo de sol o gota de lluvia en cada descuido.
Tan pronto como reunió confianza en sí mismo, decidió huir al norte, primero en un camión frigorífico y luego de polizón en un carguero.
En su lugar de origen HH era querido, los niños se acercaban a él, sus deformidades eran causa de risas y broma. Sin embargo en el norte su vida era plácida pero terriblemente solitaria. Los niños, embutidos en sus anoraks y forrados de guantes, bufandas y pasamontañas, le ignoraban; los adultos se mostraban hoscos, y algunos incluso le rehuían asustados.
HH acabó por abandonar la ciudad y vagar sin rumbo por la tundra, donde apenas tenía que ver a nadie, y aún así los pocos que encontraba mostraban el mismo recelo.
Finalmente HH tomó conciencia de que no había lugar para alguien tan diferente como él. Un día, bajo el testimonial sol de mediodía, se introdujo poco a poco en el agua, disolviéndose suavemente.
Así es como HH acabó sus días como unas pobres lágrimas dulces, desperdigadas en el Océano Ártico.

Miguel Ángel Pérez


De la transparencia a la invisibilidad(La Increíble Historia del Hombre que se Convirtió en Vidrio)

Eliseo era un tipo al que se le veía venir de lejos, como suele decirse. Era incapaz de ocultar sus emociones o pensamientos. Resultaba tan transparente que adquirió progresivamente un aspecto vítreo. Primero su piel, luego los músculos y finalmente sus órganos. Poco a poco fue convirtiéndose en una botella de su alma, con todos sus sentimientos expuestos y la zozobra que siempre le había acompañado elevada a la enésima potencia. Afortunadamente para él, el proceso continuó, hasta adquirir una absoluta transparencia también su alma.
Ahora Eliseo es virtualmente invisible, y desde el desapercibimiento consustancial a su nuevo estado, ahora es él, al que a base de observar sin ser visto, cada vez le resultan más transparentes los demás.

Miguel Ángel Pérez


La mujer de cristal

Crece en una cueva con cada gota que le resbala y se recrea con un soplo que la empaña
Eclosiona y se viste de color y se revela en foco y baila con él
Mimetiza a formas que se miran en ella
Lustra sus huellas como un zapato y hieren sus protuberancias de falanges frágiles
Y un día se rompió al clonarse
El hombre de tierra se sacudió los añicos y los dispersó como insecto para iniciar el ciclo

Antonia Oliva