Paraísos del suicida

La sesión de esta semana la dedicamos a un tema duro, difícil, el suicidio. La extensa nómina de escritores y escritoras que decidieron quitarse la vida y el incrmento de los datos de intentos de suicido, sobre todo entre la población joven, después de la pandemia han hecho que reparemos en esta cuestión desde un punto de vista literario y social.
Comenzamos la sesión con el cortometraje "Albert", un trabajo de Fran García protagonizado por Edwing Vladimir, compañero del taller de escritura, y que incide en la necesidad de pedir ayuda cuando la vida se desboca y el suicidio se presenta como una opción para acabar con todo. Un cortometraje que nos invita a luchar por todo lo que merece la pena aunque la oscuridad se ciegue sobre nosotros.
Recomendamos también el documental "Escritors suicidas" de del programa "La otra aventura" conducido por Rafael Pérez Gay.. 
Con la versión de "Alfonsina y el mar" que hizo Rosalía nos adentramos en el terreno de la escritura y hablomos de dos libros fundamentales: 
La Antología de poetas suicidas, de José Luis Gallero, una selección de textos de una larga nómina de escritores, en su mayoría poetas, que acabaron con sus vidas.


Señala José Luis en el prólogo:

"Puede decirse que con el envenenamiento de Chatterton (1770) inicia el suicidio su edad moderna. La muerte del jovencísimo Chatterton es cantada por Keats, Coleridge, Shelley, Vigny. Su suicidio en la realidad y el de Werther en la novela proporcionan status intelectual a un acto que antes de eso se consideraba de pésimo gusto, a no ser que fuera motivado por falta de liquidez o cualquier otro capricho. El suicida sigue sin poder reposar en tierra sagrada, pero en adelante ocupará un puesto de honor en la mitología artística. A la hora de hacer una «anatomía del suicidio» llama la atención que se den por igual los suicidas de vocación y los súbitamente inspirados. Entre los primeros, Kleist, Maiakovski, Crevel, József, Pavese, Sylvia Plath, Jens Bjorneboe... Pero más que la premeditación acaso admira la insistencia en el gesto. ¿De qué huía Ángel Ganivet cuando se arroja desde un vapor al Duina, y tras ser rescatado trabajosamente por los pasajeros aprovecha un descuido para sumergirse otra vez en la corriente helada? ¿Qué le da fuerzas a Yávorov, ciego a resultas de un anterior intento de suicidio, para ingerir veneno y, en previsión de algún accidente benéfico, volarse luego la tapa de los sesos? ¿Y a Antero de Quental para dispararse dos veces consecutivas? Costas Cariotakis, la noche del 20 de julio de 1928, se dirige al agitado Mediterráneo con la intención de acabar con su vida. Diez horas después la corriente le devuelve sano y salvo a la playa. Entonces regresa a su casa, se cambia de ropa, sale a desayunar, compra una pistola y se dispara una bala en el corazón... Huían de su propia vida, de sus fracasos artísticos, de sus deseos siempre insatisfechos, de su exacerbada sensibilidad. Exploradores de vastos territorios del alma, expuestos a las más inclementes contradicciones, se encuentran en ocasiones en la tesitura de elegir la sensibilidad o la supervivencia. En todo caso no debemos creer que los poetas suicidas son una especie lánguida, sumida en un desánimo que le impide percibir lo que de grato tiene la existencia. Las vidas de estos muertos son un ejemplo de vitalidad extraordinaria. El peso de su sufrimiento no lastraba su paso, sino que por el contrario parecía dotarles de una maravillosa ligereza".


Y el libro "Paraísos del suicida" de Luis Felipe Comendador, ganador de la sexta edición del premio Tardor de Poesía, y donde dialoga con una buena representación de poetas suicidas y  las circunstancias de sus muertes. 





Dejamos aquí algunos poemas a modo de ejemplo:


JOSÉ ASUNCIÓN SILVA SE HACE 
DIBUJAR UN CORAZÓN EN EL PECHO

Conociendo con precisión exacta
cada punto vital
y rodeándolo con una diana cierta,
tendré siempre constancia
de que la muerte habita
en el justo lugar donde la vida late.

Dibújeme, doctor,
un corazón gemelo
al que mi pecho encierra,
y hágalo en el lugar justo que ocupa.

No soy buen tirador,
usted me entiende.


COSTAS CARIOTAKIS ESCRIBE
EN EL “CAFÉ CELESTIAL”

Vuelan los grajos en bandadas
hacia los abedules como un velo de muerte;
sus graznidos
no pueden volar solos,
no pueden vivir solos.

Miro el Mediterrráneo desde el acantilado,
el mar,
el Mar...
pero no veo su fauna,
esos seres del agua en constante acabamiento,
en eterno final.

Soy como un pájaro enamorado del abismo
y de las olas;
un pájaro sin escamas de pez, sin branquias ni pulmones,
un pájaro inexistente que sólo sabe caer...
y es demasiado.

¿Cómo será la nada del abismo?
¿Cómo será la muerte?


ALEJANDRA PIZARNIK SE HACE UN MUERTO

Podad mi cuerpo
cada primavera,
y que crezcan
con fuerzas renovadas,
en su tumba,
mis esquejes.


ANNE SEXTON SE ENCIERRA EN SU COCHERA

Una casa con patio y jardincito,
con cinco habitaciones y dos baños,
una cocina grande
con todos los inventos electrónicos,
un sobrado con libros
donde escribir las cartas
y los poemas íntimos,
un salón-comedor
con un chester marrón
de piel bobina acaso,
una cochera, un coche
y un poco de ese anhídrido carbónico
que bien dosificado
te hace dormir tranquila
para no despertar de nuevo 
al tedio

de los días.


Propuesta de escritura

Tomamos como referencia el texto "La carta del suicida" de Javier Villafañe para elaborar nuestra propuesta de escritura para casa: escribir una nota de suicidio como la que  apareció en el abrigo que compró en el El Rastro y que había pertenecido a un suicida:

[...] El abrigo que Maese Javier compró en El Rastro había pertenecido a un suicida. Soportó varios inviernos. Es de color tabaco, con los cuellos y los puños lustrosos. En un bolsillo encontraron una carta escrita en alemán. Uno de los mesoneros que trabajó varios años en Fracncurt tradujo la carta. Decía así: Berta: Te veo como eras en Hamburgo, en la Posada del Caballito Blanco. Te veo caminando bajo la lluvia. Te veo hojeando libros en la librería de nuestro amigo, el viejo judío músico que quería volar con el violín y el asno de Chagall. Te veo con una sombrilla y un sombrero de paja. Eres lo único que tengo aunque tú no seas mía, porque además nadie es de nadie. Hermosa y triste muchacha que dibujaba a mi lado en esa vieja escuela de Bellas Artes que quisimos quemarla tantas veces por inútil como son todas las Escuelas de Bellas Artes. Te amaba y te amo. Recuerdo el retrato que te hice una vez en la nieve con la punta de la bota de mi pie izquierdo. No era la bota -te aclaro-, eran los cinco dedos de mi pie descalzo. Mis manos te conocían de memoria. Ellas te dibujaban con los ojos cerrados en las paredes, en el viento , en la arena, en el agua , en los árboles, en las servilletas de papel. Sabía que al dibujarte en la nieve tu imagen iba a vivir la eternidad de unos minutos. Hay que dibujar y pintar en la nieve. "Construye con aire y humo Y siempre con humo en el aire." Madrid me da el último abrazo de sol. Voy a vender mi abrigo para seguir bebiendo. No puedo más. Recuérdame a veces. Ya no estaré después. Quizá mañana. Carolus.


Estos son los trabajos enviados por algunos de los participantes en el taller de escritura:


A veces, es mejor no escribir

—¡Hola! —nadie contestó—. ¡Manuel, hola!

La lista de Spotify sonaba en el salón. Se asomó a la cocina, buscó en la habitación, pero no encontró a su marido. Sobre la mesa del escritorio estaba su móvil, y sus llaves de casa. Empezó a ponerse nerviosa. Él siempre estaba en casa cuando ella regresaba de trabajar. No sabía qué le podía haber ocurrido. Que las llaves estuvieran allí le dejaba pocas posibilidades de encontrar un motivo justificado, algo a lo que agarrarse, algo que apartara de un manotazo todos los malos pensamientos.

Junto al teléfono y las llaves había un folio. Lo tomó y comenzó a leer: «Querida Elena: no sé por dónde empezar…». Las manos le temblaban.

Una lágrima cayó sobre el texto, emborronó el primer «te quiero». Su corazón aceleraba el ritmo, tratando de alcanzar la presteza en la lectura de Elena. «Lo siento…, es lo mejor…, te he fallado…,la vida no tiene sentido…». Sus ojos viajaban a la velocidad de la luz sobre los trazos de tinta, se saltaba los te quiero, y las peticiones de perdón. Buscaba el final feliz, confiaba encontrar algo que explicara aquel sin sentido. No necesitó levantar el pulgar para leer las cinco letras que, con trazo firme, como una condena, se ocultaban bajo su dedo: «Adiós».

El folio arrugado, acariciaba su rostro húmedo. Su cuerpo se estremecía con cada sollozo. Encogida, tratando de hacerse pequeña, intentando desaparecer, volver a atrás en el tiempo, aunque solo fueran unos minutos antes de que su amor comenzara a escribir esa cruel carta de despedida, se culpaba. ¿Por qué se había detenido a hablar con Montse, su vecina? No se lo perdonaría en la vida. ¿Por qué no enfermó ese día para no ir al trabajo? ¿Por qué no supo ver las señales antes? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?...

Sonó el timbre de la entrada. Corrió hacia ella con la carta arrugada entre sus blancos nudillos. Abrió la puerta y allí estaba él, cabizbajo, pálido.

—Lo siento, se me olvidaron las llaves —trató de construir algo parecido a una sonrisa. Ella, sorprendida, con los ojos esperando una respuesta, le mostraba la carta marchita en su puño.

—Ese texto es la tarea para el taller de escritura —mintió—. ¿Te ha gustado?

Tomás García Merno
Grupo B


Adiós, para siempre

No puedo más. La presión de todo esto me supera. Si solo fuera nuestro fracaso al frente del negocio... Pero lo tuyo no me lo esperaba. De él cualquier cosa, pero de tí no. Has despilfarrado mi confianza, mi amor, mi entrega. En defintiva, mi todo. Sabes perfectamente como me siento cuando todo va en mí contra y que necesito tu apoyo. Siempre ha sido reciproco, un digamos “quid pro quo” de dos personas que se quieren y se respetan. Puede que me sigas queriendo, no lo sé. Pero respetarme no lo has hecho. Sin tí esto no tiene sentido. Adiós, para siempre.
Pues mira no, ahora te jodes y me soportas. No te voy a dar el gusto de desaprecer cómodamente de tu vida, destruyendo la mía, que merece la pena, aunque sea solo a ratos. Ya irá mejorando la cosa.

Javi Martín
Grupo A


Sin carta de despedida (¿y si realmente fuera así?)

Julián era consciente de que acabaría sus días suicidándose. Lo tenía interiorizado, como también lo aceptaban todos los habitantes del lugar. La vida era así y así transcurría. Desde tiempo inmemorial, la única forma de trascender al más allá en aquellas tierras era el suicidio. En la práctica, poco cambiaba en relación a otros lugares, unos morían más jóvenes y la mayoría más viejos. Sin embargo, la aceptación del suicidio como la forma natural de morir, había hecho a los habitantes más pacíficos. Mucho, mucho más tranquilos, menos agresivos, más solidarios. No había violencia. Todos eran dueños de sus vidas y únicamente se marcharían cuando estuvieran preparados para hacer el tránsito. A Julián lo único que todavía le preocupaba era la organización de la fiesta de despedida, que tenía lugar cuando alguien decidía partir. Y no era necesario escribir una carta de despedida. Nadie lo hacía.

Manuel Medarde
Grupo A


Ausencia

Te fuiste sin hacer ruido
Lentamente
Sin una palabra
La mirada perdida
Te llevaste el cariño
Clavado en tu alma
Te llevaste el mío
En la soledad infinita
De nuestra casa
No cabe el olvido
Tu ausencia me arrastra
A un solo destino
Veo entre sueños
Tenderme tus manos
Alcanzarlas quiero
Para irme contigo
Las mañanas son eternas
El sol ya no es el mismo
En mi jardín no hay primavera
Mi granado está herido
Si tu no estás
nada tiene sentido.

Pedro Gómez
Grupo C


Nota de despedida

Siempre odié los funerales y por ende no quiero que nadie asista al mío.
Quiero que se me niegue el entierro en campo Santo, no quiero estar en ningún cementerio.
Deseo que me incineren y así convertido parcialmente en humo, subir al cielo en el que no creo, y el resto, mis cenizas, que sean arrojadas en el mar y así poder alimentar a los peces.
En realidad, lo que busco es perdurar, cambiar de forma, pero no desaparecer. Quiero dejar de vivir, pero no dejar de ser, de forma que, aunque no me veáis yo seguiré.
Ya no seré yo, serán mis componentes, mis moléculas, mis átomos; estos últimos ya no tienen personalidad pues todos son iguales; estos átomos que ahora forman parte de mí, a posteriori formarán parte de otros seres animados o inanimados.
No sé por qué cuento estas historias, no sé por qué me voy por los cerros de Úbeda, si lo que quiero hacer en realidad es despedirme de este mundo, de esta forma de vida y comunicar a todos mis seres queridos que lo dejo, que estoy cansado, que estoy harto de seguir vivo. “Ya estoy volviendo a enrollarme otra vez”.
En resumen, que estoy pensando suicidarme.
Todavía no he decidido la forma ni la fecha. Lo que sí tengo claro es que seré yo el que decida y no esperar a que decida por mí la de la guadaña.

José Luis Fonseca
Grupo A


La carta

La transcripción que hace Virginia Woolf de la carta ofrece pocas dudas acerca de la magnitud del drama: «No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció.» «…no puedo pasar otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme.» «Sé que estoy destrozando tu vida…».
Años ya de aquel terrible suceso. Me estoy refiriendo ahora a lo del amigo JM, tanto tiempo buscándole yo explicación a lo que pudo haber pasado por su mente cuando hizo lo que hizo. Ahora se me ofrece clara la razón.
Puedo no acertar en todo, pero de otro modo no pudo suceder, se me antoja, que como lo imagino: JM debió encontrar la carta, pese a no haber llegado aún el momento en que MT, su mujer, pensaba dejarla al alcance de su vista. «No me queda nada excepto la certeza de tu bondad.» «Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente.»
No pudo con ello el corazón sensible de JM y decidió ahorrar el sufrimiento último a su esposa. La “suicidó”. Se suicidó él mismo a continuación, sentado junto a la cama donde ya dormía ella la paz eterna. Otra sobredosis de barbitúricos.
La memoria es débil y en los tiempos que corren, además, el suceso más trágico desaparece pronto de las páginas de los diarios. A los del barrio sin embargo, y sobre todo a los que nos tomábamos una cañita de vez en cuando con la pareja, el recuerdo tarda más en írsenos de la mente. Puede mantenerse incluso hasta que somos capaces de encontrar su lado hermoso a lo sucedido.

Pascual Martín
Grupo B


Alberto

Alberto lentamente caminó hasta el borde del acantilado. Se detuvo y cerró los ojos. Había salido de casa a las 7 de la mañana. No pensaba volver al instituto. Llevaba días sin levantar cabeza. Demasiado duro para sus catorce años. Tercero de la ESO se le había atragantado. Era un buen estudiante, sin embargo no rendía lo suficiente en los controles y sus compañeros se burlaban de su ineficacia, incluso sus amigos de siempre no lograban entender la situación. En casa no sabían nada y las notas estaban al caer.

Sus pasos le llevaron hasta lo más alto la sierra Gelada. Odiaba el paisaje que dejaba a sus espaldas, sentía náuseas ante el mar sucio que golpeaba frenético en las rocas, solo el azul limpio del horizonte le atraía. Los gritos de las gaviotas le producían dolor en los oídos. Se arremolinaban husmeando los desperdicios humanos.

No entendía cómo había llegado a esta situación, no le interesaba nada, ni siquiera el deporte, que tantas satisfacciones le había dado en el pasado. Ahora solo quería desaparecer. El viento fuerte y el ruido de las olas allí abajo le invitaban a volar.

Antes, de niño solía soñar que volaba. Era muy fácil, se izaba en el suelo y como una hoja suavemente acariciaba las copas de los árboles, el vuelo se alargaba en el sueño y al despertar lo recordaba con toda claridad. Hacía dos años que ya no soñaba.

Alberto lentamente caminó hasta el borde del acantilado. Se detuvo, cerró los ojos y volvió a volar como en los sueños. Se dejó llevar como las gaviotas, acariciando las limpias olas del horizonte.

Josefa Briz
Grupo C


Despedida

Por todo lo que tuve
y ya no tengo.

Por todo lo que quise
y ya no quiero.

Por saber que no seré
ni recuerdo, ni olvido.

Por pasar por la vida
como un pasajero
sin maleta, sin arraigo
sin veleta y sin cariño.

Por caminar sin rumbo
hacía ningún sitio.

Por eso y por mucho más
que callo y no digo,
moriré tranquila
esta tarde de domingo.

Encontraré por fin
la oscuridad luminosa
y el silencio infinito
al terminar este camino.

El fin está próximo,
el veneno comienza
a surtir efec...

Marian Pérez Benito
Grupo A


Aviso para suicidas

Has tomado una decisión muy grave, pero yo la respeto, no te puedes imaginar cuánto. Y es probable que estés considerando remitir una carta de despedida para explicar tu decisión y exonerar a los demás de responsabilidades. Antes de hacerlo, escucha mi historia. Quizá eso te ayude a no cometer los mismos errores en que caí yo.
Verás, yo envié a varios familiares y amigos unas líneas para informarles de que había tomado la decisión de arrojarme a las vías del tren. Se lo anunciaba con quince días de antelación. Dicho aviso tenía dos loables propósitos: el primero que no se enteraran de mi muerte de forma inesperada y que ello les provocara, por repentino, un enorme disgusto. Y el segundo: que se pudieran preparar, con tiempo y sosiego, para mi definitiva ausencia.
Esa deferencia por mi parte fue un error mayúsculo que me ha traído a la angustiosa situación en que ahora me encuentro. Como imaginarás, tras recibir la carta, la mayoría se presentó en mi casa o me llamó por teléfono. Eso me permitió realizar un trabajo de investigación que analizaba la estructura de las numerosas conversaciones que mantuve, que ahora, en el obligado reposo en que me encuentro, he podido sistematizar y que te ofrezco a continuación.

Todas las entrevistas siguieron un proceso que he dividido en fases:

1. Incredulidad. «Esto es una broma, ¿verdad?», «siempre con tus extravagancias» o «lo haces por llamar la atención, ¿no?».

Me costó mucho. Tuve que ser muy asertivo, pero, al final, se dieron cuenta de que no se trataba de ninguna payasada y de que estaba completamente determinado a llevar el suicidio a término. Esta aceptación dio paso inmediato a la segunda fase:

2. Perplejidad. «¿Acaso estás enfermo?, ¿un cáncer o algo así?».

Cuando conseguí convencerles de que mi salud no se había deteriorado ni estaba previsto que lo hiciera en breve, pasaron sin transición a una etapa más afirmativa:

3. Diagnostico. «Tú lo que estás es deprimido. ¡Claro, viviendo tan solo en una casa tan grande! ¡Con tu familia lejos!».

Aquí se hacían sordos a mis explicaciones y se negaban a aceptar que mi estado mental era sereno y equilibrado. De inmediato cambiaban de actitud:

4. Interrogatorio. «Explícamelo, por favor», «no has debido madurarlo suficiente, cuéntame», «¿es que no has sido feliz?», «¿lo has pensado bien?».

Con mucha paciencia yo les aclaré que habiendo superado ya los ochenta, gozando de una salud aceptable y de una autonomía suficiente, y considerando que mis condiciones vitales en el próximo futuro iban a empeorar inevitablemente, y a limitar mis horizontes de vida hasta extremos que consideraba indignos para una existencia decente, la solución que había elegido me parecía la más adecuada para mí y para todos.

Argumenté también que a mi edad ya tenía una idea bastante certera de lo que era la vida, con las felicidades que trae y las desgracias que lleva. Les aseguré, además, que había sido moderadamente feliz y medianamente desgraciado y que ello liberaba a mi decisión de sesgos de desconocimiento e improvisación.

Esto dio pie a que abrieran la siguiente fase:

5. Culpabilización. «¿Has tenido presente a tu hija?, ¿has reflexionado sobre el dolor que nos causarás a familiares y amigos?, ¿no estás siendo horriblemente egoísta?».

A lo que yo, impertérrito, les hacía ver que había tomado la decisión pensado en ellos y en mí. Y les sugerí que quizá eran ellos los que debían recapacitar sobre el respeto debido a una decisión tan bien meditada.

Finalmente, se llegó al último punto:

6. Negación de capacidad. «Tú no estás bien», «necesitas ayuda», «eres un peligro para ti mismo».

Lo peor es que como no pudieron oponer argumentos convincentes a mi razonamiento decidieron que yo había alcanzado un estado de incapacidad que me impedía regir mi vida con la debida cordura. Con el apoyo de un juez me enviaron a este hospital siquiátrico. Aquí me desposeyeron de cinturones, corbatas y objetos punzantes de modo que no pudiera atentar contra lo que ya, legalmente, no es “mi vida” sino la “suya”.

Así que, aprende la lección, y si tienes planeado enviarles una carta, asegúrate de que llegue a su destinatario con posterioridad a tu fallecimiento. Te lo recomienda un suicida frustrado.

Pepe Lorenzo
Grupo B


Que parezca un accidente

Se podría pensar que es una tontería pero tengo que reconocer que lo que me ha impedido llevar a cabo mis planes ha sido el dolor que iba a causar a los que me rodean. ¿Quién encontraría el cuerpo?¿Que sentimientos de culpa generaría en ellos? No tengo derecho a causar un daño tan duradero. Sería condenar a los que están cerca de mí a una pena perpetua sin posibilidades de redención. Pena permanente no revisable.
Además dejaría en herencia un estigma para los que vinieran después. Dentro de mucho tiempo, alguien podría comentar:

-Tiene a quien parecerse, es el nieto del suicida.
-No sé a quién te refireres.
-Sí, hombre, el que se tiró al tren, o el que apareció colgado en el pajar.
-Ya me acuerdo, pero eso pasó hace años.

Definitivamente no puedo hacerles una cosa así. Debe parecer un accidente, un accidente que no involucre a nadie. Un choque contra un árbol. En la carretera que va a la finca hay varios que me servirían para ese propósito. Es una lástima destrozar árboles tan hermosos, pero no veo otra solución. Claro que, pensándolo bien, haría sufrir a las personas que me socorrieran antes de la llegada de los equipos de emergencia. No, en el pueblo no puede ser. Mejor en la autopista. A esa velocidad, el impacto contra un muro o el pilar de un puente sería definitivo sin duda. Los guardias, los sanitarios y los bomberos están acostumbrados a afrontar este tipo sucesos, la muerte de un medio anciano no impresiona a nadie.

Con el tiempo todos aceptarán el hecho. Marisa continuará feliz con su nuevo marido, tanto lío con el divorcio y yo se lo hubiera solucionado fácilmente. Espero que Juan asista al entierro, hace año y medio que no me coge las llamadas y solo sé de él por mi ex. Laurita no creo que se entere hasta dentro de unos meses. Cuando se le acabe el dinero y venga a sablearnos le darán la noticia.

El que peor lo pasará es Tomás, siempre nos hemos querido mucho y hemos estado muy unidos. No me cabe duda de que lo que me hizo con la herencia de papá y mamá fue por la mala influencia de mi cuñada. No es mala persona pero no estuvo bien asesorada.

A los amigos les dejo un dinerillo para que se tomen unos vinos a mi salud. Espero conseguir reunirlos con este motivo.

Me quedo más tranquilo, voy a dormir, mañana seguiré perfeccionando mi plan.

Enrique Martínez
Grupo C


Broma de mal gusto

Nicasio, era un obrero del campo, al que todo en la vida le iba muy mal. Más de una vez pensó en suicidarse, como le había dicho su padre que lo hacían en su familia.

En el corral de la casa del pueblo, tenían un pozo para abastecerse de agua potable y para dar de beber al ganado que criaban. El pozo siempre estaba cubierto con una tapa de metal, y cerrado con un candado, para evitar que los niños pudieran caerse.

Un día que estaba de bajón, ideó un plan un poco macabro. Quito la tapa de metal del pozo, la puso a un lado y en el brocal del pozo, dejó la boina que usaba normalmente y que todos en su familia sabían que era la suya. Después se subió al sobrado de la casa desde donde podía verse perfectamente el pozo y desde donde se podía oír lo que hablaran cuando se fueron enterando de su desaparición.

Pronto empezaron los familiares más cercanos a preguntar por Nicasio y a acercarse al pozo ante las sospechas de que hubiera hecho una barbaridad. Allí, al lado del pozo, se oyó de todo, quejidos, lloros, palabrotas contra Nicasio por lo que pensaban que había hecho.

Cuando todos ya daban por hecho el suicidio de Nicasio y estaban dispuestos a bajar al pozo para ver donde estaba y sacarlo, apareció Nicasio con una botella en la mano, haciéndose el borracho y tomando el pelo a todos los presentes.

Luis Iglesias
Grupo B


PUES QUE ASÍ SEA

Como el inquilino del ático andaba algo mareado, decidió salir a la terraza a tomar un poco el aire. Allí fuera, avanzó hasta la balaustrada, respiró hondo y cerró los ojos. Pero de pronto le dio un vahído, perdió el equilibrio y cuando quiso darse cuenta estaba en el aire, precipitándose al vacío. Gritó entonces desesperado y con la faz aterrada ante lo que fatalmente le había de ocurrir. Pero a medida que caía, fue viendo a través de las ventanas de los distintos pisos escenas fugaces de la vida íntima de sus vecinos: la paliza que le estaba dando el sinvergüenza del piso de debajo a su mujer, el llanto desesperado del parado del décimo, la parálisis cerebral que tenía en cama al joven del noveno, la borrachera hedionda del vecino del octavo, el chute que se estaba metiendo el colgado del séptimo, la pelea a mordiscos entre los hermanos del sexto, la infidelidad del vecino del quinto con la portera del edificio, la infidelidad de la vecina del quinto con el vecino del cuarto en casa de ese último, el cadáver en descomposición del anciano solitario del tercero, la sesión de esoterismo de pago con “pardillos” de la vecina del segundo y el recuento que hacía el concejal de urbanismo de unos fajos de quinientos euros que tenía sobre una mesa camilla, en ese primero que le había regalado una constructora. Así que, cuando ya estaba a punto de estamparse contra el suelo, pensó que realmente no merecía la pena vivir la vida, y como le andaba ya dando vueltas a la idea de quitarse de en medio, dio por bueno su destino inmediato.

Óscar Martín
Grupo A


ESTACIÓN TÉRMINO EN EL “PARAÍSO GLOBALISTA”

“Señor Doctor:

Cuando reciba usted esta carta yo ya estaré muerto. Quizás, incluso, ya sabrá de mi suicidio por haberle llegado la noticia de algún modo. Si no es así, me recordará como un paciente tan cumplido que quiso informar personalmente a su psiquiatra de su muerte después de acaecida ésta. Pero, yendo al grano, el motivo por el que he ejercido finalmente el derecho constitucionalmente reconocido al suicidio ha sido, precisamente, el hecho de que usted tratara, en aquella última reunión que mantuvimos en el parque del Oeste, de convencerme de que no lo hiciera, cosa que logró aunque fuera a duras penas. Abundando en detalles le diré que tengo un amigo que es policía y está destinado en la UGEDCO (la Unidad de Garantías en el Ejercicio de los Derechos Constitucionales). Pues bien, ese amigo me dio el “chivatazo” de que nuestra conversación en el parque fue grabada por las cámaras de vigilancia. Me dijo entonces que meditara bien lo que iba a hacer. No hace falta que le diga que tal grabación le deja a usted en una posición comprometidísima, pues la ley le prohíbe intentar convencer a sus pacientes de que desistan de ejercer cualquier derecho constitucionalmente consagrado. Por lo tanto, si no me suicido, y según me informó mi amigo, se abriría en breve una investigación y usted seguramente sería expulsado del Colegio de Psiquiatría e inhabilitado para ejercer cualquier cargo público de por vida; cosa que, como comprenderá, me habría causado una desazón y un dolor insoportables. Este hecho, unido a que las circunstancias que me llevaban a pensar en suicidarme no han desaparecido, ni han de desaparecer, es lo que me ha llevado a tomar una decisión que, si ya no es enteramente libre, no deja de ser justa y razonable, estando su carrera en juego. Naturalmente, he rellanado y remitido a la Policía el impreso “Modelo 766”, haciendo constar en el apartado de “observaciones” que nuestra conversación en el parque del Oeste se mantuvo en el marco de una serie de encuentros de “discernimiento” gracias a los cuales he podido tomar de forma totalmente libre y consciente la decisión de ejercer mi derecho al suicidio, lo que deja enteramente a salvo su reputación y futuro profesional.

Le deseo una vida tranquila y una muerte lejana y en paz.

F. J. G. T.”

P.d.: Por cierto, tengo razones para pensar que el “chivatazo” de mi amigo en realidad no es tal, sino parte del protocolo policial para que no dejen de ejercitarse derechos consagrados en la Constitución por culpa de actuaciones ilegales como la que, a fin de cuentas, ha sido la suya.

Óscar Martín
Grupo A


Carta a nadie

No sé cómo dirigirme a la persona que esté leyendo esta carta. ¿Es un juez? ¿Un policía? Qué más me da. Lo único que deseo es que con ella les quede clara la causa de mi fallecimiento.
He sido yo y nadie más que yo. Mi muerte ha sido un suicidio. He decidido quitarme la vida por propia voluntad y sin ningún otro motivo que considerar que no pinto nada en esta vida. Me voy para no estorbar ni ser estorbada. No estoy deprimida. Tengo toda la lucidez en mi cabeza. Mi decisión es firme y libre, sobre todo, libre.
Yo tenía una vida normal y tranquila. Era feliz con mi esposo y nuestras rutinas. Pero su muerte me ha dejado vacía. Nuestras complicidades, que eran el motor de nuestra convivencia, ya no existen. No tengo hijos por los que resistir. Mis intereses mundanos son nulos. Carezco de perspectivas o ilusiones. No tengo nada que me vincule a este mundo que ya me es ajeno. Nada puede modificar estas circunstancias. Ya no quiero vivir.
Si alguien cree que hubiese podido convencerme de lo contrario, está muy equivocado. Nadie es culpable de mi muerte, salvo yo. Únicamente lamento no haber podido hacerlo de forma menos sangrienta, pero no encontré otra opción. Ahora estoy en paz.
Espero que usted también.

M. Maximina Moreno
Grupo B


Fragmentos de su adiós

“… Cuando llegabas al bar en el que estaba tirado apostando mi alma, de repente había algo más que esas fichas desgastadas a las que mirar. Si me cogías la mano, mi mano estaba libre. Y libres de mí mismo, mis ojos y mi mano, me convencían para levantarme de aquella butaca sucia y seguir tu nuca. Nunca, ni después de esto, olvidaré tu nuca.


Si dejo esta carta aquí, a mi lado, tal vez parece me queda una esperanza: que me leas, aunque yo ya me haya ido. Pero me voy a matar y me mato sabiendo que ni siquiera esto podrá alcanzarte. Yo ya no existo y tú existes demasiado. Porque no estás tú, pero existe tu ausencia.


Debe ser que este cuerpo vacío escribe entonces por inercia. Que no te escribe a ti, que escribe al cielo. Eres lo más cerca que hemos estado de dios. No se va triste, ni desesperado. Se marcha tranquilo; ha dejado de temer morir. Tú que siempre me dijiste que es como dormir para siempre.
Ya casi estoy dormido. Adiós, mi cielo.”

Rosalía Pérez Lorenzo.
Grupo B


CERRANDO TRATOS

He intentado hacer negocios con la vida y tratos con la muerte y ha ganado la segunda. Me ofrece estabilidad y yo en estos momentos es lo que necesito. No pienses que es locura esta fiebre que me recorre de pies a cabeza. Es más bien apatía. Sufro de anemia en el seso y en el corazón.
No voy a decir que la vida ha sido perra conmigo, sería un insulto hacia Chocolate, el único que ha restado pulgas a mis miserias. ¡Cómo voy a echar de menos el abrigo de sus ojos negros y el peso de sus patas sobre mi costado! Mi único encargo es que te hagas cargo de él. He visto como os miráis… Será el sosiego que pocas veces te ofrecí y tantas veces soñé con darte.
El más allá pinta bien, la de la guadaña no para de sonreír…

Eva Hernández
Grupo A


Un salto al vacío

En qué laberintos mentales que distorsionaron tu realidad, en qué lugares cenagosos andaba tu cabeza, entraste en un alucinante mundo que te aprisionó, no pudiste salir de él.
Fuiste un buen alumno, diría de los mejores que he tenido, nunca te he podido olvidar, por eso hoy, ahora, estoy contigo, tu energía, esa “que no se crea, ni se destruye” anda girando alrededor de los que te quisimos.
Me visitaste, estabas en Madrid, “Ciencias Exactas” se decía entonces, llegaste para darme un abrazo, quisiste manifestarme tu pesar por la muerte de mi hijo, tu misma edad, me emocionaste mucho.
Tu madre me dio la noticia, una tarde de domingo te lanzaste al vacío, me dio una copia de la carta que dejaste, pensaste en todos, menos en ti. Luis, un fuerte abrazo.

Inés Izquierdo
Grupo A


Certeza

Con la misma cantidad de duda que de certeza

decido dar

                   el

                           salto

Con la seguridad de que

                                          en

                                                  la

                                                      caída

Encontraré tu abrazo

Pilar Sánchez Barbero
Grupo ´C


Tobogán

Vamos al parque. No sabría cuál elegir. Carmín sobre metal con pintura verde desgastada por la niñez o plástico amarillo manchado patrióticamente. El contraste de la desesperación con el frío metálico, me atrae. Sobre el pvc reciclado, sería mi último juramento de bandera. Procedo a desprenderme de no poder tragar saliva siquiera. Sentir deslizar mi plasma humeante en la madrugada, me libera. Primero incisiones rectas de cirujano. Vena lenta o arteria por cada latido? Así hago cuenta atrás. Menos mal que tú me acompañas amiga, eres la mejor! Cómo me coloco? Piernas colgando hacia las escaleras con glúteos y lumbar mirando la luna en cuarenta y cinco grados con brazos extendidos hacia abajo. En el cuello un par de cortes de remate. Lo tenemos. Esta vez, sí.

En el tobogán se fijaron en rojo mis manos ensangrentadas y mi pelo congelado. Ahora sí era bella, sin rastro de vida en los ojos.

Pero de nuevo, volví a ser niña en tu regazo.

Lidia Merchán
Grupo A


Así no

¿Por qué te miro mi niño de nana? ¿Por qué te extraño mi pequeño?. Aquí sentada, junto a tu cama fría, en este cuarto de golpe y destierro. Despierta y dime por qué fuiste libre, déjame la ira de tu soledad, quiero sentir para entender y quiero amar para creer.
Demasiada carga de luchas, aquí serás cobijo, aguanta mi niño. Déjame que te piense.
¿Cómo mis ojos no vieron? ¿Cómo mi paz no entendió?, que en aquella tarde de vida, tus años y tu combate eran oscuras pesadillas, sueños frustados y dolor, mucho dolor.
Me abandono a tu risa, déjame soñarte, pero así no, por favor. Universo perfecto, no permitas vidas de caos, te lo ruego, así no.

Guadalupe Sanchón
Grupo C


Quién me llorará

A quien corresponda,

Si he llegado a este punto es porque quiero darle una respuesta a la pregunta que a todos se nos ha cruzado alguna vez por la cabeza, quién me llorará cuando no esté. O para ponerle suspense a la cosa y un giro filosófico, ¿alguien me llorará?

Me cansé del piloto automático, me cansé de esforzarme. Tengo los brazos moralmente cansados de remar. Y es que con mi mediocridad me alcanzó para un solo remo. Y por más empeño que ponga solo logro hacer círculos para terminar en el mismo lugar.

No ha habido situación en la que no me haya sentido de esta década, siglo, o siquiera universo. El patito feo hasta en un momento se descubrió bello, yo ni eso. Nunca encajé. Ni lo suficientemente funcional para ser normal, ni lo suficientemente raro para ser excéntrico, ni lo suficientemente raro para ser raro. Pero la verdad, mejor así, cuando ya lo sabes de antemano, menos problema. No te complicas, vas por los días sabiendo que no tienes que buscar tu lugar, porque simplemente no hay para ti, y ya está.

La verdad, es que no necesito que nadie me llore, yo me lloro solo. Como todo lo que he hecho en esta existencia, porque la palabra vida me queda grande. Todo solo. Ya estoy acostumbrado. Me vine solo por el canal y solo me voy. No necesito que me lloren, ya me lloré bastante.

Nunca me he sentido digno de cariño, ni materno, ni romántico, ni nada del estilo. Tanto es así que a la hora de adoptar una mascota en lugar de perro, esos bichos que te aman incondicionalmente, no importa qué especie seas, fui por el gato, criatura indiferente a cualquier otra cosa que no sea sí mismo.

Ese es mi único lamento, no que no me lloren, eso ya lo tengo establecido, sino quién le dará de comer al michi si no estoy. Ahora pensándolo bien, quizás, entonces, dejo todo esto para mañana. Primero tengo que comprar sus croquetas favoritas.

Vanina Palomo
Grupo C

Las otras vidas

Tal vez la mejor recompensa del escritor sea el prodigio diario de vivir, gracias a la imaginación y las palabras, otras vidas.
El lector y el soñador, también recrean, desde la página o el sueño, nuevas identidades y se afanan por conquistar otras coordenadas posibles lejos de sus rutinas.
¿Quién –además del que se sabe ajeno a su identidad sexual– no ha deseado vivir en otro cuerpo? ¿Quién no ha sentido, por un instante, el sueño de ser otro? ¿Quién no ha alcanzado a ver detrás de las radiografías el otro ser que en ocasiones exhibimos? ¿Quién no ha deseado huir? ¿Quién no ha añorado volver? ¿Quién no se ha sentido protagonista en uno de esos libros en que uno elige su propia aventura? ¿Quién no tuvo nunca posibilidad de elegir?




Clara Obligado despeja, en Las otras vidas, muchos de estos interrogantes y comparte con nosotros su exilio. El exilio político, rémora de dictaduras y golpes de estado, que a ella le truncó, en 1976, su vida original en Buenos Aires para vivir otra, muy distinta, en España. Un país que treinta años antes también sufrió el desarraigo, la angustia y el caos. La poesía –señala Dámaso Alonso– es “una frenética búsqueda de ordenación y de ancla”. La narrativa, en Clara Obligado, también lo es. Clara exhibe sus sentimientos, mira de cara a la realidad y ordena y desordena el tiempo con el artilugio de la imaginación.
Pero en Las otras vidas hay otros exilios menores: El vuelo chárter al álbum de la infancia, plagada de recuerdos que un día maduraron y se convirtieron en realidad y nostalgia. Los exilios del corazón, las trashumancias del amor y de los sentimientos, la búsqueda de la identidad. El exilio dulce y frugal de la fantasía. Y el más rotundo, el definitivo exilio de la muerte y que da paso a la otra vida, donde el creyente deposita su interés y su esperanza a plazo fijo.
Las otras vidas es un catálogo de cuentos con un patrón común: la distancia. Y es también una visión panorámica de la vida, con sus enfoques y desenfoques. Un zoom, con gran angular, de los momentos en que es preciso elegir o que elijan por ti.
“Yo, en otra vida, fui avestruz”, título del cuento con que inaugura el libro, refleja la dura realidad de vivir en una tierra, cercana pero extraña.
“La aventura” es un viaje real en autobús, pero a la vez una escapada que nace en el deseo de evasión, de accionar el mando a distancia de nuestra fantasía y vivir otras historias.
“Ulises” es la historia de una búsqueda, la de un hombre que viaja de mujer en mujer y país en país huyendo del olor de los recuerdos y que vuelve, con el tiempo, a sus orígenes.
“El grito y el silencio” refleja las barreras de la comunicación. El miedo, la angustia, la ciudad con sus ecos y sus túneles que guarda el secreto contenido de un grito. El grito como testimonio de la angustia de vivir y que inmortalizó el expresionista noruego Edvard Munch.
“El enviado” es una fotografía de la infancia que se revela diferente al cabo del tiempo. La historia de una huida, tras un juego, que esconde en su final la coartada perfecta.
El rastro que deja un caracol en las piernas de una viuda, el orgasmo de la señora Matilda en la carnicería (escrito con hexámetros latinos), los conflictos de la paternidad, la falta de sentido común de los hombres, la persuasión que demuestran las mujeres, la imagen de una mujer atrapada en una cámara fotográfica y en su pasado, los cabos que anudan el lenguaje y nos desunen y la locura en la que deriva la pasión desmedida completan el prospecto de este libro indicado para cuadros de nostalgia, realidad y melancolía.
Tres cuentos a destacar son: “El río, el río”, una mirada limpia y traslúcida de nuestro interior en las aguas de un río y el reflejo que éste nos devuelve, una poética historia de amor y dudas. De nuestra posible vida al otro lado.
“La sirena” es un texto surreal y poético donde apenas hay límites entre el erotismo y la brutalidad del amor y el deseo.
Y finalmente “Exilio”, el cuento que cierra el libro y que nos hace pensar en la importancia de nuestras decisiones, o de las decisiones ajenas, capaces de guiar el curso de la vida por caminos muy distintos. Es la historia de las otras vidas “que no fueron posibles, esas vidas que nos arrancaron”. La propia historia de la autora.
Ingenio, humor, erotismo, poesía, destreza narrativa... son las señas de Clara Obligado, una de las voces literarias más notables de la narrativa actual, cuya literatura y vida conviven a la intemperie.

Raúl Vacas
La vida y la literatura a la intemperie


La sesión de ayer la centramos en este último relato de Clara Obligado titulado "Exilio". Con una factura cortaziana la escritora argentina nos habla de su exilio y mezcla su historia real, la vivida, con otras historias posibles, fruto de su imaginación. Es un texto poliédrico, un puzle de vivencias, una almazuela de emociones y sentimientos que señalan lo duro que resulta abandonar la patria para iniciar una vida nueva en otro lugar. Pasar del verano -con lo puesto- al invierno no es fácil. Esa intemperie, esa ausencia de identidad, esa imposibilidad del retorno inmediato la dibuja con precisión en su texto.
Vimos también el cortometraje "Mis otros yo", una historia protagonizada por Ernesto Alterio que nos habla de la importancia de tomar decisiones y de cómo cada elección implica unos costes y unas consecuencias. 
Mencionamos los artículos "Las vidas no vividas" de Francesc Miralles y "Kierkegaard y las elecciones de la vida" de Francis Fernández y recomendamos por último el libro Otra vida por vivir de Theodor Kallifatides


Tareas de escritura

Planteamos dos trabajos Uno que se realizó en el taller y otro para casa:
1. En el taller: Clara Obligado señala en uno de sus cuentos "Yo en otra vida fui avestruz". Tomamos como punto de partida ese inicio pero invitamos a los participantes en el taller a elegir alguna de las muchas vidas no vividas que Joaquín Sabina propone en su canción "La del pirata cojo". ¿Cuál de todas esas opciones tu hubiera gustado vivir? 
2. Para casa: ¿Cómo habría sido tu vida si hubieras tomado otra decisión en alguna de las encrucijadas de tu historia personal?


Estos son los trabajos recibidos:


Yo en otra vida...

Yo en otra vida fui fotógrafo en Playboy. Fue duro mi trabajo. Todo el día abriendo y cerrando el diafragma. Midiendo la luz cerca de la inocente carne. En esa vida yo tenía un buen equipo, todo era más fácil. Durante el día veía cuerpos jóvenes, alegres, candorosos. Por la noche, a oscuras, inmóviles figuras se iban revelando, una a una, bajo la luz rojiza. Yo enfocaba mi cámara y disparaba, el negativo recogía las instantáneas, pero mi mente viajaba, viajaba junto a esos cuerpos adolescentes, con tantas ganas de vivir. Mis pensamientos me han traído hasta aquí. Espero, paciente, en el purgatorio. Soy un insumiso en el cielo.

Tomás García Merino
Grupo B


Suerte

Si hubiera jugado al futbol
Habría conocido la victoria
Si hubiera estudiado
Sería abogado y defendería a los inocentes
Si hubiera sido bombero
Salvaría a las víctimas del fuego voraz
Si hubiera sido carpintero
Habría construido preciosos muebles para los libros
Si hubiera sido marino
Habría saboreado la sal de la libertad en mis labios
Si hubiera nacido hombre
Podría haber sido todas estas cosas
Si hubiera nacido en España
Podría ponerme vestidos de alegres colores
Podría reír y cantar con mis amigas
Podría jugar al futbol
Podría estudiar
Podría leer libros
Podría ser bombera, minera, carpintera
Podría andar, con mis pies desnudos, sobre la arena en el mar
Pero no soy hombre, ni he nacido en España
Aquí estoy, atrapada bajo un negro vestido
Viendo mi vida a través de esta pequeña rejilla
Esperando para conocer a mi futuro marido
Si yo pudiera decidir…
Si Dios existiera realmente…

Tomás García Merino
Grupo B


Hay otras vidas, pero están en ti.

Polizón en tu cama
náufrago en tu playa
juguete a tu placer.

La crema de tus manos
manicura en tus uñas
podólogo a tus pies.

Tu biquini mojado
la cinta de tu pelo
el agua de tu sed.

La fresa que te comes
el vino de tu boca
la flor que vas a oler.

Buceador en tus aguas
alpinista en tus montes
dos gotas de Chanel.

El bebé que te llora
para acercar sus labios
a tu pecho de miel.

El más tonto del barrio,
orador que se calla,
Ícaro, al caer.

El amigo del alma,
o enemigo rendido
destinado a perder.

Declaración de amor
anillo sin candado
camino por hacer.

Policía con multa
que después de mirarte
se la quiere comer.

La chispa de tu vida,
fierecilla a tu antojo,
acróbata sin red.

Tu ángel de la guarda
el niño de tus ojos
gigoló a tu merced.

Ginecólogo en celo
pirómano en tu fuego
y el bombero también.

Cartero de Neruda
mensaje en la botella
entre el ser y el no ser.

Oráculo de guardia
guía en el laberinto
misterios del querer.

Sereno de tus noches
pulsera en el tobillo,
la borra en tu café.

Butanero en tu casa,
servicio a todas horas,
el manitas más fiel.

Confesor de mi reina,
tu caballero andante
si te parece bien.

No tienes que elegir
si me quieres creer:
soy todos a la vez.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


Vida y vida

En mi anterior vida fui la reina que se confesaba con Sabina. Hay que ver lo que disfrutaba yo con ello. Pero ¡cómo podía ser él tan ingenuo, por favor!, todo se lo creía. Las penitencias que mandaba, eso sí, eran de un rigor extremo. Claro que yo no las cumplía ni poco ni mucho. Y ahora, en mi vida de ahora me refiero, me lo paso mejor aún, porque me pedí polizones en mi cama y no veáis qué diver.

Pascual Martín
Grupo B


Qué hubiera sido de mi vida si…

…me hubiera casado con Hortensia, pongo por caso. Y cualquiera otra podíamos decir, con todas habría sido lo mismo, bien fijo lo tengo. Por suerte me casé con Rosalía, la pequeña de los “Bolinches”, en los pueblos nos conocemos mejor por el mote. «Tú verás, hijo» —me rezongó la abuela Jeroma qué sé yo las veces— «con Hortensia, la hija única de los Conteras, tienes la vida asegurada, tres parejas de labor los padres. El cariño lo da luego el trato».
Pero fue con Rosalía, y solo para ella tenía yo pensamiento aquella noche sin luna, la más amarga de mi vida. Lo cuento. Estábamos llegando al monte de Zadorija y pensaba en Rosalía como digo; pero también en el niño que habría de venir al mundo. Para ya ves, no podría conocer a su padre. Con las manos atadas a la espalda, me atormentaban las cuerdas hundidas en la carne.
Los que portaban fusiles cruzados a la espalda nos echaron abajo de la camioneta, donde veníamos tirados como sacos de patatas. Uno de ellos me dio un empellón y caí de bruces; me entró tierra en la boca, empecé a sangrar por una ceja. Se arrodilló luego sobre mí como para levantarme y a mi oído le oí decir en susurro: «Soy Crescen. Cuando disparemos, te dejas caer. Hazlo bien, que nos jugamos la vida los dos».
Nos pusieron enfrente unos de otros. Cuatro éramos nosotros. Cuatro los de los fusiles igual; más el de la gorra de plato, el que daba las órdenes. «¡Apunten…! ¡¡¡Fuego!!!». Caímos todos, yo también. Hubiera caído lo mismo sin hacer por ello. El de mi lado se me vino encima ya sin vida y su cuerpo quedó tapando mi cara; sentí la sangre caliente que me iba empapando. Un momento de silencio y se oyeron disparos sueltos de pistola, el tiro de gracia. El que sonó a mi nuca me salpicó de chinas. «Bueno, listo», zanjó en voz alta Crescen, «abajo con ellos». Nos agarraron de pies y manos para dejarnos caer en la zanja y empezaron las paletadas de tierra. Sobre mi cara, un cuerpo sin vida que algo me protegía, me busqué hueco para respirar. Voceó al rato Crescen: «Venga, id subiendo a la camioneta, que esto lo termino yo en un momento». Y a mi oído: «Tú quieto ahí, no te muevas hasta que vengan a buscarte». Con las manos atadas, tampoco hubiera podido desembarazarme del muerto y de la tierra encima de mí.
Sentí ruido afuera al cabo de no sé el tiempo, un siglo. Padre y un vecino que era como de la familia. Me desenterraron, me subieron a la mula, ellos caminaban a pie. Fue llegar al pueblo y madre y Rosalía ocuparse de mí entre lloros que padre les reprochaba. «Menos gimoteos, venga. Espabilaos, cada minuto cuenta». Me pude lavar con agua caliente, me cambié de ropa, un algo de dinero pusieron en mis manos. Y salí a la noche de nuevo. «La mula no te la puedes llevar hijo, despertaría sospechas que no se viera en casa», dispuso padre.
Duele recordar eso ahora, en país extraño. Eso, más lo que vino a seguido, cinco años ya de aquello. Aquí resulta dura la vida, pero al fin y al cabo resulta; a los muertos no les resulta la vida. A soportar las penas ayudan las cartas con España, y la niña, y el chiquitajo, que está hecho una joya. Y Rosalía, sobre todo Rosalía, la pequeña de los “Bolinches”, Crescencio es el mayor de los cinco.

Pascual Martín
Grupo B


32 otras vidas

Si me permite la vida volver al pasado, cuantos caminos pude haber tomado, primero el que tomé pues la decisión fue propia, equivocada o no, eso ya, es otra historia.
Me imagino la rayuela de la vida en esos números del deseo, mientras salto a la pata coja para apoyar los dos pies en el suelo, y me subo al tejado, ese que cuenta tantas historias vividas que se pierden, lo cierto y lo incierto muchas de las veces se queda en ciernes, mientras vamos soñando otras vidas de camino a la muerte.
La chimenea saca humo blanco y a veces negro, el frío arrecia, a veces pienso que pude ser tantas cosas, que miro el reloj del tiempo e incluso hasta me agobia.
Y sueño, de nuevo el sueño, de ser poetisa, o escritora de vidas para que otros sientan en su piel el deseo de lo que no fueron, y así como yo escribo cada mañana, el tejado me chiva todo lo que en el horizonte se me escapa.
Una sola palabra tiene la vida, los sueños que haces, los que olvidas, y los que dejas en el tintero para revivirlos día a día.
Pero siempre me quedará una opción si creo en la reencarnación, siempre podré vivir aquella primera opción que dejé encerrada por miedo en algún cajón.
Somos muchas vidas encajadas en el tiempo, pero por si acaso no pierdas tu oportunidad antes que llegue tu invierno.

Ana Taramon
Grupo C


Yo, elijo Flautista de Hamelin.

Me prestó y puse su traje, calcé sus botas rojas, el gorro verde adornado con una bella pluma de faisán, me dio su flauta mágica. Y ya estaba en condiciones de llegar a la Tierra, no había buenas noticias de aquel lugar, no eran ratones, ni habían ofrecido bolsas de oro por su exterminio, había una contaminación que hacía difícil la vida, me propuse terminar con los contaminantes: injusticia, arbitrariedad, privilegios, ley del embudo, violaciones, abusos, asesinatos… en pago podrían nombrarme hijo predilecto del lugar. Crucé nebulosas, nubes desiertos, en un lugar vi una bella rosa, montañas, valles y ríos, llegué. Crucé pueblos y ciudades calles y plazas, saqué mi flauta mágica, de ella salía una misteriosa y fantástica melodía, las puertas y ventanas se abrieron, las calles se llenaron de un polvo negruzco que con la fuerza de un torrente seguía a la música, llegué a la montaña más alta, no a un rio, sus aguas se contaminarían, un inmenso cráter se abrió, y ese torrente de basura llegó al núcleo de la Tierra y, de él no se ha vuelto a oír hablar.

¿Por qué esto tiene que ser un cuento?

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


El rap del Bongosero

Yo en otra vida,
fui alguien que trató de no ser
nunca, un carnicero,
de tiro certero,
gruñón o puñetero,
y no muy putañero.
Pero pude haber sido
herido en combate,
fray e incluso abate,
duelista que mate
o capitán de yate.
Pero hubiera querido
ser justo y austero,
sabio al lapicero,
seguir mis impulsos con deseo fiero
y habría perecido por ser bongosero.
Aunque bien mirado,
yo no estoy cerrado
a cambiar de trama,
aunque esté colgado
de tu cuerpo amado
sentir otra llama,
si alguien me reclama.
Saltar la aduana
tirar una cana
y cantarle una nana
a mi linda cubana
en clave antillana.
Marcharme a la Habana,
a pasar la semana
paciendo en su auyama,
metido en su cama
sin red ni pijama.
Y después de esto llegaría el drama.
Pues se que mañana,
mi dulce madama,
yo hubiera querido
ser justo y austero
o herido en combate,
de tiro certero.
Sabio al lapicero,
gruñón, puñetero,
duelista que mate.
Seguir mis impulsos con deseo fiero,
aún yendo vestido como fray o abate.
Y aunque mole mucho capitán de yate, algo putañero,
no hubiera dudado, en tener el chance de ser bongosero.

Calgari
Grupo A


Almas y vidas

Tuve alma de pájaro
y volé muy alto en busca
de mares, desiertos,
ríos y montañas.

Tuve alma de árbol
y construí mi nido
en la fuerte rama
de la encina centenaria.

Tuve alma de mar
y una gran tempestad
dejó a la deriva
las esperanzas perdidas.

Tengo alma de montaña
que la nieve cubre y calma
y el silencio arrulla
con su callada nana.

Marian Pérez Benito
Grupo A


Cuando no fui yo viví otra vida

Hace ya bastantes años uno de mis yo posibles me poseyó por un tiempo y me vivió….¡ vaya que si me vivió!
Eran los años de la movida en España, de repente un yo frenético se apoderó de mí y le dio por cambiarme entera. Yo, que acababa de salir de un colegio de monjas me vi sacudida por un fogonazo que rompió todos mis esquemas y me sacó del letargo de sombra y sueño. Así, como quien no quiere la cosa, me cambió el modo de vestir mojigato por un modernísimo estilo after punk siniestro y cuando llegaba la noche me nacía dentro una vampiresa que me hacía bailar desmadejada hasta el amanecer.
Pasó un tiempo y, tras un exorcismo de años y desencuentros me abandonó aquel yo que me enajenaba, pero me dejó un regusto agridulce y se quedó agazapado en lo hondo, tanto que cuando intuyo la chispa pienso qué habría ocurrido si ese otro yo se hubiera instalado para siempre. Y entonces me pongo las zapatillas de estar en casa y me agarro fuertemente al sofá, por si acaso.

Pilar SB
Grupo B


Yo en otra vida

Yo en otra vida fui taxista en NY
He conocido muchas nombres, pero pocas personas
He escuchado muchas historias, pero en ninguna he sido el protagonista
He conocido muchas lenguas, pero no he hablado ningunha
He vivido muchas historias de amor, pero ninguna ha sido mía
Desde mi taxi en NY
Cada día ha sido unha vida
Tantas vidas como personas
Pero ninguna ha sido mía

Rubén Maneiro
Grupo C


Decisiones

Querida hija:

Deseo con todo mi corazón que esta carta sí, llegue a tus manos. Le he encargado a mi hermana Eulalia que te la haga llegar con la mayor discreción posible. He esperado hasta hoy que cumples dieciocho años para contarte la verdad de lo que pasó, esa verdad que te han estado ocultando durante todo este tiempo.
De aquí en adelante deberás tomar muchas determinaciones y por eso me atrevo a hacerte llegar unas cuantas reflexiones. La situación en que me encuentro me ha permitido meditar mucho acerca de los acontecimientos de mi vida. He calibrado qué decisiones tomé a la ligera y las consecuencias que estas me acarrearon. Me he torturado mucho pensando qué hubiera sucedido si en lugar de actuar de una manera lo hubiera hecho de otra. No quisiera que tú siguieras mi ejemplo; al contrario, que viendo adonde mis funestas elecciones me han llevado, te acostumbres a valorar con minuciosidad las consecuencias de tus resoluciones. Creo que me estoy dilatando en los preámbulos porque le tengo miedo al sufrimiento que voy a causarte. Pero he de seguir adelante.
Hay en la vida elecciones que te viene rodadas, como el día en que acepté a tu padre de enamorado. Todo era tan fácil, tan conveniente, tan adecuado. Mi madre estaba encantada con que un hijo de los Benavides, una familia tan ilustre –y tan rica, mamá lo tenía muy presente–, me pretendiera. Las monjas del colegio hacían de celestinas en una unión que las enlazaba más estrechamente con una de las familias benefactoras de su congregación. Mis amigas estaban felices con las meriendas en la piscina de la Casa Grande o los paseos en descapotable. A mí, él no me desagradaba. Era cortés y considerado, y tenía muy buena planta.
Del noviazgo a la boda hubo un paso tan liviano que no recuerdo haberlo dado. Los primeros meses del matrimonio no fueron desgraciados, diría que fueron cómodos más que felices. Tu papá me atendía como si fuera una joya valiosa o su caballo preferido. Era espléndido y condescendiente, pero raramente cariñoso. No tardé en sospechar de sus infidelidades, aunque preferí ignorar los avisos, los signos inequívocos que las desvelaban.
Fueron determinaciones tomadas sin calibrar la trascendencia que tendrían en mi futuro. Pequeñas dejaciones, miradas hacia otro lado, postergaciones indefinidas. Gotas de agua que acabaron desbordando el vaso.
El embarazo pareció reconducir la situación. Tu padre estaba entusiasmado con la idea de tener un hijo y me prodigó por un tiempo las atenciones y cuidados que había desatendido hasta entonces. Y luego naciste tú, mi joya divina. Me sentí revivir con los afanes de la maternidad. Él se cansó pronto de las incomodidades de la crianza y poco a poco fue despreocupándose y dejándome entregada en solitario a tu cuidado. No me importó pues durante esos meses fui la mujer más feliz de la Tierra.
Luego, de forma casi imperceptible, las cosas fueron cambiando. Comenzó ignorándome, desatendiéndome a mí ­–y lo que más me dolió– y también a ti. Mis mínimas exigencias de colaboración en tu cuidado le ofendían, tus llantos o alborotos le incomodaban. Comenzó a gritarnos sin ton ni son. Tú, atemorizada le rehuías. Desaparecías de cualquier habitación en la que él hiciera acto de presencia. Yo no tuve el mismo valor, o quizás, la misma oportunidad. Porque yo debía reclamarle atenciones y útiles que eran necesarios para ti y los pocos que consideraba imprescindibles para mí. Entonces los gritos se convirtieron en golpes. Primero un empujón, luego un manotazo, después…
Acudí al arbitrio de mi suegra, lo que fue otra grave equivocación. Tu abuela me conminó a obedecer a su hijo y a callar. Y para él aquella petición de auxilio fue una ofensa que pagué con más golpes y privaciones.
Lo único que me empujaba a seguir viviendo ese tormento eras tú. Por amor a ti disimulaba todas las afrentas y fingía una alegría que estaba lejos de sentir. Tampoco pude recurrir a mi familia de la que poco a poco él me había ido alejando. Prohibió las visitas de mis padres a nuestra casa y racionaba las que yo hacía a la suya haciéndomelas pagar con patadas y puñetazos. Tuve que ir espaciándolas cada vez más. Ellos se lamentaban mientras yo me deshacía en excusas y justificaciones que nadie creía.
Pensaba que mi existencia era un martirio insuperable hasta que conocí el infierno. Fue el día en que te puso una mano encima. Debías tener siete años. Fue un bofetón en la sien que te dejó tan aturdida que tuve que llevarte a urgencias. No se interesó por ti a nuestro regreso, ni me prestó atención cuando le advertí que si volvía a tocarte le mataría. Sonrió con desprecio y quitándome de delante de un empujón, se dirigió a la puerta.
No cumplí mi amenaza cuando se repitieron los bofetones y las azotainas, no sabes cómo lo lamento. Pero un día, al entrar en casa procedente del mercado, escuché tus gritos. Dejé caer las bolsas y me precipité en tu habitación. Tú estabas tumbada en la cama mientras él, con el cinturón en la mano te daba latigazos en silencio, indiferente a tus ruegos. «¡Para!», le grité. Entonces se detuvo un momento, se giró, me lanzó la más despectiva de sus miradas y volvió a su espantosa tarea. No tuve el valor de interponerme mientras veía su brazo golpear una y otra vez. En un arrebato corrí hacia su despacho, cargué uno de sus fusiles de caza –me había enseñado a disparar durante el noviazgo– y regresé al dormitorio. Tus chillidos se ahogaron en el estruendo del primer disparo. Él se volvió más sorprendido que asustado, aun herido dio un paso en mi dirección. El siguiente disparo le reventó la cara. Allí mismo cayó muerto.
De lo demás algo sabrás, a pesar de las mentiras que te han contado. Mi detención e, inmediatamente, el juicio por tu custodia que los abogados de tus abuelos paternos arrebataron a mis padres. Luego mi propio juicio, mi condena y mi entrada en esta prisión en la que peno por tu separación desde hace diez años.
Perdóname hija que te haya hecho revivir sucesos que seguro tu mente ha tratado de enterrar en el olvido. Sin embargo, creo que esta es la hora de que conocieras la verdad, no esa fábula que te han contado ellos. Para que sepas quién era el monstruo que tuviste por padre y la insensata y desgraciada madre que te tocó en suerte.
Ya ves hija adonde me han llevado las dos decisiones más importantes de mi vida. De la primera me arrepiento cada día, aunque no he lamentado la segunda ni en una sola ocasión. Estoy segura de que si no la hubiera tomado las muertas hoy seríamos tú y yo. Que Dios perdone mi falta de arrepentimiento.
De ese mismo Dios espero que te conceda toda la felicidad dela que a mí me ha privado.
Con todo mi amor.
Tu madre

Pepe Lorenzo
Grupo B


Lo que pudo ser y no fue.

Me ofrecieron la plaza de profesor de clases prácticas. Tendrás un sueldo de hambre, me dijeron. A pesar de todo acepté.
La plaza suponía la ilusión del comienzo, el sentir de algo nuevo, de algo bueno, algo ilusionante y prometedor.
Además del inicio como profesor interino no numerario, una verdadera porquería en pocas palabras, te voy a dirigir la tesis, me dijo el catedrático de Fisiología y Bioquímica.
Aquello supuso un gran incentivo para mí, pues siempre me ha gustado la docencia y la investigación.
La cuestión es que acepté.
Dejé mi especialidad y mi plaza en propiedad, me eché la manta a la cabeza y allí me presenté para comenzar una nueva aventura rompiendo con todo lo anterior.
Una vez en Vitoria tuve que adaptarme a vivir con poco dinero, y me fui a vivir a una pensión.
Enseguida encontré con quién compartir mi tiempo libre fuera del trabajo. Fueron dos personas fundamentalmente: el capellán del hospital donde trabajaba anteriormente y que era un gran experto micólogo; con él quedaba algún fin de semana para subir al monte a buscar setas; yo las cogía todas y él me hacía tirar las venenosas; así iba yo aprendiendo a distinguir algunas especies, y aunque pude conocer varias, nunca llegué a comer ninguna sin su supervisión.
El otro era un pintor que trabajaba como jefe de sección de arte en Heraclio Fournier. íbamos al campo caballete “en ristre” y pintábamos al aire libre. De vez en cuando se acercaba algún curioso a opinar sobre cómo había que hacer tal o cual detalle; al principio me resultó algo incómodo, pero enseguida me acostumbré e incluso seguía alguna de las indicaciones que recibía.
Para terminar de rematar la faena, me apunté a una sociedad gastronómica a la que acudía regularmente una vez por semana. Aprendí a cocinar, y a distinguir algunos tipos de vinos. En las sobremesas nunca faltaron las buenas conversaciones y alguna partida que otra al mus.
Entre afición y diversión siempre sacaba tiempo para estudiar algo, preparar las clases, e ir elaborando la tesis doctoral; pues a fin de cuentas era el motivo y la ilusión que me hizo cambiar de vida; aunque si lo piensas bien las otras cosas ayudan mucho en la felicidad y el bienestar de las personas.
Al redactar la tesis, al preparar la oposición a profesor agregado, tuve que renunciar durante algún tiempo a las otras distracciones; pero después de conseguir ambos proyectos retomé mis otras devociones con más ahínco, como si tuviese ganas de recuperar, de ponerme al día.
Al cabo de los años se cumplió otro de mis sueños: saqué la cátedra de Fisiología y Bioquímica y en un traslado conseguí afincarme en Salamanca, lugar desde donde escribo estas memorias.

José Luis Fonseca
Grupo A


En otra vida fui la hermana de Sam, el pianista de aquel famoso cabaret de Casablanca. En la película apenas se me ve en unos fotogramas. Sam siempre fue un buen músico y cuando Rick salió de Francia nos llevó con él. En 1942 quedamos atrapados en esta ciudad mientras duró la guerra. No nos fue mal, yo vendía cigarrillos y llevaba el guardarropas. Las propinas eran buenas.
Aún así, no puedo quitarme de la cabeza algo que me atormenta. ¿Qué hubiera ocurrido si hubiese desobedecido a Sam? Nunca lo sabré. Si me hubiese ido con Marcel mi vida hubiese sido muy diferente, no sé si mejor. Él quería que nos fuéramos a Marsella, donde tenía familia y negocios. Estábamos muy enamorados a pesar de la diferencia de edad. Sam hizo valer la promesa que hicimos a nuestra madre de no separarnos y dejé marchar al amor de mi vida. Después, todo se complicó mucho y solo pudimos escapar gracias a Rick.
Ahora estoy esperando a reencarnarme en otra persona, espero tener un poco más de suerte y ser hombre y blanco.
-¡A ver, el siguiente de la fila!.
-Tú, vas a reencarnarte en pirata cojo con pata de palo. Pasa por atrezo y coge la bandera con un par de tibias y una calavera.

Enrique Martínez
Grupo C


Hay decisiones que tomamos sin conocer las consecuencias. Siempre he sido dormilón y me ha gustado retrasar el momento de salir de la cama. Aún me sorprende la facilidad con la que me levanté a las 7 aquel día de marzo para salir a correr por la urbanización. Una mañana soleada y fría me dio los buenos días. Acostumbraba a hacerlo a última hora de la tarde, antes de volver definitivamente a casa. Sin embargo me gustó disfrutar de la salida del sol, pensé volver a hacerlo otros días. Giré por la calle Almendros dejando a mi espalda el sol que me resultaba molesto en los ojos. Así pude comprobar en la aplicación del móvil lo bien que me movía, menos de 5 minutos por kilómetro ¡qué sensaciones! El frenazo me hizo levantar la cabeza para ver claramente aquel coche azul con su conductor deslumbrado antes de que me embistiera.
Ahora en el Hospital de rehabilitación tengo tiempo para pensar en mi vida futura pero también en la pasada. ¿Qué hubiera sido de mi vida si, en tantos momentos, hubiera tomado otras decisiones? A fin de cuentas, la vida es una sucesión de encrucijadas que no percibimos porque nadie antes ha pisado esos senderos. Además nunca sabremos donde llega el camino que no tomamos.

Enrique Martínez
Grupo C


Una vida soñada

En la otra vida, fui confesor de la reina Isabel la Católica. Yo era por aquel entonces párroco de la buena villa castellana de Cantalapiedra, pueblo cercano a la localidad de Madrigal de las Altas Torres, en donde Isabel pasaba largas temporadas en el Monasterio de Gracia, en el cual había nacido el 22 de abril de 1941. He de decir como párroco que guarda los secretos de la confesión, que el apodo de católica, en esta época, en que me tocó vivir, no se lo daría a ninguna mujer de las que pasaron por mi confesionario, por lo que, lo de católica a Isabel, se lo debieron poner sus súbditos, que no conocían las andanzas de la reina.
Por lo que a mi respecta, a ojos de la reina caí en desgracia, Isabel se enteró de que el pueblo de Cantalapiedra y yo en particular, éramos partidarios de Juana la Beltraneja, persona que tenía que haber sido la reina legal, y como venganza me retiró los favores de confesarse conmigo, y Cantalapiedra que en la edad media, era un pueblo precioso, amurallado en su totalidad, mandó destruir sus murallas, dejando solo en pie un torreón, que actualmente se conserva, después de haber sido restaurado.

Luis Iglesias
Grupo B


Yo en otra vida

Yo en otra vida fui cigarrillo en tu boca, y mucho me temo que ahora soy filtro en el suelo, pisoteado día tras día y en todo momento por sucios zapatos. Pero todavía recuerdo estar entre tus labios, siendo mordisqueado por los paletos torcidos y humedecido por la saliva en tu boca. Recuerdo también el frío, extinguido en el momento en el que con tu mechero me prendiste fuego, y recuerdo cómo mi cuerpo se deshacía entre cenizas. El vaivén entre el mundo y tu boca,la exhalación del humo (el mío y el tuyo) hasta el momento de rechazo, en el que me tiraste al suelo e intentaste matarme con tu limpio zapato de Prada.

Sofía Sánchez
Grupo C


Geisha

LA MEMORIA ES UN MATERIA DE PRIMERA MANO

No nací ni me eduque para ser una de mis famosas Geishas de Kioto. Ni nací en Kioto.
Soy hija de un pescador nacido en un pueblo de la costa del mar de Aponla la casa donde vivíamos estaba junto al acantilado donde el viento soplaba constantemente.
Solo tenía 14 años, me parecía que había vivido dos vidas. Ya de niña me daba cuenta de que el Señor Tomaka veía el mundo como realmente era.
Vais a la ciudad de Senzure.No pasara nada, no veía que se ganaba más diciendo la verdad.
No puedo decir que hubiera sido de mí de no haber sido cuidada por MAMELA.
No puedo decir que tuviera dotes naturales de ningún tipo, ni para la danza ni, para cualquiera cosa, pero si es cierto que estaba decida a trabajar sin descanso hasta lograr mi objetivo.
No sé por qué lo hice, era un paso de una danza que habíamos estudiado aquella mañana y era muy triste. Al mismo tiempo pensé en aquel SEÑOR PRESIDENTE y cuanto más fácil sería mi vida si pudiera encadenarme a un hombre como él.
Lo que sentí aquella tarde fue que cuando tenía el cuerpo apesadumbrado me movía con mayor dignidad. Y si me imaginaba al PRESIDENTE mirando mis movimientos adquirían tal profundidad de sentimiento que a veces cada paso de la danza equivalía una especie de una intersección con él. Girar con la cabeza ligeramente ladeada podría representar la pregunta ¿dónde vamos a pasar el día SEÑOR PRESIDENTE?
MAMELA ya había llegado y estaba arrodillándose para saludar con una profunda reverencia.
Entonces el hombre volvió la cabeza, y vi por primera vez su ancha cara y sus afiladas mejillas
Y sobre todo…esos parpados….tan tensos y tan lisos y suaves. Súbitamente todo lo que me rodeaba pareció calmarse, como si él fuera el viento que soplaba y yo solo la nube por el arrastrada. Ciertamente me resultaba conocido, más conocido en cierto sentido que mi propia imagen en el espejo. ERA EL SEÑOR PRESIDENTE EL DE MIS SUEÑOS.

Josefa Redondo
Grupo A

SE VENDE. Publicidad y Literatura

El taller de escritura de esta semana estuvo patrocinado por "Bolígrafos BIC" pues hay entre los participantes quien escribe normal y quien escribe fino, sobre todo si lo hace con un buen Fino la Ina.
¿Averiguan de qué hablamos? Lo dice el título de este post. Si no han reparado en ello no interesan como público a los creativos publicitarios siempre atentos a un consumidor al que no se le escapa detalle.
Iniciamos la sesión con un repertorio de vídeos que nos ayudaron a entender la importancia de la argumentación y la persuasión en un anuncio con el empleo del humor, la apelación a la emoción o el elemento poético: "Rubber Cement" "Mente comercial", "Los colores de las flores". 
Destacamos el ingenio de García, el gallego que regentaba una ferrería en Galicia y que se dedicaba a la venta de clavos, un chiste que nos despertó una sonrisa. Y vimos, incluso, campañas para prensa realmente innovadoras como la realizada por Peugot y que incide en la importancia de la seguridad.

Ya lo decía Cicerón: "la persuasión es la reina que transforma las almas". 



Si el orador ha de tener en cuenta el "docere" (y para ello es importante apelar a la razón), el "delectare" (o capacidad para deleitar) y el "movere" (uan buena pelación al público) el publicista tendrá en cuenta, por su parte, la "inventio" (la búsqueda de ideas), la "dispositio" (el ensamblaje y ordenación de dichas ideas), la "elocutio" (el modo de formular con palabras, o imágenes, esa idea), la "memoria" y  el "actio" (la forma de presentar al público el discurso). 
Aunque hay una gran diferencia en cuánto a la manera de trabajar y el propósito final de la Literatura y la Publicidad las herrajmientas con las que trabajan el publicista y el escritor son muy similares. El uso de la retórica es, en este sentido, común a ambos. Las mismas figuras literarias con las que trabaja el poeta las emplea el publicista. 
Fernando Beltrán, poeta y nombrador, señala en el artículo "Sidra El Gaitero, famosa en el mundo entero": la extraña poesía de los anuncios", de Berna González Harbour, las diferencias entre el publicista y el poeta:

1. El primero intenta convencerte de algo; el segundo no suele estar convencido de nada, salvo de su propia intemperie.

2. El primero tiene 30 segundos; el segundo 30 versos, pero sabe que se lo juega todo en la elección de una sola palabra clave en el poema.

3. El primero trabaja en equipo; el segundo está solo.

4. El primero trabaja por encargo; el segundo, para sí mismo, sin que nadie se lo pida y a veces le cuesta muy caro abrirse por dentro.

5. El primero vende; el segundo vierte: sus tripas, sus fantasmas, sus demonios, su amor a la lluvia, su insensatez, su belleza.

6. El primero tiene resultados concretos; el segundo siempre siente que su afán de totalidad ha fracasado de nuevo, y comienza a escribir otro poema.


Recomendamos en el taller el trabajo "Usos de la literatura en la publicidad" de Asunción Escribano Hernández. (Pincha sobre el enlace para descargar el artículo). Esta misma autora publicó el libro Literatura y publicidad. El elemento persuasivo - comercial de lo literario. Otro interesante trabajo que destacamos es el titulado "Macbeth: cuando la literatura se convierte en publicidad" de Gloria Jiménez Marín con numerosos ejemplos de campañas inspiradas en la literatura y en concreto en Shakespeare. (Puedes descargarte el artículo en esta página)
También hicimos alusión al artículo "La chispa de la vida" de Javier Cercas, quien articula su discurso sobre el anuncio de Seat León que toma prestadas la voz y un conocido texto de Julio Cortázar.

Hicimos un recorrido por diferentes anuncios inspirados en versos de reconocidos poetas como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Quevedo, Lorca o Cavafis. 
Y compartimos algunos poemas como el titulado "Anuncios" de Eduardo García:

Nos prometen paisajes de ensueño y chicas rubias
que sonríen a bordo de un último modelo,
repentinos romances, placeres instantáneos,
el sueño de una vida más plena y más dichosa
en un destello frágil como un beso fugaz
que nos tendiera al paso una desconocida.
Son mentira y son dulces y además nos recuerdan
esa dulce ficción de la literatura.

Repasamos los eslóganes que han quedado grabados en nuestro recuerdo gracias al uso de diferentes figuras retóricas, la eficacia de su mensaje o a la música que les acompaña. Y disfrutamos con el poema de Fernando Beltrán inspirado en los lápices de Ikea y que es un metáfora sobre la vida. 


Tarea de escritura
En el taller propusimos una divertida tarea. Poner nombre a un móvil último modelo y escribir un eslogan publicitario para su atraer a los posibles compradores.
Para casa planteamos escribir un texto sobre el amor, la muerte o la vida con el asunto de la publicidad como fondo o como trasfondo. 

Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Algoritmos publicitarios y otros versos venales.

El Consumismo ofrece felicidad masiva.

Adelantaron la eutanasia del abuelo para aprovechar las rebajas de la Funeraria.

El KuKluxKlan usa detergente Ariel, made in Germany.

La fábrica de Coca-Cola se incendió porque prendió una chispa.

El oropel se vende al mejor impostor.

Provocó su accidente mortal, grabándolo con el móvil, para ganar el concurso publicitario de Tráfico.

Anuncio de Secuestros S.A.: “Se buscan aspirantes con síndrome de Estocolmo.”

PLEONASMO (Redundancia, repetición, añadir a una frase palabras innecesarias): “Publicidad engañosa”.

“Just do it” en lenguaje subliminal se traduce por “Compra, estúpido”.

Aquel cementerio ofrecía panteones, tumbas, nichos, y osarios “en multipropiedad”.

El eslogan de la gira de Sabina “Amores que matan nunca mueren” tuvo que ser retirado por apología de violencia de género.

Aquel Taller de Poesía se anunciaba con el lema: “Hasta el metaverso y más allá”.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


PUBLICIDAD

Que venga a mí quien quiera
que sepa todo el mundo,
del modo más fecundo
que pueda imaginar,
la venta de primera,
del todo ventajosa,
que sobre cualquier cosa
le puedo argumentar.

Yo soy la diosa griega
que canta melodías
para las mercancías
del pueblo y la ciudad,
que hechiza a los lectores
y endilga a los oyentes
mensajes elocuentes.
¡Yo soy publicidad!

Yo soy la estrella blanca
que exhibe golosinas
y deja en las retinas
de todo el que me ve
recuerdos imborrables
de calidad y precio
que aumentan el aprecio
de cuanto le mostré.

Yo soy maga que muta
las prendas más corrientes,
de pocos alicientes
y venta regular,
en género valioso
del todo imprescindible
que al ser ganga accesible
se vuelve popular.

Yo habito en las revistas
periódicos, panfletos,
mostrando mil objetos
de gran necesidad.
También muestro servicios
normales o especiales
con rótulos bestiales.
¡Yo soy publicidad!

Yo vivo en los carteles
pegada a las fachadas
y a vallas niqueladas
llamando la atención.
Con tal que el viandante
repare en lo que digo,
aunque le importe un higo,
ya cumplo mi misión.

Yo vuelo por las ondas
y anuncio mis productos
por todos los conductos
de radios y de teles.
Y he de reconocerlo,
me tienen tanto apego
que allí encuentra mi ego
millones de sus fieles.

Yo alumbro cada día
la vida de la gente
de un modo inteligente,
con arte y claridad,
para que todos piensen
que compran con cabeza,
con tino y sin torpeza.
¡Yo soy publicidad!

Óscar Martín
Grupo A


¿IKEAGO YO AKÍ?

Paseo por la república independiente de mi casa y los recuerdos me asaltan. La salud me está abandonando, pero la memoria me castiga cada día. Veo la habitación de mi hijo y leo en un póster, bajo una imagen impactante de la luna: «Hacemos tus sueños realidad», y no es publicidad engañosa. Mi hijo soñó con ser astronauta, y desde que acabó la carrera, marchó y no le he vuelto a ver, estará en el espacio exterior. Junto a la ventana colocamos su cuna, una cuna Sunvik. Recuerdo aquel día: mi mujer embarazada, moviéndose torpe por los pasillos en busca de los muebles ideales para nuestro hogar. Yo la seguía como podía, con el plano de nuestra casa mal dibujado en un folio y un pequeño lápiz de madera en la oreja, como un verdadero carpintero. ¿Cuánto mide esto o aquello? ¿Nos entra entre la cuna y la ventana? Yo asentía y apuntaba la referencia. Nuestra casa mide lo que nos permitió la hipoteca, ni un metro más ni menos. Pero, en tan poco, nos entró tanto, tanto amor, tanto cariño, que a veces salía por la ventana. El comedor, con las paredes ocultas por librerías Besta y Hemnes, llenas de recuerdos, objetos inútiles que han formado parte de nuestra vida. Tardamos dos días en montar estos muebles, la casa atestada de piezas por todas partes, instrucciones aquí y allá, yo no me aclaraba con los tornillos, confundía los Pozidriv con los Confirmat, discutimos mucho, pero al final lo conseguimos, nos faltaron un par de tornillos, pero en más de 40 años no se han caído. Frente al televisor está el sofá Söderhamn, este es el mueble más nuevo de nuestro hogar, lo compramos hace tres años, unos meses antes de que ella me dejara. La manta Varkrage, que descansa sobre el sofá, donde siempre se sentaba ella, aún guarda su aroma. Recuerdo el eslogan con el que te invitaban a comprar de esta manta: «No vendemos abrazos, pero sí calidez», con todas las cosas que venden y no tienen lo que yo más necesito: abrazos. Entro en el estudio. Hay librerías Billy, llenas de libros, en las cuatro paredes de la habitación. ¡Qué descubrimiento! «Espacio sin límites», decía la publicidad de la librería. Para mí el mejor mueble que ha sacado la marca. Con puertas, sin puertas, con cristaleras, con baldas, todas las que necesites, un magnífico invento. Me enamoré de este mueble. Junto a la puerta del balcón coloqué un armario Ivar, y sobre él, descansa un ánfora Saxborga con sus cenizas, me acompaña durante las horas que paso trabajando en el escritorio Arkelstorp, sentado en mi silla Kullaberg.
La echo mucho de menos. Enciendo la lámpara Storuman y contemplo la foto de nuestra boda, estaba preciosa. No quiero llorar. Pronto me reuniré con ella. Abro mi portátil y entro en la aplicación para realizar mi último pedido online. No me decido entre estos dos modelos. Si ella estuviera aquí, ya habría elegido. Está el ataúd Evigresa, o el Fullständig Vila, este último parece más cómodo, es un poco más barato y tiene tres años de garantía, pues este mismo. Lo mejor es que, esta vez, yo no tendré que montarlo.

Tomás García Merino
Grupo B


Teléfono Romeo

Lo más importante en esta vida es amar,
Para eso necesitas hablar.
Lo último en comunicación: Teléfono Romeo.

Teléfono Verso

En tus manos, nuestro teléfono es pura poesía,
Comparte tus versos.
Donde lo necesites, en este mundo o en el meta-verso,
Él siempre estará contigo.
Teléfono Verso

Tomás García Merino
Grupo B


El amigo H

No se busque información en Internet, el cementerio es muy modesto: un pequeño cuadrado con tapia de ladrillo enfoscado a la que el paso de los años hizo perder su blanco primigenio. Por encima de la cerca sobresale algún ciprés de porte más bien escaso y el único “panteón” del lugar, en el cual descansan los restos del amigo H. No sobran las comillas, el panteón no es sino un alargamiento de la pared hacia lo alto,con el mismo revoco viejo y que remata en teja curva. Tiene ventana, eso sí, no serán muchos los panteones con ventana asomadera.
Aún en sana salud hay quien piensa en el ataúd: «A mí, cuando me muera, me enterráis en ese cementerio, que quiero estar cerca de la carretera, para ver pasar a los amigos y entretenerme, que si no la cosa debe ser muy aburrida». Eso había pedido el amigo H y, llegado el momento, los hijos no le fallaron.
El tiempo trae lo que trae y amigos de H vamos quedando pocos en este pícaro mundo. Con la mala suerte además, de que hicieron la autovía y pasa bastante lejos del cementerio. Ya se sabe, la gente quiere llegar a destino cuanto antes, pero no es tanto lo que se pierde si yendo a Ciudad Rodrigo, a mitad del camino te sales en el sitio adecuado para volver a la vía rápida poco más adelante. Pasas frente al cementerio así como demorando, bajas el cristal de la ventanilla y saludas agitando la mano. Te quedas tan a gusto, y no digamos ya si te animas con un padrenuestro.
Dicho lo cual, no queda sino entonar el mea culpa reconociendo que al texto, aún teniendo “muerte” le falta el tanto de “publicidad comercial” que se nos pedía en el taller. Se disculpe la carencia, pero dada la realidad real de lo que se cuenta, no parece muy propio falsearlo dando un tinte especulativo a la cosa. Aunque no sabe uno, porque no se puede olvidar que el amigo H, junto con sus dos compadres farinatos, un día se largaron a Madrid a comprar nada menos que la Telefónica.
Ya no queda gente así.

Pascual Martín
Grupo B


Adares

Cómprame una poesía, amigo.
Tengo tantas.
Espera que las saque
del bolsillo de mi abrigo.
Te doy a elegir,
sobre el amor,
sobre la muerte,
sobre los vivos,
y puedes pagarme, si quieres,
con un café y una charla
en el Corrillo.

Cómprame una poesía, amigo.
También puedo decírtela
aquí mismo
en susurros al oído.
Puedo hablarte de estas piedras
y del frío que pasamos
los gorriones y yo
bajo estos arcos,
ellos me lo cuentan
con sus trinos.

Cómprame una poesía, amigo.
No pienses que soy un loco.
Me acerco a tí
porque te veo azul,
porque te veo noche,
porque te veo exilio.

Cómprame una poesía, amigo.
Tendrás algo valioso y único:
mis poemas no salen
ni en la radio
ni en la tele,
ni en los anuncios.

Cómprame una poesía, amigo.

Marisa Sánchez
Grupo C


Lo que de verdad necesito

Nadie sabe lo que de verdad necesitas.
Tu organismo si lo sabe.
Dale la oportunidad de elegir, y así nunca te equivocarás.

Dale Ripletus

Un complemento de vitaminas, minerales y aminoácidos esenciales le ofrecerá a tu cuerpo la posibilidad de tomar lo que necesite en su justa medida; eliminando el resto.
Nunca te sentirás ni te habrás sentido más repleto de salud y energía, como después de haber tomado durante una temporada RIPLETUS.
Una experiencia irrepetible y duradera.

José Luis Fonseca
Grupo A


Diálogo

–¡Tenemos que hablar! –La fatídica frase resonó dentro del coche. Aunque no había salido de los labios de ella. Tampoco fue él quien, abriendo la ventanilla y extendiendo la palma, dejó volar su mano en la corriente de aire.
–¿Te gusta conducir? –preguntó ella sin curiosidad.
–Sí –respondió impulsivo–. Pero ahora quiero decirte algo importante…
–¡Just, do it!
–Sí. Lo haré, si dejas de interrumpirme con tonterías. –Aunque él estaba visiblemente molesto, ella se recostó en el asiento indiferente a su malestar–. Precisamente quería que habláramos sobre cómo han cambiado nuestras conversaciones. Recuerdo que solo unos meses atrás, solíamos enzarzarnos en largas charlas en las que todos los temas tenían cabida, en las que nos hacíamos confidencias, argumentábamos y discutíamos sin descanso… En fin, manteníamos diálogos, y esa forma de comunicación, intensa y rica, era para mí tan placentera como el mismo sexo.
–Lo mejor para el hombre.
–¿Quieres tomártelo en serio de una vez? Estoy harto de que solo me respondas con consignas, frasecitas ocurrentes o eslóganes publicitarios. –Él está muy enfurecido.
–Be water my friend.
–¡Mira! ¡Ya no puedo más! Si no piensas volver a escucharme, no va a quedar otro remedio que poner distancia entre nosotros. –Con la indignación oprimiéndole el pecho, detiene el coche en el arcén y se encara con ella–. ¿Tú estás segura de lo que estás haciendo?
–Fina y segura. –responde sin mirarle, alargando las sílabas.
–¡Vete a hacer puñetas! Pero ¿qué coño te pasa? No lo entiendo… Después de tantos años. ¿Cómo te atreves a burlarte de mí de esta manera?
–Porque yo lo valgo.
–¿No te das cuenta de que nos estás llevando a una situación sin salida? ¿Nos podemos permitir echar por la borda una relación en la que hemos sido tan felices?
–Yes, we can.
–¿No te importa que esto se acabe?
–A mi plin.
–¿Es tu última palabra?
–Hay otros mundos, pero están en este.

Pepe Lorenzo
Grupo B


Almorida

- “El claro azul del cielo iluminará la felicidad de tu rostro…”
- Eso es una cursilería que no viene al caso- interrumpió ella, mirándole con un gesto de desaprobación.
- Pues yo creo que el anuncio debería ir por esos derroteros.
- Si, quizá. Pero yo soy más partidaria de algo directo: “Compre ALMORIDA y usted mismo se lo agradecerá”.
- Ya estamos volviendo a los caminos super-trillados, como si fuéramos unos novatos en publicidad- respondió él, algo mosqueado.
- Pues llevamos ya dos semanas discutiendo sobre el anuncio del dichoso o la dichosa ALMORIDA.
- ¿Qué tal, “ALMORIDA te traerá aromas de felicidad”?
- ¡Oyeee!. ¡Que no es el anuncio de una colonia! – exclamó ella.
- “Percibirás la vida con un fulgor especial. ALMORIDA te ayudará” apuntó él en voz baja.
- Eso tampoco funciona. Mejor algo rimado para producir mayor efecto. “Los productos ALMORIDA te alegrarán la vida”.
- Ja, ja, ja… ¡la poetisa!.
- ¡Pues tú!, queriendo hacer prosa poética de lo más cursi para el anuncio de una línea de productos para los hemorroides.
- ¡Otra vez con tu sarcasmo! – dijo él, cada vez más enojado.
- ¡y tú con tu ñoñería!
Con un no fingido enojo, los dos conyugues y socios salieron a la calle por puertas diferentes.
Al cabo de dos semanas, en la prensa económica podía leerse la siguiente nota de prensa: “La empresa Fernández Associated pierde un cuantioso contrato publicitario con la compañía ALMORIDA, debido a discrepancias internas. Dado que una circunstancia parecida ocurrió hace tres meses, el futuro de la empresa no parece muy prometedor”. Simultáneamente, en el titular de una noticia de la prensa del corazón podía leerse: “La conocida pareje de empresarios Fernández y Fernández ya no convive en la vivienda familiar”.

Manuel Medarde
Grupo A


Es tiempo de rebajas
De comprar sin sentido
Helada que está esta casa
Están llegando los fríos.
Hay que avivar el fuego
Con leña seca de encina
Con el calor de tus manos
Entrecruzadas con las mías.
Hablando de nuestras cosas
Perdido en tu mirada
La mirada no se compra
La mirada se regala.
El tiempo pasa de prisa
El pasado no vale nada
Solo me vale tu risa
No pienso en seguros de muerte
Solo en seguros de vida.

Pedro Gómez
Grupo C


Se vende

¡Cuántas cosas quedan en nuestro almario! Al pensar en escribir sobre publicidad, estrategias para vender, se me viene la frase “Se vende”, es la que usaba mi profesor de Lengua para explicarnos las oraciones impersonales, siempre que la veo escrita, ahora más de lo deseado, hay muchas trapas echadas, le recuerdo y, me sonrío.
Y ya que he empezado la tarea, hay que cumplir propósitos, me voy apoyar mirando a mi alrededor y fijándome en cada objeto, trataré de recordar en qué momento los compramos, dónde, y en algún caso recordaré quién nos los vendió. Los cuadros, éramos aficionados a exposiciones, sus salas eran un buen reclamo, el entusiasmo con que los artistas hablaban de su obra, qué bien las publicitaban, nos hacían caer en la tentación, también hay alguno procedente de subastas. Y hoy, ahora, siento más la calidez que dan a las paredes, su compañía. Y miro el reloj, cogimos una hoja de propaganda que nos ofreció un chico, se anunciaba un anticuario, hablaba de oportunidades y, allí nos presentamos, fue en Vitoria. Nos enamoramos del reloj, se salía de nuestro presupuesto, nos habló de facilidades, eran nuestros comienzos, y aquí está, ¡ha marcado tantas horas de nuestra vida! Y también hoy, ahora, su tic tac y campanadas me hacen compañía. Y este sofá semicircular que ocupa dos paredes, el vendedor nos habló de su fuerte estructura, “para toda la vida”, cabíamos todos, hoy está tan vacío que apenas lo uso. Y ese mueble y, ese espejo y esas figuras, que nos vendieron, que compramos, forman parte de una historia de amor, de vida y de muerte.

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


LA PUBLICIDAD Y LA LITERATURA

Solía decir mi abuela que; “el buen paño se vende en arca cerrada “, y me pregunto si ese dicho popular tuvo alguna vez y sigue teniendo en la actualidad virtualidad alguna aplicado a la literatura.

Una de las primeras obras literarias conocidas es la Epopeya de Gilgamesh de c. 2150 AEC de sumeria/babilonia, (que trata temas como el heroísmo, el orgullo, la nacionalidad, la amistad, la decepción, la muerte y la búsqueda de la vida eterna). La Ilíada y la Odisea se consideran los primeros textos literarios de la literatura occidental (dos epopeyas que tienen un lugar importante no solo en la literatura griega sino también en la literatura mundial. Los orígenes de la literatura griega se remontan a, como mínimo, 300 años antes de Cristo, en una de las civilizaciones más completas y admiradas de la historia humana: la Grecia Antigua. Se ignora cuándo habría empezado a producirse esta cultura , muchas de sus primeras obras habrían sido de transmisión oral, al ser previas a la escritura como soporte).

Ya en España Las Glosas Emilianenses, unas notas manuscritas del siglo X encontradas en el monasterio riojano de San Millán de la Cogolla, es el primer texto conocido en lengua castellana , el llamado "Cantar de Mio Cid" es la primera obra narrativa extensa de la literatura española en una lengua romance (Consta de 3.735 versos anisosilábicos que relatan hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida del caballero castellano Don Rodrigo Díaz de Vivar) , y Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes ha sido considerada «la primera novela» o la primera de las novelas europeas modernas,( fue publicada en dos partes, la primera en 1605 y la segunda en 1615).

Pues bien, teniendo en cuenta que, sería el alemán Johannes Gutenberg el autor del primer libro impreso, («Biblia de Gutenberg», que vio la luz el 23 de febrero de 1455 con una tirada de 180 copias). Invento que supuso toda una revolución para que el conocimiento pudiera ser accesible a todos.

Con la propagación de la imprenta, en España surge un mundo de cuadernillos breves, de cuatro, ocho folios a lo sumo destinados al gran público: son lo que en la jerga bibliográfica se llama pliegos sueltos. De costo mínimo ponen al alcance de la “masa”, (de colectividad, millares) obras literarias en infinito número de ediciones distribuidas por toda la geografía ibérica que recogían la cultura popular hasta entonces trasmitida de forma oral.

La literatura siempre ha precisado de difusión, de publicidad, que tiene la función de preservar la herencia cultural y contribuir a cohesionar la comunidad humana, con unos referentes identitarios compartidos que les refuerzan y dan contenido a esa esencia que nos diferencia de las demás criaturas con las que coexistimos en nuestro planeta.

Al principio la difusión literaria se valió de la imagen y la tradición oral; los poetas ciegos, los trovadores … hasta llegar a las Editoriales modernas ( Las grandes , con equipos técnicos conocedores de las mejores tácticas para la venta rápida ) y los publicistas que trabajan para entidades con objetivos de muy diversa índole que se encargan, de manejar los anuncios publicitarios que se muestran en los diferentes medios de comunicación, ya sea televisión, radio , internet prensa escrita y revistas …

De modo que no, el refrán o dicho popular con el que empezaba este texto no es aplicable a la literatura ni antes ni en la actualidad.

Ahora bien, la pregunta a responder seria; si la “publicidad salvaje” que caracteriza al mundo moderno , donde todo se vende y se compra, sirve a la literatura y hace llegar al ciudadano los valores eternos que dan sentido y son esencia de la persona ; la belleza, la verdad, la amistad, la caridad, la vida , la muerte … o si la publicidad actualmente se sirve de la literatura como fuente de inspiración orientada exclusivamente a la compra de productos perecederos obviando su prescindibilidad, y por tanto la publicidad se convierte sustancialmente en fuente de frustración y de paso prostituye a la literatura .

Maria Victoria G.L
Grupo B


Esa tediosa seducción

No te dejes engatuzar, piensas, es solo un nombre. No tiene nada de inocente. Es un engendro pérfido. Su mote te provoca recuerdos de infancia, pero es solo eso, una denominación.
Ahora, de adulto, solo provoca pecado y tentación. Todo en ella incita a abandonar la vida de asceta, a descarrilar del estoicismo y romper cualquier buen propósito que tengas. Entiendes que es un delirio, un espejismo, no es inocencia lo que refleja. Así es como te engaña, evoca en ti un sentimiento de ternura y nostalgia de las tardes en las que, a escondidas, la devorabas, cayendo en un coma de placer prohibido. Sacudes la cabeza, vuelves a la realidad e intuyes el fraude.
Sabes que si cedes, todo estará perdido. Ah, pero es tan simple resbalar y caer. Caer por ese hueco de comodidad. ¡Es tan fácil! Solo un gesto y ya estarás perdido. Ella te tiene en su poder y actúa en consecuencia, no te deja avanzar hasta que dejes de ignorarla.
Puedes imaginarla suspirándote al oído, “quiero saberlo todo de ti”, “solo quiero hacerte feliz con lo que a ti te gusta”.
VADE RETRO, SATANÁS. Déjame en paz. La atracción ahora se convierte en tedio. A dónde vayas la ves, y no viene sola. Todo un ejército de perversas criaturas te ostigan. “Acepta, consiente”, “queremos saber todo de ti”, “solo queremos hacerte feliz”. Sí, para embaucarme con más cosas, piensas. Podrías rechazarlas, pero hacen que el camino sea intrincado. ¡Quién tiene tiempo! Suspiras, y cedes. Malditas cookies.
¡Ah, mira, hay una oferta en Amazon!

Vanina Palomo
Grupo C


Amar, vivir, morir

En la vida lo más importante es el amor, y la muerte es parte de la vida.
Amar, es saber escuchar, saber perdonar, saber vivir.
Morir es el final del ciclo, a veces la muerte llama a la puerta o se presenta de improviso; ¿Nos da a elegir?, ¿Estamos preparados?, ! ¡No, claro que no!. Y como el tema es muy triste, y no tengo fuerzas para seguir, lo dejo aquí.

Luis Iglesias
Grupo B


“Nunca dejes de leer”

Es una frase que te lleva a un mundo de ficción y te relaciona con el mejor amigo del hombre: El libro.
Un libro nunca te traiciona, tú puedes abandonarlo cuando quieras y retomarlo más adelante. Siempre está a tu disposición. Te puede hacer soñar por “Los ríos que van a dar a la mar”. Te descubrirá infiernos más allá del tiempo y del espacio por las calles de “Comala”. Te inundarás de lágrimas al comprobar que “Lear” se arrojó al abismo por ingratitud.
No dejes de leer. Las palabras te llenarán de vida. Te ilusionarán con amores inimaginables. Te volverás loco escuchando a “Molly Bloom” que se retuerce en la cama, repasando sus amores y sus infortunios. Podrás escuchar sus latidos en páginas inmortales.
Acariciarás las hojas que te llevarán a mundos ilusionantes. Te moverás tranquilo, surcando las nubes a lomos de “Clavileño”. Volverás a ser niño, siempre que recuerdes al Marqués de “Carabás”, ideando intrigas para satisfacer a su amo.
No lo olvides. Tu mejor amigo es un libro. Los tienes a tu alcance en cualquier biblioteca. Hay millones de páginas llenas de fantasía, de sueños, de misterios, de intrigas…por eso, nunca dejes de leer.

Josefa Briz
Grupo C


Vida, amor y muerte

¿Que diferencia hay entre la vida, el amor y la muerte?
Todo tiene un mismo paso,
nada es indiferente,
pues se vive, se ama
y cuando se llega al final se muere
Tres pasos seguidos,
con años de por medio,
no temas al abismo de lo que te venden
en tus ojos vendados,
y se tu mismo
en cada raíz que te crece.

Ana Taramon
Grupo C


Publicidad irreal

SE VENDE FELICIDAD, leyó una tarde de vuelta del trabajo. Y entró. Entró porque llevaba perdida en uno de los nueve círculos de Dante muchos días, muchos meses, muchos años. Perdida en una vida oscura e infeliz. Condenada a repetir unos errores que la habían llevado a acabar sola. Sola de sola. 
De soledad pura y dura. 
Sola. 
Y entró. No sabía que esperar, quizás alcohol o drogas o sexo. Pero no. En un cuartucho de mala muerte solo una máquina con un letrero que decía SEGUNDA OPORTUNIDAD. Leyó las indicaciones y después de pagar una suma indecente con la tarjeta, se metió dentro. Pulsó VOLVER A LOS 30. Con eso bastaría para hacer las cosas de otra manera. Al cabo de los años, la misma mujer hundida y sola, sonreía cínicamente, cuando al volver del trabajo, veía entrar por la aquella puerta a tontos en busca de lo que nunca podrían comprar. 

Beatriz Gorjón
Grupo A.


La vida publicitada

Mi recuerdo me traslado a aquellos meses de los inviernos de mil novecientos cincuenta y pico, en los que Manoli (mi amiga de la infancia) y yo bailábamos entre risotadas, el anuncio de aspirina:“Okal Okal Okal es un producto superior”, después de pasar la primera, al menos para nosotros, gripe asiática.
Por esa época, nuestros padres se afeitaban con hojas Palmera que: “Ha lecibido el mandalin oliental como legalo ideal”; aderezado con una música que, supuestamente, nos debería evocar las lejanas y coloridas naciones de un imaginado extremo oriente.
También, mediante el cliché musical, podíamos partir a la siempre misteriosa tierra de Tarzán, para cantar el anuncio con el que nuestros corazones y estómagos se alegraban, cuando comenzábamos a oírlo : “Yo soy aquel negrito del África tropical”, Por aquel tiempo, el Colacao no es que pudiera estar en todos los hogares, no obstante con ciertaregularidad, a Manoli y a mí, nos daban una buena taza de chocolate con leche.
Todo aquello sucedía dentro de una caja mágica con una serie de botones y de ruedecitas, que de vez en cuando, caprichosamente, dejaba de escucharse, lo que provocaba cierta tensión, algún que otro juramento irrepetible, además de precisos y ajustados giros en la ruedecita o algún que otro golpe, no muy fuerte, sobre la caja del aparato de radio.
De ahí salieron para nuestro deleite, “Matilde, Perico y Periquín” , “Ustedes son Formidables” o “El Zorro” , : Yo soy el Zorro, zorro,zorrito para mayores y chiquititos”, espacios de humor o solidaridad lacrimógena, naturalmente patrocinados por tal o cual marca comercial.
Estos eran programas con los que se nos premiaba con poderlos oír o lo contrario, según el último “parte diario de travesuras”, que diera nuestra madre.
Nosotros éramos felices en la ignorancia de que, como siempre, en todas las sociedades para aquietar a las masas, hay que mantenerlas entretenidas o exteriormente amenazadas, o sea darle una de cal y otra de arena.
Pero en aquella “ nuestra tierna infancia”, vivíamos lo que de esa caja salía,como si fuera el referente de la realidad más absoluta en la que viviamos o querríamos vivir.
Fueron años de Optalidon, de Calmante Vitaminado o de Carbón vegetal para la salud.
De esencias de rosas, jara y jazmín o Embrujo de Myrurgia, colonias con las que llevar un collar invisible de intenso perfume, o de los jabones de la Toja o Heno de Pravia ,como un efluvio de aroma para nuestro olfato y un regalo de fragancia para nuestras manos.
De resistentes zapatos Gorila (un par al año), que pudieran aguantar las más diversas y violentas formas de juego que nos habían sido transmitidas de generación en generación.
De estufas catalíticas, que sustituían a los agujereados esqueletos de las latas de escabeche, convertidos en braseros portátiles, para mitigar en las escuelas, el impenitente frío de aquellos inviernos en los que sí que hacía frío, mucho frío.
Antes de tener uso de razón y sin ningún tipo de trabas legales, ya éramos parte del gran experimento de” la vida publicitada”.
Incluso para los aspectos más personales, tambien podías hacerlo, para eso estaban las melodías dedicadas: “ Para Arturo, que se va a hacer la mili a Sidi Ifni, de sus amigos del pueblo y de -una en especial-la Violetera de Sara Montiel” o “ Para Puri, de quien ella sabe desde Toro con todo el cariño, Dos Gardenias de Antonio Machín,”, separaciones afectivas, amoríos recientes, añoranzas o amores lejanos, nada que no pudiera ser “patrocinado” quedaba al margen, incluso la muerte.
Fuimos la primera generación en nuestro país que nacimos y crecimos amamantados con la publicidad en las ondas.
Más adelante llegó la televisión con las angustiantes series de miedo y suspense de los Ibáñez Menta e Ibáñez Serrador y la interminable retahíla de anuncios que , podían alargar una película de hora y media a tres horas; pensábamos algunos que era el tiempo suficiente para que el submarino Syrius diera la vuelta al mundo, mientras nos bombardeaban con los Playmobil, el Cineexin , el Excalectric o las muñecas de Famosa.
En fin, hemos nacido en una época en el que la publicidad formaba parte de nuestras vidas desde el desayuno, ECO, AFÍN o Chocolate VALOR, a la comida de sopas Gallina Blanca, o los postres con flan chino el Mandarín y flanin El Niño y no era de extrañar que después de esto nuestros abuelos necesitarán un poco de bicarbonato Torres Muñoz.
Al final la publicidad se ha convertido en una segunda piel de nuestro inconsciente colectivo que llevamos sin percatarnos y que ocasionalmente muestra su velado ropaje, cuando en algún momento de remembranza o tras un encuentro de confraternización, varios antiguos amigos nos pasmamos al encontramos, como sin querer, tarareando la melodía de un viejo anuncio.

Calgari
Grupo A