Escritores de aquí y de allá

La sesión del día 27 de mayo la dedicamos a los "heterónimos". Algunos de los participantes en el taller crearon la biografía de un personaje literario en el que se desdoblaron.
Para darle nombre a su personaje utilizaron un truco literario llamado "anagrama" que consiste en colocar las letras de una palabra de otro modo para obtener una nueva palabra. Así Sofía Montero, por ejemplo, pasó a ser "Sonia Motoref".
En la biografía de dichos escritores debían figurar al menos tres libros, uno de ellos una novela (o libro de cuentos), otro un libro de poemas y finalmente un ensayo o una pieza de teatro.
Y por último se les pidió que incluyesen junto a la biografía de su personaje un poema, un cuento o un fragmento de su novela.

Y estos son los heterónimos de algunos de los miembros del taller. Algunos personajes incluso nos muestran su obra:

Sonia Motoref
Nació en Salamanca el 7 de Abril de 1975. Publicó dos novelas :” El Canto de la Vida” y “ Amor entre Nubes”. También, un poemario: “Nacida para soñar”.
Pertenece a grupos literarios; publica en revistas digitales y en otros formatos. Realiza actuaciones en bares y centros literarios. Su vida está llena de pensamientos como este:
La tierra se enmudece
con el canto de un por qué.
Silencios en su perfil
caminan en el asfalto.
Hay peldaños, aún sedientos,
de una voz que pedalea
en la quietud de la distancia.

Sofía Montero García


Luisa Renomo, escritora de cuna
Nace accidentalmente en Huelva en 1981, debido a la profesión de su progenitor, artista de la banda musical “El Empastre”, que durante aquellos días presentaban su espectáculo cómico en la Plaza de Toros de la Monumental. Cuando apenas no contaba cinco años de edad sufre la trágica pérdida de sus padres, debido a un accidente de circulación. Afortunadamente es acogida en Valencia por la familia paterna, volcándose en su educación y formación. Complementa sus estudios con su modesto apoyo al negocio familiar, una chocolatería muy afamada en la capital del Turia, lo que la permite entablar amistad con diversos grupos del arte y la cultura. A los once años participa en su primer concurso literario, donde obtiene el segundo premio en su categoría. La obra, “Tarzán es de Valencia” obtiene el beneplácito de una compañía infantil de teatro y al año siguiente es presentada en la Sala Moratín con gran éxito de público y por qué no decirlo, de simios, habida cuenta, que la primera línea de butacas en el estreno estuvieron presentes dos chimpancés ataviados para la ocasión. Cuando la preguntaron sobre la presencia de los animales, ella contestó muy airosa que la culpa fue de verlos un día aplaudiendo de manera fervorosa en el circo y que por miedo a que nadie aprobara su ópera prima, al menos estaba segura que a ellos iba a gustarles. Tal y como predijo, los animales tuvieron que ser tranquilizados en el segundo acto.
La editorial Marasmo publica en el 2001 su primera novela, Chocolate con porras, una obra deliciosa y con acento autobiográfico, sobre la relación existente entre una camarera de un café de provincias y algunos personajes asiduos al local. Disección certera de un microcosmos donde las vitalidades y las vilezas se aplacan ante una taza de cacao caliente. La crítica fue unánime al sugerir que se encontraban ante una autora que irrumpía como “un elefante dentro de una cacharrería”, pero, con la salvedad que la Renomo “no tiraba perol alguno”.
Su última obra con apenas veinticinco años cumplidos es un opúsculo poético; Filamento, poemas que tiran del hilo sobre su infancia, temores y miedos junto a esperanzas y utopías en construcción. –Una forma de comunicarme conmigo misma; la Sociedad no permite en muchas ocasiones el ser escuchados,- comentaba en el blog Páginas de espuma, donde la joven autora repasaba su obra, manifestaba su inquietud por el actual modelo social y económico y profetizaba una próxima incursión en un guion cinematográfico.

José Luis Moreno Gutiérrez


Marcé Venttini
Nace en un pueblo cerca de Milán en 1965, de padre italiano y madre española, a los 3 años se traslada a León con su madre, cursa estudios en los jesuitas de esta ciudad y hace la carrera de magisterio pero sin ejercer. En 1987 saca las oposiciones para funcionario local, actualmente trabaja en la Diputación de León. Su obra literaria la componen cuentos para niños en los que cabe destacar: El elefante Rogelio, El príncipe torpe y El lago mágico; poesía, su libro “…y me perdí cuando lloré” consiguió el 2º premio ciudad de Oviedo de poesía. También dedica su tiempo libre a escribir guiones de series para televisión. Transcribimos uno de sus poemas:
Buscas la gloria,
poeta que te escondes
detrás de los robles caídos
del bosque del deseo…
Sal y da la cara,
rompe el cristal de la angustia
que te retiene:
Grita tu canto
que llegue a esa estrella
que tintinea anhelante.
Grita hasta que tu garganta estalle:
Amor… Amor… más Amor.
No mentiras.
Poeta, buscas la gloria,
grita: NO A LAS MENTIRAS.
Descubre tu pecho
y no permitas
que las balas de la manipulación
lo perforen….

Marcé Venttini
…y me perdí cuando lloré

Vicente Martín


Alfonso Carmel
Nació en León, en 1.947, dentro de una familia rígida y estricta. Su padre le castigaba continuamente, su madre callaba, por lo que su infancia fue triste y solitaria.
Cuando su hermano nació, pensó que iba a tener un amigo para sus juegos, pero enseguida le enviaron a un colegio interno.
Allí pasó parte de su infancia y adolescencia sintiéndose solo, pues no paraban los frailes de castigarle, pasándose la mayoría del tiempo en su cuarto, frio y con poca luz, con lo que ahí, desarrolló una gran fantasía, inventándose viajes a países exóticos.
Sus conocimientos de geografía y las revistas de modelos que su madre costurera tenia, le ayudaron a imaginar ciudades, pueblos, chicas preciosas y medio desnudas que le recibían a su llegada y le invitaban a sus casas.
Cuando tuvo 18 años, le dijo a su padre que se iba del colegio y que había decidido viajar, lo que le supuso un disgusto para él, pues había planeado para su hijo que estudiase medico, profesión frustrada del padre.
Alfonso, pasó una década viajando por diferentes países, desde lugares exóticos como Tailandia, Japón a lugares pobres y necesitados.
A partir de los 30 años, escribió su primer cuento titulado Berto el velero, en el que narra la historia de un velero que llega a puerto y se encuentra con un barco majestuoso y de aspecto impecable.
El velero muestra un aspecto lamentable, su vela rota, su quilla dañada y sucia, su mástil a punto de caer, y comienza una amistad con el barco en la que uno narra sus aventuras por diferentes mares y el otro las anécdotas que pasan en el puerto.
También Alfonso siguió escribiendo minicuentos de terror, entre ellos Quico el valiente, La muñeca de cera.

Berto el velero
Llegó un día soleado al puerto de una gran ciudad.
Creyó que no iba a tener fuerzas para poder atracar. Había tenido que luchar hacia dos días en el mar durante una gran tormenta en la que volcó varias veces y un rayo casi le partió el mástil.
Berto era un velero, grácil y ligero, pero el largo viaje que había realizado le había dejado maltrecho, con la vela rasgada, la quilla con varios agujeros y todo sucio.
Cuando por fin pudo mirar a su alrededor, vio a un barco grande, majestuoso, impecable, con tres mástiles y sus velas perfectamente dobladas.
-Hola, le saludó Berto.
-Hola, le contestó Blas, que es así como se llamaba este barco.
-¿De dónde narices vienes con ese aspecto tan desastrado?, le preguntó mientras le miraba de lado a lado de forma despectiva.
-Puf, menudo viaje me he pegado. Vengo desde muy lejos y he pasado muchas adversidades, creí que no iba a poder llegar.
-Voy a descansar y mañana ya me pongo a reparar, ahora estoy muerto.
A la mañana siguiente, cuando Berto se despertó, Blas ya estaba despierto y seguía mirándole. Pensaba para sus adentros: este está para el arrastre.
-Uaaaahhhh, que bien he dormido y que falta me hacía, le dijo a Blas. Buenos días.
-Buenos días, le contestó.
-¿Y qué puerto es este?, le preguntó.
-Es un puerto muy importante y conocido, llamado Cantón. Aquí llegan todo tipo de barcos. De pasajeros, de carga, veleros como tu, barquitos de pesca. Es muy divertido verlos llegar conozco un montón de anécdotas.
-¿Y tú, que haces?, le preguntó a Berto.
-Pues yo viajo por diferentes países, entablo amistad con otros barcos, ¡tengo amigos por todo el mundo!.
-¿A dónde has viajado tu?, le preguntó a Blas.
-¿Yo?, yo no he salido nunca de aquí.
Berto se quedó asombrado. Como era posible que un barco tan majestuoso no hubiera dado ni siquiera una vuelta. Pero no se lo preguntó.
Berto comenzó por limpiar la quilla, quitar las algas y conchas que tenia pegadas, pintarla, reparar el mástil y zurcir su vela, que ya tenia unos cuantos trozos de tela cosidos.
Y mientras hacia esto, compartía con Blas sus aventuras y este las anécdotas que había visto desde el puerto. Y así fueron entablando una amistad.
A medida que iban pasando los días, se iban haciendo mas amigos y se quedaban charlando hasta las tantas de la madrugada.
Un día Berto le preguntó a Blas porque no había salido nunca. A lo que este le respondió que le daba miedo. Había oído a otros barcos contar las tempestades que había pasado, los monstruos gigantes que habían visto en alta mar y eso poco a poco le había desanimado a salir.
Veia las tormentas guarecido desde ese lugar, disfrutaba de las maravillosas puestas de sol que se divisaban al horizonte, los amaneceres y se sentía afortunado de los muchos amigos peces que todas las mañanas le venían a saludar.
A Berto le pareció muy bonito, pero sentía que se perdía la aventura de viajar y conocer otros lugares y le animó a que cuando estuviera reparado se fuera con él. No tenía nada que temer, el conocía los océanos como la palma de su mano.
Blas le contestó que se lo pensaría.
Y así siguieron los días, Berto entusiasmado por viajar con su amigo y Blas cauto e inquieto, pero participaba con Berto en los proyectos que éste iba haciendo.
Cuando llegó el día de partida Berto le dijo que a la mañana siguiente, cuando amaneciera saldría hacia el lugar que había preparado.
Esa mañana Berto se despertó alegre y dicharachero, y Blas estaba compungido y lloroso, no había pegado ojo en toda la noche.
Cuando Berto le vio supo inmediatamente que Blas no le iba a acompañar.
-No te preocupes Blas, le dijo, no estás preparado para partir. Me iré yo y cuando pase el tiempo necesario podrás salir y nos encontraremos en otro puerto.
Te estaré esperando.

Carmen Alonso


Pereza Ras
Pereza Ras nació en St Denis, Francia, en 1964.
‘Frente a la pereza que me da a veces ponerme las pilas y seguir adelante no se me ocurre otra cosa que involucrarme en un montón de cosas a la vez.’ Así se define esa autora de orígenes diversos (es Argelina por su padre y Polaca por su madre) que se crió en un suburbio de París lejos del lujo y del ‘glamour’ que pueden a veces estar asociados a la capital francesa. ‘La vida en los suburbios franceses no tiene nada que ver con la que puede llevar la gente acomodada de París. La capital no es asequible para los que somos descendientes de los emigrantes. A su llegada nuestros padres fueron acorralados en ciudades apartadas y allí nos quedamos’.
Muy temprano Pereza Ras toma conciencia de las desigualdades y de las injusticias que sufren los de su condición pero también entiende que la única forma de mejorarlo es comprometiéndose para intentar cambiar su destino. El primer paso que había que dar era sacar como sea unos Estudios Universitarios (es Licenciada en Sociología) y para conseguir pagar las matrículas Pereza trabaja de camarera, en fábricas de todo tipo, en empresas de limpieza etc. En esos tiempos aprende los valores del trabajo duro, del sacrificio y de la solidaridad.
Desde siempre se ha involucrado en la vida de los suburbios, a los 15 años ya participaba en asociaciones colaborando en una revista y una radio local escribiendo artículos y letras de canciones, y a los 25 años desempeñaba labores de Educadora para intentar encontrar escapatorias al montón de jóvenes que se ha quedado en el borde del camino. ‘La escritura y la música siempre han sido una forma de escupir todas las frustraciones que tengo frente a la injusticia, la desigualdad y la indiferencia de las políticas vigentes’.
En un momento de desaliento, frente a la tarea descomunal en esos barrios, Pereza decidió tomar distancia y recorrió, sola y con su mochila, parte de África, América Latina y Europa del Este para reanudar con sus orígenes y en busca de un sentido que darle al mundo. En sus viajes que duraron 3 años Pereza fue testigo de la miseria humana, de la condición femenina e infantil, de la falta de libertad y de la opresión de los pueblos, más allá de las fronteras de su propio suburbio.
Esta experiencia le daría mucha materia para su futura creación.
Entre sus referencias literarias Pereza cita a Raymond Queneau, Boris Vian, Rimbaud, Verlaine, Beaudelaire, Azouz Begag y muchos otros.
Empieza a escribir con 30 años unas muestras de lo que llegaría a ser su primera novela Un día, después otro, editada en 2003 en la que, a partir de numerosos elementos autobiográficos nos cuenta la rutina de Zasie Traper, una adolescente de un suburbio parisino. ‘Quiero que la gente sepa lo que están pasando los jóvenes, la gente de los suburbios. Que se sepa que no tienen nada a que agarrarse, que los dirigentes practican una política de abandono y siempre represiva hacia ellos.’
También Pereza dio la luz en 2006 a un libro de ensayo titulado Castigados dos veces en el que trata de la dificultad de los emigrantes para encontrar su sitio en este mundo, del rechazo que sufren en el país de acogida y en el país que dejaron atrás.
Por fin, recientemente retomó unos poemas de juventud, añadió al recetario  unos ingredientes sacados de su experiencia altermundialista y presentó en 2009 La luna y dos estrellas.
Hoy en día colabora en varias radios, revistas, y periódicos como ‘Le Monde Diplomatique’ en el que tiene una columna mensual, aparte de sus labores en numerosas asociaciones de integración y educación.
Incluimos, a continuación, un fragmento de su novela Un día, después de otro.

Zasie se despierta esta mañana con un dolor de cabeza espantoso y un sabor amargo en el paladar. En unos segundos lo recuerda todo, la tarde en casa de Solal, las cervezas para matar el aburrimiento, la vuelta a casa, Suliman besando a una chica en un  banco del bloque 23, la vodka para matar el dolor, para matar el asco, para morir, de una vez.
Esta mañana sigue en pie, y el dolor sigue también, tan lancinante y tan palpable como ayer. Y la rabia también.
No hay nadie en casa. Echa un vistazo rápido por la ventana de la cocina. Es un día gris. Todas las ventanas de enfrente le devuelven el reflejo de su propia ventana, de todas las ventanas alrededor, decenas de ventanas sin apertura, fijas, descoloridas, prisioneras del día.

Un día en la ciudad
Zasie se calienta el café que queda, lo traga despacito, la mirada perdida, rebuscando, como cada mañana, las pocas fuerzas, escondidas, que le quedan en su interior, para ponerse las pilas y echar a andar.
Salir, salir del suburbio, coger el metro y hacer parecer, creer durante unos instantes que ella no tiene nada que ver con ese lugar, la ciudad de los Ángeles, que su vida está más allá, en un sitio donde no tenga que pedir hueco y luchar constantemente.
Se lava la cara, se pone su sudadera de capucha azul con un pantalón ancho negro, sus zapatillas blancas. Un portazo, el asfalto, el puto asfalto.
Andar, correr hasta la boca de metro, sentarse en un vagón y callar unos instantes la hipocresía, la miseria y la ironía de la vida que le ha  tocado en suerte. Dejar atrás la ciudad de los Ángeles.
Sentada, juguetea unos minutos con su móvil. Ayer grabó abajo del edificio a un grupo bailando breakdance. Este grupo lo conoce muy bien, ha crecido con él, nacieron y se criaron los chavales en la misma basura todos. Unos un poco más blancos, otros un poco más negros, los hay de Malí, de Rabat, de Tanger, Hamamet, Fort de France, St Denis…a todos sabores. Ella tiene el color de su padre, un argelino que llegó en los años sesenta en busca del paraíso perdido, pero sus ojos claros se los regaló su madre, una francesa de origen polaco que murió hace tiempo, dejándola con tres añitos a cargo de un padre desorientado, ausente, y una abuela resignada pero con un corazón tan grande como el recuerdo de su país.
Zasie se siente revolucionada, igual que todas esas burbujas de sangre que se entrechocan en el interior de sus venas : una bomba a punto de explotar. Siempre dispuesta a atacar a los que se meten con sus hermanos del sur, pero defendiendo al mismo tiempo su otro yo, sus antepasados judíos que no terminan nunca de encontrar una salvación.
No existe el descanso.
-¡Baja los ojos! ¡Baja los ojos cuando te estoy hablando! El hombre, impecablemente peinado y con un traje negro recién planchado está sentado enfrente de Zasie. Se dirige con un tono amenazante a la chica que tiene al lado y que parece ser su mujer. La muchacha lleva un velo negro que le cubre enteramente el pelo, y en brazos, sentado sobre ella, a un niño de mechones rizados con ojos grandes, de unos dos años. Zasie no consigue captar su mirada, tiene la cabeza agachada hacia el suelo y se mantiene totalmente inmóvil, hermética en apariencias a lo que está pasando.
-¡Le has mirado a ese chico ! Le has mirado, ¿verdad? ¿No hemos hablado ya de eso? ¿Tendré yo a una puta como mujer?
-¡No ves que eres tú el hijo puta ! Zasie no puede contenerse más tiempo: ¿La vas a dejar en paz, cabrón? ¡Y qué mirará miles!  y a ti, ¿qué coño te importa?
-¿Te vas a callar zorra? ¿O te parto la cara? ¡Métete en lo tuyo mocosa!
Zasie se endurece de pies a cabeza, nota como el alma le está a punto de salir por la boca. Se incorpora y se acerca desafiante, dispuesta a arrancarle los ojos.
-¡Venga, sí, pégame a ver, seguro que se te da estupendamente pegar a las mujeres, mamón! ¡Será que no te da pa más lo que tienes entre las piernas, eh, cobarde!
El niño, con los ojos cada vez más grandes, empieza a lloriquear.
El hombre, visiblemente muy nervioso, parece vacilar dos segundos y coge finalmente a su mujer, que sigue sin levantar la cabeza, de la mano, coge al niño asustado de la otra y los arrastra hacia la puerta de la salida.
-¡Huye cobarde, cagón! ¡Tú mujer sí que vale!
Cuando ya desaparece la pareja del vagón Zasie se vuelve a sentar y echa una ojeada mosqueada a los demás pasajeros quienes rápidamente desvían la mirada como si no hubiera pasado absolutamente nada.
-¡Cobardes! ¡Todos! ¿No os da vergüenza ? ¡Cobardes! ¡Qué os den!
Estación Esperanza. Zasie baja del vagón. Sigue pensando en la mujer del velo negro…

Sara Pérez


Abasel Rif
Natural de Sligo; Abasel Rif, nació el 5 de Abril de 1969 con la piel cubierta de sangre y de historia. La sangre se la retiró su abuela Tahra nada más traerle al mundo, antes de ponerle en brazos de su joven madre Aoife. La historia no. La historia –tal y como ha afirmado él en repetidas ocasiones- se le quedó pegada a la piel, le infectó las pupilas y le calzó.
Dos años después; su padre Pawel Papst Bar Abram “el polaco” trasladaba a toda la familia a Belfast. Había encontrado trabajo en los astilleros Harland and Wolff. Siendo como era judío, superviviente físico de la locura genocida que asoló Europa en los años 40, la comunidad protestante -que prácticamente monopolizaba el trabajo en ese sector- no fue capaz de negarse a su solicitud de empleo; ni siquiera cuando supo que su residencia se ubicaba en  Falls Road. Calle que en poco tiempo, se convirtió en la arteria principal de un nuevo gueto, esta vez de católicos irlandeses. Allí fue donde creció Abasel Rif con sus hermanos Llyr, Lorcan, Mac Nair y las pequeñas Ardara y Cleofé.
“El polaco” y por extensión su familia eran –tal y como refleja el autor de Herederos- el símbolo vivo de la barbarie. La culpabilidad que su presencia hacía sentir allí donde se encontraba, permitía que aquello que se sabía imposible para un lealista o un republicano; a él y a los suyos les aconteciera. Tácitamente, la tierra de los tréboles nada más conocerle, decidió: tenía que compensar de algún modo el atropello al que fueron sometidos millones de hombres mientras el mundo callaba o negaba. Era su obligación. Había que silenciar la culpa, había que borrar la vergüenza. Sólo así se podría dormir de nuevo.
Pawel que era consciente de esta realidad, aunque no la explotaba –jamás fue victimista- tampoco la desaprovechaba. Navegaba sobre ella como previamente lo había hecho sobre su condición de hebreo y proscrito. Lo que no entendía –pero tampoco preguntaba- era por qué esa tiera, esa maravillosa tierra, repetía aquello de lo que se avergonzaba.
Fueron precisamente sus dotes de timonel las que permitieron a todos sus hijos cursar estudios superiores dentro y fuera de Irlanda, dentro y fuera del Éire, dentro y fuera del país  que en un día claro de verano del año 1955, cuando él contaba unos 25 años, le adoptó.
Abasel Rif, nuestro “Abi”; optó por el Trinity College.
Allí se matriculó en el área de Arte, Humanidades y Ciencias Sociales, concretamente en los estudios de Derecho. A sus 18 años estaba convencido de que en algún lugar, los libros de leyes escondían las palabras capaces de devolver al débil sus derechos sin que la sangre se derramara. Y él, estaba dispuesto a encontrarlas. Quería ser David. Quería vencer a Golliat; y quería hacerlo con un tirachinas fabricado con fonemas.
Fue así que en 1987 se trasladó a Dublín.
Pronto comprobó que lo que su madre le había dicho antes de partir era totalmente cierto. “Nunca se es forastero en Dublín”. El carácter afable y espontáneo de sus habitantes protege del frio del desarraigo. Los dublineses caminan por sus calles como viven en sus casas, con las cortinas abiertas y la luz encendida.
Fijó su residencia en el número 292 de la Calle Parnell y allí permaneció hasta que concluyó su formación académica  en el año 1994 –incluidos sus estudios de postgrado-
Durante todo ese tiempo, compaginó su preparación jurídica con su participación en un grupo folclórico ”Immrama”. Su dominio del Bodhrán –en el que le inició su abuela Tahra- al estilo Kerry con la baqueta doble, fue determinante para su inclusión en el grupo. Un grupo profesional.
Prácticamente todos los fines de semana tenía actuación en uno de los muchos pubs que permanecían abiertos en Dublín y alrededores. El habitual: “El Murray”. La dueña del negocio, Briggitta, había comprobado que la presencia de los “Immrama” en su local animaba el ambiente y aumentaba las consumiciones casi tanto como  la expectativa de un buen partido de futbol. Los Immrama eran especiales y como tales les pagaba.
Un sábado en “El Murray” conoció a una bailarina irlandesa: Shanaye, su Shana; y se enamoró. Se enamoró como se enamoran los personajes de los cuentos infantiles, total y absolutamente.
Ella, tenía el pelo largo y rubio más bonito que había visto en su vida y la sonrisa más franca y fresca que jamás había conocido. Cuando sus pies confundían el paso de baile emitía un chillidito curioso que aclaraba a todos que el error había sido suyo. Era de Bray y estudiaba literatura irlandesa en Limerick. Llevan 22 años juntos y son padres de tres hadas que a veces son brujas  y de un duendecillo que a veces no es travieso.
Fué Shanaye quien descubrió la habilidad narrativa de Abasel Rif y quien le incitó a trascribir y publicar los maravillosos cuentos con los que la entretenía a ella, amenizaba las veladas, o más adelante dormía o enseñaba a sus retoños. Abi Bar Abram, consideraba tales afirmaciones  propias del amor que su esposa le profesaba y aunque le enternecían nunca llegaban a más. En ningún momento consideró que poseyeran fundamento de algún tipo. Según las escuchaba, las olvidaba. Para el hijo del polaco, sus historias eran historias normales.
En el año 1997, Abasel Rif consideraba que su vida era maravillosa. Un solo escollo la perturbaba, no había sido capaz de encontrar las palabras con las que proteger al débil y aunque seguía buscando, notaba como cada vez estaba más cansado. Todo cambiaba pero nada cambiaba, mirara donde mirara el fuerte continuaba arrollando sin pudor. Y él, estaba claro, él no era David. Tal vez su alma no fuera pura como demandan las leyendas. Este pensamiento que en ocasiones se agarraba con fuerza a su mente, nunca se verbalizó; hacerlo era innecesario, conocía las posibles respuestas. Sin embargo, más de una noche le arrebató el sueño y el descanso.
En Agosto de 1998, tras el atentado que acabó con la vida de 29 civiles en Omagh; entre ellos dos de sus sobrinos de doce años y veinte meses; abandonó su puesto de profesor universitario en la facultad que le formó, y donde por aquel entonces, él formaba a jovencitos que también buscaban. Nadie consiguió modificar su parecer. Cuando le recriminaban su decisión y le tildaban de egoísta e infantil y le enumeraban la cantidad de responsabilidades que tenía asumidas con su mujer nuevamente embarazada y con su pequeña Tarín, él repetía: “Lo sé. Lo sé. Habrá que buscar otros caminos. No puedo enseñar nada. No creo en nada. No busco nada”
Quienes le conocían, aunque no le entendían del todo, sabían que hablaba en serio.
Su suegro le buscó un trabajo, pensando que duraría poco en él y recapacitaría. Así fue pastor en Glendalough. En cuatro años, nuestro Abi aprendió todo lo que pudo del campo y de la vida ovina y equina. Poco a poco olvidó que un día quiso buscar palabras con las que proteger al débil en libros abstrusos de leyes volubles, y poco a poco las palabras llegaron a él. Las descubrió en lo que hacía, en lo que sentía, en la entrega inmaculada del animal al hombre con el que trata, en la quietud del lago, en la profundidad de las raíces, en la serenidad del árbol ante la tormenta…
En Agosto de 2005, vio la luz su primer libro de cuentos Los gigantes viven en los tulipanes. Un libro que ha sido y sigue siendo  la delicia de pequeños y mayores ya que consigue mágicamente que los ritmos más tradicionales (polacos, irlandeses, ingleses y normandos) tengan alcance universal y resulten intercambiables.
Abasel Rif es un escritor que no se sabía. Un narrador del estilo Kerry que descubrió su esposa Shanaye antes de que la vida le empujara al papel. Su última obra Los Herederos,  nos ofrece su pluma en una faceta nueva; la novela. Una novela breve, que condensa en 192 páginas la historia de Irlanda. Una historia llena de vida y plagada de muerte y violencia. Su lectura es una lectura inquietante que nos obligará nada más terminarla a revisar nuestra piel y buscar en ella la historia que nos invade desde el nacimiento, infectando nuestras pupilas y calzando nuestros pies sin que aparentemente lo sepamos.
Si alguien quiere conocer algo más de este autor, que le busque en sus obras. Es allí donde se desnuda y donde sin saber cómo consigue que el lector también lo haga. Entonces piel con piel…. Piel con piel nadie es el débil. Piel con piel sobran las palabras.
Obras más conocidas de Abasel Rif:
- Los gigantes viven en los tulipanes
- Viajar sin lastre
- Cuando las raices se unen la tierra es más fértil
- En el hueco de la secuoya encontré mi casa
- El pony no sabía que tenía alas
- Por Dios no se pega nadie
- “El Murray”
- El perro tenía tres patas
- Los cisnes siempre duermen en Glendalough 

María Isabel Fariña


Piñón Sihombreporquetúlodigas 
No recuerda donde nació, aunque sí sabe que Elena lo rescató de una tienda de animales con una dueña a la que le gustaban más los abrigos de pieles que los perros.
En un principio se fue a vivir con la madre de su rescatadora, a la que considera su abuela humana. Tras engordar dos kilos, se trasladó al apartamento de Elena, que a partir de ese momento pasó a ser Esaconlaquevivo. Ambos mantienen una convivencia agradable, rota ocasionalmente por el empeño de Piñón de vivir en una casa con jardín. Su último intento fue regalarle a su compañera de piso una peineta y una mantilla, a ver si se iba pareciendo a Dolores Cospedal y poco a poco, conseguían una casa como la de la Presidenta de Castilla la Mancha.
Sus dos amores son su abuela humana, y Miel, una westie con una cabeza tan grande como su corazón.
Empezó a escribir por pura necesidad de poner de manifiesto lo ridículo de la condición humana.
Ha escrito tres cuentos: Piñón en la cara oculta de la luna; Piñón y Adrián contra la Bruja Maruja y Piñón, Jara y las pipas de calabaza.
Tiene previsto publicar un libro de ensayo, Reflexiones sobre esta perra vida, y otro de poesía Monstruos domésticos.

Mantiene un blog en el que escribe cuando Esaconlaquevive le deja el ordenador, esaconlaquevivo.wordpress.com, y colabora activamente en otros blogs, como por ejemplo mori-bundia.blogspot.com

Entrada del blog. Cliker
¡Qué me muero de la risa! Mirad lo último que ha comprado Esaconlaquevivo. Harta como está de llamarme y de que yo vaya… o no, estuvo mirando en Internet nuevos métodos para educar perros y ¡ha comprado esto! Resulta que es un aparato que se llama Clicker, y se supone que cuando yo hago algo bien, especifiquemos, cuando hago lo que ella quiere que haga, hay que hacerlo sonar (¡clik!, hace), y yo ya sé que me estoy portando bien y que a continuación viene la chuche en cuestión. ¡Ay que me parto! Voy a escribir a los fabricantes y les voy a proponer un aparato que en vez de click , suene la Macarena, que me gusta más. Yo, a pesar de todo, de vez en cuando voy, y la pobre estuvo ayer intentando averiguar por qué unas veces funciona y otras no. Es en momentos como ese en el que estoy convencido de lo bien que hice al escogerla para convivir.

Fragmento de “Piñón, Jara y las pipas de calabaza”
-¡Mira Jara lo que he encontrado! ¿Dónde quieres que las plantemos?
- Alrededor de este árbol. Así cuando crezcan las ramas podrán apoyarse en él para crecer. Tú haz el agujero, que se te da muy bien, y yo las planto.
Y dicho y hecho. Piñón hizo tres agujeros con sus patas delanteras, Jara puso la semilla, y Piñón las tapó con tierra.
-Ya está –dijo Jara-. Ahora solo hay que regarlas, y esperar unos meses a que crezcan. Voy a buscar agua.
- No, no te molestes – dijo Piñón-. Llevo haciéndome pis media hora, ya las riego yo.
Levantó la pata y ¡pishhhhhhhhhhhhh!
-Eso es una guarrería, y además vas a matar a las semillas, seguro, no van a crec….
Y Jara se quedó sin habla pero con la boca abierta. De cada semilla salió una planta que fue creciendo primero por el árbol, y luego más allá de las nubes, hasta que las tres fueron tan altas, tan altas, que no se veía su final.
-Mola- dijo Piñón-. Me parece que acabo de descubrir el mejor fertilizante del mundo. Mañana mismo me hago un análisis de orina.

Elena Vicente


Dalfonzo Miguered
Nombre que tiene connotaciones portuguesas, quizá por haber nacido en Badajoz en 1939 donde realiza sus estudios de bachillerato. En 1957 se traslada a Salamanca para comenzar sus estudios universitarios en la facultad de Derecho que tenía un gran predicamento, pues contaba entre su profesorado a José Beltrán de Heredia (rector), Raúl Morodó, Ignacio de la Concha y Enrique Tierno Galván entre otros.
Asiste a la conferencia inaugural del curso 1958/59 impartida por Fernando Ramón Ferrando (esposo de María Moliner) bajo el título “Reflexiones sobre la base física de la mente humana” de la que sale muy impresionado. Se impregna de la filosofía de la Bahuaus “Más es menos”, interesándose por los microrrelatos de Ana María Matute “Los niños tontos” 1956 y de Augusto Monterroso “El dinosaurio” 1959 microrrelato de 9 palabras incluyendo el título –Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí-.
Comienza a realizar sus primeros escarceos como escritor y en 1960 publica su primer libro que consiste en una serie de microrrelatos agrupados en un libro titulado “Jaculatorias y prebendas”, destacamos de este volumen el titulado “Al levantar. –Se levantó y pensó actuar como Judit con Holofernes, pero fue un fugaz pensamiento-”.
Cuando obtuvo la licenciatura en Derecho, abandonó Salamanca y regresó a su ciudad natal donde ejerce la abogacía que compagina con la escritura. Es un autor no muy prolífico, tiene varios libros escritos, pero solamente otros dos publicados “Paz en serio” y “Gua diana”.

Alfredo Domínguez


Ariel Egar Leguim Zané
Córdoba (Argentina), 1966 – Palma de Mallorca, 2009
Nacido en Córdoba (Argentina), a los dos años emigra a España con sus padres, por lo que no guarda recuerdos de su país de origen. Hijo de padre ejecutivo y de madre ama de casa, gozó de una infancia acomodada en Barcelona. Europeo al 99%, salvo el acento propio de su país de origen, que siempre conservó como una gracia infantil.
A los 16 años comenzó a dar signos de inestabilidad mental. Alteraba periodos de exagerada euforia con episodios de profunda depresión. Hijo único, sus padres se volcaron en su recuperación durante dos años, antes de darse por vencidos y abandonarlo a su suerte en el Hospital Psiquiátrico San Luis, en Palencia, a cargo de los Hermanos de la Orden de San Juan de Dios. En uno de los episodios de euforia, a la edad de 23 años, escapó del centro y la ciudad. Malvivió en diversas localidades con trabajos mal remunerados (camarero extra, chatarrero, repartidor…). Llegó a mendigar y a dormir en las calles. A los 27 años traslada su residencia a Palma de Mallorca, por cuestiones laborales. Trabaja de recepcionista de noche en un hotel de temporada del Arenal de Palma. Trabaja de Mayo a Noviembre y con ello subsiste el año entero. Es en esa época cuando comienza a escribir, como pasatiempo, exclusivamente en sus fases depresivas. Uno de los textos, por azar, acaba en manos de Miquel Alfar, de Editorial Océano, que le propone editar un libro de relatos. Así nace su primera obra “Oniniras Decadentes” (Palma de Mallorca, 1997). Cosecha éxito de crítica y público a nivel de las islas, sin demasiada repercusión fuera. Cuenta con 31 años.
Merced al adelanto y las ventas deja el trabajo y se dedica a colaborar en prensa, concretamente en las secciones de Opinión y Cultura de “El Diario de Mallorca”. Traslada su residencia a un pequeño estudio en la Carrer de Sant Miquel, en pleno centro de Palma, donde pasará el resto de sus días. Las cosas le van relativamente bien, retoma su tratamiento psiquiátrico y con la estabilidad anímica abandona la escritura literaria. No será hasta cumplir los 35 años, al sufrir un fuerte episodio de depresión, que retome las letras. Lo hace con su poemario “De la Muerte y Otros Anhelos” (Océano, Palma de Mallorca, 2003), de acogida irregular y escasas ventas. Por esa época sus padres, ya ancianos, tras pasar unas vacaciones en Palma y encontrarle en el periódico, tratan de retomar contacto, pero él los rechaza. Supera este episodio tras dos años de lucha y vuelve a abandonar su faceta literaria, centrándose en su labor de opinador. Fruto de una recaída, a sus 41 años surge el ensayo “666 Razones por las que me Cago en el Mundo” (Océano, Palma de Mallorca, 2007).
El 17 de Septiembre de 2009, tras un mes en que su situación anímica no cesa de empeorar, pone fin a su vida, colgándose por la ventana de su domicilio, en un espectáculo dantesco.
Su obra se encuentra marcada a sangre y fuego por la temática recurrente de la muerte.
Bibliografía:
 “Oniniras Decadentes” (Palma de Mallorca, 1997)
 “De la Muerte y Otros Anhelos” (Oceáno, Palma de Mallorca, 2003)
 “666 Razones por las que me Cago en el Mundo” (Océano, Palma de Mallorca, 2007)

EXTRACTOS:

De “De la Muerte y Otros Anhelos”:
Bajo el gris mármol
se introducen los gusanos
a comer muerte.

De “Oniniras Decadentes”:
EL VIEJO BLUESMAN

Estaba tumbado en la pulgosa cama de aquel hotelucho, murando al techo, cuando comenzó a proferir sonoras carcajadas. Cuando se hartó de reír colocó una sonrisa torcida y masculló "Eres patético". Hace años había colocado varias canciones en la parte alta de la lista de ventas. Pero eso era hace ya mucho tiempo. El suficiente para que su joven cuerpo de galón peliculero, en ambas acepciones, hubiera dejado paso a un notable flotador de grasa, que no había recibido tan buen trato del tiempo como sus aún fuertes brazos. Cuando era alguien había derrochado dinero en llenar hoteles de primera de furcias de idéntica categoría y alcohol de calidad. El paso del tiempo y su azarosa vida habían hecho caer las ventas y el nivel de los hoteles. Ahí descubrió el maravilloso mundo de las grupis . Son como las putas, sólo que ellas pagarían por hacerlo contigo, solía decir. Pero su estrella se fundió y hacía años que rondaba hoteles de mala muerte en conciertos de bar de carretera, donde la mitad ni habían oído hablar de él. Por suerte cuando opta spor llevar a un tipo que un día fue alguien puedes dar glamour a tu garito diciendo que fue una leyenda a principios de los ochenta. hoy una mujer le había reconocido. Era un esperpento de rubia de bote con más pintura que un indio en pie de guerra y unas lorzas dignas de la reina de la mortadela. Pero ni recordaba cuándo había echado el último polvo, así que cuando se acercó después del concierto se dijo a si mismo que al menos tenía las tetas gordas. "Las cosas no son como antes nena" le dijo mientras se encaminaban al hotel. "El tiempo te ha tratado bien" dijo ella con fijación adolescente. El sonrió y pensó que sí, que le había dado por culo con cariño. Cuando entraron en la mugrienta habitación coloco la guitarra con cuidado, tiró el sombrero sobre la mesilla y se dejó hacer. Después ella se acordó de un marido y él quedó mudo mirando al techo.

De “666 Razones por las que me Cago en el Mundo”
Introducción

Soy como el grafito, que lo tenía todo para ser diamante pero le falto organización, o constancia, o fuerza, o simplemente creer en él.
Soy un tipo de apariencia extraña, un yuppie en potencia encerrado en el cuerpo de un grunge en potencia al que sus dos mil nueve inseguridades hacen sentirse incómodo entre unos y entre otros.
Soy un tipo de aspecto duro y seguro, que en realidad oculta a un niño cobarde y atemorizado con ramalazos de déspota autoritario.
Soy un tipo con mil sueños que nuca cumplo, y que nunca llego a saber si es por falta de talento, de voluntad o de pelotas.
Soy un tipo que sólo sabe hacer una cosa (trabajo) y que tiene la impresión de que cada día que pasa lo hace peor.
Soy un tipo que tiró por la ventana hace tiempo un futuro prometedor, y que se siente viejo para cansarlo.
Soy un tipo con cada vez menos amigos, más distantes y con menos cosas en común. Y un tipo convencido de que le espera la soledad con los brazos abiertos.
Soy un tipo al que hace tiempo colgaron la etiqueta de “bicho raro” y que una de cada cien veces lleva bien y a gala serlo y otras 99 le duele oír cómo se lo dicen.
Soy un tipo aparentemente inteligente a quien resulta fácil dársela con queso.
Soy un tipo que no sabe mantener la boca cerrada, excepto cuando debe abrirla.
Soy un tipo que cree en otra manera de hacer las cosas, y se lleva hostias a diario porque las cosas son como la mayoría hacen que sea.
Soy un tipo que un día fue luchador y ahora está cansado de tantas guerras y sin ganas de batallar con nada.
Soy un tipo que está arriba o abajo y cada bajada duele más y cada subida cuesta más.
Soy un tipo que habla sólo, porque se siente solo.
Soy un tipo que se siente fuera de lugar en todas partes y que ha acabado por no ir a ninguna.
Soy un tipo que se seguiría sintiendo vivo si los de su edad no le repitieran hasta la saciedad que ya tiene una edad (¡y eso que es poca!) y los de menos le consideraran un viejo.
Soy un tipo al que consideran maduro y se siente un adolescente.
Soy un tipo que no aprendió muchas cosas cuando debía y ahora siente que es tarde.
Soy un tipo que se embarca en sueños locos y se frustra fácilmente.
Soy un tipo que escribe esto y no sabe muy bien si es un auxilio, una ayuda u otra de las suyas.
Soy un tipo mediocre que sueña con destacar en algo.
Soy un tipo que se esconde tras un pseudónimo porque no se lleva bien con quién sale en el espejo.
Y ya sé que no os ha gustado, qué es un peñazo, que no tiene calidad, que no debería publicarlo, y que lo leerán cuatro y tres desconocidos, pero lo pongo igualmente, incluso cuando, probablemente, no me sienta así cuando lo cuelgue.

Miguel Ángel Pérez

Señales: contar con imágenes

La vida está llena de señales. Nuestro ombligo nos indica el origen de nuestra vida. Los sueños orientan nuestras prioridades. Las pesadillas nos advierten del peligro. La sangre, y su circulación, delimitan nuestro destino.
Todo responde a un código genético y a un código lingüístico y visual que aprendemos paso a paso.
Las arrugas son señales del paso del tiempo. Las cicatrices señales del paso del amor y de la vida. Y los recuerdos, muchas veces, señales de la muerte.
Nuestra vida está llena de obligaciones, de prohibiciones, de hitos, de limitaciones, de indicaciones, de cesiones, de cambios de sentido. En ocasiones las cosas van sobre ruedas, otras no somos capaces de encarrilarlas y ante cualquier dificultad nos ponemos en guardia.
El poeta, al igual que el fotógrafo y el pintor, acostumbra a mirar con la precisión de una cámara de fotos. De ese modo advierte los detalles más pequeños e insignificantes en la rama seca del último árbol del jardín y la profundidad en la mirada de la hormiga. De nuestra capacidad de observar y amplificar o reducir nuestra visión de la realidad o de la fantasía dependerá el resultado de nuestra escritura.


Imagen de Tomás Hijo


La sesión del lunes 20 de mayo la dedicamos a las "señales". En dicha sesión nos acompañó Juana Ciudad que nos mostró varios trabajos realizados con señales de tráfico (un libro de artista y varios poemas visuales).

En la sesión recordamos un texto de Jaime Sabines titulado "El peatón":

Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta.
Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta!
Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?
¡Dios mío!, dice Jaime. ¿Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón?
¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón.
Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.




Imagen de Tomás Hijo


Y comentamos algunas cuestiones sobre el libro Semaforologías de José Ledesma Criado del que incluimos aquí un fragmento:

II
Direcciones prohibidas
aparcamientos de país
me llevan a buscar
este hueco donde descansa
el alma.
Evite V. la multa
y no discuta nunca con el guardia
la autoridad es algo que somete

III
Aparque en batería
y olvide el cañonazo
aquí solo la paz
tiene su límite

Borre el frenazo
la huella de calzada
no deje que las pruebas
un atestado inicien 

VII
No ir en grupo
ni emparejados
caminar en fila india
es lo correcto.
Así es más fácil
el blanco para la bala.

IX
Advierta las maniobras
del que domina,
pase de largo
y no olvide detenerse
ante tranvías, trenes, ambulancias,
coches policías y darles preferencia
de paso.


Y estos son algunos de los trabajos de los participantes en el taller:

Cuando la serpiente devoró al elefante, de Isabel Fariña

Vicente Martín

Hidrógeno enamorado

La sesión del lunes 13 de mayo la dedicamos a Ernesto Cardenal. Hablamos de su vida, de su poesía, de su compromiso. Recorrimos algunos de los poemas de la antología editada por la Universidad de Salamanca con el título "Hidrógeno enamorado" cuyo trabajo introductorio firma Mari Ángeles Pérez López.. Nos paramos en su conocido poema "Oración por Marilyn Monroe".
Analizamos algunas de las características de la poesía exteriorista, una escritura abierta a todos los temas y hablas posibles. "Todos los tiempos y todas las épocas con sus códices y estelas tan de ayer y tan de hoy: historia, economía, datos, geografía, política, estadística, mística, sabiduría. Todo se unifica en la poesía y en el lenguaje del autor de una obra rescatadora de siglos y modernidades", apunta Jaime Quezada. Por su parte, el propio Cardenal ha dicho que: "El exteriorismo no es un ismo ni una escuela literaria. Es una palabra creada en Nicaragua para designar el tipo de poesía que nosotros preferimos. El exteriorismo es la poesía creada con las imágenes del mundo exterior, el mundo que vemos y palpamos, y que es, por lo general, el mundo específico de la poesía. El exteriorismo es la poesía objetiva: narrativa y anecdótica, hecha con los elementos de la vida real y con cosas concretas, con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y hechos y dichos. En fin, es la poesía impura"


Salmo 5


Escucha mis palabras oh Señor
                                                                Oye mis gemidos
Escucha mi protesta
Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores
ni partidario de su política
ni te influencia la propaganda
ni estás en sociedad con el gángster.

No existe sinceridad en sus discursos
ni en sus declaraciones de prensa

Hablan de paz en sus discursos
mientras aumentan su producción de guerra

Hablan de paz en las Conferencias de Paz
y en secreto se preparan para la guerra

Sus radios mentirosos rugen toda la noche

Sus escritorios están llenos de planes criminales
                                     y expedientes siniestros
Pero tú me salvarás de sus planes

Hablan con la boca de las ametralladoras
sus lenguas relucientes
                                    son las bayonetas...
Castígalos oh Dios
                                    malogra su política
confunde sus memorándums
                                    impide sus programas

A la hora de la Sirena de Alarma
tú estarás conmigo
tú serás mi refugio el día de la Bomba

Al que no cree en la mentira de sus anuncios comerciales
ni en sus campañas publicitarias, ni en sus campañas políticas
                                    tú lo bendices
lo rodeas con tu amor
                                   como con tanques blindados.



Propusimos como tarea escribir un poema con el título de "Oración", "Utopía" o "Salmo" que incluyese algunas de las características de la poesía exteriorista.
Estos son algunos de los trabajos realizados por los componentes del taller:


Salmo 6.000.000

Más de 6 millones de parados… y seguimos vivos.
Mientras un banco regala cafeteras por aumentar el saldo…
¿A quiénes?...
¡Ah! a los empresarios que al perder 2 euros
despiden al joven con “máster” para poder ganar 8,
luego perderán 10 y despiden al que despidió…
Pero… ¿Para quién gobiernan los políticos?
¿Para ti, para mí… que apenas nos llega para un café en la plaza Mayor;
o para un presidente de banco que puede estar en el “padoc”
viendo una carrera de “formula 1” a la que patrocina generosamente?
Mentiras…
muchas mentiras nos comemos con la sopa viendo la tele.
Me voy a meter bajo la mesa del salón y voy a orar:
“Dios mío,
¿Tan grande ha sido nuestra ofensa para tratarnos así…
o acaso el demonio ha dado un golpe de cielo y es el que hace y deshace?
(¡Se lo debe estar pasando “chachi”!)
Muchas cosas no cuadran,
estamos ya en el siglo XXI, Señor.
No hace falta FE, Señor,
hace falta más CARIDAD.
No se puede alimentar tanta hipocresía (los sepulcros ya están demasiado brillantes).
Queremos vivir la REALIDAD con la VERDAD.
¡Dios mío, a “estos” no los perdones porque SÍ saben lo que hacen!
¡Al infierno con ellos!”.

Vicente M. Martín


El credo

Creo en el UNO: misterio legendario que no tiene nombre.

Creador Todopoderoso que baila de alegría en mi dicha, ilumina tenaz mis tinieblas y con su presencia me sostiene si el dolor se aproxima y me corteja.

Creo en el AMOR: Padre inmortal, Hijo imperecedero y Espíritu eterno de un misterio legendario. Santísima Trinidad Anfitriona del Paraíso. Cielo que no tiene puertas. Gloria que se conquista en la entrega. Vergel que aguarda el regreso de los Príncipes descendientes de aquellos Príncipes que un día le habitaron. Herederos reales que abandonaron su cuna y olvidaron su sangre porque una serpiente susurró en sus sueños una sonata carmesí. Soberanos que un muerdo trocó en gusanos. Anélidos errantes, anélidos errados, anélidos torturados por el temor de haber pecado; anélidos que desconfiados se arrastran por la agonía seca y solitaria del infierno: abismo edificado con su seda endurecida. Fosa donde las hojas de la morera huelen a oro y sospecha.

Creo en la POESÍA: aliento que es cierzo y es monzón y es alisio y es simún y es brisa y es siroco y es xalóc y es lebeche y es tornado y es… Soplo que estremece el sueño errado del monarca azotado por la sombra de un miedo carmesí. Hálito que recita loas a la Trinidad Paciente; Anfitriona siempre virgen que reside en el insignificante corazón de los gusanos.

Creo en el AMOR; en el Amor legendario que no tiene nombre -Santísima Trinidad Anfitriona del Paraíso-, en la comunión de los vientos y los verbos, en el corazón errante de los gusanos que vibra y se agita emocionado con la caricia de un beso inesperado, en la resurrección del hombre desnudo y en la Vida: Cielo Terrenal sin puertas. Gloria que se conquista en la entrega. Vergel donde habita y habitará el UNO, donde espera y esperará el UNO, porque quien conoce el AMOR desconoce el pecado; y creo que es así y así será por los siglos de los siglos. Amen.

Ana Isabel Fariña


Oh, ración

Señor , alzamos al cielo las mangas de nuestras blusas de Zara para rogarte por los muertos de Bangladesh, hincadas las rodillas en tierra cubiertas de nuestros Levis desgastados con arena. Señor, danos fuerza para gritar frente a El Corte Inglés, antes de entrar en sus rebajas, de la que venimos de Mango. Señor, líbranos de los sangrantes precios.


El pan nuestro de cada día

Padre Nuestro que estás en los pesqueros
que arrastran las redes en sus océanos.
Santificados sean los botes
que pescan sólo para ellos.
Hágase por cultivar
aquellos campos que manipulan precios.
Perdona nuestras ofensas
por no pensar en lo que nos venden
y ayúdanos a pensar.
Amén.

Miguel Ángel Pérez


Aún tengo esperanza
Enésima utopía

Aún tengo la esperanza
De que frente a la barbarie
De los que se juntan para violar a nuestras niñas
En la India, en África o en los suburbios europeos
Haya unas mujeres y unos hombres con valentía
Que se erguirán para impedírselo.

Aún tengo la esperanza
De que entremos en razón
Y que a las mujeres de Yemen, de Afganistán y otras tierras
Que lapidamos por descubrir
Un mechón, un trocito de piel, o decir una palabra de más
Devuélvanos algún día su dignidad e identidad.

Aún tengo la esperanza
De que todos los Ernestos, Panchos, Manus y otros Salvadores
Del Sur, del Norte y otros lugares
Consigan dar voz a los pueblos oprimidos
Para renacer de sus propias cenizas
Y dar la cara frente a los Imperios de toda especie.

Aún tengo la esperanza
De que dejemos de cazar a los Bouna Traoré y Zyed Benna
A los que nacieron y se crían en guetos
Con el color y en el lugar equivocados
En Francia, en Darfur, en Polonia, dónde sea,
Y que la Humanidad vuelva a ser una.

Aún tengo la esperanza
De que los hombres de traje gris con corbata y maleta
Revisen sus ideales de grandeza
Y obren a favor de los padres, que cada día más humillados,
Vienen al cole a recoger a sus hijos,
Barajando los céntimos que les quedan para seguir adelante.

Aún tengo la esperanza
De que se hagan responsables y dejen de mentir los gobiernos
Y le devuelvan al hombre rumano sentado en mi calle
Un poco de decencia y la posibilidad de curar a su pequeño
Sin tener que mendigar las sonrisas
Y la buena voluntad de los que vamos pasando.

Aún tengo la esperanza,
Como Gejco en ‘Venuto al mondo’,
Que a pesar de los rencores
Del daño que nos hacemos entre hermanos
Pase lo que pase
Existe el perdón y una vida después del odio.

Aún tengo esperanza.
Estas y muchas otras esperanzas tengo.
Quiero seguir despertándome por la mañana
Con ganas de cambiar el mundo
Aunque sólo sea poquito,
Quiero seguir creyendo en el Hombre.

Sara Pérez


Horas de nicotina

JESÚS,
con la miel en la mente, recupero el sabor de mis ideas, agrietadas por un
discurso repetido y utópico del político:
carga de sentimientos, de voces maniatadas bajo el sudor de una farsa
en los rincones del asfalto.

Sofía Montero


Oraciones (por la Enseñanza, por la Sanidad, por la Investigación, por el Paro, por....)

AYER NO TE VI, éramos bastantes, caminábamos despacio, apenas sin molestar, algunas banderas al viento, susurros de protesta, policías por delante y por detrás, miraba por todos los lados, PERO NO TE VI, siempre

somos los mismos, esto nos afecta a todos, a los que estamos y a los que vendrán, tenemos la obligación de dejarles una vida mejor, el sistema actual no funciona, defendemos otras ideas, donde se pueda prosperar y ser feliz, no debemos dejar que nos manipulen, quieren que volvamos a las cavernas, para así ellos seguir mandando, en la próxima manifestación, por la libertad, por la igualdad, por la justicia, ME GUSTARÍA VERTE.

Luis Iglesias


Quién bien te quiere

Quien bien te quiere te hará llorar.
Ya se lo decía papa a mama.
Me crié entre palizas y broncas,
entre amenazas y borracheras y
con estos discursitos no pude por menos
que conocer a Tomás.
Tomás, un hombre, bueno y capaz
capaz de darme la primera paliza
nada más salir del altar.

No en el mismo altar claro, no faltaba más
pero si la misma noche de bodas
para empezar.

Tras esa primera paliza, la siguieron muchas más
Unas veces porque hablaba y otras, quien sabrá.

El caso es que ya lo decía papá
Quien bien te quiere te hará llorar.

Así transcurrieron los años
sin pena ni gloria,
pero con Tomás
hasta que un buen día,
no pude más
y con todas mis ganas y un cabás
cogí la maleta y la puerta
y le dije que ahí se quedaba
y no me iba a ver más.

Gracias papá y mamá
por ensañarme un día muy lejano
quien bien te quiere te hará llorar.


Yo soy

Yo soy la verdad y la vida
la verdad del que gobierna
La verdad de la mentira
la mentira de los otros
la mía es la del poder y el engaño

El engaño que vosotros aceptáis
del que os alimentáis y os alimento.

El alimento de las promesas que no cumplo
y que saboreáis
porque así hay protestas y os sentís vivos.

Vivo sin vivir en mí, ni en ti,
vida mezclada con la muerte
muerte en vida con hipotecas, desahucios y pobreza.

Esta es la verdad que os prometo
y a la que os aferráis a ella, como se aferran
las garras del león a la presa.

Presa soy del poder y la vanidad, de la avaricia
y de la lujuria

Vida entre guerra y hambre
Verdad con armas y golpes.

Yo soy la verdad y la vida,
la que no cumplo y aceptas
la que callas por vergüenza
en la que vives entre cartones
en el frío de la noche.

Carmen Alonso


Un paciente lucha inútilmente por vivir a lo largo de 90 días.
El niño, Yazid, solo ha conocido el hospital.
El hospital, el amor de sus padres y los cuidados del personal sanitario que le han rodeado.
Ha tenido más amor que otras muchas personas, pero morir tan pequeño….
Todo este amor no le salvó.
Tantos recursos gastados y tanto sufrimiento de padres e hijo.
Si tenía que morir así, habría sido mejor no haber nacido.
Otros pacientes llegan a un Centro con su dolor a cuestas y son tratados como si acudieran a comprar unos churros a una chocolatería llena de gente.
Ahora las personas viven más años en cuerpos inadaptados a la longevidad.
Algunos aspectos están adaptados para que vivamos más pero otros no.
Y no solo me refiero a la resistencia de órganos y sistemas del cuerpo
Incluyo la vida en su más amplio término
Anselmo es una anciano abandonado que conocí en el hospital.
Muy mal tienen que haber actuado en la vida para estar tan solo.
¿O quizá no?
En otros casos degeneran las neuronas y la persona pierde la identidad
A Andrea lo primero que le falló fue el cerebro y eso es como la muerte en vida.
Y existen tantos más casos cuántos más años de vida alcancemos.
Existen otras personas que malviven con un dolor intenso e incapacitante y sin paliativos ni poder poner fin a esa situación insoportable.
¡Cuánto sufrimiento inútil!

Antonia Oliva

La cuarta loba

La sesión del día 6 de mayo la dedicamos a la novela histórica La cuarta loba de José Luis Sánchez Iglesias. Hablamos del tema que ocupa la novela, de los personajes, de la investigación previa, de la trama. El autor nos dio detalles de su proceso creativo y de sus métodos de trabajo.
Y nos acercamos desde la historia, y desde la imaginación, a la revuelta de los comuneros.

Este es el texto promocional de la novela:


En una época en la que los más pobres sufrían con las tres lobas (guerra, hambre y peste), un sentimiento, una idea descabellada, empezaba a surgir en el pueblo. Alimentada por voces aparentemente espontáneas, una revolución se va fraguando en las calles de Salamanca y de otras ciudades castellanas. Testigo de excepción ante el surgimiento de esta “cuarta loba” que era la Revolución será nuestro protagonista, Diego Bocanegra, que se verá envuelto en una trama mucho más oscura, arriesgada y excitante de lo que él jamás había imaginado vivir. Su destreza, inteligencia y valor le guiarán entre las luces y las sombras de una época convulsa, inestable y emocionante, mientras que su familia, amigos y conocidos vivirán los cambios desde la complicada y licenciosa vida  de estudiantes y prostitutas, hasta el honor y la lucha de capitanes aventureros, pasando por austeros trabajadores y casamientos de conveniencia.
¿Quién es el verdadero instigador del sentimiento revolucionario? ¿Qué intereses ocultos se mueven entre las telarañas de una revolución? ¿Cómo se teje la peligrosa telaraña de la conspiración? Y sobre todo, ¿quién es el misterioso “caballero negro” que tan bien oculta su identidad en las secretas reuniones a media noche?
“La cuarta loba” es la historia de un joven, de una familia que sin saberlo está a punto de presenciar un momento histórico. La cuarta loba puede caer o triunfar; sus líderes, los comuneros, pueden ser alzados victoriosos o morir decapitados; nuestros protagonistas podrán morir o vivir, pues toda revolución o batalla conlleva riesgos y pérdidas, pero pase lo que pase, ellos ya habrán hecho Historia. La historia de una revolución; la historia de un pueblo que se alzó contra sus gobernantes; la historia de “La cuarta loba”.

Si quieres saber algo más sobre la novela y sobre la presentación que se hizo en la Biblioteca Pública de la Casa de las Conchas pincha en el siguiente enlace:



Propuesta de escritura:

Hace años se presentó un logotipo que pretendía ser la “marca” de la comunidad de Castilla y León, un proyecto para dar a conocer los valores que demuestran la existencia de elementos diversos que la identifican y la singularizan.
Escribe un artículo o una breve reseña turística y señala en ella lo que más aprecias de las diferentes provincias de la comunidad: Salamanca, Zamora, León, Valladolid, Palencia, Segovia, Ávila, Burgos y Soria.


Estos son algunos textos de los componentes del taller:

Piérdete y repetirás

Empápate de arte y paisajismo y sumérgete en la degustación de su platos autóctonos elaborados con materia prima “marca de la tierra”.
Experimenta el adentrarte en diferentes épocas históricas en una sola jornada.
La herencia arquitectónico de renombre internacional y las nuevas creaciones convierten a nuestra Comunidad en un referente para artistas y gentes que quieran disfrutar de un legado inigualable.
Entra y mézclate con la población, déjate llevar por su ambiente rural de sierra o de llanura. Vive las fiestas y la riqueza cultural de sus municipios.
Una dotación hotelera que cumple con las expectativas más exigentes. Dispondrás de todos los servicios que puedas desear en cualquier época del año.
Ahora ya se han acortado las distancias entre las diferentes localidades gracias a un trazado de carreteras diseñado con los proyectos más vanguardistas y con medios de transporte público de última generación.
Piérdete por Castilla- León una semana o más y repetirás.

Antonia Oliva


Castilla y León

Cuando el pan huele a pan, el mundo huele a Castilla.
Da igual la forma, el tamaño o la textura que tenga; cuando el pan huele a pan, el mundo entero huele a cielo y a meseta y a río y a tiempo.
Cortar una rebanada, morderla, paladearla… es la forma más sencilla de perderse y recuperar el calor de la infancia; de rescatar en un instante y por un instante, el sabor de la niñez; una niñez dorada donde todos éramos monarcas de castillos que nacían en el aire o leones sin miedo que jugaban en sabanas de encinas y pastizales.
Este Paraíso de harina, según cuentan los ancianos, emergió del Duero y se asentó en sus cercanías dispuesto a pasar la eternidad mecido por sus aguas de oro; una linfa colmada de riquezas capaz de fecundar a sus tierras, a sus habitantes y a cuantos peregrinos tuvieran a bien probar su jugo por los siglos de los siglos. Un Edén. Un Edén imperecedero, generoso y fértil.
Fue en sus lindes donde se engendraron reinados e imperios como jamás se habían conocido; donde filigranas de piedra bordaron por vez primera los gruesos muros que cobijaron a los fieles, donde la naturaleza se hizo palabra y el pincel dehesa; donde nobles tenebrosos convivieron con plebeyos heroicos; pero sobre todo; fue en sus lindes; donde labriegos, canteros, locos y mesoneros trazaron huellas únicas, estelas que aunque hace tiempo fueron olvidadas, duermen en el rio y multiplican la fortuna de su caudal. Un caudal que continúa fecundando campos bajo un cielo infinito en manos de cuantos soñadores consagren su vida a aprender y practicar la magia que convierte el aroma del pan en pan. Un pan que huele a Castilla. Un pan que según dicen los ancianos consigue que quien lo pruebe recuerde el auténtico sabor del Paraíso. Un Edén hecho de castillos en el aire donde los leones juegan sin miedo.

Ana Isabel Fariña


Nueve ciudades, nueve momentos.
León y Castilla / Castilla y León

(Orgullo esparcido por sus aradas llanuras donde se oxida entre los trigales)

Salamanca
Nostalgia transformada en poesía.
Mi ciudad… todo lo que diga es poco.
La plaza Mayor esconde en el color de sus piedras los sueños y amores de miles de estudiantes que la han paseado.

Zamora
Contempla al Duero en su camino a Sayago y Portugal.
En la Semana Santa sus calles se llenan de gente entre curiosidad y tradición.

León
Nombre que habla de poderío.
La vidrieras restauradas de la catedral y la casa Botines de Gaudí son una muestra admirable de arte y colorido.

Burgos
Las agujas góticas de la catedral le hacen cosquillas a las nubes, mientras en el mesón del Cid se puede degustar una “olla podrida”.

Soria
Cuna del Duero, por sus calles todavía resuena la voz de un gran poeta: “Campos de Castilla”.

Palencia
El cristo de Otero da la bienvenida al visitante.
Muy cercana a Valladolid.

ValladolidFábrica de coches Renault.
Los coches atestan las calles silenciando su historia.
Aspira ser la capital de una región creada para servirla.

Segovia
Conocida y reconocida por su impresionante acueducto.
Comedor de lujo de los vecinos de Madrid y demás turistas. ¡Sabroso cochinillo!

Ávila
Habla de mística, de espíritus libres encerrados en unas magníficas murallas.

Vicente M. Martín


Fogonazos de Castilla y león

Ávila
Marcada, como un tatuaje, por su recinto amurallado, santo y seña de la urbe, éste ejerce la frontera entre dos estilos. Dentro, tradición y callejuelas, espacios cortos, rodeados de piedra, ahora dando seguridad, ahora aprisionando. Fuera, espacios amplios en una ciudad que se moderniza resistiéndose a ello, una vez más, su muralla. Y esa muralla observa, a su alrededor, las inmensas almenas de Gredos.

Burgos
Eliminada casi en su totalidad de sus resquicios medievales, Burgos hace honor a su aburguesado nombre. Ciudad de frío abrazo (forma de C y temperaturas heladoras) es cálida es sus calles, que bullen actividad en andanadas, como si sus paisanos surgieran bombeados por el corazón de la ciudad misma. Paseos amplios y señoriales, como sus gentes. Imbuida en la tradición, pugna por hacer honor a su carácter de ciudad pionera, abundando en propuestas artísticas vanguardistas. Pero honrando su rancio abolengo, está plagada de pequeñas librerías, varias de las cuales deberían reclamar nuestra atención.

León
Marcada por su rotundo nombre y rotunda Historia. Marcada en diagonal al noroeste por el verde y suave Bierzo, que a ratos pide cuerda, y al sudeste por Valladolid, al que ellos se la piden. Guarecido de la anodina ciudad de hoy, su casco antiguo, famoso por su bullir ansioso de gentes que no en vano dan calor a la fría urbe y lo bautizan como El Húmedo, condensado en tapas. Y presidiéndolo todo, el ojo de su señorial Catedral, intercambiando reflejos de colores con las cristaleras de su insigne museo, que recuerda a la ciudad que también hoy quiere seguir estando en vanguardia.

Palencia
A medio camino entre los dos grandes centros industriales de la comunidad, Palencia se sabe chiquita, y de ahí su carácter. Palencia es pequeña y sobria, calmosa, una ciudad con ademanes de pueblo, dicho en el mejor de los sentidos. En Palencia parecen haber puesto un poquito de todo para que “su pueblo grande” quede coqueto, bajo la atenta mirada de las cigüeñas.

Salamanca
Ciudad de cultura, la muy docta se enorgullece de su universidad, que le da nombre internacional. Muy cerca presume de dos catedrales y otro par de templos que merecen. Cuidad de doble vida, turismo y clases de día, fiesta de noche. Salamanca oscila entre dos polos, la tradición de sus gentes y el jolgorio de sus estudiantes, que hacen que no pierda la vida. Salamanca, con sus incunables a la sombra de la siempre buscada rana, a veces entre conchas. Características piedras de Villamayor plagadas de tallas anecdóticas que se debaten entre el señorío y el desenfado.

Valladolid
De largo la más grande de las ciudades de Castilla y León, Valladolid se sabe capital. Conste o no, pesa como tal, y saca músculo de infraestructuras culturales y comerciales, a golpe de tamaño. Presume, y en sentido literal, de las más renombradas exposiciones, de los más sonados conciertos y de lo más potente del escaso teatro que a estas tierras nos llega. Valladolid se gusta, pese a la mirada ladeada de muchos vecinos, y se jacta de ello rodeada de los castillos de sus dominios, con la solemnidad de su Semana Santa.

Zamora
Lamida al sur por el Duero, se yergue la perla del románico. Adusta ciudad como adustos y solemnes son sus templos. Ciudad pequeña, orgullosa de sí misma, de gentes de carácter seco como la decoración de sus iglesias. Zamora gira en torno a la Semana de Pasión, en la que se enorgullece y saca pecho, y se encierra en su memoria e invocación en sus estrechas calles repletas de iglesias, arropada por su muralla.

Miguel Ángel Pérez

Lenguaje SMS y tuit

La sesión del lunes 15 de abril la dedicamos al lenguaje SMS y a la red social Twitter, ambas cuestiones muy aprovechables para el terreno literario.
El director de la RAE anunció hace tiempo la incorporación al diccionario de los términos "tuitear", "tuit", "tuiteo" y "tuitero". Desde mucho antes muchos usuarios de twitter y de otras redes sociales han aprovechado estas nuevas formas de comunicación para hacer literatura.
Hablamos de un libro de Daniel Aldaya llamado SMS, de Héctor Abad Faciolince y su tuiternovela y sobre el libro "Si amaestras una cabra, llevas mucho adelantado" en el que José Luis Cuerda reúne sus mejores tuit, aunque él prefiere llamarlos "inteletos", palabra muy utilizada en Albacete para designar los pensamientos y ocurrencias.
He aquí algunos:

Los saltamontes no son guapos de cara; pero tienen un cuerpazo

Si sigues a Jesús, mira a ver a dónde va
La coliflor cruda se cree muy superior a todos nosotros.

Ha empezado la primavera. ¿Ni siquiera tendrán en cuenta esta evidencia?

La vida es amiga mía y enormemente generosa.

Aún a sabiendas de que la luz no cura la ceguera, hay que seguir remando entre la claridad y lo oscuro.

No hay más verdad que la suma de las verdades a las que van accediendo los tiempos.

De cuando lo que quieres decir, la realidad te lo convierte en maldecir.

También existen los excesos de carácter. Es decir, la impúdica exhibición del fantoche que llevamos dentro.

Un globo, sea del color que sea, en vuelo libre contra el cielo, esté raso o nublado, puede insinuar tantas cosas...

Cuando era niño las grandes obras de ingeniería me daban miedo y el circo, también. Y dormirme. Hoy me da miedo el dolor.

La tontería bien entendida da muchas satisfacciones a quien la posee y a quien la contempla.

Si uno ha de dar en tonto de remate, mejor a largo plazo que caer en la improvisación.

La lluvia que se queda en los charcos, no sabe lo que se pierde.

En la página Micro Literaturas  podéis leer algunos microcuentos tuiteros muy interesantes.
Y aquí os dejamos las tareas realizadas por algunos participantes en el taller. En esta ocasión propusimos escribir algún tuit empleando únicamente monosílabos, siguiendo el ejemplo de los sonetillos de José Hierro (Di fe de mí y sé que fui, no sé hoy lo que soy) y de Abelardo Guzmán (La tos nos da a los dos ya. Paz, ve, haz té con ron). Pero también ofrecimos la posibilidad de escribir un tuit libre, sin restricción alguna.
Aquí está, como señala muy bien Miguel Ángel Pérez, la "trinoteratura":


LENGUAJE SMS Y TWEET

Abril, paseo, sol y un café. Solo prejubilados.

***

Por la noche me arropo con la sombra
y me tropiezo con los adoquines
despegados que ruedan la locura
de querer subirme a una farola.

***

Monosílabos
Uf, que bien, por fin vi la luz, sol y mar, bar y ron.

Vicente M. Martín


Don de dos
En un bol, pan. En un bol, té. ¿Qué es? Es pan con té. En un bol, tú. En un bol, yo. ¿Qué es? El don de dos. Un par.

¿Qué es?
Un pie, dos pies, tres pies... ¡un cien pies!

Paz
Si soy fiel a mí. ¡Qué paz!

Dios
Hoy vi a Dios en el bar. Oí su voz: ¡S.O.S.! y me fui.

Olvido
En el bar, ron. En el ron, tú. Tú que te vas. En el bar, ron. En el ron, paz. Paz gris. Paz de hoy. Mi paz.

Tal cual
Ni soy Sol, ni soy Mar, ni soy Luz, ni soy sal. Soy lo que ves, tal cual. No hay más.

Res sin voz
Si me da su luz, soy sol. Se me da su sal soy mar. Si me da su piel soy dios. ¡Ay! Res sin voz, ¿qué sos vos?

Tai chi
A mil por mil va al tai chi. Me da que no se le da bien. Me da que se le da mal.

Cajón de sastre

Entre tanto turista, resulta difícil encontrar un viajero.

Los turistas son como los eucaliptos. Fáciles de plantar, de crecimiento rápido y acción devastadora. Lo secan todo.

Los viajeros….. los viajeros son como los carballos, como los tejos centenarios, como las secuoyas. Alargan y unen sus raíces sin conocer su destino.

Es millonario, me dijeron. Le conocí….. Un pobrecito poseído por el dinero y sus protocolos.

La mayor de las ambiciones: no ser ambicioso.

Dicen que no veo porque en vez de sus gafas uso mi caleidoscopio. Me gusta más. Tiene más colores.

Llevaba tantas fajas y corsés; que se le quedó el corazón de avispa.

Lo peor de la gente que se dice buena es que se ahoga en sus vapores de pureza y si no eres como ellos….. ¡Tecrucifican! Así todo junto.

Nació entre tantas normas que el cerebro se le quedó sin aire y creció unido a su silla de ruedas.

Me gusta dormir. Necesito dormir. Da igual el lugar. Siento que dormir es volver a casa.

Colón, colón; una puerta se cierra. Colón, colón; son dos vueltas de llave. Colón, colón; la maldición del lobo, el bautismo del rebaño.

Decir es un verbo ligero, tercera conjugación. Vivir también, pero no es lo mismo.

El miedo siempre complica, porque el miedo siempre disfraza. Sólo hay peleles en Venecia.

Decir es hablar palabras: Aire, brisa, viento.

Gritar hablarlas más fuerte: Galerna, ciclón, tornado.

Saber es un infinitivo. Un verbo; segunda conjugación. Ni aire, ni viento, ni tornado, ni tiempo.

Sólo el desierto es fértil. Sólo en el desierto hay oasis.

Alguna vez me gustaría poder empezar algo sin arrastrar los flecos de lo que hice hace un instante o un millón de ellos. Entrar en un vagón sin maletas y viajar.

Admiro a los caracoles. Allí donde están, está su casa. También a las tortugas.

Hizo todo lo que le dijeron que debía. Fue todo lo que le dijeron que fuera…. Y entre tanto hacer y tanto ser se le olvidó quien era y lo que quería hacer.

Cuando las normas se multiplican tanto que la voluntad se ahoga, hay que ser valiente para respirar.

Es un hecho; la memez compartida produce una sinergia de efectos exponencialmente demoledores.

Disfrazó sus sentimientos. Escondió sus pensamientos. Vivió travestido pero nadie le identificó. ¡Había tantos!

Le dijeron: “no seas puta” y se fueron a vender lo que tenían. Trabajo lo llamaron.

Dicen que la aurora esta hecha de huesos y cenizas resucitados. Debe de ser cierto. Es tan humana…

“Ser o no ser”, pero ¿cómo ser?

¿Querrá el pardal ser halcón? Preguntó la lechuza al búho y se quedaron sin dormir.

Tras millones de silencios, cayó Babel con sus galas, y como en un cuento, se entendieron. Se entendieron porque se sintieron.

Hay veces que un concepto equivocado te tiene prisionero toda la vida. ¿Cuántas cadenas llevaré yo puestas?

Ana Isabel Fariñas


Falso auténtico
Fiel a mí, no fui yo.

Desamor
Y fue gris la luz del Sol sin ti.

Cambio de pareja
Paz sal de mi, ven Mar.

Amor de pago
De dos a tres, no hay más que tú.

Complétame
Sin ti no soy yo

Fanatismo
A la Paz de Dios, vi un gran mal.

* * *

EL dinosaurio (enésima perversión)
Cuando se despertó el Dinosaurio, él no estaba allí.

Sin cuentos
Te quiero contar una historia, pero no nos queda tiempo.

Miguel Ángel Pérez


Soy tu piel, tú mi hiel, 
me fui por fin al tren, 
que mal te vi, vil y gris
sed de mi, sed de ti.

Di dos o di tres
que mas da
un, dos y tres
tris, tras y se va.

Por fin fui fiel
ya sin ti, ya ves
que bien hoy vi
el gris de tu piel vil.

Ron de miel te di
tra de ti, me fui
y no te vi
ven a mi.

Carmen Alonso


Diez mal, dos bien. Sed de luz en mi piel.
Miel de dos ha de ser. Ven a mí y sin ver.
Soy tu ser. Y sin ti voy muy bien.
Hoy muy mal voy sin él. Yo no voy tras de él.

Sofía Montero

Escribir para espantar los miedos

En la sesión del día 18 de marzo hablamos de la escritura como herramienta para conjurar los miedos.
¿Cómo son nuestros miedos?, ¿cuáles son las cosas que nos aterran?, ¿nuestros miedos de ahora son iguales a los miedos de infancia?
Tomamos como referencia dos grandes libros publicados en la editorial Páginas de Espuma y los analizamos en el taller. Por un lado Casa de muñecas de Patricia Esteban Erlés (con ilustraciones de Sara Morante) y para completar el tema Ajuar funerario de Fernando Iwasaki

Reproducimos a continuación dos cuentos de Iwasaki, uno de ellos nos sirvió para enlazar su libro con el de Casa de muñecas de Patricia.


Día de difuntos
Cuando llegué al tanatorio, encontré a mi madre enlutada en las escaleras.
–Pero mamá, tú estás muerta.
–Tú también, mi niño.
Y nos abrazamos desconsolados.

La casa de muñecas
La compré en una tienda de antigüedades porque me fascinó su desmesurada ambición por la miniatura.
Cada habitación era de una riqueza maniática, pues en los baños se veían los tubos abiertos de pasta de dientes, sobre las mesas se deshojaban cuadernos garabateados con letras minúsculas y en la cocina distinguí una alacena colmada de botes y conservas con etiquetas miniadas por un artista dementes. Pero lo más asombroso fue descubrir otra casa de muñecas dentro de la casa de muñecas, minuciosamente decorada como una pesadilla. Lo único que me chocaba era la infinita tristeza de las figuras que la habitaban. Me la llevé a casa y la instalé en mi dormitorio, sobre la mesa de caoba maciza.
Aquella noche me despertó una luz asmática y di un salto tremendo cuando advertí que el resplandor provenía de la casa de muñecas. Corrí hasta la mesa de caoba y contemplé aterrado cómo brillaba el interior de la diminuta casa de muñecas que estaba dentro de la casa de muñecas, mientras todas las figuras de la casa corrían hacia la habitación maldita. No me di cuenta cuando entraron en mi cuarto.
La policía ha levantado el cadáver y busca en vano pistas por el suelo. Sin embargo, nadie ha reparado en la nueva habitación de la casa de muñecas. La figura no me hace justicia, pero la mesa de caoba es igualita.

Y dejamos aquí una entrevista a Iwasaki en www.literaturas.com.
Y esta fue la propuesta de escritura: Imagínate por un momento en tu propio velatorio. Alrededor hay muchos amigos y familiares. Todos piensan que estás muerto pero tú sigues ahí, con los ojos cerrados pero oyendo todo lo que dicen. Cuéntanoslo.
El libro de Patricia nos sirvió para meter los miedos dentro de casa. Hablamos de la simbología de la palabra casa y de cómo el miedo es diferente en cada una de las estancias.


Reproducimos a continuación algunas de sus ficciones:

Intimidad con el muñeco
Jugamos. Yo le arranco sus ojos azules y los coloco en la palma de mi mano, como si fueran canicas. Él me cuenta qué ve.

La traidora
Cuando por fin junté el valor para despedirme le conté a mi muñeca que nos quedaban pocas tardes de juego. Por primera vez desde que la conocía guardó silencio. Esperé un tiempo prudencial. No reaccionó y entonces le susurré muy trágica que había escuchado al doctor decirles a mis padres que me estaba muriendo de tuberculosis. Tuberculosis, silabeé. Me quedaré muy flaca y escupiré sangre en el pañuelo sin parar. Ni siquiera cumpliré once años. La muñeca asintió, negligente, y volvió los ojos helados hacia algo que estaba situado a mi espalda, quizás en dirección a la estantería de mi hermana pequeña. Aquella misma noche, mientras me acostaba, le confesé a mi madre con una extraña voz de adulta que había decidido con cuál de mis juguetes quería ser amortajada.

Cineclub
Nos gusta filmar películas pornográficas en nuestro dormitorio. Como cuando estábamos vivos.

Carne fresca
Me gusta abrir el frigorífico y que tú estés ahí.

Y dejamos aquí una entrevista con Patricia y con Sara en la revista www.culturamas.es
Y esta fue la propuesta de escritura: ¿Cuál era el rincón de tu casa que más miedo te daba? ¿Recuerdas cuáles eran tus miedos en la infancia?


Aquí están algunos de los trabajos de los componentes del taller de escritura:

La cama
Nunca quería irse a dormir. Su habitación, su cama, era tierra enemiga. Tierra donde solían acampar los hijos de los hijos de los hijos de las sombras con sus hijos.
En cuanto cerraba los ojos, les oía.
Al principio, entre susurros, se limitaban a contar sus gestas; pero luego, en poco tiempo se emborrachaban con sus triunfos, todos macabros; y a voces, exhibían sus trofeos. Ella no quería ser uno de ellos.
Por eso, cuando sus inconscientes padres la obligaban a acostarse; cuando aterrada se quedaba sola en aquel país tan hostil, cubría su suelo y su cielo con muñecas y peluches. Después, sin hacer un ruido, se escondía entre ellos.
Sabía que no podía descuidarse; pero tal vez así, oculta como estaba; si el sueño la vencía; las sombras y sus hijos no la encontraran.

El Funeral
He visto un muerto. Un muerto muerto.
Me llamaron. Fui. Le vi. No le conocí.
Un muerto es un durmiente que duerme sueños fríos.
Su cuerpo se pudre. Fermenta a la vista de todos.

He visto un muerto. Un muerto muerto.
Me llamaron. Fui. Le vi. No le conocí.
Cuatro calvarios entonaron un Réquiem: “Eco de Ecos”.
Enterrar es olvidar. Olvidar es fácil.

He visto un muerto. Un muerto muerto.
Me llamaron. Fui. Me vi. No me conocí.

Su familia rogó una oración por el eterno descanso de su alma.
Mi familia rogó una oración por el eterno descanso de mi alma.

“Padre…Ave…Gloria…AMEN
Padre…AveGloriaAMEN
PadreaAveGlorAMEN
Padreveriamen
Padr

El cuarto oscuro
Las hermanitas les dijeron en el cole, que si eran malas las llamas del infierno las consumirían eternamente. Para que lo comprendieran bien; bajaron las persianas, cerraron la puerta, y cuanto todo estuvo en silencio, les hablaron de un precipicio inmenso donde Dios arrojaba a los malvados. Estaba lleno. Allí, unos seres monstruosamente crueles, empuñando tenedores gigantes les obligaban a caminar sin detenerse a través del fuego. Un fuego que nunca se extinguía porque un reloj maldito le azuzaba sin cesar, mientras sus dos manecillas repetían incansables “para siempre, para siempre, para…”. Cuando levantaron las persianas, apenas quedaban supervivientes. ¡Benditas sean!

La pesadilla
Lo peor de sus pesadillas, no eran las pesadillas, que eran terribles. Tampoco, ese momento de despertar repentino y sudoroso, casi sin aire; donde los monstruos que vivían debajo de su cama y le buscaban para devorarle, -fugaces-, eran sustituidos por una estela de pánico de duración incierta.
Lo peor de sus pesadillas era el pis. Sí, el pis. Porque cuando emergía del terror y por fin se consideraba a salvo de esas bestias insaciables que corroían su descanso, su cuerpo ¡ay su cuerpo!... su cuerpo reclamaba con urgencia un baño; y el baño estaba en los confines de la casa.
El camino era extremadamente peligroso. Conocía bien la noche. La oscuridad era una boca hambrienta que vomitaba personajes siniestros con dientes y dedos afilados.
Si en un acto de valentía, conseguía sacar las manos de debajo de las mantas y llegar al interruptor que él sabía sobre la mesilla, junto a su cama; entonces, sólo entonces lo que le ocurría tenía solución; porque tras una luz llegaría a otra, y tras esa a otra y luego a otra y a otra… y a otra más; hasta que finalmente con el trayecto despejado, el pis quedaría fuera de su cuerpo, donde mamá decía que debía de estar: en el baño. Luego volvería tiritando a su cama dejando todo como estaba: iluminado. A la mañana siguiente, mamá le reñiría: “¡las lámparas! ¡las bombillas! ¡las lámparas!” pero eso, eso sería mañana. Además mamá era tan buena que mientras le reñía, le besaba. Si pudiera ir a su cama…, allí seguro que no pasaba nada.

El miedo
Nunca me ha gustado que me llamen cobarde. Me da miedo, mucho miedo que la gente piense que hay algo o alguien capaz de atemorizarme. Por eso estoy aquí, escondido, vigilando todo lo que dicen de mí; dilucidando lo que dicen, lo que piensan. Lo que piensan sobre mí. Porque no me gusta, nunca me ha gustado que me llamen cobarde. A mí; no hay nada, no hay nadie capaz de atemorizarme.

Las muñecas de porcelana
Siempre aborrecí las preciosas muñecas de porcelana engalanadas con encajes. Tan inexpresivas con esos ojos tan grandes. Verlas me producía un escalofrío inexplicable. Eran tan frías como la piel de la serpiente. Extendían sus brazos para abrazarme, pero yo sabía que ese abrazo llevaba veneno. El veneno del almidón que abullona la tela para disimular que tras él, en lugar de corazón hay látex.

El vino
Debajo de mi casa, en el sótano; guardan mis padres el vino. ¿Por qué lo tendrán allí? El sótano es un lugar opaco y tenebroso donde sólo hay ruidos raros. Los hacen los fantasmas.

El dentista
Tuvo la terrible mala suerte de que sus dientes nuevos brotaran sin orden. Los caninos, excesivamente altos, ocupaban espacios que no debían y los incisivos se apelotonaban en la entrada girando sobre ellos mismos, como si su máximo interés fuera supervisar la amígdala, esa amígdala que tantas veces se inflamaba. Un hombre de bata blanca y sonrisa ordenada, sentenció: ”tiene solución” Desde entonces cada dos semanas, cada mes a lo sumo, se repetía la tortura del alambre. Daba igual que él llorara o vomitara.

La tormenta
Siempre tuvo pánico al trueno. Desde niña, el rayo la obsesionaba. No podía ser bueno algo que si te tocaba, te mataba.
Cuando decidió ir a la verbena, nadie esperaba que…
Cuando estalló la tormenta, sus padres fueron a buscarla. Nadie imaginó que a la puerta de su casa, el rayo la esperaba. Saco las llaves y antes de que entrara, cuando su mano giraba…
Siempre tuvo razón; si te tocaba, te mataba.

Ana Isabel Fariña

Miedo, mi miedo
Perdido…
me persigue el MIEDO,
me atenaza la garganta con su manto de sombra oscura…
corro sobre arenas blandas que sujetan las piernas…
Grito: “¡NO PUEDO MOVERME!”
Me hundo en un agujero negro, sin fondo…
MIEDO… MIEDO… MIEDO.
Veo la cabeza como rueda, entre las piedras, empujada por aguas enfurecidas de color pardo-ocre.
Fantasmas multicolores, con sonrisas retorcidas, esperan entre una niebla blanca… muy blanca.
El corazón salta en el pecho en palpitaciones descontroladas,
el estómago se encoge,
el pecho está a punto de estallar…
el esfínter se dispara…
MIEDO… mi miedo…
oscura angustia,
ansiedad sin límite arropada por las sábanas de noches sin luna.
Vómitos lascivos de mil sensaciones recogidas día a día de una sociedad torpe.
Recuerdos genéticos heredados de ancestros en los que la vida era como una bocanada de humo agrio…

¡ME TRAGO EL MIEDO CON UNA TAZA DE CAFÉ Y UNA MAGDALENA!

Me fui
SÍ, SÍ…
¡ESTOY MUERTO!!!!!
¿Acaso ya importa algo?

Vicente M. Martín


Recomposición
Pedí en una de mis últimas recaídas que no me dieran sepultura, ni siquiera que se me incinerase. Me daba horror pensar que mis restos pasasen a constituir materia sobre materia pretérita. Al final, decidí lo que mucho tiempo atrás había sopesado, no sin ciertos ambages dada la anormal resolución final de mi existencia. Solicité que mis restos fueran a parar a la Universidad de Medicina a efectos de que mis órganos pudieran servir a futuros especialistas en seguir investigando diversas patologías, aún incipientes en su curación. Conmigo llegarían tarde, pero al menos, los que viniesen a éste jodido mundo tendrían más posibilidades de llegar a ser un viejo de verdad.
Hoy no he podido levantar mi cabeza como de costumbre. Al hacerlo se me ha ido el cuerpo entero como una pluma levantada por el aire. La sensación ha sido muy placentera. No escuchaba nada, no me dolía nada, nada me importaba. Nada de nada.
Si pude ver junto al plafón de la lámpara del techo, abajo, en el suelo blanco de una habitación mi cuerpo tendido sobre un féretro normal y corriente. A los lados, las luminarias eléctricas encendidas. Una de ellas, no funcionaba con normalidad hasta que se apagó. Comprobé, mientras me desplazaba con levedad a la altura de mi cara como el olor de mi cuerpo se mezclaba con la fragancia empalagosa de las flores y coronas que detrás de mí, ofrecían sus epitafios a los vivos que al otro lado del cristal observaban otro muerto más.
Observé sus caras y rápidamente comencé a buscar. Encontré las caras que deseaba encontrar. Mi viuda, ya de una manera oficial, rodeaba con su brazo a mis hijos, que abrumados aguantaban los besos y caricias de los presentes. Aquellos, que tiempo atrás venían al Hospital y me daban ánimos, señalando incluso la disputa de un partido de tenis en cuanto saliese del centro. No estimaban los muy necios, al menos un cierto periodo de rehabilitación para darle a una pelota. Al fin y al cabo, los enfermos crónicos sabíamos muy bien que cuando empezaban a ponernos fechas para celebrar todo tipo de eventos, nuestro final estaba a los pies de la cama.
Mientras unos murmullos y brazos sin rostro me animaban a desplazarme por otras dimensiones, observé ya desde cierta distancia a unos niños que jugaban con los que habían sido mis hijos, disputándose un globo de color verde mientras mi viuda sonreía y atendía con diligencia a las personas que iban abandonando la sala. Los vivos tienen premura en atender a sus vivos que han dejado en su hogar, ver a la persona amada antes de ir cenar o bien llegar a su casa para descansar y ver su programa favorito.
Cerré los ojos y me deje llevar sin cadena alguna, pensando en lo que podría empezar a partir de lo acontecido y pleno de júbilo al saber que la vida que había dejado volvería a recomponerse milagrosamente…

José Luis Moreno Gutiérrez


Una sombra en el corazón
Entre once y trece años teníamos todas. Yo era la más joven. Aquella tarde fuimos otras dos amigas y yo a celebrar los doce años de María. Era la primera vez que iba a su casa y no podía imaginar en ese momento que iba a volver muchas veces más, que se iban a crear con ella y con sus padres lazos que hasta hoy siguen muy fuertes. Quizás fue ese día el que selló nuestra profunda amistad.
Después de merendar con tarta y velas nos sentamos las cuatro en la hierba primaveral del bosque que tocaba la urbanización y empezamos a hablar de la existencia de los espíritus. Un tema que era capaz en aquel tiempo de ponerme el pelo de punta. Imaginarme que pudiese haber por allí almas errantes, en pena, en busca de salvación, u otras malísimas intentando dañar a los que seguíamos en el mundo de los vivos, me horrorizaba.
A María en cambio le encantaba el tema. Y se divertía mucho contando historias improbables, viendo el impacto que podían tener en mi yo interior.
El hecho es que esa tarde María nos habló de la sombra negra, con un cuchillo en una mano, que se subía cada noche al desván de la morada.
Los padres de María habían comprado aquella casa hacía unos meses, era uno de esos chalés recientes en las afueras de la ciudad, un adosado de tres plantas que daba a un tranquilo bosque, ‘ Le bois de St Jean ‘, donde niños, adolescentes y familias podían disfrutar de todas las estaciones del año sin temor a los coches, y lejos del bullicio de la ciudad.
María nos contó, pues, esa tarde, cómo, cuando por la noche estaba acostada en su habitación de la última planta, y también lo estaban su hermano y sus padres y todo quedaba entonces en silencio, de pronto oía crujir cada uno de los escalones de las escaleras de caracol (desde abajo del todo hasta arriba del todo) con pasos pausados y lentos, hasta que por fin veía pasar delante de su puerta entreabierta aquella sombra que se subía por la pequeña puerta hacia el desván y allí parecía quedarse hasta el día siguiente.
Me acuerdo haber tenido en ese momento los ojos inyectados de lágrimas ácidas, sufrir cada escalón donde la veía mentalmente subir, no poder aguantar la visión, no querer siquiera imaginarme quién sería ese fantasma, por qué venía cada noche, con un cuchillo, a casa de mi amiga y sobre todo, confiar en lo más hondo de mi ser, en que aquella aparición no tuviese ninguna mala intención en contra de María.
Bien se puede comprender el pánico que sentía cada vez que, al hacerme muy amiga de ella, iba a dormir a su casa y me tocaba a veces, por una razón u otra (detrás de las cuales sospechaba a veces María de mandarme aposta y a modo de prueba), subía a buscar algo a la habitación o esperaba por la noche sola durante el rato en que mi amiga terminaba de cepillarse los dientes en el cuarto de baño contiguo.
Yo nunca vi a la sombra negra. Pero la presentía, la sentía en cada uno de mis poros en alerta, la intuía impasible y cruel.
Hoy María ya no está. Hace mucho, muchísimo que se fue.
No sé si la aparición oscura tuvo algo que ver. Siempre me lo he preguntado.
Sus padres vendieron la casa como para deshacerse de la tristeza de la pérdida de su hija. Y luego se separaron, para no tener que compartir ese dolor eterno.
La casa sigue en pie. Allí tienen que vivir otras gentes, otras familias.
A veces me pregunto si sigue allí el espectro. Si cada noche sigue subiéndose al desván.
Yo, después de todo esto, me aferré a la idea de que María pudiese, igual que la sombra, venir a visitarme por las noches. Nunca la he visto. Pero la intuyo, la presiento, sé que está muy cerca. Los primeros años de su ausencia me fijaba mucho en las señales que me mandaba del más allá, para saludarme, para significarme el recuerdo de su amistad. Señales a veces tan personales que a mí me convencieron de su supervivencia.
Hoy en día y después de haber cambiado decenas de veces de vida y de casa, cuando estoy sola, incluso cuando estoy acompañada, y de pronto me parece ver pasar una sombra en el pasillo o asomarse furtivamente detrás de la puerta, pienso que a lo mejor es ella. Cuidándome.
He crecido, ya no tengo los once años de entonces, hoy día he aprendido a vivir con esas sombras y ya no me dan miedo. No tanto.

Sara Pérez


El puto pájaro disecado
El puto pájaro disecado. Ese puto pájaro disecado con los ojos de cristal amarillos, que ya hace falta tener mala hostia para ponerle a un pájaro los ojos amarillos. Si por lo menos hubieran sido cada uno de un color, habría tenido un toque ridículo y yo no me habría muerto de miedo cada vez que tenía que ir al cuarto de los trastos a por algo. Algo que me mandaban por supuesto, yo allí jamás hubiera "motu propio".
El cuarto de los trastos era, como muy bien indica su nombre, un cuarto que sobraba en mi casa, y era donde mi madre daba rienda suelta a su síndrome de Diógenes. ¿Por qué cuarto de los trastos, en vez de trastero? Vaya usted a saber, yo lo que sé es que a mí me daba pánico entra allí y ver aquella perfecta definición de pajarraco mirándome con cara de mala hostia y ojos de “ten cuidado y no me pierdas de vista, que voy a por ti”.
Afortunadamente, el pájaro desapareció de casa, yo he crecido, y ya no me da miedo... Siempre y cuando no tenga que entrar en el cuarto de los trastos, no vaya a ser que su fantasma esté allí esperándome.

Elena Vicente


Los últimos recuerdos
Noto que me escurro, me estoy marchando y todos ahí sin saber que aún no me he ido.
Me recuerda a cuando de pequeño mi madre alborotaba por toda la casa mientras nosotros nos despertábamos y desde la cama seguíamos sus pasos. Mi hermano y yo jugábamos a Empujones y en una ocasión me hice una pitera de la cual he conservado la cicatriz hasta ahora. Los domingos cuando nos llegaba el olor a masa frita ya no podíamos seguir más tiempo acostados y salíamos corriendo escaleras abajo. Mi hermana pequeña se quedaba llorando arriba con mi padre por que también quería bajar.
Hay demasiada luz ahora mismo en la cocina y no acierto a perfilar las figuras de mi familia. Mi hermana mayor ha abierto la ventana para que se marche el humo y yo me esfumo hacia la luz y los dejo allí a todos comiéndose los buñuelos con miel.

El cuarto oscuro
Paso por delante del cuarto oscuro de mi abuela pero si canto, el canto me protege y no me pasará nada.
Oigo pasos, estoy sola viendo la peli de El Resplandor, pero si cuento hasta cincuenta, el contar me protege y no me pasará nada.
El pasillo es largo y me meo pero si rezo, el rezo me protege y no me pasará nada.
El miedo es oscuro y nunca entraría sola pero si canto, cuento o rezo lo distraigo y me cuelo.

Antonia Oliva


Miedos insuperables
Durante mi infancia, sin motivo aparente, soñaba que caía al patio interior del edificio. Tenía algo de sórdido. Su tenebrosidad, sus losetas de azulejo ladrillo siempre sucio y su reja central le daban un aspecto de patio carcelario con fregonas. Quizá fuese eso. Pero el caso es que al menos un par de veces por semana sentía una realísima sensación vertiginosa mientras me precipitaba, por la parte que da a la terraza de mis progenitores. Lo he recordado hoy. He vuelto por última vez a casa de mis padres, después de muchos años. Y aunque es obvio que mi cabeza deambulaba por otros territorios, alguna neurona díscola me lo trajo a la cabeza, con un pensamiento: “Debes enfrentarte a tus miedos si quieres superarlos”. De repente, tal vez porque no iba a tener otra ocasión, he vuelto a la terraza y me he asomado a ese patio. La teoría sobre los miedos es una patochada, pero ya no puedo confirmarlo.

Tentando el mal
Siempre he creído que El Mal nos acecha en la oscuridad, en forma de espíritus resentidos que la luz reprime. La conclusión no es gratuita; siempre he sentido admiración por lo oculto y soy un gran estudioso de la materia. Superada la fase de estudio y enunciación, no queda sino llevarlo al terreno del empirismo. Por eso he decidido venir a esta casa abandonada y deambular a oscuras toda la noche. Tras un par de horas he tropezado, son resultado de fractura de tibia y peroné. Al final tuve mi fenómeno para anormal.

Ni muerto calla
Ha pasado por aquí Acisclo, el tío abuelo del pueblo. Creo que no le veía desde la adolescencia, porque desde que falleció la abuela, allí no volvimos. También Carlos y Rufo, yo pensaba que esto ni fu ni fa. Y no han venido Adolfo y Néstor, con ellos si contaba. Ha pasado también Rosa, sin su novio ¡A buenas horas la pillo sin él! Mi padre se ha asomado un par de veces, no adivino si está enfadadísimo o hundido. Y aquí al lado, todo el rato, mi madre, preguntando continuamente porqué he tenido que hacerlo y qué ha hecho ella para merecer eso. Parece que ni muerto voy a librarme de sus broncas.

Miguel Ángel Pérez


Queria un muñeco que no se riese.
Por la noche cuando me iba a la cama mis muñecas tomaban vida. Su risa no me dejaba dormir.
Yo me tapaba con el embozo de la sábana la cabeza y de vez en cuando miraba hacia el armario donde todas las noches las metia, porque ellas se ponian a jugar y no me dejaban entrar en sus juegos.
El rincón donde estaba el armario me producía terror. La claridad que entraba por la ventana proyectaba unas sombras sobre él que parecia que todo se movia y se alargaban hasta que alcanzaban los pies de la cama.
El dia de Reyes llegó Nacho, un muñeco grande, con mofletes y serio. Este es el que yo queria.
Por las noches yo le dejaba sentado en una silla frente a mi, velando mis sueños y las muñecas ya no alborotaban, sabian que Nacho se enfadaría con ellas.

Carmen Alonso