Señala María José Olaziregi Alustia en su artículo "La trayectoria literaria de Bernardo Atxaga":
"Con la perspectiva que nos da el tiempo transcurrido desde su publicación, creemos que el valor y la influencia literaria de esta obra es realmente importante.
Además de constituirse en la precursora de lo que hemos dado en llamar el “periodo realista”, es asimismo un texto post-vanguardista y renovador...
Se puede decir que Henry Bengoa Inventarium es un collage compuesto de diferentes textos, al que se incorporan, junto con el inventario de las pertenencias de Henry, narraciones, poemas y canciones de atores diversos. Y, por difícil que parezca, una estructura en apariencia tan aséptica como el inventario es capaz de ofrecernos una imagen expresiva del amigo desaparecido, desde su ropa y sus medicinas hasta los mensajes dejados a su novia, de un modo breve y directo.
También a nosotros se nos rompió algo en el corazón (KRA!) cuando escuchamos/leímos por primera vez la historia de un Henry Bengoa condenado a la automarginación social por el amor a una terrorista miembro de la banda Baader-Meinhoff. Además de ser uno de los textos más sugestivos de Bernardo Atxaga, esta obra condicionó su nueva orientación poética y narrativa y se constituyó en el primer trabajo del grupo Emak Bakia Baita. De nuevo al igual que sucediera con Pott o con Ustela, Atxaga buscó la complicidad literaria de sus amigos para poder llevar a cabo un nuevo proyecto literario."HENRY BENGOA,
INVENTARIUM(En busca de un amigo desaparecido)
I
Se ha escondido el sol detrás de las casas,
hay sombras en el puente.
No veo amigos: sólo gente extraña
en los lugares del pasado.
He abandonado el reino,
levanté el campamento, lo recuerdo.
En el día señalado, partí
con el as de oros en la mano,
preguntando: “¿Soy yo quien sobra
en los lugares del pasado?”
Cansado del viaje, seré bien recibido
entre los nuevos compañeros.
II
Pasaban los días y los meses, y tus amigos seguíamos sin saber nada de ti, Henry; y pensamos salir en tu búsqueda, partir hacia donde nos señalaba el remite de tu última carta, hacia aquel Gotenstrasse veintisiete cuarto C Hamburgo que tú habías escrito en uno de los ángulos de un sobre color marrón. Poco después, un día de mucha lluvia, tomábamos el tren: en silencio, con oscuros presentimientos, sintiendo que algo se había roto KRA! en nuestro corazón.
Y acompañados siempre por aquella lluvia, atravesamos las llanuras de Francia, hablando del tiempo, intercambiando tabaco con los tres trabajadores árabes que habíamos elegido como compañeros de viaje. Después pasamos por Holanda, de noche, sin alcanzar a ver los campos de tulipanes, los tulipanes amarillos que tú, Henry, solías regalar en nombre del sol, entonces, cuando los viejos tiempos de la adolescencia, cuando ni siquiera imaginábamos que un día algo se iba a romper KRA! en nuestro corazón.
Y atravesamos ciudades y pueblos, y luego, por fin, vimos una mancha roja en el cielo, como si alguien hubiera dado allí una cuchillada, como si una nube estuviera desangrándose; y uno de los árabes señaló aquella mancha y dijo Es el puerto de Hamburgo, cuarenta mil barcos al año, ocho mil obreros, ojalá no tengamos problemas con la policía, si me obligaran a volver a mi país algo se me rompería KRA! en el corazón.
Y hacía frío en Hamburgo, y sus calles estaban completamente vacías; y los veleros del lago Binnen, atracados en uno de los muelles, parecían mariposas heladas, blancas, reunidas allí para no morir en soledad. De vez en cuando, ladraba un perro, y su ladrido se perdía en el viento, como nuestras llamadas; porque te llamábamos de todas las cabinas y tú nunca contestabas; porque estaba escrito que aquel día algo, definitivamente, iba a quedar roto KRA! en nuestro corazón.
Vimos entonces un coche con la palabra Taxi en una de sus puertas. ¿Taxi? preguntamos, Sí, ja, claro. Taxi, nos respondió el conductor. Por favor, bitte, le rogamos esta dirección, Gotenstrasse veintisiete, ¿Gotenstrasse?, Ah, sí, ja, claro, Gotenstrasse, sí, por favor, rápido, bitte. Y como volvía a llover, el conductor encendió el limpiaparabrisas antes de salir. Al pasar por Saint Pauli vimos a las putas pasear con gabardinas transparentes: mostraban a todo el mundo que algo se había roto KRA! en su corazón.
Nada más entrar nosotros en el edificio, el administrador nos recibió gritando. ¿Dónde está Henry Bengoa! ¿Quién va a pagar los meses que debe! Supimos entonces que faltabas desde hacía tiempo, que habías desaparecido de Hamburgo igual que antes habías desaparecido de entre nosotros; y cuando el administrador nos exigió que hiciéramos un inventario de tus cosas, algo se rompió KRA! en nuestro corazón.
Entramos así, con el corazón roto, en tu apartamento, y vimos que la cama estaba deshecha, que había papeles por el suelo, restos de cigarrillos en la mesilla. No quiero KRA! saber nada, dijo el administrador; hagan el inventario y luego váyanse de aquí KRA!; ustedes, la gente como ustedes, ustedes son los culpables KRA! de todo. Calla, cerdo, le dijimos cerrándole la puerta.
Luego cogimos unos folios y, empezando con el armario, nos pusimos a tomar nota de todo lo que tú habías dejado allí.
INVENTARIO
OBJETOS PERSONALES DE HENRY BENGOA
-Seis pares de calcetines negros
-Cinco camisetas blancas.
-Diez slips blancos.
-Cinco camisas grises.
-Dos jerseys azules de lana.
-Tres jerseys azules de lana.
-Una cazadora negra de pana, con los bolsillos vacíos.
-Una cazadora gris de franela, ye n los bolsillos:
-Un peine.
-Un pañuelo
-Un paquete medio vacío de Camel.Y en la superficie del paquete, una anotación:
“Preguntad dónde, o cuándo, o cómo, pero no preguntéis por qué; cada otoño enroje en el árbol una manzana, allá, colgada de la rama más alta: sé dónde, cuándo y cómo, pero si preguntáis por qué, deberé contestaros por necesidad; y ni siquiera sé qué significa esta palabra”.
-Una chaqueta de piel con los bolsillos vacíos.
-Unos pantalones negros de pana con los bolsillos vacíos.
-Unos pantalones verdes de pana, y en los bolsillos:
-Un pañuelo
-Una caja de cerillas, nueva.
-Una tarjeta de autobús, usada.Y, en la tarjeta, una anotación:“En el muelle principal del puerto, un carguero. Su nombre,
Flamingo. Su color, azul claro, se confunde con el cielo azul de la tarde. El barco parece muy frágil, demasiado delicado para transportar por los mares cargas pesadas.”
-Otro pañuelo, éste de papel.
-Otra caja de cerillas.
-Dos llaves pequeñas.
-Dieciséis marcos, en moneda.
-Una ficha de papel, y en ella, escrito:“Un barco parece un barco hecho para navegar, pero su fin no es navegar sino llegar a puerto. Nosotros navegamos sin conocer el puerto que deberíamos tomar como refugio. Recreamos así, en una dolorosa versión, aquel lema aventurero de los antiguos nautas: navegar es necesario, vivir no lo es.”
-Unos pantalones azules, de mahón.
-Un impermeable negro, con la inscripción It is raining.
-Una gabardina marrón, pasada de moda, y en uno de sus bolsillos:
-Una tarjeta postal, con la fotografía de un monte de Colombia.“¿Qué tal, Henry? Aquí andamos, subiendo y bajando sin parar. Es tan hermoso como nos aseguraron, pero llegar hasta aquí es muy complicado. Lo más impresionante, la resonancia el agua. Que los pases bien. Hasta la vista.”
-Una llave pequeña.
-Una tarjeta de autobús, totalmente picada.
-Un posavasos de cervecería. En un parte dice: Hermann’s Bar. En la otra figura una anotación:“Me acuerdo de Matilda cada vez que oigo una canción de amor como
Hung Up. Me acuerdo siempre de Matilda.”
HUNG UP
No hay nada que decir, lo oí claramente,
me rebajaban, y no sólo con palabras;
supe al fin que hablaban de mí,
ayer te llamé, no puede contactar.
Y me tienes colgado,
colgado, estoy colgado.
Un cheque a tu nombre, un cheque en el bar
para olvidar lo que dicen de ti;
tus ojos de diamante, eso es lo que quiero recordar,
los preciosos recuerdos desdeñados
Y me tienes colgado,
colgado, estoy colgado.
Ya sé que nada es eterno,
te llamo y tú no respondes,
ésa es tu arma, no responder,
señal vacía en el hombre que quieres olvidar.
Y en los bajos del armario:
-Unos zapatos negros de piel.
-Unas zapatillas blancas de lona.
-Betún negro.
-Trapos manchados de betún.
-Un par de cepillos.Y en otra parte del armario:
-Un casco negro de motorista.
-Unos guantes negros.
-Un destornillador.
-Una esponja.Y en el cajón del armario:-Una caja vacía de Frenadol.
-Una caja vacía de Clamoxil.
-Una caja de Misolvón, con su prospecto.
-Una caja de Trianuride.
-Un par de cajas de Optalidón.
-Una caja de Tranxilium.
-Una caja de Valium, con su prospecto.
Y en el prospecto tres líneas subrayadas con rotulador negro:“Tensión psíquica, ansiedad, excitación, agitación, rasgos hipocondríacos, neurastenias, estados distímicos, psiconeurosis, neurosis obsesivas.”
-Alka Seltzer.
-Nervolsion
-Termolgin
-Bendalina.En la puerta del armario, por el interior, un folio fijado con cello a la madera y en él un poema manuscrito:
Dices “Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos
en esta desolada languidez.
Donde vuelvo mis ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí”.
No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios
llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma.
Otra no busques –no la hay–,
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.
Y también en la parte interior del armario:-Una servilleta de papel clavada con chinchetas en la madera. En el borde de la servilleta hay una dedicatoria firmada:
A Henry Bengoa para que me recuerde en Hamburgo. La firma es ilegible. A continuación, un poema de siete líneas:
Me llamo Mary Landford.
Mis manos son pequeñas.
Mis pies son pequeños.
Mi cabello es negro.
Mis pechos son pequeños.
No soy muy alta.
Me he descrito en veintiocho segundos.
Y en la parte baja del armario, amontonados:-Una alfombra vieja de color rojizo.
-Un póster medio roto de un cuatro de Chagall.
-Una guía de teléfonos.
-Un disco rayado.
Y en la cubierta del disco, una canción subrayada:
The Age of Self, La Era del Individuo.
THE AGE OF SELF
El proletariado ha muerto, dicen.
Somos consumidores,
hemos progresado.
Somos gente, nada más.
Unos viven muy bien,
otros malviven.
No os preocupéis de los últimos:
éste es el tiempo de los triunfadores.
Creo que si olvidamos las raíces,
si olvidamos dónde estamos,
todo el movimiento se desintegrará.
Dicen que necesitamos
una apariencia moderna,
como si no supiéramos
que el problema es más grave.
Mientras unos actúan
como en una comedia,
los obreros todavía
mueren trabajando.
Ante la puerta de la cocina, justo delante de la cama y bajo una ventana, hay una mesa de bricolaje, y en la mesa:-Un fragmento de una hoja arrancada de la guía de teléfonos, y en ese fragmento:
SMITH, Friedrich 77 98 672
SMITH, María 77 66 234
SMITH, Matilda 77 91 555
SMITH, Peter 77 37 281
Y entre todos los nombres y números, subrayado:
-SMITH, Matilda 77 91 555
Y en la parte trasera de la mesa, atrapado entre la pared y la madera, un cuaderno de tapas duras. En la cubierta dice:
HENRY BENGOA
POEMAS, CUENTOS Y COMENTARIOS
Mirando al cuaderno, da la impresión de que alguien –el mismo Henry Bengoa, probablemente– ha querido destrozarlo, porque las cubiertas y las hojas están desgarradas. Pero, quizá por el cartón, bastante duro, seis de las páginas escritas por Henry quedaron enteras y legibles.
Y en la primera página, un poema de amor:“También el último de todos los días,
cuando los perros rotos apasionados por las noches
frías, rotas, apasionadas por los venenos
escondidos en las habitaciones de los pequeños
hoteles amarillos,
atraviesen los hilos de plata del último atardecer
con odio,
para vomitar sus ladridos junto a los cristales
de mi ventana roja
de madera, para disparar canciones negras como
los líquidos malolientes
y perdidos de estas calles,
para expulsar miradas que aplastarán tus recuerdos
y mi sonrisa,
que acuchillarán tus cartas;
también el último de todos los días
escribiré para ti.
Recogeré algunas palabras de entre los restos blancos
de las colillas,
de entre los restos verdes de las botellas de cerveza,
repetiré contra todos los perros rotos apasionados
por las noches frías apasionadas por
los venenos
todos los gritos dulces como Mi amor,
te necesito;
repetiré contra todas las cosas imposibles
todos tus nombres,
será la despedida,
será como la despedida de cualquier muchacho
cero
con dos o tres corazones cero
de papel;
repetiré Tú el más gris de los mares,
repetiré Tus ojos pequeños;
condenado a construir frases inconexas,
también el último de todos los días
escribiré para ti”
Y, en la segunda página del cuaderno de Henry Bengoa, un cuento:CUATRO JINETES
Al cumplirse el plazo de siete años, el gobernador reunión en palacio a los paladines. Los elegidos estaban muy contentos. Y así, una tarde, partieron los cuatro hacia los cuatro puntos cardinales, en busca de la felicidad para el pueblo. Era costumbre antigua contar a su regreso lo que habían visto y mostrar las maravillas que traían consigo.
El tiempo corre más que el caballo más raudo, y pasaron con rapidez los días y los años.
El primer paladín no trajo nada, pues nada de lo que vio le llamó la atención. Dijo que su viaje habían sido vano, que no se vivía en parte alguna mejor que n la propia casa y que no merecía la pena el andar por ahí, vagabundeando, sin rumbo fijo.
El segundo regresó medio enloquecido, pero mudo, sin poder contar nada. envejecido, su rostro no mostraba otra señalo que la de la huida de la juventud. Ni sonrisa, ni llanto.
El tercer jinete, que se había dirigido al norte, regresó satisfecho. describió los usos de los países remotos. Después, habló del modo más conveniente de legislar, y aconsejó que aprendiese y pusiesen en práctica aquellas costumbres. el pueblo sospechaba algo turbio, pero, como él había dicho, no quedaba otra solución que la de adoptar los usos foráneos, aunque en opinión de algunos fuesen execrables. Mediante engaños y felonías, valiéndose de añagazas y crímenes, se hizo con el poder. Aplastó sin piedad a todos aquellos en quienes veía posibles rivales.
Tras asesinar al anterior gobernador, lanzó una terrible arenga en que decía que a partir de entonces daba comienzo una era de grandeza. Al día siguiente, prohibió por un decreto que nadie traspasara las fronteras del reino, y, aunque representaba un atentado contra la tradición, prohibió asimismo que en adelante se enviasen paladines a los cuatro puntos cardinales.
El paladín que partiera hacia el sur nunca regresó.
Y, en la tercera hoja del cuaderno de Henry, otro cuento:EL CRIADO DEL RICO MERCADER
Érase una vez, en la ciudad de Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no era como todas; porque esa mañana vio a la Muerte en el mercado y porque la Muerte le hizo un gesto.
Aterrado, el criado volvió a la casa del mercader.
-Amo –le dijo-, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.
-Pero, ¿por qué quieres huir?
-Porque he visto a la Muerte en el mercado y me hecho un gesto de amenaza.
El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo; y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.
Por la tarde, el propio mercader fue al mercado, y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.
-Muerte –le dijo acercándose a ella-, ¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?
-¿Un gesto de amenaza? –contestó la Muerte-.
No, no ha sido un gesto de amenaza, sino de asombro.
Me ha sorprendido verlo aquí, tan lejos de Ispahán, porque hoy en la noche debo llevarme en Ispahán a tu criado.
En la cuarta página del cuaderno de Henry, un comentario sobre el
Criado del rico mercader.
“Algunos piensan que la vida es como una tirada de dados. Dicen que apenas nacemos, tenemos ya un destino. Como caigan los dados, así será el juego. Según sea el modo en que nazcamos, así nos irá en la vida.
Otros, en cambio, creen que en la vida hay más libertad. Desde su punto de vista, la vida sería como el ajedrez. Podemos mover cualquier pieza, pero una vez hecho el movimiento, ese acto se convierte en irreversible y fatal. Uno no puede volverse atrás. El juego no puede continuar a partir de otra posición. se debe continuar desde aquélla, se quiera o no.
La fatalidad primera, la de los dados, me atemoriza al principio, pero luego me lleva a una resignada serenidad. La segunda, en cambio, me aflige siempre. No me gusta mi vida.
Me pregunto si es posible luchar contra la fatalidad.
Quizá en la vida no sea posible, pero sí lo es en los sueños. En sueños podemos luchar incluso con la Muerte. La historia del criado que la Muerte quiere llevarse, podría ser otra cosa. Esta que ahora escribo aquí, por ejemplo:
–PERO, ¿POR QUÉ QUIERES HUIR? –le preguntó el mercader.
–Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.
El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo; y el criado partió con la esperanza de estar esa noche en Ispahán.
El caballo era fuerte y rápido, y, como esperaba, el criado llegó a Ispahán con las primeras estrellas. Comenzó a llamar cada por casa, pidiendo amparo.
–Esto escapando de la muerte y os pido asilo –decía a los que le escuchaban.
Pero aquella gente se atemorizaba al oír mencionar a la Muerte y le cerraban las puertas.
El criado recorrió durante tres, cuatro, cinco horas las calles de Ispahán, llamando a las puertas y fatigándose en vano. Poco antes del amanere llegó a la casa de un hombre que se llamaba Kalbum Dahabin.
–La Muerte me ha hecho un gesto de amenaza esta mañana, en el mercado de Bagdad, y vengo huyendo de allí. Te lo ruego, dame refugio.
–Si la Muerte te ha amenazado en Bagdad –le dijo Kalbum Dahabin–, no se habrá quedado allí. Te ha seguido a Ispahán, tenlo por seguro. Estará ya dentro de nuestras murallas, porque la noche toca a su fin.
–Entonces, ¡estoy perdido! –exclamó el criado.
–No desesperes todavía –contestó Kalbum–. Si puedes seguir vivo hasta que salga el sol, te habrás salvado. Si la Muerte ha decidido llevarte esta noche y no consigue su propósito, no podrá arrebatarte nunca más.
Ésa es la ley.
–Pero, ¿qué debo hacer? –preguntó el criado.
–Vamos cuanto antes a la tienda que tengo en la plaza –le ordenó Kalbum, cerrando tras sí la puerta de la casa.
Mientras tanto, la Muerte se acercaba a las puertas de la muralla de Ispahán. El cielo de la ciudad comenzaba a clarear.
–La aurora llegará de un momento a otro –pensó–. Tengo que darme prisa. De lo contrario, perderé al criado.
Entró por fin a Ispahán, y husmeó entre los miles de olores de la ciudad buscando el del criado que había huido a Bagdad; y enseguida descubrió que era en la tienda de Kalbum Dahabin donde aquél se hallaba. Se dirigió hacia allí apresuradamente.
En el horizonte empezó a levantarse una débil neblina. Pronto el sol se adueñará del mundo.
La Muerte llegó a la tienda de Kalbum. Abrió la puerta de golpe... y entonces sus ojos se llenaron de desconcierto. Porque en aquella tienda no vio sólo a un criado, sino a cinco, siete, diez criados iguales al que buscaba.
Miró de soslayo a la ventana. Los primeros rayos del sol brillaban ya en la cortina blanca. ¿Qué sucedía allí? ¿Por qué había tantos criados en la tienda?
No le quedaba tiempo para averiguaciones. Agarró a uno de los criados que estaban en el centro de la sala y salió a la calle. la luz inundaba todo el cielo.
Aquel día, la gente de Ispahán anduvo lamentándose y maldiciendo.
–Esta mañana –decían–, cuando me he levantado de la cama y he mirado por la ventana, he visto a un ladrón vestido de negro y con un espejo bajo el brazo. Maldito sea quien ha robado a un hombre tan bueno como Kalbum Dahabin, el fabricante de espejos.
Esta versión llega hasta la quinta página del cuaderno de Henry. Más abajo dice: “A veces, echo en falta los amores al antiguo estilo”. Luego, primorosamente copiados, vienen los versos de una vieja balada:
ANA JUANIXE
Yo me hallaba un día
sobre unos costales,
vendiendo costales,
si no vendiendo trigo.
Tres damas vinieron,
una detrás de otra,
la tercera me preguntó
que a cuánto era el trigo.
–Para las demás por oro.
Para ti, por un beso.
–No me avergüences, por favor,
con la plaza tan llena.
Si me lo dijeras
en lugar secreto,
el trigo, tú y yo
nos arreglaríamos.
Mi madre hornea
mañana y tarde.
Demos un paseo
mientras ella hornea.
la madre regresa
y huele a hombre en casa.
–Ana Juanixe, Ana Juanixe,
¿Quién ha estado en casa?
–Katalin, la vecina,
mientras usted horneaba.
–No es ésta Katalin,
tiene barba en el mentón.
¡Espera, muchacho,
que encienda la luz,
que encienda la luz
y vea quién eres!
–Madre, usted quiere
que me ponga enferma.
La luz, cuando viene,
me oscurece el alma.
¡Sal, muchacho, sal
por esa ventana,
para que mi madre
no sospeche nada!
(Hacía frío en Hamburgo y sus calles estaban completamente vacías; y los veleros del lago Binnen, atracados en uno de los muelles, parecían mariposas heladas, blancas, reunidas allí para no morir en soledad. De vez en cuando, ladraba un perro, y su ladrido se perdía con el viento, como nuestras llamadas; porque te llamábamos de todas las cabinas y tú nunca contestabas; porque estaba escrito que aquel día algo, definitivamente, iba a quedar roto KRA! en nuestro corazón.
Nada más entrar nosotros en el edificio, el administrador nos recibió gritando. ¿Dónde está Henry Bengoa? ¿Quién va a pagar los meses que debe! Supimos entonces que faltabas desde hacía tiempo, que habías desaparecido de Hamburgo igual que antes habías desaparecido de entre nosotros; y cuando el administrador nos exigió que hiciéramos un inventario de tus cosas, algo se rompió KRA! en nuestro corazón).
Encima de la cama, sobre las sábanas y las mantas revueltas, hay un cubo de basura, y en el cubo de basura:
–Tres colillas de Camel
–Un pingajo enmohecido que parece el resto de una manzana.
–Un bolígrafo roto.
–Seis malas fotografías hechas con una Polaroid.En la primera fotografía, tomada desde muy lejos, se ve un barco en un muelle del puerto de Hamburgo. El barco está en llamas.
En la segunda fotografía, se ve el mismo barco desde más cerca. La popa está ardiendo. Las chispas ascienden por los mástiles.
En la tercera fotografía no se adivina nada: es una mezcla de colores rojos y azules.
En la cuarta fotografía se ve gente paseando por el puerto, pero no se reconoce ningún rostro.
En la quinta fotografía se ven tres personas, dos hombres y una mujer joven. La mujer lleva una gabardina de color crema, y tiene el pelo corto y pajizo. Los hombres son viejos, quizá jubilados.
La sexta fotografía está tomada en una cafetería y abarca tres mesas. La primera está vacía. en la segunda, una pareja contempla una tetera. En la tercera mesa se ve a la mujer de la gabardina crema, la misma de la quinta fotografía. Mira con el rostro asustado a la cámara. Sobre la fotografía, está escrita con rotulador negro una nota que dice: Matilda Smith, 77 91 555.
Y en el cubo de basura, además:–Otras colillas de Camel.
–Una caja vacía de cerillas.
–Una botella vacía de cerveza.
–Una botella vacía de whisky.
–Un folleto de una tienda de muebles, roto en pedazos.
–Un folleto de un banco, roto en pedazos.
–Una cuartilla arrugada en que se ha comenzado a escribir:Matilda: perdón por esta carta. Soy un desconocido para ti. Nunca te he
–Otra cuartilla arrugada en que se ha comenzado a escribir:Matilda: seguramente te sorprenderá encontrar esta carta en el buzón
–Otra cuartilla arrugada en que se ha comenzado a escribir:Matilda: hace tiempo, cuando paseaba por el puerto, he aquí que empiezo a hacer fotos con la Polaroid, y qué veo... ¡ese tono es repugnante, joder!
–Otra cuartilla arrugada en que se ha comenzado a escribir:A Matilda, la mujer más hermosa que pasea por el puerto. Dirás ¿quién es este tipo? Y contestarás... es un estúpido que no sabe escribir una carta ¡cómo puedo ser tan estúpido!
–Otra cuartilla arrugada en que se ha comenzado a escribir:
Matilda: sin exagerar, éste es el vigésimo intento que hago de escribirte. Es difícil escribir a una persona que no nos conoce. Pero, vaya, para decirlo claro, me gustas mucho, me gustas, me gustas... ¡hostia! ¿No se te ocurre otra palabra? Lo mejor será buscar su teléfono.
Y junto a la cama, en la mesilla de noche, cubiertos de polvo:–Un flexo
–Un libro de poemas de Stevenson.
–Un libro de poemas de Morgenstern.
–Un libro de poemas de Montale.
–Una postal, enviada desde Bilbao:“¿Qué tal, Henry? Los amigos hemos decidido reunirnos con el pretexto de un experimento literario. Por favor, participa. Manda algo, o, si no puedes, ven tú mismo. ¿Cómo estás? ¿Bien? Nosotros igual. Es decir, desesperados. Tres abrazos. Nada de adioses.
Y, fijados a la postal con un clip, dos folios:“Os mando esto para el experimento literario, un homenaje ala capitán Robert Scott. Así dice de él la Enciclopedia: Hizo varias expediciones a la Antártida. En la última, llegó al Polo Sur, veinticuatro días después que el noruego Amundsen. En el regreso, a causa de unas tempestades de nieve, murieron Scott y todos los de la expedición: Evans, Titu Oates, Wilson y Bowers. Su cuerpo y sus notas aparecieron el hielo el doce de noviembre de 1912.”
LAS ÚLTIMAS NOTAS DEL CAPITÁN SCOTT
Jueves 7 de Marzo
Cada día estamos más débiles. El pie izquierdo de Oates tiene muy mal aspecto. Necesitamos cada vez más tiempo para cuidar de nuestros pies. Yo mismo gasto más de una hora cambiando el vendaje de la víspera, y eso que ,en general, soy el más rápido. Esta mañana hemos hecho siete kilómetros. El terreno es muy malo, y no hemos recorrido ni la mitad del camino de los días anteriores, gastando además el doble de energía.
Domingo 11 de Marzo
Se advierte a simple vista que Titus Oates está en las últimas. Sólo Dios sabe qué debería hacer o qué deberíamos hacer nosotros. después del desayuno nos hemos ocupado de él. Oates es un chico encantador, alegre, pero (así nos lo dice el corazón) agradecería mucho algún consejo. Sin embargo, lo único que le hemos dicho es que uno pierda el valor, que siga adelante mientras pueda resistir. Como conclusión práctica de nuestras deliberaciones, ordené a Wilson que repartiera los medicamentos. Así las cosas, ninguno necesita de más explicaciones. Cada uno de nosotros tiene ahora treinta tabletas de opio, y Wilson guarda algunas dosis de morfina como reserva. el asunto está claro.
Si no cambian el tiempo y el terreno, no podremos pasar de diez kilómetros diarios. Tenemos todavía alimento para siete días, y, más o menos, hay noventa kilómetros hasta el depósito de One Tone. Diez por siete, igual setenta. Nos quedarían veinte kilómetros más, y eso si la situación no empeora.
Viernes 16 de Marzo o sábado 17
Así marchó a la muerte Titus Oates: anteayer entró en la tienda con la idea de no volver a despertarse. Sin embargo, ayer despertó vivo. Nos dijo: “Voy a salir. Quizá tarde algo en regresar”. Fuera, la tempestad era espantosa. Se perdió en el blizard blanco y no lo hemos vuelto a ver.
Sólo puedo escribir mientras como, y a ratos. El frío es terrible. Cuarenta grados bajo cero. Mis compañeros intentan mostrarse animosos, pero todos tenemos algo congelado. Aunque nos decimos mutuamente que saldremos de ésta, nadie cree seriamente en tal posibilidad.
Jueves 22 de Marzo
La tempestad no amaina. Wilson y Bowers no han podido salir hacia el depósito. Mañana haremos el último intento. Sólo tenemos combustible y comida para uno o dos turnos. El final se acerca. Hemos decidido que se natural. Seguiremos hacia el depósito y moriremos en el camino.
Y en la mesilla de noche, además:–Un telegrama enviado desde Bilbao:
Experimento literario empieza en Febrero STOP manda pronto lo tuyo STOP ¿te ocurre algo? STOP.
–Otro telegrama enviado desde Bilbao:Todos preocupados STOP ¿Tienes problemas? STOP ¿Otra vez con aquellas negras ideas? STOP ¿Necesitas ayuda? STOP.
–Otro telegrama enviado desde Bilbao:
Nos vamos a Hamburgo STOP no hagas nada hasta que lleguemos STOP tus amigos STOP.
Y en el cajón de la mesilla de noche:–Un reloj viejo, sin agujas.
–Unas tijeras.
–Una pluma Parker con la punta embotada.
–Una fotografía recortada de un periódico y en la fotografía un barco en el puerto de Hamburgo. El barco está en llamas. Y el pie de la fotografía dice:Último atentado del Ejército Rojo de Liberación, reivindicado por el comando Ulrike Meinhoff.
Y sobre la mesilla de noche, además:–Un bolígrafo Lamy.
–Una goma de borrar.
–Un plano de Hamburgo.
–Un diccionario de bolsillo.
–Un retrato robot recortado de un periódico: una mujer joven, de pelo corto, con gabardina; y al pie del retrato robot:
Cinco mil marcos a quien pueda facilitar alguna información sobre el paradero de esta mujer. Veintcinco años, metro setenta y dos, ojos marrones, pelo castaño (aunque lo lleva tenido) Últimamente se hace llamar Matilda Smith.
Y sobre la mesilla de noche, además:
–Un libro de Hemingway.
–Un libro de Ambrose Bierce.
–Un libro de Heinrick Böll.
–Un libro de Chandler.Y en el libro de Chandler:
–Una carta inacabada dirigida a Bilbao:
Amigos, preparé algo para el experimento, un homenaje al capitán Scott. Sin embargo, ¿merece la pena perder el tiempo con estas cosas? ¿Por qué? No lo sé. Sé dónde, cómo y cuándo, pero no sé por qué. Además, odio a la gente, de eso no tengo duda. Y no me vengáis con retóricas, la gente-a-fin-de-cuentas-es-buena-etc.etc. No lo creo. A decir verdad, ahora no odio. Ni odio ni dejo de odiar. Además, tengo problemas. No como los de antes, o sí, también aquellos, pero, sobre todo, nuevos. Conocí a una chica y, desde entonces, he recibido muchas sorpresas. Por eso no puedo contároslo por carta, porque...
La carta se interrumpe en este punto. Y junto a la mesilla de noche hay una maleta, y en la etiqueta de la maleta dice:–Matilda Smith.
Y dentro de la maleta hay ropa de mujer, y un neceser...–Y un plano del puerto de Hamburgo.
–Un plano de fábrica.
–Una lista de industriales de Hamburgo, con sus direcciones.
–Una lista de jefes militares, con direcciones.
–Un pasamontañas.
–Unas gafas de sol
–Un reloj redondo, de pared.
–Cinco detonadores.
–Un libro de Ulrike Meinhoff.
–Un documento de identidad, con el retrato de Matilda pero a nombre de Margarette Schulte.
–Un pasaporte con el retrato de Matilda, pero a nombre de Maria Hoffmannstahl.NOTA
Henry Bengoa, Inventarium fue puesto en escena –leído y cantado- por el grupo Emak Bakia Baita durante los años 1986-1897. El total de representaciones en Euskadi superó el medio centenar.
El grupo está formado por el cantante Ruper Ordorika y los escritores Bernardo Atxaga y José María Iturralde, contando a veces con la colaboración de los músicos Alberto y Nando de la Casa.Textos intercalados en el inventario:
–Se ha escondido el sol. Ruper Ordorika.
–Preguntad dónde. Joseba Sarrionandia.
–Un barco. Fernando Pessoa.
–Hung Up. John Martín.
–La ciudad. K. Cavafis (Traducción de José Mª Álvarez- libros Hiperión, Madrid, 1976).
–Me llamo Mary Landfor. Mary Landfor.
–The Age of Self. Robert Wyatt.
–Cuatro jinetes. José María Iturralde.
–El criado del rico mercader. Tradicional árabe.
–Ana Juanixe. Canción tradicional vasca.
–Diario del Capitán Scott (tomado del libro de E. Zweig Momentos estelares de la humanidad).
El resto de los textos y la idea general son de Bernardo Atxaga.
*Emak Bakia agradece al poeta Jon Juaristi su colaboración en la traducción de este trabajo.
**El libro y la cinta que recogen la grabación del espectáculo fueron publicados en 1988 por la editorial Elkar S.A., Donosita.PROPUESTA:Vamos a imaginar, por un momento, que también a nosotros nos invitan a participar en el Experimento Literario al que se alude en el final de la historia.Para ello debemos escribir, a modo de diario, los últimos cinco días de algún personaje real o de ficción desaparecido en medio de una aventura, un accidente o una catástrofe: ¿cómo fueron esos últimos días? Pongámonos a hacer inventario.