Pasa al interior y ponte cómodo

Astronomía (Sofía)

SILENCIOS DE LUNA


La luna quedó preñada

en la piel de un nuevo ser.

Acurrucada en el cielo

con un negro amanecer.

Despierta en su blanco manto

pintó su perfil de ayer.

Se encarnó en un ser humano

bañada por su pincel.

Caricias de su hermosura

navegaron en la piel

de un mundo, cristal del tiempo,

en un blanco atardecer

que ya no ansía tocarla,

le basta su anochecer.

Reformas S.A. 2

Reformas S.A.2


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Astronomía (Nati)

MINUTO A LA LUNA


Si vuelve el hombre a la luna,

no sería

ya brillante

ni hechizante.

Sería un gran lunar blanco

en el cielo,

un inútil

sueño pueril,

una visión, un adagio,

un agravio,

una liturgia.

Burocracia.

Astronomía (Mikel)

"DECÁLOGO" DE RAZONES POR LAS QUE YA NO SE HACEN VIAJES A LA LUNA.


1- Religiosa. Porque supone un acto de soberbia. Y eso es pecado.

2- Romántica. (Bueno, hortera). Para que las naves no hagan sombra sobre los cuerpos desnudos de los enamorados cuando copulan bajo la luz de la luna.

3- Prudente. Para que Venus no se ponga celosa.

4- Existencialista. Porque lo difícil no es ir sino regresar (a este horrible mundo).

5- Irónica. Porque la historia ya tiene bastante lunares.

6- Fundamentalista. Para no estorbar la visión del ojo vigilante de Dios.

7- Escéptico-Paranoica. Porque la luna no existe (es un montaje).

8- Pija 1. Porque no sabría qué ponerme. O sea.

9- Pija 2. Porque en la luna no hay cobertura, tía.

10- Española. Para no dar envidia a los que nos quedamos.

Sístole y diástole (Mamen)

Lo que el corazón esconde


Dice el corazón que siga, que respire. Dice que mire, que no hable. Que reconozca que eres paja, que ardes y dispersas tus entrañas sobre mí.

Dice el corazón que no concibe el movimiento sin un beso porque es el ansia de ese beso, lo que impulsa a batirse en duelo con el tiempo.

Pero el tiempo se va, se lo lleva todo. Todo menos el ansia.

Dice el corazón que no recuerde, que no llore. Que recoja el cuerpo, el vacío de mis manos, estas palabras sueltas como un puzzle, que hoy he escrito sobre ti.

Dice el corazón que mire, que no hable.

Dice el corazón, que siga que respire.

Dice, dice, dice…

Bien calla, que es tu nombre el que golpea contra el pecho.

Sístole y diástole (Sofía)

TENER EL CORAZÓN EN SU SITIO


Despedir la lluvia que lame los recuerdos,

deshojar pasiones en el tiempo.

Acuarela de ideas,

sensaciones,

encuentros,

en un espacio coherente,

en un latir de silencios.

Sístole y diástole (Toñi)

Corazón blando y fuerte



Míralo, ahí está tan blandito que si lo coges con las manos se te escurre de entre los dedos.

Prueba su suavidad, deslízalo por tu mejilla, rózalo con los labios incluso mordisquea un poquito.

Su olor solamente lo notas si te acercas mucho y además no deja rastro por eso tienes que olfatearlo varias veces si quieres saber a que huele.

Lo ves ahí colocadito en su pequeño espacio con ese color …. ¡qué es el órgano que más te gusta¡. Sobre todo te encanta por que late, bombea sangre y cambia de matiz.

¡Qué blando y qué fuerte¡ 60 latidos en un minuto durante 100 años y sin estropearse ni una sola vez.



¿Por qué?


Tiene el corazón en su sitio por que se lo han bamboleado en muchas ocasiones.

Hace de tripas corazón por que no le queda más remedio.

Es blando de corazón por que no quiere ser de otra manera.

Partírsele el corazón por descuido.

Darle un brinco el corazón por que aparece lo muy deseado.

No caber el corazón en el pecho o eso es lo que se creen los demás.

Salir una cosa del corazón o de más dentro.

Tener el corazón en su sitio: ¡cobarde¡

Ser todo corazón, seguro que también hay cabeza.

Traer el corazón en la boca, el que habla mucho poco siente.

Me ha quedado el de la espinita clavada.

Sístole y diástole (Nati)

EL SITIO DE MI CORAZÓN



No es mucha la distancia que hay que recorrer para llegar a mi corazón. No hay dobleces ni esquinas que entorpezcan al caminante. No es verdad lo que dicen por ahí “que el que emprende el camino nunca vuelve” y se equivocan los que le consideran un peligroso punto negro.

Para llegar a mi corazón sólo tienes que andar unos cuantos pasos hacia el centro de mi pecho.

Sístole y diástole (Susana)

BIENVENIDOS AL CIRCO DE DOS PISTAS


Sístole y diástole (Mikel)

TODO CORAZÓN


- Tú eres todo corazón, eso es lo que te pasa –me dijo Susana con ese tono condescendiente y paternalista que tanto me irrita. Afortunadamente, no vi mi cara reflejada en ningún espejo cuando contesté:

- Sí, será eso.


Así que abrí la puerta con una de esas llaves grandes y oxidadas de casa de pueblo, las bisagras chirriaron y entré en mi propio corazón.

Bienvenido al caserón abandonado.

Bienvenido a la fortaleza en ruinas.

Caminé por largos pasillos con el eco de mis pasos como única compañía. Observé las baldosas sucias, la pintura descascarillada y las telas de araña en las lámparas de araña.

Llegué, por fin, al enorme salón, frío, desangelado, y me quedé sentado en el suelo. Se diría que aquella estancia había sido cálida y hermosa tiempo atrás, con el mobiliario adecuado y la luz del atardecer entrando por las ventanas, ahora tapiadas. Mi suspiro resonó extraño, ajeno a mí, allí dentro. Como metálico.


- Todo corazón, sí, pero vacío –añadí, mientras mi dedo dibujaba estrellas fugaces sobre el rocío del vaso.

Sístole y diástole (Manoli)

Una Paranoia

La lógica del corazón. ¡Vaya! Lo primero que me viene a la mente, es el “Sagrado Corazón de Jesús”. Esa imagen de Jesús, en la que en el centro de su pecho aparece un corazón en cuya parte superior hay una cruz latina y rodeándolo, más o menos en la mitad, una corona de espinas.
Si el “verbo” se hizo hombre, y éste hombre es Jesús, y tiene un corazón… sagrado, y él está en todos nosotros…Imaginad toda una legión de… sagrados corazones que se colocan uno tras otro obteniendo así la posición… sagrada para formar la oración… sagrada y dar el sentido… sagrado a todo nuestro pensamiento… no sagrado. Y si con el pensamiento y el lenguaje pasa lo mismo que con el huevo y la gallina… entonces lo que verdaderamente somos es el resultado de la batalla librada entre neuronas y sagrados corazones. Una batalla entre rojos y blancos, si ganan los rojos, seríamos todo corazón y si ganan los blancos… sordos. Y si distinguimos entre creyente y no creyente obtendríamos 4 tipologías:

Normo-oyentes ateos: Oraciones que hay que corregir… y mucho, con penitencia incluida (escribir una y otra vez, tachar, cambiar, recolocar, reescribir,…)
Sordos- creyentes: Menudo papelón.
Sordos-ateos: La ley de la calle.
Normo-oyentes creyentes: Oraciones sagradas, no ha lugar a la corrección…
¡Serían los Dioses! La fuente de inspiración, los modelos a seguir, nuestros ídolos,…Ellos nos guiarían en la creación de oraciones perfectamente sagradas.

La mano de la hormiga (Nati)

Enseñanzas de un monstruo


Desde que él la enseño a besar, cuando aparece la luna, deambula sin rumbo por las calles más solitarias de la ciudad buscándole como una cenicienta desorientada y cuando los primeros rayos de sol asoman por el horizonte, vuelve exhausta y satisfecha a recluirse en su cuarto oscuro.

Desde que él la enseño a besar, ha perdido el color y una palidez extrema difumina todos los rasgos de su cara excepto una boca roja, carnosa, sensual, siempre ávida de sus besos.

Desde que él la enseño a morder, sólo puede calmar su sed bebiéndose la vida.



Cuadro fatal

Hay una casa con puertas que tienen vida propia y dejan entrar y salir a quien quieren y cuando quieren; Sillas que se retiran a descansar si las nalgas que se les acercan no son de su agrado; Camas que protegen celosamente su otro lado; Relojes parados que anuncian el paso de cada instante con campanadas escandalosas.

Pero sobre todo, hay una casa encantada con un cuadroespejo fatal al que todos los que la habitan intentan evitar porque siempre se empeña en mostrarles tal y como son.

La mano de la hormiga (Sonsoles)

EL MARQUÉS INVISIBLE

Al contrario que a su familia, el Marqués siempre quiso pasar
desapercibido por la vida. Una mañana, al mirarse en el espejo, se dio
cuenta de que sus deseos se habían cumplido.

.............................

LAS ENSEÑANZAS DE UN MONSTRUO

Un día Hitler se miró en un espejo cóncavo y desde entonces se empeñó en
enseñar al mundo su visión distorsionada de la realidad.

La mano de la hormiga (Toñi)

El bosque animado

El marqués invisible está de pie mirando a través de la ventana sin cristal del viejo balneario. Dicha estancia se encuentra entre las ruinas de lo que fuera un área de reposo del siglo XIX, situado en el bosque de O Incio, Galicia.

Casi a diario acuden los componentes de una banda de rock que querían para sus ensayos un lugar retirado y de este modo los potentes instrumentos no molestarían a nadie.

Eso es lo que ellos creían pero ya no saben que creer.




El retrato de la ceja pintada


Era un retrato fatal. Cuando estuvo terminado lo colgaron en una habitación color naranja, frente al cuadro del hombre con ropa de mujer que yace en el suelo, ahogado con una bola de villar en la boca.

Al lado del retrato fatal, otra imagen mostraba a cuatro hombres sentados en un sofá que observaban al travestido con regodeo y a la vez tenían una actitud desafiante. Iban vestidos de blanco, con tirantes y bombín negro. Uno de ellos de ojos azules llevaba una ceja pintada.

La mano de la hormiga (Mikel)

LA AMANTE DEL IDIOTA

Así se autoproclamaba ella -tan divina, con el cigarro en una mano y la copa en la otra, siempre entre risas y fiestas- durante el tiempo que tardó en darse cuenta de que el tipo, que ni era rico, ni se llamaba Borja, la había desplumado. Desde ese día le sobró la contracción.



UNA CIUDAD DENTRO DE UNA CIUDAD

El hombre, doblado sobre sí mismo, consiguió llegar, con un último esfuerzo, hasta la esquina dejando un rastro de sangre tras de sí. Desde allí observó cómo amanecía sobre el mar. Y con el ronroneo de las olas como música de fondo, se desplomó sobre el asfalto de la ciudad que le había visto nacer: Soria.



EL AMIGO DEL ROJO

Siempre nos pareció una enorme ironía que el inseparable amigo de Alfonso Rojo –entonces todos le llamábamos el rojo- tuviera un apellido tan peculiar. Será por eso que, en el fondo, tampoco nos extrañó que, como si fuera obra de algún mecanismo celestial bien jodido, Gerardo Franco acabara fugándose con la mujer de su, hasta entonces, mejor amigo.



EL RETRATO FATAL

El pintor sonrió al ver acabada su obra:

- Desde luego, no cabe duda de que usted es todo un Villaseca.

Me acerqué a mirar mi retrato y noté cómo la sangre se retiraba de mis mejillas al contemplar la imagen de mi padre. Y de mi abuelo y mi bisabuelo. Los mismos semblantes que llevan tantos años mirándome desde las paredes. Me di cuenta de que mi herencia era una ratonera de la que nunca conseguiría escapar y ése fue el preciso momento en el que empecé a fantasear con la posibilidad de saltar desde la ventana.



EL MARQUÉS INVISIBLE

La mujer gimió desde lo más profundo de sus vísceras, cogió un par de bocanadas de aire, como un pez fuera del agua, y, empapada en sudor y placer, se lanzó sobre el muchacho para volver a introducir su miembro palpitante dentro de ella. Y cabalgó de nuevo, enloquecida, ajena al agotamiento, como si el famoso marqués le estuviera susurrando órdenes lascivas al oído.



EL AMOR PARRICIDA

Llego, por fin, a casa. Son las ocho de la tarde y Amanda aún no ha llegado de la oficina. Me asomo al jardín y miro el pequeño columpio, como todos los días. Quizás debería empezar a hacer la cena.

Cuando llego a la cocina tengo la impresión de que algo va mal, pero no sé qué es. Sí. La habitación de Alba. La puerta estaba abierta. Siento, de repente, como una oleada de sudor frío, muy frío que casi me paraliza. Agarro con fuerza un cuchillo y camino por el pasillo, despacio, colocando con cuidado un pie tras el otro, como un funambulista. Me asomo al interior y veo algo escrito con letras grandes en la pared. Mi primera intención es llamar a la policía, pero me fijo bien: dice “OS QUIERO”, y reconozco la letra de Alba, mi ángel, mi niña, que lleva dos años muerta. Y las lágrimas escuecen, y el cuchillo se me cae de las manos, y estoy de rodillas en el suelo, y el dolor en el pecho que sube por el brazo izquierdo, y me falta el aire.



LA NEGRA DE OJOS AZULES

Durante los años que viví en Francia nunca dejé de ser una inmigrante negra. Un buen día acabé mis estudios y decidí volver a casa, alejarme de la sociedad que se escondía detrás de aquella representación teatral. Libertad, Igualdad, Fraternidad… ¿No les suena a nombres de perfume?

Sin embargo, poco podía imaginarme que en Camerún no iba a ser más que una mujer de ojos azules. Una extranjera, de nuevo.



EL UNICORNIO

Tras haber comido un poco de hierba fresca, sentí el sol sobre el lomo y levanté la cabeza con los ojos casi cerrados para poder disfrutar del aroma del valle. Me entraron unas enormes ganas de salir galopando y deseé con todas mis fuerzas que el niño no se despertara aún.



LAS ENSEÑANZAS DE UN MONSTRUO

El soldado remangó su camisa verde, inclinó con calma el cuerpo hacia la víctima, que temblaba de terror bajo la mordaza y las cuerdas que le sujetaban a la silla, y le miró a los ojos durante unos segundos para que ese pánico, que podía ya oler a lo lejos, tuviera tiempo de extenderse por todos sus miembros, como la onda expansiva de una bomba .

- Todavía no has empezado a sentir dolor. Vas a ver hasta qué punto soy un buen alumno, - le dijo con una sonrisa cruel antes de sacudir la primera descarga.



EL AMANTE VIRGEN

Y es que dicen que su eyaculación era tan rotundamente precoz que, a pesar de todas las mujeres que había amado, nunca dejó de ser virgen.



EL MUNDO SUBMARINO

EL Océano Pacífico hace honor a su nombre, pensó Laura, mientras disfrutaba del silencio a 150 metros de profundidad, embutida en un traje de neopreno que Enrique encontraba “indiscutiblemente sexy”. Aquella luna de miel estaba siendo el viaje con el que siempre había soñado.

Hasta que sus ojos, exageradamente abiertos por el terror tras la máscara, se fijaron en que no eran rocas lo que había en el fondo. Durante unos segundos vio, con dramática claridad -como si se tratara de fotos Polaroid- las manos atadas a las espaldas, los agujeros de bala en las nucas, los jirones de ropa flotando como algas caprichosas y un montón de calaveras que parecían reírse de ella mientras sus gritos se convertían en burbujas.

La mano de la hormiga (Susana Romero)

MORRIÑA

Todas las tardes el chigre se llena de hombres que paran a echar un culín antes de que acabe el día.
Leopoldo, el dueño, recuerda entonces el malecón y a la negra de ojos azules sentada al sol.
Los hombres suspiran y la humedad fría del norte se vuelve calor tropical.
Leopoldo sonríe y calla. Nunca la olvidará. Los hombres no lo saben, pero fue esa viejita arrugada y ciega quien le vendió el cupón que le permitió volver a su Luisa y su orballo.


ESPEJISMOS

Lo tuvimos que ingresar. Afirmaba que una hermosa mujer le visitaba en sueños y era la que le dejaba obnubilado y sin voluntad.
Los enfermeros se sorteaban el turno de los jueves. Era el día de la terapia.
Cada jueves, detrás del idiota de la 308 entraba en el despacho del psiquiatra aquella mujer perfumada, inmensa en sus tacones, perfecta en su vestido rojo como un guante.
Al menos hasta el sábado la enfermería iba manga por hombro.

Inventarium (Sonsoles)

EL DIARIO DE TESEO

7ºdía de la segunda década del mes de Poseidón

Ayer, de nuevo, volví a escuchar los gritos desgarradores de otra de las seis víctimas, entregadas en sacrificio, que entraron conmigo. Corrí en su ayuda pero cuanto más rápido lo hacía más se alejaban de mí sus lamentos y, yo, más me iba perdiendo en estos intrincados pasillos. Mi rabia e
impotencia iban creciendo a medida que escuchaba sus bramidos que, aunque más calmados, sonaban igual de atroces. ¿Cuántos quedarían aún con vida?,
¿por cuánto tiempo le habrá saciado la sangre de mi compañero?

8ºdía

Hoy es plenilunio y el claro de la luna acentúa más la fealdad de este laberinto. ¡Prodigiosa obra de ingeniería la trazada por mi compatriota!
¡Lástima que su talento no estuviera acompañado por el más mínimo sentido de la belleza! Los corredores, cada vez más estrechos y enrevesados, se cruzan entre sí, y sus elevadas y sucias paredes, oscurecen aún más estos caminos completamente exentos de naturaleza.
Hoy me siento mucho más animado pues presiento que, después de otra interminable búsqueda, estoy más cerca que nunca de alcanzar mi objetivo: esta tarde me he topado con más restos humanos, probablemente los del compañero a quien no pude ayudar ayer, lo que me lleva a pensar que esta vez sí me voy aproximando a su guarida.

9ºdía
Por fin he localizado su escondite y hasta he podido ver su figura monstruosa: un fornido cuerpo de hombre soportando una enorme cabeza de toro. Los cuernos son largos y afilados y el pelo negro, espeso y rizado le cubre hasta la altura de los hombros. Antes sólo tenía como referencia
sus mugidos de furia, violencia y deseo, sin embargo ahora ya sé exactamente a qué me tengo que enfrentar.
Pero no puedo precipitarme, ahora que ya lo he encontrado debo aguardar con paciencia el momento preciso de atacar.

10ºdía

Nunca pensé que fuera tan pronto, ni tan fácil -por qué no decirlo- Todo ocurrió muy rápido y en lo único que pensé en ese momento fue en que no podía desaprovechar la oportunidad que se me presentaba. Me encontraba muy cerca de él y en un descuido-fue tan sólo cuestión de segundos- salté sobre él clavándole mi espada justo al final de su cuello encorvado. Se revolvió contra mí, pero la espada había calado profundamente y cayó desplomado.
He de admitir que ataqué a traición y eso dice muy poco a mi favor, pero gracias a ello pude liberar a mi pueblo de la venganza y tiranía del Rey Minos.
Pero mi aventura no ha llegado aún a su fin porque todavía tengo que encontrar la puerta de salida., La Puerta Dorada

11ºdía

Dentro de unos días ya podré abandonar Creta gracias a la hermosa, aunque ingenua, Ariadna. Sí, reconozco que sin su espada y sin su ingeniosa idea del ovillo de hilo atado a La Puerta Dorada, probablemente aún continuaría dando vueltas y vueltas a este retorcido lugar o, quizás, mi sangre habría calmado, una vez más, el hambre voraz del minotauro. Pero no puedo llevarla conmigo a Atenas, todo lo que le dije no fueron más que falsas promesas.

Inventarium (Mikel)

KURT COBAIN’S LAST DAYS. INVENTARIO

“Os doy las gracias a todos, desde el pozo de mi estómago nauseabundo y ardiente, por vuestras cartas y vuestro interés durante los últimos años. No soy más que un crío errático y caprichoso. Se me ha acabado la pasión. Recordad que es mejor arder de golpe que ir apagándose lentamente”. (Extracto de la nota de suicidio de Kurt Cobain)

Departamento de policía de Seattle.

Nº de incidente: 94-156500

Inventario de la escena del crimen.

1- Carta manuscrita encontrada en la escena.

2- 120 dólares, localizados en el suelo al sur de la víctima.

3- Caja de puros y su contenido, localizada en el suelo al sur de la víctima.

4- Cartera y su contenido, localizada en el suelo al sur de la víctima.

5- Paquete de cigarrillos, mechero y gafas oscuras, localizados en el suelo al sur de la víctima.

6- Colillas de cigarrillos, localizadas en el suelo alrededor de la víctima.

7- Escopeta semiautomática Remington M-11 con número de serie 1086925, localizada en la mano izquierda de la víctima.

8- Caja con 20 balas para el ítem nº 7, localizada en el suelo al este de la víctima.

9- Casquillo de bala localizado en el suelo al norte de la víctima.

10- Bolígrafo rojo de plástico localizado junto al ítem nº 1.

11- Un gorro y dos toallas localizados en el suelo al sur de la víctima.

12- Lata de cerveza vacía localizada en el suelo al norte de la víctima.

13- Chaqueta localizada en el suelo junto a la víctima.

14- Ticket de compra del ítem nº 7, localizado en el bolsillo derecho del ítem nº 13.

Los artículos descritos anteriormente han sido recibidos, en bolsas selladas, en la unidad de evidencias del Departamento de policía de Seattle por B. Haley. 8-Abril-1994.

1 de Abril de 1994. Día -4

No soy como ellos pero puedo fingir

El sol se ha ido pero tengo una luz (...)

Lección aprendida. Deséame suerte

Alivia la quemadura. Despiértame.

(Nirvana: “Dumb”)

Llueve en Seattle.

Me duele la cabeza. Igual que ayer. Y anteayer. Y el día anterior. No sé si es por las pastillas para dormir, o por las pastillas para la ansiedad o por las pastillas para la depresión, o por el tabaco o por la heroína. O si es toda esa mierda mezclada al mismo tiempo en este jodido alambique, dentro de la cobaya bipolar en la que me he convertido. Una especie de bomba química. Pero duele, así que me tomo un analgésico. Una pastilla más, gentileza de la farmacia Cobain. Abierta 24 horas al día. Tragar pastillas es como tirar piedras a un pozo y sentarte a ver qué pasa. Éstas son alargadas y blancas y hacen que el dolor se desvanezca como el humo. Me lo pienso mejor y me tomo otra.

Las cosas empiezan a torcerse de verdad, creo que cunde el desánimo entre los chicos. Esta historia está llegando a su fin. P. ha desaparecido hace un par de días. Me encuentro a J. en el sofá. Hay una jeringuilla sobre la mesa. Por fin ha dejado de llorar y duerme tranquilo. Es curioso lo diferentes que somos mientras dormimos. Parecemos incluso personas normales. Me siento en el suelo y busco una buena vena que no esté muy machacada.


Heroína, sé mi muerte
Heroína, es mi esposa y es mi vida
Porque hay un canal en mi vena
Que lleva a un centro que hay en mi cabeza
Y entonces estoy mejor que muerto
Porque cuando el jaco empieza a fluir
Ya nada me importa
Ni todos los tirados de esta ciudad
Ni todos los políticos con su cháchara
Ni la gente, siempre machacando a los demás
Ni todos los cadáveres amontonados


Porque cuando el jaco empieza a fluir
Ya nada me importa
Y cuando llevo la heroína en la sangre
Y la sangre llega a mi cabeza
Le doy gracias a Dios por estar mejor que muerto
Le doy gracias a vuestro Dios por no enterarme de nada
Y le doy las gracias a Dios porque no me importa nada
Y me parece que ya no sé nada
Y me parece que ya no sé nada.

(Lou Reed: “Heroine”)

Salgo al bosque. La primavera aún no ha llegado, hace frío y sale vaho de mi boca. Parezco un volcán en erupción. Estoy empapado. Me desnudo y me tiro al suelo. Cierro los ojos y siento cómo la lluvia cae sobre mis párpados. Me siento vivo. En comunicación con el planeta. Me pongo a cantar y a reír y pierdo la noción del tiempo y del espacio y del yo.

Cuando me despierto, estoy en casa, tiritando, envuelto en mantas, y tres rostros -J., H. y A.- me miran tan preocupados que me entra la risa floja. Me encontraron entre los árboles y lo primero que pensaron es que estaba muerto. Los muy imbéciles no saben que soy inmortal. Nos bebemos un par de botellas de whisky entre risas y nos quedamos dormidos.

09:50 h. El lugarteniente Marberg recibe una llamada de teléfono del “SPD Communications”. Solicitan un equipo de homicidios en el Boulevard Lake Washington nº 171. Se encuentran en la escena de un suicidio, donde hay una nota, así como el arma utilizada. La víctima es Kurt Cobain, el líder del conocido grupo de rock Nirvana. Los detectives constatan que la temperatura es de 50º F. y llueve de manera constante. El capitán Farrar, el lugarteniente Marberg, el lugarteniente Gerdes, el sargento Cameron y los detectives Yoshida y Kirkland se desplazan a la escena desde la oficina. (Extracto del informe de la Policía de Seattle, con fecha de 8-Abril-1994, sobre el incidente nº 94-156500)

2 de Abril de 1994. Día -3

Domingo por la mañana

Es todos los días, por lo que a mí respecta

Y no tengo miedo

(Nirvana: “Lithium”) –Litio. Elemento químico utilizado en algunos antidepresivos-

Me despierto en el suelo del salón a eso de las seis de la mañana. Estoy congelado. Escucho la lluvia golpeando los cristales. Parece que he vomitado durante la noche y lo he dejado todo perdido. Subo a mi habitación, me pongo un par de chaquetas, me envuelvo en una manta y me siento a escribir. Escribo canciones, hago dibujos absurdos, hablo solo. Me río solo. Me siento vivo.

Hace demasiados años que no me emociono escuchando ni creando música, ni tampoco leyendo o escribiendo. Me siento indescriptiblemente culpable por ello. (Extracto de la nota de suicidio de Kurt Cobain)

Al cabo de unas horas escucho gritos. Alguien se queja allá abajo del olor a vómito. No reconozco su voz. Será una de esas personas, esos amigos de alguien, que entran y salen y vuelven a entrar y vuelven a salir y no sé ni siquiera quién coño son. Por lo que a mí respecta, no tienen más valor que cualquier insecto.

Llevo demasiado tiempo escribiendo y comienzo a ponerme nervioso y a caminar en círculos como una fiera enjaulada, así que bajo al estudio, enciendo la grabadora y comienzo a gritar. Ni siquiera me molesto en coger la guitarra. Simplemente grito con todas mis fuerzas hasta que se me acaba la voz. Entonces, me siento y me escucho una y otra vez.

Me despierto en el suelo por segunda vez, así que me imagino que me he desmayado o me he quedado dormido -¿acaso hay una diferencia?- mientras escuchaba mis propios gritos. Una nana extraña.

En la cocina hay una cazuela con comida. No sé lo que es, una especie de guiso con carne de color pardo. Me lo como sin calentar. No sé a qué sabe. Lo acompaño con una lata de cerveza y tampoco sé si es la tercera o la cuarta. He perdido la cuenta porque el tiempo se desliza por mi mente de una manera muy inquietante. En definitiva, no sé nada.

Empieza a anochecer y sigue lloviendo. Salgo a hablarle al bosque con una jeringuilla cargada y me da por pensar en mi hija, Frances. Creo que me paso un rato llorando bajo la lluvia, pero no estoy muy seguro.

Tengo una hija que me recuerda mucho a la persona que un día fui, tan llena de amor y alegría. (Extracto de la nota de suicidio de Kurt Cobain)

“10:15 h. La víctima es encontrada en el suelo, tendida sobre su espalda, con su cabeza mirando hacia el oeste y los pies hacia el este. Hay un gran charco de sangre seca a la izquierda de la víctima y un evidente traumatismo en su cabeza. Hay una escopeta Remington M-11 entre las piernas de la víctima, con el cañón apuntando a su cabeza y su mano izquierda cerrada en torno al cañón. La escopeta se encuentra en posición invertida, con el gatillo mirando hacia arriba. El final del cañón se encuentra justo a la altura de su cintura.” (Extracto del informe de la Policía de Seattle, con fecha de 8-Abril-1994, sobre el incidente nº 94-156500)

3 de Abril de 1994. Día -2

Corazón roto y huesos rotos

Pienso en cómo se siente un caballo castrado

(Nirvana: “I hate myself and I want die”) -Me odio a mí mismo y quiero morir-

Abro los ojos y veo el techo de mi habitación. No recuerdo cómo he ido a parar a la cama. Estoy vestido, pero al menos me he quitado las botas, las veo tiradas en un rincón y llenas de barro. Me acerco a la ventana. No para de llover en esta ciudad, como si fuera un castigo de Dios por todos nuestros pecados. Tengo frío. Y otro asqueroso día vacío por delante.

Bajo al salón. No hay nadie que me moleste, así que cojo unas latas de cerveza del frigorífico y me pongo a ver la tele. Durante horas voy saltando de un canal a otro. Comida para mentes imbéciles. Como la mía. Teletiendas, predicadores, noticias manipuladas, música para negros, series, música para tontos, deportes, programas en los que la gente grita, música para sordos… Qué panda de inútiles, me parto con ellos.

Cuando empieza a atardecer, H. baja por las escaleras. Parece preocupado, aparte de tener dibujada una resaca monumental en la cara. Me dice que ayer volvieron a llamar de la compañía discográfica. Nos hemos comido todos los plazos, están nerviosos y quieren hablar conmigo. Creo que van a empezar a presionar en serio.

- No te preocupes, yo me encargo de arreglarlo –le digo, así que arranco el teléfono y lo tiro por la ventana. H. se pone hecho una furia y comienza a gritarme.

- La próxima vez que quieras tirar algo a la calle, podrías abrir antes la ventana, hijo de puta.

Estoy acostumbrado a que siempre aparezca alguna especie de duende invisible para arreglar las cosas que rompo y limpiar las cosas que ensucio, así que le grito a H. la fórmula mágica (la que empieza por fuck y termina en you) y vuelvo a mi habitación.

Sorpresa. Allí me espera A. Me sonríe con su boca roja de guadaña, se quita la ropa sin dejar de sonreír y me señala un par de jeringuillas ya preparadas. Ni siquiera unos pechos tan perfectos hacen que sienta nada. Los picos se quedan y tú te largas, le suelto, como quien le pega una patada a un perro. Sólo recuerdo un portazo y después, la aguja en el brazo y el monstruoso subidón de dos dosis.

Supongo que soy uno de esos narcisistas que sólo valoran las cosas cuando ya no las tienen. Soy demasiado sensible. Necesitaría estar un poco atontado para recuperar así el entusiasmo que tenía cuando era un niño. (Extracto de la nota de suicidio de Kurt Cobain).

8-4-94. 10:15 h.

Hay numerosas colillas de cigarrillo en el suelo y una lata de cerveza llena en sus tres cuartas partes, también en el suelo, cerca de la víctima. La cartera de Cobain está abierta y se ve, fuera de ella, su permiso de conducir. El oficial Von Levandowski verifica la identidad de la víctima. También hay 120 dólares en el suelo a la derecha de la víctima y una caja de puros. Esta caja de puros contiene material para consumir estupefacientes (jeringas, cucharillas quemadas, algodón y pequeños residuos como de alquitrán negro). (Extracto del informe de la Policía de Seattle, con fecha de 8-Abril-1994, sobre el incidente nº 94-156500)

4 - Abril - 1994. Día -1

Echo de menos la comodidad de estar triste

(Nirvana: “Frances Farmer will have her revenge on Seattle”)

Me siento muy enfermo, tengo náuseas y el cuerpo me duele por dentro de una manera extraña. Pienso que estoy a punto de morir. Puedo, incluso, imaginar un desfile de gente entrando en la habitación para verme tendido sobre la cama y hacerle fotos a mi cuerpo inerte. Me hago un ovillo y al cabo de unos minutos ya me encuentro mejor. Vacío, pero mejor. Creo que me quedo dormido de nuevo, doblado sobre mi maltrecho estómago.

Encuentro un rotulador rojo en el suelo y escribo la palabra HATE en los dedos de mi mano izquierda, como el predicador de la noche del cazador. El LOVE lo dejo para otro día. Aprieto fuerte el puño y lo observo. HATE. Lo descargo contra la puerta del armario. Algo cruje, pero no sé si es hueso o madera.

Y estoy agradecido por lo que tengo, pero desde los siete años odio a la gente en general. (Extracto de la nota de suicidio de Kurt Cobain)

Bajo al salón. Ha dejado de llover. La luz del sol cae oblicua y hace brillar con tonos dorados la madera del suelo. Como si fuera domingo por la mañana. A. se levanta y se larga. Se lleva con ella dolor, ira y uno de sus portazos. Le pregunto a H. qué mierda mira y también abre la puerta y se va con cara de pocos amigos. Cojo la primera botella que encuentro y me siento en el sofá. Creo que es vodka. Alguien ha limpiado el vómito del suelo. Alguien ha colocado con cinta aislante un cartón en la ventana rota. Mi cabeza da vueltas. La vida es bella. Tan bella que salto con fuerza contra la pared, golpeo –POW-, apoyo mal el pie y caigo al suelo –BLAM- como un muñeco. Me levanto y vuelo de nuevo –POW-BLAM-. Y me vuelvo a levantar. Una y otra vez. POW. BLAM. POW. BLAM. Codo, muñeca, tobillo, pómulo, costillas, sien, labio, hombro, cadera, rodilla. Hablo con mi cuerpo. El dolor es una combinación de lucecitas rojas y borbotones calientes. Escupo sangre y me siento vivo.

Me siento jodidamente triste. El típico piscis triste, hipersensible e insatisfecho, ¡Dios mío! ¿Por qué no puedo disfrutar? (Extracto de la nota de suicidio de Kurt Cobain).

Salgo al bosque cojeando. Camino bajo los árboles. La luz del sol se filtra entre las ramas y juega con mis ojos. Encuentro a H. y a A. y les digo que quiero estar solo y quiero a todo el mundo fuera de mi casa hoy mismo. No sé si contestan o no, porque me doy la vuelta y desaparezco.

Dentro del bolsillo derecho de la chaqueta se encuentra un ticket de compra de una escopeta Remington 20, con número de serie 1088925. El precio de compra es 308,37 dólares y la fecha del ticket, 30-3-94. El comprador es Dylar R. Carlson y la tienda “Stan Baker Sports”, de la calle Lake City. (Extracto del informe de la Policía de Seattle, con fecha de 8-Abril-1994, sobre el incidente nº 94-156500)

5 - Abril - 1994. Día 0

No esperes que muera de verdad

(Nirvana: “Jesus doesn’t want me for a sunbeam”) -Jesús no quiere que sea un rayo de sol-

Siento un dolor sordo -ruido de fondo, como un zumbido-. Uno de los dedos del pie derecho está hinchado y amoratado. Creo que está roto. Me pongo las zapatillas de baloncesto Converse y me tomo un par de pastillas. No existe ningún problema que no se pueda resolver con unas pastillas. Son más útiles que la cinta aislante.

El silencio dentro de la casa es absoluto. Voy registrando todas las habitaciones. No queda nadie. Por fin solo con mis fantasmas y mi amargura. Cojo la Remington y las balas y me voy al garaje con mis jeringas y una lata de cerveza bajo el brazo. Me gusta la buhardilla, parece una atalaya para vigilar si los ejércitos enemigos se acercan. Una estancia sin muebles ni adornos, tan sólo un taburete.

“El hecho es que no puedo engañaros, a ninguno de vosotros. Sencillamente no sería justo ni para vosotros ni para mí. Fingir que estoy disfrutando al 100% es el peor crimen que me puedo imaginar.” (Extracto de la nota de suicidio de Kurt Cobain)

Me duele reconocer que no me siento vivo desde hace mucho tiempo. Creo que ya es hora de acabar con todo esto. Fumo los últimos cigarrillos, bebo el último trago de cerveza, me inyecto la última dosis y escribo las últimas palabras.

Sigue lloviendo en Seattle.

Os amo.

El Doctor Hartshorne constata que los daños en el interior de la cavidad bucal indican que la víctima se disparó en la boca. Constata que el cuerpo de la víctima está fría y en las primeras fases de putrefacción y hay evidencia de desprendimientos de piel (…). La víctima aparece vestida con una camisa de manga larga abierta, una camiseta con dos figuras y las palabras “Half Japanese”, unos vaqueros y un par de zapatillas deportivas negras. (Extracto del informe de la Policía de Seattle, con fecha de 8-Abril-1994, sobre el incidente nº 94-156500)

Henry Bengoa Inventarium

Señala María José Olaziregi Alustia en su artículo "La trayectoria literaria de Bernardo Atxaga":

"Con la perspectiva que nos da el tiempo transcurrido desde su publicación, creemos que el valor y la influencia literaria de esta obra es realmente importante.
Además de constituirse en la precursora de lo que hemos dado en llamar el “periodo realista”, es asimismo un texto post-vanguardista y renovador...
Se puede decir que Henry Bengoa Inventarium es un collage compuesto de diferentes textos, al que se incorporan, junto con el inventario de las pertenencias de Henry, narraciones, poemas y canciones de atores diversos. Y, por difícil que parezca, una estructura en apariencia tan aséptica como el inventario es capaz de ofrecernos una imagen expresiva del amigo desaparecido, desde su ropa y sus medicinas hasta los mensajes dejados a su novia, de un modo breve y directo.
También a nosotros se nos rompió algo en el corazón (KRA!) cuando escuchamos/leímos por primera vez la historia de un Henry Bengoa condenado a la automarginación social por el amor a una terrorista miembro de la banda Baader-Meinhoff. Además de ser uno de los textos más sugestivos de Bernardo Atxaga, esta obra condicionó su nueva orientación poética y narrativa y se constituyó en el primer trabajo del grupo Emak Bakia Baita. De nuevo al igual que sucediera con Pott o con Ustela, Atxaga buscó la complicidad literaria de sus amigos para poder llevar a cabo un nuevo proyecto literario."



HENRY BENGOA,
INVENTARIUM

(En busca de un amigo desaparecido)

I

Se ha escondido el sol detrás de las casas,
hay sombras en el puente.
No veo amigos: sólo gente extraña
en los lugares del pasado.
He abandonado el reino,
levanté el campamento, lo recuerdo.
En el día señalado, partí
con el as de oros en la mano,
preguntando: “¿Soy yo quien sobra
en los lugares del pasado?”
Cansado del viaje, seré bien recibido
entre los nuevos compañeros.

II

Pasaban los días y los meses, y tus amigos seguíamos sin saber nada de ti, Henry; y pensamos salir en tu búsqueda, partir hacia donde nos señalaba el remite de tu última carta, hacia aquel Gotenstrasse veintisiete cuarto C Hamburgo que tú habías escrito en uno de los ángulos de un sobre color marrón. Poco después, un día de mucha lluvia, tomábamos el tren: en silencio, con oscuros presentimientos, sintiendo que algo se había roto KRA! en nuestro corazón.

Y acompañados siempre por aquella lluvia, atravesamos las llanuras de Francia, hablando del tiempo, intercambiando tabaco con los tres trabajadores árabes que habíamos elegido como compañeros de viaje. Después pasamos por Holanda, de noche, sin alcanzar a ver los campos de tulipanes, los tulipanes amarillos que tú, Henry, solías regalar en nombre del sol, entonces, cuando los viejos tiempos de la adolescencia, cuando ni siquiera imaginábamos que un día algo se iba a romper KRA! en nuestro corazón.

Y atravesamos ciudades y pueblos, y luego, por fin, vimos una mancha roja en el cielo, como si alguien hubiera dado allí una cuchillada, como si una nube estuviera desangrándose; y uno de los árabes señaló aquella mancha y dijo Es el puerto de Hamburgo, cuarenta mil barcos al año, ocho mil obreros, ojalá no tengamos problemas con la policía, si me obligaran a volver a mi país algo se me rompería KRA! en el corazón.

Y hacía frío en Hamburgo, y sus calles estaban completamente vacías; y los veleros del lago Binnen, atracados en uno de los muelles, parecían mariposas heladas, blancas, reunidas allí para no morir en soledad. De vez en cuando, ladraba un perro, y su ladrido se perdía en el viento, como nuestras llamadas; porque te llamábamos de todas las cabinas y tú nunca contestabas; porque estaba escrito que aquel día algo, definitivamente, iba a quedar roto KRA! en nuestro corazón.

Vimos entonces un coche con la palabra Taxi en una de sus puertas. ¿Taxi? preguntamos, Sí, ja, claro. Taxi, nos respondió el conductor. Por favor, bitte, le rogamos esta dirección, Gotenstrasse veintisiete, ¿Gotenstrasse?, Ah, sí, ja, claro, Gotenstrasse, sí, por favor, rápido, bitte. Y como volvía a llover, el conductor encendió el limpiaparabrisas antes de salir. Al pasar por Saint Pauli vimos a las putas pasear con gabardinas transparentes: mostraban a todo el mundo que algo se había roto KRA! en su corazón.

Nada más entrar nosotros en el edificio, el administrador nos recibió gritando. ¿Dónde está Henry Bengoa! ¿Quién va a pagar los meses que debe! Supimos entonces que faltabas desde hacía tiempo, que habías desaparecido de Hamburgo igual que antes habías desaparecido de entre nosotros; y cuando el administrador nos exigió que hiciéramos un inventario de tus cosas, algo se rompió KRA! en nuestro corazón.

Entramos así, con el corazón roto, en tu apartamento, y vimos que la cama estaba deshecha, que había papeles por el suelo, restos de cigarrillos en la mesilla. No quiero KRA! saber nada, dijo el administrador; hagan el inventario y luego váyanse de aquí KRA!; ustedes, la gente como ustedes, ustedes son los culpables KRA! de todo. Calla, cerdo, le dijimos cerrándole la puerta.
Luego cogimos unos folios y, empezando con el armario, nos pusimos a tomar nota de todo lo que tú habías dejado allí.


INVENTARIO
OBJETOS PERSONALES DE HENRY BENGOA

-Seis pares de calcetines negros
-Cinco camisetas blancas.
-Diez slips blancos.
-Cinco camisas grises.
-Dos jerseys azules de lana.
-Tres jerseys azules de lana.
-Una cazadora negra de pana, con los bolsillos vacíos.
-Una cazadora gris de franela, ye n los bolsillos:
-Un peine.
-Un pañuelo
-Un paquete medio vacío de Camel.


Y en la superficie del paquete, una anotación:

“Preguntad dónde, o cuándo, o cómo, pero no preguntéis por qué; cada otoño enroje en el árbol una manzana, allá, colgada de la rama más alta: sé dónde, cuándo y cómo, pero si preguntáis por qué, deberé contestaros por necesidad; y ni siquiera sé qué significa esta palabra”.

-Una chaqueta de piel con los bolsillos vacíos.
-Unos pantalones negros de pana con los bolsillos vacíos.
-Unos pantalones verdes de pana, y en los bolsillos:
-Un pañuelo
-Una caja de cerillas, nueva.
-Una tarjeta de autobús, usada.


Y, en la tarjeta, una anotación:

“En el muelle principal del puerto, un carguero. Su nombre, Flamingo. Su color, azul claro, se confunde con el cielo azul de la tarde. El barco parece muy frágil, demasiado delicado para transportar por los mares cargas pesadas.”

-Otro pañuelo, éste de papel.
-Otra caja de cerillas.
-Dos llaves pequeñas.
-Dieciséis marcos, en moneda.
-Una ficha de papel, y en ella, escrito:


“Un barco parece un barco hecho para navegar, pero su fin no es navegar sino llegar a puerto. Nosotros navegamos sin conocer el puerto que deberíamos tomar como refugio. Recreamos así, en una dolorosa versión, aquel lema aventurero de los antiguos nautas: navegar es necesario, vivir no lo es.”

-Unos pantalones azules, de mahón.
-Un impermeable negro, con la inscripción
It is raining.
-Una gabardina marrón, pasada de moda, y en uno de sus bolsillos:
-Una tarjeta postal, con la fotografía de un monte de Colombia.


“¿Qué tal, Henry? Aquí andamos, subiendo y bajando sin parar. Es tan hermoso como nos aseguraron, pero llegar hasta aquí es muy complicado. Lo más impresionante, la resonancia el agua. Que los pases bien. Hasta la vista.”

-Una llave pequeña.
-Una tarjeta de autobús, totalmente picada.
-Un posavasos de cervecería. En un parte dice: Hermann’s Bar. En la otra figura una anotación:


“Me acuerdo de Matilda cada vez que oigo una canción de amor como Hung Up. Me acuerdo siempre de Matilda.”

HUNG UP

No hay nada que decir, lo oí claramente,
me rebajaban, y no sólo con palabras;
supe al fin que hablaban de mí,
ayer te llamé, no puede contactar.
Y me tienes colgado,
colgado, estoy colgado.
Un cheque a tu nombre, un cheque en el bar
para olvidar lo que dicen de ti;
tus ojos de diamante, eso es lo que quiero recordar,
los preciosos recuerdos desdeñados
Y me tienes colgado,
colgado, estoy colgado.
Ya sé que nada es eterno,
te llamo y tú no respondes,
ésa es tu arma, no responder,
señal vacía en el hombre que quieres olvidar.

Y en los bajos del armario:

-Unos zapatos negros de piel.
-Unas zapatillas blancas de lona.
-Betún negro.
-Trapos manchados de betún.
-Un par de cepillos.


Y en otra parte del armario:

-Un casco negro de motorista.
-Unos guantes negros.
-Un destornillador.
-Una esponja.


Y en el cajón del armario:

-Una caja vacía de Frenadol.
-Una caja vacía de Clamoxil.
-Una caja de Misolvón, con su prospecto.
-Una caja de Trianuride.
-Un par de cajas de Optalidón.
-Una caja de Tranxilium.
-Una caja de Valium, con su prospecto.

Y en el prospecto tres líneas subrayadas con rotulador negro:

“Tensión psíquica, ansiedad, excitación, agitación, rasgos hipocondríacos, neurastenias, estados distímicos, psiconeurosis, neurosis obsesivas.”

-Alka Seltzer.
-Nervolsion
-Termolgin
-Bendalina.


En la puerta del armario, por el interior, un folio fijado con cello a la madera y en él un poema manuscrito:

Dices “Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos
en esta desolada languidez.
Donde vuelvo mis ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí”.
No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios
llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma.
Otra no busques –no la hay–,
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.

Y también en la parte interior del armario:

-Una servilleta de papel clavada con chinchetas en la madera. En el borde de la servilleta hay una dedicatoria firmada: A Henry Bengoa para que me recuerde en Hamburgo. La firma es ilegible. A continuación, un poema de siete líneas:

Me llamo Mary Landford.
Mis manos son pequeñas.
Mis pies son pequeños.
Mi cabello es negro.
Mis pechos son pequeños.
No soy muy alta.
Me he descrito en veintiocho segundos.

Y en la parte baja del armario, amontonados:

-Una alfombra vieja de color rojizo.
-Un póster medio roto de un cuatro de Chagall.
-Una guía de teléfonos.
-Un disco rayado.

Y en la cubierta del disco, una canción subrayada: The Age of Self, La Era del Individuo.

THE AGE OF SELF

El proletariado ha muerto, dicen.
Somos consumidores,
hemos progresado.
Somos gente, nada más.
Unos viven muy bien,
otros malviven.
No os preocupéis de los últimos:
éste es el tiempo de los triunfadores.
Creo que si olvidamos las raíces,
si olvidamos dónde estamos,
todo el movimiento se desintegrará.
Dicen que necesitamos
una apariencia moderna,
como si no supiéramos
que el problema es más grave.
Mientras unos actúan
como en una comedia,
los obreros todavía
mueren trabajando.

Ante la puerta de la cocina, justo delante de la cama y bajo una ventana, hay una mesa de bricolaje, y en la mesa:

-Un fragmento de una hoja arrancada de la guía de teléfonos, y en ese fragmento:

SMITH, Friedrich 77 98 672
SMITH, María 77 66 234
SMITH, Matilda 77 91 555
SMITH, Peter 77 37 281

Y entre todos los nombres y números, subrayado:

-SMITH, Matilda 77 91 555

Y en la parte trasera de la mesa, atrapado entre la pared y la madera, un cuaderno de tapas duras. En la cubierta dice:

HENRY BENGOA
POEMAS, CUENTOS Y COMENTARIOS

Mirando al cuaderno, da la impresión de que alguien –el mismo Henry Bengoa, probablemente– ha querido destrozarlo, porque las cubiertas y las hojas están desgarradas. Pero, quizá por el cartón, bastante duro, seis de las páginas escritas por Henry quedaron enteras y legibles.

Y en la primera página, un poema de amor:

“También el último de todos los días,
cuando los perros rotos apasionados por las noches
frías, rotas, apasionadas por los venenos
escondidos en las habitaciones de los pequeños
hoteles amarillos,
atraviesen los hilos de plata del último atardecer
con odio,
para vomitar sus ladridos junto a los cristales
de mi ventana roja
de madera, para disparar canciones negras como
los líquidos malolientes
y perdidos de estas calles,
para expulsar miradas que aplastarán tus recuerdos
y mi sonrisa,
que acuchillarán tus cartas;
también el último de todos los días
escribiré para ti.
Recogeré algunas palabras de entre los restos blancos
de las colillas,
de entre los restos verdes de las botellas de cerveza,
repetiré contra todos los perros rotos apasionados
por las noches frías apasionadas por
los venenos
todos los gritos dulces como Mi amor,
te necesito;
repetiré contra todas las cosas imposibles
todos tus nombres,
será la despedida,
será como la despedida de cualquier muchacho
cero
con dos o tres corazones cero
de papel;
repetiré Tú el más gris de los mares,
repetiré Tus ojos pequeños;
condenado a construir frases inconexas,
también el último de todos los días
escribiré para ti”

Y, en la segunda página del cuaderno de Henry Bengoa, un cuento:

CUATRO JINETES

Al cumplirse el plazo de siete años, el gobernador reunión en palacio a los paladines. Los elegidos estaban muy contentos. Y así, una tarde, partieron los cuatro hacia los cuatro puntos cardinales, en busca de la felicidad para el pueblo. Era costumbre antigua contar a su regreso lo que habían visto y mostrar las maravillas que traían consigo.
El tiempo corre más que el caballo más raudo, y pasaron con rapidez los días y los años.
El primer paladín no trajo nada, pues nada de lo que vio le llamó la atención. Dijo que su viaje habían sido vano, que no se vivía en parte alguna mejor que n la propia casa y que no merecía la pena el andar por ahí, vagabundeando, sin rumbo fijo.
El segundo regresó medio enloquecido, pero mudo, sin poder contar nada. envejecido, su rostro no mostraba otra señalo que la de la huida de la juventud. Ni sonrisa, ni llanto.
El tercer jinete, que se había dirigido al norte, regresó satisfecho. describió los usos de los países remotos. Después, habló del modo más conveniente de legislar, y aconsejó que aprendiese y pusiesen en práctica aquellas costumbres. el pueblo sospechaba algo turbio, pero, como él había dicho, no quedaba otra solución que la de adoptar los usos foráneos, aunque en opinión de algunos fuesen execrables. Mediante engaños y felonías, valiéndose de añagazas y crímenes, se hizo con el poder. Aplastó sin piedad a todos aquellos en quienes veía posibles rivales.
Tras asesinar al anterior gobernador, lanzó una terrible arenga en que decía que a partir de entonces daba comienzo una era de grandeza. Al día siguiente, prohibió por un decreto que nadie traspasara las fronteras del reino, y, aunque representaba un atentado contra la tradición, prohibió asimismo que en adelante se enviasen paladines a los cuatro puntos cardinales.

El paladín que partiera hacia el sur nunca regresó.

Y, en la tercera hoja del cuaderno de Henry, otro cuento:

EL CRIADO DEL RICO MERCADER

Érase una vez, en la ciudad de Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no era como todas; porque esa mañana vio a la Muerte en el mercado y porque la Muerte le hizo un gesto.
Aterrado, el criado volvió a la casa del mercader.
-Amo –le dijo-, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.
-Pero, ¿por qué quieres huir?
-Porque he visto a la Muerte en el mercado y me hecho un gesto de amenaza.
El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo; y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.
Por la tarde, el propio mercader fue al mercado, y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.
-Muerte –le dijo acercándose a ella-, ¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?
-¿Un gesto de amenaza? –contestó la Muerte-.
No, no ha sido un gesto de amenaza, sino de asombro.
Me ha sorprendido verlo aquí, tan lejos de Ispahán, porque hoy en la noche debo llevarme en Ispahán a tu criado.

En la cuarta página del cuaderno de Henry, un comentario sobre el Criado del rico mercader.

“Algunos piensan que la vida es como una tirada de dados. Dicen que apenas nacemos, tenemos ya un destino. Como caigan los dados, así será el juego. Según sea el modo en que nazcamos, así nos irá en la vida.
Otros, en cambio, creen que en la vida hay más libertad. Desde su punto de vista, la vida sería como el ajedrez. Podemos mover cualquier pieza, pero una vez hecho el movimiento, ese acto se convierte en irreversible y fatal. Uno no puede volverse atrás. El juego no puede continuar a partir de otra posición. se debe continuar desde aquélla, se quiera o no.
La fatalidad primera, la de los dados, me atemoriza al principio, pero luego me lleva a una resignada serenidad. La segunda, en cambio, me aflige siempre. No me gusta mi vida.
Me pregunto si es posible luchar contra la fatalidad.
Quizá en la vida no sea posible, pero sí lo es en los sueños. En sueños podemos luchar incluso con la Muerte. La historia del criado que la Muerte quiere llevarse, podría ser otra cosa. Esta que ahora escribo aquí, por ejemplo:
–PERO, ¿POR QUÉ QUIERES HUIR? –le preguntó el mercader.
–Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.
El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo; y el criado partió con la esperanza de estar esa noche en Ispahán.
El caballo era fuerte y rápido, y, como esperaba, el criado llegó a Ispahán con las primeras estrellas. Comenzó a llamar cada por casa, pidiendo amparo.
–Esto escapando de la muerte y os pido asilo –decía a los que le escuchaban.
Pero aquella gente se atemorizaba al oír mencionar a la Muerte y le cerraban las puertas.
El criado recorrió durante tres, cuatro, cinco horas las calles de Ispahán, llamando a las puertas y fatigándose en vano. Poco antes del amanere llegó a la casa de un hombre que se llamaba Kalbum Dahabin.
–La Muerte me ha hecho un gesto de amenaza esta mañana, en el mercado de Bagdad, y vengo huyendo de allí. Te lo ruego, dame refugio.
–Si la Muerte te ha amenazado en Bagdad –le dijo Kalbum Dahabin–, no se habrá quedado allí. Te ha seguido a Ispahán, tenlo por seguro. Estará ya dentro de nuestras murallas, porque la noche toca a su fin.
–Entonces, ¡estoy perdido! –exclamó el criado.
–No desesperes todavía –contestó Kalbum–. Si puedes seguir vivo hasta que salga el sol, te habrás salvado. Si la Muerte ha decidido llevarte esta noche y no consigue su propósito, no podrá arrebatarte nunca más.
Ésa es la ley.
–Pero, ¿qué debo hacer? –preguntó el criado.
–Vamos cuanto antes a la tienda que tengo en la plaza –le ordenó Kalbum, cerrando tras sí la puerta de la casa.
Mientras tanto, la Muerte se acercaba a las puertas de la muralla de Ispahán. El cielo de la ciudad comenzaba a clarear.
–La aurora llegará de un momento a otro –pensó–. Tengo que darme prisa. De lo contrario, perderé al criado.
Entró por fin a Ispahán, y husmeó entre los miles de olores de la ciudad buscando el del criado que había huido a Bagdad; y enseguida descubrió que era en la tienda de Kalbum Dahabin donde aquél se hallaba. Se dirigió hacia allí apresuradamente.
En el horizonte empezó a levantarse una débil neblina. Pronto el sol se adueñará del mundo.
La Muerte llegó a la tienda de Kalbum. Abrió la puerta de golpe... y entonces sus ojos se llenaron de desconcierto. Porque en aquella tienda no vio sólo a un criado, sino a cinco, siete, diez criados iguales al que buscaba.
Miró de soslayo a la ventana. Los primeros rayos del sol brillaban ya en la cortina blanca. ¿Qué sucedía allí? ¿Por qué había tantos criados en la tienda?
No le quedaba tiempo para averiguaciones. Agarró a uno de los criados que estaban en el centro de la sala y salió a la calle. la luz inundaba todo el cielo.
Aquel día, la gente de Ispahán anduvo lamentándose y maldiciendo.
–Esta mañana –decían–, cuando me he levantado de la cama y he mirado por la ventana, he visto a un ladrón vestido de negro y con un espejo bajo el brazo. Maldito sea quien ha robado a un hombre tan bueno como Kalbum Dahabin, el fabricante de espejos.
Esta versión llega hasta la quinta página del cuaderno de Henry. Más abajo dice: “A veces, echo en falta los amores al antiguo estilo”. Luego, primorosamente copiados, vienen los versos de una vieja balada:

ANA JUANIXE

Yo me hallaba un día
sobre unos costales,
vendiendo costales,
si no vendiendo trigo.

Tres damas vinieron,
una detrás de otra,
la tercera me preguntó
que a cuánto era el trigo.

–Para las demás por oro.
Para ti, por un beso.
–No me avergüences, por favor,
con la plaza tan llena.

Si me lo dijeras
en lugar secreto,
el trigo, tú y yo
nos arreglaríamos.

Mi madre hornea
mañana y tarde.
Demos un paseo
mientras ella hornea.

la madre regresa
y huele a hombre en casa.
–Ana Juanixe, Ana Juanixe,
¿Quién ha estado en casa?

–Katalin, la vecina,
mientras usted horneaba.
–No es ésta Katalin,
tiene barba en el mentón.

¡Espera, muchacho,
que encienda la luz,
que encienda la luz
y vea quién eres!

–Madre, usted quiere
que me ponga enferma.
La luz, cuando viene,
me oscurece el alma.

¡Sal, muchacho, sal
por esa ventana,
para que mi madre
no sospeche nada!

(Hacía frío en Hamburgo y sus calles estaban completamente vacías; y los veleros del lago Binnen, atracados en uno de los muelles, parecían mariposas heladas, blancas, reunidas allí para no morir en soledad. De vez en cuando, ladraba un perro, y su ladrido se perdía con el viento, como nuestras llamadas; porque te llamábamos de todas las cabinas y tú nunca contestabas; porque estaba escrito que aquel día algo, definitivamente, iba a quedar roto KRA! en nuestro corazón.

Nada más entrar nosotros en el edificio, el administrador nos recibió gritando. ¿Dónde está Henry Bengoa? ¿Quién va a pagar los meses que debe! Supimos entonces que faltabas desde hacía tiempo, que habías desaparecido de Hamburgo igual que antes habías desaparecido de entre nosotros; y cuando el administrador nos exigió que hiciéramos un inventario de tus cosas, algo se rompió KRA! en nuestro corazón).

Encima de la cama, sobre las sábanas y las mantas revueltas, hay un cubo de basura, y en el cubo de basura:

–Tres colillas de Camel
–Un pingajo enmohecido que parece el resto de una manzana.
–Un bolígrafo roto.
–Seis malas fotografías hechas con una Polaroid.


En la primera fotografía, tomada desde muy lejos, se ve un barco en un muelle del puerto de Hamburgo. El barco está en llamas.
En la segunda fotografía, se ve el mismo barco desde más cerca. La popa está ardiendo. Las chispas ascienden por los mástiles.
En la tercera fotografía no se adivina nada: es una mezcla de colores rojos y azules.
En la cuarta fotografía se ve gente paseando por el puerto, pero no se reconoce ningún rostro.
En la quinta fotografía se ven tres personas, dos hombres y una mujer joven. La mujer lleva una gabardina de color crema, y tiene el pelo corto y pajizo. Los hombres son viejos, quizá jubilados.
La sexta fotografía está tomada en una cafetería y abarca tres mesas. La primera está vacía. en la segunda, una pareja contempla una tetera. En la tercera mesa se ve a la mujer de la gabardina crema, la misma de la quinta fotografía. Mira con el rostro asustado a la cámara. Sobre la fotografía, está escrita con rotulador negro una nota que dice: Matilda Smith, 77 91 555.

Y en el cubo de basura, además:

–Otras colillas de Camel.
–Una caja vacía de cerillas.
–Una botella vacía de cerveza.
–Una botella vacía de whisky.
–Un folleto de una tienda de muebles, roto en pedazos.
–Un folleto de un banco, roto en pedazos.
–Una cuartilla arrugada en que se ha comenzado a escribir:


Matilda: perdón por esta carta. Soy un desconocido para ti. Nunca te he

–Otra cuartilla arrugada en que se ha comenzado a escribir:

Matilda: seguramente te sorprenderá encontrar esta carta en el buzón

–Otra cuartilla arrugada en que se ha comenzado a escribir:

Matilda: hace tiempo, cuando paseaba por el puerto, he aquí que empiezo a hacer fotos con la Polaroid, y qué veo... ¡ese tono es repugnante, joder!

–Otra cuartilla arrugada en que se ha comenzado a escribir:

A Matilda, la mujer más hermosa que pasea por el puerto. Dirás ¿quién es este tipo? Y contestarás... es un estúpido que no sabe escribir una carta ¡cómo puedo ser tan estúpido!

–Otra cuartilla arrugada en que se ha comenzado a escribir:

Matilda: sin exagerar, éste es el vigésimo intento que hago de escribirte. Es difícil escribir a una persona que no nos conoce. Pero, vaya, para decirlo claro, me gustas mucho, me gustas, me gustas... ¡hostia! ¿No se te ocurre otra palabra? Lo mejor será buscar su teléfono.

Y junto a la cama, en la mesilla de noche, cubiertos de polvo:

–Un flexo
–Un libro de poemas de Stevenson.
–Un libro de poemas de Morgenstern.
–Un libro de poemas de Montale.
–Una postal, enviada desde Bilbao:


“¿Qué tal, Henry? Los amigos hemos decidido reunirnos con el pretexto de un experimento literario. Por favor, participa. Manda algo, o, si no puedes, ven tú mismo. ¿Cómo estás? ¿Bien? Nosotros igual. Es decir, desesperados. Tres abrazos. Nada de adioses.

Y, fijados a la postal con un clip, dos folios:

“Os mando esto para el experimento literario, un homenaje ala capitán Robert Scott. Así dice de él la Enciclopedia: Hizo varias expediciones a la Antártida. En la última, llegó al Polo Sur, veinticuatro días después que el noruego Amundsen. En el regreso, a causa de unas tempestades de nieve, murieron Scott y todos los de la expedición: Evans, Titu Oates, Wilson y Bowers. Su cuerpo y sus notas aparecieron el hielo el doce de noviembre de 1912.”

LAS ÚLTIMAS NOTAS DEL CAPITÁN SCOTT

Jueves 7 de Marzo

Cada día estamos más débiles. El pie izquierdo de Oates tiene muy mal aspecto. Necesitamos cada vez más tiempo para cuidar de nuestros pies. Yo mismo gasto más de una hora cambiando el vendaje de la víspera, y eso que ,en general, soy el más rápido. Esta mañana hemos hecho siete kilómetros. El terreno es muy malo, y no hemos recorrido ni la mitad del camino de los días anteriores, gastando además el doble de energía.

Domingo 11 de Marzo

Se advierte a simple vista que Titus Oates está en las últimas. Sólo Dios sabe qué debería hacer o qué deberíamos hacer nosotros. después del desayuno nos hemos ocupado de él. Oates es un chico encantador, alegre, pero (así nos lo dice el corazón) agradecería mucho algún consejo. Sin embargo, lo único que le hemos dicho es que uno pierda el valor, que siga adelante mientras pueda resistir. Como conclusión práctica de nuestras deliberaciones, ordené a Wilson que repartiera los medicamentos. Así las cosas, ninguno necesita de más explicaciones. Cada uno de nosotros tiene ahora treinta tabletas de opio, y Wilson guarda algunas dosis de morfina como reserva. el asunto está claro.
Si no cambian el tiempo y el terreno, no podremos pasar de diez kilómetros diarios. Tenemos todavía alimento para siete días, y, más o menos, hay noventa kilómetros hasta el depósito de One Tone. Diez por siete, igual setenta. Nos quedarían veinte kilómetros más, y eso si la situación no empeora.

Viernes 16 de Marzo o sábado 17

Así marchó a la muerte Titus Oates: anteayer entró en la tienda con la idea de no volver a despertarse. Sin embargo, ayer despertó vivo. Nos dijo: “Voy a salir. Quizá tarde algo en regresar”. Fuera, la tempestad era espantosa. Se perdió en el blizard blanco y no lo hemos vuelto a ver.
Sólo puedo escribir mientras como, y a ratos. El frío es terrible. Cuarenta grados bajo cero. Mis compañeros intentan mostrarse animosos, pero todos tenemos algo congelado. Aunque nos decimos mutuamente que saldremos de ésta, nadie cree seriamente en tal posibilidad.

Jueves 22 de Marzo

La tempestad no amaina. Wilson y Bowers no han podido salir hacia el depósito. Mañana haremos el último intento. Sólo tenemos combustible y comida para uno o dos turnos. El final se acerca. Hemos decidido que se natural. Seguiremos hacia el depósito y moriremos en el camino.

Y en la mesilla de noche, además:

–Un telegrama enviado desde Bilbao:

Experimento literario empieza en Febrero STOP manda pronto lo tuyo STOP ¿te ocurre algo? STOP.

–Otro telegrama enviado desde Bilbao:

Todos preocupados STOP ¿Tienes problemas? STOP ¿Otra vez con aquellas negras ideas? STOP ¿Necesitas ayuda? STOP.

–Otro telegrama enviado desde Bilbao:

Nos vamos a Hamburgo STOP no hagas nada hasta que lleguemos STOP tus amigos STOP.

Y en el cajón de la mesilla de noche:

–Un reloj viejo, sin agujas.
–Unas tijeras.
–Una pluma Parker con la punta embotada.
–Una fotografía recortada de un periódico y en la fotografía un barco en el puerto de Hamburgo. El barco está en llamas. Y el pie de la fotografía dice:


Último atentado del Ejército Rojo de Liberación, reivindicado por el comando Ulrike Meinhoff.

Y sobre la mesilla de noche, además:

–Un bolígrafo Lamy.
–Una goma de borrar.
–Un plano de Hamburgo.
–Un diccionario de bolsillo.
–Un retrato robot recortado de un periódico: una mujer joven, de pelo corto, con gabardina; y al pie del retrato robot:

Cinco mil marcos a quien pueda facilitar alguna información sobre el paradero de esta mujer. Veintcinco años, metro setenta y dos, ojos marrones, pelo castaño (aunque lo lleva tenido) Últimamente se hace llamar Matilda Smith.

Y sobre la mesilla de noche, además:

–Un libro de Hemingway.
–Un libro de Ambrose Bierce.
–Un libro de Heinrick Böll.
–Un libro de Chandler.


Y en el libro de Chandler:

–Una carta inacabada dirigida a Bilbao:

Amigos, preparé algo para el experimento, un homenaje al capitán Scott. Sin embargo, ¿merece la pena perder el tiempo con estas cosas? ¿Por qué? No lo sé. Sé dónde, cómo y cuándo, pero no sé por qué. Además, odio a la gente, de eso no tengo duda. Y no me vengáis con retóricas, la gente-a-fin-de-cuentas-es-buena-etc.etc. No lo creo. A decir verdad, ahora no odio. Ni odio ni dejo de odiar. Además, tengo problemas. No como los de antes, o sí, también aquellos, pero, sobre todo, nuevos. Conocí a una chica y, desde entonces, he recibido muchas sorpresas. Por eso no puedo contároslo por carta, porque...

La carta se interrumpe en este punto. Y junto a la mesilla de noche hay una maleta, y en la etiqueta de la maleta dice:

–Matilda Smith.

Y dentro de la maleta hay ropa de mujer, y un neceser...

–Y un plano del puerto de Hamburgo.
–Un plano de fábrica.
–Una lista de industriales de Hamburgo, con sus direcciones.
–Una lista de jefes militares, con direcciones.
–Un pasamontañas.
–Unas gafas de sol
–Un reloj redondo, de pared.
–Cinco detonadores.
–Un libro de Ulrike Meinhoff.
–Un documento de identidad, con el retrato de Matilda pero a nombre de Margarette Schulte.
–Un pasaporte con el retrato de Matilda, pero a nombre de Maria Hoffmannstahl.



NOTA

Henry Bengoa, Inventarium fue puesto en escena –leído y cantado- por el grupo Emak Bakia Baita durante los años 1986-1897. El total de representaciones en Euskadi superó el medio centenar.
El grupo está formado por el cantante Ruper Ordorika y los escritores Bernardo Atxaga y José María Iturralde, contando a veces con la colaboración de los músicos Alberto y Nando de la Casa.


Textos intercalados en el inventario:

Se ha escondido el sol. Ruper Ordorika.
Preguntad dónde. Joseba Sarrionandia.
Un barco. Fernando Pessoa.
Hung Up. John Martín.
La ciudad. K. Cavafis (Traducción de José Mª Álvarez- libros Hiperión, Madrid, 1976).
Me llamo Mary Landfor. Mary Landfor.
The Age of Self. Robert Wyatt.
Cuatro jinetes. José María Iturralde.
El criado del rico mercader. Tradicional árabe.
Ana Juanixe. Canción tradicional vasca.
Diario del Capitán Scott (tomado del libro de E. Zweig Momentos estelares de la humanidad).

El resto de los textos y la idea general son de Bernardo Atxaga.


*Emak Bakia agradece al poeta Jon Juaristi su colaboración en la traducción de este trabajo.

**El libro y la cinta que recogen la grabación del espectáculo fueron publicados en 1988 por la editorial Elkar S.A., Donosita.




PROPUESTA:
Vamos a imaginar, por un momento, que también a nosotros nos invitan a participar en el Experimento Literario al que se alude en el final de la historia.
Para ello debemos escribir, a modo de diario, los últimos cinco días de algún personaje real o de ficción desaparecido en medio de una aventura, un accidente o una catástrofe: ¿cómo fueron esos últimos días? Pongámonos a hacer inventario.

Ejercicios de Estilo (Sofía)

Versión TACTIL
El tacto deleita las pisadas del transporte,
arropa los cuerpos.
Roces de sonido en avalancha
empujan la piel del vecino,
que llora en su prisión ,
articulada de epidermis.
La textura del espacio
frena el sentimiento .
Alguien se enfada sudoroso.
Sus pupilas heladas asustan al gentío,
que gime en sus oídos de terciopelo…