Escribir, ¿para qué?

¿Por qué escribo? ¿Para qué escribo? ¿Para quién escribo? ¿Qué razones o impulsos me mueven a ordenar o desordenar las palabras sobre un folio?
La primera sesión del taller la dedicamos a tratar de responder a estas preguntas. 
Pero también tratamos de despejar -con ayuda de Fernando Iwasaki-  qué oficio es el de escritor si ni siquiera Hacienda lo reconoce como tal entre los epígrafes del Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE).




Charles Bukowski ofrece una serie de consejos y recomendaciones a todos los que desean convertirse en escritores:

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo, / no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas, / no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
o clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras, / no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama, / no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez, / no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo, 
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.
Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.
Si primero tienes que leérselo a tu esposa
o a tu novia o a tu novio
o a tus padres o a cualquiera,
no estás preparado.
No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos. 
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,/ no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
o hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

Y aquí dejo un texto propio sobre el hecho de escribir poesía:

Nunca escribí una poética. Ni la intuí siquiera. Todo lo que sea interpretar lo que escribo y lo que toco o respiro creo que no me corresponde a mí sino al lector. Yo no sé por qué escribo, ni me importa saberlo. Yo sólo escribo.

Creo en el poema. Como creo en las ninfas azules sin dolor de ovarios, en los cíclopes que se emborrachan los domingos, en los cachorros de pantera y en el país de las corbatas. El resto no quiero saberlo. Igual que la muerte.

Buscad ahí, entre los poemas, sin revolver las vísceras. Adivinad las cosas que no dicen. Merodead en sus envases térmicos las huellas y las sombras, el semen de los sueños, la sangre y la cerveza bombeadas noche a noche. Y si al final de todas las preguntas resulta que escribir es respirar y es una forma de medir el óxido que suman nuestros ojos, entonces quizá escriba. O alguien dentro de mí se encargue de ello aunque jamás razone su existencia; aunque jamás lo vuelva a ver después de la anestesia; aunque jamás vuelva a pensar que en todas las radiografías de todos los hombres y mujeres hay un poeta arrinconado. Un esqueleto sensible e imaginativo al que la carne pone límite. Un tramoyista sin contrato que articula nuestros ruidos. Una explosión, quizá de cuatro tiempos, que nos ayuda a comprender o confundir el mundo y al antropoide anónimo y social que desde siempre nos habita.

Porque resulta que escribir es capturar, desinfectar, diagnosticar, descifrar, autopsiar todo cuanto está en el límite de nuestros ojos, oídos, labios o tacto, las únicas posibles coartadas para el engaño de las musas, las herramientas que dan forma a una palabra o una lágrima o un beso rojo de mujer. Y aquí no hay fórmulas de agua o mecanismos de reloj que expliquen cuanto pasa.

Y en medio del poema y sus tendones, cuando se ablande el hielo, germinarán la noche y los aullidos y un galgo de ochocientos miligramos perseguirá las letras una a una para explicar el tiempo y el amor y el crucigrama de la muerte.


Raúl Vacas


Propuesta de escritura

Escribe un poema, un microrrelato o un texto sin más sobre el hecho de escribir y que contenga tu forma de pensar con relación a la escritura.

Dejamos aquí algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:



De por qué escribir

Yo era pequeña y los libros no me dejaban ser su personaje.
Luego crecí un poco. En la plenitud de las siestas del verano, cazaba moscas, cazaba renacuajos y, a veces, cazaba palabras. Al tacto sonaban diferentes; las moscas vibraban secas, los renacuajos se escurrían húmedos, había que tener cuidado para no dañar sus cuerpos. Son seres frágiles. En cambio, las palabras sonaban, soñaban, húmedas, dulces, saladas, secas, vibrantes, zumbantes, ambiguas, rotundas. Silencio. Palabras. Son seres fuertes. Están en mi mano. Juegan; se deslizan divertidas entre mis dedos y, a veces, muerden.
Crecí otra vez. Un día decidí que había llegado el momento; las puse en fila, una tras otra bien colocadas, en perfecto orden, y con clara instrucción de no moverse. Al fin yo sería el personaje del libro.
En esto pasó una mosca, es por todos conocido que el tiempo de las moscas pertenece a otra dimensión, cuando volví a posar la mirada sobre mi fila de palabras perfectamente alineadas y enlazadas, éstas, para mi sorpresa, se habían deslizado con sigilo y con humor. Ahora el personaje ya era otro, había ocupado mi lugar, se enganchó a la página en blanco, que ya no lo era, de tal manera que fue imposible arrancarlo de allí.
Y aquí estoy; cazo moscas, cazo renacuajos y, a veces, cazo palabras.

Ángela Mayor
Grupo B


Escribo

Escribo
para ahuyentar de mi 
esta muerte que me habita 

Escribo, para arrancar de cuajo 
mis entrañas 

Escribo
para que el luego 
se convierta en ahora 

Solamente escribo, 
sin pretensiones 
ni engaños 

Escribo simplemente 
para desmorirme todo. 

Apolinar Rubia Navarro
Grupo A


Contradicción

Crear una mentira para combatir otras mentiras. Escribo porque leo, y leo porque desconfío de la realidad que me rodea. Me parece una engañifa. Paradoja.

La realidad de los libros es engaño, fantasía, pero es más auténtica que la realidad “real”. Un libro es un universo independiente de mí. Cuando lo abro, descubro procesos que tienen vida propia. Y que supongo, seguirán cuando lo cierre. Así que crear universos con vida propia, es luchar contra lo aparente, contra la mentira.

Ricardo Paternina
Grupo A


Por qué escribo
Escribir es como recibir una carta misteriosa al leer y hay que contestarla. Es un tópico pero escribo poesía porque he leído mucha y especialmente la de los autores que dicen mucho con pocas palabras.

En realidad escribo para aprender, expresar y exaltar el mundo o recrearlo porque no me gusta; así recojo los mensajes positivos o no que lo creado me envía; para que ciertos hechos y pensamientos no caigan en el olvido.

Se me olvidaba decir que en algunos poemas intuyo el mundo invisible pero que está aquí, detrás de lo que se ve o tapa la luz del sol.

También expreso la melancolía que me habita o los pequeños momentos que me regalan algunas ideas que no me parecen mías.

Emilia González
Grupo B


Escribir, es-vivir

Una sala de espejos
bajo el mar,
un océano de pensamientos
sin tejer.
Las palabras buscan sonidos
en medio de un humedal,
mas no los encuentran.
Emergen pensamientos de arena
allí, en el mismo lugar
donde caracolean las emociones
y trepida el atardecer.

Y todo fluye de dentro hacia afuera,
del mar hacia la montaña de arena,
todo empieza, todo acaba, todo queda.
Acaso,
si algo se evapora, esa es la vida,
que se escapa entre los días
sin apenas darnos cuenta.

Es ahí, entonces, cuando entiendo
que mis palabras han de rescatar el instante:
Ése que fue, también el que ahora es, y
llegado el caso, incluso el que
puede llegar a ser en un momento
aún no vivido.

La palabra escrita vive en mí,
es mi otro yo, mi parte gemela.
Una sala de espejos
bajo el mar,
un océano de pensamientos
sin tejer.

Escribo porque vivo.
Me siento libre cuando escribo.

Si yo te escribo,
tú escuchas mi voz
aunque no me oigas,
y lees mi corazón
y ves mi rostro
aunque no esté delante.

Acaricio con mi letra
los senderos imaginables
del papel en blanco,
que voy construyendo
cada día, a cada instante,
hasta llegar a ti
y encontrarte.

Tina Martín Mora
Grupo B
http://tinamartinmora.wixsite.com/tinamartinmora/single-post/2017/10/14/ESCRIBIR-ES-VIVIR


"No seas un escritor vive escribiendo". Me siento muy identificada con esta frase.
Mi escritura es de "andar por casa", mis conocimientos no son muchos, sí mi interés por aprender, por la vida, por comunicarme de forma reflexiva, con el silencio de fondo.
Escribir para seguir sorprendiéndome.
Para imaginarme lo que pudo ser y no fue; lo que será, por lo menos, en mis escritos.
Escribir para acompañar en la distancia.
Para que mi hijo siga celosamente guardando mis cartas en su caja de madera.
Como dice mi amiga Raquelilla: escribes igual que hablas, desde el corazón. Y así quiero que siga siendo.

Luisa Sánchez Mayorga
Grupo A


Me gusta escribir

Quise aprender a escribir cuando tuve mi primera pizarra, dos, tres años. Fue mi primer descubrimiento darme cuenta de que si aprendía a hacer las letras y las juntaba bien, podía decir cosas sin hablar, descubrí la magia de las letras y, aprender a leer y escribir fue como un juego, supongo que desde entonces me aficioné a escribir y leer.

Era una niña sola, sin hermanos, mi muñeca, el cuaderno y lapicero eran mi mundo, hablando con ellos pasaba largas tardes, a ella le cambiaba de vestido, le daba de comer y, cuando ya estaba dormida cogía mi cuaderno, las pastas de un gris azulado, Cuaderno en la portada, un pequeño águila sobre una roca, en la contraportada las tablas de sumar, restar, multiplicar y dividir, era un cuaderno de rayas, que aún conservo y que cuesta leer, las letras están emborronadas, el lapicero no ha aguantado el paso del tiempo .Ahí está mi primera niñez, mis primeras fantasías.

Cuando fui a la Preparatoria en el Instituto para hacer el ingreso, diez años, la Maestra nos mandaba como redacción contar qué hacíamos los fines de semana. Siempre y todas igual, “me he levantado, desayunado, he hecho mi cama, he ayudado…” Me rebelé contra eso y empecé a inventarme historias, bien sabía ella que ni había ido a Madrid, ni que me habían regalado una bicicleta, ni que había enseñado a un loro a decir ¡hola! Escribiendo esas historias volví a descubrir cómo con las letras, con las palabras se puede soñar, transmitir y sentir emociones. En mi época en el Instituto leí mucho, y escribía, ya sí era mi compañera imprescindible, a la única que contaba mis sueños, mis alegrías, mis desencantos en ella me refugiaba ¡y cómo me entendía!, los sentimientos salían, las palabras fluían y limpiaban mi corazón, ¡me sentía tan feliz de poder escribir!

Y llegó otra etapa, una profesora de literatura despertó en mí otra forma de leer y escribir, me di cuenta que para escribir había que leer mucho y tener un buen bagaje de conocimientos, la sensibilidad y el gusto por escribir creo que sí lo tenía, aparqué el escribir, esperaría, me decía: Cuando haya vivido mucho, cuando sea mayor, cuando…cuando….

Sigo esperando, no paso de pequeños relatos, eso sí, escritos con mucha ilusión y con el corazón, disfruto mucho, para mí, en este momento de mi vida, sigue siendo algo tan placentero como cuando garabateé mi primer cuaderno.

Inés Izquierdo
Grupo A


Hay días que siento necesidad de escribir,lo que ocurre es que no soy capaz de poder expresar lo que anda por mi mente,ideas vienen y van.forman caracoles se enredan y juegan con mis Neuronas, pero no logro frases que digan ALGO digno de transmitir lo que circula libremente por mi cerebro.

Mi deseo de escribir es en algunos momentos de necesidad,intento plasmar de forma ordenada los pensamientos que juegan con mis neuronas como si quisieran, salir con FUERZA desde mi yo más interno,y a veces solo consigo garabatear frases que solo yo entiendo y después siento una liberación de mi revoltijo de ideas.Por eso, creo que para mí, es terapia.y como BUENOS escritores hay muchos,yo lo hago por gusto y creo que ese es también un buen motivo.

Pepa Agustín González
Grupo B


Escribir, para qué.

Escribo porque soy lector, y me siento más lector cuando escribo.

Pero no sé muy bien, porque creo que no tengo nada que decir, ni mucho menos quiero hablar de mí mismo, qué vergüenza; ni creo que la Literatura sirva para cambiar las cosas, aunque puede que sí; ni creo tampoco que me ayude a ligar, o a ganar ningún premio, ni siquiera a publicar nada.

Y la verdad, tampoco creo que tenga talento, cómo lo iba a tener yo siendo un bien tan escaso. Pero eso es curioso, porque a veces parece que el talento es como si lo tuviera a uno, y eligiera pasar a través de cualquier persona corriente para manifestarse. De nuevo, yo creo que ese Pepito Grillo es el lector que está por ahí revoloteando; o puede que simplemente sea un regalo más de la Lengua, de la Cultura, del acervo que llevamos impreso en los genes y mamamos con la leche materna. Un afortunado atavismo.

Y para ponérmelo todavía peor, no tengo cultura del esfuerzo; todo lo que supone un trabajo, para mí, es como si no mereciera la pena. Es como el amor, un milagro si te lo dan por tu cara bonita, pero si te lo tienes que currar, si lo tienes que merecer, si tienes que ser estupendo, entonces pierde casi toda su gracia. Madre sólo hay una.

Escribo porque creo que escribir es sobre todo un oficio –y la lectura una vocación- , y ahora que estoy en un limbo entre el paro y la jubilación, y tengo tiempo para ello, me he quedado sin excusas. Aunque podría dedicarme a hacer botijos, lo que no creo que sea menos digno y presupone además una cierta humildad, por contraposición a las ínfulas –no siempre justificadas- de algunos escritores. Literatura como oficio, como artesanía. Escribir un soneto es un poco como hacer un cesto de palabras.

Es un acto de respeto, de reconocimiento, un homenaje a la Lengua, a los maestros, es decir lo mismo de la misma manera –Borges, Pierre Menard- para encontrar, quizá, la propia voz, si es que nos hacemos merecedores –ahora sí- de tener una.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


Fantástico

Fantástico!. Aquello era un milagro. De la nada floreció un pensamiento que creció hasta llenar mi mente. Quedé embelesado y sorprendido ante tanta maravilla desconocida. Lo analicé con mucho detenimiento y concluí que, modelándolo y ampliándolo, podría convertirlo en una obra valiosa, acaso filosófica, quizá poética o puede que en una emotiva historia sentimental, fantástica o humorística. Me sumergí en él y, trabajosamente, comencé a añadir palabras, construir frases, imprimir estilo... No recuerdo bien qué salió de tanto esfuerzo, pero quedé satisfecho. Me embelesé con ella y le asigné un lugar destacado a medio camino de mente y corazón, donde poder encontrarla y admirarla en cualquier momento. Un día, sigilosamente, marchó a poblar el reino del olvido.

Surgieron más pensamientos y jugué con ellos; construí historias que retorcía y cambiaba a mi gusto sin que se ofendieran, y hasta me emocionaba con sus personajes, lo mismo que con ese fluir sensible y conmovedor, que la gente conoce como sentimientos. Presentí que compartiéndolos aliviaría mi alma, pero supe que también los demás tenían los suyos, por lo que no merecerían demasiada atención. Quedé triste. Me sentí solo.

Con esfuerzo, continué inventando historias, regando pensamientos, navegando sentimientos, a pesar de que tiempo y olvido robaban y destruían.

Pervive con nitidez aquella tarde inverniza, cuajada de melancolía, y el encuentro con la blanca soledad de un folio. Le ofrecí mi amistad y me brindó la suya. Desde entonces, le cuento y me escucha; le cuento y me acepta. Y cuando mi recuerdo se desvanece, le escucho y me cuenta; me cuenta y lo acepto. Somos amigos. Fantástico!.

Evaristo Hernández
Grupo B


"Con E de existir"

Escribir es escapar,
es energía, espacio, equilibrio.
Es empezar encontrando...

Escribir es elevar el espíritu,
encenderlo, enjuagarlo, embellecerlo...
Es embaucar esperando...

Escribir es el espectador ensimismado,
el enfermo espabilado,
es el estudiante entregado,
el enemigo engañado...

Escribir es enojarse, encapricharse, enamorarse...
Escribir es elegir,
Existir.

Enrique Rodríguez González
Grupo A


¿Por qué escribo?

Por jugar
Por sentir
Por vanagloria
Por ella.

Sobre la vida
Sobre la muerte
Sobre la belleza
Sobre ella.

Tras la música
Tras la palabra
Tras la pasión
Tras ella.

Para pensar
Para hablar
Para entender
Para ella.

Contra la soledad
Contra el dolor
Contra todo
Contra ella.

Lucio Gómez
Grupo A


Razones

Se fue perdiendo entre las calles llenas de gente, como uno más. Demasiado calor, demasiado polvo, demasiados empujones. Lo tenía claro, nunca volvería; nunca más. Demasiado dolor, demasiado sufrimiento, demasiados empujones. No, nunca más. “¿Y a ti qué te importa si lo hago bien o mal?” – recuerda que le gritó- “No pretendo tu aprobación, ni tu aplauso, ni siquiera un gesto de desagrado. Lo hago para mí, porque quiero, porque me sueño, porque me explico, porque me dejo llorar, porque me invento y lo hago sin ti, ¿me has oído? ¡Me invento sin ti!” Han pasado tres días y el gentío parece envolver la angustia. Lo sabe. Mintió. Nunca se recrea solo, siempre le acompaña su olor, el sonido de su respiración, su aliento, sus lágrimas emocionadas mientras lee – de nuevo, ¿cuántas veces van?- aquel pequeño poema, su demanda: “¿cuándo me escribes algo?” Sí. Mintió. Y lo peor es que sabe que le hizo daño, conscientemente, con voluntad de hacerlo. Tendré que pedirle perdón. Escribiré algo.

Javier Portilla
Grupo A


Tengo 8 años: Ojalá todos mis amigos leyeran los cuentos que escribo para mi sola.
Tengo 25 años: Estoy trabajando y es duro. Muy duro porque no tengo tiempo para escribir nada.
Tengo un sueño: Me encantaría jubilarme antes de los 40 para dedicarme a escribir.
Tengo 33 años: los sueños se hacen realidad, estoy jubilada y tengo tiempo para escribir, pero a veces no puedo.
Desgraciadamente, los sueños se hacen realidad pero nunca como los has soñado.
Tengo 50 años: ya no quiero soñar más, solo escribir. desperté de aquel sueño con una frase.:
"Desgraciadamente, hemos confirmado un diagnostico de Esclerosis Múltiple".

Esther Yubero
Grupo A


Escribir, ¿para qué?

Me da rabia la pregunta.

Escribo porque la linterna alumbra la oscuridad y encuentro regalos entre las sombras. No escribo cuando creo firmemente que no habrá sorpresas en las tinieblas.

Escribo porque la varita mágica extrae el caos y fuera lo ordena. ​No escribo si tengo la certeza de que todo es desorden y nada más.

Escribo y a veces me admira descubrir la belleza en las palabras y en lo que dibujan.

No escribo cuando atiendo a mi para qué y a mi yo no.

Escribo con la muleta en que me apoyo. También con el bisturí y me abro paso. Escribo cada vez más con las tijeras de podar. Muy a menudo con el cuchillo patatero y voy sacando los cocos. En ocasiones he escrito con el termómetro clínico, incluso con el supositorio y hasta con la lavativa. Pocas veces escribí con el machete, y me gustó.

Algunos días no he escrito por vergüenza.

Me da rabia la pregunta porque muchas veces no me lo permito. Probaré a escribir con una luz de bengala.

Manuela Sánchez
Grupo B


Escribir

Recuerdo el día que empecé a escribir. Tenía unos quince años. Al lado de mis manos tenía unos bolígrafos, lapiceros y unos papeles.

En esos papeles pude desahogarme escribiendo una frase que quería compartir.

Ahora con el paso del tiempo escribo para que el lector pueda leer con entusiasmo lo que escribo sobre el papel con la mejor sonrisa del mundo,

Han pasado desde que empecé a escribir unos doce años y espero seguir escribiendo historias por muchos años más.

David Álvarez
Grupo B


Escribir para sentirte vivo.

Escribir para confirmar una vez terminada la escritura el aspecto que tiene plasmada en el folio -antes blanco - ahora garrapateado sin piedad.

Escribir con pluma -sí, claro- : delicados jeroglíficos, caravanas de hormigas, danzas de notas musicales que patinan sin descanso, que generan líneas y párrafos con paradas en seco y puntos suspensivos también.

Escribir para poder vivir, para poder respirar aire el fresco en medio de tanta toxicidad ambiental y mental y dolor...

Ismael Marcos
Grupo B


Escribir, ¿para qué? 

Hay que ver, qué textos tan logrados los de mis compañeros del taller. Bien se aprecia que todos escriben al dictado de sentimientos hermosos. A ver cómo digo yo ahora que escribo porque me gusta contar mentiras. Porque a mí, la verdad, me chifla contar mentiras tranlará; y contármelas a mí mismo. Dice un amigo, psiquiatra por más señas y especialista en desliar neuronas embrolladas, que eso es que tengo algún tipo de frustración y que hasta que no la supere... Pero yo no hago mucho caso y sigo a lo mío.

A mí, a lo primero, la verdad, me costaba mucho parir un texto; y encima casi nunca me gustaba. Pero no hay mal que cien años dure, afortunadamente. Ahora doy el último teclazo, leo lo escrito, corrijo, lo vuelvo a leer, lo reescribo con esmero, le saco brillo... Al final la mentira me queda, y perdonen ustedes la inmodestia, preciosa. Cómo será que algunas veces hasta me la creo. Ahí es cuando me siento yo realizado; a ver por qué no va uno a poder regalarse una vida diferente.

Pascual Martín
Grupo B


¿Por qué escribir?

Escribo para mi, buscando un entendimiento propio, pero también para evadirme. Huyo de mi pensamiento decantando en el filtro de la mano el fluido de mi mente, para que pase por el tamiz de mi piel, como un estilo de purificación. De esta forma, suavizo la existencia, y la angustia del pensar se alivia por el baile de la pluma.
Las palabras escritas son mis huellas de arena que no perecen por el viento; son profundas, como una sutura, que duele y alivia. 

David VG
Grupo A


Diario

Vierto sobre tí emociones, ilusiones, historias de amor ,de desamor,rutinas, éxitos,fracasos, experiencias de viajes… Estás conmigo en lo bueno y en lo malo y me has servido de terapia, pero al final te convertirás en cenizas en la hoguera de San Juan ....

África Gómez
Grupo A


¿Porque escribir?

Escribir para mí significa, liberar tu mente, darle forma a tus pensamientos en cada letra plasmada sobre el papel, significa desahogarse, liberar las penas, el dolor, la tristeza, terapia válida para mentes confundidas, por azares de la vida. Significa morir y renacer, durante muchas vidas, en el tiempo infinito de tus pensamientos, para hacer y deshacer historias que la realidad no imagina.

José Eduardo Cadena
Grupo A


Me preguntas por qué escribo
por decir lo que no digo

Me preguntas por qué escribo
por mor de quien es mi amigo

Me preguntas por qué escribo
porque me sirve de abrigo

Me preguntas por qué escribo
porque mis penas mitigo

Me preguntas por qué escribo
para salir del hostigo

Me preguntas por qué escribo
para dejar un testigo

Me preguntas por qué escribo
por dejar de mirar mi ombligo

Me preguntas por qué escribo
porque hay premio y no castigo

Me preguntas por qué escribo
porque ser mejor persigo

Me preguntas por qué escribo
porque si no, me fatigo

Me preguntas por qué escribo
por reir de mi conmigo…

Me preguntas por qué escribo
por reir también contigo


Por decir lo que no digo
Por mor de quien es mi amigo
porque me sirve de abrigo
porque mis penas mitigo
para olvidar el hostigo
para dejar un testigo
por dejar de mirar mi ombligo
porque hay premio y no castigo
porque ser mejor persigo
porque si no, me fatigo
por reir de mí conmigo
por reír también contigo...

¡Por eso y más es porque escribo!

Mercedes González
Grupo A


“Escribir para tomar las medidas al miedo”
Chantall Maillard


Cuando las ideas turban mi mente y mis deseos se bloquean entonces surge la necesidad de escribir. Escribir para curar el alma, escribir para cauterizar la herida, escribir para mecer la pena, para airear las inquietudes que traen desasosiego.

A través de las palabras puedo expresar lo que bulle dentro de mí, lo que se duerme y teme despertar, lo que veo y lo que no se deja ver…

En definitiva, escribir para indagar en mi inconsciente, para dar orden al caos.

Pilar Sánchez
Grupo B


Porque cuando lo hago, me aíslo de la realidad dándole alas a la imaginación y me siento bien.
Porque escribir es una vía de escape a la rutina
Porque al escribir expreso mejor mis sentimientos y puedo reflexionar sobre ellos.
Porque cuando leo algo que me gusta ,disfruto y quiero aprender a escribir bien para que los que me leen experimenten el mismo placer
Porque escribiendo puedo plasmar lo vivido para que no caiga en el olvido
Porque escribir sirve para alimentar sueños e inventar otros mundos.
Porque...
Podría seguir dando mil razones sobre el placer de escribir pero no quiero alargarme más..
Por todo esto ..y por nada más escribo.

Rosa Celia González Monterrubio
Grupo B


Escribir para sorprender
Escribir, escribir, siempre escribiendo desde la escuela. Escribir la fecha, escribir al dictado, escribir los ejercicios, escribir los deberes, escribir una redacción a la vuelta de vacaciones, escribir el día del padre, de la madre, escribir caligrafía, escribir resúmenes, escribir apuntes... Pero tanto escribir para contar tan poco, para comunicar apenas nada, siendo éste el principal objetivo de este verbo tan fantástico que permite plasmar una realidad jugando con las letras y las palabras.

Laboratorio de escritura creativa, precioso nombre para aprender a escribir, ya que después de tanto escribir, he llegado hasta aquí sin apenas tener idea. Un laboratorio con probetas, matraces, tubos de ensayo, vasos de precipitados, llenos de letras y palabras que esperan sean perfectamente combinadas.

Escribir es realizar experimentos, ir echando poco a poco en el embudo las letras, las palabras necesarias para que se mezclen y combinen, en dosis adecuadas, con el fin de conseguir un compuesto creativo, lleno de sentido, capaz de provocar reacciones en los lectores, cogiendo sus alas para lanzarlos a volar en un viaje compartido.

Escribir es poner en común sentimientos, experiencias, ilusiones, con las mejores palabras para sorprender a los lectores. Si al final, el compuesto ha conseguido llegar a algún lector que lo disfrutó, mereció la pena el experimento.

Antonio Castaño MorenoGrupo A


Pincel de sueños
Vuelo de palabras
anida en la imagen
que hierve los silencios.

Letras deshojadas
rompen el misterio
al sentir la brisa de mi voz,
latente en la metáfora.

Pétalos del pensamiento
florecen en el recuerdo.

El verso reposa en mi piel,
nace una nueva sensación.
Sofía Montero García
Grupo B

Érase otra vez. Escribir para niños

La sesión del lunes, 5 de junio, la dedicamos a la difícil tarea de escribir para niños y jóvenes. Hablamos principalmente de álbum ilustrado y compartimos historias de los grandes, Lobel, Lionni, Sendack.



También leímos y comentamos varios artículos de Ana Garralón. Uno de ellos, el titulado "8 ideas equivocadas sobre lo que es escribir para niños" lo transcribimos aquí aunque también podéis encontrar, mejor vestido, en su blog:

Ya son muchos, muchos años, leyendo libros para niños. Leyendo libros de todo tipo y género, para todas las edades, sorprendiéndome cada vez que un libro logra conmoverme o me parece original. En todos estos años, y sobre todo después de haber comenzado este blog, me han llegado solicitudes para leer la obra de escritores que quieren comenzar sus pasos con libros infantiles. Lamentablemente observo una serie de “maneras de escribir pensando en los niños” que provienen de lugares comunes desde los que es difícil crear nuevos libros. Por este motivo me he animado a escribir esta entrada.
Conste que soy de las que piensa que escribir desde el “no” es siempre más fácil que desde el “sí”: quiero decir que no sé si, por ejemplo, me animaría a hacer una entrada titulada: 10 buenas ideas sobre lo que es escribir para niños.
Pero aquí va esta selección. Al menos habrá una sonrisa de complicidad en muchos. Decir por último que estas ideas se encuentran en originales sin publicar pero también –y muchísimo- en libros publicados que están en circulación.

1. A mis hijos les encantan las historias que les cuento antes de dormir
Por eso, a todos los niños en general, les debería gustar también, ¿o no? Esto se aplica igualmente a abuelos que se inventan el cuento, a docentes que hacen lo mismo en sus aulas, y a casi cualquier situación donde uno tenga rendidos a los niños, bien porque tiene que estar (escuela), bien porque necesitan ese momento (padres antes de dormir). Ese momento de complicidad absoluta y de afecto no se da de forma tan espontánea cuando la historia está sobre el papel y la van a leer otros niños en situaciones completamente diferentes (una biblioteca, una librería, un adulto leyendo el libro). En el relato espontáneo hay mucha tolerancia a las imperfecciones de la historia, absurdos improvisados o, simplemente, sentimentalismo.

2. Los cuentos para niños tienen una lección
Es una vieja demanda de la pedagogía, el aprendizaje de la lectura y la escuela. Ya que estamos aquí, pues que al menos aprenda algo. Por ese motivo se piensa siempre en el mensaje del cuento y se intenta ponerlo lo más clarito posible. ¿Lo literario? Bah, son pequeños, mejor que tengan muy claro lo que es correcto e incorrecto para poder reconocerlo en vida real. Según este principio, autores, editores y docentes premian libros donde se puede reconocer claramente cuál es el mensaje, dónde están los “valores” y de qué manera la lectura de ese libro va a contribuir a formar una buena persona.

3. Escribir para niños es más sencillo que para adultos
¡Claro! Total, tienen menos vocabulario, saben menos cosas y hasta hay que escribir menos palabras. Basta con juntar unas cuantas cositas y tienes el cuento. Escribir las cosas de forma sencilla es, por lo general, más difícil que no tener que seleccionar palabras ni niveles de lectura. Cuando no se tiene en cuenta aparecen libros llenos de frases simples, mucha acción, mucho diálogo, escasa experimentación y temas trillados.

4. Tengo una idea genial y necesito un ilustrador/a
Por lo general, una idea no es una historia. Repetimos: una idea no es una historia. Es difícil hacer ver este punto a escritores que quieren estirar una anécdota, basar una hisotira en un chiste, o simplemente, tener un momento de genialidad. Una historia tiene muchas capas, aunque no se vean, e implica una profunda reflexión sobre los personajes, las situaciones que viven, el tiempo, el espacio… Por eso muchos piensan que lo que necesitan es un ilustrador/a que les dibuje lo que a ellos les falta. Pero si un ilustrador no tiene el volumen necesario en una historia, apenas podrá interpretarla.

5. Los niños piensan en abstracto
¡A los niños les gusta mucho la fantasía! Esta es una idea que lleva a muchos escritores a descuidar la verosimilitud. Total, si los animales hablan, puede pasar todo. Pongamos ejemplos: una niña que conversa por las noches con su almohada, un niño cuya bicicleta le ayuda a sortear peligros, una abuela que vuela, las letras de un libro que se escapan para vivir su propia aventura, etc. En muchos casos, el autor no se toma la molestia de justificar esa fantasía y, mucho menos, pensar en por qué ocurren las cosas.

6. El libro ideal para niños tiene acción, suspense y aventuras
Cuando se leen las contracubiertas de los libros tenemos la impresión de que se repite un modelo sin parar: por ejemplo, algo ha desaparecido (un cuadro en un museo, un niño, algo en el cole) o ha modificado su comportamiento (la panadería ha cerrado inexplicablemente, una niña de una pandilla ya no se habla con las demás) y la trama gira alrededor de este hecho de suspense. Se suceden entonces carreras, reuniones secretas, se aventuran hipótesis, se encuentran la solución al misterio. Es una manera excelente de crear futuros lectores… de novela policiaca. 

7. Soy cuentacuentos y los cuentos que me invento les gustan mucho a los niños.
Este punto se puede relacionar con el 1 con la nota de que, en la actualidad, hay muchos cuentacuentos que están publicando sus propias historias, y hasta reciben premios por ellas. El cuentacuentos tiene una práctica en las estructuras narrativas que le favorece a la hora de inventarse una historia. Pero un cuento contado no siempre funciona cuando se escribe, y mucho menos cuando se ilustra. El espacio imaginario que propone el contador cuando empieza su historia lo completa cada niño de una manera u otra y esa es la maravilla de la tradición oral. Verlo en un álbum a todo color con la interpretación que ha hecho el ilustrador empequeñece en muchas ocasiones una historia con matices y, por lo general, el texto queda reducido a una anécdota que no siempre se entiende.

8. No sé contar historias per tengo mucha sensibilidad
Sí, y los niños son seres con mucha sensibilidad. Esto quiere decir que a los niños vamos a hablarles de la luna y de las estrellas de mar y del viento y tal vez de las nubes, porque son objetos llenos de romanticismo y a los niños les encantan los momentos poéticos. Y en este caso no necesitamos ninguna historia porque ¿no es cierto que hablar de contemplar el cielo estrellado, y escribirlo en un libro, es una idea que les va a encantar? ¿A que vamos ayudarles a desarrollar su imaginación? Si a esto le añadimos que no hay que tirar basura en la playa, tenemos el libro perfecto. Sí

Hablamos también de este cuento de Quim Monzó titulado "La Monarquía":

“Todo gracias a aquel zapato que perdió cuando tuvo que irse del baile a toda prisa porque a las doce se acababa el hechizo, el vestido retornaba a la condición de harapos, la carroza dejaba de ser carroza y volvía a ser calabaza, los caballos ratones, etcétera. Siempre la ha maravillado que sólo a ella el zapato le calzase a la perfección, porque su pie (un 36) no es en absoluto inusual y otras chicas de la población deben de tener la misma talla. Todavía recuerda la expresión de asombro de sus dos hermanastras cuando vieron que era ella la que se casaba con el príncipe y (unos años después, cuando murieron los reyes) se convertía en la nueva reina. El rey ha sido un marido atento y fogoso. Ha sido una vida de ensueño hasta el día que ha descubierto una mancha de carmín en la camisa real. El suelo se le ha hundido bajo los pies. ¡Qué desazón! ¿Cómo ha de reaccionar, ella, que. siempre ha actuado honestamente, sin malicia, que es la virtud en persona?
Que el rey tiene una amante es seguro. Una mancha de carmín en la camisa siempre ha sido prueba clara de adulterio. ¿Quién será la amante de su marido? ¿Debe decirle que lo ha descubierto o bien disimular, como sabe que es tradición entre las reinas, en casos así, para no poner en peligro la institución monárquica? ¿Y por qué el rey se ha buscado una amante. ¿Acaso ella no lo satisface suficientemente? ¿Quizás porque se niega a prácticas que considera perversas (sodomía y lluvia dorada, básicamente) su marido las busca fuera de casa?.
Decide callar. También calla el dia que el rey no llega a la alcoba real hasta las ocho de la mañana, con ojeras de un palmo y oliendo a mujer. (¿Dónde se encuentran? ¿En un hotel, en casa de ella, en el mismo palacio?) Hay tantas habitaciones en este palacio, que fácilmente podría permitirse tener la amante en cualquiera de las dependencias que ella no conoce.) Tampoco dice nada cuando los contactos carnales que antes establecían con regularidad de metrónomo (noche sí, noche no) se van espaciando hasta que un día se percata de que, desde la última vez, han pasado más de dos meses.
En la habitación real, llora cada noche en silencio; porque ahora el rey ya no se acuesta nunca con ella. La soledad la reseca. Mil veces hubiera preferido no ir nunca a aquel baile, o que el zapato hubiese calzado en el pie de cualquier otra muchacha antes que en el suyo. As¡, cumplida la misión el enviado del príncipe no hubiera llegado nunca a su casa. Y en caso de que hubiera llegado, mil veces hubiera preferido incluso que alguna de sus hermanas calzara el 36 en vez del 40 y 41, números demasiado grandes para una muchacha. Así el enviado no habría hecho la pregunta que ahora, destrozada por la infidelidad del marido, le parece fatídica: si además de la madrastra y las dos hermanastras habría en la casa alguna otra muchacha.
¿De qué le sirve ser reina si no tiene el amor del rey? Lo daría todo por ser la mujer con la cual el rey copula extraconyugalmente. Mil veces preferiría protagonizar las noches de amor adúltero del monarca que yacer en el vacío del lecho conyugal. Antes querida que reina.
La antigua cenicienta decide avenirse a la tradición y no decirle al rey lo que ha descubierto. Actuará de forma sibilina. La noche siguiente, cuando tras la cena el rey se despide educadamente, ella lo sigue de forma disimulada. Lo sigue por pasillos que desconoce, por ignoradas alas del palacio, hacia estancias cuya existencia ni siquiera imaginaba. El rey la precede con una antorcha.

Finalmente se encierra en una habitación y ella se queda en el pasillo, a oscuras. Pronto oye voces. La de su marido, sin duda. Y la risa gallinácea de una mujer. Pero superpuesta a esa risa oye también la de otra mujer. ¿Está con dos? Poco a poco, procurando no hacer ruido, entreabre la puerta. Se echa en el suelo para que no la vean desde la cama; mete medio cuerpo en la habitación. La luz de los candelabros proyecta en las paredes la sombra de tres cuerpos que se acoplan. Le gustaría levantarse para ver quién está en la cama, porque las risas y los susurros no le permiten identificar a las mujeres. Desde donde está, echada en el suelo, no puede ver casi nada más; sólo, a los pies de la cama, tirados de cualquier manera, los zapatos de su marido y dos pares de zapatos de mujer, de tacón altísimo, unos negros del 40 y otros rojos del 41.

Propusimos como tarea escribir una historia a partir del final de un cuento clásico, al estilo de Monzó. ¿Qué ocurrió después? ¿Qué fue de los protagonistas de la historia pasados veinte años? ¿Vomitaron las perdices que comieron? ¿El final fue verdaderamente feliz?

Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora


Blancanieves sin Príncipe

-¿Y por qué siempre dices, colorín colorado este cuento se ha acabado? No se han muerto así que no ha terminado ¿Y por qué tiene que ser así el cuento?-

-¿Qué te gustaría entonces?-

- A mí me gustaría saber qué harán los enanitos después, si van a seguir trabajando en la mina, si seguirán viviendo en su casita del bosque y si Blancanieves y el Príncipe tendrán hijos. O podía haber pasado otra cosa-

-Pue siéntate, aquí tengo este libro que nos lo va a contar-

-¡Pero mami si está en blanco!-

- Pues empecemos a escribirlo nosotros-

Cuando el cazador entregó a la reina el corazón del corzo, la duda quedó en el suyo, ¿quedaría ya a salvo la princesa, o la maligna reina descubría el engaño? Su misión iba a ser, cuidar de Blancanieves.

El cazador tenía dos hijos, ellos se encargarían de vigilar la casa de los enanitos, mientras, recogerían leña y los frutos del campo. Rufo protestaba mucho, no le gustaba ser cuidador de una princesita, Leandro al contrario, estaba muy contento pensando en salvar a la princesa de su madrastra, podría ser un héroe. Cuando Blancanieves terminaba sus tareas y hasta que volvían los enanitos, salía a jugar con ellos, le enseñaban el nombre de los árboles, a reconocer los cantos de las aves, a imitar los sonidos de los animales, ella les contaba bonitas historias. Se hicieron buenos amigos.

Una noche, el cazador vio cómo una viejecita salía del castillo, él bien sabía que era la reina. En aquel momento la luna se escondió tras una negra nube, un gran estruendo retumbó, todos los animalitos del bosque empezaron a revolotear, a trotar, piaban, graznaban, zureaban, rebuznaban, ululaban, relinchaban, hasta un cocodrilo lloraba, un enjambre de abejas zumbaba y revoloteando a su alrededor empezaron a clavarle su aguijón, le inyectaron su veneno, cayó víctima del final que había preparado para Blancanieves. En el castillo hubo un gran estallido, el espejo mágico cayó al suelo, ya no volvería a tener poderes.

El cazador fue a buscar a Blancanieves, muy contentos todos volvieron al castillo y allí vivieron muy felices muchos años.

-¿Podemos poner que Leandro y Blancanieves se casaron y tuvieron siete hijos?-

Blancanieves y Leandro se enamoraron, se casaron y tuvieron siete hijos.

Inés Izquierdo
Grupo A


El osito de la tele

- Inconcebible, mi niña. ¡No te lo vas a creer!. Mi maestro me ha mandado escribir un cuento.

- No, claro, no lo voy a hacer. Los dos sabemos que los cuentos son mentiras que inventan los mayores para engañar a los pequeños. Está fatal engañar a nadie. Mi mamá me enseñó a no mentir la tarde en que Ali y yo subimos a la rama alta del chopo de la Vega y le juré dos veces que venía de casa del señor Tino. Cuando acabó, se colocó de nuevo la zapatilla y con su dedo apuntó a papá y a la vara de mimbre colgada junto a la puerta del corral.

¿Sabes?; voy a relatarle nuestra aventura con el osito. Lo mismo cree que es un cuento y me libro de su mala nota y, sobre todo, de su mala cara…

No te he dicho que naciste en un hospital muy grande. Un hospital es una casa enorme, con paredes de cristales, donde llevan a las personas malitas para curarse. A la mayoría de los niños les gusta nacer allí. Mi mamá también me nació en uno de ellos, aunque engañado. Yo quería haberlo hecho en el pueblo del Teso Alto, como mi amigo Canito,

A Canito lo encontró su papá al lado de un haz de trigo, en la estación de los calores. Dejó la hoz en el suelo, lo metió en unas alforjas y lo llevó a casa. El sol ya había dado las buenas noches y se marchaba a dormir. Al llegar, encendió el candil de carburo de la cocina, le calentó un buen plato de patatas y lo puso a mamar de la teta de la cabra.

En el hospital, los curadores se llaman médicos. Algunos entrecierran los ojos y fruncen el ceño. Si no eres valiente hacen un poco de miedo. Otros no, otros te sonríen y son simpáticos. Las curadoras son las enfermeras. Casi todas son buenas y guapas, menos alguna que, para que te hagas una idea, son tan brujas como la Joaquina del Pueblo Forastero, que le cortaba la cola a las lagartijas. Esas, al regresar a casa, seguro que le pegan pescozones a los maridos.

Cuando tú naciste, llegué al pasillo de la casa de los nacimientos acezando por subir de cuatro en cuatro los peldaños de la escalera. Me acababan de comunicar que habías llegado y te iban a asignar familia para la vida. Te tenía mama en brazos y no tardó en hacer tu presentación oficial. Había mucho ruido e intuí, más que escuché:

- Aquí una niña (y miró para ti).

Luego giró su cabeza hacia nosotros, nos señaló con la palma de la mano y dijo:

- Aquí una familia.

Se me encogió el alma al pensar que de haber subido los escalones de dos en dos no habría llegado a tiempo y no seríamos más que dos desconocidos.

Pasamos juntos un buen rato. Tres veces me guiñaste con los dos ojitos a la vez. Te contesté levantando los dos pulgares con disimulo. Nadie se enteró. Acabábamos de forjar una amistad para toda la vida.

Cuando regresé a casa me senté a ver la tele. Había un osito que se empeñaba en salir por la pantalla para morderme un brazo. Por más que le expliqué que yo era buena persona y amigo de los osos, siguió en su empeño de abrir la boca y enseñarme los dientes. Me enfadé y de un salto la apagué con rabia, así al quedarse a oscuras marcharía a su casa.

Me puse a leer un cuento. Al pasar la primera hoja se me cerraron los ojos y el osito, que aún no había marchado, aprovechó para salir de la tele.

En la casa solitaria sí había palos, pero en la del Pueblo Grande solo teníamos el palo de la escoba, que no vale para nada. Corrí a cogerlo a la cocina, pero al volver se me atravesó en el pasillo y se rompió. El osito se reía y me enseñaba los dientes. Yo no sabía qué hacer, si llorar o correr. Llorar es de gallinas, pero consuela, y a correr me iba a coger, porque aunque parecen lentos, dan saltos engañosos y te atrapan.

En un despiste suyo quité la tapa trasera de la tele, a ver si volvía a entrar. ¡Ni hablar!, Se enfadó aún más y abrió la boca cinco veces, cada vez una cuarta más y cada vez con peores intenciones. Me escondí detrás de la puerta y me hice el muerto. Menos mal que apareciste tú, no sé cómo, con alas de ángel y cara de cielo, que si no sí que lo estaría de verdad.

Fuiste tan valiente que tú solita lo agarraste y sujetaste por una oreja mientras yo marché a toda velocidad a quitar la cuerda del tendedero para atarle las patas. Tan rápido quise ir que se me salió una zapatilla y caí de bruces contra el mueble de las cucharas, que se puso a gruñir.

Mientras con tu ala le tapabas los ojos, yo le até las patas de adelante primero y las de atrás después. Luego pasé el extremo de la cuerda por una de tus alas y la anudé. Contamos juntos: uuuuno, dooooos y a la de tres, diste un pequeño salto y con un empujón mío lo encerramos en el televisor. Tú apretabas la tapa, mientras yo enroscaba fuerte los tornillos, para que no volviera a salir. Todavía lo intentó dos veces, pero le di en el hocico con el palo roto de la escoba y despareció. ¡Se iría para su casa!.

Te di un abrazo muy fuerte y regresaste al hospital con mamá. Me desperté. Aquel día decidí que siempre me tendrás a tu lado y no consentiré a ningún oso atrevido intente morderte el brazo, como quiso hacer conmigo el Osito de la Tele.

Evaristo Hernández
Grupo B


El traje del rey
Hace mucho, mucho tiempo, había un rey llamado Juan Carlos, al que le gustaba vestir bien, a pesar de que su cuerpo estaba desproporcionado. No encontraba sastre en el reino que le diera gusto y acertará en las medidas. Por lo que decidió poner un anuncio por internet, ofreciendo el oro y el moro, al sastre que acertara en sus deseos.
De todos los sastres que desfilaron por palacio con sus catálogos de telas y colores, uno fue el elegido por su atrevimiento, al comunicar al rey que los tontos no serían capaces de ver los trajes que el confeccionaba, estaban hechos solo para ser vistos por los más sabios del reino, sus trajes tenía la propiedad de ser únicos y mágicos.
El rey dotó al sastre de todo lo que le pedía, hilos de oro, telas, espejos y ayudantes. Impaciente el rey por ver sus trajes, envió al ministro de cultura, para que viera como iban sus nuevos trajes, pues pronto era se cumpleaños y saldría del palacio para que le vieran sus súbditos.
El ministro al hablar con el sastre, no consiguió ver ningún traje, este le explicaba el traje imaginario, como había quedado, su tamaño, su textura, su color, incluso se lo probó a él, y le hizo mirar al espejo para que se viera, por lo que dándose cuenta que los tontos no lo verían, a todo contestaba afirmativamente.
Llegó el día del desfile por el reino, y el sastre vistió al rey con su traje imaginario, y como los súbditos estaban avisados de que solo los más listos serían capaces de ver las telas mágicas con las que estaba confeccionado el traje, nadie se atrevía a decir nada , todos vitoreaban al rey a su paso, solo los niños decían la verdad, "El rey va en pololos, ja, ja, ja".
El sastre desapareció con todo el oro que pudo llevarse, y dicen las malas lenguas del lugar, que los reyes cuando tienen que comprarse algún traje, acuden a Zara o al Corte Ingles, pero no dicen que son reyes, para que el dependiente que les atienda les diga la verdad de como les sientan las prendas que compren.

Luis Iglesias
Grupo B


Érase que se era un viejo poeta. Un día de tormenta alojó en su casa a un niño bello como un querubín, pero muy extraño, estaba desnudo y su cuerpo temblaba de frío. El poeta le abrigó y lo alimentó.
Aquel niño era extraño, llevaba un bonito arco, deslucido por la lluvia, que el poeta secó y restauró. EL niño comía con avidez, mientras le decía al poeta que se llamaba Amor.
El poeta observó que una hermosa muchacha pasaba por la ventana y acto seguido el niño, falsamente ingenuo, disparó una flecha y con un disparo de rayo atravesó el corazón del poeta
Ese niño falso persigue a todo el mundo…y vive sin crecer. Las arma buenas, hasta a una abuelita  le atravesó también el corazón.
Y no para ni parará nunca, y como ya lo conocemos, tengamos cuidado

¿Es malo el diosecillo Amor?

Emilia González
Grupo B


El mundo de Cenicienta
Cenicienta se encontraba muy feliz, gracias al hada madrina: su barita mágica, la transformó en princesa con una bella carroza para ir a palacio, bailar y casarse con el príncipe de sus sueños. Su vida estaba llena de sorpresas que acariciaban su rostro. Sus vestidos olían a jazmín. Envuelta en su piel de porcelana, paseaba por el palacio y sus alrededores con el encanto de una princesa querida por todo el universo.

Su amor hacia el príncipe Daniel era tan intenso, que ambos decidieron tener su primer hijo, David. Su rostro era tan bello como el de Cenicienta, pero su miedo le invadía todas las noches en aquel palacio tan inmenso y misterioso. Una noche, Cenicienta se acercó a la cama de su hijo, le cantó una nana y David se quedó profundamente dormido. Al ver que su hijo dormía, decidió que debía repetirlo todas las noches. El príncipe Daniel pensó que esto no podría durar para siempre , aunque sería el remedio del momento. Otra opción podría ser cambiarse a una casa cerca del palacio rodeada de luz, con ventanas hacia un jardín, lleno de vegetación y de flores. Habló con Cenicienta sobre esta idea. Ambos decidieron trasladarse a una casita cercana, junto a un río, donde podían disfrutar de las maravillas de la naturaleza.

La estancia en la casita fue verdaderamente deliciosa. David ya no sentía miedo, sus sueños eran muy placenteros. Al despertar, se encendía su cara con un volcán de ilusiones. Los tres vivían momentos muy felices. El palacio no estaba abandonado, el rey Federico tenía fe en el príncipe Daniel, quien controlaba sus pertenencias y también a las personas que trabajaban bajo su mando.

David creció con mucho cariño y protección. Cuando cumplió dieciocho años, trabajó en palacio como coordinador de los diferentes cargos regentados por su abuelo el rey Federico , que se encontraba enfermo.

A raíz de su muerte, Su padre, el príncipe Daniel, se convirtió en el rey más poderoso y bueno del universo.

Cenicienta intentaba mantener la armonía de su familia para vivir con la mayor intensidad los sueños de cada día.

Sofía Montero
Grupo B


La Cenicienta
Después de haberse casado la cenicienta descubre que está embaraza. Está contenta, así que le comenta a su marido que van ha ser padres.
Lo celebran en familia.
Semanas después a la cenicienta y a su marido les dan la noticia de que el bebé que esperan es un varón.
Pasan los nueves meses y por fin la cenicienta da a luz a un niño al que le ponen el nombre de Jaques.
Han pasado siete años y Jaques es un excelente estudiante. A veces rivaliza con su primo Adolfo pero se llevan bien. Van a la misma clase y son excelentes estudiantes para alegría de sus padres.

David Álvarez
Grupo B

Duérmete, niño

La sesión del lunes, 30 de mayo, la dedicamos a las nanas, el miedo y el sueño. Nos acercamos de puntillas a la canciones de cuna. Pero antes comentamos algunas cuestiones recogidas en el excelente prólogo de Carmen Riera en "El gran libro de las nanas" (El Aleph), leímos algunos textos del "Libro de nanas" (Editorial Media Vaca) y de "Nanas para dormir desperdicios" de Francisca Aguirre viuda del poeta Félix Grande.
Recordamos la nana de este gran poeta "Nanas para la metralla" dedicada a su hija y comentamos algunas cuestiones relativas a un excelente texto firmado por Federico García Lorca, una conferencia sobre las nanas que dictó en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Dejamos aquí un extracto:

[...] Hace unos años, paseando por las inmediaciones de Granada, oí cantar a una mujer del pueblo mientras dormía a su niño. Siempre había notado la aguda tristeza de las canciones de cuna de nuestro país; pero nunca como entonces sentí esta verdad tan concreta. Al acercarme a la cantora para anotar la canción observé que era una andaluza guapa, alegre sin el menor tic de melancolía; pero una tradición viva obraba en ella y ejecutaba el mandado fielmente, como si escuchara las viejas voces imperiosas que patinaban por su sangre. Desde entonces he procurado recoger canciones de cuna de todos los sitios de España; quise saber de qué modo dormían a sus hijos las mujeres de mi país, y al cabo de un tiempo recibí la impresión de que España usa sus melodías para teñir el primer sueño de sus niños. No se trata de un modelo o de una canción aislada en una región, no; todas las regiones acentúan sus caracteres poéticos y su fondo de tristeza en esta clase de cantos, desde Asturias y Galicia hasta Andalucía y Murcia, pasando por el azafrán y el modo yacente de Castilla.

Existe una canción de cuna europea, suave y monótona, a la cual puede entregarse el niño con toda fruición, desplegando todas sus aptitudes para el sueño. Francia y Alemania ofrecen característicos ejemplos, y entre nosotros, los vascos dan la nota europea con sus nanas de un lirismo idéntico al de las canciones nórdicas, llenas de ternura y amable simplicidad.
La canción de cuna europea no tiene más objeto que dormir al niño, sin que quiera, como la española, herir al mismo tiempo su sensibilidad.
El ritmo y la monotonía de estas canciones de cuna que llamo europeas las pueden hacer aparecer como melancólicas, pero no lo son por sí mismas; son melancólicas accidentalmente, como un chorro de agua o el temblor de unas hojas en determinado momento. No podemos confundir monotonía con melancolía. El cogollo de Europa tiende grandes telones grises ante sus niños para que duerman tranquilamente. Doble virtud de lana y esquila. Con el mayor tacto.
Las canciones de cuna rusas que conozco, aun teniendo el oblicuo y triste rumor eslavo, pómulo y lejanía, de toda su música, no poseen la claridad sin nubes de las españolas, el sesgo profundo, la sencillez patética que nos caracterizan. La tristeza de la canción de cuna rusa puede soportarla el niño, como se soporta un día de niebla detrás de los cristales; pero en España, no. España es el país de los perfiles. No hay términos borrosos por donde se pueda huir al otro mundo. Todo se dibuja y limita de la manera más exacta. Un muerto es más muerto en España que en cualquiera otra parte del mundo. Y el que quiere saltar al sueño se hiere los pies con el filo de una navaja barbera.
No quiero que crean ustedes que vengo a hablar de la España negra, la España trágica, etc., etc., tópico demasiado manoseado y sin eficacia literaria por ahora. Pero el paisaje de las regiones que más trágicamente la representan, que son aquellas donde se habla el castellano, tiene el mismo acento duro, la misma originalidad dramática y el mismo aire enjuto de las canciones que brotan en él. Siempre tendremos que reconocer que la belleza de España no es serena, dulce, reposada, sino ardiente, quemada, excesiva, a veces sin órbita; belleza sin la luz de un esquema inteligente donde apoyarse y que, ciega de su propio resplandor, se rompe la cabeza contra las paredes.
Se puede encontrar en el campo español ritmos sorprendentes o construcciones melódicas llenas de un misterio y una antigüedad que escapa a nuestro dominio; pero nunca encontraremos un solo ritmo elegante, es decir, consciente de sí mismo, que se vaya desarrollando con serenidad querida aunque brote del pico de una llama.
Pero aun dentro de esta tristeza sobria o este furor rítmico España tiene cantos alegres, chanza, bromas, canciones de delicado erotismo y encantadores madrigales. ¿Cómo ha reservado para llamar al sueño del niño lo más sangrante, lo menos adecuado para su delicada sensibilidad?
No debemos olvidar que la canción de cuna está inventada (y sus textos lo expresan) por las pobres mujeres cuyos niños son para ellas una carga, una cruz pesada con la cual muchas veces no pueden. Cada hijo, en vez de ser una alegría, es una pesadumbre, y, naturalmente, no pueden dejar de cantarles, aun en medio de su amor, su desgano de la vida.  [...]

Aquí tenéis la conferencia completa: "Añada. Arrolo. Nana. Vou veri vou"



Propuesta de escritura

El cdNanas contemporáneas (Canciones de ternura en los tiempos del rencor)nos ofrece unas nanas llenas de desesperación ante el incierto futuro de nuestros niños en un tiempo dominado por el odio. Pero detrás de esa desesperación se esconde la belleza que nos hace mirar aún con cierto optimismo hacia adelante.
¿Qué tipo de nana escribiríamos a un bebé de hoy? ¿a qué miedos debe enfrentarse el niño a la hora del sueño? Trata de responder a estas preguntas en un texto. Si es una nana aún mejor.

Aquí están algunos de los trabajos enviados hasta ahora por los participantes en el taller:


Nana

Dada su manifiesta ineptitud para la cosa poética, en un primer momento pensó renunciar a escribir la nana que se le pedía. Julio, sin embargo, nunca fue de reconocerse limitaciones. En este caso menos aún, estando como está Fofi, el nietín de la pequeña; mira tú, si es que se le tenía que haber ocurrido a él eso de la nana, sin que se lo impusieran de obligación.

Pero quién dijo que hayan de ser todos los días iguales; así que, dispuesto el ánimo, se sienta frente al ordenador a negociar con su musa amiga. Veamos, han de ser versos cortos, como se dijo en el taller, cinco/siete sílabas. Un ritmo acompasado, también. Y luego está lo del miedo; pero eso ni hablar, Fofi no ha de sentir miedo, por ahí sí que no pasa. La cadencia, ¿ves?, eso ya es otra cosa; la cadencia bien puede inducir el sueño, se entiende fácil.

El rosario. El rosario podría valer. El rosario que rezaban las monjitas de clausura en sus tiempos de monaguillo. Avemarías repetidas cincuenta veces a estilo mantra. Pero claro, ellas tenían esa voz dulce, limpia...

Y de pronto, el flash. Porque ha sido como un destello, un fogonazo, algo que le ha iluminado. Gracias, musa. Veamos... versos cortos, ritmo, cadencia, y miedo en absoluto... Sí, todo cuadra. De añadido, Fofi tiene casi dos añitos ya, y los niños a esa edad todo lo aprenden; mejor entonces. Por si fuera poco, el soniquete lo recuerda perfectamente, ningún problema tampoco en ese sentido. Toma asiento ya sin más frente al ordenador y teclea sin la menor vacilación, sin dudar un instante como, ¡ay!, en tantas ocasiones. A tirón, así tenía que salirle siempre.

Dos por una es... dos.
Dos por dooos... cuatro.
Dos por treees... seis.
Dos por cuatrooo... ocho.
Dos por cincooo... diez.

Bueno, a lo mejor ya es bastante.

Pascual Martín
Grupo B


Hija de las nubes

Mi pequeña mariposa
cansada está de volar
en el parque de colores
que arrulla la voz del mar

Mi pequeña mariposa
cansada está de volar
entre los juncos de barro
que arrulla la voz del mar

Las estrellas han salido
La luna redonda está
Mi pequeña mariposa
Sus ojitos cierra ya

Sueña linda mariposa
Sueños lindos de verdad
Que los sueños son la tinta
Con la que has de caminar

Un dragón vela tu sueño
Un dragón de fuego y sal
Tiene heridas en las alas
Y aún conjuga el verbo amar

Nació en un arrecife
Como tú, linda Coral,
y con su mirada limpia
ahuyenta la falsedad

Junto a él,  una sirena
no se cansa de peinar
las olas más tenebrosas
con cuentos de luz y paz

Son sus fábulas tan dulces
Como la miel de un panal
Donde todas las abejas
Son las reinas por igual

Mi pequeña mariposa
Cansada está de volar
Mi pequeña mariposa
Sus ojitos  cierra ya

Sueña linda mariposa
Sueños lindos de verdad
Que los sueños son la tinta
con la que has de caminar

Eres hija de las nubes
Que tejió la soledad
Entre las rocas marinas
Con hilos de rabia y pesar.

Caracolillo sin concha
El mundo entero es tu hogar
Pedacito de mi vida
Cierra tus ojitos ya

Un dragón vela tu dicha
La sirena peina el mar.
Las estrellas han salido
El sol calienta otro lar

Sueña linda mariposa
Sueña sueños de verdad
Que los sueños son la tinta
Con la que has de caminar.

Hay sombras en las corrientes
Pocos las ven llegar
Las dirige un pez espada
Disfrazado de Verdad

Te dirá que no hay sirenas
Que en el agua hay que luchar
Que el dragón fue una quimera
Que quien sueña muerto está

No te sumes a su corte
O tus alas perderás
Y sin alas en el parque
Los juncos son de metal.

Mi pequeña mariposa
Cansada esta de volar
Mi pequeña mariposa
Sus ojitos cierra ya

Sueña linda mariposa
Sueños lindos de verdad
Que los sueños son la tinta
Con la que has de caminar

Encontrarás desafíos
Laberintos sin final
Algunos serán infiernos
No sabrás cómo volar

Verás arder tus alitas
En el frio de un glaciar
Serás ciega a los colores
Que contigo siempre están

Mi pequeña Coralina
Nada pasa por llorar
Se pueden tener heridas
Y vivir el verbo amar

Mi pequeña mariposa
Cansada esta de volar
Mi pequeña mariposa
Sus ojitos cierra ya

Sueña linda mariposa
Sueños lindos de verdad
Que los sueños son la tinta
Con la que has de caminar

Caracolillo sin concha
El mundo entero es tu hogar
Un dragón vela tu dicha

La sirena peina el mar

Ana Isabel Fariña
Grupo B


Nana a las BBCs
Dedicada a mis sobrinas-nietas Blanca, Belén y Celia

Nana, nanita, nana.
Nanita, nana.

Duerman mis niñas
todo está en calma.
Velo sus sueños
Acurrucada.

Nana, nanita, nana.

La noche llega
azul celeste
Nana, nanita, nana.

Duerman, descansen,
ya las estrellas
abren sus ojos.

Nana, nanita, nana.

Y me acompañan.
Cantan conmigo,
esta balada.

Nana, nanita, nana.
También la luna,
nos acompaña.

Nana, nanita, nana.

Duerman, reposen
Sueñen, cabalguen,
busquen tesoros,
allá en el alba.

Nana, nanita, nana.

Caperucita,
con Pulgarcito
Hansel y Gretel,
con el flautista.

Todos corriendo,
vienen, ya llegan,
jugar ya quieren,
al escondite.

Nana, nanita, nana.

Ya vais dormidas,
las tres ya estáis.

Nana, nanita, nana.

Celia abre un ojo,
que después cierra,
duerme tranquila,
nada le inquieta.

Nana, nanita, nana.

Ahora es Belén,
la que protesta,
mas enseguida,
respira y sueña.

Nana, nanita, nana.

Ya estoy rendida
seguir no puedo.

Nana, nanita, nana.

Pero Blanquita
“Sueño ligero”
quiere otra historia
que la acompañe,
la lleve al bosque,
para encontrarse
con sus amigos
y allí jugar.

Nana, nanita, nana.
Nana, nanita, nana.

Mª Nieves-C.Martín Magdalena
Grupo B


Nana

El sol ya se esconde,
la luna está aquí,
brillan las estrellas
y tú ya a dormir.

Cierra los ojitos,
lindo querubín,
tu madre te arrulla,
te mece en sus brazos,
suave ronroneo,
cual olas del mar
que con su cadencia
y su melodía
hoy te harán soñar
y en nubes muy blancas,
te recostarás.

Inés Izquierdo
Grupo A


Nanas , cuentos, historias para dormir.
No recuerdo que de pequeño a mí nadie me contara nanas para irme a la cama, ni siquiera cuentos. Uno se dormía de cansancio, después de estar todo el día jugando en la calle. Seguramente, a los niños ricos sus padres les contarían nanas o cuentos con final feliz, tenían tiempo y estaban preparados académicamente. Nuestro padres no andaban con florituras, su problema era trabajar para seguir viviendo.
Yo a mis hijos tampoco les he contado nanas, pero cuando estaba en casa, si he leído miles de cuentos, de tal manera que me dormía a veces antes que ellos, pues trataba de acortarlos saltándome alguna escena, y me lo reprochaban y me tocaba empezar de nuevo, nunca se me olvidarán "Los tres cerditos", me lo sabía de memoria. Otras veces eran ellos los que lloraban por teléfono porqué no estaba en casa por la noche, y me preguntaban donde iba a dormir o que iba a cenar.
Ahora que tengo tiempo para contar nanas, cuentos o historias, mis hijos ya han volado del nido, sus habitaciones están vacías, y me da que me va a pasar como a un amigo, que está aprendiendo inglés a marchas forzada para cuando vengan sus nietos poderlos entender o sino han crecido mucho intentar contarles alguna nana. En mi caso, contar nanas en alemán, creo que debe ser un poco más difícil.

Luis Iglesias
Grupo B


Sueños de mantequilla
Se desvanecen
para dormir al niño
que se despierte.

Con mis lindas canciones
yo le acurruco
para quitarle el miedo
con mis susurros.

Una nana le canto
junto al oído
y sus ojos grandotes
sueñan tranquilos.

Este niño chiquito
duerme en su cuna
con su cara de cielo
de estrella y luna.

Sofía Montero GarcíaGrupo B


Nana

Duérmete mi niño
que en esta patera
te acunan las olas
de la primavera
ea, ea...

Duérmete mi niño
no temas la noche
la mar está en calma
y la luna en el.cielo
guía nuestro rumbo
en busca de un sueño
ea, ea...

Duérmete mi niño
no tengas tú, miedo
las estrellas ríen
y velan tu sueño..
ea, ea...

Rosa Celia González
Grupo B


Besos de Gelatina
A la nana, a la nana
mi niño, duerme,
que la luz de la tarde
se desvanece.

Es la noche que pasa
y deja en tu cuna
una barca de sueños
de blanda espuma.

Con qué sueñan los niños
saber quisiera.
Si con gacelas blancas
y en nubes vuelan.

Si con sonrisas de ángel
tejen estrellas
que en el cielo refulgen
a cual más bella.

Duerme pequeño mío,
duerme y no llores,
que la calle ha encendido
ya sus faroles.

No te asusten las sombras,
no te demores
y cierra los ojitos
pastel de amores.

Este niño nacido
de mis entrañas
ya conoce a su madre
pero lo calla.

Sabe que no está solo,
que ella lo guarda
cuando el miedo le enseña
su negra garra.

Apaciento a esta rosa
desde la cuna
con sabias enseñanzas
que nunca mudan.

Con valores que encierran
leyes divinas
y con besos muy dulces
de gelatina.

Pepita SánchezGrupo B