Cuando venga el cartero

En la primera sesión del año nos fuimos de excursión a Valdeconchas del Páramo. Nos gustó tanto el pueblo que la mayoría nos empadronamos allí y pronto descubrimos que uno de los mayores placeres era comunicarse por carta. No es casual que el cartero se llame Epístolo.
Esta es la información que podemos encontrar del pueblo. Viene recogida en un folleto de la oficina de Turismo sita en el Ayuntamiento:

Valdeconchas del Páramo es un municipio que no existe en ninguna cartografía conocida, ni en los parámetros de ningún GPS, ni en las coordenadas de ningún satélite. Solo existe en el hemisferio de la imaginación. Su término municipal tiene una población de una veintena de habitantes. El gentilicio es valdeconchenses.
Valdeconchas limita al norte con la poesía, al sur con el relato breve, al oeste con el microrrelato y al este con el haiku.
Los valdeconchenses tienen fama por su eólica imaginación. Escriben por los codos. En sus huertas germinan y crecen las greguerías, los aforismos, los ovillejos. El río es una enumeración caótica llena de frases subordinadas que recorre los contornos de sus límites y desemboca en la realidad, que es el morir. La plaza del Ayuntamiento tiene la estructura y perfección geométrica de un soneto. Y en las zonas verdes abundan los romances, las silvas y las estancias. Un gran arbolado.
La localidad cuenta con una oficina de correos donde se acumulan cartas, telegramas y postales. No provienen de afuera. Pocos conocen la existencia del pueblo. La mayoría son cartas que los valdeconchenses intercambian entre sí en su día a día. Un ir y venir de palabras en sobres franqueados en destino que tienen ocupado a Epístolo Timbrado, el cartero del pueblo, todo el día. Ni whatsapp, ni correos electrónicos, ni llamadas telefónicas. La forma de comunicación principal en el pueblo son las cartas. Por eso el patrón es San Pablo y en la fiesta del pueblo se rememora a los Corintios. La carta de naturaleza de un valdeconchense es su pasión por escribir. Su carta astral no dice nada de su destino pero sí de su destinatario. En la taberna comen y cenan a la carta. Juegan a las cartas. Apenas ven la tele pero se duermen con la carta de ajuste. Tienen carta blanca para decirse las cosas con la naturalidad del que cree en el buen uso de las palabras.
El diario local es “La Voz de Valdeconchas”, dirigido por la reconocida periodista Gracieta Recio Nal. Recibe muchas cartas a la directora.


Hace unos días el diario publicó esta noticia que tiene al pueblo alborotado entre dimes y diretes que corren como la pólvora por vía postal

Extraña muerte en Valdeconchas 
del Páramo. Agencia Jota

Aparece un cadáver en el interior de un vehículo en la puerta de la iglesia. Clotilde Palique, la cotilla del pueblo, extiende el rumor de que ha sido un asesinato y el culpable es Don Discípulo, el cura, porque pilló a su sobrina en la cama con el finado. Si es así se armará la de Dios. La médico del pueblo ha certificado la muerte de un varón de mediana edad pero no ha podido determinar el motivo por falta de medios para practicar la autopsia. Nadie sabe cómo murió. Se baraja el homicidio. Hay quien apuesta por una muerte natural. Alguno señala incluso al muerto como un suicida. El coche donde hallaron el cadáver es un Seat Panda con un  golpe en la puerta del conductor. En el interior del vehículo se encontraron una serie de objetos: una cántara de leche, un jamón pata negra, un barril de cerveza, varios libros, un par de recetas, un lote de productos capilares, una reja de hierro fundido, unos documentos con el sello del ayuntamiento y un albarán con la dirección del taller mecánico.
La alcaldesa ha dictado un bando y ha difundido un retrato hecho con carboncillo -y a mano alzada- del muerto. No se ha encontrado ningún documento. En el bando pide que se den señas sobre él. ¿Es familiar de alguien? ¿Qué vínculo podía tener con el pueblo? 
Poco a poco el buzón amarillo de Valdeconchas del Páramo se va llenando de cartas en las que el tema principal es el desafortunado incidente. En ellas se ofrecen todo tipo de hipótesis sobre lo sucedido. Hay quien se atreve incluso a señalar a algún culpable. Muchos recomponen los hechos. La Guardia Civil pide al juez leer toda la correspondencia para encontrar en las cartas alguna pista para su investigación. Se abre el buzón. Y se abre el sumario.

Conozcamos ahora a los habitantes de Valdeconchas que figuran en el padrón:

ALCALDESA: Rosa Mosqueta
Lleva tres legislaturas como alcaldesa. Es la cabeza visible del PLVP (Partido Local de Valdeconchas del Páramo). Todos son contingentes pero ella es necesaria. Como alcaldesa vuestra que es os debe una explicación y os la va a dar (en forma de bando). En el ayuntamiento hay seis vocales -una repetida- y seis consonantes. No le gusta el trato de Excelentísima. Le gusta más el de señora burgomaestra.

ALGUACILA: Anuncia Bandos
La alguacila tiene buena voz. En su infancia fue niña de San Ildefonso y cantaba las pedreas como nadie. Lleva un cornetín en el bolsillo y siempre que pregona un bando se aclara previamente la voz con una infusión de jengibre. A Anuncia le gusta anunciarlo todo. El premio de lotería, la visita de algún extraño, la llegada de nuestro Señor o de algún recién nacido, las ofertas en el ultramarinos. Un sonido de clarines anuncia siempre su presencia.

JUEZ DE PAZ: Evaristo Parasentencia
Evaristo fue nombrado juez el mismo día en que le extrajeron la última muela del juicio, un premolar. No le moló nada. Le gusta partir las nueces con una maza, la misma que utiliza en el juzgado de guardia para dar visto para sentencia cualquier pleito. No le gusta hacer juicios de valor ni perder el juicio. Su madre se llamaba Paz. Por eso le dicen el juez de Paz. Cree a ciegas en la justicia y es socio honorario de Mensajeros por la Paz.

CARNICERO: Torcuato y Mitad
Torcuato fue un niño huérfano, experiencia que vivió en carne propia. Maneja el cuchillo como nadie. Abre un gorrino en canal como quien abre un libro o un brik con abre fácil. Tiene algo de pluma y le gusta guardar un buen secreto. Menudo lagarto. Cuando trabaja pone toda la carne en el asador. Es una buena pieza y un hueso duro de roer. Carne de cañón. Le apasiona el color rojo sangre y detesta el color carne. Odia que su tía Pepi le pellizque las carrilleras.

BIBLIOTECARIA: Marta Páginas
Una mujer de libro. Operada del apéndice. No tiene moño, ni chista a quien habla en la sala. Cuando le pides un libro señala su lomo con el dedo índice. Marta tiene un marcapasos en el corazón y un marcapáginas en cada libro que lee. Es una gran lectora y una gran pitonisa. Lee entre líneas. Cuando algo le incomoda le gusta pasar página. 

DUEÑA DEL ULTRAMARINOS “ASTRID”: 
Benita del Norte
Benita llegó de ultramar. Es noruega, como los salmones, pero lleva en el pueblo muchos años. Ni se le nota el acento. Es blanca como la sal y rubia como la cerveza. Su local tiene apariencia de comercio antiguo, con estanterías y mostrador de madera y enseres colgados del techo. Aunque es confiada, en su tienda no se fía. Vende al por mayor y al detal. Su nombre real es Astrid pero todos la llaman Benita o Superbeni.

HERRERO: Férrico Fundio. Es un tipo infalible. Nunca yerra. En su casa las cucharas son de hierro pero los cuchillos de palo. Es un tipo despreocupado. Nunca le echa hierro a los asuntos. Anda mal del oído, sobre todo del yunque. La médico le ha dicho que es de tanto golpearlo y tanto martinete. También le ha dicho que tiene un poco bajo el hierro. Su plato preferido son las lentejas. El hierro, como el queso, le gusta fundido. Un día la luna vino a su fragua con un polisón de nardos. 

PELUQUERA: Pilu Quín
Pilu es viuda. Nadie en el pueblo conoció al marido de la peluquera. Ella cuenta que era calvo y que con él aprendió una gran loción: ser humilde y no tener un pelo de tonta. Su madre se marchó del pueblo. No la aguantaba. No le volvió a ver el pelo. En su peluquería atiende por igual a hombres, mujeres, niños y mascotas. Los clientes aguardan turno en sillones de escay mientras ojean diferentes revistas del corazón. Pilu sabe todo lo que ocurre en el pueblo y ayuda a la guardia civil a peinar la zona. 

MECÁNICO: Yimi Cárter
A diferencia de la médica, a la que le gustan los tecnicismos a Yimi le gusta ser claro. Podría decirte que hay que arreglar la junta homocinética del coche pero prefiere señalar que es “la junta de la trócola”. Es un tipo corpulento, con buen chasis y conduce su vida en buena dirección. No soporta a los que le dan la chapa. En su taller todo va sobre ruedas. Para ser feliz quiere un camión, llevar el pecho tatuado y en camiseta mascar tabaco.  En la pared que hay junto al foso luce un calendario de la revista Playboy.

CURA: Don Discípulo de Dios
Don Discípulo es un cura de los de antes, con sotana y alzacuellos y un compendio de virtudes teologales. Camina con los brazos por detrás de la espalda y los dedos entrelazados. Le gustan las bromas y se ríe mucho, por la gracia de Dios. Es quien administra los santos óleos y quien dirige la procesión del viático. Su alzamiento de hostia es muy comentado entre sus alumnos de religión en el colegio. Allí enseña que Dios es uno y trino. 
No tiene monaguillos porque es muy tacaño.

COTILLA DEL PUEBLO: Clotilde Palique
Cloti es una cotorra. Le va el salseo y el chisme. Es la correveidile del lugar. Muchos burdos rumores salen de su boca. Tan pronto vigila detrás del visillo como a través de sus cámaras de trampeo repartidas por algunos lugares del pueblo. Es una mezucona. Que si esta dijo, que si este hizo, que si la otra dejó de decir. Le gusta radiar todo lo que ve o escucha. Poner la oreja es su fuerte. Sus tapas preferidas de la taberna son la oreja y el morro. Hoy ha descubierto un nuevo chisme. Y ahora seguro que va y lo casca.

TABERNERO: Andy Soberano
Su taberna está llena de cojos que no van a misa. Es el psicólogo del pueblo. Atiende a sus parroquianos tras la barra. A algunos les receta una gotica de alcohol para superar los problemas. Odia las películas del oeste. Siempre destrozan la taberna. Tiene buenas tapas y buen lomo, como los libros de la bibliotecaria. En la puerta de su local hay un cartel que reza “Bar adentro”. Hay quien siente el calor del amor en su bar.

ENTERRADOR: Epitafio Mármol
Epitafio es un hombre que echa por tierra cualquier idea, cualquier proyecto. En su oficio encontró un nicho de mercado. Le gusta coleccionar epitafios. Los anota en su cuaderno. El último que escribió fue “Tierra a la vista”. No le gustan las despedidas pero es lo que le da de comer. Dice que quiere abrir un crematorio un miércoles de ceniza. Le gusta el fuego de verdad y no los fuegos fatuos. Tiene un terrario en casa lleno de fauna cadavérica.

TRABAJADOR DE LA MUTUA: Demutuo Acuerdo
Demutuo es un hombre seguro de sí mismo. Os lo aseguro. Trabaja en una mutua y admira como el mutualismo se da en la naturaleza. Le gusta vivir a todo riesgo. Años atrás trabajó en una empresa de seguridad pero lo dejó porque se sentía inseguro. Le gusta llegar a acuerdos con propios y extraños. Trabajar sobre seguro. Es gran devoto de Santa Lucía y siente que está en el ocaso de su vida.

GUARDIA CIVIL: Alférez Provisional
Alférez es uno de los dos guardias civiles de Valdeconchas del Páramo. Cabo Cañaveral, el otro hijo del cuerpo, está disfrutando una baja por un cuerpo extraño en un ojo. Alférez cree firmemente que tres unicornios son un tricornio. Es un hombre que daría todo por la patria y por la matria. Nunca baja la guardia. Los dos guardias salen a diario por el pueblo con sus esposas. 

CURANDERA: Tendinitis Crónica
Tendinitis heredó la habilidad de curar de su abuela. Es experta en recolocar huesos y tendones. Sus palabras mágicas son “Sana, sana, culito de rana, si no te curas hoy te curarás mañana”. Conoce todas las hierbas del campo, incluso el orégano. Con ellas hace cataplasmas, sérum, infusiones, ungüentos. Hizo un curso CCC de Masajista y tuvo una máster class con San Judas Tadeo, el patrón de los imposibles, a quien encomienda a sus pacientes. Si algo en su vida se tuerce, pronto lo endereza. Es una crack.

SOBRINA DEL CURA: Pánfila Expósito
Pánfila estudió en las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Al acabar sus estudios se trasladó al pueblo. Su tío, el cura, la colocó en la Caja Rural. Ella le lee la cartilla y él el catecismo del padre Astete. Se educó en un moral recta y cristiana. Vive en la casa de su tío. Allí se encarga de cocinar, fregar y lavar la ropa de mosén, incluidos sus calzoncillos. Él la bendice a diario. Una mujer casta y sencilla. Nunca se la vio en la taberna ni en la discoteca. No se le conoce novio alguno.

MAESTRA: Doña Ciclopedia Álvarez
Doña Ciclo es una mujer respetada en el pueblo. Más de cuarenta años formando niños en las tres reglas y haciendo de ellos  buenas personas son su mejor carta de presentación. Con una curiosidad sin límites y un saber enciclopédico ejerce su maestría en el Colegio María Moliner, nombre del centro escolar del pueblo. Le faltan dos años para jubilarse. Sus alumnos la llaman seño, o maestra. El hijo del inglés la llama tícher. Todo lo hace al dictado. 

MAESTRO: Don Braulio Moyano
Maestro de la vieja escuela, de los que enseñan que la lengua de la mariposa se llama espiritrompa. Viste traje con chaleco de lino y gasta zapatos de charol y reloj de leontina. Trata a sus alumnos de usted. En el cajón de su mesa guarda –como buen maestrillo– su librillo. Le gusta enseñar los cabos y los golfos de España cantando. En su último examen cayó la ingle. Don Braulio es un hombre de ley. 

BOTICARIO: Don Cere Gumil
En el pueblo lo llaman el “Boticas”, pero calza sandalias, un cuarenta y dos. Le gustan los remedios caseros y es experto en elaborar reconstituyentes. 
Cere, -le dijo ayer un mozo del pueblo- quería un anticonceptivo. Con don -le replicó el farmaceútico-. Don Cere -corrigió entonces el muchacho- deme un condón. Es norma de la casa no despachar sin prescripción facultativa. Sus mejores recetas son la merluza a la vasca y el pollo al chilindrón. Nunca ha tomado un medicamento.

PANADERA: Tomasa Madre
Tomasa tiene las cosas muy claras. Llama al pan pan y al vino vino. Amasar y hornear son el pan suyo de cada día. Todo el que madruga la pilla con las manos en la masa. Dice que ya nadie compra en su tahona. Que todo el pan es procesado, o congelado o prefabricado. Pan para hoy y hambre para mañana. Pocos frecuentan un horno de verdad. Son unos mendrugos. A Tomasa le encantan las pantomimas, el mazapán y Peter pan. Dicen de ella que es trigo limpio.

ENFERMERA: Ana Filáctico
Por las manos de Ana han pasado cientos de botes amarillos envueltos en albal con una muestra de orina. Podría saber por el color -más pálido o más chillón- a quién pertenece cada envase. Ana vive momentos de máxima tensión, otros de mínima. Es una mujer muy analítica. Todo lo analiza. También es introvertida y aséptica. En el centro médico donde trabaja pesa y sopesa a cada paciente. Hay una sala de curas pero nunca se ha visto por allí a Don Discípulo.

MÉDICA: Doña Remedios Sanitas
Doña Remedios es la médico de cabecera del pueblo. Nadie como ella para hablar de las gentes de Valdeconchas. Conoce todas sus historias, las clínicas. Y también todas las úvulas y todas las lenguas de sus pacientes, ya sean españoles o de fuera.
Pasa consulta en el centro médico pero también va a las casas y atiende por teléfono. Algunos la llaman la “Garabato” porque no entienden su letra.

LECHERO: Leite Gaza
Leite es hijo de suizos, como los bollos. Sus vacas también son del país helvético. Cuando llegó al pueblo tenía muy mala leche pero se fue condensando y ahora es más dulce. En la vaquería es un poco autoritario. Su lema es “ordeño y mando”. Pero en casa la que manda es su mujer y teme que un día le eche de casa. Upe, la lechera, es la que lleva las cuentas. Leite admira a Mario Vaquerizo y a Raúl Vacas. Tiene un ordeñador personal y dicen que ordeñando es la leche.

Los desafortunados hechos ocurridos en Valdeconchas dan lugar a innumerables cartas donde no se habla de otra cosa. Pero la mayoría también escribe al diario local para dar su versión sobre los hechos. En la oficina de Correos, el cuartel de la Guardia Civil y la redacción del periódico no paran.

Estas son algunas de las cartas:


Carta a la señorita Pánfila Expósito

Estimada Pánfila:

Le escribo para contarle, y que a través de mis palabras no haya dudas y quede todo aclarado. Desde hace días corre un rumor por nuestro querido pueblo que todos sabemos quién ha difundido, pero no es eso lo que me quita el sueño. Me preocupa que cuando “el río suena, agua lleva”. Y el río suena. Solo hay que sentarse en la orilla y escuchar plácidamente cerrando los ojos y una suave corriente cuenta: “La pánfila se hubiera acostado con un forastero desletrado y el cura lo hubiera asesinado por hereje y desvergonzado”
No malinterprete mis palabras. No seré yo quien critique ni denuncie a quien me da de comer, pero para eliminar pruebas sería importante arrancar esas greguerías y aforismos que empiezan a brotar en la iglesia, que siempre cuentan verdades y en estos asuntos no es conveniente dejar letras sueltas porque pueden llegar al vencimiento.
Puede contarle a su tío, don Discípulo de Dios, que por lo demás está todo bajo control. La única pena son los productos que quedaron en el coche, producto de las extorsiones realizadas por el finado, que ahora se echarán a perder al quedar como pruebas del homicidio.
En cuanto a la pala, artífice del golpe de gracia, no se preocupe, la enterré con la nueva que me llegó este año. Ya estaba vieja y un poco oxidada.
Aprovecho la ocasión, ahora que está soltera, para declararle mi amor. Tengo sueldo fijo y como no hay mucho que hacer en mi trabajo lo invierto en un huerto precioso.
No se preocupe por su tío, él sabe que soy de buena familia. Verá con buenos ojos nuestra relación y que soy un hombre de palabra.
A sus pies

Epitafio Mármol


Carta al periódico
A la atención de doña Gracieta Recio Nal, directora de “La Voz de Valdeconchas”

Muy Sra. Mía:

Me complace dirigirme a usted, para aclarar de una vez por todas el fatídico entuerto en el que nos encontramos por culpa de la aparición de un cadáver hace unos días en los aledaños de la iglesia.
Con el objeto de echar tierra sobre los rumores que circulan por el pueblo, en primer lugar quiero revelar la identidad del fallecido, al que después de realizar varias pesquisas conseguí identificar: Don Narciso Bornos, jardinero de profesión. Ha trabajado en diferentes lugares, pero en todos ellos acabó siendo despedido por plantar sus narices donde no debía, y por cosechar líos de faldas fuera de temporada. De todos los lugares salía escopetado, pero recolectando una buena cantidad de productos, y dinero de todas aquellas mujeres a las que extorsionaba para no revelar su relación. Hay que aclarar que no solamente era experto en margaritas, al parecer, hacía maravillas con los gladiolos. Su verdadero éxito radicaba en una gran habilidad y un gran manejo de una gran herramienta de su trabajo.
Aunque la verdadera naturaleza de Narciso era su amor por el dinero. Se vendía a cualquier postor e iba saltando de mata en mata, chantajeando a sus víctimas, que caían atrapadas en su enorme falacia. Hay un rumor acerca de unas fotografías y documentos, que atestiguan ciertos comportamientos poco decorosos de los vecinos del pueblo. Estos papeles explicarían con detalle todos y cada uno de los artículos encontrados en el coche de la víctima, y entiendo que otros, lo habrían hecho con dinero en metálico. Por supuesto, todo esto son elucubraciones que un humilde servidor se hace. Quiero decir, estaré encantado de atender e intentar esclarecer estos hechos con cada uno de nuestros convecinos afectados.
Después de este análisis, llego a la conclusión que todos y cada uno de los habitantes del pueblo tendrían motivos suficientes para acabar con la vida de don Narciso, pero conociéndonos desde siempre, y habiéndonos carteado en innumerables ocasiones, puedo poner la mano en el fuego por mis maravillosos vecinos. En mi humilde opinión, creo que este hombre tuvo un desafortunado accidente cuando se dirigía a ver a don Discípulo de Dios, nuestro respetable cura.
Como bien sabéis, en algunas fechas concretas intentamos contactar con los vecinos de mi comunidad, y como ahora don Narciso es el más reciente, si tenemos suerte, intentaremos cambiar unas palabras con él, para aclarar este entuerto. En resumen, como decimos en nuestro maravilloso pueblo “Si en Valdeconchas sucede, que un buen vecino lo herede. Si no lo escribiste, se recordará como un chiste”.
Con orgullo he de decir, que al parecer he sido el único en todo el pueblo que no ha sucumbido a su maravilloso don. Por todos nuestros vecinos es sabido que dispongo de un precioso huerto en los aledaños de nuestro querido cementerio. Y a mí, no me va a enseñar un plantanabos del tres al cuarto como cuidar mis maravillosas florecillas.
Para terminar tengo que decir, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Aprovecho la ocasión para desde aquí, ofrecer mis servicios, no solo de enterrador, sino de jardinero, ante la demanda existente en el pueblo. Puedo cubrir las necesidades de nuestras convecinas y algún convecino si fuera menester. No es necesario una gran habilidad, ni llamar a forasteros, cuando los de casa, los de toda la vida, estamos disponibles para cuidar los jardines del pueblo. Más vale un clavel cercano, que un girasol de mano en mano.
Con silencio, convivencia, y buena tierra se despide

Epitafio Mármol


Contestación a la señorita Pánfila

Mi amada Pánfila:

Qué alegría saber de usted. Cómo reconozco a través de sus letras el mismo amor que yo le profeso. Nuestras misivas se cruzaron por el camino, igual que nuestros sentimientos. No veo el momento de forjar un encuentro y dejarnos arrastrar por nuestras pasiones.
Tal y como me pidió en sus preciosas letras, rebusqué en los bolsillos del cadáver y encontré varios documentos y fotografías a los que usted hacía referencia. Debo ser el único del pueblo que no conocía los tejemanejes de este sinvergüenza.
Pobrecilla mía lo que debe haber sufrido siendo extorsionada por este mamarracho. Ahora entiendo la inquina que existía por parte de su tío hacia este forastero. Quiero que sepa que ahora su secreto está en buenas manos. Los documentos están en sitio seguro, por lo que ya no tiene motivo de preocupación, siempre que nos llevemos a bien.
Como creo que estará cansada de fregar, lavar la ropa y atender a su tío en todas sus peticiones, cuando quiera puede recoger sus cosas y trasladarse a mi humilde casita. Ya sabe que no es muy grande, pero es tranquila y silenciosa. Como le conté tengo un huerto precioso en la zona de entrenichos y aunque algunas molestias acaecen cuando hay entierros, después de las letanías, vuelve la tranquilidad rápidamente. Quizá el día más ajetreado es el de todos los santos, que viene de visita todo el pueblo y ofrezco pastas y aguardiente.
Desde que me carteo con usted proyecto en mi mente un futuro compartido con una piara de niños, a los que veremos corretear y saltar entre las tumbas.
Deseoso de recibirla entre mis brazos, su amor me hace rejuvenecer.

Eternamente suyo

Epitafio Mármol

Max Ferlam
Grupo B


Carta de la peluquera al boticario

Estimado Don Cere:

Imagino que habrá llegado a tus oídos el rumor de la semana. Cloti va prodigando que el cura ha matado al hombre que apareció muerto en la puerta de la iglesia. Dice que pilló a su sobrina en la cama con el fiambre. Antes de matarlo, claro. ¡Lo que nos faltaba en el pueblo! Además de un asesino, una necrófila. Por un casual, ¿fue el muerto a tu botica? ¿O la sobrina de Don Discípulo? Por saber si alguno de los dos compró condones o anticonceptivos. Cabría la posibilidad de que la Pánfila estuviera embarazada. ¡Qué fuerte sería! ¿Tú qué opinas del asesinato? Porque tengo clarísimo que fue un asesinato y que nuestro cura tiene las manos manchadas de sangre. Seguro que los pilló en la sacristía. ¿Crees que si se queda embarazada Don Discípulo permitirá que aborte? Ya sabes lo hipócritas que son los curas... En fin, ya me dirás si tomaron o no precauciones. Ojalá esté preñada. ¡Y de un muerto!

P.D.: ya tengo listo tu peluquín. Cuando quieras ven a recogerlo. Y, ya sabes, si quieres que nadie sepa lo de tu bola de billar, tendrás que traerme unas pastillitas de esas que tan contenta me ponen.

Pili

Lucía Sabater
Grupo A


Carta de la cotilla del pueblo al carnicero

Querido Torcuato,

Esta carta es para comentarte que Pánfila y el difunto eran amantes, le conoció en la caja rural, y muchas veces los veía pasar desde mi ventana haciéndose sus arrumacos.
Ella me comentaba que tenía mucho dinero de una herencia de un tio indiano que volvió al pueblo y que no le importaría conquistarlo y tener descendencia con el,
Mantén en secreto esta carta hasta que se vayan esclareciendo los hechos, solo si te enteras en tu carnicería de algo ,me comentas, pero nada de esta carta.

Clotilde


Carta de Evaristo Parasentencia a Tomasa Madre

Querida Tomasa,

¡Cuantas noches soñé con un desenlace como este! Tu ex aparecía muerto a la puerta de la iglesia. Desde que el muy hijo de su madre te abandonó y pasé a compartir contigo la masa madre y todo lo que hubiera que compartir, he pensado que el muy desgraciado volvería al pueblo para intentar interferir entre nosotros. Por eso soñaba que aparecía muerto y nos dejaba en paz para siempre. Que como soy el juez de paz, bien me lo merezco y, por la misma razón, también sería incapaz de cargármelo yo mismo y me conformaba con soñarlo.
De todas formas, a pesar de ser el juez de paz, desde que me enteré del hecho, no he tenido paz alguna. Temo por todo lo que se avecina. Aunque yo descubrí el cadáver a primera hora y borré todas las huellas que pude, creo que acabarán por enterarse de que era tu marido y que su muerte la produjo un saco de harina que había aplastado su cabeza. Yo tiré en el pantano el saco lleno de piedras y borré todas las trazas del fino polvo blanco. Además le recompuse como pude la cabeza, para que no pareciese que lo habían matado y que había fallecido al golpearse la cabeza de forma fortuita con una piedra. Menos mal que nadie me vio, porque si alguien lo hubiera hecho y hubiera ido con el cuento a Clotilde la cotilla, a estas horas lo sabría todo el pueblo, la capital y la mitad del extranjero.
Confío en que todo el asunto se demore convenientemente y no llegue nunca a esclarecerse quien es el finado y la causa de su muerte, lo que solo tú y yo sabemos. Así podrá Valdeconchas del Páramo seguir siendo un pueblo tranquilo, dedicado a las letras y a las epístolas, con un entorno bucólico, lleno de literatura y de la buena gente valdeconchense. Espero seguir compartiendo contigo tu masa madre, tus mazapanes, tus obleas, tu par de hogazas y tu croissant, que no son una pantomima ni yo soy un mendrugo. Que lo nuestro no está prefabricado, congelado o procesado, que está hecho a base de amasar bien nuestros encuentros y ardo en deseos de reanudarlo lo antes posible en cuanto esté el horno para bollos, no vaya a perder el juicio si lo demoramos en demasía y se nos pasa de cocción.
Tuyo que te quiere

Evaris


Carta de Evaristo Parasentencia a Gracieta Recio Nal, directora de “La Voz de Valdeconchas”

Estimada Sra. Directora,

Creo mi deber de ciudadano valdeconchense informarla del contenido de la carta que he recibido esta mañana y que he trasladado a la Guardia Civil, entregándosela al jefe del cuartelillo don Alférez Provisional, y a nuestra alcaldesa, doña Rosa Mosqueta. Dado que es un tema que afecta a toda la población, espero que la publicación de esta carta en su periódico sirva para que ningún valdeconchense este desprevenido.
El remitente es el señor Recuadro Amarillo, Administrativo de Nación de los Están Dos Unidos, que se dirige a mí como juez de paz de Valdeconchas del Páramo por orden expresa de su jefe, Donuts Trampa, en relación con la reciente muerte en extrañas circunstancias de un espía que habían enviado a nuestro querido pueblo. La carta está dirigida a mí como juez de paz, ya que conjeturan estos señores que entre personas de paz nos entenderemos mejor.
El mencionado espía, un supuesto compatriota nuestro huido hace años, aunque el hecho no está comprobado, había sido enviado a Valdeconchas para conocer de primera mano la riqueza que representaba el oro escrito de nuestras cartas y epístolas, las letras raras de nuestras frases y la situación léxicoestratégica de nuestro pueblo, que solo necesita de relatos breves, poesías, microrrelatos y haikus para comunicarse sin necesidad de tomar el Whatsapp, el e-mail, el teléfono o las redes sociales para hablar unos con otros.
La muerte del espía ha destapado el baúl de los truenos en la Mansión Nívea de su país, ya que no están dispuestos a que nuestras supuestas riquezas caigan en manos de los trusoxs o de los capuchinos, que son sus competidores habituales. Con este motivo, pacíficamente, con buenas palabras, sin jactancia ni prepotencia, me insinúan que están decididos a comprar nuestro pueblo y su término municipal o, en su defecto, a inundarlo de tecnología hasta administrar nuestras riquezas en beneficio propio.
Puesto que no ha quedado establecido quien es el fallecido, si su muerte fue suicidio o no, ni en este caso quien fue el asesino, siendo yo un juez de paz al que no le gusta hacer juicios de valor, he pensado invitar al Sr. Presidente Trampa a partir unas nueces con mi mazo de juez e intercambiar algunas greguerías y unos cuantos aforismos para que conozca nuestra idiosincrasia. Aunque no me fío excesivamente de esta posibilidad, ya que el Sr. Amarillo describe en su carta el dineral que les había costado entrenar al espía, conseguir un Seat Panda auténtico, falsificar los documentos oficiales del ayuntamiento y los albaranes del taller mecánico, así como un jamón, una leche y una cerveza de suficiente calidad para que dieran el pego en nuestro pueblo.
Ante la incertidumbre de la situación, sugiero que pasemos del tema, que mantengamos nuestra proverbial tranquilidad y sigamos a lo nuestro, confiando que cualquier otro asunto sin importancia distraiga a tan distinguidos personajes y se olviden de Valdeconchas del Páramo para siempre.

Evaristo Parasentencia (Juez de Paz de Valdeconchas del Páramo)

(Posdata. En caso de producirse la reunión con el jefe DonutsTrampa, sería recomendable la presencia del poeta Baúl Terneras como mi asesor en temas literarios)

Manuel Medarde
Grupo A


Carta del juez de paz a la panadera

Estimada Tomasa:

Le escribo para hablarle del suceso acaecido esta mañana en nuestro querido Valdeconchas; no sé si ya estará al corriente del fallecimiento de un varón de mediana edad, pues había pensado, que como usted es la más madrugadora del pueblo, quizá supiera algo al respecto.
Se me había ocurrido que tal vez viera esta madrugada al finado, antes de su fatal desenlace, quizás pasó por su tahona, para comprar una hogaza de pan con la que acompañar al jamón pata negra que dicen que llevaba el susodicho en el maletero de su Seat Panda. Como usted sabe, yo soy de los pocos que acudo a su panadería para comprar un bollo con el que acompañar mis nueces, que es un manjar exquisito, y digo yo que el jamón ibérico, así entre pan y dedo, pues está más rico.
Bueno, que solo era por comentar para indagar sobre la causa de la muerte, para que se haga justicia, y no dar crédito a esos rumores un tanto infundados que circulan por ahí, que crecen como la masa cuando yelda y ya no hay quien los detenga.
Se despide de usted esperando su respuesta, don Evaristo Parasentencia.

Jesús García
Grupo A


Carta del boticario a la peluquera

Estimada Pilu: 

Ya sabrás lo del muerto que ha aparecido a la puerta de la iglesia. Entiendo que probablemente tú conozcas a esa persona porque posiblemente haya pasado por tu peluquería cuando aún estaba vivo. Esto lo infiero de la serie artículos que han aparecido en el vehículo del finado, entre los que se encontraba un lote de productos capilares que pudieran tener una formulación defectuosa o contraria a la legislación sanitaria. 
Me gustaría que me permitieras ver la formulación del producto que normalmente tú utilizas para estos menesteres. 
En realidad, esto me sería de gran ayuda para desechar la sospecha que me corroe, ya que al llegar al lugar de los hechos, me ha llamado la atención, la intensa coloración rojiza de la piel del difunto. 
Esto delata, a todas luces, una ingesta accidental, premeditada, inducida o suministrada, sin obviar por ello una manipulación indebida e incluso la inhalación de una dosis mortal de cianuro sódico o potásico. 
Quedo a la espera de que me envíes la muestra solicitada. 
En señal de agradecimiento te obsequiaré con un lote de sérum de coco, sin susto. 

Recibe un abrazo tónico de tu amigo y cliente Cere.

Calgari
Grupo A


Carta de la Maestra D. ª Ciclopedia Álvarez a la Alcaldesa Rosa Mosqueta

Querida Burgomaestra Rosa Mosqueta, coma,
espero que a la llegada de esta, coma, se encuentre bien, punto y coma,
yo bien, A.D.G. punto.

El motivo que me conduce a escribirle, coma,
es mi gran preocupación ante los recientes hechos acontecidos, punto.

Como usted ya sabe, coma,
en mis cuarenta años de ejercicio profesional, coma,
he procurado mantener a salvo a cuantos alumnos han pasado por mi aula, coma,
y este suceso ha causado en ellos gran turbación, punto.

Por ello, coma,
me atrevo a sugerir una idea de cómo ha podido suceder tan tremenda tragedia, punto.

Según mi opinión, coma,
el finado, coma,
hace tiempo que venía conversando con la señorita Pánfila Expósito, coma,
sobrina del señor cura don Discípulo de Dios, punto.

Si bien, coma,
como es sabido por todos, coma,
su tío la tenía “atada en corto”, coma,
y es por ello que no habían querido hacer pública su relación, coma,
temiendo tal vez el rechazo de este, punto.

No olvidemos que, coma,
al tratarse de un forastero, coma,
no se conocía gran cosa sobre su vida, punto.

Pero es supuesto que ambos habían hecho planes para vivir juntos, coma,
muestra de ello, coma,
son los pasos que siguió el finado y los enseres encontrados en el Seat Panda, coma,
que conducía, punto.

El día de autos, coma,
se le vio a primera hora en la sede del ayuntamiento, coma,
donde solicitó empadronarse en esta localidad, coma,
y una de las viviendas vacías y subvencionadas, coma,
como lo muestran los papeles sellados por el secretario, punto.

Para conocer a los habitantes y ganarse su aprecio, coma,
decidió acudir a los diferentes negocios, coma,
de ahí la cántara de leche, coma,
que le vendió el lechero, coma,
el señor Leite Gaza, punto.

Así como la carnicería, coma,
donde compró un jamón al señor Torcuato y Mitad, coma,
un barril de cerveza que compró al tabernero Andy Soberano, coma,
después de tomarse un café, punto.

Después visitó la farmacia, coma,
donde Don Cere Gumil le vendió un lote completo de productos capilares, coma,
entre ellos un crecepelo, coma,
a pesar de que el forastero es poseedor de una larga melena, punto.

Como le comentó que estaba algo cansado, coma,
le solicitó también que le vendiese unas vitaminas, coma,
y también que le dolía un poco el estómago, punto.

Pero el señor boticario, coma,
le argumentó que no daba ningún medicamento sin receta, coma,
y le indicó dónde se encontraba la consulta médica, punto.

Hecho que se constata, coma,
en las dos recetas encontradas en el coche, coma,
y firmadas por la médica doña Remedios Sanitas, punto.

Más tarde condujo su coche hasta el taller mecánico, coma,
donde pidió cita para reparar el golpe en la puerta, coma,
que presentaba su coche, coma,
y que el día anterior le había hecho otro conductor, coma,
al saltarse un semáforo, punto.

El mecánico, coma,
señor Yimi Cárter, coma,
le informó que no tenía hueco ese día, coma,
por ello lo citó para esa misma tarde, coma,
tal y como muestra el albarán con el presupuesto de la reparación, punto.

Como todavía disponía de tiempo, coma,
pasó por casa del herrero, coma,
el señor Férrico Fundio, coma,
a recoger una reja de hierro fundido, coma,
que pensaba regalar al Juez de Paz, coma,
señor Evaristo Parasentencia, coma,
a cambio de casarlos en secreto al día siguiente, punto.

Y como quería darle gusto a su secreta novia, coma
pasó por la biblioteca, coma
donde solicitó a la bibliotecaria, coma
la señora Marta Páginas , coma
varios libros para leer ambos en su luna de miel, punto.

Por tanto, coma,
mi conclusión es que el acumulo de circunstancias, coma,
la tensión acumulada, coma,
el sinfín de tareas realizadas, coma,
y la emoción implícita de la relación y la posible boda, coma,
hicieron que el forastero sucumbiera a un posible infarto, punto.

Que tendrán que diagnosticar, coma,
con la oportuna autopsia, punto final.

Sin más, coma,
y esperando que estas conclusiones le sean de ayuda, coma,
quedo a su disposición para cualquier ayuda que precise, punto.

Un saludo, dos puntos,
doña Ciclopedia Álvarez, punto.
Maestra del Colegio María Moliner, punto y final.


Artículo para la Voz de Valdeconchas.
A/A de D. ª Gracieta Recio Nal

Un jamón, un barril y un Seat Panda: el misterioso caso del forastero que casi se queda a vivir.

El fallecido fue hallado junto a su coche con más equipaje emocional que maletero; el pueblo, mientras tanto, ya ha dictado sentencia.

La habitual placidez del municipio se vio alterada esta semana por un suceso que ha dado más conversación que la subida de los huevos: un forastero fue hallado muerto junto a su Seat Panda, vehículo que, a juzgar por su contenido, parecía más una mudanza improvisada que un coche utilitario.
En el interior del automóvil, los agentes encontraron un auténtico inventario digno de una boda rural: un jamón pata negra, un barril de cerveza, varios libros, un par de recetas médicas, un lote completo de productos capilares, (incluido un crecepelo, pese a que el finado lucía abundante melena), una reja de hierro fundido que no cuadraba con la tapicería, y diversos documentos oficiales con el flamante sello del Ayuntamiento. Como remate, apareció un albarán con la dirección del taller mecánico del pueblo, prueba inequívoca de que el difunto ya conocía nuestras infraestructuras.
Las pesquisas permitieron reconstruir una jornada tan intensa que ni en fiestas patronales: empadronamiento por la mañana, compras por todo el pueblo, visita médica, cita en el taller y encargo en la herrería. Todo ello mientras, presuntamente, planeaba casarse en secreto al día siguiente con la señorita Pánfila Expósito, sobrina del párroco, detalle que explica tanto la discreción como la prisa.
La hipótesis más seria apunta a que el forastero no murió de amor, sino de agotamiento: demasiados trámites, demasiadas emociones y un jamón demasiado grande para un solo día.
No obstante, la versión oficial convive con otra más jugosa. Y es que la cotilla del pueblo, siempre puntual y sin necesidad de confirmación alguna, ya ha difundido el rumor de que el párroco sorprendió al forastero en situación comprometida con su sobrina y que el desenlace fue tan fulminante como impropio. Las autoridades, por supuesto, han pedido calma y recuerdan que la imaginación popular corre más rápido que cualquier Seat Panda.
A la espera de la autopsia, el municipio sigue dividido entre quienes confían en la ciencia y quienes prefieren la versión con escándalo, sotana y cama ajena.
Lo único seguro es que el forastero llegó con intención de quedarse y acabó convirtiéndose en tema de conversación para todo el año.

ERA
Grupo B


Epístola a los habitantes de Valdeconchas (de su madre)
Texto de la carta a la directora de “La voz de Valdeconchas”, señora Gracieta Recio Nal 

Muy señora -por llamarla de alguna manera- mía, vistos los ominosos acontecimientos que han tenido lugar en nuestra pequeña comunidad (de pecadores), y de los que su periódico de bulos y fango se ha hecho calumnioso eco, quisiera ejercer mi derecho de rectificación, con censura eclesiástica, sobre algunos de los malignos comentarios que se han publicado en su infame libelo.
En primer lugar, no he dicho en ningún sermón que esta pequeña aldea sea una nueva Sodoma y Gomorra, ni que los valdeconchenses merezcan el peor nombre de valdecochinos, no porque no lo piense -y cosas peores- sino porque no puede haber ningún testigo de ello, dado que, como es público y notorio -aparte de motivo de mofa y befa- en este pueblo dejado de la mano de Dios ningún vecino ha asistido jamás a mis piadosos y edificantes sermones.
En cuanto a las malas lenguas viperinas de la parroquiana excomulgada Clotilde Palique, que Dios confunda, acusándome de haber asesinado a la víctima por haberla encontrado “in fraganti” trato carnal con mi sobrina, siendo sodomizada ella con gran deleite y griterío de ambos, y movido este humilde servidor de Dios por un ataque de cuernos, lo niego rotundamente. La prueba es que mi adorada sobrina y ángel tutelar sigue bajo mi techo, ocupándose de las tareas propias de su sexo, y me refiero a las domésticas (todo incluido).
En segundo lugar, por secreto de (auto) confesión, he tenido conocimiento de un nuevo asesinato, el de la propia Clotilde Palique, cuyo cuerpo aparecerá enterrado fuera de las puertas del cementerio católico, ya que era público y notorio que no merecía serlo en lugar sagrado. Digo lo cual, por colaborar, como un vecino respetuoso con la ley y temeroso de Dios, para el esclarecimiento de los hechos. No puedo señalar al autor, porque como ya dije antes, mis confesiones son secretas y sólo el Altísimo las conoce y las juzga. Ego absolvo a peccatis tuis et meus.
En tercer lugar, quiero denunciar un robo que ha tenido lugar en la Iglesia de la que me honraba, hasta hoy, ser su párroco. Varias piezas han sido extraídas, sin respeto alguno al Derecho Canónico Internacional. Por abreviar diré que todas las que constan en el registro de antigüedades, joyas y patrimonio artístico que obra en el obispado. Dado que la profanación tuvo lugar el día antes de la aparición del cadáver, tengo para mí que fue el finado el que las robó, y al intentar deshacerse de ellas permutándolas con el botín que apareció en el Seat, fue asesinado por alguno de los peristas a fin de quedarse con las piezas más valiosas, y de más fácil colocación en el mercado negro (sin ánimo de ofender).
Por último, me niego a continuar en este pueblo de asesinos, ladrones y fornicadores, de modo que, al recibo de esta misiva habré desaparecido sin dejar rastro (junto a mi sobrina); me retiro al desierto para expiar mis pecados y rogar al demonio haga desaparecer esta vil aldea de la faz de la tierra, y condene a sus inicuos habitantes -Valdeconchenses (de su madre)- al fuego del infierno y el sufrimiento eterno.
Me despido, lamentando no haber repartido unas cuantas hostias más, a mano alzada, con una frase lapidaria de mi ancestro Enrique Santos Discípulo, de quien recibí nombre y gentilicio -Discípulo de los Santos, rebautizado al hacer los votos como Discípulo de Dios- que dice así:

“Que Valdeconchas del Páramo fue y será una porquería ya lo sé, en el quinientos diez y en el dos mil también”.

Don Discípulo de Dios
   
Ignacio Aparicio
Grupo A


Carta del herrero a la médico

Doña Remedios Sanitas:

Me he enterado de que Vd. ha certificado la defunción de un fallecido cerca de la iglesia, pero por falta de instrumental médico no ha podido realizarse la autopsia. Ahora bien, al estar cerca del fallecido, ¿ha apreciado algún signo de violencia? Según sus pesquisas, ¿sospecha de alguien en particular o, como se oyen tantos rumores, no podría asegurar nada en concreto? Comentan varios vecinos que tenía disputas con el carnicero.
¿Me podría decir si, al reconocer al fallecido, vio si tenía alguna agresión de arma blanca?
Aquí, en mi fragua, los rumores son numerosos, pero cada uno da una versión diferente.
Es cierto que, en el interior de su coche, un Seat Panda, había una reja de hierro fundido, la cual fue realizada por mí hace muchos años, y no la he vuelto a ver por mi herrería.
Si Vd. tuviera que señalar a alguien por sus conocimientos, que son muchos, ¿quién cree que puede ser el que acabó con su vida? Le agradecería enormemente que se pusiera en contacto conmigo.

Atentamente,
Férrico Fundio


Carta al diario de Valdeconchas
Señora Directora de La Voz de Valdeconchas del Páramo,

Doña Gracieta Recio Nal.:

Me dirijo a Vd. al leer la noticia necrológica aparecida en su periódico: un fallecido de mediana edad, cerca de la puerta de la iglesia.
Todos los vecinos de Valdeconchas se encuentran consternados y lamentando dicho fallecimiento. Al ser un pueblo de unos 24 vecinos, no deja de ser comentado. Rumores no faltan, pero ahora tendrá que intervenir la Guardia Civil y colaborar al máximo con ella para esclarecer el crimen acontecido.
Quedo pendiente de la contestación de la médica Dña. Remedios Sanitas, que me imagino habrá llevado a cabo sus propias investigaciones y, por supuesto, las habrá hecho llegar a la Guardia Civil, con el fin de aumentar la documentación recibida de muchos de los vecinos, que estarán interesados al máximo en el esclarecimiento de este fatídico suceso, pues no se sabe con certeza si fue asesinado, envenenado o cuál fue la causa de su muerte.

Atentamente,
Férrico Fundio

Fernando Nieto
Grupo A


Carta de la panadera al juez de paz, Dos Evaristo Parasentencia.

Queridísimo Evaristo:

Pienso en ti todos los días. Cada vez que unto la harina que luego transformaré en los cruasanes y napolitanas que tanto te gustaban, recuerdo aquellos encuentros clandestinos en los que a escondidas nos amábamos mutuamente. Yo hundía mis manos en tus carnes flácidas, mi pequeño gordinflón, las amasaba y sentía el calor de tu piel mientras daba forma a esos pliegues grasientos y peludos. Alimenté tu alma con mis besos y tu cuerpo con mis hojaldres hasta transformarte en un descomunal bollo relleno de crema andante y calvo.
¡Jamás debí separarme de ti! ¿Por qué te dejé? A todas horas me hago esta pregunta mientras mis lágrimas caen sin cesar mezclándose con la levadura y la masa madre, esparciendo mi tristeza por todo el pan que sale de mi tahona.
Toda esta desgracia comenzó con un presentimiento de la curandera Tendinitis Crónica. Ese presentimiento se transformó en una pesada y enorme losa que me aplastó hasta dejarme como papel de fumar cuando Remedios Sanitas, la doctora, me lanzó esa lapidaria sentencia (nunca mejor dicho) que cambiaría mi vida para siempre: “Eres celíaca.”
¡No puede ser! Yo, amante de los cereales, conocedora de todos los secretos que guardan el trigo y la avena, entusiasta y ferviente defensora de los carbohidrantos, tanto integrales como refinados. No pude con aquello. Desesperé de la locura y jamás me recuperé, Alguien vino en mi ayuda. Gabriel, joven, atento, encantador y comercial de productos de panadería sin gluten, fue el ancla que me recogió de mi naufragio. Solo fue un bálsamo temporal porque el amor de mi vida eres tú, mi querido gordito.
Así se lo hice saber aquella aciaga noche en su Seat Panda cochambroso. ¡Maldito Gabriel, cleptómano con Síndrome de Diógenes que acumulaba en su asqueroso vehículo artículos de los más absurdos! Fue un momento de locura transitoria, un flas que paralizó mi cerebro y mi sentido común durante unos minutos que no he podido guardar en mi memoria. Él se moría de celos porque no quería que yo regresara a tu lado. Discutimos, chillamos, nos lanzamos todo tipo de trastos y cachivaches. Lo último que recuerdo es su brazo descomunal moviéndose torpe y pesadamente para agarrar un jamón de pata negra mientras yo le arrojaba a la cara un bote de laca que se le quedó incrustado en el ojo derecho. No he querido bucear más en mis recuerdos porque eso ya es pasado. Ahora tenemos por delante un hermoso futuro de felicidad construida con hogazas, chapatas, molletes, napolitanas, rosquillas, brioches, magdalenas y bollos suizos. Tú y yo solos, por fin.

Tomasa Madre  

Maite BT
Grupo A

Carta de la maestra al guardia civil D. Alférez Provisional

Valdeconchas del Páramo a 13 de Enero de 2026

Estimado Alférez:

Dado el lamentable incidente ocurrido recientemente, me dispongo dirigirme a su persona con el fiel propósito de solicitarle su estimable ayuda, para resolver el misterio que rodea al pueblo. Hace dos días, se difundió el rumor sobre un hombre encontrado sin vida dentro de un Seat-Panda.
Mis alumnos afirman haber visto a Clotilde Palique y Pilu Quin en una conversación tensa durante al recreo, (como buen conocedor de costumbres que usted es) sabe que son conocidas por su lengua afilada, que sus gritos interrumpieron sus juegos .¿Qué relación tiene esas dos mujeres para gritarse así? En este momento, y siempre siguiendo sus relatos, se detuvo un coche que, según mis investigaciones, coincidía con el coche del fallecido. Pilu Quin parece haber golpeado la puerta con fuerza, lo cual coincide con el coche encontrado. ¿Es posible que ambas estuvieran relacionadas con el fallecido?
Dejo esta pregunta en el aire, basándome en la información de estos alumnos, que si bien es cierto, coinciden en el relato, aún a sabiendas que la falta de información en los menores muy a menudo se convierte en crueldad y fantasía.
Mi intención es simplemente informarle de cualquier dato que pueda esclarecer este incidente que pone en duda la buena reputación del pueblo.

Atentamente

Ciclopedia Moyano.
Maestra del C.P Maria Moliner

Elena Domínguez
Grupo C


Carta de la peluquera al boticario, Don Cere Gumil

Estimado Do Cere:

Ya se habrá enterado del muerto aparecido delante de la Iglesia en un seat panda
Dicen que en el coche tenía un lote (que no le vendí yo) de productos capilares. ¿Pobre!. Se me ponen los pelos de punta. El hombre, según el retrato que le ha hecho no sé quién, era calvo como mi marido, y por eso le escribo. ¿Podría Usted facilitarme la visita a la morgue?. Sospecho que podría ser él, quiero decir mi exmarido (Pepe), el que desapareció con mi madre. No sé si se acuerda de ellos. Mi madre solía comprarle a Usted un callicida muy bueno todos los martes de carnaval.
Me sincero con Usted Sr. Gumil ¿Por qué a quién sino le voy a contar yo que mi madre se fugó con mi marido?. ¡Qué papelón!.
Si es así, podría yo pasar a ser la primera sospechosa, ya sabe motivo y ocasión. Pero Usted me conoce bien, hemos compartido momentos en la pelu o en su botica.
Abusando de su confianza le pido ayuda.

Pilu

PD.: le recuerdo que tiene Usted hora para arreglarle el pelo a su Mini mañana a las 9.

Araceli Sebastián
Grupo C


Carta del cura a la bibliotecaria

Amiga Marta Páginas:

No te creas lo que dicen las malas lenguas del pueblo, de que el muerto soy yo, Don Discípulo de Dios, porque es obvio, no te estaría escribiendo esta carta.
El muerto puede que sea una persona ajena a nuestro pueblo de Valdeconchas del Páramo, y que actualmente nadie sabe a ciencia cierta quién puede ser, ya que como bien sabes, hubo mercadillo esta semana, y ya conoces la cantidad de tenderetes que rodean la iglesia y la plaza del pueblo, con gente rara y desconocida por estos lugares.
Tengo entendido que el cuerpo del fallecido, está depositado en las dependencias de la guardia civil, y tan solo su cara ha sido vista por el Alférez Provisional, el cual debería comunicárselo a la alcaldesa Dª Rosa Mosquera, para que hiciera las gestiones pertinentes con el juez de paz D. Evaristo Parasentencia, la médico Dª Remedios Sanitas, por si tiene más datos que desconocemos el resto de los vecinos de nuestro querido pueblo de Valdeconchas del Páramo.

Atentamente

D. Discípulo de Dios

Luis Iglesias
Grupo B


Carta de Don Cere Gumil, boticario de Valdeconchas del Páramo a Dª Anuncia Bandos, alguacila de dicha localidad.

Estimada Anuncia

El motivo de esta carta está relacionado con el luctuoso suceso acaecido en Valdeconchas del Páramo: el hallazgo de un cadáver en el interior de un vehículo en circunstancias harto extrañas. He de comunicarle que el día anterior, el finado estuvo en mi botica, donde adquirió un lote de productos capilares, así mismo me presentó dos recetas, que , de inmediato, despertaron mi recelo, toda vez que se trataba de fármacos abortivos, por otra parte la firma de dichas recetas no era la de Dª Remedios Sanitas, nuestra médico, que hubiera identificado de inmediato. Ante mis preguntas sobre la procedencia de las recetas y la mujer a quien iban destinados los medicamentos, recibí respuestas vagas e inconcretas. Naturalmente me negué a dispensárselos. Creo que en las referidas recetas puede estar la clave de este homicidio, por lo que apelo a su responsabilidad como funcionaria del ayuntamiento para contribuir al esclarecimiento de este presunto crimen. Mi propuesta consiste en que pregone un bando en el que se anuncie el hallazgo de estas recetas e informe que serán entregadas a su dueña si acredita su titularidad. No soy tan ingenuo como para creer que esta mujer las reclame, pero podemos provocar un paso en falso que permita desvelar su identidad y poder seguir alguna pista fiable para el esclarecimiento de los hechos.

Agradezco de antemano su atención y quedo a la espera de sus noticias.

Fdo: D. Cere Gumil. 
Boticario de la villa de Valdeconchas del Páramo.


Carta de Don Cere Gumil, boticario de Valdeconchas del Páramo Doña Gracieta Recio Nal, directora de “La Voz de Valdeconchas”

Señora directora

Le escribo esta misiva solicitando su colaboración para el esclarecimiento del extraño suceso del cadáver hallado en el interior de un vehículo estacionado a la puerta de la parroquia. Dada la alarma social que ha generado este luctuoso suceso, juzgo necesario e incluso imprescindible, me atrevería a afirmar, que Ud, como representante del Cuarto Poder, tome cartas en el asunto. No se pueden obviar las circunstancias extraordinarias que rodean el crimen, como el lugar donde se halla el cuerpo, junto a la iglesia, ¿Estarán implicados los altos estamentos clericales? ¿Estaremos ante alguna oscura conspiración vaticana para tapar el escándalo de los abusos infantiles? Se han hallado también documentos oficiales del ayuntamiento que bien pudieran estar relacionados con cierta trama de corrupción municipal consistente en recalificaciones fraudulentas de terrenos que favorezcan a empresarios amigos de la alcaldesa. Así mismo, en el interior del vehículo se encontraron diversos productos alimenticios como leche, cerveza, jamón… objeto de subvenciones por parte de la U.E. y, por tanto, susceptibles de sospecha. Está también el albarán del taller mecánico, gremio éste íntimamente relacionado con las estafas vinculadas a la ITV. Por lo que se refiere a los productos capilares que carecen de registro sanitario, y las recetas supuestamente falsas halladas en junto al cadáver y que, con evidente mala intención, algún desaprensivo se ha encargado de difundir que fueron despachadas en mi botica, me parece una idea descabellada y fantasiosa, fruto de una mente fabuladora y, a todas luces interesada en desviar la atención. Agradeciendo de antemano su valiosa colaboración me despido atentamente, reciba un cordial saludo.

Fdo: D. Cere Gumil. 
Boticario de la villa de Valdeconchas del Páramo.

Pablo Pérez Matilla
Grupo B

Leer nos da sueños

Entré de puntillas en la sala de Fondo Local. Los participantes en el taller dormían profundamente recostados en sus sillas. Unos con el cuerpo en un extraño escorzo, rendidos a un lado u otro del reposabrazos. Otros con la cabeza suspendida hacia atrás y los ojos cerrados clavados en el artesonado del techo. Dos o tres derramados sobre la mesa con los brazos como almohada. Y uno con la mejilla acolchada sobre un hombro ajeno. Sintonicé unos breves ronquidos. El silencio era abisal. Di unas palmadas y todos se despertaron sobresaltados. Cuando despertaron el dinosaurio todavía estaba allí.




Esta semana dedicamos la sesión del taller de escritura creativa al sueño. El título lo tomamos prestado del lema que la Asociación La SAL eligió este año para su VI Salón del Libro Infantil y Juvenil: "Leer nos da sueños" que se celebra en la ciudad hasta mediados de enero.
Si quieres descargar la guía de lectura que han elaborado para niños y jóvenes sobre este tema puedes hacerlo en este enlace. Es muy recomendable.

El sueño es uno de los grandes temas del arte y la literatura. Libros como Alicia en el País de las maravillas de Lewis Carroll o la Metamorfosis de Franz Kafka tienen sus punto de partida y su sentido en el sueño. Hablamos de los diferentes tipos de sueño, si soñamos en color o en blanco y negro, si llegamos a la fase REM o nuestros sueños son más superficiales, si alguna vez hemos anotado algún sueño completo o alguna idea sobre la que articular un texto. 
Iniciamos nuestro repaso a la ficha de lectura con un poema de los "Antisalmos del que se acuesta", una serie de textos nadaístas que son parte del libro Antisalmos de Francisco Pino. En ellos el nuevo lenguaje que recrea el poeta sugiere la deformación fonética de las palabras en el transcurso del bostezo. La forma aquí responde a lo que señalaba Vicente Huidobro: "La forma debe surgir de la idea". Para la lectura y comprensión de estos poemas el autor ofrece una clave que nos ayuda a codificarlos. 
También hablamos de La sueñera de Ana María Shúa, un libro de microrrelatos que transita lo onírico, lo absurdo, lo fantástico. Dejamos aquí dos píldoras para abrir boca:

1.
Para poder dormirme, cuento ovejitas. Las ocho primeras saltan ordenadamente por encima del cerco. Las dos siguientes se atropellan, dándose topetazos. La número once salta más alto de lo debido y baja planeando. A continuación saltan cinco vacas, dos de ellas voladoras. Las sigue un ciervo y después otro. Detrás de los ciervos viene corriendo un lobo. Por un momento la cuenta vuelve a regularizarse: un ciervo, un lobo, un ciervo, un lobo. Una desgracia: el lobo número treinta y dos me descubre por el olfato. Inicio rápidamente la cuenta regresiva. Cuando llegue a uno, ¿logrará despertarme la última oveja?

6
En la selva del insomnio no es necesario internarse. Crece a mi alrededor. No hay bestias más feroces que los grillos. En un claro, creo divisar el sueño. Me acerco lentamente, acallando, para no despertarlo, el rumor de mis pasos. Sin embargo, cuando recojo la red, está vacía. Para volver a encontrar la pista tengo muchos recursos: enumerar los árboles del bosque, olvidarlos, concentrarme en el curso de las aguas de un río, tomar café con leche (varias tazas), recordar hacia atrás o hacia adelante. Entretanto, por un momento, me distraigo, y el sueño se arroja sobre mí. Me duermo tan feliz que no recuerdo ya quién era el cazador y quién la presa.

No podía faltar en este breve catálogo de libros sobre el sueño Murdo. El libro de los sueños de Alex Cousseau y Éva Offredo publicado por Librooks. También ofrecemos aquí varios ejemplos de lo que sueña este entrañable yeti:

4.
Siempre he soñado con pasar el invierno
en un árbol. No dentro, sino debajo.
Siempre he soñado con excavar una
madriguera en el bosque.
Con un techo de raíces.
Sería mi refugio.
Pondría una mesita de centro
y unos taburetes para mis amigos
King y Kong.
Y no me olvidaría de las velas.
Velas muy pequeñitas,
para ver bien sin deslumbrar
a las raíces. También me llevaría
lo necesario para pintar, algunos libros,
juguetes y algo de comer.
Siempre he soñado con mordisquear
un trozo de chocolate bajo tierra,
escuchando cómo cae la nieve.

5.
Siempre he soñado con tejer un jersey con las palabras de un poema.
Cada palabra sería un trozo de lana.
Un ovillo de palabras para mantenerse caliente.
Sería un poema con palabras muy sencillas.
Y, de vez en cuando, algunas más misteriosas. Palabras que pican.
Otras que no te dejan cerrar los ojos.
Sería un poema para ponerme justo antes de la noche.
Un poema que ya no me quitaría, mientras miro pasar las estrellas.
Podría ser un poema de amor, y entonces seríamos dos
los que nos meteríamos en él.
Siempre he soñado con compartir un jersey con alguien.

Otro libro que ocupó nuestros comentarios fue "El sueño dentro del sueño y otros poemas" de Ana Blandiana publicado en edición bilingüe por Visor. Puedes leer aquí algunos poemas, además del que te ofrecemos con el agua recién cambiada. Se titula "Un vaso con margaritas silvestres":

Un vaso con margaritas silvestres
Sobre la mesa blanca
En la que escribo
Más libre de lo que soy;
Alrededor,
Un seductor olor a heno
Que conduce al sueño
Del que quizás gotee
Una palabra;
Dulce cielo en el ocaso,
Tan dulce como los rebaños
Que regresaban antaño.
Amor por todo lo que fue,
Por todo lo que va a desaparecer,
Amor sin sentido,
Amor sin límites…
La sombra de los álamos,
Rejas cercando el campo,
Margaritas silvestres
En un vaso.

Y nos recreamos, por último, en Los sueños de Helena de Eduardo Galeano, un libro magníficamente editado por "Libros del zorro rojo" e ilustrado por Isidro Ferrer. Dice el autor en el prólogo: «Helena me humilla cada mañana, a la hora del desayuno, contándome sus sueños prodigiosos. Ella entra en la noche como en un cine, y cada noche un sueño nuevo la espera. Mientras ella cuenta, yo bebo mi café en silencio. Más me vale callar. Los pocos sueños míos que consigo recordar son de una bochornosa estupidez. Para vengarme, escribo los sueños que ella vuela.». Cerramos esta entrada y echamos la trapa a los sueños con dos muestras de dicho libro:

El país de los sueños
Era un inmenso campamento al aire libre.
De las galeras de los magos brotaban lechugas cantoras y ajíes luminosos y por todas partes había gente ofreciendo sueños en canje. Había quien quería cambiar un sueño de viajes por un sueño de amores, y había quien ofrecía un sueño para reír en trueque por un sueño para llorar un llanto bien gustoso.
Un señor andaba por ahí buscando los pedacitos de su sueño, desbaratado por alguien que se lo había llevado por delante: el doliente iba recogiendo los pedacitos, y los pegaba, y con ellos intentaba hacer un estandarte de colores que era bastante mamarracho.
El aguatero de los sueños llevaba agua a quienes sentían sed mientras dormían. Llevaba el agua a la espalda, en una vasija, y la brindaba en altas copas.
Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca, peinándose la cabellera, que le llegaba a los pies. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes, sueños que salían del pelo y se iban al aire.

Te pido que me sueñes
Aquella noche hacían cola los sueños, queriendo ser soñados.
Helena no podía soñarlos a todos, no había caso, no había manera. 
Uno de los sueños, desconocido, se recomendaba:
-Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar.  
También hacían la cola unos cuantos sueños nuevos jamás soñados, pero entre ellos Helena reconocía al intruso de siempre, ese bobo, ese pesado, y a otros sueños que decían ser nuevos pero eran viejos conocidos de sus noches de volanderías y navegaciones.


Propuesta de escritura

Tomamos como referencia el poema "Sueños" de Nicanor Parra para elegir como título un verso y desarrollarlo en el cuerpo del texto.

Sueño con una mesa y una silla
Sueño que me doy vuelta en automóvil
Sueño que estoy filmando una película
Sueño con una bomba de bencina
Sueño que soy un turista de lujo
Sueño que estoy colgando de una cruz
Sueño que estoy comiendo pejerreyes
Sueño que voy atravesando un puente
Sueño con un aviso luminoso
Sueño con una dama de bigotes
Sueño que voy bajando una escalera
Sueño que le doy cuerda a una vitrola
Sueño que se me rompen los anteojos
Sueño que estoy haciendo un ataúd
Sueño con el sistema planetario
Sueño con una hoja de afeitar
Sueño que estoy luchando con un perro
Sueño que estoy matando una serpiente
Sueño con pajarillos voladores
Sueño que voy arrastrando un cadáver
Sueño que me condenan a la horca
Sueño con el diluvio universal
Sueño que soy una mata de cardo.
Sueño también que se me cae el pelo.


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora;



Sueño que arrastro un cadáver

Sueño que arrastro un cadáver. Está envuelto en una manta de felpa. La calzada está empedrada. Por el reflejo del pavimento intuyo que ha llovido, pero no lo recuerdo. Es de noche. Miro hacia los lados. No veo a nadie. El corazón se agita. Agarro los pies con ambas manos y tiro con fuerza. No se mueve, parece que está anclado al adoquinado. La angustia se apodera de mi ser mientras examino los alrededores. Nadie. No tardará en aparecer alguien. Intento desplazarlo suavemente. Se mueve. Una sensación extraña me inunda. Es vértigo. El cuerpo sigue anclado a la calzada. Es la ciudad la que se mueve. Aprecio cómo se desplazan los edificios a través del rabillo del ojo. Respiro agitado. Tiro con fuerza del cadáver. No se mueve. Inspiro hondo. Arrastro suave y de nuevo las edificaciones, los árboles, las farolas avanzan, pero el adoquinado no cambia.
Llego a un cruce de calles. Tengo que actuar con rapidez. Estoy expuesto. Me siento observado. Intento relajarme. Lo remolco hacia una zona de arboleda al sur, pero, me adentro en el corazón de la ciudad. Paro y reflexiono. Tengo que cambiar de sentido. Suavemente lo agarro y me dirijo hacia lo más bullicioso de la ciudad. En un parpadeo estoy a las afueras.
La zona está oscura. Conecto la linterna del teléfono móvil. Se hace de día de repente. Me asusto. Me van a descubrir. Apago el foco de luz. La noche vuelve. Mi corazón cabalga al galope. Oigo unas voces. Parece un grupo de estudiantes. Me agacho para que no me vean. El griterío se acerca. Caminan en mi dirección. Me va a dar un ataque de pánico. Se me ocurre una idea descabellada. Me levanto y agito los brazos. Suenan sirenas. Los jóvenes se alejan persiguiendo el sonido.
Pero ¿quién es este cadáver? ¿Por qué me siento responsable? No tengo recuerdos. No se aprecian signos de violencia, no entiendo qué ha pasado. ¿Lo he matado yo? ¿Cómo? ¿Cuándo? Me acerco, despejo la manta. Es un hombre corpulento. Viste unos pantalones vaqueros y una sudadera de color negro. Tiene una marca en la barbilla. Esa marca me resulta familiar. No puede ser.
Despierto agitado. Era una pesadilla. Una sensación de ridículo me inunda. Era una estúpida pesadilla. Intento alcanzar el teléfono móvil para ver qué hora es. No puedo moverme. El colchón está muy duro. Es irregular. Siento la espalda mojada. De repente, alguien me agarra por los pies e intenta arrastrarme. Con desesperación me agarro como puedo al firme.

Max Ferlam
Grupo B


Sueño que soy una mata de cardo

Sueño que soy una mata de cardo
en monte castellano crezco erguido
donde no asoma el mundano ruido,
la brisa huelo, la quietud amaso.

En este reino de Morfeo, soy quien quiero,
rudo es mi abrigo, seguro me siento.
Si respeto no traes, mis pinchos te ofrezco.
Sin forzadas sonrisas, en mudo silencio.

El momento saboreo, el despertar retraso,
mullidos abejorros aleteando disfruto,
que mi malva corona cortejan
y con sinfonías de mariposas disputan.

En la mañana cristalina más musas atraigo,
maduras granas despuntan mientras me peinan
y con dulces melodías saldan cuentas,
qué bellos jilgueros, cómo me embelesan.

Retumba el horizonte,
chirría el grillo
el reino de la vigilia me arrastra.
Me aferro. Irme no quiero.

Suelto todas mis anclas,
pero no hay manera.
Yo quiero ser una mata de cardo,
que hasta muerto permanezco altivo.

Max Ferlam
Grupo B


Sueño

Sueño con pajarillos voladores. Yo voy con ellos, volando también. Hacemos carreras y cabriolas sobre un precioso campo verde, y río feliz mientras el viento me alborota el pelo y el alma. De pronto ¡tac! Noto un golpe en la cabeza. Me giro, más extrañado que dolorido, pero solo veo a mis pajarillos, revoloteando a mi alrededor. Uno de ellos se acerca jovial pero, sin previo aviso, ¡tac! me suelta otro picotazo, ¿A qué ha venido eso? Empiezo a alejarme lentamente de la bandada, receloso, pero me siguen y, cada poco rato ¡tac! picotazo. El ritmo empieza a incrementar ¡tac! ¡tac! ¡tac! Trato de huir, pero el aire se ha vuelto denso y apenas puedo avanzar. La bandada me rodea, picoteándome ya de manera totalmente desquiciada ¡tactactactactac! Sobrepasado, pierdo el equilibrio y empiezo a caer (¿tan alto estaba?), más y más rápido, hasta que llega el impacto… que es sorprendentemente mullido. Estoy en mi cama. Era un sueño. De pronto ¡tac! Me incorporo sobresaltado para descubrir a mi hermano mayor estirando el brazo desde su cama, dándome con la zapatilla porque estoy -según él- “respirando fuerte”.
Me vuelvo a dormir. Sueño que voy arrastrando un cadáver. Se parece bastante a mi hermano.

Alfonso Jiménez
Grupo B


Soñar

Soñé que construía un ataúd con mis manos,
de madera Palo Rosa,
forrado en su interior con seda blanca.
Mientras lo hacía pensaba en ti,
para darle forma y cuidado a tu ausencia.
Tú te sentabas sonriente en el centro,
como si de una canoa se tratase,
sereno, mirándome sin prisa.
Cada tabla era un recuerdo compartido,
cada clavo una palabra que no supe decir a tiempo,
y que ahora alarga el silencio entre nosotros.
Me pongo mi mejor traje de noche
y me preparo para compartir contigo el viaje.
Remaremos juntos, hacia la otra orilla,
donde el dolor ya no pesa
y la memoria no duele.
Al despertar comprendo
que no te estoy despidiendo,
que sigo aprendiendo a vivir con el espacio que dejaste.
El lugar de mis sueños,
aún permite encontrarnos.
Espérame, Amor,
la cita es cada noche.

E.R.A
Grupo B


Sueño con un aviso luminoso

Una gran flecha de neón
me señala el camino:
cambio de sentido, salida
a la realidad.
Sonámbulo, giro el volante firmemente
hacia el otro lado,
pero el coche me ignora
y sigue la dirección de la flecha.
Estará dormido, pienso,
debe de ser una IA defectuosa,
quizá sueña que es libre.
Yo le grito desaforado, le digo que pare,
doy golpes al volante como si estuviera poseído
por una pesadilla,
grito:
cuando me pase por el concesionario
me van a oír, no pienso pagar
ninguna letra más.
Mientras, el coche autónomo sigue por una carretera
en medio de un bosque cerrado y tenebroso.
En una curva, inesperadamente,
aparece una mujer desnuda haciendo gestos con las manos,
la reconozco, es la mujer de mi vida,
y me está diciendo adiós.
Ahora toca la travesía del desierto,
el coche circula por caminos de tierra,
no hay nada en un horizonte inalcanzable
que me rodea con su cola de escorpión,
aquí y allá alguna planta suculenta,
verde,
con sus depósitos de agua y gasolina sin plomo,
95 octanos.
El cielo es el límite del viaje,
debe de ser que la máquina es ecológica
y funciona con energía solar.
El aviso luminoso, ahora,
señala el área de servicio; gasolinera,
restaurante y un gigantesco toro negro,
como una enorme postal de carretera.
Ya he visto mucho mundo, pienso,
vamos a tomarnos un descanso,
el poema está escrito, me digo,
y cierro los ojos con fuerza, para despertarme.
Pero el coche inteligente
me sigue soñando,
y está claro que no se dirige
al concesionario,
-quizá a la materia oscura-,
porque no quiere que rellene
ninguna hoja de reclamación.
Sin duda, tiene miedo a morir.

Ignacio Aparicio
Grupo A


Sueños

Era una tarde de domingo
puedo decirte, por ejemplo, que ayer soñé contigo.
Íbamos alegres caminando de la mano;
era una tarde blanca y azul, alegre de verano.
La brisa, de un mar caprichoso, jugaba con tu pelo,
yo, en la comisura de tus labios con mis dedos.
Un golpe de mar nos sorprendió de lejos,
empapados de amor y sal, nos despertó del sueño.

P.G.
Grupo C


Sueño que voy bajando una escalera

No puedo recordar cuándo la subí. Pienso que todo lo que baja, es porque antes ha subido, ¿O es que todo lo que sube baja?.. No lo tengo claro.
¿Por qué demonios no hay barandilla? No sé cómo voy a seguir bajando. No me fío. Esto es peligroso. Un tropezón y ¡ adiós para siempre!
Quiero parar y no puedo. Mi cabeza me dice que suba, que esta escalera no lleva a ninguna parte, pero mis pies no me obedecen y siguen bajando. He perdido el control sobre mis pies. ¡Hala, lo que faltaba!
En un último intento, a la desesperada, me tiro de la cama:¡CATAPÚM!
Me enredo con el nórdico.Por lo menos he caido en blando.Por fín me despierto: Estoy a salvo.
Decididamente prefiero soñar con pajaritos voladores y si son de colores, mucho mejor.

M.L. Fidalgo
Grupo C

Espiral

Sueño que estoy bajando una escalera,
pero no encuentro el último escalón,
de vez en cuando doy un tropezón
que provoca que cruja la madera.

Y no me importa nada lo de fuera,
solo debo seguir la dirección
sin perder ni un minuto la atención
de esta absurda e insólita carrera.

Sé que solo es un sueño que me agobia,
que me llena de dudas la cabeza
y me deja una huella misteriosa.

Pues siento en mi interior la claustrofobia
de estar buscando a tientas la certeza
que me aligere el peso de esta losa.

Aurora Zarco
Grupo B


El sueño de la mesa y la silla

La niebla espesa y silenciosa lo cubría todo, en ese ambiente frío y húmedo me vi inmersa en la última matanza familiar, un ritual que era trabajo ,celebración, alegría y cansancio.
Mi abuela que era una matriarca al uso, estaba sentada en la única silla que había y mis primas y yo en los tajos de tres patas a los costados de la mesa choricera, testigo de todas las matanzas familiares durante muchos años que se convertía en la protagonista del evento. Allí se colocaron las tripas lavadas, la carne adobada picada y se hacían los chorizos, y nosotras los estábamos atando para luego colgarlos a curar. El humo, el olor, las voces, los cánticos, las risas, los chascarrillos, todo era parte de un jolgorio que parecía eterno.
Pero de repente, como ocurre en los sueños, las escenas se deshicieron en la niebla. Ya no había carne ni cuchillos, ni risas alrededor de la mesa. Me vi discutiendo con mis primas, con una vehemencia que me sorprendía. No peleábamos por la carne ni por los chorizos, sino por la herencia de la mesa y la silla. Aquellos objetos, tan sencillos y gastados, se habían convertido en símbolos de pertenencia, de memoria, de raíz.
Las discusiones eran tremendas, como si en ellas se jugara algo más que un mueble: se jugaba la continuidad de la infancia, la posesión de un recuerdo. Al final, incapaces de ponernos de acuerdo, decidimos echarlo a suertes. El azar, frío y cruel, me dejó sin la mesa y sin la silla.
Sentí entonces una pena inmensa, como si me arrancaran un pedazo de mi historia. La niebla se cerró aún más, y el frío me devolvió al presente. Desperté con el corazón encogido, sabiendo que aquel sueño no era solo un sueño: era la nostalgia disfrazada de disputa, la memoria reclamando su lugar en el tiempo.

Áfrika Gómez G.
Grupo A


Sueño con una hoja de afeitar

Hubo un tiempo
que luchaba por llegar a la meta.
Hoy, que no puedo volver
al punto de partida,
y ha sido tanto lo vivido,
solo me quedan los sueños
repartidos en noches desquiciadas,
desayunos llenos de resaca,
el sol a través de la ventana,
como una invitación a la esperanza
de un día envuelto en soledad.
sueño con puentes colgantes,
con áticos de edificios enormes,
desde donde puedo ver el mar.
Sueño con bañeras llenas de agua tibia,
donde sumerjo mi tristeza.
Sueño con una hoja de afeitar.

P.G.
Grupo C


Sueño con el diluvio universal

Noé, es considerado como el primer meteorólogo universal, ya que un año antes de que se produjera el famoso diluvio, se puso a construir un arca, donde poder cobijar una pareja de animales de cada especie.

Luis Iglesias
Grupo B


El diluvio universal

Camino por la calle y no para de llover. No llevo paraguas. No hace frío y el contacto con la lluvia me resulta agradable. Continúa lloviendo y no me he cruzado con nadie. La situación deja de ser grata y cada vez resulta menos satisfactoria. Camino sin saber hacia dónde, pues casi no se ve debido al espesor de la lluvia y que al caer en la cara empaña mis ojos. Continuó caminando completamente empapado. Terminan las calles, se acaba la ciudad y salgo a campo abierto. Cada vez llueve con más intensidad y me voy sintiendo molesto, incómodo, desapacible, hasta llegar a sentirme enojado. Me hago un sinfín de preguntas y de reproches, pero no llegó a saber cómo empezó todo. Cuando más ensimismado estaba, descubrí a lo cerca, (pues con tanta intensidad de lluvia no se podía ver a lo lejos) una puerta de grandes dimensiones que traspasé, y por lo menos en el interior ya no llovía.
Olía raro y hacía calorcito. Caminé a tientas y me recosté entre pajas. Había mantas con las que pude secarme y taparme y me quedé dormido. Para dormir utilicé la técnica de subir escaleras con la inspiración, bajar escaleras con la espiración y sentarme un instante antes de comenzar a subir inspirando.
Me despertaron unos ruidos que identifiqué como rugidos de grandes felinos.
Me sacaron a empujones dos jóvenes que decían ser hijos de un tal Noé. Me subieron a cubierta y me arrojaron por la borda, murmurando entre ellos que aquel lugar no era para mí, que yo no había sido ninguno de los “elegidos”.
Al caer al agua que lo cubría todo, ya no había tierra, con el golpe me desperté. Esta vez sí me desperté y me alegré de que todo hubiese sido un sueño.

José Luis Fonseca
Grupo A


La noche tenía colmillos

Primero era un crujido de ramas secas, lento y deliberado, proveniente de los arbustos que bordeaban el camino de entrada. Me levanté, sintiendo esa pesadez típica de los sueños en los que tus piernas parecen hechas de plomo y cada movimiento requiere un esfuerzo titánico. Entorné los ojos hacia la oscuridad.
De las sombras emergió una silueta. Al principio pensé que era un lobo, por el tamaño, pero al acercarse a la franja de luz del porche vi que era un perro, pero no un perro cualquiera. Era una bestia inmensa, un mestizo de pelaje apelmazado, sucio, lleno de cicatrices y calvas en la piel. Sus ojos no reflejaban la luz; eran dos pozos negros fijos en mí.
—¡Vete! —intenté gritar, pero mi voz salió ahogada, como un susurro rasposo. El animal no ladró; simplemente tensó los músculos y, con una velocidad antinatural, se abalanzó sobre mí.
El impacto fue brutal. Sentí el golpe de su pecho contra el mío, un choque seco que me sacó el aire de los pulmones y me derribó de espaldas contra la madera del suelo. El dolor fue vívido, demasiado real para un sueño. Sentí las astillas del suelo clavándose en mis codos.
La pelea fue sucia y desesperada. El perro estaba encima de mí, una masa de músculo caliente y olor a podredumbre y tierra mojada. Pude sentir su aliento rancio golpeándome la cara mientras sus fauces buscaban mi garganta. Por instinto levanté el antebrazo izquierdo justo a tiempo.
Sentí la presión de su boca cerrándose sobre mi brazo. No sentí dolor agudo, sino una presión inmensa, como si una prensa hidráulica me estuviera triturando el hueso. En el sueño, el pánico se mezcló con una furia primitiva. No era miedo a morir; era una necesidad violenta de sobrevivir en mi propia casa.
Con la mano derecha libre, busqué a tientas algo, lo que fuera. Mis dedos rozaron una piedra suelta del borde del porche. La agarré con fuerza, sintiendo sus aristas frías y cortantes. Comencé a golpear, varios golpes sobre el animal. El perro gruñó con un sonido gutural que vibró en mi propio pecho, pero no me soltó.
Al contrario, sacudió la cabeza con violencia, tirando de mi brazo atrapado y arrastrándome unos centímetros por el suelo. Sentí como si mi hombro se dislocara con un chasquido repugnante.
—¡Suéltame! —grité, esta vez con voz clara, rompiendo la mudez del sueño. Me impulsé con las piernas, pateando frenéticamente contra su vientre. Sentía sus costillas bajo mis botas, duras y rígidas. En un momento de lucidez, dejé de golpear el pecho y con la piedra le di varias veces en el hocico.
El impacto fue certero. El perro aulló con un sonido agudo y humano que me heló la sangre y aflojó la mandíbula. Aproveché esos segundos de libertad para arrastrarme hacia atrás y poder liberarme del todo de él.
El perro se recuperó de mis golpes y al fin salió corriendo hacia el descampado. En ese instante fue cuando me desperté. Me reincorporé en mi cama poco a poco y tomé una bocanada de aire, ahogado. Estaba en mi cama, en mi casa, con las sábanas empapadas del sudor de este terrible sueño, de una pelea tan dantesca con un animal al que siempre he tenido mucho cariño.

Fernando Nieto
Grupo A


Sueño que estoy comiendo pejerreyes

¡Qué lata! Llevo varios días que ando como un zombi. Ayer dormí tres horas, no más. Y hoy se presenta otra noche horrorosa, pues no consigo conciliar el sueño. La doctora me recomendó que tratara de relajarme, no te achaquís por eso -me dijo; en esas situaciones tenés que hacer una respiración más profunda e imaginar lugares tranquilos y apacibles, ¿cachai? Me concentro con todos mis sentidos en ello, mi cerebro empieza a viajar a mi infancia en Chile junto al mar… Sí, me parece que ya lo estoy consiguiendo… Amanece un día luminoso, espléndido, con un sol radiante que se aleja del horizonte, cuyos rayos alcanzan desde primera hora a los acantilados rocosos donde estoy en pie. Frente a las vastas aguas que baten sus espumas, contemplo el mar que se abre ante mí. Solo se oyen los graznidos de las gaviotas argénteas. Veo las comisuras de mi amarillo pico y extiendo mis alas para secar mi negro plumaje en el tibio ambiente del día que comienza. Miro a un lado y otro y descubro las miradas verdes de otros cormoranes. Decido remontar el río Chiloé en busca de comida. Bato las alas enérgicamente y me elevo a ras del agua, voy remontando con facilidad el curso del río. Sueño que vuelo, es cachán, me invade una sensación de placidez. Descubro varias barcas de pescadores y algunas garzas reales en las orillas. Voy surcando el aire sin apenas esfuerzo, no me canso, y me asusto deslumbrado por el brillo azul metálico de un martín pescador que cruza delante de mi sombra. ¡Vaya huevón, casi se choca! Me poso en un viejo tronco que asoma en el río para reponer fuerzas. Desde lo alto de esta atalaya diviso un plateado banco de peces con los que llenar el buche. Nadan sincronizadamente y me lanzo a por ellos propulsado por mis palmeadas patas. Sueño que buceo y puedo comer hasta tener la guata llena. Son matungos, mis favoritos, por fin puedo hartarme de ellos. Sueño que estoy comiendo pejerreyes.

Jesús García Espinosa
Grupo A


Sueño que voy atravesando un puente

Todavía me hundía en la somnolencia, en aquel despertar denso y viscoso del que, más que haber dormido, regresa de una vida pasada para reencarnarse en un cuerpo que no es el suyo. Atrapada en la rugosidad cálida y envolvente de las sábanas, aún me resonaba el recuerdo de aquel amasijo de hierros oxidados, coches aplastados y restos de camiones, un humo denso que envuelve este paisaje de catástrofe y destrucción. Alzo mi cuerpo para mirar por la ventana y comprobar, con alivio, que el puente sigue ahí, imponente, con su incesante ir y venir de vehículos.
José viene hasta mí para rozarme la frente con sus labios. Apenas noto el olor de la taza de café humeante que me trae ni veo la sonrisa que ilumina su cara. -Buenos días, dormilona. Yo me tengo que marchar, ya llego tarde- Súbitamente, su sonrisa se desvanece. Me mira inquieto. – Otra vez esa horrible pesadilla, ¿verdad?- Sí, pero esta vez era tan real. Por favor, no vayas, quédate aquí conmigo. No quiero perderte así. - Mi voz es un susurro inaudible que se pierde en el aire mientras él sale de la habitación.
Observo atentamente a través del cristal. Sí es hermoso este puente. Los coches parecen una riada multicolor que muta en ambos sentidos. La niebla matutina se enreda con las columnas y los pilares creando un efecto óptico de sombra gris que se entreteje a sí misma. El movimiento da paso al temblor, apenas imperceptible al principio pero evidente al cabo de unos segundos. También el sonido es diferente. Ya no son simplemente chillidos de claxon y ronroneo del girar de ruedas. Hay un tono distinto que crece, un enano que se transforma en gigante según avanzan los segundos. Ese ruido, ese temblor. Ya los conozco. Son demasiado familiares para mí. Demasiadas noches me han acompañado; los noto perfectamente cada vez que cierro los ojos y caigo rendida al sueño.
Un temor atraviesa mi cerebro. José estará ahora mismo en su Audi gris oscuro esperando el semáforo para atravesar el puente. Como un vendaval corro a toda velocidad. Me pongo de ropa lo primero que encuentro. Cuando salgo a la calle todavía estoy abrochándome los vaqueros. Si corro por el atajo llegaré a tiempo antes de que él… no quiero ni pensarlo. Es una imagen que invade mi cabeza no sólo en mis noches en vela sino también en mis días insomnes de cansancio y fatiga infinita.
Por fin llego. El semáforo antes de la subida a la plataforma principal del puente. Los coches están ahora quietos así que aprovecho para ponerme en mitad de la carretera. Chillo, agito los brazos, muevo las piernas de un lado a otro como una loca poseída, Me gritan para que me aparte, lanzan sus insultos. Yo les ignoro. Semáforo en verde. Coches que rozan, otros que amenazan con atropellarme. El ruido de los insultos y de los cláxones se incrementa exponencialmente mientras mi corazón se agita aceleradamente chocando contra mi sien. Un enorme camión volquete se acerca lenta y torpemente. Le cuesta avanzar por carga que soporta. Se aproxima pero yo no presto atención. Quiere cambiar de carril pero el giro es difícil; tantos coches parados, otros intentando frenar en el último momento, unos cuantos que intentan escapar de aquel remolino de caos del cual soy la única responsable. Mientras, yo sigo a lo mío, esquivándoles, moviéndome nerviosa de un lado a otro. No me percato de que el camión volquete ya está casi encima. Se oscila de un lado a otro, dubitativo entre uno u otro carril, no se decide o, más bien, no puede. Miro de frente, ahí está, Apenas me percato de la cara nerviosa del conductor mientras esa mole se me echa encima. No puedo hacer nada. Estoy paralizada por el miedo pero, sorprendentemente, eso hará que salve mi vida. Un volantazo en el último momento. Toda esa enormidad de toneladas de arena se estampa contra el pilar del puente. Unos segundos después me rodea un humo denso. Ya lo he visto anteriormente. Sé lo que esconde. Me doy la vuelta para contemplar el amasijo de hierros oxidados, coches aplastados y restos de camiones que forman este paisaje de catástrofe y destrucción.
Un único pensamiento cruza mi mente. ¡José! Ahí está, dentro del Audi gris oscuro que ahora mismo…. No me atrevo ni siquiera a imaginarlo. Corro, al igual que la gente que me rodea, presa de la histeria ¡José, José! Mis labios apenas pueden despegarse para invocar su nombre. No sé a dónde voy, apenas el sonido de los bomberos y de las ambulancias, los policías que tratan de sujetarme. El humo me envuelve cada vez más y, a pesar de ello, me sumerjo en su oscuridad. Penetra en mis pulmones y apenas puedo respirar, pero tengo una meta, un objetivo que cumplir, y nada me va a desviar. Tengo que encontrarle, tengo que abrazarle, necesito saber que sigue ahí, sentir su presencia a mi lado una vez más. ¡Quiero que esté vivo!
Una mano me agarra el brazo desde atrás. Cedo a su fuerza. Hay algo que me resulta familiar, ese tacto, ese olor, esa presencia. Me giro y ¡ahí está! La sonrisa que me regaló por la mañana vuelve a ser mía, iluminando su cara y ofreciéndome calor y alegría. En este paisaje de caos y destrucción la muerte es la reina que todo lo domina. Sin embargo, estamos también nosotros dos, seres en los que la vida brilla más que nunca. Me río y doy gracias como nunca. Volveré a ser la dueña de mis noches. Ahora comprendo que las pesadillas son efímeras gotas que jamás encharcará mi existencia.

Maite BT
Grupo A


43 Escalones

Todavía sueño con aquella escalera
de cálida madera
y testigo de mi infancia,
en aquella casa de la plaza.

Sus 43 escalones guardaron
los pasos, juegos y anhelos
de los que tantas veces
por ella bajaron.

En mi sueño subo deprisa
hasta llegar a una puerta cerrada,
con mirilla dorada y llamador de latón,
con forma de garra de águila.

Grito: “soy yo”, pero nadie responde.
Solo escucho los ecos de las voces,
guardadas en las enyesadas paredes,
de los que allí vivieron antes.

Bajo agarrada a la baranda,
cubierta de polvo y años
por la que tantas veces me deslicé,
pero ya no me reconoce.

Al despertar siento el vértigo de la duda,
si de verdad la vi, pero con la certeza
de que ya no lleva a ningún sitio,
excepto a lo que fui.

Marian Pérez Benito
Grupo A


Sueño que arrastro un cadáver

La calle está vacía. Suenan las llaves del sereno a lo lejos. Le digo a Geñín que podemos bajarla, que nadie nos verá. Él no puede con las muletas. Bastante le cuestan ya las escaleras. Tendré que arrastrarla sola. Menos mal que es un primer piso. El portal se alarga, oscuro como el túnel de un tren. Las paredes son blandas, se hunden cuando roza el cadáver de la señora Bene. Una sustancia pegajosa va cubriendo el saco. Qué asco. Parece que arrastro una babosa.
Todas las farolas están apagadas. Nadie nos verá. Geñín se adelanta hacia el camino de Peñagrande, donde las chabolas. A pesar de mis siete años, arrastro el saco con la babosa Bene como si fuese una crisálida de mariposa. Me entra la risa. Menuda mariposa con gafas de culo de vaso y el pelo pringoso. La señora Bene era fea, pero me gusta imaginármela como una mariposa. Luego me pongo triste. Las lágrimas no me dejan ver. No tenía derecho. El señor Ezequiel no tenía derecho a tratar así a la señora Bene. Vale que fue mala suerte que se cayese sobre el borde picudo del aparador, pero si no le hubiese tirado la olla con el cocido del día siguiente no se habría abierto la cabeza.
Geñín uso la cuerda que teníamos para hablar por la ventana.
-Baja, baja corriendo- me dijo por la lata de tomate.
Bajé con el pijama de bambis. El señor Ezequiel estaba roncando en el suelo, borracho como siempre.
- Tenemos que esconderla antes de que nos vea nadie. Y menos la guardia civil. Se llevarán a mi padre. Hay que llevarla hasta el montón de basura que hay donde las chabolas – me dijo mi mejor amigo.
No tenía cara de pena. Parecía un viejo esa noche. Hasta tenía arrugas alrededor de la boca. Muchas arrugas.
Ya estábamos en la carretera de Peñagrande cuando, de pronto, la carretera empezó a moverse al revés. Cada vez estábamos más lejos y más lejos. Nos llevaba a Mirasierra. Y allí están los chales y hay muchas luces. Nosotros corríamos hacia Peñagrande, pero cuanto más corríamos más deprisa se movía la carretera. Se iba a hacer de día. No llegaríamos.
-Mira, ahí también hay un montón de basura muy alto. La echamos ahí- dijo Geñín.
Pero la carretera empezó a girar y girar. Nos mareábamos. No podíamos bajar. Las babas del saco me subían por los brazos. No lo podía soltar.
-Levántate, que ya tienes el colacao. Hoy ha traído churros, tío. Como todos los domingos.
Abro los ojos.
-Ay, tiita, dame un beso. Te quiero mucho. Qué sueño tan raro he tenido esta noche.

Araceli Broncano Rodríguez
Grupo C


El sueño de una vuelta con automóvil

Otra vez este sueño en blanco y negro, sudoroso, pegajoso, en el que todo parece de goma. Circula un automóvil por una carretera que cada vez se estrecha más. Es un coche ya viejo, sin marca, ni modelo. Allá al fondo se divisa el pueblo, pero de repente aparece una escalera; la dichosa escalera de los sueños. El automóvil resiste y sigue circulando por la escalera, que se estrecha cada vez más. Ahora aparece el miedo a caer, pero el coche resiste y sigue circulando, incluso sube a una montaña y después a unas rocas. El auto continúa moviéndose de manera imposible, esa forma que sólo ocurre en los sueños. Seguimos adelante, ya no hay pueblo, ni escaleras, sólo hay precipicio y vacío del que no hay manera de escapar. Es preciso salir del sueño y despierto en el salón de la casa. Es la hora de la siesta.
Por la cabeza asoman, de repente, los sueños imposibles que a lo largo de la vida ha ido reuniendo con paciencia y guardado en la memoria, esa pequeña cajita del cerebro en la que descansan los recuerdos más queridos.
Un dulce sopor me invade y, sin llamar, entra de nuevo un sueño. Ahora el automóvil lo conduce un detective. Este sueño es en color. Un sueño de aventuras: policías que son los malos, periodistas corruptos, ladrones que se ganan la vida honradamente y mujeres fatales que triunfan cada día. Una aventura que empieza bien, el detective conduce un Buick amarillo del 69, el automóvil de las novelas negras que se repiten en los sueños.

Gabriel Risco
Grupo C


Sueño con el sistema planetario

Sueño con el sistema planetario y con Plutón, el repudiado, el apartado al cinturón de Kuiper, un pedrusco helado, frío y rocoso, que no es merecedor de la categoría de planeta.
Sueño que Plutón, rey del inframundo y de los muertos, poseedor de las riquezas, capaz de raptar a Proserpina, se incomoda en su órbita elíptica, cada vez más inclinada y cada vez más entrecruzada con la de su hermano Neptuno.
Sueño que Plutón, dios temible por su estricta aplicación de la justicia, acaba, en su desquiciada desestabilización orbital, por cruzarse en el camino de su vecino-hermano, incapaz de apartarse por no ceder su preferencia.
Sueño que la desestabilización producida se traslada rápidamente a todo el sistema planetario y tanto los poderosos planetas gigantes como los más pequeños y cercanos al Sol, no pueden escapar al cataclismo general.
Sueño que la vorágine desatada en un área pequeña del brazo de Orión, una de las ramificaciones menores de la galaxia, una zona tranquila, hace que su alrededor se vea sacudido por una perturbación inesperada.
Sueño que el brazo de Orión colapsa y arrastra en su desintegración a los brazos de Perseo, Norma, Sagitario y Escudo-Centauro, que voltean hacia el bulbo galáctico, produciendo una acumulación de materia y energía generadora de una supernova galáctica.
Sueño que se produce la gran explosión, alterando a las sucesivas galaxias que encuentra en su expansión, provocando un desmoronamiento general de todo el universo observable. Tantas galaxias desintegrándose como neuronas en un cerebro humano.
Sueño que mis neuronas van sucumbiendo acompañando al cataclismo galáctico. Dos espectáculos colosales de una plasticidad indescriptible. Cien mil millones de galaxias desintegrándose, cien mil millones de neuronas descomponiéndose, varios billones de conexiones sinápticas destruyéndose. El universo desaparece y mi cerebro desaparece.
Entonces sueño que me despierto, abro los ojos y veo que la luna sigue allí, en lo alto, y la Vía Láctea sigue allá, en lo alto, y mi cerebro sigue aquí, en lo alto, y el universo continúa y yo estoy vivo.

Manuel Medarde
Grupo A


Sueño que estoy colgando de una cruz…

Un sudor frío me recorre el cuerpo, un temblor sacude mis extremidades inferiores, me despierto de un golpe. Estoy sentada en la cama, gritando, llorando.
Son las tres y cuarenta y cinco de la madrugada…,¿qué hago despierta a éstas horas?¿qué estaba soñando?¿por qué lloro?
Enciende la luz, estaba soñando.
Un cuervo, había un cuervo negro, enorme, que sobrevolaba por allí, por los aires. Abajo, abajo había mucha gente, hombres, mujeres en mitad de un desierto infinito. Mujeres, tres mujeres vestidas de negro llorando ¿por qué lloraban? Y ese chorro de sangre que escurría y escurría sin parar ¿de dónde procedía?¿de dónde podría emanar esa cantidad inconmensurable de sangre?
-Mujer, he allí a tu hijo…
Y yo, yo estoy colgando desnuda de una cruz. Una cruz de madera, vieja, raída. Apenas y puedo respirar, el corazón me late tan fuerte que siento que se me escapa del pecho, que se me va volando, volando como ese cuervo enorme que no me deja.
El cuervo, de nuevo el cuervo. Que se aleje, que se aleje, me da miedo. No lo soporto, me da pánico. Se acerca a mis ojos…No.
Ya no puedo llorar, ya no tengo lágrimas, sólo chorros de sangre escurren por mis mejillas chamuscadas por el sol ardiente de ese infinito desierto. Ya no puedo llorar, sólo sangro.
-Yo te lo digo…Estarás conmigo en el reino de los cielos.
Despierta, despierta, es un sueño, sólo un sueño. Una pesadilla más.
Son las tres y cuarenta y cinco de la madrugada. 

Esperanza García
Grupo A


Un sueño

Recuerdo un sueño interesante con un final sorprendente, si puede definirse así un final tratándose del mundo onírico.
Sabido es que en esa realidad paralela que son los sueños el tiempo tiene su propia medida, pero me pareció que aquel sueño duró mucho. Había caballos, un jinete, muchas letras y siete palabras.Todo sucedió, en mi propia habitación, donde podría decirse que había una nevada de letras.
Letras corpóreas, con peso específico, letras que se desordenaban para seguir mi rastro, que se movían a voluntad del viento, que iban y venían, que pasaban en un delgado hilo a través del cuello de un reloj de arena. De repente hacían sombras, se reflejaban en el suelo traspasadas por un rayo de sol y en el suelo quedó proyectada una palabra : “Dia”. Pero las letras se hicieron trizas y se volvieron viento, casi ideas, para más tarde formar olas en un río y trotaban las palabras y así se formó la palabra “Caballo”. Me despierto en medio del oleaje con una frase enigmática en mi cabeza y en mis labios:
Un día un hombre encontró un caballo.

Aurora Martín
Grupo C


Sueño que se me rompen los anteojos.

"Llámese todo lo que se pone por delante de los ojos", así se define : El anteojo, (en el caso del pirata, parche, en el caso de la modelo, rímel y en el caso que nos ocupa, lentes o lentillas).
Una vez alcanzada la fase REM, todo se descompone, los anteojos "barra" lentes, estallan por el exceso de visión, no tanto por lo que se ve sino, por lo que se quisiera ver. De repente, los diez metros que separan al sujeto de algo indescriptible, son distancias siderales. Un borrón azul con amorfas manchas negras, y un ocaso de acuarela sin definir, enmarcan la obra abstracta en la que se encuentra. Parpadeo diez veces, y soy, yo misma, la que me instalo en medio de una playa. Por el tacto deduzco que hay arena, pero no puedo contar sus granos, por no entretenerme. Camino sin rumbo y sin definición. ¿Dónde migraron mis anteojos?. Un boceto de acuarela que se esfuma en mi retina , y mientras visualizo las obras de Philip Barlow, descubro que una dioptría astigmática ha roto mis lentes en dos pedazos. El arte de la magia de los sueños, me conduce por los pasillos del Apsley House de Londres, donde Don Francisco de Quevedo, me ofrece gentilmente sus anteojos. Comprobación efectuada: OI (Ojo Izquierdo) (-0,50), OD (Ojo Derecho) (- 2 ), cilindro (-1) y eje en 45°. Perfectos.
Ahora, todo se ve con mas claridad.

GuADAlupe
Grupo C


María soñaba con pajaritos de colores. Sueños de mar. Iba en bici y sin saber cómo, se hallaba en el cabo de Huertas. La dejó tirada y se acercó a las rocas. Buscó lapas, el agua le cubría parte de sus piernas y los cangrejos se acercaban a mirarla.
Y allí estaba él, sentado en la orilla, esperando.
Se restregó los ojos y la sábana se arrugó entre sus piernas.
Intentó volver al cabo y casi lo consiguió, pero una medusa le clavó su arpón y de nuevo se retorció buscándole entre las rocas al atardecer y ya no estaba donde lo había dejado hacía tan poco tiempo.
Buscó los pajaritos voladores, los que la llenaban de esperanza. A veces estaban ahí, al lado.
-No abras los ojos, le decían, sigue buscando lapas, lo encontrarás.

JB
Grupo C


Sueño

Salamanca, 22 de diciembre de 2025

Hola Sueño,

¿Qué tal te va diciembre? Quiero compartir contigo lo que me he propuesto en este Adviento; tú sabes que es un tiempo muy significativo para los cristianos, se vive como etapa de preparación, cambio, esperanza y reflexión; y este año te escogí como punto principal de inflexión de mi vida.
Sueño, tú te presentas cada noche con diferentes tramas y tú lo sabes. Cuando recuerdo tu presencia te veo casi siempre como ficción, otras veces como terror o como si fueras una novela negra ¿Imaginas amigo cómo he drenado emociones a través de ti? ¿imaginas cómo he sufrido y como he disfrutado tu variada presencia? ¿Cuántos sentimientos? ¿no crees que es hora de reflexionar para cambiar, para rediseñarte de otras maneras?
Escúchame mi propuesta; el adviento me ha hecho un llamado y lo estoy cumpliendo; perdóname por no haber contado contigo antes, porque a decir verdad no quiero matar tu autodeterminación, pero el árbol que soy tiene muchos anillos, unos claros, otros oscuros, unos anchos y otros estrechos y necesita construir los que le faltan, no son muchos, pero cuentan, y tu también estás en ellos. Quiero que llegues en mis noches contando historias felices, positivas donde la alegría me haga levantar desafiando retos y oportunidades para crecer; quiero soñar un poco la fantasía, tenerte como autoayuda y así, mis próximos anillos puedan ser anchos y claros, antes de ser carbón.
Es este el cambio que te propongo, es mi esperanza, es mi reflexión de adviento para llegar a la navidad renovada.
Solo me resta darte las gracias por llegar cada noche a mi cama, vivir tus fases, verte en momentos anticipado o después de cada hecho.
Gracias por estar en mis anillos, por sentir emociones que matizaran mi realidad.
Quiero llegar a la Navidad con proyectos renovados, con alegría y profunda espiritualidad.
Un abrazo inmenso para ti; te quiero mucho compañero de vida. Hasta pronto MEGC

PS

Te prometo no esperar el adviento próximo para renovarte y renovarme ¡FELIZ NAVIDAD Y FELIZ 2026!

Miriam García Cabrera
Grupo A


Y los sueños sueños son. (Calderón)

Soñar despierta o soñar dormida, he aquí la cuestión.
Me paseo por un firmamento lleno de ecuaciones a donde he subido sin escalera. El color del cielo es el mismo que el del papel que compré para el belén de casa. Un azul profundo con sus estrellas blancas. Alguien me llama desde el más allá. Las X e Y, , los signos matemáticos, los números naturales y los irracionales se me muestran luminosos. Yo acudo, sólo soy vista y oído. La mano del Dios de la Capilla Sixtina toca mi mano. Floto. El Ser me habla y yo entiendo.
Fundido a negro.
Al amanecer despierto pensando que he solucionado el problema.

Araceli Sebastián
Grupo C