El niño que se comía las palabras

¿Qué ocurre cuándo las letras desaparecen? La sesión del lunes, 8 de junio, la dedicamos a los lipogramas, textos en los que desaparece de forma intencionada una letra.
Abrimos la sesión con el cuento de Manu Espada "El niño que se comía las palabras", leímos algún fragmento de "La aventura peligrosa de una vocal presuntuosa", una deliciosa novela para niños en la que desaparece la vocal "a".


Mencionamos también la novela "El secuestro" de Gerges Perec, publicada en Anagrama. El mismo juego que el escritor hace en la versión francesa del libro "La disparition" con la vocal "e", lo hacen cinco traductores en la versión en castellano pero en este caso con la vocal "a".

Otros dos maestros del lenguaje son Enrique Jardiel Poncela, del que mostramos un fragmento de su obra "Un marido sin vocación", narración en la que prescinde de la letra "e" y Cristian Atanasiu quien juega, en uno de sus espectáculos, con la desaparición de varias letras:

Un otoño -muchos años atrás-, cuando más olían las rosas y mayor sombra daban las acacias, un microbio muy conocido atacó, rudo y voraz, a Ramón Camomila: la furia matrimonial.

-¡Hay un matrimonio próximo, pollos! -advirtió como saludo a su amigo Manolo Romagoso cuando subían juntos al Casino y toparon con los camaradas más íntimos.

-¿Un matrimonio?
-Un matrimonio, sí -corroboró Ramón.
-¿Tuyo?
-Mío.
-¿Con una muchacha?
-¡Claro! ¿Iba a anunciar mi boda con un cazador furtivo?
-¿Y cuándo ocurrirá la cosa?
-Lo ignoro.
-¿Cómo?
-No conozco aún a la novia. Ahora voy a buscarla...

Y Ramón Camomila salió como una bala a buscar novia por la ciudad.

A las dos horas conoció a Silvia, una chica algo rubia, algo baja, algo gorda, algo sosa, algo rica y algo idiota; hija única y suscriptora contumaz a La moda y la Casa (publicación para muchachas sin novio).




Propusimos como tarea introductoria reflexionar por qué han de sentirse orgullosas cada una de las vocales. La "a", quizá, por formar parte de las palabras "amor", "paz", "alma". ¿Y el resto? Cada cual aportó cinco palabras (monovocálicas) a dicha reflexión.

La tarea de escritura consistió en escribir un texto, un lipograma, sin una de las vocales (exceptuando la "a"). A esa fuga se sumaron durante el transcurso de la tarea tres consonantes, la "s", la "t" y la "p" con lo que los participantes en el taller tuvieron que varias el discurso y prescindir de las palabras portadoras de alguna de estas letras.

Este es un pequeño botón de muestra de la tarea:


De mito a mito
Sin la “I” (y sin la “p”, la “t” y la “s”)

– Marlowe, le voy a ofrecer algo que no valorará rechazar –declaró Corleone–. Deje a Lauren Bacall y coja la mano de la muchacha de cabello dorado, la de la falda rebelde y la enagua blanca en el rodaje de aquel alemán...
– Creo que era au...
– Calle, la recuerda, ¿verdad?
– Claro, ¡cómo no hacerlo!
– Bueno, normal, ma´ no la confunda, eh. La de JFK y la del ukelele en aquella obra en la que Lemmon acaba con un hombre maduro en una lancha; con el alemán de nuevo a la cámara.
– Creo que era au...
– Calle, calle, y no declame el nombre de la mujer o le rebano la lengua. Ande, ande, y venga a verme en mayo con la buena nueva. No, no bromeo, nunca bromeo.
Marlowe abandonó azorado el hogar de Corleone y erró rumbo al bar donde le aguardaba un colega.
– Eh, Marlowe, ¿cómo va el abuelo?
– Muy raro, la verdad. Creo que el amo de la Gran Manzana anda acojonado. La mujer no le deja nombrar a la Monroe.
– No hay duda, algo huele muy mal en Noruega.
– Creo que era en...
– Calla, anda, calla y bebe.

Juan José Nieto Lobato


El bedel

En el cole, un alumno exclamó: ! Me han robado una vocal !.
El bedel corre raudo al aula, en el encerado ve que la a juega con la o, y la u juega con la e.

Luis Iglesias


La cruzada

Aún recuerdo un mundo donde cada fonema navegaba en el cauce de una hoja blanca. Un globo ajeno al afán de alabanza. Un aro vacuo y colmado. Una rueda de algodón azul y ambar que modulaba el vuelo con la voz que al verbo crea. Una burbuja de raza donde cada vocal gozaba del dulce valor de abrazar a la vocal y la no vocal como a una hermana.
Aún recuerdo la cumbre y el valle, el fuego y el agua, la arena que era llama y el océano que el ojo no abarcaba. Llama y mar, mar y llama, danzando en la raya alba donde el nudo amor mandaba.
Hoy la amargura cubre el cauce. Cada fonema lucha en una cruzada vana. No fenecer conlleva dejar huella, alzar la voz, calzar el paso con laurel, marcar con fama la marca de cada zancada, defender el yo del ello, alejar la vocal de la vocal que no adorne, rechazar la no vocal que no realce. No amparar a la voz hermana.
Una hache muda fue la dama que envenenó la burbuja, el globo de raza.
Loca de rencor por creer la gala que la engalanaba una nube opaca, una voz a la que la luz no llegaba, selló con la noche el cauce de la hoja blanca. El furor de un muro cercenó la danza.
Hoy la voz calla. El fonema hecho acero navega ajeno a la voz hermana. No hay coro. No hay rueda de jabón algodonoso que module el vuelo en una carcajada.
Hoy la voz dura dejó de ver el dulce valor de un abrazo. Dureza cobarde que envenena la luz del alba.
Hoy el averno ancló el áncora: una alfombra de oro helada.
El fuego quema la burbuja. La lucha de la luz y la gala avanza. El pulso férreo de la voz y la forma manda. No hay belleza en el volcán de una zancada cuyo afán es la fama, la marca de un lugar, de una huella, el rayo de un verbo que no fenece.
Una hache, una hache muda, fue la dama que zanjó la holgura de un paseo en globo. Alejó el fuego de la cumbre del océano de un valle. Loca, ahogó la danza nuda de una rueda azul y ámbar.
Aún recuerdo un mundo donde cada fonema navegada en el cauce de la hoja blanca, en el lecho donde la voz de una hache aleaba con dulzura la luz de la cumbre y el frescor de un valle.
El orbe declara lo que os narro locura.
Loca, vago
Hoy deambulo con el recuerdo alrededor de un mundo cuerdo.
Y en el vagar veo. Veo el dolor del fonema que huye del fenecer y no goza y oculta el regalo de ofrecer un regalo vernáculo a una voz ajena, de donar la luz y no dejar huella: la marca de un rayo salvaje que el orbe recuerda.
Aquel que loca no me vea y con una luz roce la cancela que me alberga, conocerá una voz azul, una luz nómada, un fonema ambar que recuerda y porque recuerda acoge y da lo que lleva. No habrá alarde. No habrá demora. Habrá una rueda nueva.
Luz con luz volaremos en una burbuja de fuego, mar y arena. Arder y no quemar la hoja blanca. Anómala hazaña que el cuerdo no recuerda.
Voz con voz hallaremos el globo de raza, el mundo vacuo y colmado, que en un vuelo, al verbo crea. La rueda de algodón que ajena a la dureza, navega.

Ana Isabel Fariñas


Mi voz

El cielo amanece.
La voz de la mirada
danza en el rincón de mi vida,
brilla con la hierba,
anida en la hoja,
acaricia el camino del mar
que mece la idea,
baña mi cara amanecida
para dorar la arena del amor.

Sofía Montero García


Poema sin S T P U

Vivir ajeno al rayo frío.
A la llamarada de vida.
Al brillo naranja de la mirada.
Al rocío de la mañana.

No hay margen de error.

Cayó la montaña.
Arrolló al arroyo.
Amenazó al corazón ya herido.
Rodó con el alma al mar.
Con la rabia de la lava.
Con la lágrima callada.
Llevado hacia la nada.

El ojo miró.
Habló la llave.
Cerró el alma.
Ardió la marca en el brazo.
Morada.
Vacía.
Helada.

La llaga acarició la noche.
¿Vida?
Nada de nada.

Lloraré en el mar.
Amaré la línea débil del verbo.
Borraré el dolor.

Y dormiré.

Vicente Martín


-ne- al am-r en un p-r-al

La mirada clavada en la mirada:
un enlace, que cruza el aire y el mar
de cerveza y de carne que llena el bar.
Ella indica que inicie la jugada.

El índice la guía hacia la arcada.
Calla la muchedumbre del lugar
la marea carnal creada de un lunar,
cerca, la galería auxilia la amada.

En la umbría acaricia la figura
rival. La lengua haya vida nueva
y dibuja en carmín la nuez madura .

La luz vecinal quiebra, en blancura,
la idea de un final feliz en la cueva.
Ducha fría, le dice caradura.

Leticia Vicente


Texto Original:

Intenté llegar a tiempo a coger ese autobús inútilmente. Como a todo en mi vida había llegado tarde, por poco, pero tarde. Como siempre. Es algo tan habitual que el sabor a hiel que me llena la boca cuando ocurre ya no me extraña, al contrario, me parece habitual.

Texto “tratado” (sin o, p, t, s):

Una imbecilidad mi empuje en alcanzar la guagua. En general nunca alcancé mi finalidad, la rondaba. ¿La hiel que invade mi lengua? Familiar. Alguna diferencia en mi baba ya me enciende la alarma.

Miguel Ángel Pegarz


Corre el viejo con el niño!!
Un ruido horrible!
Llueve mucho.
No quieren volver.

Teresa Sanz


El niño que se comía las palabras

Aciago día la vocal final del abecedario marchó y no dejó dicho adónde iba.
¿Conoce la vecina “o” dónde localizarla?
¿Ha averiguado la amiga “i” dónde hallarla?
Y la conocida “e”, ¿imagina la vida en el globo con carencia de ella?
Y la engreída “a” ¿logrará formar vocablo razonable?
¡Qué insomnio! – decían a coro.
La creída vocal “a”, cavila: “La vocal final, carece de fama; no como yo. ¿hay vocablo en el diccionario? Raro, claro.”. Reflexiona de forma viva y llega a la idea de que la vocal evadida, no conocida como ella, goza de afin eficacia. Al final, dice: “Yo gozo de belleza; “Ella” encierra en el corazón algo que no alcanzaré yo a haber. Me agrade o no, la carencia de dicha vocal origina daño inimaginable”.
Y chilla: “Amiga, ven veloz al hogar ya que no alcanzo a vivir con carencia de alianza en la pandilla de cinco”.

Toñi Martín del Rey

3 comentarios:

  1. Vicente:
    Se nota tu paso por el taller. Tu maestro puede sentirse orgulloso de tu progreso… Tu poema es sencillo, medido, sin estridencias, sentido… aprendes bien, y cada día te miras menos el ombligo… pero de ahí a publicar… queda mucho, mucho, mucho… la genialidad es algo que no se encuentra fácilmente… sigue trabajando… no está nada mal para tu círculo más íntimo… a mí me gusta.
    "Amaré la línea débil del verbo."

    ResponderEliminar
  2. Juan José:
    De mito a mito y tiro porque me toca…
    Bien llevado el lipograma… y si hay alguna dificultad pues licencia literaria y que má.. da…
    Un cinéfilo consumado (yo, si las he visto, no me acuerdo… cosas de los años… ahora ya no me da tiempo, hay mucho nuevo que aprender… que el tiempo ya se encargará de mandar al olvido). Genial Juan José.

    Luis:
    Correctísimo Luis, breve, ingenioso y bueno así que tres veces bueno.

    Ana:
    Como todos tus textos, “supertrabajado”. Desbordas genialidad.

    Sofía:
    “Acaricia el camino del mar
    Que mece la idea”.
    Breve y personal, mimando las palabras, deslizándose con la cadencia de las hojas al caer de la copa del árbol.

    Leticia:
    Genial. Nos regalas un lipograma en forma de soneto que se dibuja en carmín en la umbría y manda a un caradura a una ducha fría…

    Miguel Ángel:
    Una pena, se te colaron una p y una o… se quedó en li..grama… Muchas tareas que realizar… lo damos por bueno…

    Teresa:
    Breve, breve y sin “a”… Genial Teresa

    Toñi:
    Perfecto y correcto tu lipograma… Genial también, Toñi.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto. Llega un puno en el que ya ni veía las letras.

      Eliminar