Todo el mundo va

La sesión del lunes pasado la dedicamos al váter, sí, al inodoro. Leímos una serie de textos, los masticamos bien, guardamos el tiempo necesario de digestión y después compartimos nuestras opiniones. ¿Sabíais que el primer diseño de un inodoro lo hizo un poeta?
Un vate que inventa el váter. No está mal. Habrá que honrar a John Harrington.
Una buena excusa para hablar del escusado fue el álbum ilustrado para niños "Todo el mundo va", de la editorial Edelvives.
Los papás de Raúl le explican que todo el mundo va a ese lugar misterioso que aparece en la última página. Todo el mundo, sin excepción. Va el indio, va la princesa, va el vaquero, va la mamá, va el papá, va la bruja, todos van... al váter.




También comentamos el contenido de esté divertido vídeo en el que se interpreta la pieza "Loas al Cuarto de Baño". De la mano de Le Luthiers y sus artefactos musicales:




Leímos algunos textos sobre el váter, o sobre las tareas propias que se realizan dentro y, en ocasiones, fuera de él y que reportan una sensación de alivio sin igual. Pero esa sensación, al vaciar la vejiga, por ejemplo, es tan efímera que la felicidad es pasajera.
No es fácil ser encontrar la felicidad plena. Lo sabía muy bien Gonzalo Rojas, autor de este incontinente poema titulado "El señor que aparece de espaldas":

El señor que aparece de espaldas no es feliz, 
ha ido varias veces a Roma pero no es feliz, 
ha meado en Roma y no tiene por qué ocultarlo 
pero no es feliz,
                            [ha desaguado
a lo largo de Asia desde los Urales a Vladivostock 
pero no es feliz, 
en excusados de lujo en África pero no es feliz, 
encima de los aviones vía Atenas 
pero no es feliz, en espacios                 
más bien reducidos lluviosamente en Londres 
al lado de su mujer hermosa pero no es feliz, 
en las grandes playas de América precolombina 
pero no es feliz, 
con un diccionario etrusco y otro en alemán 
desde las tumbas Ming a las pirámides 
de Egipto pero no es feliz, pensando en             
cómo lo hubiera hecho Cristo pero no es feliz, 
mirando arder una casa en Valparaíso pero no es feliz, 
riendo en New York de un rascacielo a otro 
pero no es feliz, 
girando a todo lo espléndido y lo mísero del planeta 
oyendo música en barcos                                   
de Buenos Aires a Veracruz pero no es feliz, 
discutiendo por dentro de su costado el origen 
pero no es feliz, 
acomodándose
no importa el frío contra la
pared aguantando todas las miradas              
de las estrellas pero no es feliz

el señor que aparece de espaldas.        


Los cuartos de baño se prestan, en muchas ocasiones, al género de terror: lo que esconden los espejos, víctimas que aguardan un cuchillo tras las cortinas de la bañera, cosas extrañas que suben por las cañerías y salen por los sanitarios. Uf. Lean este microrrelato de Fernando Iwasaki titulado "WC" y no volverán a parar para ir al baño en ninguna gasolinera:

Era la primera gasolinera en varios kilómetros y suspiré agradecido porque los intestinos se me disolvían entre retortijones. Un hombre sin párpados me señaló un corredor devorado por la penumbra y hacia allí caminé de baldosa en baldosa, como un equilibrista que no quiere que el público descubra que lleva las mallas descosidas. En el baño no había espejo ni luz, y el chapoteo de mis pasos delataba dos dedos o tres de un líquido sin nombre. El primer clínex lo gasté limpiando a ciegas la rueda. Al darme la vuelta pateé algo así como un casco de moto y me senté sujetándome los pantalones para que no se empaparan.
La sensación de alivio y beatitud sólo duró unos segundos porque alguien cerró la puerta con llave desde afuera. Pensé en mi coche y en el ordenador portátil que estaba en el asiento trasero. Pensé en el hombre sin párpados con mis corbatas de seda. En todo eso pensaba cuando un gruñido líquido brotó de las entrañas del alcantarillado.
Sentado en el retrete percibí que algo veloz y delirante subía por las tuberías. Sus uñas crepitaban metálicas y los sorbos de la criatura eran tan intensos como el chasquido de sus mandíbulas. El segundo clínex se me cayó en aquel charco espeso. Me incorporé hacia la puerta sin soltar mis pantalones cuando algo salió del guáter con la potencia de las focas de los circos rusos. Caí de bruces al suelo.
La conciencia del asco era más fuerte que los mordiscos. Con el tercer clínex me limpié la boca. El casco de moto tenía dos cuencas vacías.

Y nos despedimos con el álbum ilustrado, "El topo que quería saber quien se había hecho aquello en su cabeza", de la editorial Altea :




Propuesta de escritura

¿Te imaginas a algún personaje de la historia de la literatura en el baño?
¿Y si coincidieras con el escritor o escritora a quien admiras en un baño público?
¿Qué historias se te ocurren que tengan como trasunto un cuarto de baño?
Cuando pensamos en el baño quizá relacionamos este lugar de la casa con el espacio doméstico pero, ¿imaginas como son los baños de una nave espacial?
Escribe un texto en prosa a partir de estas ideas.


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Sensaciones en el baño

El váter es un sitio de descanso
para pensar acerca de mi vida,
desahogar cuando el cuerpo me lo pida,
hacer pis, relajada en lugar manso.

Deposito la caca como un ganso
después de masticar bien la comida.
Con loca sensación de estar nutrida,
trabajo día y noche sin descanso.

Mear, cuando apetece, da alegría.
La orina, que se filtra por la taza,
es parte de mi cuerpo liberado.

El baño es una fuente de energía
para limpiar mi piel, si alguien me abraza,
con ansias de un placer desenfrenado.

Sofía Montero García
Grupo B


El retrete del Ché

En cuanto al tema que hablamos el lunes pasado se me viene a la cabeza una anécdota que me ocurrió no hace muchos años durante uno de mis últimos viajes a Cuba. 
Acompañado de cuatro amigos recorrimos durante quince días toda la isla en una ruta que bautizamos como ruta de los barbudos, pues empezaba en la playa de las coloradas y acababa en La Habana pasando por Santiago, Sierra Maestra y varios lugares más que jugaron algún papel importante durante la revolución. Al llegar a Santa Clara nos recomendaron no dejar de visitar la casa de comidas EL ARGENTINO , cosa que hicimos ese mismo día. Se trataba de un pequeño restaurante de trato muy familiar y comida casera que resultó realmente acogedor. Yo estaba sentado al lado de una ventana por la que se podía ver el baño situado al otro lado de un pequeño callejón.Me resultó curioso que hubiera una puerta de entrada y otra de salida además de una señora que no tendría menos de 80 años sentada a una mesa donde todo el que utilizaba el excusado dejaba alguna propina. Decidí echar una meada y me puse a .guardar cola detrás de unas quince o veinte personas que pasaron en un visto y no visto por lo que me costaba comprender que era lo que hacían en el interior cuando la mayoría de las veces ni cerraban la puerta. 
Llegado mi turno pasé dentro donde la tenue luz de una bombilla iluminaba una sucia y desvencijada taza de váter bajo un cartel que rezaba - AQUÍ CAGÓ EL CHE GUEVARA-.

Poli Rubia
Grupo A


La percha

Al principio lo hacía de vez en cuando , después comencé a ir al baño al terminar cada comida ,hasta que me encontré buscando cualquier excusa para vomitar.
Me sentía cada vez peor, y mi madre fue la primera en darse cuenta de lo que me sucedía, las señales que dejaban mis dientes en la mano derecha , me delataron.
No había pasado mucho tiempo cuando me encontré aislada en una habitación del hospital y según el protocolo, debía permanecer en ella un tiempo razonable , hasta que pusiera algo de peso .
Esta situación me sirvió para reflexionar y tomar conciencia del grave problema que tenía , y aunque a veces tenía sentimientos de culpabilidad, había algo dentro de mí que me superaba.
Habían pasado 10 días y contra todo pronóstico , inexplicablemente el progreso era nulo y no solo no ganaba peso , sino que perdía. El enigma se resolvió cuando un día haciendo la cama las auxiliares , descubrieron la nota que la anterior paciente ,me había dejado escrito en la barra de la lámpara ,por encima de la cama en la que aunque con alguna dificultad pude leer, “la percha metálica del armario abre la puerta del baño”.....

Afrika Gómez
Grupo A


Una habitación con vistas

Hacía un tiempo que nos conocíamos y nos gustábamos, el deseo aumentaba y decidimos hacer un viajecito romántico donde nuestros cuerpos pudieran expresarse.
El sol brillaba, la comida era exquisita y había bonitos parajes que visitar, pero sinceramente en aquel momento lo que más nos interesaba era haber acertado con la habitación porque los dos pensábamos estar allí bastante tiempo. ¡Que alegría! , era un hotel muy coqueto y la habitación muy amplia, a la derecha había una gran cama, mesilla, armario y un pequeño lavabo, a la izquierda...
tres escalones presidian el espacio donde dos ventanales iluminaban una mampara de cristal translúcido con la ducha y el inodoro, ¡no había paredes! y esos elementos formaban parte de lo que parecía un escenario y ¿nosotros seríamos los actores?, queríamos intimidad pero ¿hasta ese punto ?. A mi me dio una risa nerviosa...
Hubo que adaptarse y decidimos sacarle partido, era como un teatro de sombras donde las siluetas expresan sus emociones. Una ducha, una dicha ver su cuerpo deslizándose por el cristal en su máximo esplendor. Ese primer pis cuando su miembro no le obedece porque está mirando a tus tetas pegadas al otro lado del cristal. Esos sonidos irremediables de todo tipo de chapoteos.
Eso sí, compramos velitas aromáticas.
Aprendí que en vez de frustrarse hay que saber improvisar, aprendí que aunque comimos, follamos y visitamos
lo que más nos unió fueron las risas.

Luisa Mayorga
Grupo A


No me seduce

Lo de leer sentado en el váter es un deporte de no hace mucho tiempo. Vas con la imaginación dos siglos atrás y ¿qué te encuentras?, pues que casi no hay retretes. Y sin salir de aquella época, tampoco si te fijas era mucha la gente que sabía leer. O sea, que, nada de nada. Bueno, pues volvemos si te parece al presente.
Yo seré muy antiguo pero a mí lo de leer cuando el trasero aposentado en el trono, la verdad, no me seduce. Voy al baño acuciado por la necesidad fisiológica como todo el mundo, me siento en la taza y hasta cómodo me encuentro, no lo niego; pero en cuanto pego el descansón me levanto, y ya solo es mirar lo bien que funciona el principio sifón y adiós que te vaya bien, todo limpito. Es que yo lo de leer... qué quieres que te diga, si no puedo con mesa y silla, prefiero el campo, al aire libre y a la luz del sol.
Que si vas a ver, es lo más sano también para lo otro; solo el oxígeno que respiras. Además, te ahorras el papel, ¿no te acuerdas de cuando niño, que te limpiabas con un canto y tan ricamente?, pues eso. Y luego está lo bien que se airea lo más íntimo de tu anatomía; por no hablar de lo que gana en aromas, sobre todo si cuadra donde hay tomillo.

Pascual Martín
Grupo B


Un deseo

Me gustaría que alguien inventara un inodoro, en el que cada vez que se tire de la cadena, el váter se llevara también los malos pensamientos.

Luis Iglesias
Grupo B


Gallardía

Ciertos citadinos experimentan fascinación por los ambientes rústicos, carentes de comodidades, a los que dotan de romanticismo y asocian con tiempos primigenios, por los que sienten nostalgia sin haberlos conocido. Éstos se privan deliberadamente del confort para sentir en carne propia lo que tuvieron que soportar los humanos de otros tiempos y disfrutar así del sentimiento de logro que da triunfar sobre la naturaleza.
En busca de estas sensaciones y de un poco de sosiego, una pareja decide pasar vacaciones en una isla, no muy remota, pero casi virgen, con un solo caserío, y cuya extensión se podía recorrer en media hora a pie. Recientemente a la isla había llegado la luz eléctrica, suministrada por gas, que solo funcionaba en las horas más calurosas del día, para que la gente pudiera encender sus ventiladores. Carecía aún de acueducto y alcantarillado, disponía, en cambio, de albercas, letrinas, pozos de agua dulce y pozos sépticos.
El cuarto de baño estaba aparte de las cabañas (así las llamaban, aunque sería más justo decirles chozas) en pequeñas casetas con los servicios separados. En una, se encontraba el espacio para la ducha, donde no había tal, sino un sifón por donde corría el agua traída de un pozo que tenían que echarse a baldados; y en la otra caseta, estaba la taza de inodoro que daba a un pozo séptico, cuyo sistema de vaciado consistía verter agua, también traída del pozo.
Pero, pese al espíritu de aventura, no siempre resulta fácil abandonar el recato urbano, especialmente para ellas, que son las más sometidas a los rigores de la educación convencional. De modo que, Melisa (nombre cambiado para proteger la identidad de la protagonista) había logrado pasar varios días sin visitar la caseta más que para las necesidades líquidas. Sin embargo, en ciertos asuntos, el organismo derrota a la mente y finalmente a ella le llegó la urgencia mundana y poco elegante de evacuar el vientre. En esas circunstancias sabía que no podía dejarse coger ventaja, pues el pozo de agua dulce se hallaba a unos metros de la caseta que hacía las veces de baño y el esfuerzo de cargar un balde lleno de agua podría jugarle una mala pasada. Discreta, se levantó de la tumbona donde tomaba el sol y se dispuso a alejarse. 

Su novio, inoportunamente curioso, formuló la pregunta:
- ¿A dónde vas?
- Al baño, ya vengo – dijo en tono despreocupado esperando zanjar el tema.
- Acuérdate de que hay que cargar agua – la retuvo.
- Sí, ya sé, ya vengo – agregó con un sutil deje de impaciencia.
- Ten cuidado al sacar el agua…
- ¡Que sí! – respondió mientras se alejaba con paso prieto.

Al llegar al pozo lanzó con rapidez el cubo y esperó el chapoteo ahogado que indicaba que estaba llenando. Empezó a tirar de la cuerda con esfuerzo precavido cuando escuchó el familiar sonido de los pasos de su novio.

- Mira, es que me puse a pensar que, siendo tan pesado, mejor te ayudo- expresó él, solícito- Ve, y yo te llevo el agua.

Ella, sopesando las posibilidades, entendió que era lo más práctico y aceptó.
Entró a la letrina, pues eso era, la taza no alcanzaba a disimular la naturaleza del recinto, y descargó las entrañas con un leve escalofrío producto del aplazamiento. Se limpió como es debido, con el papel que el dueño de las cabañas tuvo a bien de dotar el espacio, y luego entreabrió la puerta con decoro y asomó la cabeza para pedir el agua.
Esteban estaba allí, con su aire calmoso y el balde a rebosar reposando a sus pies. Al verla asomar la cabecita cargó con el recipiente, decidido a vaciar el agua, cuando ella lo detuvo:
No, amor, presta, que yo lo hago- y alargó la mano por el resquicio de la puerta, en un intento inútil de retener en el interior de la caseta los efluvios que ya brotaban de la taza.

Está muy pesado, lo llené mucho.
No importa… - cortó la frase.
Lo vio muy resuelto, así que se vio en la necesidad de hacer la confesión:
Amor, es que hice del dos –explicó, usando el código universal con el que se trata de dar honorabilidad al non-sancto acto de cagar.

El soltó una carcajada descomplicada.
No seas boba, ¿en serio te da pena? No pasa nada, a ver quita. ç
No, no –amagó ella una protesta.

Linda, llevamos mucho tiempo juntos, ¿de verdad te va a dar pudor eso? –replicó con tono de discurso- A mí no me importa, en serio, es lo más natural del mundo, yo no le veo el misterio. Además, el agua pesa mucho para ti; tranquila, preciosa, que yo me encargo – finalizó, sacando pecho y alzando el balde con actitud gallarda, contento de ir al rescate de su dama.

Ella se ablandó. Tímidamente salió para darle espacio y se ubicó a distancia prudente para verlo operar.

Él entró. Elevó el cubo de agua a la altura requerida y en ese momento cometió el terrible error de mirar. Sus ojos no podían creer lo que veían, es que no le cabía en la cabeza, es más, a duras penas cabía en la taza. ¡Cosa más grande en la vida! Se volteó a mirarla y le vio allí paradita, con sus manos entrelazadas a la altura del regazo y no logró compaginar ambas imágenes. Ella, tan menudita, tan tierna, tan dulce… y aquello, tan grande, tan compacto, tan… abundante. Ella solo se encogió levemente de hombros como diciendo: “te lo advertí”. Él volvió la mirada a su menester, se quedó contemplándolo un instante, ya medio mareado por los innobles vapores y abrumado por la insospechada intimidad que implicaba ver y limpiar las excrecencias de su novia -cuyo impacto, en su afán de mostrarse caballeroso, no calculó. Empezó a sentir que un sudor frío le bajaba por la espalda, le temblaron las piernas, el balde se estremeció en su mano y regó algo de su contenido. En definitiva, la gallardía se le fue a los pies. Tragó seco y empezó a verter el agua en la taza, viendo con estupor cómo en lugar de irse, amenazaba con rebosarse. Se detuvo, esperó a que la gravedad hiciera lo suyo y luego continuó. Tuvo que hacer otros dos trayectos al pozo y cada vez que pasaba cerca de ella evitaba su mirada, porque lo sabía, ella, ahí paradita, con sus manos entrelazadas a la altura del regazo, era la viva imagen de la maldad. Esa ternurita escondía su picardía, sabía que en su fuero interno se partía de risa. Y él pasaba cabizbajo y desconcertado, humillado, casi como si el que hubiera cometido el acto fuera él.

Cuando terminó su labor, se limpió el sudor de la frente y por fin pudo mirarla; soltaron una risa cómplice y relajada. Él le besó la frente para comprobar que el encanto seguía a salvo; ella ni colorada estaba, el rubor inicial se le había aliviado al ver a su hombre desarmado por una plasta.

Se tomaron de la mano como si nada y se alejaron riendo hacia la playa.

Maritza García
Grupo B


Doble evacuación

Me acababa de levantar de un cubículo en un hotel del aeropuerto de Singapur, quedaban nueve horas para tomar el vuelo a Sídney y luego otro hasta Brisbane.

Pensé que en España a esta hora estarían en pleno Carnaval.

Mi jefa, me había emplumado aquel viaje, a sabiendas de lo mucho que me cabrearía y precisamente por ello ,en este orden. En esa relación amor-odio creo que iba ganando por goleada.

Salí a tomar un tentempié y se me ofreció la posibilidad de hacer un pequeño tour por la Ciudad de Singapur y decidí cambiar el chip y aprovechar la ocasión para ver mundo.

El bus era el típico ingles de dos alturas y por un plus, te arrendaban un artilugio con explicaciones en Español. Una vez en él, no se si el picante del aderezo del almuerzo, o los componentes del mismo empezaron a hacer mella en mi intestino, de tal forma, que comenzó a cobrar vida propia.

Tuve que bajar con cierta prisa a la altura del Hotel Rafools y tras inquirir a un conserje en mi detestable inglés, me dirigí más que apresuradamente, al servicio del hall del hotel.

Increíble, en el hilo musical , sonaba el Guendoline de Julio Iglesias, me pareció muy propio para la situación. El WC era de pequeñas dimensiones pero, el trono, era digno de un documental de Tokio, con botones por todas partes; di al open y se abrió la tapa (aquello empezaba bien).Me dispuse a obrar, pero una vez sentado, parecía que la situación requería más calma de lo que en principio parecía, y me dispuse a dejar que la fisiología y la gravedad combinadas, hicieran su trabajo limpiamente, dentro de lo que cabe, en semejantes circunstancias. Sorpresivamente ahora en hilo musical, sonaba Hawai Bombay de Mecano, eso reforzó la sensación de estar como en casa, de alguna manera.

Mientras esperaba resultados, volví a caer mentalmente en las redes de mi Jefa, pensaba ora en Ana Torroja, ora en el vientre, ora en mi Jefa, en fin, tenía un tiovivo mental de tres pares de ….Tratando de darle una escoba a mi imaginación, a ver si se me iba esa bruja de la cabeza, reparé en la puerta del retrete con más atención. ¡Era gloriosa!, llena de pintadas como las de toda aquella puerta de escusado que se precie, pero !ALUCINANTE!, había entre todo el revoltijo de diversos idiomas, dos Best Sellers españoles: “ En este lugar sagrado, donde acude tanta gente, hace fuerza el más cobarde y se caga el más valiente” y la archiconocida” Caga el Rey y caga el Papa, sin cagar nadie se escapa”.Me sentí como transportado a los servicios de mi querido Instituto de Enseñanza Media.

Y en estas cavilaciones estaba y empezando, por fin, a obrar, cuan de repente, sentí, que alguien aporreaba la puerta(sonaba el All you need is love de los Beatles) y se me cortaron ambos hilos, al tener que hablármelas con una señora de la limpieza nativa, que reclamaba el espacio.

Desfecho el entuerto, me volví a concentrar en lo mío, mientras una idea diabólica surcaba mi mente.

Dejé escrito en macarrónico inglés: “ call me, please, I need love” y el teléfono directo de mi Jefa y por fin evacué, en los dos sentidos.

Al salir, me encontré a la señora de la limpieza, apoyada la barbilla en el palo de la fregona, mirando con ese algo enigmático que , solo los Orientales, pueden expresar tan inexpresivamente, o bueno, pensé, quizás esté dormitando; dudé.

En el hilo música sonaba, ahora, el”Se Acabó” por María Jiménez y una son risa entre beatifica y malévola, se dibujó en mi rostro mientras me dirigía al exterior

Carlos García Riesco
Grupo A


Feliz alumbramiento

Llegando a Bilbao empecé a notar ciertos movimientos en mi interior a nivel abdominal. Aquello iba in crescendo y enseguida acudieron a mi mente ciertas escenas de la película Alien. Iba conduciendo y avisé a mi acompañante que urgía parar y encontrar un váter. entramos en la ciudad y en el primer sitio que pude aparqué. Salimos deprisa buscando un bar y entramos en el primero que vimos; fui derechito al servicio pues no os he dicho que llevaba 5 o 6 días sin sentarme en el trono.! Bendito excusado! lo contemplo y con un trozo de papel higiénico limpio la taza, bajo pantalones y calzoncillos y me siento, pero !oh! aquello no puede salir, hay un problema de tamaño-espacio; comienza la dilatación, aumento la presión, pero nada que no sale; empiezo a pensar en medidas heroicas como una episiotomia; hago una nueva intentona y !milagro! aquello dilata, dilata y comienza la evacuación. Estoy rojo y sudoroso pero lo he conseguido.

Me levanto y miro. Aquello era como la cabeza de un niño, incluso me pareció que me miraba con pena cuando tiré de la cadena y le vi marchar a empujones con la escobilla. pues se resistía a desaparecer.

Salí satisfecho haciendo el signo de la v con los dedos, y queriendo un poco mas a la madre de mis hijos y por ende a todas las madres.

José Luis Juan Fonseca
Grupo A


Soneto al excusado

Escribir un soneto escatológico,
me propone Raúl, de una sentada,
una larga y muy cálida meada
de bello endecasílabo anológico.

La Musa entre desechos afanada,
literario festín bacteriológico,
el antro de la hez, antropológico,
lírica en asaduras procesada.

Letrina de soberbias y patrañas,
la bella que se ensucia evacuando,
trono, donde los reyes no son nada.

Poesía musical de las entrañas,
su concierto de tripas entonando,
que hacen de este soneto una cagada.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


19 de noviembre

Me pongo a escribir con una sonrisa, ¡vaya tema sobre el que voy a hacerlo!, nunca se me hubiera ocurrido, ¡y mira que todos los días paso ratos contigo! ¡Qué ingrata!, y ahí estás tú, siempre dispuesto, nunca te quejas, no me consideras egoísta, aunque solo voy a verte cuando te necesito, ¡y cómo me consuelas!

Imagino a ese grupo, que a tu costa se daría una buena comilona y percibiría una buena dieta aquel caluroso día veinticuatro de julio de 2013, seguro que todos te habían visitado “al trabajo bien desayunado, meado y cagado”, alguien en el desayuno había abusado de zumos, kiwis, cereales, alubias, beicon con huevos y ese amasijo estaba pidiendo salida, un aire con repiqueteo de tambor produjo un silencio cómplice, todos entendieron la situación, estaban mentalizados con el tema y todos a una indicaron el camino donde te encontraría, mientras ellos seguían deliberando, y por fin deciden asignar el día diecinueve de noviembre, sí, nada menos que la Asamblea General de las Naciones Unidas, ese grupo eran asambleístas, decretan que ese día será el Día Mundial del Retrete, me acabo de enterar, te lo mereces, eres lo mejor de lo mejor.

Inés Izquierdo
Grupo A


Cuarto de baño

Sucedió el día 1 de Enero.Recién empezado el Año Nuevo, solo habíamos gastado 15 horas.Nuestro protagonista, paso la mañana tranquila mente, disfrutando del concierto que todos los años retransmite T.V.E, desde Viena. Desayuno en pijama,la mañana era fría, lluviosa, día típico invernal.Pensó y se reafirmo diciéndolo en voz alta. -( Hoy me quedo cómodamente en mi sillón),disfrutando del concierto,era algo que todos los años quería hacer, y no lo lograba.
Termina el concierto y comienza a sonar el teléfono. Todos sus familiares y amigos, están interesados por saber, donde va a comer ese día.
¿Que preocupación tiene todos estas fechas por saber donde voy a estar y con quien voy a comer ó cenar?.
Una vez satisfecha la curiosidad de sus preocupados amigos y familiares, decide que ya es hora de abandonar el sofá y hacer su ritual de limpieza.Pero hoy calcula mal y en lugar de sentarse en el bidé, para limpieza de sus zonas más intimas, zas se sienta en el suelo, rebote y golpe en la cabeza.trata de tranquilizarse, y mover sus brazos y piernas, parece que no hay ningún hueso roto,
ahora el problema es como levantarse,tiene poca agilidad, cuando pierde su estabilidad y se cae.Y hoy por ser día de Año Nuevo no va a ser diferente. Como puede logra ponerse de rodillas y buscando una buena sujeción, es el bidé que no le recibió el que ahora le sirve de ayuda para poder levantarse. Paradojas de la vida. Logra terminar su arreglo personal, reza una oración en voz alta ,quiere agradecer tener todos los huesos sin quebrar, y no haber tenido que salir de urgencia al hospital.Su deseo era estar hoy en casa, disfrutar de su sofá, y eso puede seguir haciéndolo, eso si con el cuerpo magullado y dolorido.

Josefa Agustín González
Grupo B


Material biodegradable

Cuando Sara era chiquilla
lo que ya queda algo lejos
el tener que ir a evacuar
entrañaba cierto riesgo.

Disponía de un excusado
amplio donde a cielo abierto,
para hacer aguas mayores
tenía que actuar con tiento:

además de aquel papel
de los sacos de los piensos,
separadas sus tres capas
recortadas con esmero;

había de portar también
una varita de fresno
que desprendía cierta magia
al estilo de su pueblo.

En cuanto entraba tenía
espectadores atentos
entre los que destacaba
un encrestado algo fiero

que convertía el pasar
de lo abstracto a lo concreto
con su porte rojiblanco
a veces en un gran reto.

Y así apostada en cuclillas
deponía con gran valor
con las manos ocupadas
y los ojos avizor.

Luego, en un santiamén
sin saber de ecología
devoraban esas aves
lo que de entraña salía.

Desde entonces nunca ha visto
material biodegradable
volver a naturaleza
tan veloz y reciclable.

Si era cuestión de zigotos
realizar la deyección
más huevos ponían las pitas
libres de colesterol.

Como habrán imaginado
aquel baño, aseo o letrina
sólo podría compararse
con un corral de gallinas.

Mercedes González
Grupo A


Huída hacia el WC

Tener las llaves de escape flojas, conlleva circular por la vida agudizando un sexto sentido para iniciar en cualquier momento una huida hacia donde se pueda. Esto se acrecienta cuando viajas en autobuses antediluvianos por carreteras que son caminos, como lo eran la mayoría a principios de los 80. El traqueteo agita aún más todos los órganos, especialmente intestinos y vejiga. No puede ser ésta una mezcla más explosiva.

Si ya atender a un esfínter que se empeña en relajarse esté donde esté, es tarea difícil, cuando se suman los dos es harto complicado. A partir de ese momento empieza un sinvivir, un trabajo a destajo para atender un tiempo a uno sin dejar de atender al otro. Sentado en el asiento, tu imaginación empieza a funcionar, con el objetivo de reducir tiempo y kilómetros para llegar a un destino, sea el que sea. Solo pensar que puedes bajar y salir corriendo, te alivia. Qué digo correr, todo menos eso, caminar como encogido, para dirigirte hacia donde supones que hay un WC, e intentar llegar antes que tus compañeros de viaje.

Casi siempre la ficción supera la realidad, quizás porque en situaciones de emergencia, la imaginación echa el resto, facilitando el viaje hacia la meta. Ésta a veces está demasiado escondida, especialmente en bares de carretera que para ir al WC, te hacen recorrer toda la barra como si de un supermercado se tratara.

Alcanzada la meta, después de bajar las correspondientes escaleras, no importa si hay o no hay luz, el alivio que obtienes al sentarte, es tu mejor trofeo.

Antonio Castaño
Grupo A


El reflejo

Pudo distinguir la puerta marcada con la S y la silueta de mujer a pesar de su borrachera. Consiguió sujetarse sobre los tacones y las plataformas, aunque una especie de engrudo se había formado en el suelo por el papel higiénico y el agua estancada. Le dio tiempo a sujetarse el pelo antes de que el vómito salpicara toda la taza. Unos minutos más de arcadas y empezó a encontrarse mejor. Comenzó el ritual de cada noche, colocó una raya sobre la cisterna alineando el polvo blanco con las ennegrecidas juntas de los azulejos del baño. Al inclinarse sobre el váter perdió por un momento el equilibrio y sus reflejos la sujetaron contra el lavabo, frente al espejo enmohecido. Su imagen de mujer joven con exceso de maquillaje desapareció, en su lugar había una niña de unos tres años sentada en la taza con las piernecitas colgando. Se reconoció al instante por como la observaba, enredando sus dedos en las trenzas. Algo en su interior empezó a temblar y lágrimas de angustia brotaron sin freno. Salió corriendo de aquel baño sin apenas poder respirar. La noche era fría y oscura, con cristales de hielo depositándose suaves en las lunas de los coches. Su ansiedad expulsaba el vapor de su boca a mucha velocidad, hasta que el nudo del estómago comenzó a calmarse. Recuerdos de baños con olor a vómito y cloaca. Ya nada volvería a ser igual.

Dara Diego
Grupo A


El rollo de la literatura

Son las ocho y media. Desayuno tostada con aceite, nueces, café muy cargado con poca leche y el último mini croissant que aún queda en una bolsa, parte de la compra realizada días antes en el supermercado de la esquina de mi calle.

Cojo el autobús y en diez minutos me encuentro ante las puertas de la Biblioteca Nacional. Me incorporo al grupo de visitantes que avanza, lenta y respetuosamente, hacia la entrada.

Ya en el interior, de golpe, noto que el estómago reclama mi atención. Es el primer aviso. Al poco, mis tripas se agitan. En mi vientre comienza a librarse un combate entre los alimentos ingeridos. En un proceso natural, serán reducidos a sustancias desechables y, en su momento, eliminados a propulsión.

Pero hay algo que no encaja. Es como si, entre los combatientes, uno de ellos se hubiera vuelto loco y empezado a golpear todo aquello que encuentra a su paso, incitando al resto a la rebelión, a buscar la libertad, el exterior, la luz de manera urgente.

Y entonces caigo en la cuenta. Debí imaginarlo. Aquel mini croissant de otra época, aquella sustancia antigua, ha sido el precursor de tanto ajetreo. Las contracciones, como en las parturientas, son cada vez más rápidas e intensas y sé que el momento del alumbramiento explosivo es cuestión de tiempo, de un tiempo corto.

Me quedo rezagado del grupo con sigilo y, aprovechando que entran en la sala destinada a Museo, giro hacia un pasillo estrecho en busca del lugar donde poder aliviarme.

¡Dios santo! Y todo aquello en la Biblioteca Nacional. Templo del saber. Lugar donde se custodian los mayores tesoros literarios, auténticas joyas de la palabra escrita. Me siento un poco como el que mancilla una obra sagrada, pero la necesidad obliga y no estoy yo, a pesar del lugar, para mucha literatura.

Y me pregunto, y temo: ¿habrá en este recinto sagrado un cuarto en el que poder realizar un acto de evacuación como el que ya me urge más y más por momentos? ¿Qué dirán tan ilustres pensadores, literatos y hombres de ciencia cuya creación, encuadernada, se encuentra en este lugar?

Me encuentro solo y, la verdad, no sé por dónde ir, ni a quién preguntar, ni qué rumbo o dirección tomar, y pienso, y me arrepiento, de no haber leído El Camino, de Miguel Delibes. Seguro que en él hubiera encontrado la senda que necesito.

El esfuerzo por contraer y evitar lo inevitable es tal que empiezo a sudar. Es ese sudor frío que hace que te tiemble todo, que te castañeen los dientes, que se te nublen los ojos y que comience el delirio. Tal vez por eso, escucho voces: “soy Kavafis, poeta de Alejandría, pide que tu camino sea largo, lleno de aventuras”. Ya, ya. Para aventuras y demoras estoy yo. Y me viene a la memoria aquel otro título de Gabriel Miró, Años y Leguas. Eso es lo que yo siento que me falta aún para llegar. ¿Qué ruta coger? Escucho entonces la voz de Martínez de Pisón aconsejándome: “Vete por Carreteras secundarias y llegarás antes”. Las fuerzas me flaquean. Encogido, apretándome todo con el propósito de que no salga nada, siento una mano posarse sobre mi hombro y, con La sonrisa Etrusca con la que me deleitó en su momento, me dice con voz de anciano: “sígueme, yo te indicaré, soy José Luis Sampedro, confía en mí, estás En el camino, como diría Kerouac; continúa recto, gira luego a la derecha y verás la puerta que estás buscando”. “No hagas caso, ve siempre por Donde el corazón te lleve” oigo la voz italianizante de Susana Tamaro.

Sigo el itinerario marcado, pero no encuentro los símbolos, las palabras, las imágenes que representan el WC. Sólo una puerta en la que, con una caligrafía cuidada, a mano, puede leerse: Todas las almas, y debajo, firmado, Javier Marías.

No puede ser otro el acceso y pienso: cuán sublime es este lugar; hasta el punto de que para “hacer del cuerpo” necesitas adentrarte transformado en alma.

Abro la puerta con sensación extraña y me encuentro en una sala más espaciosa de lo habitual para estos menesteres pero que, paradójicamente, tan sólo cuenta con un dispensario donde poder dejar aquello que nos sobra; lo inservible, pesado y maloliente.

Avanzo rápido -tal era la necesidad apremiante-, me desabrocho el cinturón, me desabotono los pantalones, tiro hacia abajo de ellos con fuerza y me siento en lo que, literalmente y sin echar mano de la metáfora, es un trono majestuoso tallado con maderas nobles y me asalta en ese momento la imagen de El príncipe destronado, otra vez Delibes.

Respiro hondo, relajo todos los músculos y me abandono dejando que mis esfínteres protagonicen el concierto que tanto tiempo llevan ensayando. No El Concierto de San Ovidio, de Buero Vallejo, no Cantos de vida y esperanza, de Rubén Darío, ni el Canto General de Neruda ni, por supuesto, el Cántico espiritual del bueno de San Juan de la Cruz. Más bien se escuchan Troteras y danzaderas, de Pérez de Ayala, La Algarabía, de Semprún o el Temblor, de Rosa Montero.

Dejo que todo se alivie, como si se tratara de La Insoportable levedad del ser de la que me habló Kundera. El resultado son El Proceso y La Metamorfosis kafkianas, juntos. Sublime. Finalmente, consigo quitarme tanta opresión contenida y despedirme de tanto contenido inservible a través de un continente flexible y construido a medida. Son Los adioses de Onetti, La despedida, de Kundera, pero, con ellos llega ese Cierto olor a podrido del que me habló Martín Vigil. Olor a La Peste, de Camus y que provoca La Náusea, de Sartre. Pero es el resultado de un fenómeno natural y aprendemos a convivir con ello desde que nacemos.

Feliz, paladeo, sin embargo, este momento por lo que representa de liberación. Me veo solo, saboreo la soledad y dejo que pase el tiempo en ese estado. Minutos, horas, días, semanas, meses y hasta años, Cien años de soledad hubiera estado así, al lado, ojalá, de García Márquez. Pero me esperan, ¿o se habrán acostumbrado a mi ausencia?

Alargo mi mano derecha hacia el habitáculo que protege el rollo de papel higiénico y tiro de éste desenrollándolo con la intención de limpiar restos y adherencias dejadas en el camino y… ¡Oh, no! Sobre el papel, escrito, empiezo a leer: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”. “ Verde que te quiero verde/ verde viento. Verdes ramas…”, “Platero es pequeño, peludo, suave…”, “Puedo escribir los versos más tristes esta noche…” y desenrollo más y leo más y así continúo desenrollando y leyendo, leyendo y desenrollando. ¿Qué hago? No puedo empañar tal riqueza literaria restregándola por las reminiscencias de lo que otrora fueran alimentos saludables –salvo el croissant causante de esta fatal aventura- ahora convertidos en desechos execrables y malolientes. Imposible ensuciar tanta belleza, tanta creatividad, tanta magia, tanto ingenio, tanta vida, tanta muerte, tanto amor, tanto odio, tanto y tanto a lo largo de tantos y tantos años, de tantos y tantos siglos. Imposible, imposible, imposible, im-po-si-ble, im-po-si-ble, im-pooo, immmm…zzzz.

“¡Alberto! ¡Albertoooo! ¡Vamos, despierta! Levántate o llegarás tarde. Recuerda que hoy visitas la Biblioteca Nacional. Te he preparado el desayuno. Lo de siempre: tostada con aceite, nueces, café muy cargado con poca leche y, esta vez, además, un mini croissant que quedaba en una bolsa. Cómetelo, tiene buena pinta.”

He apagado la luz, me he dado media vuelta y con voz quejumbrosa pero contundente, he respondido: “Creo que me quedaré en la cama, mamá. Esta noche algo me ha sentado mal y tengo el estómago hecho un asco”.

José Manuel Romero
Grupo A


Asamblea de váteres

En este grupo de terapia para váteres no existen límites territoriales ni ubicaciones exclusivas ni si quiera esta hecho para nombrar al vater mas feliz del mundo.
Yo soy un vater sin usar, un becario, vuestros comentarios me serviran para prestar el servicio adecuado cuando llegue mi hora. Estoy aquí como voluntario en esta sala de terapia como moderador aunque me he permitido antes hacer preselección y separarlos por grupos, luego os conoceré a todos. Los grupos en los que he pensado son:

Vateres domésticos.

Vateres públicos: en este grupo me he atrevido a separarlos en dos grupos a) público hosteleria, b) público otras dependencias.

Váteres raritos: son los que no encajan en ninguna de las dos categorías anteriores pero que nos pueden dar una visión más completa de nuestra labor en este mundo.


Vateres domésticos:
1.-Yo siempre limpio (una mujer se empeña en poner sobre mí todo tipo de productos químicos y ando todo el dia axfisiado)

2.-Los chicos que cada día miccionan en mis dependencias no saben que existo, los chorretones no me importan ya mucho, pero si la costra que me saliendo en el fondo y que a veces escuece y todo.

3.-En mi casa me limpian lo justo, estoy agusto pero no soporto la cal que tiene el agua me deja rugoso y salen cosas negras que rascan de vez en cuando con desespero y si la cosa se pone peor tengo que tragarme media botella de salfumán, ahogarme y después soportar esa asquerosa escobilla dura que aveces daña hasta mi esmalte.


Váteres públicos
1-.Inodoros hosteleria

1-.Trabajo en una discoteca de moda, me limpian por la mañana a manguerazos, siempre tengo cola esperando cuando estoy de servicio, el suelo siempre suele estar encharcado y no puedo deciros de qué, tengo mucha carga de trabajo y nadie me cuida e incluso aguanto hasta vomitos, he perdido el sentido del olfato pero es lo unico que conozco en esta vida al menos solo veo partes púdicas de jóvenes y adolescentes.

2-.Lo mio es un bar de tapas hay un chico que se ocupa de mi (bueno fuera también se ocupa de casi todo) por la mañana vienen abuelos con problemas de próstata a leer el periódico y siempre me visitan ( luego ninguno se lava las manos) después viene gente más joven constantemente y aqui si que hay de todo cuando acabo con ese jaleo, el chico me pega un repasito rápido y la tarde noche está llena de visitas, es muy entretenido ver tanta diversidad de personas y costumbres, a veces los chicos me salpican y las chicas nunca se sientan ( a estas horas la gente si se lava las manos).

3-.Estoy en un chill-out de gente Vip, la mayoría atusan sus ropas y se maquillan, siempre estoy limpio y el lavabo dispone de multitud de utensilios necesarios como pañuelos de papel, peine, toallitas, colonias, etc… pero no dispone de un espacio llano por eso a veces bajan mi tapa y con tarjeta de crédito en mano se hacen unas rayas.

2-.Inodoros otros espacios

1-.Vivo en un area de servicio en la autopista, la gente va rápido antes estaba siempre muy sucio, ahora siempre tengo papel y un gran cartel en la estancia que reza, “se respetuoso, dejame como me encontraste” y hay una lista con firmas de las personas que pasan por si alguien no lo ha hecho así.

2-.Yo doy servicio en un centro comercial, tengo muchos compañeros, es un espacio muy amplio y las chicas vienen de dos en dos, hablan de moda y de dinero se retocan un poco y se mezclan con niños y padres de todas las edades, suelo ver a la misma gente siempre (o al menos el perfil simpre es el mismo) mamás cambiando pañales, señoras mayores con prisas y locura total en algunos momentos pero al menos me dejan dormir limpio y tranquilo.

3-.Los raritos

1-.Yo soy muy diferente, tengo una forma rara y soy de metal me instalaron con mucha seguridad en un centro penitenciario, me tratan mas o menos bien porque si no tienen que limpiarme .

2-.Yo vivo agobiado en un espacio minúsculo, no tengo muchas visitas y eso que viajo mucho, (tanto despegue y aterrizaje) lo peor es que vivo estresadisimo por mi mecanismo de succión, asusta mucho pero me mantiene en un estado aceptable.

Agradezco me hayais contado todas vuestras experiencias, incluso creo que buscare la manera de resbalar sin querer de las manos del fontanero antes de ser instalado.

Esther Yubero 
Grupo A


Baño

Me levanto de la silla donde estoy estudiando acompañado de un libro, al entrar en el baño me siento en el váter para intentar evacuar , en el transcurso de la evacuación abro el libro para seguir leyendo por la pagina donde me había quedado.

David Álvarez
Grupo B


El cónclave

Se celebraría el cónclave del váter en la Mansión d´Olor.
En el salón de la estancia estaban ya dispuestos en círculo los veinte váteres para los asistentes y un trono central para el Mayor.
La celebración se desarrolla a través de una puesta en común dónde los participantes se relajan durante noventa minutos y permiten que su cuerpo actúe de manera independiente liberado de la coerción de la mente.
La misión de los Ponedores es conseguir depurar los intestinos y enriquecer la microbiota utilizando la técnica de los cruces fecales y así logran reforzar la inmunidad de la comunidad.
A la salida, la mente regresa a un cuerpo revitalizado por completo.

Antonia Oliva
Grupo B


Juego peligroso

Lo tenía decidido, había hecho venir a su amigo, el chapuzas, a casa, para que le cambiara el inodoro que había llegado a ser un problema, le confesó. Pero él sabía que era mucho más que eso. Era un caso claro de supervivencia.

Todo comenzó una mañana varias semanas después de acomodarse en la nueva casa. Se levantó y al entrar en el baño su mirada se detuvo en el váter. En el acto una corriente de aire polar recorrió todos los poros de su cuerpo quedando incapacitado para dar rienda suelta a la meada que pujaba por salir.

A raíz de este episodio sus visitas al váter se prodigaron sin motivo aparente. Sentía una atracción incomprensible hacia el W.C. Y más, cuando comenzaron las visiones donde el placer sexual se dilataba en el tiempo hasta alcanzar el éxtasis.

Esta práctica se prolongó durante meses en los cuales fue perdiendo peso, apetito y capacidad de concentración, incluso fortaleza física. Se decía a sí mismo que tenía que abandonar este juego peligroso que escapaba a su control. Sin embargo reincidía sin saber la causa de aquella atracción fatal que no atinaba a discernir. Asqueado por esta debilidad morbosa decidió pasar fuera de casa el mayor tiempo posible para evitar asomarse al pozo de sus miserias. Pateaba las calles sin rumbo hasta que agotado regresaba a casa, se tumbaba en la cama y candaba la puerta del dormitorio con llave. Era un miedo irracional el que sentía, y así mismo el poder que atribuía a aquella sanguijuela de roca que le devoraba las entrañas. Lo sentía en sus carnes.

El día en que tomó la decisión de sustituir aquel engendro del mal, se había mirado en el espejo sin reconocer la imagen que éste le devolvió. Era la sombra letal de sí mismo.

Miraba el reloj con impaciente espera, pues solo faltaban unas horas para que su amigo viniera y diera fin a aquel terror de saberse atrapado en el corredor de la muerte. Se quedó dormido con la esperanza de un mañana que relajara su espíritu atormentado.

Dos días después las noticias difundían el caso de un hombre que había sido hallado muerto en el dormitorio de su casa, cuya puerta mostraba un enorme boquete. Al parecer, cosa increíble, el finado había sido víctima de vampirismo, ya que en su cuerpo no fue hallada una gota de sangre.

Pepita Sánchez
Grupo B


Suceso en un cuarto de baño
Sucedió el día 1 de Enero.Recién empezado el Año Nuevo, solo habíamos gastado 15 horas. Nuestro protagonista, paso la mañana tranquila mente, disfrutando del concierto que todos los años retransmite T.V.E, desde Viena. Desayuno en pijama, la mañana era fría, lluviosa, día típico invernal. Pensó y se reafirmo diciéndolo en voz alta. (Hoy me quedo cómodamente en mi sillón), disfrutando del concierto, era algo que todos los años quería hacer, y no lo lograba.

Termina el concierto y comienza a sonar el teléfono. Todos sus familiares y amigos, están interesados por saber, donde va a comer ese día.

¿Que preocupación tiene todos estas fechas por saber donde voy a estar y con quien voy a comer ó cenar?.

Una vez satisfecha la curiosidad de sus preocupados amigos y familiares, decide que ya es hora de abandonar el sofá y hacer su ritual de limpieza.Pero hoy calcula mal y en lugar de sentarse en el bidé, para limpieza de sus zonas más intimas, zas se sienta en el suelo, rebote y golpe en la cabeza.trata de tranquilizarse, y mover sus brazos y piernas, parece que no hay ningún hueso roto,

ahora el problema es como levantarse,tiene poca agilidad, cuando pierde su estabilidad y se cae.Y hoy por ser día de Año Nuevo no va a ser diferente.Como puede logra ponerse de rodillas y buscando una buena sujeción, es el bidé que no le recibió el que ahora le sirve de ayuda para poder levantarse. Paradojas de la vida, logra terminar su arreglo personal, reza una oración en voz alta, quiere agradecer tener todos los huesos sin quebrar, y no haber tenido que salir de urgencia al hospital. Su deseo era estar hoy en casa, disfrutar de su sofá, y eso puede seguir haciéndolo, eso si con el cuerpo magullado y dolorido.

Josefa Agustín González
Grupo B


Comienzo en el váter
Es tarde y en este bar ya solo quedamos lo mejor de cada casa. Todos en parecido estado de embriaguez. El aire está denso y pesado, desde hace rato nos dejan fumar dentro, como antes. Estoy terminando la ultima copa, ¡esa copa!, la que sienta mal. Me cuesta enfocar. Me dirijo torpemente al servicio. Entro, y tengo que apoyar la mano en la pared. No hay nadie esperando pero las dos puertas estaban cerradas y se oyen murmullos. Voy hasta el lavabo para mojarme la cara, pero hay restos de la cena de alguien que no ha llegado al váter. Una arcada sube hasta mi garganta. Me apoyo en la pared y trato de concentrarme en respirar o yo también tendré que acudir al lavabo. Miro las dos puertas, continúan cerradas. De una me llega el sonido de un inspiración larga y profunda, alguien está consumiendo sus recursos para terminar bien la noche. Detrás de la otra no se oye nada, aguzo el oído y me llegan unos gemidos entrecortados, otros que están apurando su fin de fiesta. ¡Joder! ¡Necesito un retrete libre ya!.

Tambaleándome me voy al servicio de los chicos, quizás tenga más suerte. Al abrir la puerta me recibe un fuerte olor a orina acumulada, que ayuda a aumentar mis ganas de vomitar. Entro, haciendo chof chof, con mis zapatos nuevos sobre el liquido negruzco del suelo y una nueva arcada me acaricia la garganta. Veo una puerta entreabierta y me precipito hacia ella, la empujo fuerte, rebota en la pared y me da en la frente. El golpe no hace más que aumentar las ganas de meter la cabeza en esa taza de váter, donde vacío los treinta euros en copas que me he tomado esa noche. Ya con el estómago más calmado, veo por el rabillo del ojo izquierdo unas zapatillas y levanto la vista asustada hasta un chico pegado a la pared que me mira desconcertado. Me echo para atrás rápidamente. Debió retirarse precipitadamente porque todavía lleva la bragueta abierta. No hablamos, solo nos miramos, cuando llega a mi cara leo en sus ojos una señal de alarma mientras noto que un liquido espeso se desliza por mi frente. Me llevo la mano a la cara y ahogo un grito, estoy sangrando. Miro la sangre y al chico varias veces y siento que me flaquean las piernas. Él rompe el silencio.

- Tranquila- susurra.

Y yo, no sé por qué, me asusto mas. Y logro salir a trompicones del sucio retrete.

- Tranquila -repite ya fuera también-. Es solo un corte pequeño, no es grave.

Intenta alargar el brazo para tocarme y yo le doy un manotazo y un empujón. Estoy fuera de mi.

- Tranquila, soy médico.

Y esta vez sí surte efecto, le dejo acercarse, después de todo me ha visto vomitar, mirarlo con miedo, empujarlo y no ha salido huyendo de la loca del baño que es lo que debo parecer. Y es médico.

Noto que está rebuscando en mi bolso y me entra el pánico otra vez. ¡Quiere robarme!. Lo empujo lo más lejos de mí que puedo mientras él me enseña un paquete de klínex que me acaba de sacar del bolso.

- Solo quiero limpiarte la herida -vuelve a acercarse señalando visiblemente los pañuelos.

Decido ya dejar de portarme como una gilipollas y dejo que me pase el klínex húmedo por la herida, ya no sangra pero me duele.

- No es nada -dice al fin-. Ahora vamos a salir para que nos den un par de hielos para el golpe y me digas algo para que sepa que no eres muda. Me agarra del brazo y tira de mi hacia fuera.

- Oye, digo por fin, ¿ de verdad eres medico?

Él vuelve la cabeza y me contesta con una sarcástica sonrisa que también se ve en sus ojos.

Beatríz GorjónGrupo A


Baño espacial
Verás millones de estrellas
Dibujadas en el cielo nocturno,
Cuando todas las demás luces de nuestra nave espacial
Se hayan apagado.
Un montón de diminutos puntos recopilados en el cielo estelar.
A su paso, la nave espacial se abrirá camino entre miles de constelaciones.
Millones de meadas simétricas,
Que al tirar del inodoro
Flotarán miles y miles de kilómetros.
Es enorme, con revistero incluido
Para cuando el apuro nos llama.
Aún así cuesta empezar
Imagino que como todo lo que cueste estrenar.

Iria Costa
Grupo B

1 comentario:

  1. Me ha encantado el texto de José Manuel Romero por lo original y bien traída trama y por lo que me ha hecho reir.
    El soneto al excusado no desmerece en humor, lo cual en los tiempos que corren, es de agradecer.
    También me ha gustado el soneto de Sofía Montero.

    Y la idea de personificar el váter dándoles voz según su emplazamiento, me ha parecido una genialidad.

    Y he disfrutado mucho leyendo todos los textos sobre este tema :D

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