Todo el mundo va

La sesión del lunes pasado la dedicamos al váter, sí, al inodoro. Leímos una serie de textos, los masticamos bien, guardamos el tiempo necesario de digestión y después compartimos nuestras opiniones. ¿Sabíais que el primer diseño de un inodoro lo hizo un poeta?
Un vate que inventa el váter. No está mal. Habrá que honrar a John Harrington.
Una buena excusa para hablar del escusado fue el álbum ilustrado para niños "Todo el mundo va", de la editorial Edelvives.
Los papás de Raúl le explican que todo el mundo va a ese lugar misterioso que aparece en la última página. Todo el mundo, sin excepción. Va el indio, va la princesa, va el vaquero, va la mamá, va el papá, va la bruja, todos van... al váter.




También comentamos el contenido de esté divertido vídeo en el que se interpreta la pieza "Loas al Cuarto de Baño". De la mano de Le Luthiers y sus artefactos musicales:




Leímos algunos textos sobre el váter, o sobre las tareas propias que se realizan dentro y, en ocasiones, fuera de él y que reportan una sensación de alivio sin igual. Pero esa sensación, al vaciar la vejiga, por ejemplo, es tan efímera que la felicidad es pasajera.
No es fácil ser encontrar la felicidad plena. Lo sabía muy bien Gonzalo Rojas, autor de este incontinente poema titulado "El señor que aparece de espaldas":

El señor que aparece de espaldas no es feliz, 
ha ido varias veces a Roma pero no es feliz, 
ha meado en Roma y no tiene por qué ocultarlo 
pero no es feliz,
                            [ha desaguado
a lo largo de Asia desde los Urales a Vladivostock 
pero no es feliz, 
en excusados de lujo en África pero no es feliz, 
encima de los aviones vía Atenas 
pero no es feliz, en espacios                 
más bien reducidos lluviosamente en Londres 
al lado de su mujer hermosa pero no es feliz, 
en las grandes playas de América precolombina 
pero no es feliz, 
con un diccionario etrusco y otro en alemán 
desde las tumbas Ming a las pirámides 
de Egipto pero no es feliz, pensando en             
cómo lo hubiera hecho Cristo pero no es feliz, 
mirando arder una casa en Valparaíso pero no es feliz, 
riendo en New York de un rascacielo a otro 
pero no es feliz, 
girando a todo lo espléndido y lo mísero del planeta 
oyendo música en barcos                                   
de Buenos Aires a Veracruz pero no es feliz, 
discutiendo por dentro de su costado el origen 
pero no es feliz, 
acomodándose
no importa el frío contra la
pared aguantando todas las miradas              
de las estrellas pero no es feliz

el señor que aparece de espaldas.        


Los cuartos de baño se prestan, en muchas ocasiones, al género de terror: lo que esconden los espejos, víctimas que aguardan un cuchillo tras las cortinas de la bañera, cosas extrañas que suben por las cañerías y salen por los sanitarios. Uf. Lean este microrrelato de Fernando Iwasaki titulado "WC" y no volverán a parar para ir al baño en ninguna gasolinera:

Era la primera gasolinera en varios kilómetros y suspiré agradecido porque los intestinos se me disolvían entre retortijones. Un hombre sin párpados me señaló un corredor devorado por la penumbra y hacia allí caminé de baldosa en baldosa, como un equilibrista que no quiere que el público descubra que lleva las mallas descosidas. En el baño no había espejo ni luz, y el chapoteo de mis pasos delataba dos dedos o tres de un líquido sin nombre. El primer clínex lo gasté limpiando a ciegas la rueda. Al darme la vuelta pateé algo así como un casco de moto y me senté sujetándome los pantalones para que no se empaparan.
La sensación de alivio y beatitud sólo duró unos segundos porque alguien cerró la puerta con llave desde afuera. Pensé en mi coche y en el ordenador portátil que estaba en el asiento trasero. Pensé en el hombre sin párpados con mis corbatas de seda. En todo eso pensaba cuando un gruñido líquido brotó de las entrañas del alcantarillado.
Sentado en el retrete percibí que algo veloz y delirante subía por las tuberías. Sus uñas crepitaban metálicas y los sorbos de la criatura eran tan intensos como el chasquido de sus mandíbulas. El segundo clínex se me cayó en aquel charco espeso. Me incorporé hacia la puerta sin soltar mis pantalones cuando algo salió del guáter con la potencia de las focas de los circos rusos. Caí de bruces al suelo.
La conciencia del asco era más fuerte que los mordiscos. Con el tercer clínex me limpié la boca. El casco de moto tenía dos cuencas vacías.

Y nos despedimos con el álbum ilustrado, "El topo que quería saber quien se había hecho aquello en su cabeza", de la editorial Altea :




Propuesta de escritura

¿Te imaginas a algún personaje de la historia de la literatura en el baño?
¿Y si coincidieras con el escritor o escritora a quien admiras en un baño público?
¿Qué historias se te ocurren que tengan como trasunto un cuarto de baño?
Cuando pensamos en el baño quizá relacionamos este lugar de la casa con el espacio doméstico pero, ¿imaginas como son los baños de una nave espacial?
Escribe un texto en prosa a partir de estas ideas.


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Sensaciones en el baño

El váter es un sitio de descanso
para pensar acerca de mi vida,
desahogar cuando el cuerpo me lo pida,
hacer pis, relajada en lugar manso.

Deposito la caca como un ganso
después de masticar bien la comida.
Con loca sensación de estar nutrida,
trabajo día y noche sin descanso.

Mear, cuando apetece, da alegría.
La orina, que se filtra por la taza,
es parte de mi cuerpo liberado.

El baño es una fuente de energía
para limpiar mi piel, si alguien me abraza,
con ansias de un placer desenfrenado.

Sofía Montero García
Grupo B


El retrete del Ché

En cuanto al tema que hablamos el lunes pasado se me viene a la cabeza una anécdota que me ocurrió no hace muchos años durante uno de mis últimos viajes a Cuba. 
Acompañado de cuatro amigos recorrimos durante quince días toda la isla en una ruta que bautizamos como ruta de los barbudos, pues empezaba en la playa de las coloradas y acababa en La Habana pasando por Santiago, Sierra Maestra y varios lugares más que jugaron algún papel importante durante la revolución. Al llegar a Santa Clara nos recomendaron no dejar de visitar la casa de comidas EL ARGENTINO , cosa que hicimos ese mismo día. Se trataba de un pequeño restaurante de trato muy familiar y comida casera que resultó realmente acogedor. Yo estaba sentado al lado de una ventana por la que se podía ver el baño situado al otro lado de un pequeño callejón.Me resultó curioso que hubiera una puerta de entrada y otra de salida además de una señora que no tendría menos de 80 años sentada a una mesa donde todo el que utilizaba el excusado dejaba alguna propina. Decidí echar una meada y me puse a .guardar cola detrás de unas quince o veinte personas que pasaron en un visto y no visto por lo que me costaba comprender que era lo que hacían en el interior cuando la mayoría de las veces ni cerraban la puerta. 
Llegado mi turno pasé dentro donde la tenue luz de una bombilla iluminaba una sucia y desvencijada taza de váter bajo un cartel que rezaba - AQUÍ CAGÓ EL CHE GUEVARA-.

Poli Rubia
Grupo A


La percha

Al principio lo hacía de vez en cuando , después comencé a ir al baño al terminar cada comida ,hasta que me encontré buscando cualquier excusa para vomitar.
Me sentía cada vez peor, y mi madre fue la primera en darse cuenta de lo que me sucedía, las señales que dejaban mis dientes en la mano derecha , me delataron.
No había pasado mucho tiempo cuando me encontré aislada en una habitación del hospital y según el protocolo, debía permanecer en ella un tiempo razonable , hasta que pusiera algo de peso .
Esta situación me sirvió para reflexionar y tomar conciencia del grave problema que tenía , y aunque a veces tenía sentimientos de culpabilidad, había algo dentro de mí que me superaba.
Habían pasado 10 días y contra todo pronóstico , inexplicablemente el progreso era nulo y no solo no ganaba peso , sino que perdía. El enigma se resolvió cuando un día haciendo la cama las auxiliares , descubrieron la nota que la anterior paciente ,me había dejado escrito en la barra de la lámpara ,por encima de la cama en la que aunque con alguna dificultad pude leer, “la percha metálica del armario abre la puerta del baño”.....

Afrika Gómez
Grupo A


Una habitación con vistas

Hacía un tiempo que nos conocíamos y nos gustábamos, el deseo aumentaba y decidimos hacer un viajecito romántico donde nuestros cuerpos pudieran expresarse.
El sol brillaba, la comida era exquisita y había bonitos parajes que visitar, pero sinceramente en aquel momento lo que más nos interesaba era haber acertado con la habitación porque los dos pensábamos estar allí bastante tiempo. ¡Que alegría! , era un hotel muy coqueto y la habitación muy amplia, a la derecha había una gran cama, mesilla, armario y un pequeño lavabo, a la izquierda...
tres escalones presidian el espacio donde dos ventanales iluminaban una mampara de cristal translúcido con la ducha y el inodoro, ¡no había paredes! y esos elementos formaban parte de lo que parecía un escenario y ¿nosotros seríamos los actores?, queríamos intimidad pero ¿hasta ese punto ?. A mi me dio una risa nerviosa...
Hubo que adaptarse y decidimos sacarle partido, era como un teatro de sombras donde las siluetas expresan sus emociones. Una ducha, una dicha ver su cuerpo deslizándose por el cristal en su máximo esplendor. Ese primer pis cuando su miembro no le obedece porque está mirando a tus tetas pegadas al otro lado del cristal. Esos sonidos irremediables de todo tipo de chapoteos.
Eso sí, compramos velitas aromáticas.
Aprendí que en vez de frustrarse hay que saber improvisar, aprendí que aunque comimos, follamos y visitamos
lo que más nos unió fueron las risas.

Luisa Mayorga
Grupo A


No me seduce

Lo de leer sentado en el váter es un deporte de no hace mucho tiempo. Vas con la imaginación dos siglos atrás y ¿qué te encuentras?, pues que casi no hay retretes. Y sin salir de aquella época, tampoco si te fijas era mucha la gente que sabía leer. O sea, que, nada de nada. Bueno, pues volvemos si te parece al presente.
Yo seré muy antiguo pero a mí lo de leer cuando el trasero aposentado en el trono, la verdad, no me seduce. Voy al baño acuciado por la necesidad fisiológica como todo el mundo, me siento en la taza y hasta cómodo me encuentro, no lo niego; pero en cuanto pego el descansón me levanto, y ya solo es mirar lo bien que funciona el principio sifón y adiós que te vaya bien, todo limpito. Es que yo lo de leer... qué quieres que te diga, si no puedo con mesa y silla, prefiero el campo, al aire libre y a la luz del sol.
Que si vas a ver, es lo más sano también para lo otro; solo el oxígeno que respiras. Además, te ahorras el papel, ¿no te acuerdas de cuando niño, que te limpiabas con un canto y tan ricamente?, pues eso. Y luego está lo bien que se airea lo más íntimo de tu anatomía; por no hablar de lo que gana en aromas, sobre todo si cuadra donde hay tomillo.

Pascual Martín
Grupo B


Un deseo

Me gustaría que alguien inventara un inodoro, en el que cada vez que se tire de la cadena, el váter se llevara también los malos pensamientos.

Luis Iglesias
Grupo B


Gallardía

Ciertos citadinos experimentan fascinación por los ambientes rústicos, carentes de comodidades, a los que dotan de romanticismo y asocian con tiempos primigenios, por los que sienten nostalgia sin haberlos conocido. Éstos se privan deliberadamente del confort para sentir en carne propia lo que tuvieron que soportar los humanos de otros tiempos y disfrutar así del sentimiento de logro que da triunfar sobre la naturaleza.
En busca de estas sensaciones y de un poco de sosiego, una pareja decide pasar vacaciones en una isla, no muy remota, pero casi virgen, con un solo caserío, y cuya extensión se podía recorrer en media hora a pie. Recientemente a la isla había llegado la luz eléctrica, suministrada por gas, que solo funcionaba en las horas más calurosas del día, para que la gente pudiera encender sus ventiladores. Carecía aún de acueducto y alcantarillado, disponía, en cambio, de albercas, letrinas, pozos de agua dulce y pozos sépticos.
El cuarto de baño estaba aparte de las cabañas (así las llamaban, aunque sería más justo decirles chozas) en pequeñas casetas con los servicios separados. En una, se encontraba el espacio para la ducha, donde no había tal, sino un sifón por donde corría el agua traída de un pozo que tenían que echarse a baldados; y en la otra caseta, estaba la taza de inodoro que daba a un pozo séptico, cuyo sistema de vaciado consistía verter agua, también traída del pozo.
Pero, pese al espíritu de aventura, no siempre resulta fácil abandonar el recato urbano, especialmente para ellas, que son las más sometidas a los rigores de la educación convencional. De modo que, Melisa (nombre cambiado para proteger la identidad de la protagonista) había logrado pasar varios días sin visitar la caseta más que para las necesidades líquidas. Sin embargo, en ciertos asuntos, el organismo derrota a la mente y finalmente a ella le llegó la urgencia mundana y poco elegante de evacuar el vientre. En esas circunstancias sabía que no podía dejarse coger ventaja, pues el pozo de agua dulce se hallaba a unos metros de la caseta que hacía las veces de baño y el esfuerzo de cargar un balde lleno de agua podría jugarle una mala pasada. Discreta, se levantó de la tumbona donde tomaba el sol y se dispuso a alejarse. 

Su novio, inoportunamente curioso, formuló la pregunta:
- ¿A dónde vas?
- Al baño, ya vengo – dijo en tono despreocupado esperando zanjar el tema.
- Acuérdate de que hay que cargar agua – la retuvo.
- Sí, ya sé, ya vengo – agregó con un sutil deje de impaciencia.
- Ten cuidado al sacar el agua…
- ¡Que sí! – respondió mientras se alejaba con paso prieto.

Al llegar al pozo lanzó con rapidez el cubo y esperó el chapoteo ahogado que indicaba que estaba llenando. Empezó a tirar de la cuerda con esfuerzo precavido cuando escuchó el familiar sonido de los pasos de su novio.

- Mira, es que me puse a pensar que, siendo tan pesado, mejor te ayudo- expresó él, solícito- Ve, y yo te llevo el agua.

Ella, sopesando las posibilidades, entendió que era lo más práctico y aceptó.
Entró a la letrina, pues eso era, la taza no alcanzaba a disimular la naturaleza del recinto, y descargó las entrañas con un leve escalofrío producto del aplazamiento. Se limpió como es debido, con el papel que el dueño de las cabañas tuvo a bien de dotar el espacio, y luego entreabrió la puerta con decoro y asomó la cabeza para pedir el agua.
Esteban estaba allí, con su aire calmoso y el balde a rebosar reposando a sus pies. Al verla asomar la cabecita cargó con el recipiente, decidido a vaciar el agua, cuando ella lo detuvo:
No, amor, presta, que yo lo hago- y alargó la mano por el resquicio de la puerta, en un intento inútil de retener en el interior de la caseta los efluvios que ya brotaban de la taza.

Está muy pesado, lo llené mucho.
No importa… - cortó la frase.
Lo vio muy resuelto, así que se vio en la necesidad de hacer la confesión:
Amor, es que hice del dos –explicó, usando el código universal con el que se trata de dar honorabilidad al non-sancto acto de cagar.

El soltó una carcajada descomplicada.
No seas boba, ¿en serio te da pena? No pasa nada, a ver quita. ç
No, no –amagó ella una protesta.

Linda, llevamos mucho tiempo juntos, ¿de verdad te va a dar pudor eso? –replicó con tono de discurso- A mí no me importa, en serio, es lo más natural del mundo, yo no le veo el misterio. Además, el agua pesa mucho para ti; tranquila, preciosa, que yo me encargo – finalizó, sacando pecho y alzando el balde con actitud gallarda, contento de ir al rescate de su dama.

Ella se ablandó. Tímidamente salió para darle espacio y se ubicó a distancia prudente para verlo operar.

Él entró. Elevó el cubo de agua a la altura requerida y en ese momento cometió el terrible error de mirar. Sus ojos no podían creer lo que veían, es que no le cabía en la cabeza, es más, a duras penas cabía en la taza. ¡Cosa más grande en la vida! Se volteó a mirarla y le vio allí paradita, con sus manos entrelazadas a la altura del regazo y no logró compaginar ambas imágenes. Ella, tan menudita, tan tierna, tan dulce… y aquello, tan grande, tan compacto, tan… abundante. Ella solo se encogió levemente de hombros como diciendo: “te lo advertí”. Él volvió la mirada a su menester, se quedó contemplándolo un instante, ya medio mareado por los innobles vapores y abrumado por la insospechada intimidad que implicaba ver y limpiar las excrecencias de su novia -cuyo impacto, en su afán de mostrarse caballeroso, no calculó. Empezó a sentir que un sudor frío le bajaba por la espalda, le temblaron las piernas, el balde se estremeció en su mano y regó algo de su contenido. En definitiva, la gallardía se le fue a los pies. Tragó seco y empezó a verter el agua en la taza, viendo con estupor cómo en lugar de irse, amenazaba con rebosarse. Se detuvo, esperó a que la gravedad hiciera lo suyo y luego continuó. Tuvo que hacer otros dos trayectos al pozo y cada vez que pasaba cerca de ella evitaba su mirada, porque lo sabía, ella, ahí paradita, con sus manos entrelazadas a la altura del regazo, era la viva imagen de la maldad. Esa ternurita escondía su picardía, sabía que en su fuero interno se partía de risa. Y él pasaba cabizbajo y desconcertado, humillado, casi como si el que hubiera cometido el acto fuera él.

Cuando terminó su labor, se limpió el sudor de la frente y por fin pudo mirarla; soltaron una risa cómplice y relajada. Él le besó la frente para comprobar que el encanto seguía a salvo; ella ni colorada estaba, el rubor inicial se le había aliviado al ver a su hombre desarmado por una plasta.

Se tomaron de la mano como si nada y se alejaron riendo hacia la playa.

Maritza García
Grupo B


Doble evacuación

Me acababa de levantar de un cubículo en un hotel del aeropuerto de Singapur, quedaban nueve horas para tomar el vuelo a Sídney y luego otro hasta Brisbane.

Pensé que en España a esta hora estarían en pleno Carnaval.

Mi jefa, me había emplumado aquel viaje, a sabiendas de lo mucho que me cabrearía y precisamente por ello ,en este orden. En esa relación amor-odio creo que iba ganando por goleada.

Salí a tomar un tentempié y se me ofreció la posibilidad de hacer un pequeño tour por la Ciudad de Singapur y decidí cambiar el chip y aprovechar la ocasión para ver mundo.

El bus era el típico ingles de dos alturas y por un plus, te arrendaban un artilugio con explicaciones en Español. Una vez en él, no se si el picante del aderezo del almuerzo, o los componentes del mismo empezaron a hacer mella en mi intestino, de tal forma, que comenzó a cobrar vida propia.

Tuve que bajar con cierta prisa a la altura del Hotel Rafools y tras inquirir a un conserje en mi detestable inglés, me dirigí más que apresuradamente, al servicio del hall del hotel.

Increíble, en el hilo musical , sonaba el Guendoline de Julio Iglesias, me pareció muy propio para la situación. El WC era de pequeñas dimensiones pero, el trono, era digno de un documental de Tokio, con botones por todas partes; di al open y se abrió la tapa (aquello empezaba bien).Me dispuse a obrar, pero una vez sentado, parecía que la situación requería más calma de lo que en principio parecía, y me dispuse a dejar que la fisiología y la gravedad combinadas, hicieran su trabajo limpiamente, dentro de lo que cabe, en semejantes circunstancias. Sorpresivamente ahora en hilo musical, sonaba Hawai Bombay de Mecano, eso reforzó la sensación de estar como en casa, de alguna manera.

Mientras esperaba resultados, volví a caer mentalmente en las redes de mi Jefa, pensaba ora en Ana Torroja, ora en el vientre, ora en mi Jefa, en fin, tenía un tiovivo mental de tres pares de ….Tratando de darle una escoba a mi imaginación, a ver si se me iba esa bruja de la cabeza, reparé en la puerta del retrete con más atención. ¡Era gloriosa!, llena de pintadas como las de toda aquella puerta de escusado que se precie, pero !ALUCINANTE!, había entre todo el revoltijo de diversos idiomas, dos Best Sellers españoles: “ En este lugar sagrado, donde acude tanta gente, hace fuerza el más cobarde y se caga el más valiente” y la archiconocida” Caga el Rey y caga el Papa, sin cagar nadie se escapa”.Me sentí como transportado a los servicios de mi querido Instituto de Enseñanza Media.

Y en estas cavilaciones estaba y empezando, por fin, a obrar, cuan de repente, sentí, que alguien aporreaba la puerta(sonaba el All you need is love de los Beatles) y se me cortaron ambos hilos, al tener que hablármelas con una señora de la limpieza nativa, que reclamaba el espacio.

Desfecho el entuerto, me volví a concentrar en lo mío, mientras una idea diabólica surcaba mi mente.

Dejé escrito en macarrónico inglés: “ call me, please, I need love” y el teléfono directo de mi Jefa y por fin evacué, en los dos sentidos.

Al salir, me encontré a la señora de la limpieza, apoyada la barbilla en el palo de la fregona, mirando con ese algo enigmático que , solo los Orientales, pueden expresar tan inexpresivamente, o bueno, pensé, quizás esté dormitando; dudé.

En el hilo música sonaba, ahora, el”Se Acabó” por María Jiménez y una son risa entre beatifica y malévola, se dibujó en mi rostro mientras me dirigía al exterior

Carlos García Riesco
Grupo A


Feliz alumbramiento

Llegando a Bilbao empecé a notar ciertos movimientos en mi interior a nivel abdominal. Aquello iba in crescendo y enseguida acudieron a mi mente ciertas escenas de la película Alien. Iba conduciendo y avisé a mi acompañante que urgía parar y encontrar un váter. entramos en la ciudad y en el primer sitio que pude aparqué. Salimos deprisa buscando un bar y entramos en el primero que vimos; fui derechito al servicio pues no os he dicho que llevaba 5 o 6 días sin sentarme en el trono.! Bendito excusado! lo contemplo y con un trozo de papel higiénico limpio la taza, bajo pantalones y calzoncillos y me siento, pero !oh! aquello no puede salir, hay un problema de tamaño-espacio; comienza la dilatación, aumento la presión, pero nada que no sale; empiezo a pensar en medidas heroicas como una episiotomia; hago una nueva intentona y !milagro! aquello dilata, dilata y comienza la evacuación. Estoy rojo y sudoroso pero lo he conseguido.

Me levanto y miro. Aquello era como la cabeza de un niño, incluso me pareció que me miraba con pena cuando tiré de la cadena y le vi marchar a empujones con la escobilla. pues se resistía a desaparecer.

Salí satisfecho haciendo el signo de la v con los dedos, y queriendo un poco mas a la madre de mis hijos y por ende a todas las madres.

José Luis Juan Fonseca
Grupo A


Soneto al excusado

Escribir un soneto escatológico,
me propone Raúl, de una sentada,
una larga y muy cálida meada
de bello endecasílabo anológico.

La Musa entre desechos afanada,
literario festín bacteriológico,
el antro de la hez, antropológico,
lírica en asaduras procesada.

Letrina de soberbias y patrañas,
la bella que se ensucia evacuando,
trono, donde los reyes no son nada.

Poesía musical de las entrañas,
su concierto de tripas entonando,
que hacen de este soneto una cagada.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


19 de noviembre

Me pongo a escribir con una sonrisa, ¡vaya tema sobre el que voy a hacerlo!, nunca se me hubiera ocurrido, ¡y mira que todos los días paso ratos contigo! ¡Qué ingrata!, y ahí estás tú, siempre dispuesto, nunca te quejas, no me consideras egoísta, aunque solo voy a verte cuando te necesito, ¡y cómo me consuelas!

Imagino a ese grupo, que a tu costa se daría una buena comilona y percibiría una buena dieta aquel caluroso día veinticuatro de julio de 2013, seguro que todos te habían visitado “al trabajo bien desayunado, meado y cagado”, alguien en el desayuno había abusado de zumos, kiwis, cereales, alubias, beicon con huevos y ese amasijo estaba pidiendo salida, un aire con repiqueteo de tambor produjo un silencio cómplice, todos entendieron la situación, estaban mentalizados con el tema y todos a una indicaron el camino donde te encontraría, mientras ellos seguían deliberando, y por fin deciden asignar el día diecinueve de noviembre, sí, nada menos que la Asamblea General de las Naciones Unidas, ese grupo eran asambleístas, decretan que ese día será el Día Mundial del Retrete, me acabo de enterar, te lo mereces, eres lo mejor de lo mejor.

Inés Izquierdo
Grupo A


Cuarto de baño

Sucedió el día 1 de Enero.Recién empezado el Año Nuevo, solo habíamos gastado 15 horas.Nuestro protagonista, paso la mañana tranquila mente, disfrutando del concierto que todos los años retransmite T.V.E, desde Viena. Desayuno en pijama,la mañana era fría, lluviosa, día típico invernal.Pensó y se reafirmo diciéndolo en voz alta. -( Hoy me quedo cómodamente en mi sillón),disfrutando del concierto,era algo que todos los años quería hacer, y no lo lograba.
Termina el concierto y comienza a sonar el teléfono. Todos sus familiares y amigos, están interesados por saber, donde va a comer ese día.
¿Que preocupación tiene todos estas fechas por saber donde voy a estar y con quien voy a comer ó cenar?.
Una vez satisfecha la curiosidad de sus preocupados amigos y familiares, decide que ya es hora de abandonar el sofá y hacer su ritual de limpieza.Pero hoy calcula mal y en lugar de sentarse en el bidé, para limpieza de sus zonas más intimas, zas se sienta en el suelo, rebote y golpe en la cabeza.trata de tranquilizarse, y mover sus brazos y piernas, parece que no hay ningún hueso roto,
ahora el problema es como levantarse,tiene poca agilidad, cuando pierde su estabilidad y se cae.Y hoy por ser día de Año Nuevo no va a ser diferente. Como puede logra ponerse de rodillas y buscando una buena sujeción, es el bidé que no le recibió el que ahora le sirve de ayuda para poder levantarse. Paradojas de la vida. Logra terminar su arreglo personal, reza una oración en voz alta ,quiere agradecer tener todos los huesos sin quebrar, y no haber tenido que salir de urgencia al hospital.Su deseo era estar hoy en casa, disfrutar de su sofá, y eso puede seguir haciéndolo, eso si con el cuerpo magullado y dolorido.

Josefa Agustín González
Grupo B


Material biodegradable

Cuando Sara era chiquilla
lo que ya queda algo lejos
el tener que ir a evacuar
entrañaba cierto riesgo.

Disponía de un excusado
amplio donde a cielo abierto,
para hacer aguas mayores
tenía que actuar con tiento:

además de aquel papel
de los sacos de los piensos,
separadas sus tres capas
recortadas con esmero;

había de portar también
una varita de fresno
que desprendía cierta magia
al estilo de su pueblo.

En cuanto entraba tenía
espectadores atentos
entre los que destacaba
un encrestado algo fiero

que convertía el pasar
de lo abstracto a lo concreto
con su porte rojiblanco
a veces en un gran reto.

Y así apostada en cuclillas
deponía con gran valor
con las manos ocupadas
y los ojos avizor.

Luego, en un santiamén
sin saber de ecología
devoraban esas aves
lo que de entraña salía.

Desde entonces nunca ha visto
material biodegradable
volver a naturaleza
tan veloz y reciclable.

Si era cuestión de zigotos
realizar la deyección
más huevos ponían las pitas
libres de colesterol.

Como habrán imaginado
aquel baño, aseo o letrina
sólo podría compararse
con un corral de gallinas.

Mercedes González
Grupo A


Huída hacia el WC

Tener las llaves de escape flojas, conlleva circular por la vida agudizando un sexto sentido para iniciar en cualquier momento una huida hacia donde se pueda. Esto se acrecienta cuando viajas en autobuses antediluvianos por carreteras que son caminos, como lo eran la mayoría a principios de los 80. El traqueteo agita aún más todos los órganos, especialmente intestinos y vejiga. No puede ser ésta una mezcla más explosiva.

Si ya atender a un esfínter que se empeña en relajarse esté donde esté, es tarea difícil, cuando se suman los dos es harto complicado. A partir de ese momento empieza un sinvivir, un trabajo a destajo para atender un tiempo a uno sin dejar de atender al otro. Sentado en el asiento, tu imaginación empieza a funcionar, con el objetivo de reducir tiempo y kilómetros para llegar a un destino, sea el que sea. Solo pensar que puedes bajar y salir corriendo, te alivia. Qué digo correr, todo menos eso, caminar como encogido, para dirigirte hacia donde supones que hay un WC, e intentar llegar antes que tus compañeros de viaje.

Casi siempre la ficción supera la realidad, quizás porque en situaciones de emergencia, la imaginación echa el resto, facilitando el viaje hacia la meta. Ésta a veces está demasiado escondida, especialmente en bares de carretera que para ir al WC, te hacen recorrer toda la barra como si de un supermercado se tratara.

Alcanzada la meta, después de bajar las correspondientes escaleras, no importa si hay o no hay luz, el alivio que obtienes al sentarte, es tu mejor trofeo.

Antonio Castaño
Grupo A


El reflejo

Pudo distinguir la puerta marcada con la S y la silueta de mujer a pesar de su borrachera. Consiguió sujetarse sobre los tacones y las plataformas, aunque una especie de engrudo se había formado en el suelo por el papel higiénico y el agua estancada. Le dio tiempo a sujetarse el pelo antes de que el vómito salpicara toda la taza. Unos minutos más de arcadas y empezó a encontrarse mejor. Comenzó el ritual de cada noche, colocó una raya sobre la cisterna alineando el polvo blanco con las ennegrecidas juntas de los azulejos del baño. Al inclinarse sobre el váter perdió por un momento el equilibrio y sus reflejos la sujetaron contra el lavabo, frente al espejo enmohecido. Su imagen de mujer joven con exceso de maquillaje desapareció, en su lugar había una niña de unos tres años sentada en la taza con las piernecitas colgando. Se reconoció al instante por como la observaba, enredando sus dedos en las trenzas. Algo en su interior empezó a temblar y lágrimas de angustia brotaron sin freno. Salió corriendo de aquel baño sin apenas poder respirar. La noche era fría y oscura, con cristales de hielo depositándose suaves en las lunas de los coches. Su ansiedad expulsaba el vapor de su boca a mucha velocidad, hasta que el nudo del estómago comenzó a calmarse. Recuerdos de baños con olor a vómito y cloaca. Ya nada volvería a ser igual.

Dara Diego
Grupo A


El rollo de la literatura

Son las ocho y media. Desayuno tostada con aceite, nueces, café muy cargado con poca leche y el último mini croissant que aún queda en una bolsa, parte de la compra realizada días antes en el supermercado de la esquina de mi calle.

Cojo el autobús y en diez minutos me encuentro ante las puertas de la Biblioteca Nacional. Me incorporo al grupo de visitantes que avanza, lenta y respetuosamente, hacia la entrada.

Ya en el interior, de golpe, noto que el estómago reclama mi atención. Es el primer aviso. Al poco, mis tripas se agitan. En mi vientre comienza a librarse un combate entre los alimentos ingeridos. En un proceso natural, serán reducidos a sustancias desechables y, en su momento, eliminados a propulsión.

Pero hay algo que no encaja. Es como si, entre los combatientes, uno de ellos se hubiera vuelto loco y empezado a golpear todo aquello que encuentra a su paso, incitando al resto a la rebelión, a buscar la libertad, el exterior, la luz de manera urgente.

Y entonces caigo en la cuenta. Debí imaginarlo. Aquel mini croissant de otra época, aquella sustancia antigua, ha sido el precursor de tanto ajetreo. Las contracciones, como en las parturientas, son cada vez más rápidas e intensas y sé que el momento del alumbramiento explosivo es cuestión de tiempo, de un tiempo corto.

Me quedo rezagado del grupo con sigilo y, aprovechando que entran en la sala destinada a Museo, giro hacia un pasillo estrecho en busca del lugar donde poder aliviarme.

¡Dios santo! Y todo aquello en la Biblioteca Nacional. Templo del saber. Lugar donde se custodian los mayores tesoros literarios, auténticas joyas de la palabra escrita. Me siento un poco como el que mancilla una obra sagrada, pero la necesidad obliga y no estoy yo, a pesar del lugar, para mucha literatura.

Y me pregunto, y temo: ¿habrá en este recinto sagrado un cuarto en el que poder realizar un acto de evacuación como el que ya me urge más y más por momentos? ¿Qué dirán tan ilustres pensadores, literatos y hombres de ciencia cuya creación, encuadernada, se encuentra en este lugar?

Me encuentro solo y, la verdad, no sé por dónde ir, ni a quién preguntar, ni qué rumbo o dirección tomar, y pienso, y me arrepiento, de no haber leído El Camino, de Miguel Delibes. Seguro que en él hubiera encontrado la senda que necesito.

El esfuerzo por contraer y evitar lo inevitable es tal que empiezo a sudar. Es ese sudor frío que hace que te tiemble todo, que te castañeen los dientes, que se te nublen los ojos y que comience el delirio. Tal vez por eso, escucho voces: “soy Kavafis, poeta de Alejandría, pide que tu camino sea largo, lleno de aventuras”. Ya, ya. Para aventuras y demoras estoy yo. Y me viene a la memoria aquel otro título de Gabriel Miró, Años y Leguas. Eso es lo que yo siento que me falta aún para llegar. ¿Qué ruta coger? Escucho entonces la voz de Martínez de Pisón aconsejándome: “Vete por Carreteras secundarias y llegarás antes”. Las fuerzas me flaquean. Encogido, apretándome todo con el propósito de que no salga nada, siento una mano posarse sobre mi hombro y, con La sonrisa Etrusca con la que me deleitó en su momento, me dice con voz de anciano: “sígueme, yo te indicaré, soy José Luis Sampedro, confía en mí, estás En el camino, como diría Kerouac; continúa recto, gira luego a la derecha y verás la puerta que estás buscando”. “No hagas caso, ve siempre por Donde el corazón te lleve” oigo la voz italianizante de Susana Tamaro.

Sigo el itinerario marcado, pero no encuentro los símbolos, las palabras, las imágenes que representan el WC. Sólo una puerta en la que, con una caligrafía cuidada, a mano, puede leerse: Todas las almas, y debajo, firmado, Javier Marías.

No puede ser otro el acceso y pienso: cuán sublime es este lugar; hasta el punto de que para “hacer del cuerpo” necesitas adentrarte transformado en alma.

Abro la puerta con sensación extraña y me encuentro en una sala más espaciosa de lo habitual para estos menesteres pero que, paradójicamente, tan sólo cuenta con un dispensario donde poder dejar aquello que nos sobra; lo inservible, pesado y maloliente.

Avanzo rápido -tal era la necesidad apremiante-, me desabrocho el cinturón, me desabotono los pantalones, tiro hacia abajo de ellos con fuerza y me siento en lo que, literalmente y sin echar mano de la metáfora, es un trono majestuoso tallado con maderas nobles y me asalta en ese momento la imagen de El príncipe destronado, otra vez Delibes.

Respiro hondo, relajo todos los músculos y me abandono dejando que mis esfínteres protagonicen el concierto que tanto tiempo llevan ensayando. No El Concierto de San Ovidio, de Buero Vallejo, no Cantos de vida y esperanza, de Rubén Darío, ni el Canto General de Neruda ni, por supuesto, el Cántico espiritual del bueno de San Juan de la Cruz. Más bien se escuchan Troteras y danzaderas, de Pérez de Ayala, La Algarabía, de Semprún o el Temblor, de Rosa Montero.

Dejo que todo se alivie, como si se tratara de La Insoportable levedad del ser de la que me habló Kundera. El resultado son El Proceso y La Metamorfosis kafkianas, juntos. Sublime. Finalmente, consigo quitarme tanta opresión contenida y despedirme de tanto contenido inservible a través de un continente flexible y construido a medida. Son Los adioses de Onetti, La despedida, de Kundera, pero, con ellos llega ese Cierto olor a podrido del que me habló Martín Vigil. Olor a La Peste, de Camus y que provoca La Náusea, de Sartre. Pero es el resultado de un fenómeno natural y aprendemos a convivir con ello desde que nacemos.

Feliz, paladeo, sin embargo, este momento por lo que representa de liberación. Me veo solo, saboreo la soledad y dejo que pase el tiempo en ese estado. Minutos, horas, días, semanas, meses y hasta años, Cien años de soledad hubiera estado así, al lado, ojalá, de García Márquez. Pero me esperan, ¿o se habrán acostumbrado a mi ausencia?

Alargo mi mano derecha hacia el habitáculo que protege el rollo de papel higiénico y tiro de éste desenrollándolo con la intención de limpiar restos y adherencias dejadas en el camino y… ¡Oh, no! Sobre el papel, escrito, empiezo a leer: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”. “ Verde que te quiero verde/ verde viento. Verdes ramas…”, “Platero es pequeño, peludo, suave…”, “Puedo escribir los versos más tristes esta noche…” y desenrollo más y leo más y así continúo desenrollando y leyendo, leyendo y desenrollando. ¿Qué hago? No puedo empañar tal riqueza literaria restregándola por las reminiscencias de lo que otrora fueran alimentos saludables –salvo el croissant causante de esta fatal aventura- ahora convertidos en desechos execrables y malolientes. Imposible ensuciar tanta belleza, tanta creatividad, tanta magia, tanto ingenio, tanta vida, tanta muerte, tanto amor, tanto odio, tanto y tanto a lo largo de tantos y tantos años, de tantos y tantos siglos. Imposible, imposible, imposible, im-po-si-ble, im-po-si-ble, im-pooo, immmm…zzzz.

“¡Alberto! ¡Albertoooo! ¡Vamos, despierta! Levántate o llegarás tarde. Recuerda que hoy visitas la Biblioteca Nacional. Te he preparado el desayuno. Lo de siempre: tostada con aceite, nueces, café muy cargado con poca leche y, esta vez, además, un mini croissant que quedaba en una bolsa. Cómetelo, tiene buena pinta.”

He apagado la luz, me he dado media vuelta y con voz quejumbrosa pero contundente, he respondido: “Creo que me quedaré en la cama, mamá. Esta noche algo me ha sentado mal y tengo el estómago hecho un asco”.

José Manuel Romero
Grupo A


Asamblea de váteres

En este grupo de terapia para váteres no existen límites territoriales ni ubicaciones exclusivas ni si quiera esta hecho para nombrar al vater mas feliz del mundo.
Yo soy un vater sin usar, un becario, vuestros comentarios me serviran para prestar el servicio adecuado cuando llegue mi hora. Estoy aquí como voluntario en esta sala de terapia como moderador aunque me he permitido antes hacer preselección y separarlos por grupos, luego os conoceré a todos. Los grupos en los que he pensado son:

Vateres domésticos.

Vateres públicos: en este grupo me he atrevido a separarlos en dos grupos a) público hosteleria, b) público otras dependencias.

Váteres raritos: son los que no encajan en ninguna de las dos categorías anteriores pero que nos pueden dar una visión más completa de nuestra labor en este mundo.


Vateres domésticos:
1.-Yo siempre limpio (una mujer se empeña en poner sobre mí todo tipo de productos químicos y ando todo el dia axfisiado)

2.-Los chicos que cada día miccionan en mis dependencias no saben que existo, los chorretones no me importan ya mucho, pero si la costra que me saliendo en el fondo y que a veces escuece y todo.

3.-En mi casa me limpian lo justo, estoy agusto pero no soporto la cal que tiene el agua me deja rugoso y salen cosas negras que rascan de vez en cuando con desespero y si la cosa se pone peor tengo que tragarme media botella de salfumán, ahogarme y después soportar esa asquerosa escobilla dura que aveces daña hasta mi esmalte.


Váteres públicos
1-.Inodoros hosteleria

1-.Trabajo en una discoteca de moda, me limpian por la mañana a manguerazos, siempre tengo cola esperando cuando estoy de servicio, el suelo siempre suele estar encharcado y no puedo deciros de qué, tengo mucha carga de trabajo y nadie me cuida e incluso aguanto hasta vomitos, he perdido el sentido del olfato pero es lo unico que conozco en esta vida al menos solo veo partes púdicas de jóvenes y adolescentes.

2-.Lo mio es un bar de tapas hay un chico que se ocupa de mi (bueno fuera también se ocupa de casi todo) por la mañana vienen abuelos con problemas de próstata a leer el periódico y siempre me visitan ( luego ninguno se lava las manos) después viene gente más joven constantemente y aqui si que hay de todo cuando acabo con ese jaleo, el chico me pega un repasito rápido y la tarde noche está llena de visitas, es muy entretenido ver tanta diversidad de personas y costumbres, a veces los chicos me salpican y las chicas nunca se sientan ( a estas horas la gente si se lava las manos).

3-.Estoy en un chill-out de gente Vip, la mayoría atusan sus ropas y se maquillan, siempre estoy limpio y el lavabo dispone de multitud de utensilios necesarios como pañuelos de papel, peine, toallitas, colonias, etc… pero no dispone de un espacio llano por eso a veces bajan mi tapa y con tarjeta de crédito en mano se hacen unas rayas.

2-.Inodoros otros espacios

1-.Vivo en un area de servicio en la autopista, la gente va rápido antes estaba siempre muy sucio, ahora siempre tengo papel y un gran cartel en la estancia que reza, “se respetuoso, dejame como me encontraste” y hay una lista con firmas de las personas que pasan por si alguien no lo ha hecho así.

2-.Yo doy servicio en un centro comercial, tengo muchos compañeros, es un espacio muy amplio y las chicas vienen de dos en dos, hablan de moda y de dinero se retocan un poco y se mezclan con niños y padres de todas las edades, suelo ver a la misma gente siempre (o al menos el perfil simpre es el mismo) mamás cambiando pañales, señoras mayores con prisas y locura total en algunos momentos pero al menos me dejan dormir limpio y tranquilo.

3-.Los raritos

1-.Yo soy muy diferente, tengo una forma rara y soy de metal me instalaron con mucha seguridad en un centro penitenciario, me tratan mas o menos bien porque si no tienen que limpiarme .

2-.Yo vivo agobiado en un espacio minúsculo, no tengo muchas visitas y eso que viajo mucho, (tanto despegue y aterrizaje) lo peor es que vivo estresadisimo por mi mecanismo de succión, asusta mucho pero me mantiene en un estado aceptable.

Agradezco me hayais contado todas vuestras experiencias, incluso creo que buscare la manera de resbalar sin querer de las manos del fontanero antes de ser instalado.

Esther Yubero 
Grupo A


Baño

Me levanto de la silla donde estoy estudiando acompañado de un libro, al entrar en el baño me siento en el váter para intentar evacuar , en el transcurso de la evacuación abro el libro para seguir leyendo por la pagina donde me había quedado.

David Álvarez
Grupo B


El cónclave

Se celebraría el cónclave del váter en la Mansión d´Olor.
En el salón de la estancia estaban ya dispuestos en círculo los veinte váteres para los asistentes y un trono central para el Mayor.
La celebración se desarrolla a través de una puesta en común dónde los participantes se relajan durante noventa minutos y permiten que su cuerpo actúe de manera independiente liberado de la coerción de la mente.
La misión de los Ponedores es conseguir depurar los intestinos y enriquecer la microbiota utilizando la técnica de los cruces fecales y así logran reforzar la inmunidad de la comunidad.
A la salida, la mente regresa a un cuerpo revitalizado por completo.

Antonia Oliva
Grupo B


Juego peligroso

Lo tenía decidido, había hecho venir a su amigo, el chapuzas, a casa, para que le cambiara el inodoro que había llegado a ser un problema, le confesó. Pero él sabía que era mucho más que eso. Era un caso claro de supervivencia.

Todo comenzó una mañana varias semanas después de acomodarse en la nueva casa. Se levantó y al entrar en el baño su mirada se detuvo en el váter. En el acto una corriente de aire polar recorrió todos los poros de su cuerpo quedando incapacitado para dar rienda suelta a la meada que pujaba por salir.

A raíz de este episodio sus visitas al váter se prodigaron sin motivo aparente. Sentía una atracción incomprensible hacia el W.C. Y más, cuando comenzaron las visiones donde el placer sexual se dilataba en el tiempo hasta alcanzar el éxtasis.

Esta práctica se prolongó durante meses en los cuales fue perdiendo peso, apetito y capacidad de concentración, incluso fortaleza física. Se decía a sí mismo que tenía que abandonar este juego peligroso que escapaba a su control. Sin embargo reincidía sin saber la causa de aquella atracción fatal que no atinaba a discernir. Asqueado por esta debilidad morbosa decidió pasar fuera de casa el mayor tiempo posible para evitar asomarse al pozo de sus miserias. Pateaba las calles sin rumbo hasta que agotado regresaba a casa, se tumbaba en la cama y candaba la puerta del dormitorio con llave. Era un miedo irracional el que sentía, y así mismo el poder que atribuía a aquella sanguijuela de roca que le devoraba las entrañas. Lo sentía en sus carnes.

El día en que tomó la decisión de sustituir aquel engendro del mal, se había mirado en el espejo sin reconocer la imagen que éste le devolvió. Era la sombra letal de sí mismo.

Miraba el reloj con impaciente espera, pues solo faltaban unas horas para que su amigo viniera y diera fin a aquel terror de saberse atrapado en el corredor de la muerte. Se quedó dormido con la esperanza de un mañana que relajara su espíritu atormentado.

Dos días después las noticias difundían el caso de un hombre que había sido hallado muerto en el dormitorio de su casa, cuya puerta mostraba un enorme boquete. Al parecer, cosa increíble, el finado había sido víctima de vampirismo, ya que en su cuerpo no fue hallada una gota de sangre.

Pepita Sánchez
Grupo B


Suceso en un cuarto de baño
Sucedió el día 1 de Enero.Recién empezado el Año Nuevo, solo habíamos gastado 15 horas. Nuestro protagonista, paso la mañana tranquila mente, disfrutando del concierto que todos los años retransmite T.V.E, desde Viena. Desayuno en pijama, la mañana era fría, lluviosa, día típico invernal. Pensó y se reafirmo diciéndolo en voz alta. (Hoy me quedo cómodamente en mi sillón), disfrutando del concierto, era algo que todos los años quería hacer, y no lo lograba.

Termina el concierto y comienza a sonar el teléfono. Todos sus familiares y amigos, están interesados por saber, donde va a comer ese día.

¿Que preocupación tiene todos estas fechas por saber donde voy a estar y con quien voy a comer ó cenar?.

Una vez satisfecha la curiosidad de sus preocupados amigos y familiares, decide que ya es hora de abandonar el sofá y hacer su ritual de limpieza.Pero hoy calcula mal y en lugar de sentarse en el bidé, para limpieza de sus zonas más intimas, zas se sienta en el suelo, rebote y golpe en la cabeza.trata de tranquilizarse, y mover sus brazos y piernas, parece que no hay ningún hueso roto,

ahora el problema es como levantarse,tiene poca agilidad, cuando pierde su estabilidad y se cae.Y hoy por ser día de Año Nuevo no va a ser diferente.Como puede logra ponerse de rodillas y buscando una buena sujeción, es el bidé que no le recibió el que ahora le sirve de ayuda para poder levantarse. Paradojas de la vida, logra terminar su arreglo personal, reza una oración en voz alta, quiere agradecer tener todos los huesos sin quebrar, y no haber tenido que salir de urgencia al hospital. Su deseo era estar hoy en casa, disfrutar de su sofá, y eso puede seguir haciéndolo, eso si con el cuerpo magullado y dolorido.

Josefa Agustín González
Grupo B


Comienzo en el váter
Es tarde y en este bar ya solo quedamos lo mejor de cada casa. Todos en parecido estado de embriaguez. El aire está denso y pesado, desde hace rato nos dejan fumar dentro, como antes. Estoy terminando la ultima copa, ¡esa copa!, la que sienta mal. Me cuesta enfocar. Me dirijo torpemente al servicio. Entro, y tengo que apoyar la mano en la pared. No hay nadie esperando pero las dos puertas estaban cerradas y se oyen murmullos. Voy hasta el lavabo para mojarme la cara, pero hay restos de la cena de alguien que no ha llegado al váter. Una arcada sube hasta mi garganta. Me apoyo en la pared y trato de concentrarme en respirar o yo también tendré que acudir al lavabo. Miro las dos puertas, continúan cerradas. De una me llega el sonido de un inspiración larga y profunda, alguien está consumiendo sus recursos para terminar bien la noche. Detrás de la otra no se oye nada, aguzo el oído y me llegan unos gemidos entrecortados, otros que están apurando su fin de fiesta. ¡Joder! ¡Necesito un retrete libre ya!.

Tambaleándome me voy al servicio de los chicos, quizás tenga más suerte. Al abrir la puerta me recibe un fuerte olor a orina acumulada, que ayuda a aumentar mis ganas de vomitar. Entro, haciendo chof chof, con mis zapatos nuevos sobre el liquido negruzco del suelo y una nueva arcada me acaricia la garganta. Veo una puerta entreabierta y me precipito hacia ella, la empujo fuerte, rebota en la pared y me da en la frente. El golpe no hace más que aumentar las ganas de meter la cabeza en esa taza de váter, donde vacío los treinta euros en copas que me he tomado esa noche. Ya con el estómago más calmado, veo por el rabillo del ojo izquierdo unas zapatillas y levanto la vista asustada hasta un chico pegado a la pared que me mira desconcertado. Me echo para atrás rápidamente. Debió retirarse precipitadamente porque todavía lleva la bragueta abierta. No hablamos, solo nos miramos, cuando llega a mi cara leo en sus ojos una señal de alarma mientras noto que un liquido espeso se desliza por mi frente. Me llevo la mano a la cara y ahogo un grito, estoy sangrando. Miro la sangre y al chico varias veces y siento que me flaquean las piernas. Él rompe el silencio.

- Tranquila- susurra.

Y yo, no sé por qué, me asusto mas. Y logro salir a trompicones del sucio retrete.

- Tranquila -repite ya fuera también-. Es solo un corte pequeño, no es grave.

Intenta alargar el brazo para tocarme y yo le doy un manotazo y un empujón. Estoy fuera de mi.

- Tranquila, soy médico.

Y esta vez sí surte efecto, le dejo acercarse, después de todo me ha visto vomitar, mirarlo con miedo, empujarlo y no ha salido huyendo de la loca del baño que es lo que debo parecer. Y es médico.

Noto que está rebuscando en mi bolso y me entra el pánico otra vez. ¡Quiere robarme!. Lo empujo lo más lejos de mí que puedo mientras él me enseña un paquete de klínex que me acaba de sacar del bolso.

- Solo quiero limpiarte la herida -vuelve a acercarse señalando visiblemente los pañuelos.

Decido ya dejar de portarme como una gilipollas y dejo que me pase el klínex húmedo por la herida, ya no sangra pero me duele.

- No es nada -dice al fin-. Ahora vamos a salir para que nos den un par de hielos para el golpe y me digas algo para que sepa que no eres muda. Me agarra del brazo y tira de mi hacia fuera.

- Oye, digo por fin, ¿ de verdad eres medico?

Él vuelve la cabeza y me contesta con una sarcástica sonrisa que también se ve en sus ojos.

Beatríz GorjónGrupo A


Baño espacial
Verás millones de estrellas
Dibujadas en el cielo nocturno,
Cuando todas las demás luces de nuestra nave espacial
Se hayan apagado.
Un montón de diminutos puntos recopilados en el cielo estelar.
A su paso, la nave espacial se abrirá camino entre miles de constelaciones.
Millones de meadas simétricas,
Que al tirar del inodoro
Flotarán miles y miles de kilómetros.
Es enorme, con revistero incluido
Para cuando el apuro nos llama.
Aún así cuesta empezar
Imagino que como todo lo que cueste estrenar.

Iria Costa
Grupo B

Más por menos

La última sesión del año 2107 la dedicamos a la minificción. Después de explicar algunas cuestiones relativas al género y de ofrecer una serie de claves leímos y comentamos algunos textos de la ficha como el prólogo bonsai que Clara Obligado hace en la antología Por favor, sea breve de la editorial Páginas de Espuma:




Pulidos como una sentencia, como una piedra devuelta por el mar, los relatos mínimos se asemejan a la fotografía, al haiku, al poema. Aunque parecen sencillos de escribir, su minúscula composición exige pericia, ingenio, un oficio impecable, economía, máxima tensión.
Es en los intersticios de la prosa donde fraguan su sentido, sólo en la relectura se encuentra el eco de su verdadera voz. Son vértigo, seducción, vislumbre; el lector debe rematar su efecto, entrar en un proceso de3leciado de lectura desentrañadora y reiterada. Y resumirlos en sumarles palabras.
Recorren todos los géneros, todas las técnicas; se apoyan en otros textos, tejen vínculos con otras formas: son juego, poema, sentencia, bestiario, chiste, novela, fábula y hasta aviso clasificado. Todo vale cuando se trata de ganar tiempo.
Hay en su espíritu de fragmento una rebelión contra la literatura convencional, y en su transgredir los tópicos una ironía sobre nuestra época. Así se alzan contra la verborragia, la avalancha informativa, la vacía superabundancia de nuestra cultura. Estas inflamaciones de lo breve son asalto poético, efecto instantáneo, golpe al mentón.
Ya los conocía el Oriente, donde recorren los siglos. En castellano los escribieron. Darío, Jiménez o Cortázar, y Borges editó la primera antología del género. A partir de Monterroso los encontró la crítica: hoy en día, quienes los practican saben ya que se juegan la vida en cada línea.
Los textos hiperbreves, relatos mínimos, ficciones súbitas, relatitos, textículos, ultracortos, microscópicos, bonsái o como quieran llamarse con el cada vez más difícil de la literatura, el viaje a la semilla, el salto sin red, la pulpa, el no va más de la brevedad. Y para terminar ya con esta larga presentación permítaseme una cita: la brevedad, como decían los clásicos, es la madre del ingenio.


Y paseamos también por esta breve antología de minificciones. Los textos están tomados de los libros La mano de la hormiga; Por favor, sea breve y Por favor, sea breve 2


Mi abuela

A mi abuela, en el pueblo, todos la llamaban loca cuando se ponía a decir:
-Yo vieron subir la luna y nos me duele el fondo de los ojos.
Ahora lo dicen mis hijos, y les dan cinco en literatura

Imeldo Álvarez


La montaña

El niño empezó a treparse por el corpachón de su padre, que estaba amodorrado en su butaca, en medio de la gran siesta, en medio del gran patio. Al sentirlo, el padre, sin abrir los ojos y sotorriéndose, se puso todo duro para ofrecer al juego del hijo una solidez de montaña. Y el niño lo fue escalando: se apoyaba en las estribaciones de las piernas, en el talud del pecho, en los brazos, en los hombros, inmóviles como rocas. Cuando llegó a la cima nevada de la cabeza, el niño no vio a nadie.
–¡Papá, papá! –llamó a punto de llorar.
Un viento frío soplaba allá en lo alto, y el niño, hundido en la nieve, quería caminar y no podía.
–Papá, papá!
El niño se echó a llorar, solo sobre el desolado pico de la montaña.

Enrique Anderson Imbert


Contiguos

Estaban tan acostumbrados a vivir juntos, a mirarse de cerca, que si se veían en la calle se turbaban.

Adolfo Bioy Casares


Lo real y lo imaginario: las trampas mito-lógicas

Un padre y una madre centauros contemplan a su hijo, que juguetea en una playa mediterránea. El padre se vuelve hacia la madre y le pregunta: ¿debemos decirle que solamente es un mito?

Kostas Axelos


El pozo

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.
Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en su interior. Este es un mundo como otro cualquiera, decía el mensaje.

Luis Mateo Díez


Historia fantástica

Contar la historia del día en que el fin del mundo se suspendió por mal tiempo.

Augusto Monterroso


El globo

Mientras subía y subía, el globo lloraba al ver que se le escapaba el niño.

Miguel Saiz Álvarez


Génesis

Contó los días. Eran siete.
En el primero, conectó los cables y dio luz a la casa.
El segundo día arregló el calefón y tuvo agua cliente y fría. Aprovechó el tercero para plantar flores en el jardín.
El cuarto, instaló luces con células fotoeléctricas en el parque que se encendían y se apagaban solas durante las cuatro estaciones. El quinto día fue al acuario, compró peces tropicales y los dejó en una gran pecera para que se reprodujeran. También llevó a la casa pájaros, gallos y gallinas. En el sexto, recogió un perro y una perra de la calle. Por la tarde, contrató a una mujer como sirvienta y al marido como jardinero.
El séptimo día despertó contento mirando la pecera, escuchando el canto de los gallos y los pájaros, mientras Eva le traía el desayuno a la cama y Adán cortaba el pasto del jardín.

Héctor Manuel Román


Despertar

Despertó cansado, como todo los días. Se sentía como si un tren le hubiese pasado por encima.
Abrió un ojo y no vio nada. Abrió el otro y vio las vías.

Norberto Costa


La carta 

Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.

Luis Mateo Díez


Numeración incorrecta

"Un día me compraré un caballo de éstos. Rosa y con alas", dice la niña y señala, en el libro abierto sobre sus muslos, la foto de un flamenco. El hombre, alentado por tanta inocencia, se quita la chaqueta, estrecha su acercanza y escarba los bordes de la hoja sesgada mientras le explica que alguien arrancó una página entre definición e imagen, que después del doce no viene el quince y que imagínate si Genghis Khan hubiera dominado Mongolia sobre un ave de tan frágiles patas. Como si la niña no supiera. Como si no apretara en su puño la hoja extirpada. Como si las cosas no pudieran ser de otra forma.

Isabel González


Cerramos esta entrada con el cuento de navidad de Auggie Wren, de Paul Auster. Es el final de la película Smoke. Este cuento puede servirnos de patrón para la tarea de escritura encomendada para las vacaciones.




Tarea de escritura:

Escribe un microrrelato sobre la Navidad. Procura evitar los tópicos.


Estos son algunos de los relatos recibidos hasta ahora:


Navidad negra

Abrió la ventana del salón, ya avanzada aquella noche de frío e insomnio.

Los vio trepar a la ventana de un piso frente al suyo, eran tres jóvenes que, entre risotadas, estaban rasgando la efigie en tela del Niño Jesús, prendida en la ventana de un primero donde sabía que vivía una anciana vecina.

Entrecerró la ventana obligado por el frío y el asco.

-Ja ja ja…¡Que carcas! -llegó a entreoír-, seguro que son fachas.

Su asco aumentaba mientras ellos culminaron su tarea nocturna tirando la tela al suelo… la impotencia le ahogaba mientras se alejaban los modernos sujetos.

Lo denunciaría, con pocas esperanzas porque ¿Qué habían roto aquellos bárbaros?.

Emilia González
Grupo B


Otra Navidad

Los días antes de Navidad, la terminal de “llegadas” del aeropuerto estaba colapsada de gente esperando los vuelos procedentes del extranjero. Miles de personas aguardan a sus seres queridos aparecer para abrazarlos después de un largo año. La misma imagen se repite en la terminal de “salidas” al final de la navidad, silencio y lágrimas en los ojos en las despedidas.

Luis Iglesias
Grupo B


Pastorcillo cuatro

Dicen que la práctica religiosa no hace mal a nadie, pero puedo demostrar con pruebas que eso no es cierto. Hace un año por estas fechas mi cuñado interpretaba el papel de pastorcillo cuatro en el belén viviente de su pueblo, con tan mala suerte que se le vino encima parte del decorado, causándole la muerte en el acto.

Poli Rubia
Grupo A


Cuento de navidad

Soy médico, un buen médico, aunque no he hecho carrera ni la haré –ya he cumplido los cincuenta y cinco-, no tengo don de gentes.

Me casé hace un año con una mujer mucho más joven que yo, hermosísima, hija única de una familia de tronío, realmente adorable. Se enamoró locamente de mí, nadie sabe por qué.

Mi suegra me odia con un refinamiento propio de un sicópata, y sé de lo que hablo. Mi mujer me pide paciencia, le tiene miedo. Ha venido a pasar las Navidades en casa. Ahora duerme en la habitación del niño, junto a la cuna, donde hemos instalado un sistema de vigilancia. Miro la pantalla del móvil. Una imagen nítida. El niño duerme plácidamente. Mi suegra está incorporada en su cama, le mira con una expresión horrible, alarga un brazo y se lleva la mano al pecho, gime. Tengo que actuar con la mayor celeridad, es cuestión de vida o muerte. Voy hacia el pasillo y encuentro a mi mujer junto a la puerta del bebé. Cojo los abrigos y la llevo al ascensor. Vamos a tomar una copa, tu madre está con el niño, tenemos la alarma en el móvil. Se deja llevar.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


Soneto a la Navidad

Qué bonitas que son las Navidades,
arbolitos y luces de colores,
el niño Dios, la vaca, los pastores,
y los hombres de buenas voluntades.

Suegras y bendiciones celestiales,
los niños destrozando los jarrones,
borracheras y broncas y tostones,
parientes y daños colaterales.

Pero aguantas carretas y camiones,
buscando de Cupido la morada,
acechando el mejor de los turrones.

Promesa de los reyes cabalgada,
entre brindis, sonrisas y achuchones,
Nochebuena feliz, con la cuñada.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


Sabor a Nochebuena

Siluetas de luz cuelgan sobre el asfalto. Encuentro de voces armonizan las calles; se felicitan y abrazan a lo largo de la noche. En casa, junto al calor, alimentos, diálogo y canciones acompañan al portal en una larga velada.

Sofía Montero García
Grupo B


Una Navidad imborrable


Oí ruidos y encendí la luz. Miré el reloj. Las siete en punto.
Bajé, sigiloso, las escaleras. De la sala de estar emergía una luminosidad intermitente. Empujé la puerta entreabierta. Mi padre colocaba los últimos adornos en el árbol.
“¡Feliz Navidad!”, me dijo. “Diles a mamá y a Jorge que bajen. Me gusta que desayunemos todos juntos”.
“Claro, papá”, contesté después de un minuto paralizado ante aquella escena.
Volví sobre mis pasos, subí las escaleras y, envuelto en una sensación extraña, observé las dos maletas, listas, al lado de la cama. Saqué las toallas de playa, bañadores, protectores solares…y los devolví a su sitio.
Me senté en el suelo y recordé: diez años ya que mamá se enamoró de otro hombre y nos abandonó. Mi hermano se había casado y cientos de kilómetros nos separaban. Hoy empezaban mis vacaciones estivales y prometí a papá que las disfrutaríamos juntos.
Cerré los ojos y comprendí entonces la fragilidad de la memoria y el poder del olvido.
Bajé de nuevo. Me acerqué a él, besé suave su frente y, haciendo un esfuerzo para evitar que la tristeza nublara mis ojos, le abracé: “Feliz Navidad, papá. Feliz Navidad. Te quiero. No lo olvides nunca, por favor, no lo olvides nunca.”

José Manuel Romero
Grupo A


Dulce navideño

Contemplo el Sol y la tierra llana,
espigas de trigo serán harina
cerdos descansando bajo la encina
toros y vacas color avellana.

Veo del almendro su flor temprana
la remolacha será azúcar fina
todo lo tengo ya en la cocina
colocado en platos de porcelana.

Leche, manteca y harina empalma
distribuyo la almendra a discreción
lo mezclo con amor y mucha calma.

Lo más parecido a la creación
toque de canela alegra el alma
el único, el inefable polvorón.

José Luis Juan Fonseca
Grupo A


Mi perrita Lola

Hoy me traen a Lola vestida con un trajecito de lana con la figura de Papá Nöel; se acerca, me huele,me reconoce y salta hacia mis rodillas demostrándome cariño y pidiendo una caricia que siempre recibe. Casi inmediatamente corre hacia la cocina donde tiene agua y comida, pero su comidita la rechaza e incluso la tira al suelo de un manotazo; entonces acude a mi me acaricia la pierna y me mira con cara de pena.
Lola ha conseguido lo que todos deseamos: casa, comida y cariño. Además es feliz al desconocer los peligros de comer grasa y sal, por lo que adora el paté.
He visto la película " La Gran Comilona" y tampoco quiero que muera de un atracón, pero de vez en cuando te daré, de vez en cuando Lola te daré paté, porque te requetechupeteas y porque eres feliz ignorando que te vas a morir.

José Luis Juan Fonseca
Grupo A


Montó en trineo

Navidades rodeada de blanco. Blanca nieve salpicada por pinos verdes, de vez en cuando algún trineo. Esa blancura la ponían las blancas sábanas, las blancas paredes, las blancas batas, los pinos verdes también batas, de cirujanos y enfermeras, los trineos las camas camino de realizar un TAC o al quirófano, los carros de curas, porque estas navidades las ha pasado en el hospital. Pero como era Navidad siempre había un hueco para la esperanza.

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


A veces, la Navidad pasa de largo

El pequeño viste pantalones desgastados, gorra, abrigo remendado, zapatos viejos, y un par de guantes por los que se escapan algunos dedos con sus uñas sucias.

A lo lejos, divisa la silueta de una dama. La envuelven luces de colores intermitentes. Se mueve al son de cancioncillas que le resultan familiares. Avanza rodeada de niños alegres y risueños que la jalean y le tienden sus manos.

Algunas madres cogen a sus hijos en brazos, los levantan a su paso y los acercan para que la gran dama los acaricie, bese y se funda en un abrazo.

Poco a poco, el pequeño ve cómo la distancia que lo separa de aquella silueta se acorta. Crece en él el ansia por tocarla, besarla y abrazarla como hacen los demás niños. Canturrea canciones oídas en labios de sus padres y abuelos; en su hogar, en días señalados. Es feliz.

Ante la proximidad de aquella figura que ahora se muestra en contornos perfectamente definidos, el pequeño rompe del todo la distancia, extiende sus brazos, intenta rozar su mano pero la gran dama, altiva, voltea la cabeza en ademán de desprecio, se inclina, abraza a un niño, acaricia el rostro de otro, se aleja y continúa su camino, triunfante, envuelta siempre en luces de colores intermitentes, al son de las mismas canciones, repartiendo sonrisas.

Entonces oye, susurrante, la voz de su madre: “la Navidad, ya sabes, es esa gran dama engalanada que pasa de largo delante de los niños pobres”.

José Manuel Romero
Grupo A


El regalo extraviado

Se le encendió la bombilla muy pronto este año. Tendría bastante tiempo para diseñar y personalizar su regalo. Con tiempo, se puso manos a la obra. Buscó fotos, pensó frases alejadas de los tópicos, compuso y descompuso escenas familiares. Sorteó con relativa facilidad los ataques tecnológicos, publicitarios, lo asediaban con ofertas que cambiaban de un día para otro. Estaba orgulloso de su resultado final.
El día que pulsó el intro para enviar su trabajo para que se lo imprimieran, sintió un gran escalofrío por todo su cuerpo, ¡lo había conseguido!.
Puntualmente fue informado del viaje de ida y vuelta de su regalo. Con tiempo suficiente, el regalo llegó a su destino. Recogido el paquete, nunca supo por quien. Después del largo viaje, se perdió entre los entresijos de la oficina.
En el momento de intercambiar los regalos, su regalo tan original se había esfumado como lo harán las hojas del calendario que con tanto mimo diseñó.

Antonio Castaño Moreno
Grupo A


Alfred

Juliette vivía sola en Arlés. Hacía un año que había puesto fin a una relación y aún no había superado las consecuencias. Una mañana el oncólogo la llamó para citarla. Le confirmaría la existencia de un tumor, a la vista del resultado de la última prueba concluyente realizada.
Al salir de la Clínica no quería más que llegar a casa y tumbarse a esperar a que su aliento dejara de fluir.
No podía serenar sus emociones. De repente, recordó un día en que jugaba con su hermano. Su Alfred querido, su hermano mayor adorado, modelo a imitar y protector, había logrado encontrar la pieza del cerebro extraviada.
Al acoplarla, una corriente luminosa se propagó por todo el muñeco y sonó una musiquilla lo cual Juliette celebró levantando las manos triunfal.
Esta imagen consiguió alejarla por unos minutos de la fatalidad. Acto seguido se incorporó y retomó su vida.

Antonia Oliva
Grupo B


Empatía

Es el día de Nochebuena por la tarde, pasea sin prisa, cenan en casa de sus cuñados. Le encanta la Navidad. Las calles están tan bonitas, ricos dulces tradicionales, villancicos, regalos debajo del árbol, cenas familiares, todos son buenos deseos y felicitaciones. Es como un paréntesis en el que paran los malos pensamientos y el corazón de la gente esta lleno de bondad. Una sonrisa asoma a sus labios sin querer. Ve una tienda abierta, mira el horario, aún quedan cinco minutos para que cierren, entra. Ya no hay clientes, solo las dependientas afanadas en colocar, que la miran con cansancio.

- Todavía está abierto, ¿verdad? - dice mientras desdobla un jersey.

Beatriz Gorjón Martín 
Grupo A


De Navidad el espíritu

Un espíritu inunda las calles de la ciudad cuando se acercan las fechas navideñas. Un espíritu de luces, de colores, de felicitaciones, de buenos deseos... Un espíritu de paz. Un espíritu de amor. Podría decirse que sobrevuela la tierra un ángel.

Un ángel que cae desde la altura cuando se detiene a mirar los caídos.

Mercedes González
Grupo A


El otro espíritu navideño

Un mal matemático se perdió entre los números y, habiendo comenzado diciembre contando con positivos enteros, se dejó llevar por el "espíritu navideño" porque todo invitaba a ello.

Ahora tararea esta compleja canción:

Es de mis males el colmo
de enero en el calendario
pedirle peras al olmo
contando en imaginarios.

Mercedes González
Grupo A


Navidad – Reencuentro

Desde que murieron mis padres, la navidad es diferente.
Yo traté de reproducirla con mi propia familia pero los tiempos, las costumbres, las personas y las percepciones cambian con el paso del tiempo o eso pensaba yo.
La palabra que más me sugería la Navidad era “el Reencuentro” viejos y nuevos amigos, amores, el preceptivo familiar que, aun siendo un clásico, no dejaba de tener sus peligros a medida que crecían los cuñados, espigaban los sobrinos, y envejecían los progenitores.
Pasados los años, sustituidos algunos cuñados, fallecidos incluso, algunos buenos amigos y antiguos amores, y aun con la alegría de ver la siguiente generación en los hijos de mis sobrinos, aun así, no fui consciente de lo que de joven me sugerían esas fechas, hasta que, mi única hija, no pudo-quiso, asistir a la cita esa Navidad. Casi no hubo fiesta para mi y solo su promesa de venir después de fin de año atemperó mi espíritu y me llevó a pensar que cualquier época es Navidad si hay esperanza y deseo en el Reencuentro.

Carlos García Riesco
Grupo A

Flor de azar

La sesión del lunes pasado ocurrió por casualidad, ¿o fue por causalidad? Entre estas disquisiciones nos movimos. Hablamos del azar, de la casualidad, de la búsqueda y de la serendipia. Y el tema dio de sí y de no.
Gracias a la serendipia, palabra que nos gusta, hoy disfrutamos de muchos avances científicos. La penicilina, la fotografía, el velcro... son solo algunos ejemplos de descubrimientos casuales. O quizá causales, pues son muchos los científicos que analizan pormenorizadamente las causas de las cosas y los efectos que producen esas causas. Y en esa búsqueda, y en esa forma de mirar, a veces salta la liebre y nos topamos con un gran hallazgo.

Nos acercamos a la casualidad de la mano del amor. Ay, esos amores a primera vista. O esos amores a los que perseguimos y se malogran de la forma más ridícula.
Buen cortometraje el que disfrutamos antes de pasar a los textos. Aquí lo dejamos, para disfrute del común. Su título "Convergentes". Su autor Alejandro Portaz.

Por cierto, una buena amiga tiene una bicicleta igual a la de la protagonista. Qué casualidad.





La casualidad es la semilla de la flor de azar, título que le dimos a la sesión.

Qué hermoso el texto de la Szymborska (versión Abel A. Murcia) en el que nos cuenta cómo es el "Amor a primera vista": 

Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.


También hablamos de la película "La casa Emak Bakia" de Óscar Alegría y de la importancia del azar y la búsqueda en el guión. Aquí puedes ver el trailer.

Leímos algunos textos como el de Eduardo Sáenz de Cabezón en el que se nos explica el origen de la palabra "serendipity", relacionada con la historia "Los tres príncipes de Serendip". Y también el poema "Seguro azar" de Pedro Salinas.


Propuesta de escritura:

Escribe un texto que gire en torno a las dos palabras que obtendrás al azar tras arrojar dos dados al tapete. Dichas palabras no tienen que aparecer solamente enunciadas sino que constituirán el núcleo del relato o el poema. 
Destácalas en negrita siempre que las menciones en tu texto.


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:


Efectos físicos de la química amargo-nostálgica

Al parecer, me había levantado con el pie cambiado, sin nada en la nevera, forzoso era salir a tomar algo fuera.
Una vez aseado, me decidí por una librería café, cercano a la casa en la que me hospedaba y que excitó mi curiosidad el día anterior. No había mucha gente y el aroma a café y chocolate, mezclado con el olor a libro viejonuevo, azuzó mi sensación de hambre.
No caí en la cuenta de que el chocolate que se me ofreció, como especialidad de la casa, era puro negro y al primer sorbo, sentí una ola de amargor que resbalaba por mi garganta, para alojarse en mi interior. No era esa mi expectativa y dude en anularlo y pedir otra cosa. Resolví tomarlo.
Momentos después y con el estómago protestando, decidí aventurarme por las repletas y tórridas calles de Cartagena de Indias.
Sin rumbo fijo, con la camisa como una húmeda, segunda, pegajosa piel y mi digestivo recordándome lo equivocado de ciertas decisiones, de repente, me encontré ante la muralla de la ciudad y supe, con certeza, adonde se dirigían mis pasos.
Subí la rampa hasta lo alto de la muralla encaminándome al Café del Mar y La busqué, con la emoción de la primera vez, anhelando que se materializara allí mismo. De repente, un océano de nostalgia me invadió, golpeando de forma inmisericorde mí atribulado espíritu y mi maltrecho cuerpo.
Los siguientes minutos, me dedique a deshacerme en disculpas y repartir algunas propinas, para que las empleadas del café, limpiaran las consecuencias de los efectos combinados del amargor del chocolate, la amargura de mis recuerdos y la nostalgia de su ausencia

Carlos García Riesco
Grupo A


Deseo

Esa tarde cuando llegue a su casa,toque como siempre el timbre, y pensé hoy preferiría que me ofreciera un café de cafetera express al consabido instantáneo.
Una densa niebla, había convertido lo que fue cálida mañana soleada de otoño, en una desapacible y gélida tarde, ambiente frío y rodeado de sombras.
Antes de que abriera la puerta de su domicilio,yo percibí ese rico aroma que desprende el café cuando bufa por la cafetera express, y sentí una sensación cálida, reconfortante.
Estaba cansado de su rapidez a la hora de prepararme el café.
Necesitaba un cambio.Me saluda con el rutinario beso de costumbre. Confío que mi deseo, sea no solo un aroma imaginado. Pueda saborearlo y disfrutar.

Pepa Agustín González
Grupo A


Ganar

Aquí estoy al lado de la chimenea, observando el fuego cargado de energía, calentita, abrigada, hipnotizada por su luz, por el movimiento de sus llamas.
Aquí estoy en silencio conmigo misma, con el único sonido del chisporroteo de la combustión de la leña.
Aquí estoy con los pensamientos que pasan por mi mente, uno de ellos es el recuerdo de un juego de cuando era pequeña: " caliente, caliente que te quemas”, su finalidad era quemarse porque significaba que habías ganado. Ahora de mayor me planteo que es más agradable y efectivo estar caliente porque, a veces, ganar es perder.

Luisa Sánchez Mayorga
Grupo A


Espeso y amargo

Qué amarga es la existencia
cuando la mente se congela
en la espesa arboleda
de encinas y cipreses
y se pierde entre la niebla.
Camino por el parque
con mi amarga pera,
aún sin madurar,
sobre mis espesos labios.
Mastico y saboreo
su amargo zumo
que hiere mi espeso caminar.
Amarga tristeza
merodea en mi sentir.
Sola, ante el paisaje,
libero el pensamiento
de espesas sensaciones
para volver a un dulce sueño.

Sofía Montero
Grupo B


Dale fuerte, hombre

Paseando por la ribera del Tormes, encontré un niño gritando; gritaba fuerte, a pleno pulmón. El niño se había encaprichado con no se qué, y su padre le contestó fuerte también: !cállate de una vez hombre!. El niño gritaba cada vez más fuerte y su padre le dio un azote, pero el niño no callaba.

Nos congregamos un grupo de hombres y animamos al padre: !dale fuerte hombre, dale fuerte! (en la cabeza para que no cojee dijo el gracioso de turno). El hombre le dio un azote fuerte y el niño se calló.

Nada como un azote fuerte, dijimos todos los hombres recordando los que habíamos recibido en nuestra infancia.

¿Nada como un azote fuerte para hacerte hombre?.

José Luis Juan Fonseca
Grupo A


¡Qué fuerte!

Caminaba deprisa el hombre del sombrero gris, cuando recibió un fuerte golpe sin saber de dónde le había venido. Pronto sintió un fuerte dolor en el costado, cayendo el pobre hombre al suelo. A pesar de ello, el hombre se hizo el fuerte.

Miró hacia arriba, topándose con su socio, un hombre atlético, de complexión fuerte, todo un tipo fuerte. Una escena muy fuerte, en la que el hombre tumbado tenía muy pocas posibilidades de salir airoso. A pesar de ello, se levantó, recogió el sombrero, confiando en su fuerte carácter, para enfrentarse a aquel hombre que lo había derribado con un fuerte gancho de boxeador experimentado.

Se hablaron muy fuerte los dos hombres, intentando convertir cada uno la calle en su fuerte inexpugnable. Se conocieron en un club de ciclismo, donde había que pedalear fuerte, para subir pendientes muy fuertes. Para el hombre del sombrero la informática era su fuerte, para el otro su fuerte eran las matemáticas. Pronto, su amistad se fue haciendo cada vez más fuerte, por lo que decidieron montar juntos un negocio de cambio, aprovechando que el euro estaba en aquel tiempo muy fuerte.

Aquella mañana de viento fuerte, el hombre atlético se dio cuenta que su socio había metido la mano en la caja fuerte.

-Es muy fuerte lo que me estás contando, dijo el hombre del sombrero.

Antonio Castaño Moreno
Grupo A


Soluble / Espeso

—Te he mandado llamar, Panoramix, porque el centurión Langelus necesita algo que solo tú le puedes proporcionar, la pócima mágica. No temas, druida, te garantizo que no habrá problema para los galos; nuestras guerras ahora son con otros pueblos. He venido expresamente de Roma...

Era en el campamento romano de Baborum. El senador, toga blanca de franjas púrpura y calceus negro, hablaba con una elocuencia de las de nada podérsele negar. Y que «ningún problema para los galos», repitió dando toda suerte de seguridades. Además Roma sería generosa; el senador mostró la henchida bolsa de cuero conteniendo los solidus de oro.

Llegados al acuerdo, hizo su entrada en la estancia el centurión, casco imperial, armadura segmentada, grebas y zapatos de suela pesada. El druida extrajo del interior de su blanca túnica los dos frascos y puso el de color negro en manos de Langelus.

—Entero, centurión, es muy espeso y huele a demonios, pero has de tomártelo hasta la última gota.

Parece mentira cómo a un recio centurión romano pueden venirle esas arcadas; hubo de agarrarse a la mesa para no caer al suelo.

—Muy bien, Langelus. Ahora, habrás de beber íntegro el contenido de este frasco verde. Se trata de hacer la pócima soluble para que pueda ser asimilada por tu organismo.

Aquí, todo cursó más en orden y transcurridos apenas dos minutos Langelus ya levantaba con solamente sus dedos índice y pulgar la pesada mesa de roble. Inflando pecho, la sonrisa no le cabía en el rostro. Una discreta seña al decurión a la puerta y este la pasó a un soldado que la esperaba, quien sin demora partió a lomos de caballo. Las órdenes eran esperar a Panoramix en el camino de regreso a la aldea; un mandoble certero y su cabeza rodaría por el suelo. La bolsa volvería al centurión y a él se le abonaría una sustanciosa suma; los sueldos en la Legio V Alaudae no eran precisamente generosos.

Panoramix apartó a un lado su barba de un blanco níveo procediendo a guardar las monedas al interior de su túnica. Con un ademán indicó a los romanos que tomaran asiento mientras él permanecía en pie y:

—Senador... centurión... os daré las últimas instrucciones. La poción mágica, la espesa, mantiene su efecto durante años y años. El brebaje del frasco verde tiene la virtud de hacer la pócima soluble como ya dije, pero ha de ser ingerido cada cuatro semanas pues en caso contrario la pócima solidifica y se transforma en un cuerpo extraño que crece y crece sin parar dentro del intestino. En el futuro a eso lo van a llamar cáncer. Pero ningún problema, yo estaré pendiente y cada sexto día de la luna me dirigiré al bosque de carnutes, cortaré el muérdago con la hoz de oro y enviaré un nuevo frasco al campamento. ¿Entendido?

—Entendido —repuso el senador.

Langelus, no pronunció palabra. Al centurión le había huido el color del rostro y le cubría una mortal palidez. Panoramix dio media vuelta y se dirigió a la puerta de la tienda con ese paso suyo tan mesurado, apenas un leve agitarse de la roja capa, ¿cuántos años podría tener? Se volvió a punto ya de salir.

—Centurión... siento mucho si en algo cambian tus planes. No temas por lo que a mí respecta, cada cuatro semanas enviaré sin falta un emisario con el nuevo frasco verde. Aunque no estaría de más, que fueras pidiendo a los dioses me concedan larga vida.

Y levantó su mano en alto.

—Valete, hijos de Roma.

Pascual Martín
Grupo B


“Una lágrima”

Hace tres días que no deja de pensar en ello: si le hubieran dicho que un simple “mordisquito” en el lóbulo de su oreja le iba a producir ese efecto instantáneo, no se lo hubiera creído. Pero el caso es que fue así, sin transición: llegó por detrás, sintió su cercanía, su olor, notó que se inclinaba hacia ella y – de repente – esa corriente que recorrió absolutamente todo su cuerpo cuando notó el roce de sus dientes en la oreja. Fue tan brutal y tan instantáneo que no pudo evitar que su cuerpo dejara escapar una lágrima de placer que – lentamente – fue resbalando entre sus muslos.

Javier Portilla 
Grupo A


Instantáneo- nostalgia

Lucho contra el recuerdo de ver esa instantánea sacada una tarde con tu Canon nueva que me lleva más allá del momento actual. Frente al mediterráneo,
Todo es triste, todo duda, todo es nostalgia sin ti.
La distancia me invade y por un segundo, mi café instantáneo, ya tibio, solo me evoca a la nostalgia de no tenerte cerca.
Es en este instante que me ocupa la añoranza de no sentirte más que este momento de distancia que no me devuelve ni me devolverá jamás ese tiempo, en cualquier instante me ataca la nostalgia de no saberte cerca nunca más. Salgo a la calle, otro día , otro día más sin tu presencia, y lo peor de todo es que no volverás,
Lo instantáneo de lo que siento, es fugaz, efímero, y la nostalgias que desatas en mí es todo un antagonismo, es eterno y no acabará, nunca.
La nostalgia me acompaña. Y como un juego del azar, instantáneamente se acaba apresurado dejando ese rastro de vacío con el que me encuentro cada día.
No volverás, por que en un solo instante perdiste la vida en una mañana fría. Yo aquí me quedo con la nostalgia que no será solo un momento, que me acompañara para siempre.
Volveré, a ese café instantáneo, que rápido se acaba pero me quedaré con la nostalgia eterna que aquel momento me produjo, y mirando la foto de aquel día, volveré a sentirme como siempre, sin ti.

Esther Yubero
Grupo A


La plantación

Ricardo contemplaba desde los amplios ventanales del salón su plantación de café. Sus guardaespaldas hacían guardia delante de su hogar. Sus trabajadores se dirigían en fila, disciplinados, hacia el cafetal. Ricardo fumaba compulsivamente. Cualquier persona adivinaría rápidamente que estaba muy nervioso. Se había quedado solo. Su mujer y sus hijos habían huido a Bogotá y él dudaba si lo mejor era seguir sus pasos.

La guerrilla nunca le perdonaría que hubiese entregado a los paramilitares una lista con los nombres de sus simpatizantes en el pueblo. En venganza alguien había colocado un artefacto explosivo en su coche. Por suerte para él el mecanismo falló y solo le hirió en una pierna. En ese momento iba solo en el coche y Ricardo no dejaba de preguntarse que podría haber pasado si hubiesen estado con él su mujer y sus hijos.

Ricardo apuró el cigarrillo mientras examinaba el rostro del guardia que estaba más cerca de la casa. Era un joven pulcramente vestido y del que no se fiaba. Estaba gastando todo el dinero que sacaba del café en gente en la que no confiaba.

No, aquello no podía continuar. Tenía que buscar a alguien que administrase sus propiedades.

Óscar Fernández
Grupo B


Caliente domingo divagando espesa

Hoy he despertado más tarde de lo habitual. Más tarde y algo espesa. No suelo levantarme tarde. Me encantan las primeras horas del día. Pero hoy no tengo ganas de salir de la cama, ¡está tan caliente!

Presto atención al sonido del viento tras la ventana y oigo cantar tímidamente a un pájaro ¡sólo uno!... Me acuerdo de que hoy tiene previsto hacernos una visita una chica ciclogénicamente explosiva que se llama Ana. Me levanto y me asomo a la ventana. El viento parece ser más leve a juzgar por el movimiento de los árboles, que lo que me había parecido por el sonido que hace al rebotar sobre las paredes del patio. Decido entonces que, puesto que el tren de Ana aún parece estar lejos de esta estación, saldré a recibirla con la esperanza de que su efusividad no me pille de lleno y desprevenida. Quizá la respuesta esté en el viento pero esa respuesta no quiero ser yo al salir volando y aterrizar quien sabe dónde... :)

Pero hay un importante y previo ritual con el que he de cumplir. Caliente, no espeso...

Luego me dirijo a la cocina. Allí me preparo un caliente y humeante café con leche y unas apetitosas tostadas a las que pongo mantequilla y mermelada, ambas espesas. Hay pequeños placeres en la vida por los que merece la pena vivir. Uno es sin duda, desayunar con la calma del domingo. Otro despertar al ritmo de tu propio biorritmo, léase sin despertador. Esto se lo he dicho a mi perra junto con la palabra "paseo" envuelta en alguna parte de la frase o del párrafo -ya no me acuerdo- con que la he obsequiado. A juzgar por su excitación, juraría que estaba de acuerdo conmigo. Es una cosa que me gusta de ella: no suele contradecirme. ¡Incluso me atrevería a afirmar que a veces incluso me quiere!... No sé, no estoy yo para meterme ahora mucho en el alma perruno...

Acompañada por mi expectante compañera, me he aseado y la he adornado a ella con ese arnés que con tanto anhelo espera que le ponga en la puerta. También luce un collar que, en solitario, se me antoja algo sobrio; máxime teniendo en cuenta que si sólo llevara éste, mi perra cual Scooby Doo podría hacerme sentir a mí rauda y volátil al más puro estilo de Shaggy.

Ambas hemos salido a la calle dispuestas a atravesar media ciudad de camino al río. La mañana espesa. El viento caliente para esta época del año.

Y he aquí otro de los placeres de los que una puede disfrutar en una mañana de domingo: ver cómo las calles despiertan, cómo se desperezan, cómo poco a poco se pueblan. Se coloca el pobre en la iglesia, en los bares se colocan las mesas, los turistas más tempraneros van tomando posiciones... Atravesar las calles del centro cuando aún no están tan espesas, ni tan calientes puede ser, pienso, para cualquier moderno zen una forma ideal de practicar la meditación. Ideal para abstraerse y dejarse llevar por el aquí y el ahora...

Ya bajo el puente, robusto y casi intacto tras tantos años, tantas idas y venidas, tantas sequías y crecidas; observo el agua cristalina que fluye no espesa. Ni caliente. También los colores de otoño, la catedral algo tristona, que tiene hoy de fondo unas grises pero no lo suficientemente espesas nubes, y los patos; espesos fuera del agua, ligeros navegando en ella... calientes dentro y fuera.

La perra olfatea y trota feliz. Y entonces pienso en tí. Mi mente vaga y de repente una espesa niebla la cruza, tornando en frío mi corazón caliente.

Ya en la tarde, el domingo discurre a su ritmo espeso y también caliente,(no en vano tengo la calefacción puesta).

Salgo a visitar a mi madre en esta tarde espesa antesala de un lunes que a priori, no sé si será caliente. La amiga Ana parece ahora estar más cerca. Sopla algo más fuerte -se ve que tiene buenos pulmones.

En el camino, no sé muy bien por qué, me acuerdo de mi hermano, de ese al que casi pierdo este año. Y ahora que no fumo, recuerdo aquellos enormes cigarros que nos preparábamos, cuando nuestra madre no estaba, con papel de estraza enrollado y que soltaban aquel humo tan espeso, allí, al amor de la lumbre tan caliente. He pensado que no me importaría ahora fumarme uno.

Volviendo a casa, se ve que Ana aparte de silbar, se debe estar duchando y no ha cerrado la mampara. Llueve.

Ya en casa, recuerdo casi por casualidad o causalidad que quizá debería escribir algo con dos palabras que casual o causalmente son caliente y espeso. Y me decido a dejarlas en estas líneas, convergentes... convergiendo.

Mercedes González
Grupo A


Soluble a la soledad

Manuel salió a pasear aquella tarde como de costumbre. Siempre iba solo y solo volvía, pues no era persona que se diera a compañerismos ni a citas horarias. Vivía solo, hablaba solo y mantenía su soledad bien alimentada. Allá donde iba procuraba no hacerse notar. Pasar de perfil ante el mundo era su objetivo. Cualquiera diría que se había hecho soluble al viejo proverbio que dice “el buey solo bien se lame”. Había nacido para vivir en comunidad y nunca soportó el estrés, ni el venga usted mañana, ni el chantaje del si tú me das yo te doy. “Demasiado honrado para una causa perdida” dijo el mundo. Pero él se hizo fuerte, soluble en sus principios y se refugió en su pueblo natal donde su retiro le permitía vivir imantado a una soledad de eremita.

Esa tarde, como queda dicho al principio, salió a caminar por el campo, le atraía su apacible silencio, su quietud, se sentía afín a la naturaleza porque sabía que él era soluble a la tierra y a ella se daría en su momento. Quiso el azar que se encontrara con el párroco del pueblo, hombre muy en su papel de conducir a su rebaño con buenos consejos, el cual le dijo “No es bueno que el hombre esté solo” a lo que él respondió. No estoy solo señor. No estoy solo porque no existo. Soy producto de su imaginación, una idea soluble a la mente de un escritor que en mí se recrea. Vea señor párroco la página siguiente: Fin

Pepita Sánchez 
Grupo B


Café solo

La ronca voz del camarero interrumpió mis pensamientos y me hizo volver a la realidad.

Qué va a ser, dos instantáneos descafeinados como siempre?

-No, hoy tomaré un café solo, gracias.

Me había sentado en la misma mesa de siempre. ¡Habían pasado tantas cosas alrededor de aquella mesa! Allí fue donde nos conocimos, donde surgieron las primeras caricias furtivas. En esa mesa creció nuestro amor hasta hacerse inmenso y en esa misma mesa recibí el sms que cambiaría para siempre mi vida: Lo siento Rubén, Adrián se ha suicidado, procura venir cuanto antes.

Poli Rubia
Grupo A


El hombre del café

Hace muchos años viví una temporada en París. No estaba bien, no acababa de reconciliarme conmigo misma por cosas que habia echado a perder, por las que no habia luchado lo suficiente. Y pensé que marcharme lejos ayudaría. No fue así.
Vivía en un apartamento muy cerca del Barrio de los Pintores, era pequeño y muy viejo pero lo compensaba con unas grandes ventanas por las que entraba una luz maravillosa desde primera hora del dia. Cada mañana salía a pasear y todos los dias terminaba en un café lejos ya del centro de Montmartre donde la afluencia de los turistas ya no era tan numerosa. Tenía terraza, apenas tres mesitas de madera con sillas a juego ya bastante gastadas por el tiempo. Si tenia suerte y habia alguna libre me quedaba allí, contemplando, durante horas incluso, como pasaba la gente. Gente feliz, gente triste, gente con prisa, turistas, autóctonos...
La mayoria de los dias fuera estaba ocupado y entraba dentro. Era mas bien oscuro, con uces amarillaas enfocadas hacia el techo lo que le daba un ambiente muy acogedor, suelos y techos de madera, escasa decoración en las paredes y las mismas sillas y mesas que fuera. Pedia un café espresso y leía un rato o escribia divagaciones en un pequeño cuaderno que llevaba siempre encima. Con el paso de los dias me di cuenta que habia un hombre sentado siempre en la misma mesa y que ya estaba allí cuando llegaba y allí seguía cuando me iba. Era un hombre de unos sesenta y cinco años, pelo blanco, gafas con montura de pasta marrón y siempre con un jersey gris de diferentes modelos. Estaba allí sentado y no hacía nada, simplemente miraba su café. Y así durante horas, sin moverse más que para levantar el brazo para que el camarero le trajera otro café o levantar la mirada para pillarme casi siempre mirándolo. Y así pasábamos las mañanas, él mirando su taza y yo mirándolo a él. Sabía que no estaba bien lo que hacía pero no podía evitarlo. Tenía una serenidad que me atraía, cuando su sus ojos se encontraban con los míos era como meterse en un mar azulísimo y totalmente en calma, yo quería quedarme allí para siempre. Su cara no mostraba ningún signo de que me viera pero en sus ojos si había una leve señal de reconocimiento. Nunca hablamos, ni siquiera nos sofreímos. Solo estábamos allí, los dos solos, compartiendo un espacio, él metido en sus pensamientos y yo disfrutando de la extraña tranquilidad que me daba mirarlo.
Un día llegué al café y no estaba, se habrá retrasado, pensé. Y me quedé en mi mesa, esperando que llegase, volviendo la cabeza cada vez que escuchaba abrirse la puerta, pero nunca era él. Volví al café día tras día pero ya nunca lo encontré, incluso le pregunté al camarero con mi deficiente francés pero lo único que conseguí fue un encogimiento de hombros.
Y me marché de París y aun ahora ,a veces, muchos años después pienso en el hombre del café y en la serenidad de su mirada azul.

Beatriz Gorjón Martín
Grupo A


Ni café ni chocolate espeso

Contemplaba un cielo lleno de negros y espesos nubarrones, los observaba llena de tristeza y dolor, porque no eran precursores de un chaparrón, esos chaparrones que lavan el ambiente, que empapan la tierra, a los que sigue un sereno cielo azul, ese negro espeso se debía a una gran explosión, en una fábrica de fertilizantes se había originado un incendio, un incendio provocado que había causado una decena de muertos y muchos heridos.

No se había recuperado de la impresión vivida, se encontraba en una zona próxima, había acudido a pasar la tarde al chalet de Marta, una buena tarde comenzando ante una taza de café, ¡vaya dilema a la hora de elegir el tipo de café! aquel día Marta había recibido un pedido de cápsulas de nespresso, ¡madre mía lo que había allí!, café ristreto, café arpeggio… Se le vino a la memoria el aroma del café que hacía la tía Luz, un café de puchero en el que se metía un tizón, café puro le llamaba ella, no pudo menos de decirle que prefería un chocolate espeso con unos buenos picatostes o un buen batido bien espeso. En ese momento coincidieron sus carcajadas con la primera explosión y no hubo café ni chocolate espeso.

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


A la enfermedad

Las últimas semanas
fueron terriblemente duras
Muchísimo dolor
se me concentró en la zona.

No sentía absolutamente nada
cuando iba al baño.
Era horrible.

Lágrimas, dolor, lágrimas y más lágrimas.

"Soy una chica fuerte-me dije"

Y lo era, hasta el médico me lo dijo
Pasaban los días, las horas, las semanas.
Y un buen día, viendo la TV, supuró, olía fatal.
y empezaron a brotar lágrimas de nuevo.
Tuve mucha suerte. Ese mismo día me operaron.
Pasé la noche en la UCI, le dije a mis padres que estaba bien.
Y el dolor había desaparecido.
Al día siguiente, ,me subieron a planta.
Empecé con las curas, más lágrimas.
"Soy fuerte"- me decía.
Demasiado fuerte - me decía mi voz.
Al quinto día, me dieron el alta.
A base de antibióticos y calmantes.
Es una triste historia que he querido
contar y no me ha pasado hace mucho.

Fue una gangrena de Fourlnier no una hemorroides como me dijeron al principio.

Iria Costa
Grupo B

La cárcel

El lunes pasado nos asomamos al interior de las cárceles para descubrir las historias que se esconden tras los barrotes.
Hablamos de Nelson Mandela, de Miguel Hernández y de Marcos Ana, seudónimo de Fernando Macarro, preso que más tiempo pasó en las cárceles franquistas.
Si hablamos de las cárceles fue para profundizar en la idea de libertad, una palabra que la mayoría disfrutamos a diario.

Sofía Jack nos enseña en su ilustración que la imagen de un preso, con atuendo típico, puede albergar en su sombra a una cebra.


Sofía Jack


Comentamos en poema de Miguel Hernández "Las cárceles":

I

Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo,
van por la tenebrosa vía de los juzgados:
buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen,
lo absorben, se lo tragan.

No se ve, que se escucha la pena de metal,
el sollozo del hierro que atropellan y escupen:
el llanto de la espada puesta sobre los jueces
de cemento fangoso.

Allí, bajo la cárcel, la fábrica del llanto,
el telar de la lágrima que no ha de ser estéril,
el casco de los odios y de las esperanzas,
fabrican, tejen, hunden.

Cuando están las perdices más roncas y acopladas,
y el azul amoroso de las fuerzas expansivas,
un hombre hace memoria de la luz, de la tierra,
húmedamente negro.

Se da contra las piedras la libertad, el día,
el paso galopante de un hombre, la cabeza,
la boca con espuma, con decisión de espuma,
la libertad, un hombre.

Un hombre que cosecha y arroja todo el viento
desde su corazón donde crece un plumaje:
un hombre que es el mismo dentro de cada frío,
de cada calabozo.

Un hombre que ha soñado con las aguas del mar,
y destroza sus alas como un rayo amarrado,
y estremece las rejas, y se clava los dientes
en los dientes del trueno.


II

Aquí no se pelea por un buey desmayado,
sino por un caballo que ve pudrir sus crines,
y siente sus galopes debajo de los cascos
pudrirse airadamente.

Limpiad el salivazo que lleva en la mejilla,
y desencadenad el corazón del mundo,
y detened las fauces de las voraces cárceles
donde el sol retrocede.

La libertad se pudre desplumada en la lengua
de quienes son sus siervos más que sus poseedores.
Romped esas cadenas, y las otras que escucho
detrás de esos esclavos.

Esos que sólo buscan abandonar su cárcel,
su rincón, su cadena, no la de los demás.
Y en cuanto lo consiguen, descienden pluma a pluma,
enmohecen, se arrastran.

Son los encadenados por siempre desde siempre.
Ser libre es una cosa que sólo un hombre sabe:
sólo el hombre que advierto dentro de esa mazmorra
como si yo estuviera.

Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.
Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma.
Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias:
no le atarás el alma.

Cadenas, sí: cadenas de sangre necesita.
Hierros venenosos, cálidos, sanguíneos eslabones,
nudos que no rechacen a los nudos siguientes
humanamente atados.

Un hombre aguarda dentro de un pozo sin remedio,
tenso, conmocionado, con la oreja aplicada.
Porque un pueblo ha gritado, ¡libertad!, vuela el cielo.
Y las cárceles vuelan.

Y leímos el texto que Francisco Sueiro publicó en la revista Barbacana con el título de "La cárcel":

La lluvia cae, como en todas las historias en que la tarde es gris. Llueve.
La lluvia cae, como los barrotes de la ventana. En la ventana hay barrotes, como en todas las cárceles. Unos barrotes negros que caen de arriba a abajo, o suben de abajo a arriba, depende por dónde se miren.
Si estás fuera de la cárcel ves unos barrotes negros, decorativos, característicos –puesto que no hay cárceles sin barrotes–.
Si estás dentro de la cárcel, te jodes.
Te jodes, porque estás preso, y como todos los presos, no puedes salir.
Te reúnes por las tardes –porque también hay tardes en las cárceles– y juegas al mus, al tute, y al dominó.
Decía que si estás dentro de la cárcel ves mejor los barrotes porque están más cerca.
Son unos barrotes negros, cilíndricos, que cruzan la ventana.
En verano, cuando el sol abrasa –como todos los veranos–, en el patio de la cárcel se juega al fútbol. También se toma el sol, y, si se tercia, un bocadillo. En la cárcel también hay bocadillos: los hay de queso, de salchichón y de un jamón atocinado, del que se cae la grasa derretida por el pan, por culpa del sol
–que es ardiente– y del jamón –que es grasiento–.
La vida del preso es una vida muy puta.
Bueno, quiero decir muy mala, porque no sé cómo es la vida de puta, porque nunca he sido puta.
Preso sí.
Si eres preso lo pasas muy mal. Es mentira eso que dicen, que a los presos les tienen como a reyes, con televisión y todo.
Si eres preso sólo ves la televisión un rato después de comer y otro rato antes de acostarte. Ser preso es algo así como ser niño pequeño: nunca te dejan hacer lo que tú quieres.
Si tiene mujer, puedes verla todos los días,
Pero si además de tener mujer eres preso, sólo puedes verla los domingos.
El domingo es el día más bonito en una cárcel.
Hay días soleados, cachondos, días de alegría y de placer.
Pero ninguno es como el domingo.
El domingo, si eres preso, te levantas como todos los días: con mucho cuidado y sentándote antes sobre la cama.
A las once y media, después de desayunar, –si has desayunado, si no antes– viene un cura viejo, muy majo, que es de un pueblo de Burgos y que hace unas misas muy bonitas.

A las doce es la misa en el patio de la cárcel. Entonces, los presos dejan de jugar al fútbol, por respeto, y porque no queda sitio en el patio.
Algunos oyen misa.
Otros no, porque no pueden –están sordos– y entonces sólo la ven.
Yo conozco a un preso que dice que es comunista y que no va a misa porque no le sale de los cojones.
Decía que dios es un invento, y que todos los que oyen misa son unos gilipollas.
Si eres preso y no eres comunista ni sordo, los domingos oyes misa en el patio de la cárcel.
Mi amigo el comunista, los domingos, nos invita a un puro. Los puros se los regala un tal Fidel Castro, que es una especia de santo que tiene colgado en la pared de su celda. Dice que vive –mi amigo no, el santo– en una isla que está rodeada de mar con agua caliente.
Yo no me lo creo. En la cárcel no hay mar. El agua caliente sale en un chorrito pequeño por las mañanas, cuando te levantas; aunque creo que también sale aunque te quedes en la cama.
Los domingos también tenemos reunión con el sicópata, que es un señor que ha estudiado mucho y que se reúne con nosotros y nos pregunta qué tal estamos y si tenemos algún problema.
Cuando le decimos que estaríamos mejor fuera, se ríe y pone cara de cabroncete. El sicópata es el que me ha dicho que tengo muy buen talante para escribir y que cuando salga me puedo dedicar a ser historiero.
No sé si algún día saldré de aquí.
En la cárcel todos los presos han hecho alguna burrada, pero somos muy buena gente.
A mí me encerraron paro matar de una pedrada a un camionero que no me dejaba pasar con el burro por el camino, porque tenía aparcado el camión.
Yo ya he dicho que podían hacer los camiones más delgados, y así cabríamos todos, pero no me han hecho caso.
Dice mi mujer que si me porto bien me soltarán antes.
Yo no sé si quiero salir de aquí…
Dicen que en el pueblo han hecho una mina muy grande, y que han escarbado todos los campos y que me han tirado la casa, y que ahora mi mujer vive con su hermana.
Ayer me dijeron que al burro lo ha pillado un tráiler y que lo ha matado –el tráiler al burro–.
No, yo no sé si quiero salir de aquí.


Propuesta de escritura

1. Escribe un telegrama, o una carta, desde la prisión. Puedes dirigirla a alguien que le preste oídos y voz.
2. Escribe un texto libre -valga la redundancia- sobre la libertad


Y estos son algunos de los trabajos recibidos hasta ahora:



Libertad aprisionada

Rostro amanecido
vive entre barrotes,
acaricia el pensamiento
con nuevas sensaciones.
La noche ciñe su manto,
habita en la celda aprisionada.
Palabras congeladas
que oprimen sentimientos
fermentan en su piel.
Justicia y libertad
invaden un espacio,
roto de emociones.
La angustia florece
con pétalos rasgados
que gritan a la vida.
Amarga realidad
vivida en el presente.

Sofía Montero
Grupo B


Navidades

Señor juez:

Yo no celebraré la Navidad este año. No la celebraré al modo tradicional, quiero decir. Pero no le remuerda la conciencia, señoría, se está relativamente bien aquí dentro. Aunque hay de todo, suele reinar la camaradería entre los reclusos, y en cuanto a la relación con los guardianes, tampoco hay queja; ahora incluso nos dicen internos y nosotros a ellos funcionarios.
Repito, por mí no le remuerda la conciencia. Otra cosa es cómo pueda sentirse su señoría por saber fuera y en libertad, al verdadero asesino, su hijo.
Con todos mis respetos. ¡Feliz Navidad!

Inocencio Pardal

Pascual Martín
Grupo B


La cárcel es mi casa

Han pasado cuarenta años desde que entré por primera vez en una cárcel y me parece que fue ayer. Todo empezó con unirme a malas compañías que me convencieron como ganar dinero fácil. Atracos a oficinas bancarias con apenas medidas de seguridad, hizo que viviera un tiempo sin trabajar, pero el dinero se acaba y hay que volver a delinquir, hasta que un día te pillan y acabas en prisión.

Aquí empezó mi calvario de todos estos años, conocí distintas cárceles, gente de todo tipo, revueltas en prisión, y cada vez que terminaba una condena, salía y al poco tiempo, volvía a entrar, las amistades desaparecen, la familia te va olvidando y eres como alguien que tiene la lepra, molestas en todos los sitios, estás desubicado en la sociedad.

Los años pasan muy deprisa y eres mayor para todo, la ilusión es algo que desaparece y no ves nada que te haga más feliz que volver a la cárcel, donde ya tienes un sitio, casi hasta te respetan los más jóvenes.

Es triste y doloroso pensarlo, pero donde me encuentro más a gusto es dentro de la cárcel.

Luis Iglesias
Grupo B


Mi hogar

Aquellos días los recuerdo como los peores de mi corta vida.

Estaba dentro de una unidad penitenciaria. No colaboraba con nada ni con nadie, esperaba juicio pero sin esperanzas, tengo que reconocer que la primera vez que me dieron alas estaba esperando volver a las andadas, y así fue, (mi familia confiaba en mí más que yo) así que otra vez me encontré allí dentro pasándolo mal. Pero después de un tiempo dentro te encuentras mejor cada vez, hasta adquieres una vida social completa al crear contactos con los que preparar el próximo delito compartido, que siempre da más ánimos y así, se fueron acumulando condena tras condena, a fuerza de reincidencias, eso se convirtió en mi nuevo capitulo, ya jugaba entre dos ligas. Pero mientras los años pasaban yo, de alguna manera fui cambiando y las condenas cumpliéndose.

22 años estuve así que me sirvieron para limpiar mi cuerpo del maldito veneno que me internó, y no sé como, de repente me convertí en un buen chico, deseoso de que pasara rápido el tiempo para por fin disfrutar de todo lo que existe fuera de este mundo que yo conocía .

Y llego ese día: estaba tan contento que lloraba ante la más mínima expresión de afecto por parte de mi familia, la que siempre fue un gran apoyo para mí. Aún así, Tardé poco en darme cuenta de que no sabía a que dedicar ese tiempo y esos paseos que antes no tenía. Mi mente me alertaba ante cualquier persona susceptible de ser atracada pero luchando conmigo mismo dejaba pasar esas oportunidades, para no defraudar a nadie.

Tardé poco en darme cuenta de que no sabía a que dedicar ese tiempo y esos paseos que antes no tenía. Mi mente me alertaba ante cualquier persona susceptible de ser atracada pero luchando conmigo mismo dejaba pasar esas oportunidades, para no defraudar a nadie.

Hasta que ocurrió algo en mi anodina vida: Me encontré con uno de esos amigos que dejas por el camino, uno de esos que comía pipas conmigo en el banco del parque del barrio, él, había pasado episodios muy similares a los míos, celebramos el encuentro con cervezas, pero eso fue al principio, después no sé muy bien que pasó, solo se que amanecí de nuevo a disposición judicial, y de ahí, otra vez dentro, esta vez fue muy diferente, estaba bien, era como mi casa, estaba cómodo a base de años de ocupar ese papel y conocía al dedillo oportunidades y vida carcelaria pero aquella jugarreta también acabó, y la condicional se me otorgó en poco tiempo.

Otra vez fuera, otra vez siendo menos y no sabiendo ni siquiera como usar el mando de la TDT o un móvil, un simple móvil que mis hermanos se empeñaron en regalarme.

Cogí el coche de mis padres aunque no tengo carné para hacerlo y pasé a toda velocidad por un control policial, no tenia nada que perder así que no me detuve y me di a la fuga provocando una persecución que acabó como no, en detención, y de nuevo regresé, a mi hogar, al que yo creía mi hogar.

Ingresé en un programa de reinserción social que me gustaba y pude conocer a gente nueva, diferente, aunque con vidas paralelas a la mía, en poco tiempo un juez me concedió el tercer grado.

Esta vez, a través de ese móvil descubrí un mundo nuevo, conocí gente por Chat, y además podía ser quien quisiera y tener el pasado que yo creyera oportuno con cada nuevo colega de Chat y aprovechándome de esta nueva herramienta inventé una nueva vida nada parecida a la realidad, jugué a ser otro, me sentía importante, aunque como estas cosas nunca acaban bien, llegue a tener sentimientos nuevos por alguien a quien sin pretenderlo hice mucho daño, volví a sentirme pequeño, creo que nunca había hecho tanto daño a nadie en mi vida como le causé a ella. Aquello acabó como era de esperar, no quería volver a chatear con nadie jamás en mi vida, sin eso, ¿Qué otra cosa podía hacer?

Estaba tan perdido y desesperanzado que me pareció que lo más coherente en mi situación era armar otra fechoría para regresar, esta vez en cambio, algo en mí había cambiado y decidí que seria cosa mía y que yo ya no podría volver a hacer daño a nadie.

Ideé un plan, un entupido plan, yo solo, fui, a coger la piedra más grande que encontré en los jardines del parque y fui caminando con ella en las manos hasta el centro. Calle peatonal y en la penumbra de la noche directamente me dirigía al escaparate de la joyería más prestigiosa de la ciudad y con todas mis fuerzas lancé el improvisado proyectil contra él. El escaparate pareció no haber sufrido impacto alguno, ni se movió, pero un montón de luces centelleantes parpadeaban frenéticas en el interior y supe que solo tenía que esperar a la patrulla para llevarme de nuevo a mi hogar.

Intento de robo con fuerza, no estaba mal, o eso creía yo, lo hice, me senté en el suelo hasta que en apenas 3 minutos mas tarde aparecieron; las cosas no salieron como las esperaba, lo primero que vi fue a Alfredo bajarse del coche oficial sonriendo. El policía que tantas veces me había esposado en mis traslados al juzgado o directamente desde el lugar de autos me conocía bien y se había convertido en algo parecido a un colega de corredurías por la vida.

Ese día Alfredo sonreía y me miraba con ojos pícaros, era raro y la imagen podía resultar hasta cómica, yo allí, solo, esperando, sin apenas una bolsa o mochila para guardar mi supuesto botín, simplemente esperando a que me detuvieran. Alfredo me dijo: que estas haciendo chico, valora lo que tienes, vete a casa, vete con tu familia y tu nueva vida, con esta tontería de la piedra y con tu actitud haré un informe favorable y esta vez no te servirá de nada.

Su compañero escuchaba divertido, no lo conocía, debía ser un novato.

Alfredo seguía soltándome su verbal reprimenda, charla que no olvidaré: disfruta de lo que tienes y pasa pagina, no hagas más tonterías, tu casa y tu vida están aquí afuera ahora, el sitio donde siempre debiste estar. Tienes salud y aún algo de la juventud que los barrotes te quitaron, vete a casa hijo, conoces a mas de 400 hombres que matarían por escuchar esa frase, “vete a casa”

Tras la perorata y comprender en verdad la estupidez fallida que acababa de protagonizar, y a falta de más ideas absurdas y descabelladas, regresé a casa, abracé a mi madre y me puse a llorar.

Ahora lucho como todos por ser feliz, tengo amigos nuevos, una casa donde me espera mi chica, un ramillete de hermanos encantadores que me adoran, y sobre todo... Tengo un móvil.

Gracias Alfredo

Esther Yubero
Grupo A


La libertad

“La libertad, amigo Sancho es uno de los mas altos dones que a los hombres dieron los cielos”.

Es obvio que Cervantes disfrutó, aún entre rejas, pues padeció años de prisión en los Baños de Argel, Sevilla…Terribles estancias de los barrotes.

Su alma libre, capaz de parir parte del Quijote entre esas rejas, hace que sus héroes respiren la libertad de los caminos y de la naturaleza y alimenten así su verdadero ser como El Quijote o la pastora Marcela, defensora de su propia libertad y abogada defensora del resto de las mujeres…

Es proverbial la liberación de los galeotes al verlos presos en santo error

Es obvio que como sus personajes citados, no solo necesitaba liberarse de cadenas pues la sociedad de su tiempo propició su fracaso y ahogo vital

Quizá los hombres de nuestro siglo, esclavos de los móviles y de esas cadenas

poderosas e invisibles de eso que se llama lo “ políticamente correcto”, no detectemos otras formas de ahogo el alma entre redes invisibles n troquelando los espíritus a un móvil pegados, uniformemente explotados por la publicidad. quizá da miedo reivindicar ese valor esencial de la libertad porque da miedo la soledad que conlleva el exilo interior

Nos tememos que las ventajas evidentes que suponen las redes sociales obvian los valores esenciales por automatismos tecnológicos que han matado

la capacidad crítica. Ojalá los jóvenes nos hagan recuperar con anhelo cervantino la verdadera libertad, empresa difícil, a fe…

Mientras tanto la lectura de lecturas esenciales, podría ayudarlos.

Emilia González
Grupo B


En la cárcel

Poeta Octavio Paz:

Estimado poeta Octavio Paz le escribo esta carta desde las celdas de esta cárcel , le voy a expresar en estas líneas como ha sido mi vida aquí desde que llegue en total sinceridad mi vida es un infierno tener que convivir con gente que no estoy augusto , le voy a contar como llegue aquí le cuento por culpa del que creí que era mi amigo estoy metido en la cárcel el me tendió una trampa todavía recuerdo el día que le dije que me gustaba una chica al que consideraba que era mi amigo también le gustaba la misma chica , cuanto me arrepiento de haberle hecho ese favor al que consideraba que era mi amigo fue en el aeropuerto de Barajas cuando veníamos de viaje antes de embarcar en el aeropuerto me dijo que si le podía guardar cocaína en la maleta yo le dije que no , minutos de llegar a la sala de embargue me pito la maleta llena de cocaína , intente demostrar que la cocaína no era mía a raíz de eso me condenaron por unos veinte años llevo de condena unos diez años espero que con estas líneas usted pueda entender mi situación y me pueda ayudar , le saludo atentamente.

David Álvarez
Grupo B


Pequeño amigo

Pequeño amigo: dolorosamente alegre me despido. Mañana, cuando vuelvas a posarte en mis barrotes, mi alma habrá volado al infinito. Antes de mi adiós definitivo, permíteme agradecer el preciado regalo de tu visita diaria.

Gracias por cada vuelo que te trajo hasta mi celda, juguetón y juvenil primero, severo y más pesado ahora. Tu compañía fue recreo en las interminables horas de soledad entre estos muros.

Alentaste mi existencia con tus trinos, y en tu voz cantarina hallé consuelo al abrumador castigo del silencio

Por ti supe que hay un sol que luce más allá de la angustiosa penumbra que me envuelve.

Mañana seré libre, pero dime: ¿qué se siente al cruzar el cielo entre las nubes?. ¿Cómo es el piar de tus polluelos?. ¿y el calor del cariño de tu amada? ¿Y dónde duele el dolor de las ausencias?. Demasiadas preguntas para hacerte, aunque… hace tanto que me veo en este estado, que he olvidado si vivo muerto o solamente sueño.

Dolorosamente alegre me despido, mi pequeño compañero de la vida. Mañana a tu llegada estaré libre. El carcelero me ha dicho que esta noche, otra bestia a la cual llaman verdugo, hará justicia cumpliendo la sentencia, que tranquilizará el dormir de muchas gentes. Acallarán como puedan sus conciencias, hasta olvidar que han matado a un inocente.

Pequeño amigo: a nadie tengo para dar mi nada. Me van a regalar la muerte, sin que estos letrados ignorantes sepan que no hacen más que liberar mi alma. Cruzará también el cielo entre las nubes y en alguna encontrará acomodo. Si la encuentras, tal vez sea gorrión como tú eres. Tómalo y llévalo contigo a descubrir qué se siente siendo libre.

Evaristo Hernández
Grupo B


Libertad

Miedos que son prisiones.
Cárceles de cristal,
con angustias que te arrastran,
con mentiras sin piedad.
Esa marcha inconsciente,
esa conciencia vital .
Ese confort que te atrapa
y no te deja avanzar.
Ese entrar en el todo
y no poderlo alcanzar.

Libertad...
Acógeme en tu seno,
hazme en tu pecho vibrar,
que vibrando en pecho ajeno
me sienta con libertad.
Límpiame las heridas,
hazme reír y llorar,
para poder algún día
amar y dejarme amar.

Luisa Mayorga
Grupo A


Carta desde la prisión

Señor Director:
Me dirijo a usted, con plena confianza de que estudiara está petición.
Hoy es lunes y añoro mis talleres de escritura, que cuando era libre podía acudir y suponían un gran estímulo para mi.
Creo que poder realizar esa actividad aquí en la cárcel,ayudaría a un grupo de presos, que se está interesado en poder acudir a ese taller.
Le saluda atentamente.Eugenio,he perdido temporalmente mi libertad, pero no, mi deseo de seguir con mis BUENAS costumbres.
Agradezco la atención que está dedicando a esta carta y confío sea posible y afectivo darle el seguimiento oportuno y favorable para mí y un BUEN grupo de presos.

Desde mi celda, un sincero saludo.Eugenio.

Pepa Agustín González
Grupo B


Sr. Ministro (Telegrama desde la cárcel)

Estar preso por haber dicho lo que pienso no ha rebajado para nada mi listón personal. Estoy comprobando en mis carnes la sentencia de D. Quijote “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos…” Sin libertad no hay educación, sin educación no conseguiremos ciudadanos libres. Privado de libertad física, sigo creciendo como persona, aumentando mi compromiso para defender la libertad de pensamiento. De rejas para dentro, la oscuridad, la sinrazón, todo lo invaden, pero detrás de los barrotes, el pequeño resquicio de cielo azul que se cuela, riega mis ansias de libertad. Llenando cárceles y vaciando aulas, solo conseguirá atormentar, torturar, reprimir, llenar de sufrimiento a muchas personas, pero no conseguirá formatear mi personalidad.

Antonio Castaño Moreno
Grupo A


Carta desde la cárcel a un amigo imaginario

"Mi querido amigo:

Me ha sido muy grato recibir tu carta interesándote por mi situación. Y agradezco mucho tener a través de ti noticias del exterior. Me alegra mucho saber que estás bien.

En cuanto a mí, he de decirte que atrás han quedado los primeros tiempos en esta prisión. Atrás los primeros miedos, las primeras incertidumbres, los primeros llantos y los insomnios primeros.

Todo ello ahora se me antoja lejano con el transcurrir del tiempo. Pues a pesar de que el tiempo transcurrido desde que estoy aquí, no es mucho, sí ha sido en mi dolor, casi eterno.

No es tan relevante para mí todo lo acontecido, como la amargura del encierro. Y nada como la profunda angustia, me ha hecho llegar tan lejos. Entre los muros de esta cárcel, nada me es propio y, sin embargo, nada me es ajeno. Comienzo a intuir quien soy y sólo al dolor se lo debo. Aquí mi amor es más grande porque, entre los muros, siento más intensamente.

En mi imaginación, un inalcanzable cuadrado azul puede ser un inmenso cielo.

El ínfimo conjunto de estrellas que se asoman a través de la ventana de mi celda, se me antojan el gran universo. Las miro y, gracias a ellas, viajo al más apartado de los astros. Ya no me compadezco.

Dejo transcurrir el día con sus ruidos, sus tareas, rutinas y devaneos. Es la noche a la que aspiro, porque en ella libertad encuentro. Hago abstracción del ruido: me sumerjo en el silencio. En ella, la imaginación extiende sus alas y me hace libre como el viento.

Es en la noche cuando el horizonte se amplía hasta el infinito traspasando todos los muros, todos los hombres, todas las cadenas... y el alma vuela libre. ¿Quién o qué puede encerrar un alma?

Dirás que he perdido el juicio si te confieso que a veces, entre las cuatro paredes de mi celda, me ha parecido vislumbrar la más absoluta libertad.

Luego viene el sueño tras los sueños - siempre es útil soñar- que me ayuda a hacer más llevadera la, a veces, inevitable tristeza.

Como ves, en esta tiránica soledad, he encontrado bondades.

Un simple rayo de sol incidiendo en la pared al amanecer, el canto casual de un pájaro, una bandada de estos cruzando el cielo del patio o una mariposa blanca que se cruza en mi camino al mediodía; puede ser un gran acontecimiento para mí. Incluso a veces, las interpreto como maravillosas señales, porque siendo la vida tan triste y compleja, estos pequeños matices son todo un acto de amor.

En los momentos de debilidad en que el dolor por las ausencias trata de cegarme, me aferro a esos breves pero grandes momentos. Ellos me ayudan a no dejarme vencer por la desesperanza.

En este lugar sombrío están presentes todos los vicios. También todas las virtudes. Todo cuanto a nivel humano, acontece fuera, acontece aquí dentro.. Así, al lado de la tiranía, la hipocresía, la traición o el odio; he podido contemplar la compasión, la sinceridad, la lealtad y el amor. Al lado de la maldad, la bondad.

He aprendido a limitar mis deseos y mis aspiraciones, de tal suerte que cualquier acontecimiento alegre puede parecerme un enorme regalo. No sólo he experimentado entre estos muros las más altas cotas de sufrimiento, también he sentido un agradecimiento profundo por los detalles pequeños, por los alegres momentos...

Aún mantengo cierto orgullo. Mi amor propio que no me ha abandonado hasta ahora, no me ha permitido sumergirme en el lodo, no me ha dejado hundirme por completo.

De alguna manera, algo he ganado con esto. Puedo en ocasiones consolarme, aferrándome a la idea de que tal vez nada sea perdido: si ninguna llave puede encerrar un alma; tras los tiempos de dolor y oscuridad, quizá sólo pueda brillar la alegría.

Desde aquí salgan a través de esta carta mis mejores deseos para tí.

Un abrazo muy fuerte."

Mercedes González
Grupo A


La cárcel

¡Qué difícil es ponerse ante un folio en blanco para escribir de un tema en el que nunca se ha pensado y del que no hay vivencias ni experiencias personales! Para hacerlo hay que recurrir a conocer y oír a quienes sí conocen ese mundo, esa vida, allí han dejado parte de ella, o la han dejado, pero en ningún caso ha sido una vida estéril, nos han dejado el legado de su paso por allí, por la cárcel.
Pienso en los miles, millones anónimos, unos, pobres maleantes que una cadena de circunstancias y otros, crueles asesinos, les ha llevado allí, pero no son esos, en los que pienso ahora sino en aquellos que sus ideas de uno u otro índole les ha privado de libertad, de vivir, a los que quiero recordar, esos que a pesar de los horrores sufridos, han sido capaces de encontrar allí inspiración y nos han dejado su pensamiento, su obra.
Me pongo a hacer un repaso y encuentro a personajes de todo tipo: S. Pablo, Tomás Moro, Fray Luis de León, S. Juan de la Cruz, Cervantes, de ella ha escrito “Donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido tiene su habitación”, Quevedo, Dostoieski, Solzhenitsyn, Miguel Hernández, Marcos Ana…
Todos ellos con sus ideas jugaron un papel muy activo, en su momento, en el aspecto político, o en el religioso, y esas ideas, sus ideales, su verdad, su concepto de justicia, de compromiso les llevó a la cárcel y en algunos casos a la muerte y fueron fieles a ellas.
Para todos ellos, por su ejemplo y su obra, ¡gracias!

Inés Izquierdo Pérez
Grupo A


La cárcel

Aunque veo el azul del cielo solo a través de los barrotes sucios y fuertes de la celda que ocupo, no me siento preso. Vuelo. Tu recuerdo me pone alas para sentirme libre.

Ramón Sánchez Rodríguez
Grupo B


La cárcel 

Nadie nunca podrá negar que aunque amordacen la voz de un ser vivo exento de libertad, su lucha no cesa. Si hasta un vegetal se retuerce en su tallo para enmendar el sometimiento.

Mi vida vale lo que valen mis ideales, yo soy mis ideales, vivo en ellos y aquí, en la privación absoluta, son todo mi yo. Querrían borrarlos pero los barrotes no los pueden socavar, los retienen frescos en la bruma y, en ocasiones te permiten arrojar palomas de papel que puede que lleguen tan lejos cómo nunca imaginaras. Pero tu no lo sabrás, te conocerán y el tiempo hará justicia a los puños cerrados y dislocados por la fuerza, pero eso tu no lo sabrás por que ocurrirá cuando ya hayas muerto.

Las rayas y la sal son las cicatrices que quedan en la piel de la celda por cada día de ida a ninguna parte con la losa del tiempo transcurrido sobre los hombros sin abrazo alguno. Las paralelas dan una perspectiva del mundo de color cada día más alejada, son el telescopio que te acerca aquello que se distancia y te cambia la percepción que hace empequeñecer los recuerdos que guardas en una cajita dorada donde albergas además los sueños que morirán contigo y se enterrará junto a ti.

¡Quien va a restituir las pupilas derretidas, desfondadas de paisaje, rellenar las cuencas y esculpir el horizonte opaco de un zombie!. Nadie nunca lo ha logrado.

Antonia Oliva
Grupo B


Carta de una mujer fiel

Madrid 25/11/2017

A su Majestad el Rey:

Hallándome presa en la cárcel, me dirijo a Su Majestad para ponerle al corriente de mi situación. Mi nombre es Justa Concausa, natural de Salamanca y tengo cuarenta y cinco años. Llevo dos entre rejas tras ser declarada culpable de matar a mi esposo. Me condenaron a veinte años de prisión y es por ello que hoy me encuentro privada de libertad. El hombre con el que me casé era influyente y poderoso, siempre encantador en el escaparate social, pero un maltratador en potencia tras el matrimonio. Huelga decir que era un cobarde con un acusado sentido de inferioridad masculina que le superaba. Era como un ladrón que roba a viejecitas indefensas porque el resto de la humanidad le viene grande. Con esto quiero decirle que precisaba apalearme, vejarme, herirme sicológica y físicamente para aliviar su decrépito ego que cada día le exigía más. Esto sucedió durante diez largos y traumáticos años sirviéndose de la amenaza de estas palabras: “Lo que pasa en el dormitorio se queda en el dormitorio”. Viendo que se me escapaba la vida decidí que tenía que luchar. De morir o vivir hice mi causa.

Aquella tarde llegó temprano. Fue entrar en el dormitorio y ver el vestido sobre la cama denunciando mi salida, lo que provocó su ira. Se dirigió al armario y cogiendo el palo de golf que utilizaba para golpearme, vino hacia mí. Entonces mi mano se deslizó bajo la cama hasta asir el atizador de la chimenea que previamente había escondido. No llegué a utilizarlo porque el maltratador tropezó con la alfombra y cayendo contra la esquina de la cómoda se desnucó. Esto fue lo que alegué en mi defensa al declarar, la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Claro está Majestad, siempre ateniéndome fiel a sus palabras: ”Lo que pasa en el dormitorio se queda en el dormitorio”.

Apelo a la benevolencia de su Majestad, porque sé que es usted un hombre piadoso.

Le saluda atentamente. Justa Concausa.

Pepita Sánchez
Grupo B


Copacabana

Abuelo, por qué arañas los barrotes?
Abuelo, por qué extiendes los brazos? Tus manos nunca fueron alas

Abuelo, porque no puedo sentirte
abuelo, sólo quedará tu butaca, vacía,
y en el estante
trozos de tantas familias, y rupturas, y tazas,
y cuadros de vírgenes, y películas del oeste mal dobladas, y la colcha de lana del salón,
y no los toques, que se rompen
y no me toques,
que me quiebro
me quiebro en navidad con la nieve besando los barrotes
abuelo, si salieras.
abuelo, sal.

Fuera espera Copacabana.

Leyre León
Grupo B


La cárcel

¿Qué es del hombre que añora los campos y las flores, las montañas y los ríos, el día y su crepúsculo, la vida y el tiempo? Ahora soy un preso, encadenado a cuatro paredes frías roídas por el tiempo de quienes habitaron este espacio. Si tan solo pudiera conformarme por un paisaje inventado en el opuesto de mi ventana ¡pero no!, mi ventana la viste el muro de otra celda vecina. ¡Me están robando la capacidad de imaginar!

Aquí no hay atmosfera sino un vaho de soledades. Humanidades decrépitas que han sido usurpadas del tiempo. Cuerpos que envejecen al ritmo de la oscuridad; aquí no hay sol que indique el paso de los días, todo es un presente que no acaba, un presente que no fluye, un triste vagabundear por las horas que no existen.

Cárcel es lo mismo que soledades, habitares sin habitantes, vacíos cuerpos sin almas. Somos la expresión máxima de la rutina; ¡se nos ha robado la capacidad de reinventarnos!

El hombre sin su libertad no es más que una masa pensante, ¿hasta cuándo? Hasta que se agote el lenguaje y la mente se vacíe y le demos la bienvenida al automatismo sinérgico de los movimientos pletóricos de la esperanza. Allí donde hemos fijado la luz, el día donde todo acabará por fin y tendremos de nuevo la bienvenida al mundo, renaceremos, retornaremos a la vida y abandonada vida. Solo le temo que el habito de las costumbres no me cale fuerte y me conforme con ser un abandonado preso y que ese día quizás sea este mi mundo y aquel la nueva cárcel y de nuevo, hasta el fin de los días, continúe siendo un condenado en una cárcel distinto: el mundo.

David Vélez
Grupo A