Tus amigos no te olvidan

La sesión del lunes, día 20 de marzo, la dedicamos a la muerte, una de la tres heridas que el poeta Miguel Hernández señala en su poema "Llegó con tres heridas".
La muerte está muy presente en la literatura. Es uno de sus temas principales. Luis Carandell lo sabía y por eso decidió abordar la cuestión desde diferentes puntos de vista. Para ello recorrió innumerables cementerios con Nuñéz Larraz, fotógrafo salmantino. En esos "corrales de muertos", como los llamaba Miguel de Unamuno, encontraron epitafios, tumbas y esquelas curiosas. Esa información, así como una buena relación de textos sobre la muerte y otros materiales de interés conforman el libro "Tus amigos no te olvidan".


Jesús A. Courel escribe en su columna del Diario de León lo siguiente:

Luis Carandell publicó una obra humorística sobre la muerte titulada Tus amigos no te olvidan (1975). Tras muchos años de visitas a cementerios, Carandell afirmaba que no se podía conocer a los vivos sin haber visitado antes a los muertos. Para un periodista la muerte es un tema de «palpitante actualidad», pues no hay día que las esquelas no se sirvan con los churros del desayuno. Como la de aquel catalán que, al morir su esposa y viendo lo caros que eran los anuncios en el periódico, eligió ahorrarse uno redactando el siguiente texto: «Murió Rosa. Vendo Opel Corsa». En España la presencia de la muerte es tan abrumadora que Quevedo escribe: «No hallé cosa en que poner los ojos, que no fuera recuerdo de la muerte». Nuestro culto desmedido a lo fúnebre nos empuja al morir a «estar más muertos que en otros sitios». Por eso, cuando al joven Valle-Inclán le preguntaron que quería ser de mayor, él respondió: «Difunto». Los finados tienen en nuestro país rango superior. Para Larra: «Los muertos hablan en voz bien alta y ningún jurado se atrevería a encausar y a condenar». Ni siquiera a los enterrados en los cementerios civiles, los llamados «corralillos», de los que Jiménez Lozano escribió un completo estudio en 1978. Cita este autor que, tras la Revolución de 1854, comienza la construcción de los cementerios civiles en España. Los destinatarios de los corralillos eran, según la ley canónica: paganos, herejes, apóstatas, cismáticos, suicidas, duelistas, los que se hacen incinerar, pecadores públicos que mueren sin confesión, los que incumplen el precepto pascual, los niños muertos sin bautismo y los que únicamente hayan contraído matrimonio civil. Eran muchas las parejas que se juntaban sin pasar por la vicaría o el juzgado que algún cementerio andaluz fue conocido como de los «amancebaos». El primer cadáver enterrado en el cementero civil de Madrid fue el de Julián Sanz del Río, siendo los epitafios de este cementerio un ejemplo de la fuerza moral de los allí sepultados, frente a la creciente uniformidad que domina en los cementerios católicos. Así en la tumba de Nicolás Salmerón se puede leer que fue tal su nobleza y dignidad que «dejó el poder por no firmar una sentencia de muerte».

El libro de Luis Carandell está plagado de epitafios jocosos como la de aquella copla que dice: «Antigua la moda es: a los héroes y a los justos les matamos a disgustos y les lloramos después». Esa lucha enconada de los españoles lleva a Larra a sentenciar, en su celebrado discurso del día de Ánimas de 1836: «Aquí yace media España que murió de la otra media»… Había que hacer algo.

www.diariodeleon.es


Propuesta de escritura

En esta ocasión propusimos como tarea escribir un texto en el que un adulto responde a un niño o niña qué pregunta acerca de la muerte.


Y estos son los trabajos recibidos hasta ahora


Que viene la parca
En esta noche de luna llena de verano los niños juegan al “dao”. Corren por las calles aledañas a la plazuela, gritando: “que vieene la paaarca”, “que vieeene la paaarca”.

Eloy mira atento el juego de esos niños mayores que él. Cuando alguno de ellos es alcanzado por la parca -“dao” “muerto”- cae al suelo.

- Eloy, ¡venga!, recoge tus cosas que nos vamos.
- Ya voy mamá. “Corre, corre, que viene la parca, que viene la parca” –tararea feliz-. Que vieeeneee la paaarcaaa, que vieeeneee la paaarcaaa. ¿Qué es la parca mamá?

La madre hace una mueca de asombro incrédula y sonríe.

- La parca es uno de los nombres de la muerte.
- ¿y cómo más se llama?
- Tiene muchos nombres: la Huesuda, la Muda, la Pálida, la Dentona, la Fría, la Pelona, la Impía, Thanatos, Anubis, El ángel de la muerte…
- ¿Cómo es?
- Unos la pintan como un esqueleto con una guadaña que va cortando cabezas. Otros como un hombre con cabeza de perro o chacal.
- La muerte es una guerrera, mamá, y una cazadora.
- ¿En qué trabaja la muerte?
- Es profesora de matemáticas, explica muy bien el uno, el cero y la resta, también da clases de filosofía, sobre el principio y el fin, es la dulce enfermera que alivia el sufrimiento de las personas, o mece en su cuna a los viejos cansados de vivir. Tiene muchos oficios la muerte, hijo.
- ¿Tu la has visto?
- Nadie la ha visto, pero pone pistas, cuando va a venir a visitar a alguien lo anuncia.
- ¿pone un anuncio?
- Se anuncia en el rostro de la persona que va a visitar mientras duerme, cuando ésta se despierta ya tiene otro aspecto y luego paciente se sienta a su lado, la peina con su guadaña, la acompaña en su sufrimiento, se hace su amiga y le habla de un sitio estupendo dónde la va a llevar.
- ¿Vive ella allí?
- Ella vive allí y aquí, para estar allí necesita venir aquí.
- Como cuando vamos a nuestra casa de campo. Mamá… ¿Y qué come?
- No come, corazón, se alimenta sólo de sentarse al lado de las personas.
- Pokemon Anubis, con muchos poderes. ¿Sabes mamá?, la parca es una señora muy importante.

Aronbanda
Grupo B


La muerte
Si contestamos a un niño que la muerte es el fin de la vida, es probable que nos siga preguntando más cosas:
¿ Cuantos años vive una persona ?, para no contestar !Depende!, tendríamos que matizar, matizar y matizar...
Mira hijo, si llevas una vida sana y sin excesivos riesgos, puedes vivir más, que si no te cuidas o haces barbaridades.
Pero existen factores hereditarios, accidentes, enfermedades que no se pueden controlar y que acortan la vida.
La vida es alegría, la muerte tristeza, y una actitud positiva en la vida puede que esta se alargue, pero no es seguro.
Vivir en paz con uno mismo y con los demás, seguro que la alarga y sino que sea lo que Dios quiera.

Luis Iglesias
Grupo B


El sentido

El día era soleado, luminoso. El ánimo parecía tender a expandirse ante ese primer sol de primavera, constante, cercano, tan anhelado. El ánimo intentando abrirse entre las murallas de Eva, quien seguía sumida en el gris, el desorden y el cansancio tras la muerte de Pedro. No sólo ella se sentía así, las caras del resto de sus compañeros de clase también anunciaban desconexión. Iba a ser difícil acostumbrarse de nuevo a las clases, darse la oportunidad de seguir disfrutando de aquellos estudios qué tanto le gustaban. Habían pasado dos semanas, pero todo parecía seguir del revés. Hasta eso, lo que más compartía con Pedro, la ilusión de aprender para darse a los demás, las ganas de formarse en una profesión que sirviera para sumar granitos de arena en la construcción de un mundo más justo, menos egoísta. Ilusión dormida, suplantada por una especie de confrontación constante, la conquista de su espacio por la rabia, la pena, la angustia. Toda ella, y todo lo que ambos querían ser, enterrado ahora era una caverna.

Su familia, y sus compañeros de clase estaban preocupados. Todos habían sufrido la muerte de Pedro, pero sabían que ella lo hacía mucho más. Esa relación tan especial, tan apasionada, donde no hacía falta que la etiqueta se rellenase con ninguna palabra. Simplemente ellos, Eva y Pedro.

Y ahora, Eva sin Pedro.

Juan le dice en medio de la clase de Interculturalidad que quiere hablar con ella en el recreo. Eva esperaba ese momento, sabia que su tutor, al que tanto admiraban, al que sentían tan cercano, iba a acabar interviniendo en su duelo. En el fondo lo necesitaba, pero también sentía miedo de que le moviesen un ápice del dolor que sentía. Ese dolor tan profundo, tan personal, tan vinculado a lo que él era para ella. Así que en el recreo va Eva por el pasillo repitiendo para sus adentros, “no me vais a separar de él, no lo vais a hacer” Y "toc-toc" en la puerta con las manos temblorosas, y la angustia veloz subiendo por el pecho.

Juan está sentado en la mesa, tiene muy mala cara. Eva se sorprende de verle así. Él, que siempre es tan activo en clase, tan rápido, tan alegre.

-Quería hablar contigo de Pedro, Eva.
-Me lo imaginaba- contesta ella con la voz entrecortada.
-Te imaginabas, ¿qué? ¿Que te llamaría para venir a mi despacho y darte dos o tres lecciones básicas de que la vida es así, hay que mirar hacia delante, ser fuerte, etc?
-Sí, algo así.
-Pues no, Eva. Te he llamado para pedirte ayuda. Desde la muerte de Pedro no consigo avanzar, y me temo que a tus compañeros les pasa lo mismo, y no consigo aliviarles. Le echo mucho de menos, Eva, necesito que nos ayudes.

Eva se sorprende al escuchar a su profesor. Lo primero que siente son unas ganas inmensas de gritar, de decirle que cómo es tan egoísta de pedirle ayuda a ella, que era su mejor amiga, su cómplice, su principal persona. A ella, que era quien más le quería y quien peor lo está pasando. Se le ocurre decirle todo eso, salir por la puerta del despacho, no volver nunca al instituto. Se le ocurre irse de casa, allí tampoco su familia está entendiendo su dolor. Se le ocurre quedarse a vivir para siempre en su caverna. Va a decir algo, va a salir de aquel maldito despacho, pero no puede moverse, y vuelve a escuchar a su profesor.

- Todos le queríamos mucho, Eva. Tus compañeros, su familia, yo, pero tú eras su persona. Tú eres la única que nos puedes explicar cómo hacer. En parte tú eres lo que más nos queda de él, tú eres él más que nadie, y por eso te pido el favor.

De repente la caverna de Eva recibe luz. Han sido tres palabras “tú eres él” y todo ha explosionado en su interior. A la luz le sigue un automático orden y sentido, la caverna ordenada que vislumbra una salida, y en la salida él, sentirse cerca de él y por tanto, el mundo.

- Lo intentaré Juan- y se marcha a casa. Allí le da un abrazo largo a sus padres mientras no deja de llorar. Y les explica que al día siguiente va a decirles a sus compañeros y a su profesor que Pedro no creía en ninguna vida después de la muerte, pero sí creía en una vida que sumase vidas en la vida. Que así era él, que en eso fue Pedro la mayor vida que ella jamás había conocido, y que ya no dependía de él seguir siendo, sino de todos ellos. Se lo iba a decir, se lo iba a pedir: “Sigamos sumando chicos, contad con él, contad conmigo”.

Néstor Valverde Merlo 
Grupo A


Un niño pregunta por la muerte

“Mueren las rosas a pesar de la lluvia”,
-¿Lo comprendes ya, hijo?
-Si beben, ¿ por qué mueren como el abuelo.?
-Los pétalos se van en el viento,

El abuelo se durmió para siempre,
estaba muy cansado.

Pero la rosa ha dejado su perfume,
su belleza,
tu abuelo ha dejado su sabiduría,
su bondad.

-¿Dónde?,
-En ti, en todos.

Él se fue como los pétalos
que alimentan la tierra

-¿Está en la tierra?
-Sí, y en la belleza de las rosas
que salen de sus cenizas.

Él no está aquí,
pero todo vuestro amor es para siempre,
te alimentará como una rosa nueva.

Emilia González Fernández
Grupo B


Otra oportunidad

“Me imagino que viajas por un país lejano / de donde es muy difícil, ¡muy difícil tornar! […] Un día en cualquier parte me cogerá la muerte / y me echará en tus brazos, ¡por fin, por fin, por fin!”

Cuando leí el poema El viaje, de Amado Nervo, ¡hace mucho tiempo!, cuando aún nadie de mis seres queridos había sacado el billete para ese largo viaje, me llegó al fondo, me identifiqué con el poeta, pensé que era así como yo querría sentir la muerte, un largo viaje con un final feliz: el encuentro.

Un amanecer la muerte se coló por una rendija en mí casa, una invisible rendija, la puerta estaba cerrada, no esperábamos a nadie. “Me duele mucho la cabeza”, solo eso. Y entró de lleno, empujando, con prisa.

Había que luchar contra ella, pero ya había saboreado su presa, aquel día buscaba algo exquisito.

“Hay que operar, pero es probable que muera en la mesa de operaciones”.

Una mirada, un fuerte apretón de manos, una decisión, “Donamos sus órganos”.

¿Valientes, generosos?, no, más bien querer ganar a la muerte. No podía irse así, tan pronto, todavía le quedaba mucho por hacer.

Y llegaron cartas.

“Seis familias condenadas a la angustia, el dolor y la enfermedad sin remedio, han podido comprobar que en este materializado mundo, existe todavía un resquicio para la esperanza. Permítanme resaltar el caso del niño de once años…”

Y más, y más.

En Navidad con letra de niño han llegado tarjetas.

Para nosotros, un consuelo. Él feliz, ha tenido la oportunidad de vivir más vidas, de hacer felices a otros, nosotros nos lo hemos perdido, pero a él no, solo que no le vemos, le sentimos, nos acompaña.

Este no es un relato triste, que nadie lo vea así. Más bien que sea una reflexión. Donar órganos, es regalar vida, es de alguna manera vencer a la muerte.

“Mi corazón te espera, es lo único que queda de mí, estoy dentro de otra. Búscame”.

Inés Izquierdo
Grupo A


Soneto
No teme el más allá esta alma mía,
Que el dolor sólo llega hasta la muerte.
Me bato de buen grado con la suerte,
Procurando las rosas a porfía.

Renacer es tarea de cada día;
Enfermedad, dolor, último aliento,
Fatales amenazas que descuento
Si enciendes la mañana, amiga mía.

Vida y muerte van ardiendo en el fuego
Que consume la pena y la alegría,
De mano dada en comunión fraterna.

Noblemente aceptemos este juego,
Neguemos la aplazada fantasía,
Qué aburrimiento, dios, la vida eterna.

Ignacio Aparicio Pérez-Lucas
Grupo A


Carta para el sexto cumpleaños

Querido Alberto:

Sé que llevas un tiempo pasándolo mal; que lloras día y noche; que las pesadillas perturban tus sueños y que te despiertas empapado en sudor y lágrimas gritando y preguntando por mamá.

Es normal que tu corta edad no consiga entender el motivo de mi abandono. Pero, créeme, mamá no quería dejarte. Luché con todas mis fuerzas para seguir a tu lado, para vivir contigo cada minuto de tu vida. Si no quería marcharme de tu mundo, era precisamente por ti. Sólo quería verte crecer y aprender con tus experiencias; reír con tus alegrías y llorar con tus penas. Pero fue imposible. Las fuerzas flaqueaban día a día. Mis ganas no fueron suficientes. Ya aprenderás que, a veces, nos toca volar solos y a ti, por desgracia, te ha tocado demasiado pronto. Pero sé que lo harás. Aprenderás a volar muy alto. Eres fuerte, como lo era yo, y lo conseguirás. Además, yo estaré a tu lado, desde la distancia, dándote aliento o levantándote siempre que te caigas. Velaré por ti al igual que velaba tus sueños el poco tiempo que estuvimos juntos.

Piensa, mi amor, que no eres el único que sufre. Tu padre, tus abuelos, tus tíos. Todos lloran mi marcha a tus espaldas para no causarte más dolor. Y desde aquí, yo…… Sólo puedo decirte, aunque ahora no lo entiendas, que el tiempo todo lo cura. Tanto ellos como tú, aprenderéis a vivir sin mí; con mi recuerdo. Allí quedan muchas fotos, muchos vídeos que te acompañarán siempre. Cuando quieras estar a mi lado, sólo tienes que cerrar los ojos y pensar en mí. Te prometo que estaré contigo para acompañarte, pues sigo viva cada vez que me recuerdas.

Una cosa más: no quiero que sientas rencor o miedo hacia la muerte. Ella llevaba tiempo acechándome. Yo, pensando en ti, le pedía siempre una prórroga que, por lástima, ella me concedía. Pero, ambas sabíamos que este aplazamiento no sería eterno. Hasta que, una noche, llegó y, cuando te miró y vio cómo yo intentaba abrir mis labios una vez más, me los selló con su dedo y se sentó a mi lado. Entonces, llegó el final de todo.

También el de mi sufrimiento. El que sentía por ti y el que intentaba ignorar para que no me doliera más. Pero ella sabía. Ella todo lo sabe. Quiso ahorrarme más pena y me trajo a un lugar lleno de calma. Aquí, ya no duele nada.

He hecho muchos amigos como tú hiciste al llegar al cole. Al principio es duro pues ninguno quiere viajar hasta este lugar. Sin embargo, con los días te acostumbras; la tristeza va volviéndose alegría. Se empiezan a olvidar los problemas, las enfermedades, la vejez, las situaciones que nos traen a este otro lado. Aquí se alcanza la felicidad, la tranquilidad, el silencio tan difícil de conseguir en ese mundo. Porque este no es el lado oscuro, mi amor. Lo llamamos así porque lo desconocemos. Pero ese mundo tan radiante y luminoso donde tú te encuentras ahora, es más negro que este. Ya me darás la razón.

Toñi Martín del Rey
Grupo B


Melocotones debajo del sofá

Cuando Lucía llegó del colegio, Bruno no salió a recibirla. Como llevaba una temporada malito, la pequeña pensó que estaría descansando. Los catarros se curan con calor y reposo. Eso es lo que le decían a ella cuando tenía un refriado.

Sin quitarse el abrigo, puso la mochila en el suelo y fue en su busca. No se dió cuenta de que nada más dejarla en casa, sus padres salían. Lucía tenía prisa. Quería darle un buen achuchón. Eso siempre es una buena medicina. Para no asustarlo, decidió anunciar su regreso. Su voz se escuchó por toda la casa:

- Ya estoy aquiiiiiiiiiiiiiii
- He vueeeeeeeeeeeeelto
- ¿Dónde estaaaaaaaaaaaaas?
- Peludiiiiiiiiiiiiiiiiito...
- Pelu, pelu, peludiiiiito

Ni un ladrido.

Fué directa a la cocina. Hacía casi dos meses que ya no dormía en su cuarto. Era duro. Él siempre había estado con ella. Desde que nació. Al principio, cuando era una pequeñaja, al lado de su cuna. Más adelante, cuando se hizo una niña mayor, junto a su cama.

Sus padres decían que las escaleras le fatigaban y era cierto. Ella misma lo había comprobado.

Sus padres decían que Bruno necesitaba un lugar estable, cálido y tranquilo, un espacio cómodo para él. Un ambiente adecuado a su estado. Solo así podría intentar reponerse. También era cierto. Allí estaba bien. Cerquita del radiador, a los pies de la enorme cristalera que daba al jardín, en el punto exacto desde el que dominar todo lo que sucedía en el salón. Nunca estaba solo. Los horarios de su familia eran bastante irregulares. Casi siempre había alguien despierto. Y las noches que ella sabía que todos dormían, cogía el edredón y se acostaba en el sofá. El perro la veía. Ella le veía a él. Estaban juntos y eso era suficiente.

Lucía entró en la cocina. Su abuela ponía la mesa como siempre. No la vió.

- ¡Hola Lucy! ¿qué tal en el cole? Ven que te quite el abrigo

No la escuchó

Bruno estaba en su camita. Su postura era extraña. No se ovillaba sobre el mismo como tenía por costumbre. Solo podía ver su cabecita erguida sobre uno de los respaldos verticales de su cama. Respiraba con dificultad. El resto de su cuerpo estaba cubierto por su manta de terciopelo verde.

- Peludito. ¿Qué te pasa?

Bruno, haciendo un esfuerzo enorme, giró la cabecita hacia ella. La manta se movió un poquito. Casi sin fuerza. Intentaba mover su colita. Estaba alegre. Su amiga estaba alli. El cansancio le pudo y volvió a quedarse quieto.

La pequeña se arrodilló junto a él. Acarició sus lanas gris perla una y otra vez. En silencio. Un dolor desconocido apretaba tanto su garganta que cualquier palabra se ahogaba antes de ser pronunciada. Lloró como nunca lo había hecho, sin hacer un ruido.

Ella no lo notó, pero sus lágrimas caían sobre la cabeza de Bruno. Dos breves lametazos en la mano de la pequeña fueron su última respuesta. No hubo más.

Justo en ese momento entraban sus padres con el veterinario.

- Lucía
- Mamá, peludito no está bien
- Lo sé cariño. Ven. Deja que Don Tomás lo examine.
- Pero...
- Ven cariño, nosotros no podemos hacer nada por él.

Antes de que Don Tomás se acercara a Bruno, ya sabía que había muerto. No obstante, lo revisó con mimo. Luego se levantó y dijo: - Ha muerto. Ahora no sufre.

- Póngale una de esas inyecciones o dos o tres. Fijo que se recupera. Vamos. Yo se donde estan. Se las traigo en un momento. Espere. No se vaya. Yo, yo
- Lucía ( dijo su padre) ya no sirven. Bruno se ha ido
- Noooooo
- Si cari

Sin que pudiera terminar la frase, Lucía subió las escaleras y se refugió en su cuarto.

Cuando su abuela consideró que habia trascurrido un tiempo prudencial llamó a su puerta. Como era de esperar no hubo contestación. Entró. Lucía lloraba sentada en la cama. En sus manos tenía la pelota roja de Bruno.

- Hola Lucy ¿puedo sentarme un ratito contigo? Estoy algo triste y me gustaría hablar con alguien que me entienda.

La niña le hizo un hueco.

- ¿Por qué estás triste abu?
- Es por las pompas de jabón. Son tan hermosas. Cuando estallan en el aire, durante un ratito me apeno. Se que se pasará cuando abra la puerta del armario. Pero a veces me cuesta tanto llegar a él. Hoy por ejemplo
- Abu no te enfades, pero ahora mismo no tengo ganas de cuentos
- No es un cuento Lucy. Es verdad. Pensé que tu me entenderías. Eres la única persona que puede hacerlo. Tus padres son tan mayores
- Abu tu si que eres mayor
- Solo de aspecto cariño. Solo de aspecto.

La abuela se levantó y se dirigió a la puerta. Antes de salir, la niña le preguntó

- ¿Qué hay dentro de ese armario?
- ¿De verdad quieres saberlo?

Con un gesto de la mano sobre la cama, la pequeña le indicó que se sentara

- Dentro o detrás, no se muy bien, está el país de los recuerdos. Un lugar maravilloso si sabes caminar por él.
- ¿ Y si no sabes?
- Si no sabes es un lugar terrible cariño
- Terible ¿por qué?
- Porque igual que en los cuentos, hay personajes oscuros que merodean sus hermosos jardines. Si un vivo entra en él y escucha su murmullo de lamentos debe huir inmediatamente. De lo contrario, quedará atrapado en ellos
- ¿Y entonces?
- Entonces mi amor, algunos se convierten en piedra y otros en hielo. Cuando regresan, mutilados, parecen los mismos pero estan secos.
- Yo no quiero ir. Fijo que los monstruos me atrapan
- Todos vamos queramos o no queramos. Por eso es mejor ser consciente, ir preparado.
- Y ¿cómo me preparo? yo no se luchar
- Jeje, no hace falta. Mira, cuando vayas a entrar o cuando sin querer hacerlo, te veas dentro, busca un recuerdo muy alegre y agárrate a él. Ningún ser oscuro es capaz de vencer esa alegria.
- ¿Y que tiene que ver ese país con las pompas de jabón?
- Mucho. Verás, cuando una pompa de jabón estalla en el aire, todos sus colores, los que dibujó mientras bailaba con el aire, van allí. Se convierten en semillas. La tierra les acoge. Pueden florecer o marchitarse.
- No entiendo nada abu
- Lo entenderás, date tiempo. Si el visitante las riega solo con lágrimas, las semillas se pudren y las pompas de jabón que volaban con ellas antes de estallar, se deforman. Se vuelven opacas. El murmullo de los seres oscuros consume su frescura. Sin embargo, si el visitante las riega con el cariño compartido, las semillas se abren de una forma inimaginable y las pompas de jabón que volaban con ellas antes de estallar, multiplican su gracia y sus colores.
- Pero abu, una pompa de jabón es
- Una pompa de jabón es todo ser vivo. Nace no se sabe muy bien por qué, vuela, dibuja figuras entre brisas y tempestades. Un día estalla. Es su condición.
- ¿Yo soy una pompa de jabón?
- Si mi amor. Y papá. Y mamá. Y yo. Y Bruno
- ¿Y estallar es morir?
- Si mi amor
- ¿Te vas a morir abu?
- Algún día cariño. Y tú también. Solo espero que cuando llegue ese momento mis semillas o las tuyas no se pudran entre lágrimas y mis colores y los tuyos brillen en las pompas de jabón con las que compartimos el vuelo. Sabes Lucy, has sido muy afortunada. Peludito te espero. Pudiste despedirte de él. No siempre es así. Eso hace más difícil abrir el armario.
- Pero abu ¿porque hay que estallar? ¿por qué morir? ¿por qué
- No lo se Lucy. Pero ¿por qué hay que nacer? ¿por qué estamos aquí? Tal vez, la muerte, esa extraña compañera de vuelo, permita que si la miramos cara a cara, cada pincelada que tracemos sea luminosa.

La abuela se levantó y se dirigió a la puerta. Cuando iba abrirla se giró y le dijo a la pequeña: "Bruno te quiso tanto como tú a él, no dejes que sus semillas se pudran. No lo merece. ¡Ah! y gracias por escucharme. Ya estoy mejor. ¿Tienes hambre?"

Lucía negó con la cabeza.

Ese mismo año, un día de primavera, un sábado por la tarde, Lucía merendaba y jugaba con sus amigos en el jardín de su casa. Su padre la llamó. Tenía algo entre los brazos. Cuando estuvo junto a él, vió lo que era

- Un cachorrito papá
- Cachorrita, es cachorrita. La perra de un compañero de trabajo ha tenido una camada numerosa y no saben qué hacer con ella. Yo no le he dicho nada seguro. Primero quería preguntarte...
- ¿Nos la podemos quedar papi?
- Eso iba a preguntar...
- ¡Una cachorrita! ¡Una cachorrita! ¡Una cachorrita en casa! ¿Puedo cogerla?
- Claro, pero ten cuidado, es muy chiquitina

Los juegos de hace un rato se olvidaron. La merienda quedó donde estaba. Todos los niños y niñas querían verla, tocarla. Y es que no hay nada mas atractivo que la vida. Pronto oscureció y los padres de los chiquillos fueron a recogerlos. Todos querían un perro.

Cuando Lucía se quedó sola con su nueva amiga, la llevó junto al melocotonero y la dejó en el suelo. Era minúscula.

- ¿Sabes cosita? Aquí está Bruno. Bueno su cuerpo. Yo llevo sus colores. Son preciosos. Te contaré todo sobre él para que tu, si quieres y te gustan, también los lleves.
- Lucía, a cenar (gritó su madre)

La pequeña recogió a su amiguita del suelo y se dirigió a la casa. Tenía mucha hambre.

Cuando se sentó en la mesa, su padre le preguntó :"¿Ya sabes como se va a llamar?"

- Burbuja contestó la pequeña
- ¿Burbuja? ¿Qué nombre es ese?
- Uno precioso papi
- Per
- Algún día lo entenderás, tranquilo. Date tiempo.
- Lucy ¿quieres más croquetas?
- Claro que si abu. Me encantan las croquetas. Me gustan casi tanto como las pompas de jabón. Jejeje

Los padres de la niña estaban algo desconcertados. No esperaban esa reacción. La muerte de Bruno aún era cercana. Su abuela, sin embargo, era feliz. Posiblemente no le quedara mucho tiempo de vuelo, pero su nieta, su Lucy, sabría regar sus semillas.

- Papá, ¿crees que a Burbuja también le gustará esconder los melocotones debajo del sofá?
- Espero que no. Si lo hace ya sabes quien tendrá que recogerlos. Por cierto, eso que veo desde aquí ¿es un pis?
- Y bien grande para lo pequeña que es. Jeje. Ven aquí cosita, ¿sabes? eso no se hace, vaya no se hace aquí. Tenemos mucho que aprender. Ahora a tu camita. Esta es improvisada, mañana buscaremos otra, y cuando crezcas un poquito, vendrás a mi cuarto.

La cachorrita le lamía las manos y la cara

- ¡Es preciosa! Y yo creo que me entiende. ¿Qué os parece?
- Lo que me parece Lucía es que es algo tarde. Anda, mira que hora es y aún tienes que bañarte
- Voy. Hasta luego cosita

Unas horas más tarde, toda la casa estaba en silencio. Solo en la cocina, de vez en cuando, se oía algo parecido a un ladrido.

Ana Isabel Fariña
Grupo B


Qué ocurre

Ni hoy ni ayer he visto a mi abuelo.
Anteayer mamá lloraba y papá me dijo que el abuelo se había marchado.
Antes oí a mi tía decir que le había ocurrido algo a su corazón.
El abuelo caminaba muy despacio, tosía mucho y mi abuela iba rápido, siempre con él.
Hoy por la calle nos hemos encontrado con su amigo y ha comentado que el cuerpo le dejó de funcionar, que se encontraba muy gastado. Después se secó la nariz con el pañuelo y me besó en la frente.
Lo que creo que pasa es que tenemos una pila, posiblemente en el corazón, a mí me suena como un reloj cuando corro, y a la edad del abuelo funciona cada día peor hasta que se para. Es igual que a Keko que, aparte de faltarle pilas, la semana pasada La Chata le quitó un brazo después le retorció todo el cuerpecito y Mami no consiguió arreglarlo, ahora Keko tiene las piernas al revés y le falta un ojo. La Chata ya no juega con él, está abandonado en el fondo del cajón. Keko ha muerto como el abuelo.
Claro que si se hubiera marchado, no podría haber ido muy lejos. Tal vez lo tenga la abuela metido en algún cajón.
Aunque en verdad pienso que puede ser que esté en otra ciudad. El último sábado que me acompañó a Los Baños, mientras me ayudaba a cambiar la ropa mojada, me dijo que no intentara buscarlo cuando ya no estuviera, ya que pensaba marchar a visitar a amigos y familiares que hacía mucho tiempo que no veía. Me animó el que comentara que yo haré lo mismo cuando tenga muchos amigos y los eche de menos, por que también podré verle a él. Pero para eso, mi Reyezuelo, falta mucho tiempo todavía, me susurró mientras me peinaba.

Antonia Oliva
Grupo B


Cómo explicar la muerte a un niño

Según mi opinión la forma más fácil, sencilla y natural de explicar el concepto de la muerte a un niño es hacerlo mediante la observación de la naturaleza. Viendo, mirando, observando, contemplando todos los maravillosos e increíbles regalos que se despliegan a nuestro alrededor a lo largo de las distintas épocas del año. Para ello ayuda muchísimo si se tiene la fortuna de vivir en el campo abrazado, mimado, querido por la madre naturaleza. Pero, si no se es tan afortunado y se vive en una ciudad, siempre hay a mano en ellas algún pequeño, o no tan pequeño, parque donde se puede ir y practicar el maravilloso arte de la contemplación, (por cierto asignatura ésta que de ser yo gerifalte del ministerio de educación, cultura y deporte sería la más obligatoria de todas las asignaturas). Pero, si se hubiera tenido la terrible y malísima suerte de vivir en un lugar donde los depredadores inmobiliarios hubieran arrasado con la más pequeña porción de tierra, siempre se encuentra, incluso en las más superpobladas urbes, una pequeñísima grieta donde todos los años germina, crece, florece y muere alguna criatura milagrosa. Para todos los interesados en el tema os remito al libro Naturalistas Proscritos, Ediciones Universidad de Salamanca, en el capítulo, “ENTRE LA CONSPIRACION Y EL EXILIO. MARIANO LAGASCA (1776-1839), UN DESTERRADO LIBERAL EN EL REINO UNIDO, en este libro, José Luis Maldonado Polo, en la página 73 trata el punto al que me refiero. Así mismo, el interesantísimo proyecto puesto en marcha en los últimos años en la ciudad francesa de Nantes, Las “malas buenas” hierbas de Nantes, la ciudad francesa deja crecer la vegetación silvestre y reduce en un 97´5 % el uso de pesticidas, también esta iniciativa ayuda a poner en práctica e ilustrar como explicar a un niño el concepto de la muerte. Por supuesto, el recurso de los siempre útiles y versátiles envases vacios de los yogures, con ellos podemos crear nuestro particular jardín para el alfeizar de la ventana o el balcón, rellenarlos con un poquito de tierra humedecida poner la lenteja, garbanzo, alubia, arroz, etc… y a esperar casi nada a que el milagro ocurra…

Finalmente este pequeñito poema también puede ayudar, bien recitándolo o cantándolo mientras se van preparando y realizando los trabajos:

Una, dos y tres
Una, dos y tres
la semilla germina
y al cabo del tiempo
nace un bebé.
Una, dos y tres
Una, dos y tres
la semilla germina
y al cabo del tiempo
la semilla se estira, se estira
primero un rabito crece para abajo
Una, dos y tres
Una, dos y tres
después la pequeña cabecita hacia arriba va
crece, crece y crece
cada día más y más
Una, dos y tres
Una, dos y tres
más tarde aparecen las tiernas hojitas
de color muy muy verde
muy estiraditas
Una, dos y tres
Una, dos y tres
si húmeda está
Una, dos y tres
Una, dos y tres
crecerá y crecerá a gran velocidad
Una, dos y tres
Una, dos y tres
Mas, si regarla olvidas
triste se pondrá
Una, dos y tres
Una, dos y tres
Y en poquito tiempo
Y sin darte cuenta
La plantita no sobrevivirá
Una, dos y tres
Una, dos y tres
La plantita ha muerto
bien muertecita ya está
Una, dos y tres
Una, dos y tres.

Mª Nieves C. Martín Magdalena
Grupo B


Tus amigos no te olvidan
Coco Granel nación en Pontedeume (Coruña, Galicia) en 1901, cápsulas de medicamentos ante el estrés mundial, barra de labios estuvo relacionado con su gran trayectoria en el mundo de la moda y fue su gran lanzamiento a nivel mundial.
Donde muchas personas compraban la barra de labios de Coco Granel, menos de dos euros y un color anaranjado fascinante.

Su corazón en aquel momento no se veía ocupado por nadie a quien le importe de verdad. Ante este éxito de ropa y barra de labios quería ir a Miami para seguir promocionando sus creaciones. Ya en el año 1975, habiendo terminado la carrera decidió escribir un poema y dejarlo escrito a la persona que amó durante su carrera de diseñadora de moda, el único chico y que no fue correspondido. Ya en Miami y ante la presión mundial y los días de mucha ansiedad compró una caja de calmantes y ansiolíticos.

Esa misma tarde se la compró y de un trago se los tomó. Calló al suelo, sin aire, sin respiración. Sobre la mesa, había una rosa reciente sobre el jarrón que adornaba la habitación del hotel donde se encontraba.

Habitación 39, del Hotel San María. Año 1975. Miami.

Con la m
Mi memoria me marca,
manzana mala
Marea murmura melancolías.

Muerte misteriosa,
mi manía madruga
mi mente.

Mujer mágica,
muerde miedos.
Minuciosamente.

La muerte es una nueva forma de ver la vida, un deseo para algunos, para otros no significa absolutamente nada y otros quieren llegar a ser o aspirar algo más.
Quieren descubrir que hay justo después de la vida o tan simplemente se dejan llevar por sensaciones.
La muerte es un nuevo paso al dolor para muchos que llevan sufriendo mucho tiempo.
La muerte es otra forma de ser y ver toda la vida que va fluyendo.

Iria CostaGrupo B

1 comentario:

  1. Asomo por aquí sólo para decir que aunque apenas estoy pudiendo asistir(ya ni recuerdo desde cuando) os tengo en el pensamiento, y volveré, en cuanto me sea posible, volveré.
    Salud y letras.

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