Va sobre ruedas

La sesión del lunes, 14 de abril, la dedicamos a la literatura y las bicicletas: "Va sobre ruedas".
La bicicleta, nadie puede negarlo, es el medio de locomoción que mejor evoca nuestros recuerdos de infancia. Subirse a una bicicleta, después de muchos años sin hacerlo, es subirse a la palabra nostalgia. De repente recordamos mil y una historias, mil y una caídas, el día en que aprendimos a montar sin ayuda de nadie ni accesorios, el día en que aprendimos a pedalear sin manos o el día en que abandonamos, en el pueblo, nuestra bicicleta.


Muchos directores de cine, cantautores, poetas, fotógrafos, artistas plásticos han visto en la bicicleta un auténtica pieza de arte. No vamos a hacer aquí inventario de todas ellas. Basta únicamente teclear en google la palabra “bicicleta” para tomar conciencia de hasta dónde ha sido capaz de llegar con sus pedales este vehículo y de cómo muchos usuarios, como dice Mario Benedetti, decidieron “dejarse media vida en los pedales de la bicicleta”.
Sería interesante que todo artista incluyera en su repertorio la bicicleta. Y sería aún más interesante que las bibliotecas les dedicaran alguna guía bibliográfica o alguna sección. 
Queremos que estas bicis con historia y muchos recuerdos, formen parte de vuestras vidas. Que os evoquen vuestras propias historias. Que os animen a compartir vuestros sueños. 
En muchos de estos escritores se advierte una admiración personal por la bicicleta, otros incluso se sienten comprometidos con las Asociaciones que defienden su protagonismo en la ciudad. Miguel D’Ors, incluso, llegó a escribir, pedaleando, algún que otro poema.
Julio Cortázar nos recuerda, señalando a Horacio: “Más cosas hay en una bicicleta de las que imagina tu filosofía”. Nosotros hacemos nuestra esta idea para invitaros a imaginar las historias que callan cada una de estas bicicletas: cuántas manos, piernas, miradas, ideales habrán movido la cadena de cada una de estas bicicletas. Una de ellas, diseñada por Schindler, tal vez salvó del holocausto a algún judío. Otra paseó a más de una mujer, sin temor de que sus finísimos vestidos se engancharan en los radios. Otra enseñó a más de una pareja a ver la vida en común. Otra avivó la ilusión en muchos niños de ser auténticos caballeros. Otra tal vez sirvió de utilidad a algún limpiacristales. Y otra enseñó, a más de una mirada, que la imaginación también se asienta sobre una bicicleta. 
Bicis curiosas, raras, con historia que alientan nuestra fantasía y nos invitan a pensar en una ciudad de verdad donde todo puede ir sobre ruedas, o donde, tal y como dijo Benedetti en un poema, “los concejales vayan en bicicleta / del otoño al verano y viceversa”.

Raúl Vacas

Leímos los poemas "Canción para pedir más carril bici" de Juan Antonio González Iglesias y "Balada de la bicicleta con alas" de Rafael Alberti.

Canción para pedir más carril bici

Ir por el carril bici
persiguiendo
el origen del río
durante media hora,
paralelo a los peces,
paralelo
al piragüista
de torso grande
adelantarlo,
escalar hasta el puente
peatonal, transmutarme
en perpendicular
al agua 
de Gredos por aquí,
dar media vuelta,
bajar formando parte
del viento, ser
tan físicamente 
feliz, correr ahora
más rápido que el Tormes,
dejar atrás los juncos,
la lavanda, las sombras de las frondas,
los niños, los atletas,
la plata de los peces
y al tenaz piragüista.
Ir por el carril bici
durante media hora,
ser centauro recién 
nacido, me parece
más de lo que merezco
en este día casi
víspera de septiembre.

Pero reclamo más.


Balada de la bicicleta con alas

1
A los 50 años, hoy, tengo una bicicleta.
Muchos tienen un yate
y muchos más un automóvil
y hay muchos que también tienen un avión.
Pero yo,
a mis 50 años justos, tengo sólo una bicicleta.
He escrito y publicado innumerables versos.
Casi todos hablan del mar
y también de los bosques, los ángeles y las llanuras.
He cantado las guerras justificadas,
la paz y las revoluciones.
Ahora soy nada más que un desterrado.
Y a miles de kilómetros de mi hermoso país,
con una pipa curva entre los labios,
un cuadernillo de hojas blancas y un lápiz
corro en mi bicicleta por los bosques urbanos,
por los caminos ruidosos y calles asfaltadas
y me detengo siempre junto a un río
a ver cómo se acuesta la tarde y con la noche
se le pierden al agua las primeras estrellas.

2
Es morada mi bicicleta
y alegre y plateada como cualquier otra.
Mas cuando gira el sol en sus ruedas veloces,
de cada uno de sus radios llueven chispas
y entonces es como un antílope,
como un macho cabrío, largo de llamas blancas,
o un novillo de fuego que embistiera los azules del día.

3
¿Qué nombre le pondría, hoy, en esta mañana,
después que me ha traído,
que me ha dejado sin decírmelo apenas
al pie de estas orillas de bambúes y sauces
y la miro dormida, abrazada de yerbas dulcemente,
sobre un tronco caído?
Carlanco de los bosques.
Estrella voladora de las hadas.
Telaraña encendida de los silfos.
Rosa doble del viento.
Margarita bicorne de los prados.
Cabra feliz de las pendientes.
Eral de las cañadas.
Niña escapada de la aurora.
Luna perdida.
Gabriel arcángel.
La llamaré con ese frágil nombre.
Porque son sus dos alas blancas las que me llevan,
Anunciándome al aire de todos los caminos.

4
Yo sé que tiene alas.
Que por las noches sueña
en alta voz la brisa
de plata de sus ruedas.
Yo sé que tiene alas.
Que canta cuando vuela
dormida, abriendo al sueño
una celeste senda.
Yo sé que tiene alas.
Que volando me lleva
por prados que no acaban
y mares que no empiezan.
Yo sé que tiene alas.
Que el día que ella quiera,
los cielos de la ida
ya nunca tendrán vuelta.



Hicimos una especie de cadáver exquisito contestando a las preguntas ¿quién?, ¿qué?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo? y ¿por qué?. El resultado fueron unas historias un tanto disparatadas. Dichas historias  fueron pasando de mano en mano y el único requisito era que apareciera en ellas una bicicleta, algún ciclista o algo alusivo a este medio de locomoción.
Estas son algunas de las historias:

El ciclista
iba al río a bañarse
apoyando una pierna sobre el suelo, las manos firmes sobre el manillar y la entrepierna fija en la barra
por la mañana
suenan las campanas.

Un abogado
Reparte pan
Lentamente y entre sollozos
En la taberna
El jueves por la noche
Por desengaño, por angustia, por la necesidad de chillar

El panadero
se toma un café a las 4 de la mañana,
espumosamente.
A la salida del gimnasio,
al atardecer
quiere jugar con los niños.

Un borracho joven enamorado
Monta en bicicleta
Con ganas y entusiasmo
En el campo florido
Todos los domingos
El muchacho vigila suspicaz los anónimos personajes intentando captar alguna verdad sospechosa.

El vendedor de flores
corre muy deprisa por la naturaleza, el viernes, porque es cuando puede
en bañador
por las calles del barrio viejo
necesita repartir las cartas
porque siempre que asiste a un juicio va en bicicleta.


Tratamos de recordar nuestra primera bicicleta, el lugar más insólito al que viajamos con ella, la aventura más emocionante, nuestra primera y última caídas, el primer beso en bicicleta.
Como tarea propusimos contestar a la pregunta de Ángel González: "¿Por qué en los días de lluvia cruza una bicicleta en silencio por nuestro corazón?”
Y también nos preguntamos, como Rafael Alberti, de qué otro modo podemos nombrar a la bicicleta. ¿Cuál sería nuestra definición, nuestra greguería o nuestra metáfora acerca de la bicicleta?


¿Por qué en los días de lluvia cruza una bicicleta en silencio por nuestro corazón?

Hay días en que la lluvia traza círculos concéntricos sobre los charcos,
días en que el agua se clava vertical sobre la piel
como aguja de hilo fino descosiendo los remiendos hilvanados,
días en que la humedad traza  los radios inequívocos  de los caminos
hasta confluir en la circunferencia del tiempo.
Hay días en que el eco de unos pasos,
el  zumbido metálico de una rueda
salpican la gota que colma la ausencia.
Y es en el vacío donde el movimiento cobra sentido;
en el silencio, las puntadas del corazón;
en la huella, la necesidad de la pisada.

Pilar Luengo


Metáforas para una bicicleta

Girándula de los caminos,
Bisbiseo de las tardes de abril,
Cabra loca de los adolescentes,
Desafío para mis pies,
Transportadora de sueños,
Cartera de los amores.
Rueda que rueda,
zumba que zumba,
en tu retorno eterno,
en tu vibrar de acero.

Pilar Luengo


¿Por qué en los días de lluvia cruza una bicicleta sobre nuestro corazón?
Hay días que una nube negra se instala sobre nuestras cabezas. Mires donde mires todo es oscuro. El rio se estanca y sus vapores cristalizan de forma monstruosa. Pequeñas miserias adquieren una magnitud desmesurada. El recuerdo muta hasta convertirse en un verdugo despiadado, en un sayón inclemente. Su flagelo nos tortura, nos rompe con saña.
Arrinconados, nos entregamos a su rabia. Es difícil huir. Algún hechicero, invisible y malévolo, susurra insistente que merecemos el castigo y ante cualquier amago de rebelión reinicia el azote con mayor dureza.
Hay días que una nube negra se instala sobre nuestras cabezas y oficia los primeros pasos de un calvario sin fundamento.
No todas las nubes son iguales.
No todos los oficios consagran el mismo tormento.
Hay suplicios que nada más iniciarse se enquistan. Su fusta dibuja espirales que duran toda la vida. Los rios se pudren alrededor de un solo vaho. Hieden. Un nimbo ulcerado que no existe, les estrangula. Un tropiezo y dejan de fluir. Son el infierno.
Hay martirios pasajeros. Duran el tiempo necesario para decapitar la luz de una estrella. Lo hacen y se agotan. A su paso todo son ruinas. Son tornados que destrozan cuanto encuentran.
El despertar de un tornado suele ser sombrio. Los escombros se acumulan. Su materia fermenta. Nuevos efluvios deformes se condensan. El nimbo que renazca -si renace- será más denso, su fusta más cruel, su sacrificio más sangriento.
Es horrible, pero es.
Por eso yo, desde que lo sé -o lo creo saber-, cuando la nube negra se instala sobre mi cabeza -que lo hace- y abre sus fauces dispuesta a vomitar los horrores de mi horrible vida, me pongo el impermeable -un gabán impenetrable que he tejido con mis momentos mas dulces- y corro. Se a donde ir. No escucharé el murmullo venenoso del hechicero.
Debajo de una escalera hay una puerta pequeña. Detrás de ella duerme una bici. Mi bici. Es blanca y roja. Sé que nada más girar el pomo, saldrá a mi encuentro. Siempre esta alegre. Sus colores siempre brillan. La toco y me ilumino. Mis pies se hacen pedales. Nos espera la calle. La calle de siempre. Una calle llena de calles. Da igual el lugar al que nos dirijamos. Lo importante es sentir el aire. Atravesar el aire. Ser aire. Yo lo sé, ella lo sabe, el viento nos lo dijo un día cuando solo mis pies batían pedales y mis manos, ajenas al manillar, abrazaban el mundo. Un mundo grande. "El equilibrio es un reino inestable que se conquista en un instante".
No hay nube negra capaz de ahogar la libertad de un niño montando en bici. Rey del universo que nace sobre unos pedales.
¿Llueve?
¿Desde cuándo?
Sobre mi no. La lluvia murió en un instante.

Ana Isabel Fariña


Bicicleta

Esas rodajas rodantes, marcan la arena con su roderas dentadas,
avanzan imparables, llevan los sueños engarzados en sus radios,
buscan un eclipse, un tándem para acoplarse, para volar juntos
entre ciclos, biciclos, triciclos, cuatriciclos, quinticiclos, sexticiclos…
¡hasta el infinito!

Vicente M. Martín


¿Por qué en los días de lluvia cruza una bicicleta en silencio por nuestro corazón?
Despacio, callada, rueda suave, no quiere sorprender este corazón que late angustioso…
va a recoger sus lágrimas y mezclarlas con las gotas de lluvia…
va a acercarlas al mar, donde unos peces inquietos transformarán en burbujas
y unos ágiles delfines dejarán en una playa en la que cansado y solitario suspiraré una alegría…
Despacio, callada, rueda suave, recoge los recuerdos de mi corazón y los pasea por aquella tarde de primavera en la que sentados bajo un cerezo -donde cantaba un jilguero- juntábamos nuestras manos y jurábamos amarnos siempre.
Despacio, callada, rueda suave, enreda en sus radios las penas de mi corazón y las desperdiga por los páramos helados del invierno.
Despacio, callada, rueda suave, monta a la alegría en el manillar y asciende la montaña pedaleando sin descanso para gritar a las estrellas.
Despacio, callada, rueda suave, a la altura de mi corazón deposita unos sueños humedecidos por la lluvia.

Vicente M. Martín


¿Por qué en los días de lluvia cruza una bicicleta en silencio por nuestro corazón?
En mi pueblo, en mi niñez, recuerdo que los días de lluvia, eran propicios para estar en casa, sentado en una camilla situada justo cerca de una ventana que daba a la calle, viendo pasar algún vecino a paso ligero para resguardarse del chaparrón. Mientras mi madre cosía, yo hacía los deberes de clase y cuando terminaba como premio jugábamos al parchís.
La bicicleta quedaba aparcada en un cuarto medio oscuro que se comunicaba con el corral, esperando mejorara el tiempo para poder sacarla. Era un arma de juegos de pandilla, de desplazamiento a la era a jugar al fútbol, de carreras entre amigos, de conocer y visitar otros pueblos cercanos.
Lo recuerdo con nostalgia, se que son tiempos que ya no volverán, que se ha evolucionado a mejor, pero aún hoy me queda la duda si mereció la pena el cambio, el precio que hemos ido pagando por todo cambio.
Cuando vi la película de E.T., como se desplazaba por el aire con su bicicleta, llegué a pensar !Yo también quiero ser extraterrestre y coger carriles imaginarios que me transporten a otros lugares desconocidos, a otras galaxias !
A veces hecho en falta mi bicicleta de la niñez.

Greguería: A veces mi bicicleta se parecía a un caballo desbocado.

Luis Iglesias


Guiada por la luz

Giro hacia el presente
iluminado de aromas.
Pedales de luz
humedecen las sombras,
rodean mis pasos,
buscan una cita con el tiempo.
La noche navega entre destellos
colgada por las horas.
Ruedas de asfalto
tiñen la hermosura de un nuevo amanecer,
velado por la luz de la nostalgia.

Sofía Montero 
Ojal para la magia


¿Por qué en los días de lluvia cruza una bicicleta sobre nuestro corazón?
Algunos días que llueve, por una reminiscencia ancestral,
se mezcla la fría lluvia con cálidas lágrimas
Luego cuando oscurece
chirría un timbre desde lejos y, una bicicleta
cruza sin rostro sobre nuestro corazón mutante
en un intenso breve y mágico instante
en el que pasa nuestra infancia tan corta e inacabada.

Antonia Oliva

7 comentarios:

  1. Vicente M. Martín21 de abril de 2014, 20:21

    Pilar

    Te echábamos de menos: ese trazo de finas palabras hilvanadas con poética elegancia que atraviesan en vertical el corazón dejando una exquisita huella. ¡Deliciosas palabras!
    “Girándula de los caminos”: ¡genial ¡otra palabra nueva que aprendí!

    Ana:
    Tus escritos son como el perfume de esos bosques de Galicia, donde las “meigas” se han reconvertido en hadas y reparten sonrisas a las almas angustiadas…

    “Mis pies se hacen pedales. Nos espera la calle. La calle de siempre. Una calle llena de calles.” Me encanta.
    ¡Siempre a “tus escritos”, Ana!

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  2. Después de imprimir y releer varias veces todos los trabajos de los compañeros del taller, quiero matizar que TODOS son maravillosos y que hay personas a las que animo a que sigan escribiendo porque tiene juventud y mucho talento. ANIMO

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  3. Yo también os echaba de menos. Gracias.
    VIcente, quizá tus escritos sean de los más hermosos que has introducido. Están en la línea del equilibrio entre la infancia perdida y el hombre adulto que es y recuerda. Me gusta la enumeración ascendente de "cicletas y ciclos", porque enlaza con la velocidad de la infancia sobre ruedas y sobre sueños. La circularidad y el paso del tiempo, el eterno retorno...
    Ana, quítate lo de ñoña de la cabeza. Sabes lo que escribes y hurgas profundo. Nos paseas por parajes interiores muy sutiles. No abandones el papel.
    Luis, importa la técnica, importa el mensaje,importa la belleza; pero es valiente que todos los que estamos en el taller nos enfrentemos a la palabra, con mayor o menor fortuna, pero nos enfrentemos a nuestro interior, a nuestra imaginación, nuestro poder y querer decir. Todos tenemos algo que decir y todos podemos aprender de los otros. Pensemos que es un diálogo en el tiempo.
    Y por mi oficio, no me resisto a corregir algunos errores ortográficos y gramaticales: echar en falta, echar de menos, echar unas carreras (verbo "echar", no "hacer"), les estrangula (leísmo, mejor los estrangula), sé, mí...con tilde diacrítica para diferenciarse de monosílabos homónimos.
    Espero que no os moleste mi atrevimiento; yo espero que lo hagáis conmigo cuando percibáis errores o cuestiones de estilo, o incongruencias, o lo que sea.
    Un abrazo a todos y ¿el resto de bicicletas?

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    1. Bonito, Pilar... muy bonito.
      Gracias.

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  4. Luis:
    En ese pueblo tuyo de la niñez hay unos caminos de ensueño para andar en bicicleta, en esta primavera el ir por el camino de Tarazona o de La Carolina, entre los tonos de verde, el amarillo de los campos de colza y esos surcos roturados con precisión matemática es un placer del que no me privo en cuanto puedo… y por supuesto el cielo.
    Muy bien, Luis y gracias por lo que me toca de tu comentario. Aunque eso de la juventud no debe ir por mí. ¡je…je!

    Sofía:
    “Ruedas de asfalto
    tiñen la hermosura de un nuevo amanecer,
    velado por la luz de la nostalgia.” Bonitos versos, Sofía, como nos tienes acostumbrados.

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  5. Me ha gustado leer vuestras reflexiones sobre la bicicleta y me han traido recuerdos de la primera bicicleta que me trajeron los Reyes cuando yo estaba con una pierna escayolada por una caida dos días antes. Pero lo peor fue cuando mi mejor amigo la estrenó delante de mis narices.

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  6. Quiero hacer una incursión, no de crítica, sino de reflexión: el elogia de la palabra. Ayer 14 de mayo, algunos de nosotros acudimos a un diálogo intenso, además de hermoso: Juan Carlos Mestre y Amancio Prada, voz y alma, palabra sobre palabra. Creo que todos disfrutamos porque es difícil resistirse a la imantación que poseen las voces de ambos, pero juntas...
    Mestre nos cautivó con el tono, el tempo, el contenido y la forma. Y de todo me quedo con una reflexión sabia y poderosa: quizá la tarea del poeta sea ser guardián de la palabra porque ella hay esperanza, ser el vigilante de una realidad invisible pero presente.
    ¡Qué fuerza, madre! Os invito a su lectura, aunque no es fácil, sí hermosa. no le deis demasiadas vueltas y abandonaos a la evocación, las sensaciones, los espacios invisibles a los ojos, a lo irracional que hace más soportable la vida y le pone cordura. Un abrazo a todos.

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